viernes, 29 de abril de 2011

La larga salida del Edén

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dado el interés en la primera parte sobre los Frutos Prohibidos, seguí pensando que la historia de la humanidad es un largo proceso del desarrollo de la inteligencia y la voluntad de forma equivocada que solo tiene un final: la salida del Edén.


La salida del Edén lo sentencia la Biblia como resultado de la desobediencia que lejos de reparar el error, se agravó; aparecen otros frutos problemáticos como el alcohol, el tabaco, los frutos electrónicos (Celulares, BlackBerry, Ipods, Wii, Playstation, etc.) y todas las cosas que despiertan la tentación y lo distancian de los frutos buenos de la vida.

El capitalismo es la versión moderna de la serpiente satánica, que invita a consumir los frutos prohibidos, en su afán de explotar y lucrar, ya no con las necesidades, sino con las debilidades; comercializa el sexo (prostitución y pornografía), el consumo del petróleo, las drogas, la comida chatarra, las modas, el lujo, joyas y todos los recursos del planeta sin importar el efecto a largo plazo.


Desde la Revolución Industrial con altos niveles de explotación de la naturaleza, se adelanta el Apocalipsis; es donde se juntan, el principio y el fin (Alfa Omega). La larga salida del Edén marchaba lentamente, ha sido en los últimos 300 años donde la obsesión por lo material alejado de Dios y lo estúpido se ha incrementado exponencialmente.

En su salida del Edén pasa por La Tentación de Babel (E.C. septiembre 2009) que es la era de los megaproyectos actuales en ciudades, edificios, barcos crucero, aviones, diversión y deportes extremos. Adán y Eva luego de ser tentados a consumir los frutos prohibidos entran en la arrogancia sin límites. Se pierde la dimensión humana de las cosas, todo es cuestión de romper records, competir por competir en un juego infantil de egos.


Con la capacidad humana de pensar y decidir, abandonó prácticamente el Árbol de la vida, en el cual podría poner como los buenos frutos los del amor, justicia, compasión, la humildad, la belleza natural entre los mejores frutos que pudo haber tomado, pero se interesó por otros más tentadores.

El Popol Vuh menciona las destrucciones de los hombres de barro y de palo, por ser aguados, sin fuerza, mudos, crueles con los animales y los comales; el fuego y el diluvio los destruyó; comentando esto con unos líderes religiosos mayas, dije que el Hombre de Maíz, originario de la raza actual, está bajo el ojo crítico por destruir los bosques, ser malos con los animales de la selva, olvidarse de dar gracias a los Creadores del Cielo y la Tierra.

Hay desperdicio de los recursos en cosas aparentemente inofensivas como las competencias de carros, luces en Las Vegas, viajes espaciales, fuegos artificiales, sofisticación, modas; o de pagar precios exagerados por una pintura de Van Gogh o Picasso, un jarrón de porcelana Ming, una estampilla de correos o cuanta novedad electrónica, programada para que se vuelva obsoleta al poco tiempo. Se pierde en sentido de las prioridades y el sano juicio

Estas reflexiones proyectan otra perspectiva de un problema actual, aparte de a la interpretación rígida de los textos, que no aprovechan su potencial; no los desmienten ni contradicen sino los enriquecen.

Las cosmovisiones de todas las culturas se refieren a hechos reales, que con el tiempo son alterados, exagerados y asociados a lecciones morales, atribuidas a un poder divino o sobrenatural. Estas no terminan en el pasado, sino se proyectan a las épocas actuales. Lo que nosotros hacemos hoy, dentro de unos miles de años, será parte de los mitos y leyendas del futuro.

Así, me he atrevido a especular que la cosmovisión Maya sigue después la posible destrucción del Hombre de Maíz; del libro de las Revelaciones en la Biblia judeocristiana con la narración de la salida del Edén y el Apocalipsis.

La única forma para retrasar la salida deshonrosa del Edén (este planeta), es retomar los buenos frutos del amor, la justicia, compasión y la humildad; dedicarnos a mejorar la calidad moral de las personas, de la misma manera que el calentamiento global solo se detiene con la siembra masiva de árboles y reduciendo el consumo.

En este sentido, la humanidad se puede dividir entre los que toman los frutos problemáticos, hacen ostentación de ellos y causan daño; y los que optan por los buenos frutos de la vida, del amor y el bien común. Otros toman de los dos frutos, los ambiguos indecisos.

En las próximas eras, el nicho ecológico que dejemos posiblemente será ocupado por otras especies que tengan la capacidad de respirar gases invernadero, beber agua contaminada, ser resistentes a los virus y bacterias creadas por el hombre, que puedan vivir con la radiación nuclear y los fuertes rayos ultravioletas sin la protección de la capa de ozono; las cucarachas y las ratas de cloaca son fuertes candidatas para sustituir a los descendientes de Adán… Espero que nunca aprendan a hacer fuego y dejen el oro en paz en la tierra.

Mientras tanto aprovechemos los buenos frutos del Árbol de la vida.

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