jueves, 5 de mayo de 2011

¿De qué invasión me hablan?

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No hay peor malaria que una mudanza a destiempo. Eso me tiene ocupado muy a mi pesar. También las sospechas que en ese sentido abrigan mis dos perras, Olivia y Enriqueta, que miran los movimientos de la casa con una actitud acusadora.

La mañana, algo hay que defender, nunca es muy cierta para mis hábitos. Tengo un rosal en la ventana de la habitación que otea sobre el breve parque, de alguna forma hay que llamarlo, según la leve sombra del mismo, acuerdo entonces la decisión de levantarme.

La fragancia es una llamativa exclusividad que no siempre se tiene en cuenta. Hay gotas de rocío que refulgen con el sol que se bebe el esplendor natural y trato de no perder ese momento sublime.

El gitano del calor me visita desde el frente, y va, gradualmente, entibiando la casa. Esa es la hora en que la pareja de calandrias, inician su concierto matinal y debo, pese a todo, asumir esa mundana costumbre de iniciar el día. Parece un exceso, pero no lo es.

En realidad exceso es el de Yon que fustiga, a la hora que se le ocurre, amparando sus comentarios con una invitación oportuna a almorzar, seguro que no puedo resistir por hábito, escasez, o motivos similares.

Lo cierto es que debo darle algo de bola siempre y eso me martiriza lo suficiente, porque parece que el sonido del teléfono, señala su presencia, por sobre cualquier otra posibilidad, por ejemplo escuchar a la mujer dorada, que promete más que el sonido a resaca del vasco.

-Te propongo un almuerzo para felicitarte – fue su inopinada forma de saludar, estoy acostumbrado. No obstante debía contestarle.

¿Felicitarme, yo cumplo años en agosto? – fue mi respuesta más bien cáustica.

Bueno cuanto te pase a buscar me explico -, precisó sin dar detalles y cortó la comunicación. Si Yon se funde, no será por lo que gasta conmigo, en cuanto a llamadas telefónicas. Eso me tranquiliza provisionalmente.
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El Alfa gris relucía más que otras veces. Podría ser que alguien se hubiera hecho cargo de lavarlo, Yon seguro que no. Silenciosa como pocas veces, la bestia mecánica se instaló mansamente debajo de los tilos.

El vasco vestido de celeste, se apeó luciendo presentable para la hora. Como siempre tuvo su encuentro personal con Olivia, quien le festeja su presencia con un doble salto mortal. La caída le suele doler, pero su alegría, por lo menos negociadora, parece auténtica.

Aceptó instalarse en la sala de comidas porque, dicen, cocina sería una menudencia tal vez difícil de explicar, siguió allí su ceremonia haciendo caso omiso de mi presencia y la de Enriqueta, quien subida a una silla, lo estudiaba anhelante, esperando su cuota de mimos y porqué no, algún souvenir comestible, bueno para cualquier hora del día.

Luego del interludio que muy bien un extraño no entendería, me apresuró porque conmigo se vuelve intratable. Decidí hacer silencio, porque discutir en tiempos de almuerzo, no resulta buena recomendación.

Claro que el riesgo acecha y a veces un menú inconveniente, se puede cruzar en el camino, para ser honesto; no me ocurrió con frecuencia, pero uno debe estar prevenido aunque mi heladera era un lamento borincano.

Vamos a Latitud Cero, que Lalo, entrega fotos y me trae un sobre, de esos que te gustan-, me informó antes de poner en marcha el Alfa, que obedeció como un killer debutante.

El lugar, está situado en un parque y en la parte superior de la loma. A la entrada y depositado sobre una pared pequeña, se encontraba sentado Lalo, el fotógrafo en cuestión, con su inseparable bolso negro, de equipaje. Un veterano de cien batallas, lo que no lo convertía en confiable porque rapiñaba en la redacción galletitas y caramelos a diestra y siniestra, un chacal del entremés.

Nos sentamos en la amplia sala que alberga las mesas dispuestas en zigzag, porque a esa hora todavía no hay comensales. Era temprano para los habitués, Yon pidió como siempre el servicio, omitiendo que nosotros pudiéramos elegir aunque sea el pan.

