jueves, 5 de mayo de 2011

De Zacatecas a Durango

Juan Gaudenzi (Desde Durango, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Y cuál es su pasatiempo favorito Don Juan, cazar chichimecas o buscar minas de plata?

Hacía más o menos una hora que habían salido de la “Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Zacatecas” rumbo a Durango y parecía que no se hubiesen movido un palmo. Ni en la distancia ni en el tiempo.

Juan de Oñate (1550-1626) miró hacia lo lejos, por la ventanilla de la Suburban (el vehículo favorito de los narcos) y vio exactamente el mismo paisaje que 413 años antes: abanicos superpuestos de cerros semi-desérticos a ambos lados del camino; ni un alma; ni una gota de agua; un cielo azul incandescente; ni una sola nube.

-¿Chichimecas? Zacatecos querrais decir. Buenos lanzadores de flechas. Si apuntaban a un ojo y daban en la ceja era un mal tiro. Cuentan – a mi no me consta – que en una ocasión arrojaron a lo alto una naranja, y le tiraron tantas flechas, que habiéndola tenido en el aire mucho tiempo, cayó al cabo en diminutos pedazos”.

Volvió a mirar hacia la nada para cerciorarse de que diría una verdad irrefutable: “Ya no quedan…los matamos a todos”.

-Entonces, fue por eso…

-¡Que va! Habladurías de cobardes, insatisfechos. Pasamos frío y hambre y no encontramos ninguna mina que valiera la pena. Entonces algunos desertaron. Regresaron a la Nueva España y contaron una sarta de mentiras. En 1606 y 1608 Felipe III ordenó que me presentase en la Ciudad de México para rendir cuentas. Yo estaba demasiado ocupado en la fundación de Santa Fe, en Nuevo México, por lo cual postergué el regreso hasta 1613. Entonces, los muy ingratos me desterraron a perpetuidad. De nada valió la creación de Santa Fe y San Juan Pueblo, y la construcción allí del primer templo católico en los Estados Unidos.

-Disculpe usted, pero los diarios publican todos los días noticias de horribles matanzas en Ciudad Juárez…decapitados, descuartizados…

-Yo solo estuve allí de paso. En mayo de 1598 vadeamos el río Bravo o Grande por un lugar llamado Paso del Norte y tomamos posesión de todo el territorio en nombre de su Majestad.

-¿Y los videos?

-¿Qué videos?

-Los que las autoridades norteamericanas aseguran haber grabado desde un avión espía no tripulado.

-¡Ah!, entonces no era un águila… Estupideces; los gringos siempre se equivocan de lugar y tiempo (¿menos en Abbottabad?). Y exageran. Eso fue en Acoma durante una rebelión indígena que dejó once colonos muertos. Tuve que castigarla. Solo colgué a dos y ejecuté algunos amotinados, desertores y adúlteros.

El velocímetro marcaba 140 km/h pero el paisaje estaba más petrificado que nunca. Los miserables pueblos que atravesaron raudos también.
Cien años después de la Revolución Mexicana Don Juan de Oñate “El Adelantado” había abandonado su tumba en Guadalcanal (Sevilla) para comprobar que no se había perdido nada que valiera la pena.

No eran asentamientos wichitas como los que había conocido en una expedición por Kansas, pero lo mismo daba. Aquí tampoco había riquezas; la tierra era pobre; los campesinos desnutridos, ultramontanos y analfabetas; de las minas de plata que enriquecieron a un puñado de españoles que siguieron sus pasos, los de Francisco de Ibarra y fray Jerónimo de Mendoza, poco después, solo quedaba el nombre: el “Zombrerete”; cerro del Mercado, entre otras.

Únicamente los buscadores de fortuna fácil habían cambiado un poco; sobre todo sus armas; evidentemente ya no eran arcabuces. AK-47 y M-16 eran ahora herramientas de labranza, porque el oro y la plata se cultivaban. Las Suburban con los vidrios polarizados en que se movilizaban eran bastante más rápidas que los jamelgos y mulas de antaño. Por lo demás eran fieles custodios de la tradición sanguinaria.

En el trayecto se detuvieron un par de veces.

La primera, junto a una capilla del último tercio del siglo XVIII, en la entrada a la antigua hacienda de Juana Guerra, actual ejido Amado Nervo.

Iglesia y hacienda cerradas; nadie a la vista para franquear el ingreso de los visitantes.

Pero, eso si, dos vistosos carteles del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con sendos textos de difusión de la historia de una y otra.

La capilla, construida de piedra en 1795, tiene una planta rectangular con ábside ochavado; un portal barroco; sillares de cantera y una torre sencilla en el lado izquierdo, con columnas entorchadas tan usuales en la época.

La hacienda se formó con tierras otorgadas el 28 de junio de 1586 por el cabildo de Nombre de Dios como sitio de ganado mayor. Posteriormente formó parte de la hacienda Fierro. Después de la Revolución dio origen al ejido Amado Nervo.

Don Juan la recordaba bien. Allí pernoctó en su expedición hacia el norte. Con los demás asentamientos ganaderos y productores de granos de la zona abastecía a los reales de minas del sur de Nueva Vizcaya y norte de Nueva Galicia.

De la casa grande, las trojes, ahora sólo era posible imaginar ruinas. Únicamente la capilla se conservaba en buenas condiciones.

Una aclaración impresa a un costado de los carteles hizo sonreír al Adelantado: por formar parte del “Camino Real de Tierra Adentro” el 1 de agosto del 2010 capilla y hacienda fueron incluidas en la lista de lugares considerados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

-Patrimonio de los alacranes deberían haberlas declarado porque ahora a ellas no entra ni nuestro Señor Jesús Cristo.

