miércoles, 23 de marzo de 2011

La patria de la ficción

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La patria de la ficción es la memoria. A esa conclusión llego cada vez que reviso el hecho creativo. El escritor, a diferencia de los factores de poder que conducen los caminos de una sociedad, no promueve una lógica geográfica que no sea la de su propio universo interno (¿no será la Vía Láctea una extensión de nuestra existencia?). Y, para ello, acude a la memoria como si se tratara de un cuarto repleto de historias. La memoria es el principal recurso (aliado directo de la imaginación) que usamos para reconstruir relatos. Cuando un escritor asume el espacio geográfico lo hace para ubicar el lugar donde se desarrollan los acontecimientos de una historia; no obstante, el hecho creativo no reconoce otra frontera que no determine la memoria o la imaginación. El escritor japonés Kobo Abe, en una conferencia que dictó sobre Gabriel García Márquez, asegura que «el encanto del escritor de "Cien años de soledad" consiste en su carácter apátrida que se resiste a cualquier pertenencia regional. Me atrevo a decir que sólo pertenece a la época: un autor más temporal que espacial, perteneciente más al periodo que a la región». En esa misma situación de apátridas (ante el arte), Abe ubica a Kafka, Picasso y Buñuel, entre otros.


En su "Dietario voluble" (libro que escapa a los espacios), Enrique Vila-Matas, entre uno de los tantos recorridos que nos hace transitar, cita lo que para J. Á. González (escritor nacido en España) significa vivir en un poblado apartado como Trieste (Italia): «Me siento extraño aquí, extranjero, distante, y sentirse extranjero en el mundo creo que es una de las condiciones de la escritura, habitar el mundo de una forma un poco esquinada». Dice Vila-Matas que, cuando leyó las palabras de González Sainz, «le dieron ganas de ir a la deriva por las calles de una ciudad para mí desconocida, pero en la que tendría mi único domicilio. Y me pareció saber que ese lugar podría estar en un enclave muy extranjero que me ayudaría a convivir mejor con mi voz estrictamente individual... Y ser (como decía Kafka) un chino que vuelve a casa».


El siempre oportuno Juan Goytisolo es uno de los escritores que mejor refleja el sin sentido de los límites geográficos: «Soy antinacionalista por principio y convicción, pero también al mismo tiempo un defensor acérrimo de cualquier cultura». La literatura, como el arte en general, nos va dejando pistas en el camino. ¿Acaso la utilidad del arte no será irle dejando pistas a la existencia humana para sensibilizar su tránsito mundano? Es posible. Por lo pronto, desde la memoria (la patria de la ficción) me llega la idea de que Cervantes no era español, ni Poe estadounidense, ni Cortázar argentino; ellos, como en cierta forma somos todos nosotros, eran ciudadanos de un tiempo ubicado en un punto del universo.

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