jueves, 14 de abril de 2011

La cajita negra

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era una familia de estancieros. Sus propiedades les venían de un poco después de 1810. Tierras que el General Roca fue robando de los indios. De padres a hijos. De hijos a nietos. Los caballos, las vacas, las ovejas. Todos especialistas en mantener y renovar el ganado. Siempre apoyaron las distintas dictaduras que, de una forma o de otra, defendieron la propiedad privada de la tierra.

También iban heredando las dos grandes mansiones donde sus antepasados vivieron. Y las ropas. Amplias y grandes polleras, abanicos, grandes sombreros con alas y plumas, corsets, galeras, polainas. Y siempre una cajita negra de madera, que tenía pegados dos pequeños pedazos de pergamino escritos con pluma y letra gótica. De un lado decía: Prohibido abrir ésta caja. Del otro: Maldito sea el que abra esto.

Y así fue que de generación en generación nadie abrió la cajita negra.
Hasta que nació Arlindo. Desde nenito fue siempre muy curioso. Quería ver lo que había dentro de cada juguete, en cada armario, en cada cajón. Abría las puertas de todos los placares y revolvía las ropas.

-¿Qué buscas, nene?, le preguntaba siempre la madre.

- No sé, respondía él…..cualquier cosa….quiero saber lo que hay adentro de las cosas….solo eso…
Por eso estaba siempre muy curioso para saber sobre lo que habría dentro de la cajita negra. Que la habían colocado en el centro de un armario de vidrio, entre cubiertos y platos antiguos. Armario que, lamentablemente para él, estaba cerrado con llave. Sin embargo todos los días comprobaba si esa vez estaría abierto.
Hasta que una vez, para su felicidad, encontró que se podía abrir. No había sido cerrado con llave. Y agarró la cajita. Levantó la tapa con facilidad, que creía estaba pegada con fuerza, y encontró adentro un pequeño cuadrado de pergamino que, con tinta china y letras góticas tenía escrito:

Amar es querer que el otro exista.

No amar es no importarse si el otro existe.

Odiar es querer que el otro muera.

Por eso, a partir de ahí, trató siempre de darse cuenta si amaba, no amaba u odiaba.
Y así fue que desde que vio esas interesantes noticias siempre soñó con tener una fábrica de chocolate.
Chocolate por la noticia.

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