jueves, 14 de abril de 2011

La migración es por hambre... boludo

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un jardín no siempre es el de los senderos que se bifurcan, esta realidad inquieta a Olivia, la perra parida por una dogo de Bruselas y un ovejero alemán, que se rasca con entusiasmo, sentada para estudiar los escollos del jardín con el firme propósito de no dejar nada en pié.

Yo la acecho cuanto puedo, acompañado de Enriqueta, una perrita semejante a un hilo negro canoso, que adelgaza mientras la otra engorda en igual medida. Enriqueta administra los silencios con la elocuencia magistral de los mimos, ella pinta su cara con pelos erráticos que le otorgan cierto aire mefistofélico.

Constituimos un trío algo desarbolado pero, por lo menos parecemos estar de acuerdo para algunas circunstancias, por ejemplo comer. Una ceremonia plena de cuestiones bizantinas pero que a mí, por lo menos, me divierte.

Los menúes difieren y dependen de cuan famélicas se muestren. Por supuesto la negrita llega tarde o debe declinar, no siempre cortésmente los embates a que la somete la cachorra, pero los tres terminamos firmando una paz transitoria mientras nos acostumbramos a los horarios.

El teléfono, estrepitoso como nunca gracias a Yon, volvió a fastidiarme contra mi voluntad dispuesta a la permisividad. El vasco, en una mañana de resaca azarosa, por como sonaba, agriaba inmutable la mejor y mayor paciencia.

Me anunciaba que pasaba a buscarme en una hora para ir a almorzar, gratificante elemento para mi vida y darme una información que entendía necesario poner en mi conocimiento, por supuesto sin consultarme que opinaba, no suele considerar ese aspecto de la relación, pero estoy acostumbrado.

Ordené lo mejor que pude el acostumbrado desorden interno de la casa, algo para lo que no parezco dotado pese a la buena onda que le pongo. Pero yo ordeno y Olivia que viene detrás desordena o rompe, según su histeria.

El tiempo que se consume más rápido que la brasa de un cigarrillo, vicio que clausuré a cuenta de otros, se me volvió a escurrir como el agua entre los dedos.

¿Qué parte de las migraciones, que se hacen por hambre, se te escapó?, fue el saludo árido de Yon, apenas respondí con la celeridad disponible, aunque para él siempre demoro.

Menos mal que no le agregó el boludo pertinente. Fue una acotación diplomática. En realidad su pegunta me situó en una nebulosa impertinente, no sabía de que carajo hablaba. Por lo tanto me lo quedé mirando, como otras veces.

-Mirá-, arguyó, como si hubiera algo a la vista. -Hoy Africa, se dio vuelta en la cama y cuando eso pasa, las mantas se desordenan, y muchas veces, destapado te cagás de frío, por ejemplo en invierno – sumó didácticos conceptos, pero sin precisar, nada que me orientara.

- Si estudiás el mapa-, agregó - seguro entenderás como se puede dar vuelta la mano- , lo dijo en tono entusiasta, pareciendo como si yo siguiera el hilo de su pensamiento. Mientras me hundía en un espantoso fangal.

- Sucede que los ejemplos tientan, y la gente parece cansada de aportar trabajo, el que lo tiene y recibir el hambre como parte de pago, cuota de castigo o proyecto de vida y parece que los ejemplos cunden y se dispersan. Brotan, por lo menos hasta ahora, aunque lo de Kadafi, está por verse.

Lo tenés presente, cuando hace quince años hablamos de las uniones forzadas que llevan algunos pueblos, por citar a Yugoslavia y Libia, aquella estalló y hubo genocidios para todos los gustos. Ahora las tribus en esa parte de África, quieren abrirse y eso no parece aceptarlo el campo de los intereses.

Aquí hay petróleo en el juego, pero el hambre es igual, los dividendos fueron a parar a Europa, para reinvertir, dicen, pero parece que la gente ha perdido, entre otras cosas, la paciencia -, explicación que me resultó laboriosa, porque yo no recordaba nada de algo hablado hace quince años, y vaya a saber en que circunstancias. Preferí por lo tanto seguir inmutable.

- Quiero que recuerdes, porque para que puedas escribir con alguna coherencia, sería necesario citar lo que ya publicaste luego de nuestras charlas, viajes e investigaciones, es para que no te pierdas, con los detalles. Y por lo menos sigas un cierto orden en los acontecimientos, que nunca son ordenados -, lo dijo casi con aflicción. Pero ya necesitaba parar la lluvia y pregunté.

- Yon, los pueblos funcionan, pese a ellos mismos, con control remoto. Es duro, pero cierto. Los intereses se ocupan del control y, hasta ahora, siempre salen parados. Tienen los medios y el control. Eso te lo dije y lo escribí más de una vez, sobre todo cuando tuve que escribir sobre el petróleo y su inasible presencia en los sucesos que afectan a la humanidad.

- Ellos viven cincuenta años adelante del común, y los gobiernos, como dicen los norteamericanos, son “administraciones”, parcelas de poder. Pero ya que viniste con ese tema, quiero decirte que tengo hambre y la podríamos continuar en una mesa mejor provista que la mía- .Argui casi hosco, para esa hora del post mediodía.

Nos fuimos, como en otros viajes, a la latitud cero, un lugar que el vasco frecuenta y donde sigue sin pagar, desde siempre, es una latitud que parece agobiar con los detalles.

Cuidadoso servicio para esperar los mejores bocados y las bebidas oportunas, que nunca se rechazan al final de las respuestas.

Nadie da cuentas de las verdades, cuando la hostilidad avanza sobre nuestros vecinos y el mundo, que es un vecindario poco prometedor, se va poblando de intolerancias que nacen de otras algo leves y se multiplican al ritmo de las necesidades.

Las diferentes calamidades desatadas en el planeta movilizan en la huida a las migraciones que lo hacen buscando comida y agua-, alcancé a agregarle al vasco. Este, como muchas otras veces, seguía absorto las piernas de la camarera y el balanceo imparable de sus caderas que, debo convenir, era mucho más grato que divagar sobre cuestiones latosas. Lo cierto es que esta vez, por primera, estuvimos solos, porque los protagonistas, buscaban alinearse como alguna banda en fuga. En los tiempos por venir que serán los del cólera, aunque no resulte un vaticinio recomendable, se puede decir que es la vida que te alcanza. El vasco estaba ocupado en cuestiones de estado.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.