viernes, 29 de abril de 2011

Crítica al darwinismo político: Ensayo sobre el concepto de democracia

Romualdo Retamal Maureira (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Porque la verdadera belleza del vuelo no se encuentra ni en el despegue ni en el suave aterrizar sino en el equilibrio ingrávido del ave, así también la verdad humana se encuentra entre lo primero y lo último, entre el acto consciente racional radical y aquel desmedido imaginario ideal, entre lo legítimo y lo ilegal, entre lo bueno y lo malo, entre lo que uno es y no es. Los contrarios, que se oponen aparentemente sin reconciliación, dejan siempre, en el campo de batalla, bajo los cadáveres secos de la disputa diaria, un signo, una señal, que sólo el sabio sabe descifrar y que indica el camino que se debe recorrer para ser como lo que se debe ser.
Pasan días, semanas y meses, viendo noticieros televisivos y leyendo diarios (estos últimos, de derechas y de izquierdas, ecologistas y de sesgados barnices religiosos) y de este laberinto caótico de Información sólo queda retumbando en el cerebro la palabra más repetida en el orden social, sólo comparable al ¡Dios mío!, en el idioma que se quiera, o, si Ud. prefiere, en la religión que se escoja. Esta palabra es; Democracia. Esta indefectible palabra va siempre asociada a otra, tan baladí como la primera; Libertad. Todos los políticos del planeta las usan como si, al salir de sus bocas, éstas se hubiesen, al fin, reubicado en la historia para maravillar al mundo con su enceguecedora Verdad. Los pueblos desesperados de miseria, sin esperanzas, también las usan, pero éstos las dicen gritándolas y en multitudes, los políticos no, las dicen endulzando la voz, con un toque casi dramático, saboreándolas, sabiendo que, en esto, no habrá controversias y que quizás hasta saque aplausos. Pero, ¿Qué significa Democracia?, no etimológicamente, eso lo saben hasta los ciegos. Digamos mejor, ¿qué significa en la realidad concreta del cada día de un ciudadano común y corriente?

Le hice esta simple pregunta a un prestigioso sociólogo chileno. Después de escucharlo veinte minutos sin interrumpirlo le hice una seña de esperar un poco, cuando se calló le lancé: ¿Me podrías explicar todo lo que me has dicho pero de una manera más simple?. Al principio el sociólogo me miró con extrañeza, luego amagó algo como una casi sonrisa, luego me dijo: Mira, se me viene una imagen que podría explicar en parte este indefectible concepto como tú dices. Se me ocurre que en el segundo que detona una bomba desfragmentándose en cientos de miles de segmentos, estos trozos metálicos representarían grupos humanos. En esta imagen son muy importantes la bomba y los segmentos, Cada grupo humano tiene su propia historia y su propio concepto de lo que significa para ellos la Democracia. Todos nacimos del mismo fenómeno, la bomba, pero al momento de transformarnos en bípedos nuestras historias ya no fueron las mismas.

Se acostumbra asociar, ya esto es parte de las ideologías, la Democracia con la Igualdad, con la Justicia (asociada a justicia igual para todos) y, la más enigmática de todas: con la Libertad. Estos conceptos no han sido jamás sinónimos de Democracia, afirmó con fuerza el sociólogo. El considerarlos sinónimos es una mentira universal. La confirmación de lo que acabo de decir es fácil; para el musulmán, para el asiático, para el africano, para el occidental y para muchos del Nuevo Mundo el concepto de Democracia no es el mismo, y esto es así porque tenemos historias y culturas diferentes. El concepto de Democracia que han enseñado, manipulado y obligado a aceptar a los segmentos occidentales desde que apareció la palabra Democracia en los Diccionarios son la transcripción en palabras doctas del vasallaje, de la esclavitud, de los reinos feudales, de las monarquías y de las actuales Repúblicas representativas. El lugar común más utilizados en occidente es la definición de Democracia : Utilizada por primera vez, según los historiadores de la Antigüedad a los que hay que creerles la mitad y la otra mitad aceptarla con dudas razonables, en el siglo V a.c. en Atenas, “Demos”, “Kratós”, es decir, “Pueblo”, “Poder”, que los investigadores tradujeron como “Gobierno del Pueblo”???, convirtieron el vocablo Pueblo sin especificar que ese “pueblo” no representaba que el 25% de la población, ya que las mujeres, los extranjeros y esclavos eran, para estos efectos, todos esclavos. Por lo que respecta al Poder, se subentiende, era el Poder de ese 25%. (Atenas tenía en aquellos años no más que 300.000 habitantes).

Bueno, lo cierto que este manoseado vocablo Democracia, llegó hasta nuestros tiempos, por lo menos su esencia, por los escritos de Aristócles, más conocido por su apodo Platón (s.427 a.c.), que definió el concepto democracia como: el Poder de la Multitud (que, en política actual, podríamos definir, sin temor a decir tonterías, como el Poder de las Mayorías). Aristóteles, (384 a.c.) definió casi en los mismos términos que su Maestro la democracia: Democracia es el Poder de los más. Bueno, esto fue un avance significativo en la filosofía y en el futuro de la especie humana, pero hay que decir también, que en los tiempos de Platón y Aristóteles, la estructura social en la Atenas griega no había cambiado nada. Las “mayorías” y “los más” seguían siendo el 25 % de la población.