El visitante deslizó el sobre marrón engomado orlado con bandera, que Yon hizo desaparecer tan rápido como pudo.

Cochinillo en salsa de puerros, puré de manzanas, regado con Sauvignon y Sauvignon blanc, para luego casi antesala del mousse de chocolate, resultaron adecuados abrigos para famélicos profesionales, peticionó el vasco.

Luego del café y un guiño cómplice de Yon, Lalo marchó morosamente hacia la salida, acostumbrado por supuesto, a los desplantes de él, quien podría haberlo invitado a marchar, aunque más no sea una cuadra.

El tiempo de descuento que ocupamos, ahora llamado tiempo recuperado, se desmenuzó según su buen juicio. Reapareció el sobre marrón y el vasco, imaginé, quiso lograr mi expectativa, me mantuve lo más imperturbable que pude mientras él releía.

Vos hiciste una serie de informes, correlativos del 1 al 60 en muchos de los cuales explicabas la existencia del Cartel Petrolero, algo nunca admitido y mucho menos tratado periodísticamente por nadie -, yo seguí inmutable.

Quiero decirte que la Agencia ANSA, en un cable al que seguramente nadie le dio bola, da cuenta de una noticia periodística, originada en Londres, donde confirman reuniones con directivos de dos de las empresas carteleras, que nunca son noticia, eso motiva mi felicitación porque confirma en parte lo que desde hace años venís señalando -, fue el largo parlamento que me hizo temer por su salud, el vasco es algo más que cáustico, habitualmente.

- Leélo, y dame tu opinión -, me dijo normalizando su bocadillo.

Abrí el sobre donde el cable de ANSA en este inquieto mes de abril, consignaba: “Los planes para explotar las reservas de petróleo de Irak fueron discutidos por ministros del gobierno británico y las principales petroleras internacionales, un año antes que Gran Bretaña aceptó junto a Estados Unidos invadir suelo iraquí, según documentos oficiales dados a conocer.

Los memorandos, que publica el periódico inglés The Independent, ponen nuevamente en duda la participación militar británica en el conflicto para derrocar a Saddam Hussein por tener estas armas de destrucción masiva, que nunca fueron halladas.

En los documentos se detallan minutas de reuniones entre ministros británicos y altos ejecutivos de compañías petroleras.

Dichos papeles no fueron incluidos como evidencia en la pesquisa que el ex funcionario John Chilcott encabezó por la guerra de Irak.

En marzo de 2003, poco antes que Gran Bretaña aceptara invadir Irak, Shell denunció como "incorrectos" reportes en la prensa británica acerca de que había mantenido reuniones en Downing Street por las reservas petroleras iraquíes.

La petrolera BP también negó vínculos similares con el gobierno británico, en tanto que el por entonces premier Tony Blair calificó las teorías de conspiración por el petróleo de Irak como "totalmente absurdas".

Sin embargo, los documentos publicados en el The Independent, y que datan de octubre y noviembre de 2002, muestran una realidad opuesta.

Cinco meses antes de la invasión, la baronesa Elizabeth Symons, por entonces ministra de Comercio, le indicó a BP que el gobierno quería que las compañías energéticas británicas recibieran parte de los enormes beneficios petroleros y gasíferos de Irak como recompensa por la ayuda militar dada por Blair a Estados Unidos para un cambio de régimen iraquí”.- Guardé la copia del cable y me quedé un rato en silencio. El vasco me miraba.

Hay cuestiones que a veces llegan tarde y no confortan, esta es una gota de lluvia en el mar – le dije, - por lo menos aunque sin una gran precisión podemos estar de acuerdo en que esos protagonistas son parte de las corporaciones que forman el Cartel -, concedí.

Sólo que a veces, alguien debe darte un pequeño golpe en la espalda. Como estímulo digo, porque lo otro, persecuta tuviste a granel, me pareció útil traértelo, porque te lo merecés -, ahí me quedé duro.

Lo que sigue es más de lo mismo, pero las historias a veces pueden terminar mejor.

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