jueves, 5 de mayo de 2011

El niño ignorante de la Edad de la Razón: Damas y caballeros. ¿Un error infantil?

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lacan invierte el algoritmo saussuriano y nos lo muestra en el ejemplo de unos niños que llegan en tren a una estación y al ver los letreros de los aseos cree la una dice haber llegado a Caballeros y el otro haber llegado a Damas, ambas puertas, referente y significado, son idénticas mientras la inscripción que las acompaña es una inscripción gráfica de los sonidos de una expresión sonora, significante, la que establece la diferencia; así el individuo que se detenga ante dichas puertas idénticas se formará una idea bastante clara de lo que hay detrás de ellas, al menos una de esas habitaciones no tendrá orinal, para orinar de pie con un pene, lo que remite a la diferencia anatómica sexual entre los seres humanos, ya que como observa Lacan, es la Ley de la segregación urinaria, la que rige cuando las personas de distinto sexo responden al llamado de la naturaleza, por eso, no debe elegirse la puerta equivocada y la micción tiene que ver entonces con el mundo significante, con el discurso humano, un orden lingüístico que nos precede y al que advenimos, de tal suerte que el niño, en su condición de sujeto, debe ocupar una posición en el lenguaje, debe ingresar a un medio de significación preexistente y adquirirlo, ya que el sujeto humano, al menos para un primer Lacan está dominado por el significante, a las diferencias de la lengua.

Ello es lo que permite el ingreso en el lenguaje, en la subjetividad, que se enreda en la red infinita de la significación y así ingresa el sujeto en la cultura. Por eso, el estudio de los funcionamientos del los sistemas de signos es una necesidad tan imperiosa para el psicoanalista y para todo aquel que pretenda pensar la vida moderna.

Si leemos el propio texto de Lacan en La instancia de la letra en el inconsciente encontramos la siguiente interpretación:

Aparte de que, en efecto, los rieles en esta historia materializan la barra del algoritmo saussureano, bajo una forma bien adecuada, para sugerir que su resistencia pueda ser de otra clase que dialéctica, sería necesario, y ésta es, sin duda, la imagen que conviene, no tener los ojos enfrente de los agujeros, para embrollarse sobre el lugar respectivo del significante y del significado, y no seguir hasta el centro radiante, desde donde el primero – el significante, representación de palabra – viene a reflejar su luz en la tiniebla de las significaciones inacabadas – el significado, representación de cosa.

Porque va a traer la Disensión, únicamente animal y condenada a las brumas naturales, al poder sin medida, implacable a las familias y acosador a los dioses de la guerra ideológica. Caballeros y Damas serán, desde ese momento, o para esos niños, dos patrias hacia las que sus almas tirarán, cada una con un ala divergente – cada uno llega a un universo heterosexual, él llega a Damas, objeto de su deseo y ella a Caballeros – y, sobre las cuales, les será tanto más imposible pactar, cuanto que, siendo, en verdad, la misma, ninguno podría ceder en cuanto a la preeminencia de la una sin atentar contra la gloria de la otra.

Bibliografía:
- Cobley, P. y L, Jansz. Semiótica para principiantes. Plaza Edición. Buenos Aires, 2001, pp. 79-87.
- Lacan, J. La instancia de la letra en el inconsciente. Escritos. 1. Editorial Siglo XXI, México, 2001, p. 480

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