jueves, 14 de abril de 2011

En los paisajes de Bahía: Jorge Amado, mar, tambores y especias

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Precursor del realismo mágico, el escritor brasileño escribió siempre desde el compromiso con su gente, con su tierra y con la belleza que surge de las humanas pasiones.

Todo en él sabía a cacao. Ese amargo dulzor que atraviesa las oquedades del alma y estalla en los poros. Ese olor espeso que se cruza en los paisajes de Bahía, a donde el navegante portugués Pedro Álvares Cabral llegó allá por el año 1500.

Con Bahía de fondo los tambores, la magia, el ritmo, el color, todo lo que del África habita América se fundió en las palabras de uno de los escritores nuestroamericanos más hondos y sensuales, más enigmáticos y prolíficos de la historia de las letras latinoamericanas. Jorge Amado (Bahía, Brasil, 10 de agosto de 1912 - 6 de agosto de 2001) escribió incansable con las palabras que saben bailar al batir de palmas y vuelos, de cantos y sueños. Amado el de las historias que hacen vibrar desde la primera hasta la última página que no termina, porque se queda sembrada en la memoria.

Autor de más de cuarenta novelas que han sido impresas y reimpresas en medio centenar de idiomas, incluyendo el braille, en cincuenta y cinco países, este escritor que supo mostrar el Brasil de las contradicciones y las esperanzas, vivió uno tras otro el realismo socialista, el realismo crítico y en 1961 anticipó los fundamentos de lo que más tarde estallaría en mil palabras y en mil imágenes como el realismo mágico. Él, que siempre estuvo lejos de estereotipos y best-seller, desarrolló un estilo individual inconfundible, que cualquier lector reconoce desde las primeras páginas de sus libros.

Semblanza

Amado se graduó en la Facultad Nacional de Derecho de Río de Janeiro. Y fue precisamente en este período, cuando comenzó a trabajar en periódicos y a participar activamente en la vida literaria de su país. Él, quien levantó siempre los estandartes de la libertad sin cortapisas, fue uno de los fundadores de la llamada Academia de los Rebeldes. En 1935, dos años después de que naciera Lila, su hija con Matilde García Rosa, publicó Cacao, su segunda novela. La primera la había publicado a los dieciocho años con el título de El país del carnaval.

Su filiación y militancia al Partido Comunista le valieron la cárcel y el exilio, que vivió entre Argentina, Uruguay, Francia y en la antigua Unión Soviética.

En 1945 fue electo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, por el Partido Comunista Brasileño (PCB). Por su vocación libertaria, presentó como diputado la ley que asegura la libertad de culto religioso.

El final de la Segunda Guerra Mundial lo encontró de nuevo con el amor. Ese año 1945 se casó con la escritora Zélia Gattai.

Declarado ilegal el Partido Comunista, Jorge y Zélia se exiliaron en Francia. Allí permanecieron hasta 1950. Levantó vuelo y vivió en Checoslovaquia dos años, allí nació su hija Paloma. Al volver a Brasil en 1955, Amado se distanció de la militancia política, sin abandonar nunca sus sueños ni su integridad ni su compromiso.

Este escritor, universal y cálido como las tierras que lo vieron nacer, fue elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras el 6 de abril de 1961 y fue distinguido con Doctorados Honoris Causa por diversas casas de estudio. Además recibió los premios Stalin de la Paz (Unión Soviética, 1951), Latinidad (Francia, 1971), Nonino (Italia, 1982), Pablo Neruda (Rusia, 1989), Premio Luís de Camões (Brasil-Portugal, 1995) y el que otorga Ministerio de Cultura de Brasil en 1997.

Y en reconocimiento a su obra, en 1987, fue inaugurada en el Largo do Pelourinho, ubicado en la ciudad de Salvador, Bahía, la Fundación Casa de Jorge Amado, institución que preserva su obra y contribuye con el quehacer cultural de Bahía.

Su obra

Escritor de novelas, relatos y literatura infantil, Jorge Amado lleva entre sus pliegues la tibieza de la tierra, el rumor de los niños descalzos y sin escuelas, el amor en la dimensión exacta de las pasiones sin pausas, en fin... el compromiso de quien se sabe una voz necesaria. Una voz que sabe hablar alto y que no da tregua al desconsuelo y las opresiones, pero sin perder la belleza que nace de lo más hondo que nos habita.

Su obra literaria fue adaptada al cine, al teatro y a la televisión, y también fue tema de varios trabajos de escuelas de samba en el famoso carnaval brasileño.

Si aún no lo ha leído algunos de sus libros publicados son Sudor (1934), Mar Muerto (1936), Capitanes de la arena (1937), Tierras del sin fin (1943), Gabriela, clavo y canela (1958), Los pastores de la noche (1964), Doña Flor y sus dos maridos (1966), Tienda de los milagros (1969), Teresa Batista cansada de guerra (1972), Tieta de Agreste (1977), Uniforme, frac y camisón de dormir (1979), La desaparición de la santa (1988) y De cómo los turcos descubrieron América (1994). Y si ya lo ha leído, Jorge Amado siempre es una buena excusa para reabrir libros al calor de la tarde y al fragor de los días.

Gabriela, clavo y canela (fragmento)

“Esta historia de amor -por curiosa coincidencia, como diría doña Arminda-, comenzó el mismo día claro, de sol primaveral, en que el terrateniente Jesuíno Mendonça mató a tiros de revólver a doña Sinhazinha Guedes Mendonça, su esposa, exponente de la sociedad local, morena casi gorda, muy dada a las fiestas de Iglesia, y al doctor Osmundo Pimentel, cirujano-dentista llegado a Ilhéus hacía pocos meses, muchacho elegante con veleidades de poeta.

Pues en aquella misma mañana, antes de que la tragedia conmoviese a la ciudad, la vieja Filomena por fin había conseguido cumplir su antigua amenaza de abandonar la cocina del árabe Nacib, emprendiendo viaje en el tren de las ocho hacia Agua Preta, lugar en el que un hijo suyo prosperaba”.

Jorge Amado

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