jueves, 10 de marzo de 2011

La onírica impronta de las acuarelas

Octavio Borges Pérez (Desde Cuba. Servicio Especial de la AIN. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Como imágenes extraídas de los sueños, vistas a través del imperfecto azogue de un viejo espejo, como si alguna sustancia inmaterial, de transparente liquidez se interpusiera entre el ojo y la obra y provocara tenues tachones móviles, que a su antojo reflejaran luces y colores, así son las acuarelas.

En estos tiempos apreciar una obra de tales características es una rara ocasión, porque contados artistas a ella se dedican y resulta como una sorprendente maravilla que salta plena de encantos de uno de los más recónditos vericuetos de la memoria.
Todo este mes, una de las recoletas salas de exposiciones del Palacio de Lombillo, justo en el costado izquierdo de la capitalina Plaza de la Catedral, mantiene abierta al público la exposición Acuarelas, con obras de reconocidos maestros de las artes plásticas cubanas.

Con toda la calma y a gusto del visitante, allí se pueden apreciar piezas de Arturo Montoto, Pedro Pablo Oliva, Alicia de la Campa, Víctor Manuel Velázquez, Osvaldo García, Carlos Gámez Francisco y José Luís Fariñas.
Todo un placer estético se propone esta muestra donde Montoto hace gala de excelencias con Sedición, un gran cuadro de 100 por 130 centímetros, que nos incita a esa experiencia táctil o de otros sentidos que las obras de este consumado artista siempre inspiran a quien las observa con detenimiento.
En alegrías y tristezas del Malecón, ese pinareño insustituible, Pedro Pablo Oliva, nos vuelve a rodear de sus tiernas criaturas; o el joven José Luís Fariñas, con esa veta renacentista tan personal, nos acuna con su trazo suelto y elegante, minucioso y preciso., todo un goce para sibaritas.
Alicia nos obliga a recalar en sus dos paisajes de agua, donde la lluvia nos hace sentir todas las humedades de un tropical chaparrón, mientras Víctor Manuel nos retrotrae al mundo helenístico con una Atenea casi metálica de insondables transparencias y sensualidad rotunda.
Estos artistas nos transportan a otro mundo, ese que la mayoría de los mortales no se detiene a explorar y que gracias a las pupilas privilegiadas y las sensibilidades de tales creadores, se nos regala, de un solo golpe, por estos días en El Palacio de Lombillo.

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