viernes, 13 de mayo de 2011

Entrevista a la escritora Beatriz Paganini

Marcelo Colussi (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En Buenos Aires, sentados frente a frente, en el confortable , amplio y españolísimo bar del hotel Castelar, podría catalogarse como una entrevista de las tantas que un periodista le formula a una escritora. Pero en este caso, no es así. Entrevistador y entrevistada son dos compatriotas que, salvo comunicación epistolar, no se habían visto desde hacían cinco años. Luego del emocionado: cómo te va y parece mentira y tanto tiempo, el humeante té de yerba mate gentilmente servido en lugar del tradicional café invita al diálogo pertinente.

En realidad, invitados a elegir entre los dos brebajes, ambos, entrevistada y entrevistador, coincidieron en la preferencia argentina que ahora está siendo moda en otros países.

Recuperada la formalidad, Beatriz Paganini pregunta:

¿Tuviste tiempo de leer la novela?

No, porque acabo de llegar de España y por lo tanto esta entrevista será como parte clarificadora del tema y del argumento.

Perdoname Marcelo, pero será imposible; detesto explicar un argumento de novela, cine o serie televisiva. Si te puedo hablar sobre algunos de los personajes…

Bueno…. ¿Te puedo preguntar si algunos de tus personajes son verdaderos?

-En realidad, verdaderos o ficticios, he puesto en las palabras y acciones de ellos vivencias ajenas o personales que consideré conveniente dejarlas en un mensaje escrito.

Colussi: Es decir que participan y, cumplido el mensaje, cierran con la novela.

¡No, no quiero matarlos!

Entonces ¿VOS querés escribir una saga como la de los Forsyte de John Galsworthy o más contemporáneamente la da Harry Potter de Joanne Rowling?

¡No! Mi intención no es esa. Lo que yo no quiero es matar a mis personajes.

Por lo general, los escritores no matan deliberadamente a sus personajes, se sigue un guión narrativo ¿no es cierto?

Bueno, entonces digamos que algunos de mis personajes todavía tienen que cumplir con un guión narrativo más extenso.

Colussi: ¿Y cómo lo lográs?

Te doy un ejemplo, el abogado de mi segunda novela “El chalet de los Quintana” aparecerá en la tercera, que la estoy escribiendo y Roque, que era un muchachito alumno en una escuela nocturna que ganó una mención por escribir un reportaje a Estela Carlotto en mi primera novela “De ÚBEDA A FANTA FE”, hoy, ahora, en El Chalet… es un estudiante de abogacía que trabaja en Wal Mart. Tal como te estoy expresando lo dije en la presentación del libro el pasado mes de abril. Porque no me gusta contar un argumento de cualquier género y por eso le pedí al público presente (de vez en cuando me sale el magisterio que nunca desaparece) que me ayudaran a sacar aproximadamente la cuenta si en el 2030 o 20040 cuantos años tendría Roque.

Colussi: ¿te respondieron?

Paganini: ¡Sí! Espontáneamente, dialogaban entre ellos y levantaban la mano o se oían las conclusiones. Llegando a calcular que Roque tendrá 35 ó 45 años y entonces yo les dije que la próxima haría futurología sobre Santa Fe.

Colussi: ¿La harías AHORA SOBRE las elecciones?

Paganini: Si. te puedo hacer sobre mis impresiones , mis deseos: La experiencia socialista iniciada en mi provincia a pesar de las piedras en el camino que le pusieron en el congreso los Fraga Iribarne de turno que toda historia tiene en su tránsito por la dictadura hasta la incipiente y restaurada Democracia, porque Santa Fe, no se libró tampoco de eso. Al Gobierno Socialista hasta se le negó en el proyecto de presupuesto 2010 el establecimiento de gravámenes de Ingresos Brutos. ¡¿Te das cuenta? Defender a los que más tienen, que por otra parte no era “atacarr” sino que pagaran un poquito más sobre sus ganancias excesivas para poder invertirlos en el problema social que nos impide surgir con equidad. Al modificar, la oposición, el modelo de presupuesto 2010, con su voto negativo no sólo se estranguló económicamente al gobierno provincial y se privó a los municipios santafesinos de 160 millones de pesos sino que se impidió realizar la justicia en la participación de las cargas financieras del pueblo, Esto aumentó la gravedad del recorte lo que significa beneficiar directamente al lobby empresario que hubiera tenido que pagar 600 millones. Con ese recorte se borró de un plumazo el posible aumento de haberes y se favoreció a los que más tienen y menos pagan. En fin, resumiendo: La derecha seguirá castigando desde cualquier lugar donde esté instalada porque es incompatible con la socialización de los derechos a toda la ciudadanía.

