viernes, 4 de marzo de 2011

“Junando” el tango con las herramientas de la filosofía

Néstor Cordero (LA GACETA)

A Néstor Luis Cordero le cabe con justicia aquello de mezcla rara de Musetta y de Mimí. Filósofo especializado en el pensamiento de los antiguos, doctorado en la Universidad de Buenos Aires y en la Sorbona (vive y enseña en Rennes desde hace tres décadas); es el mismo que, como apasionado y experto en lunfardo, ha revolucionado por estos días el mundo tanguero cuando opinó que Julio Sosa le ha hecho mal al tango. De eso y de la filosofía, habló con LA GACETA, un día antes de su visita a Tucumán, donde disertará hoy y mañana, invitado por el Instituto Oscar Masotta (CID Tucumán).


-¿Ha encontrado relación entre el tango y la filosofía? ¿O son pasiones paralelas?

- La pregunta admite varias respuestas. En principio, diría que no hay relación; si bien hay tangos filosóficos y filósofos que se interesan en el tango. Por eso preferiría su segunda hipótesis, la de "pasiones paralelas", pero acabo de usar el condicional porque las paralelas no se tocan, y, en mi caso, hay puntos de contacto. Le aclaro, ante todo, que yo me muevo con cierta comodidad en la mal llamada filosofía "antigua" (prefiero hablar de la filosofía que practicaron pensadores de la antigüedad). Si tenemos en cuenta que en su origen la filosofía pretendía explicar la realidad, para justificar cierto modo de vida sabiendo a qué atenerse, no caben dudas de que ciertos temas fundamentales preocuparon también a ciertos autores de letras de tango. En este caso, "tango" se reduce a las letras, que son sólo una parte de la trilogía (con la música y la danza), y en ese caso sí que puedo aceptar su primera hipótesis: la relación entre tango (=algunas letras) y la filosofía. Temas como la omnipotencia del destino (contra el cual, "nadie la talla"), el valor reverencial de la amistad, la crítica de falsos valores impuestos por la sociedad de consumo (Discépolo y Delfino repiten, sin saberlo, aforismos de los filósofos cínicos) son un ejemplo.

- ¿Cuáles son los temas de la filosofía presocrática hoy vigentes?

- Yo prefiero hablar de "actitud". Los temas pasan, las actitudes son eternas. Justamente Platón (y luego Aristóteles) dijeron que el origen de la filosofía es el asombro. Quien encuentra todo "normal", nunca será filósofo. Revivir la admiración de quienes hace veintiséis siglos se asombraron de que "haya" cosas en vez de nada, y que para explicarlo hayan tenido que exprimirse el cerebro es una actitud que debería ser cotidiana. Y a partir de ella, sí, surgen problemas, que se concretan en preguntas y que se transforman en "temas". Sin restringirnos al ámbito de los llamados "presocráticos", la búsqueda de la felicidad en un momento en el que se hace todo para que no se la alcance (pues los mass media fijan parámetros que la gente "normal" no puede alcanzar: countries, paraísos artificiales, Ferrari roja), tiene que llevar a meditar.


- ¿Hay preguntas nuevas en la filosofía, en este siglo XXI?

- Hay cuestiones nuevas relacionadas con nuevas técnicas, desconocidas en el pasado. Por ejemplo, la diferencia entre exceso de información y formación de la personalidad. No sé si Heráclito no había ya previsto este estado de cosas cuando escribió: "el exceso de información no educa la inteligencia". En cambio hay, eso sí, replanteo de cuestiones "antiguas". La teoría del lenguaje "performativo", popularizada por J. L. Austin, se encuentra ya en Gorgias y en el Eutidemo de Platón, por ejemplo.

-¿Por qué le interesa el lunfardo?

- Como todo estudioso de la filosofía grecolatina, soy un poco filólogo, es decir, "amante de las palabras". El lenguaje cotidiano tiene una fuerza expresiva maravillosa. Los primeros filósofos sólo tenían a su alcance la lengua de todos los días; no había enciclopedias ni diccionarios, y no inventaban palabras. Se las ingeniaban para expresar ideas filosóficas en una lengua "banal" que, poco a poco, fueron enriqueciendo. Hoy podemos decir que como fruto de ese enriquecimiento se fue creando una terminología filosófica, distinta del lenguaje cotidiano. Mutatis mutandis, hasta se puede hablar de un lunfardo filosófico. Nuestro lunfardo, claro está, siguió otro camino, pero también enriqueció la lengua. No hay en ninguna lengua un verbo que refleje mejor que "junar" la mirada inquisidora que caracterizo a los primeros filósofos, que "junaron" la realidad para ver lo que "mirar" no veía.

- ¿Cómo zanjó la discusión con Leopoldo Federico sobre Julio Sosa? ¿El tango no es macho?

- La discusión surgió sin que yo me lo propusiera. Simplemente (!) dije en un reportaje que Sosa le hizo mal al tango, pero no pude explayarme demasiado. Le hizo mal porque en un momento en que el tango vuelve a interesar a la juventud (años 60-64), Sosa impone como prototipo un estilo, una manera de cantar "machista" (lógico: es el varón del tango), alejada de quienes crearon la manera de cantar el tango, de Gardel a Carlos Dante, pasando por Fiorentino y Vargas, e incluso Castillo. Todos ellos cantaron tangos con letras horriblemente machistas (A la luz de un candil, De puro guapo), pero lo hicieron hasta compadeciéndose del pobre bruto cuya historia estaban contando. Todo es cuestión de estilo. Y ese estilo influye hoy en la manera ridícula de bailar (en espectáculos; en las milongas se baila como Dios manda) en la cual la mujer es una pobre hembra sumisa. A pesar de las letras que la hacen quedar mal, el tango siempre reivindicó a la mujer ("Muchacho" evoca el "encanto de haber derramado llanto sobre un pecho de mujer"), y cuando en los 60 la juventud, gracias a los Beatles, los Rollings... y Piazzolla, se está des-machizando (sin lo cual no se hubiera llegado hoy al matrimonio igualitario) el "caso" Sosa fue negativo. Por suerte, no tuvo émulos: sólo cantores de cantina. Así y todo me duele en el alma haber ofendido a Federico, y le escribí para decírselo.

-¿Por qué cree usted que el tango ha prendido tanto en el mundo?

- Si fuera determinista, diría que es porque se lo merecía. Pero la historia no va por ese lado... Piazzolla jugó un papel decisivo: en Europa es un dios. Pero creo que el éxito se debe a la danza, que, a pesar de lo que dije antes, tiene un valor estético (entre otras cosas) admirable.

Néstor Cordero es filósofo y lunfardista.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.