viernes, 4 de marzo de 2011

La Dimensión Fractal y las perplejidades de los economistas

Ricardo San Esteban (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La idea de una evolución caótica fue anunciada por el marxismo, aún cuando en aquel entonces no se contaba con los elementos actuales. Sin embargo, ella ha sido confirmada por la praxis científica y actualmente es admitida por casi todas las corrientes, y no sólo acerca del desarrollo temporal, sino sobre otros aspectos esenciales de la realidad, ahora profundizados, aunque, claro está, ocultando celosamente la paternidad de Marx y Engels. Lo que hoy los científicos caracterizan como reduccionismo tiene su equivalencia en aquello que los marxistas definían como modo metafísico del pensamiento, pero aún se sigue pensando rígidamente, como cuando Engels señalaba que los científicos tienen que aprender a pensar dialécticamente aunque son, por ahora, pocos quienes lo hacen. El conflicto entre los descubrimientos que se han hecho y el viejo modo tradicional de pensamiento constituye la explicación de la confusión ilimitada que ahora reina en la ciencia teórica natural y que reduce a ambos, maestros y estudiantes, escritores y lectores, a la desesperación.

En el terreno de las ciencias económicas es donde nos hallamos más atrasados, debido a la renuencia en admitir que la complejidad casi ilimitada de la sociedad humana requiere ser abordada con toda una nueva artillería. Un creciente número de científicos, al advertir su fracaso en cuanto a crear modelos económicos viables, en diversos países, se empieza a rebelar contra las ortodoxias y buscan soluciones nuevas, habida cuenta que el sistema social es un sistema dinámico no-lineal.

Como decíamos en otra parte de nuestro trabajo, actualmente se pone el acento en lo problemático y no tanto en lo aseverativo. No sabemos bien cómo va a terminar la historia, pero, eso sí, la apariencia caótica confirma su naturaleza altamente estructurada y en ella podemos observar un tránsito de lo simple a lo complejo. Por otro lado, en el seno de la vieja sociedad, en medio de los sufrimientos provocados por el agravamiento de esta crisis total, despuntan ya elementos de lo nuevo.

Como ya hemos señalado, tanto las corrientes neoliberales como las keynesianas que han campeado por estos años criticaban, entre muchas otras cosas, el concepto marxista del producto social, concepto éste que desestimaba el tiempo cronológico en el cálculo de la productividad y que en cambio tomaba en cuenta el tiempo de trabajo, no divisible en horas y minutos. Como hemos dicho, el tiempo de trabajo y especialmente aquella parte del mismo que no es remunerada constituye el elemento del sistema capitalista.

La política anticíclica preconizada por las corrientes burguesas del pensamiento económico consistía en la determinación de objetivos económicos en función del tiempo cronológico lineal, desestimando o pretendiendo burlar los procesos de crisis cíclicas y crisis general. En una situación dada de empleo completo –decían- para mantener el nivel de actividad o, mejor aún, para el aprovechamiento óptimo de los factores, se hacía necesario que el producto social bruto aumentase, dentro de g años, en un c por ciento. Una vez determinada esa meta y calculado el importe de los gastos de consumo –función del nivel de ingreso- era posible indicar la suma de inversiones privadas y públicas necesarias para mantener estable el sistema.

Actualmente se comprueba que ningún reloj puede ser utilizado para medir el éxito de los modelos económicos, pues en la economía real aparecen series aleatorias de intervalos de tiempo entre los cambios. Es decir, el desarrollo es dialéctico y se comporta en forma caótica.

La aceleración caótica se da en todos los órdenes y se grafica en los diagramas de bifurcación que indican el posible comportamiento de un sistema que se aleja de equilibrio. En el primer punto de crisis se producen dos ramificaciones y de tales ramas parten otras, más pequeñas, y así sucesivamente hasta conformar un árbol o una fronda, que oculta un extenso cúmulo de posibilidades.

Pese a esta conducta irregular, el caos se interpreta como regido por atractores, tal como lo demostraron David Ruelle y Floris Takeus en 1971, en su tesis sobre la naturaleza de la turbulencia. Estos investigadores comenzaron por algo muy simple: estudiar lo que sucede cuando se abre totalmente una canilla, y el agua, que antes fluía con suavidad, cambia hacia un flujo turbulento. De este fenómeno común partieron estudios que llevaron a conclusiones inesperadas, al descubrimiento de un endriago alucinante llamado atractor extraño.