Antes de entrar a una tentativa de respuesta a la pregunta del millón, formulada al final del segundo párrafo de esta larga reflexión, creo necesario agregar dos hechos históricos que nos guiaran directamente a las actuales sociedades occidentales (o segmentos de la bomba) y sus conceptos de Democracia. Esta vez no seguiré la cronología histórica.

Existe una frase célebre enseñada en todos los ramos de Historia en escuelas y Universidades (sobre todo en Ciencias Políticas) de Occidente. La autoría de esta frase corresponde a Abraham Lincoln: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Esta frase se considera en Occidente como LA Definición de Democracia. Lincoln pronunció esta frase en Pensilvania, el año 1863, en el cementerio de Gettysburg, en plena guerra de secesión, como un homenaje a sus soldados muertos. En primer lugar, el lugar no era el más apropiado para hablar del pueblo o por el pueblo ya que en su país había una guerra civil espantosa. En segundo lugar, en el discurso de Lincoln no aparece en ninguna parte la palabra Democracia ¿Por qué?, porque Lincoln no se refería a la democracia, se refería a los de su bando, a su pueblo, a su gobierno, a la guerra que enfrentaban “por el (su) pueblo” y “para el (su) pueblo”, es decir, fue una frase no para la Nación sino que sólo para los que le seguían.

Vamos a un nivel más alto, El Siglo de las Luces (s. XVIII), la época en que La Razón derrota el Oscurantismo; Voltaire, Diderot, Montesquieu, etc. y, el que nos interesa, Jean-Jacques Rousseau (1712 – 1778). Fue escritor, filósofo y músico. En su novela Emilio exponía: “la necesidad de un retorno a la naturaleza, desplegando las naturales cualidades humanas del amor, generosidad y su sentido común” o, “el Hombre es naturalmente bueno, pero la civilización lo corrompe”. En su libro más célebre, El contrato social, afirma en sus prólogos capiturales: “el hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”. Para Rousseau, en su proyecto político, le atribuye la función de soberano al pueblo. La República democrática era: “El pueblo, como soberano, debe llevar a cabo una deliberación pública, que ponga a todos los ciudadanos asociados en un plano de igualdad, en la cual el cuerpo no puede decidir nada que atente contra los intereses legítimos de cada uno. Entonces, es la función del soberano responder a todos, ya que sin esto no existiría Estado ni soberanía”.

De estos pensamientos tan lejanos pero tan actuales, rescatemos dos: La necesidad de un retorno a la naturaleza desplegando las naturales cualidades humanas, y la otra, una deliberación pública que ponga a todos los asociados en un plano de igualdad (recordemos que se trata aquí de un Contrato).

Tentativa de respuesta a la pregunta del millón: ¿Qué significa Democracia en la realidad concreta del cada día de un ciudadano común y corriente?

Como primer paso, tratemos de retornar a la naturaleza, como nos invita Rousseau, y a nuestra propia naturaleza sabiendo “que nadie nace malo”. En las inferencias que logremos extraer de las siguientes simples preguntas encontraremos quizás la respuesta a la pregunta del millón; ¿Existe en nuestras sociedades la Igualdad, la Solidaridad y el sentido común para resolver los problemas?, ¿Existe la Salud, la Educación, la Justicia con Igualdad para todos?, ¿Existe una distribución de la riqueza justa, equitativa, solidaria?, ¿Hay espacios en la sociedad para crear una representación popular participativa que pueda opinar en la toma de decisiones del Gobierno como alternativa a los Partidos Políticos?, ¿Existe un instrumento para dirimir opiniones opuesta sobre temas de alta importancia para la Nación, como son los Plebiscitos y/o Referendos, por ejemplo?, ¿Existen medios de comunicación (radios, diarios, canales de TV), donde cualquier ciudadano pueda dar su opinión, o dar su proposición, sobre temas políticos o públicos?, y, para terminar, ¿Existe una conciencia nacional que las riquezas naturales de la Nación pertenecen a todos los ciudadanos por lo que no se pueden vender ni darlos en concesiones sin la aprobación de toda la sociedad?

Si todas las respuestas a estas simples preguntas, basadas en la experiencia y la Razón de la especie, son NO, Ud. está viviendo en una sociedad que puede ser cualquier cosa, menos democrática. Si las respuestas son algunas Sí y otras NO, Ud. está viviendo en una sociedad que le falta mucho o poco para ser democrática. Si todas las respuestas son Sí, lo felicito, Ud. vive en una sociedad democrática.

Creo que a los ciudadanos comunes y corrientes ya les quedó claro lo que significa Democracia en su realidad concreta.

P/D
Por favor, a los del Sí total, mándenme a mi correo esas sociedades para emigrar para allá.

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