jueves, 5 de mayo de 2011

El puente sobre el Tatú

Abel Samir

(A los héroes del 4º Ejército Rojo)

Vertiginoso y alborotado
corre el río...
y con estruendo ensordecedor
golpea sus orillas escarpadas
paladeando sus piedras negras
como si fuese la miel de las abejas.
Parece una orquesta de truenos
estallando sin descanso,
allá abajo...
rugiendo y tronando
allá abajo.

Es un puente de cadenas
largas, oxidadas y colgantes
sobre escarpadas orillas
de muros negros y gigantes
esculpidos por seres milenarios
y tan viejo como el tiempo.
De un lado a otro danza
como un desvariado
lamentándose y gimiendo
al compás del viento,
allá arriba...
chirriando y crujiendo
allá arriba.

El día es claro y hermoso,
se han retirado las nubes
para dejar paso al Sol
que sus ojos ya tiene muy abiertos.
Las aves vuelan atolondradas
al sentir millares de pisadas
y divisar en el horizonte
como una serpiente gigante
se mueve entre los montes;
es una muchedumbre de hombres
cadavéricos y aguerridos
con uniformes color de hierba
desgarrados por el uso
y con banderas rojas desteñidas
flameando al viento.
Allí, viene el aguerrido cuarto Ejército.
y allá abajo...
furioso y encrespado navega el río.

Perseguido vienen
por el poderoso ejército
de Chiang el carnicero,
con caballería, aviones y tanques.
Los muchachos van cruzar
por aquel terrible lugar
que sus bravos antecesores
los Taipín del siglo dieciocho,
muy en vano intentaron.
Sus terribles alaridos...
todavía se escuchan
por esos enormes acantilados.
Los trae la brisa del tiempo.
Y allí arriba...
crujen las oxidadas cadenas,
balanceándose y chirriando...
allí arriba.

En la otra orilla se divisa
al enemigo atrincherado,
que se siente fuerte y seguro
sin los tablones del puente
que ha quitado.
Por allí no puede cruzar
ni siquiera Pankú, dicen
tampoco los diablos rojos.
Pero no han contado
con el temple de los muchachos.
Un pelotón avanza colgando
como frágiles hojitas
por el vaivén de aquel puente
de enormes cadenas negras
mecidas al viento...
Confiando en sus manos
y también en su temple;
con la pistola entre los dientes
y del cuerpo colgando
las granadas como racimos.
y allá abajo...
ensordecedor truena el río
allá abajo...

Diez cuerpos de los valientes
se estrellan en el río,
contra las piedras negras
con estremecedor chasquido.
El río encrespado arrastra
sus cuerpos adolescentes
que así ofrecen sus jóvenes vidas
para cambiar este mundo.
El río truena furioso
cuando engulle sus cuerpos.
allá abajo...

Con esfuerzo sobrehumano
la mitad del pelotón
cruza la veintena de metros
que los separa de sus enemigos
y como un terrible huracán
y vivas a la revolución,
avanzan enfurecidos.
Ante el valeroso coraje
de esos jóvenes gigantes,
y presas del pánico
como si los persiguiese el diablo,
a la desbandada corre
ese regimiento de blancos;
y allá abajo...
desaparecen algunos héroes
tragados por el furioso río
allá abajo...

Esa memorable tarde
por el puente cruza el cuarto.
con banderas rojas al viento
a todo pulmón…
y con los puños en alto
los combatientes rojos
muy erguidos marchan cantando:

“agrupémonos todos
en la lucha final
y se alcen los pueblos
por la internacional”

Y el puente gime danzando
y allá abajo...
y muy encrespado
el río truena furioso
lamiendo sus negros peñascos

Allá abajo…

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