Uno de los investigadores, David Ruelle, observó las volutas de humo emanadas de un cigarrillo, viendo que a cierta altura aparecían oscilaciones incomprensibles y el sistema parecía comportarse locamente. Luego de Ruelle, investigadores de toda laya y en todos los campos de la ciencia han tratado de analizar este comportamiento de la materia con el uso de modernos ordenadores.

Un atractor extraño -también llamado atractor caótico- es muy distinto de otros atractores con los que trabajan los científicos (puntos fijos y ciclos límite) utilizados para analizar simples sistemas estables que se repiten en el tiempo.

Aún cuando el atractor extraño también es estable, posee diferencias esenciales, pues al contrario de un ciclo límite, muestra una sensibilidad muy acentuada respecto de las condiciones iniciales. El comportamiento a largo plazo de un sistema atrapado por un atractor extraño depende de cómo comenzó el sistema, hasta en sus detalles más pequeños, y luego, de su historia problemática. Por otro lado –y esto es lo que en la economía no vieron o no pudieron ver quienes quisieron desarrollar una política anticíclica- a diferencia de un ciclo límite, se trata de un objeto fractal.

El término fractal apareció en 1975 de la mano de Benoit Mandelbrot, quien lo utilizó para describir la geometría particular de formas irregulares que poseen un mismo aspecto en todas sus escalas de longitud. De la misma forma, prescindiendo de la medida en que se amplíe, cualquier región de un atractor extraño contiene esencialmente toda la estructura del atractor.

Las investigaciones de Mandelbrot han modificado el concepto que se tenía acerca de las dimensiones. Todos considerábamos empíricamente que, por ejemplo, una línea posee una sola dimensión, y el área de un rectángulo, dos. Pero los objetos, en realidad, poseen dimensión fraccional o fractal. Mandelbrot hizo célebre aquella pregunta acerca de qué longitud tiene la costa de Gran Bretaña, concluyendo que la respuesta depende de la escala de longitud escogida para medir el litoral, así como de la certeza de que la realidad no es nunca unidimensional. La distancia lineal de un mapa nos ofrece una cifra, pero si caminamos a lo largo de la costa veremos que la línea marítima se alarga, tomando en cuenta recodos, cabos, puntas y bahías. Además es claro que la contestación a la pregunta de Mandelbrot depende de la escala empleada, pues existe una estructura en todas las escalas de longitud. Si lográramos reducir esas escalas de longitud a lo infinitesimal, la línea costera poseería una longitud infinita. Lo paradójico es que esa línea infinita encierra un área finita, como lo era en aquel caso el territorio de Gran Bretaña o cualquier territorio.

El descubrimiento de las estructuras fractales ha revelado una nueva forma de contemplar los infinitos niveles de complejización del sistema materia.

Los atractores extraños desbaratan aquello que se llama el determinismo simétrico del tiempo, que ahora se lo puede definir como de dimensión fractal y es en ese sentido -en economía- en el que hay que analizar la productividad y el tiempo de trabajo necesario.

La circunstancia de que la dimensionalidad de un atractor extraño sea fractal debe prepararnos para su otra propiedad, el caos. El atractor contiene infinitas posibilidades, aunque confinado a una región finita, el sistema dado. El caos no lineal posee, asimismo, un antagonista: la autoorganización, y el conflicto entre ambas se resuelve por el paso de lo cuantitativo a lo cualitativo. Debido a ello no se puede definir la productividad social por unidad de tiempo lineal de ocupación de la fuerza de trabajo, porque en este caso se soslaya la acción del atractor extraño –la contradicción fundamental- y el comportamiento caótico no lineal.

Tanto el tiempo de trabajo como el desarrollo de las fuerzas productivas están regladas por atractores extraños de dimensionalidad fractal. Como ya hemos dicho, la categoría tiempo de trabajo se compone de múltiples aspectos que casi no tienen que ver con la unidad de tiempo cronológico. Dicho tiempo de trabajo equivale al desarrollo del sistema de la sociedad humana en lo fractal y caótico que le es, y por ende no es medible ni cronometrable sino en sus aspectos externos. En realidad, equivale a los músculos, cerebro, pensamiento y obra de toda la sucesiva humanidad, a su papel como elemento del sistema –lo que equivale a constituir la esencia del ser humano- y en definitiva, a su pertenencia a lo inconmensurable.

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