viernes, 13 de mayo de 2011

Menea al perro

María Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Pensar que esta película “Wag the Dog”, que fue conocida en Latinoamérica con el título de “Mentiras que Matan” tiene ya 14 años desde que Barry Levinson la produjo basada en un libro de Larry Brinhart resulta increíble, ya que posteriormente a su producción se fueron produciendo acontecimientos mundiales que cada día se comprueba más fueron creados y manipulados tal como se mostraba en este magistral film.

El libro original se llamaba “American Heroe” y la película basa su nombre en una especie de proverbio que dice “¿Por qué el perro menea la cola y la cola no puede menear al perro?” La respuesta obvia es porque puede, porque tiene más fuerza y, a continuación, muestra una serie de recursos con que el poder de la Casa Blanca crea una sarta de mentiras para distraer a la opinión pública de un desliz sexual del presidente, inventando incluso un enemigo (Albania) y una guerra que jamás sucedió y, muy al estilo Far West, creando a un héroe que en realidad es un psicópata y que terminará llegando en un féretro a Washington, donde multitudes lo recibirán con emoción para honrarlo.

Confieso que, si bien ya tuvimos suficientes ejemplos en los últimos años de que esto es no sólo posible, sino probable, como en el caso de las Torres Gemelas, el escurridizo Al Kaeda, las armas de destrucción masiva de Irak que jamás fueron encontradas, el ahorcamiento tipo western de Haddam Hussein, este último operativo del sorpresivo “ajusticiamiento” de un grupo de personas no muy bien identificadas en Pakistán por un grupo de “valerosos Seals” contribuye a completar el cuadro de producciones destinadas a distraer de vaya a saber qué nuevos eventos letales con que estamos siendo victimizados.

Ya somos grandes, muchachos, aunque no podemos aún menear al perro, que sería según lo predijeron tantos seres pensantes que nos precedieron la única solución para acabar con este ignominioso manejo del 1% de potentados respecto al 99% de gente que trabaja y se esfuerza tratando de sobrevivir en un mundo totalmente corrupto y plagado de mentiras malignas.

En cuanto a otra película (esta vez documental) titulada “Food, Inc.”, donde sin nada de trucos se muestra la industria alimentaria por dentro y el poder alcanzado por Monsanto con sus famosas semillas genéticamente modificadas, que deben ser acompañadas por fumigaciones que están produciendo malformaciones en fetos, cáncer y otras enfermedades en adultos, no puedo menos de preguntarme: ¿Los señores presidentes, o presidentas, los ministros de salud y agricultura, los gobernadores de provincias y alcaldes municipales no tendrían una horita y media libre para ver esta película e informarse de las consecuencias de lo que están autorizando a que pase en nuestros territorios?

Ya no se trata de “errores”, se trata nada más ni nada menos de la supervivencia de la especie humana y del planeta tierra y parecería que no existen funcionarios con las neuronas, el coraje y la conciencia suficientes para asumir las responsabilidades que se deben asumir, junto con los lauros y aplausos a que son tan adictos.

Lo resumen muy bien algunos autores actuales, como Larry Beinhart, Noam Chomsky, Michael Moore y tantos otros luchadores del Norte o como nuestro Pérez Esquivel, Eduardo Galeano, o el grupo que intenta sin mucho éxito hacerse escuchar respecto a las plantaciones de soja que siguen proliferando en Argentina, los grupos de indígenas que han sido despojados de sus tierras, que supieron conservar y trabajar con inteligencia y respeto a la Pacha Mama, como lo fueron los siringueiros en Brasil, las diversas razas autóctonas de Latinoamérica que son miradas casi con desprecio por la nueva especie de ignorantes con títulos que fingen conocimientos que no tienen.

Resulta imprescindible hacer conciencia que, a menos que todos nos unamos para preservar el futuro de las nuevas generaciones, los que sobrevivan no sabrán qué excusa dar a sus descendientes por su silencio cómplice.

Me temo que no queda mucho tiempo: o logramos menear al perro entre todos los seres de buena voluntad, nos negamos a escuchar más mentiras elaboradas, empezamos a exigir que los que ostentan el poder político o económico dejen de menearnos, o los ciegos con patente nos arrastrarán al precipicio que con su codicia y soberbia han contribuido a crear.

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