Colussi: Concluyendo entonces: Beatriz, la entrevista por la novela se ha ido por la política……

Paganini: Si, es cierto pero creo que aún en la novela más llana hay siempre un mensaje que desenmascara al escritor aunque no se lo proponga. Así es y vos, hasta en la solapa del libro lo expresás claramente cuando decís: “Aceptaré alguna crítica (que luego evaluaré) sobre Evo Morales, Chávez, Correa o LULA, si previamente me hacen otra o fundamentan su valoración sobre el señor George Bush y su Guerra Santa contra Irak para salvaguardar el petróleo para la Humanidad con la ayuda de los Cruzados BLAIR y AZNAR. Mi estimado periodista y compatriota, actualmente, en el orden internacional respeto la palabra de Eduardo Galeano más que la del falso nobel de la Paz y en el orden nacional, estimo que un gobierno Socialista a cargo del Doctor Hermes BINNER logrará que el GRITO SAGRADO de nuestro Himno, cuando lo cantemos, tenga su justo significado al gritar emocionados: ¡AL GRAN PUEBLO ARGENTINO SALUD!

Colussi: ¿Cierro la campaña…este…el reportaje?

Paganini: No cerremos nada, este es un final abierto porque dependerá de cada uno de los argentinos cuando pongan su voto. A propósito ¿Vos en cual embajada votás?
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De la novela "El chalet de los Quintana"

De Beatriz Paganini

YO, HANS KELLER.

Creí haber dejado atrás el destino trágico de mi vida, a partir del 17 de diciembre de 1939 día en que el Comandante Langsdorff, nos despidió y toda la tripulación bajamos a tierra.

Seguidamente, ordenó volar el buque.

Días después, Hans Langsdorff, su nombre era como el mío, se disparó un tiro en la cabeza, en su cuarto de hotel en Buenos Aires envuelto en la bandera de Alemania.

Así, terminaba una etapa para nosotros, los ex marinos del Admiral Graff Spee.

Comenzábamos una nueva en Argentina, un país próspero, de gente generosa que nos abrió las puertas de sus hogares y sus corazones.

Teníamos trabajo, casa y un futuro promisorio.

Atrás dejábamos la guerra con sus atrocidades.

Fueron seis años de paz, para los nueve alemanes que recalamos en la Ciudad de Santa Fe.

Creí que, con su hundimiento se cerraba una valerosa actuación del Admiral Graff Spee, aunque posteriormente y, luego de tres años de mi residencia en este bendito país, me enteré que no siempre descolló por su valentía.

Un verano, apareció como invitado el marino alemán Rudolf Merkell. En realidad, ex-marino, como todos nosotros y que estaba trabajando en Esperanza, una ciudad cercana a Santa Fe.

A partir de ése asado, por lo menos, una vez al mes nos visitaba en la casa que alquilábamos en el Boulevard Gálvez.

Justamente, la casa que, anoche, huyendo, he abandonado.

Rudolf Merkell llevaba un drama en su existencia.

Yo no podía definir qué problema lo acongojaba, pero era evidente en su triste mirada, sus gestos bruscos, sus silencios prolongados, inexplicables y sus llantos desgarradores cuando había tomado unas copas de más.

Una noche, ya de madrugada, ese hombre contó que las pesadillas lo seguían desde que en su barco, el Admiral Graf Spee en 1937, durante días, se masacró a mansalva a mujeres, niños , ancianos y enfermos que caminaban hambrientos y agotados por el camino de la costa para llegar a Almería, cuyo trayecto era de 200 kilómetros.

Venían caminando desde Málaga, arrastrándose, famélicos, desesperados.

El trayecto solamente lo podían hacer por la costa mediterránea caminando.

