viernes, 29 de abril de 2011

Cine: El legado de Sidney Lumet

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Este mes ha dejado de existir Sidney Lumet, uno de los directores más talentosos que nos legó el cine norteamericano desde los años 50. Mis primeros recuerdos de Lumet, vale la pena confesarlo ahora, son las expectantes visiones de un puñado de sus filmes en TV o en vídeos de alquiler. Estoy hablando de los años 80, una época en la cual ya Lumet había realizado la mayoría de sus grandes obras.


De esa época recuerdo “Príncipe de la ciudad”, tal vez uno de sus trabajos menos conocidos, y en el que pone de manifiesto su capacidad de denuncia ante la corrupción policial. Por esa época también filmó “El poder”, con Richard Gere, en el que se acerca a los vericuetos y pormenores de las intrigas políticas.

Pero el verdadero Lumet se mostró, tajante y decidido, en los años 50, con “Doce hombres en pugna”, contando con un Henry Fonda que encabezaba un reparto variado y dispuesto a no dejarse influenciar. Aquellos “doce hombres” conformaban un jurado que debía decidir la culpabilidad o inocencia de un acusado. A Lumet no le venían bien los moralismos y esta película cimera -que luego tuvo un “remake” televisivo y hace poco una reinterpretación en manos del ruso Nikita Mikhalkov titulada “12”- demuestra, con gran fuerza y energía, que la búsqueda de la justicia real era un fundamento básico en un autor que ampliaría sus inquietudes al tratamiento de otros temas polémicos.

Es así que en la década del 70 rueda tres filmes determinantes: “Tarde de perros” y “Serpico”, ambos con un joven y a veces muy inquieto Al Pacino, y “Network, poder que mata”, en la que describe la vesanía intrínseca del todopoderoso medio de la televisión.


En “Tarde de perros” -la historia es bien conocida- Pacino asalta un banco y secuestra a los clientes de la institución. El realismo propuesto por Lumet en esta obra se recuerda aún como uno de los momentos culminantes del cine de los años 70 y de la obra de su autor, que se inició trabajando para la televisión. El móvil que guiaba a Pacino era costear la operación de cambio de sexo de su pareja, pero Lumet nos muestra cómo el sistema imperante se impone y los deseos y sueños del joven asaltante de bancos se difuminan y hallan un desenlace trágico.

Nueva York se había convertido, para entonces, en el epicentro de las películas de Lumet, quien recibió un Oscar como reconocimiento a su carrera en 2005. En “Serpico”, Pacino interpreta al policía incorruptible, que aún herido de gravedad, no ceja en su intento de denunciar la podredumbre moral que expone la institución a la que pertenece. En “Network” se reunieron Peter Finch, William Holden, Robert Duvall y Faye Dunaway, y fue por esta cinta que Finch recibió un Oscar póstumo. Es el propio Finch, gran actor y dueño de una clase y talento de esos que hoy se extrañan, quien protagoniza una de las escenas centrales y climáticas de “Network”: se suicida frente a las cámaras de la estación de televisión. El crítico Fredric Jameson, autor de un libro básico sobre la posmodernidad, eligió esta película para hablarnos del mundo de redes e interconexiones que se tejen en medio de un sistema capitalista, poco antes que la globalización se extendiera por el planeta.


A Sidney Lumet siempre le preocuparon los temas de la ética y la justicia. No son precisamente la obsesión que marca su vasta obra, pero sí representan, junto con una crítica del orden establecido, las columnas esenciales de su filosofía del cine. En 1982 convocó a Paul Newman para un drama judicial en el que el veterano y talentoso actor, esta vez encarnando a un abogado alcohólico y retirado, se enfrentaba a un bufete conducido por la furia del dinero y la ambición tipificados por ese otro gran artista que fue James Mason. El título del filme: “Será justicia” y, para más señas, con la participación de esa enigmática, elegante y bella dama que siempre ha sido Charlotte Rampling.

Lumet también tuvo películas menores, esa clase de trabajos que se conocen como “alimenticios” y que le permitían planear y pensar proyectos en los que sí se comprometía de verdad. Por eso filmes como “Negocios riesgosos” o la nueva versión de “Gloria”, con Sharon Stone, recordando la original cinta de John Cassavetes, representan ejemplos de un cine que es digno de un artesano; se trata de narraciones bien construidas y quién sabe hasta exitosas, pero sabemos que no forman parte de su gran camino autorial.

Dos de sus últimos filmes -“Before the devil knows you're dead” y “Night falls on Manhattan”- nos demostraron que Lumet mantenía sus preocupaciones, que la ética enfrentada a la corrupción o a una mafia iba a protagonizar una pelea de veras complicada. A los 86 años, Lumet se ha ido de este mundo. Es bueno recordar, asimismo, esa película suya de 1964, “El prestamista”, en la cual Rod Steiger interpreta a un hombre acosado por el desencanto y la soledad. Un realizador extraordinario a quien le debemos puntuales recuerdos cinéfilos de adolescencia, Lumet fue un crítico mordaz de la sociedad que le tocó vivir y casi siempre prefirió trabajar al margen de Hollywood, consciente de que la industria podía coactarlo. En ese hecho reside su madurez y valentía, características que marcaron su oficio. Grande entre grandes, Lumet, quien personalmente miraba la vida con optimismo pero a la vez puntualizaba su amargura, nos deja sus títulos más conocidos para que volvamos a ellos y comprobemos cuán sabio, directo y valiente era su arte y la manera cómo lo entendía.

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