-¿Y sabe vuestra merced que es eso del “Camino Real de Tierra Adentro”?

-Vaya si lo sabré. Con tan rimbombante nombrecillo estos dignos herederos de la parasitaria y corrupta burocracia colonial se refieren al trayecto de una serie de expediciones hacia el norte emprendidas después de la caída de la capital de los aztecas con el propósito de buscar oro, plata y piedras preciosas, pero encubiertas por una misión evangelizadora. Por una capitulación de Felipe II, del 21 de setiembre de 1595, a mi me tocó completar el último tramo: desde Zacatecas a Nuevo México y Texas. Es cierto que al principio se debieron seguir las frágiles huellas de los nativos que intercambiaban mercancías entre el sur y el norte, pero la mayor parte de los más de 2 mil kilómetros desde la capital de la Nueva España hasta Santa Fe, en Nuevo México, la tuvimos que abrir a sangre, fuego y… evangelización. Además, “caminos reales” se llamaban todos los transitables en carreta y existían varios en el virreinato. Y “de tierra adentro” los que conducían a territorios poco explorados. Ahora, por lo visto, han decidido unir ambos nombres y crear toda una parafernalia mitológica en torno a esta cuestión que justifique sus cargos y honorarios.

La segunda parada fue en la localidad de Nombre de Dios, fundada entre 1555 y 1556 por el franciscano De Mendoza y considerada la más antigua del actual estado de Durango.

Otra versión asegura que habiendo llegado al lugar Fray Pedro de Espinareda y Fray Jacinto de San Francisco, decidieron reclutar indígenas para convertirlos al catolicismo y, de paso, como mano de obra servil para haciendas y minas. Entonces dijeron “Comencemos esta obra en el Nombre de Dios”, con lo cual quedó así bautizada la villa.

Como las únicas fuentes de agua de toda la región, vegas ricas y buenas para la agricultura e indígenas en abundancia eran condiciones propicias, pronto se convirtió en base de operaciones para cuanto franciscano quisiese sumarse a la aventura.

Entre ellos Fray Jacinto de San Francisco, más conocido como “Fray Cintos”, a quien los naturales le atribuían poderes mágicos y curativos.

-Puede que obrase milagros con otros, pero a él no le resultaron muy útiles – comentó irónico Don Juan.

Al parecer, Fray Cintos no pudo salvarse del piquete de un alacrán, siendo el primer español muerto por tal causa en Durango. En su descargo algunos afirman que no se curó para no contradecirse a si mismo o para no desafiar el destino que su Señor en los Cielos le tenía reservado: no se sabe muy bien cual de los dos había predicho con anticipación el día y hora de su muerte.

En la plazoleta central de Nombre de Dios otros carteles del INAH del mismo tenor, en medio del deterioro y hasta la destrucción de casi todas las edificaciones y obras de arte de aproximadamente 400 años de antigüedad.

Por ejemplo, las pinturas y esculturas coloniales – especialmente el gran óleo de Las Ánimas del Purgatorio – del templo de Jesús Nazareno, en el antiguo barrio de indios, que claman a gritos (en quejumbroso silencio sacro) una urgente y cuidadosa restauración que nadie atiende.

Y, finalmente, Durango, capital de la antigua provincia de Nueva Vizcaya, que comprendía los actuales estados de Durango, Chihuahua y parte de Sonora, Sinaloa y Coahuila. El centro con mayor número de edificios (coloniales) considerados como patrimonio histórico del norte del país. Numerosas e imponentes iglesias católicas y antiguas mansiones de acaudalados mineros españoles:

La Casa del Conde del Valle de Súchil, la nuestra más notable de la arquitectura colonial en el norte de México, construida en la segunda mitad del siglo XVIII, por el arquitecto Pedro de Huertas como alojamiento de los gobernadores, aunque acabó como vivienda particular del minero Joseph del Campo Soberón y Larrea, conde del Valle de Súchil.

El Palacio de Zambrano; hasta hace poco sede del Gobierno estatal. Construido en 1798 por el rico minero y comerciante español Juan José Zambrano y Amaya. Tan grande era su fortuna que ofreció pavimentar con plata de ley las calles céntricas. Se equivocó de época y lugar. Si en pleno auge del neo-liberalismo hubiese hecho semejante oferta a alguno de los presidentes latinoamericanos de la época, Carlos Menem, de Argentina, o Collor de Mello, de Brasil, por ejemplo, con sumo agrado hubiesen aceptado. En cambio, a las autoridades de la Nueva Vizcaya del siglo XVIII les pareció excesivo.

- El Conde y Zambrano tuvieron más suerte que yo –dijo resignado Don Juan.

Y él, pese a infortunios y destierro, mucha más que los miles de desheredados – proletarios y campesinos – , descendientes de combatientes de la Revolución, que actualmente sobreviven en los alrededores de la ciudad y en las montañas vecinas.

Durante la última semana de abril superó los cien la cantidad de cadáveres encontrados en “narco-fosas” de un fraccionamiento residencial de la ciudad de Durango.

-Por bastante menos no figuro en el National Statuary Hall del Capitolio, donde se exhiben las estatuas de los personajes que dieron vida a la Unión Americana, estado por estado -añadió, refiriéndose a la represión de la “rebelión de Acoma”, en Nuevo México, antes de regresar sin pena ni gloria a su sepulcro.

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