Eran un blanco fácil, por tierra los perseguían soldados italianos, por aire la aviación alemana y, desde la costa, barcos emplazados hacían prácticas siniestras de tiro.

Esta historia es casi desconocida, porque, incluso los españoles que están refugiados aquí, en Santa Fe, me han comentado que si bien a ellos les llegó la noticia, en España, con el dictador Franco y su censura, está prohibido hablar o publicar la “Matanza de Málaga a Almería.”

Cuando estaba alcoholizado, Rudolf gritaba horrorizado que volvía a ver las figuras caminando en la noche. Que eran sólo sombras chinescas pero que ellos sabían que eran niños, mujeres, ancianos, enfermos, hambrientos, heridos.

Pero la orden era tirar sin pausa, una y otra vez.

De día podían ver sus caras, que se hincaban tapándose los oídos, las madres cubriendo a los niños, algunos ancianos llevando criaturas alzadas o arrastradas con sus escasas fuerzas.

Carromatos o caballos sueltos, incluso burros añadían a la tétrica marcha más desolación fantasmagórica.

De noche, tiraban igual a todo lo que pareciera bulto sospechoso.

La orden era no parar, fuera con sol o con luna.

Una mañana, después de un prolongado silencio, mientras reponían fuerzas y colocaban sus objetivos con precisión, para no errarle a las próximas víctimas, vio un cuerpo caído, acostado cuan largo era, sin moverse, claramente muerto.

Se quedó mirando esa figura patética y, de pronto observó un movimiento extraño cerca de unos de los brazos del cuerpo tendido.

Parecía un gato.

Posicionó bien la lente.

Miró fijo.

Era una criatura de meses que buscó un seno, en el cuerpo inerte y se puso a mamar.

La noche que Rudolf nos contó esa historia, se durmió llorando desconsoladamente.

Quizás si él hubiera hecho un cuadro sobre la Masacre de Málaga a Almería, igual que el Guernica de Picasso que está en París hasta que desaparezca Franco, habría hecho catarsis con su dramática angustia interior.

Pero, no fue así.

Y, entonces gritaba y lloraba diciendo:

¡Ich höre sie, sie schreien, sie weinen, sie weinen, sie bitten fröimmikeit für ihre kinder!

Los oigo, me gritan, lloran, se arrastran me piden piedad por sus niños.

¡Schlubβ! ¡Schluβ Rudolf! ¡Laβ uns leben!

Basta, basta Rudolf déjanos vivir

¿Hast du keine mutter, brüder, kinder?

¿No tienes madre, hermanos, hijos?

¡Frömmikeit Rudolf!

¡Piedad Rudolf!

¡Frömmikeit!

¡Piedad!

Una noche, Rudolf Merkell, en lugar de entrar en nuestra casa, caminó por el Boulevard Gálvez, subió al Puente Colgante, se pegó un tiro y su cuerpo cayó a las aguas de la Setúbal.

No sé por qué estoy escribiendo esto, quizás sea porque quiero dejar alguna constancia de esa masacre y reivindicar la memoria de un marino que no pudo superar su cargo de conciencia aunque lo que hizo, fué por la cuestionable e incuestionable “obediencia debida”.

¡RUHE IN FRIEDEN, LANDSMANN RUDOLF!
DESCANSA EN PAZ, COMPATRIOTA RUDOLF.

Posiblemente hoy vislumbro la parte negativa, mezquina, injusta de lo que nos ha tocado vivir a los alemanes que estuvimos bajo bandera en el lugar equivocado dirigido por un esquizofrénico maniático que hundió mi Patria.

¿Qué quedará de ella?

Arriba hay una fiesta infantil.

Estoy escuchando el Feliz Cumpleaños cantados por un coro desparejo de chicos.

Risas, música, aplausos.

Las voces se oyen lejanas y, a veces, cercanas cuando corren por los jardines.

Son los sobrinos de Ramiro que festejan un cumpleaños con muchos invitados porque el bullicio es como un compacto enhebrado de risas, corridas, zapateos, aplausos.

Es evidente el compromiso que ha contraído Ramiro al esconderme en este subsuelo de manera que trataré de irme lo antes posible.

Pero… ¿Adónde?

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