viernes, 13 de mayo de 2011

Retocando las escrituras

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Llegados a este punto de la “civilización occidental y cristiana”, con cada vez una mayor abundancia de pequeñas y medianas iglesias cuyos pastores viven portando la Biblia en templos familiares e incluso mandando a seguidores a domicilio a tratar de interesarnos en las famosas escrituras, además de los desesperados esfuerzos de la iglesia católica por recuperar terreno aunque para ello deban acortar tiempos de canonización, uno creería casi necesario que se haga una actualización de los mandamientos, por haber quedado sumamente obsoletos en sus contenidos, ya que de ser cumplidos, grandes muchedumbres de los llamados Cristianos quedarían automáticamente condenados por sus acciones.

Algunas de las modificaciones podrían ser:

“No usar el nombre de Dios en vano” (aunque su nombre aparezca en los billetes de dólar), por razones del indiscutible apoyo del Señor al pueblo de los Estados Unidos que manifestó desde sus comienzos su deseo de confiar en El.

“No matarás”, salvo que lo hagas luciendo algunos de los varios modelos de uniformes de fuerzas armadas y esgrimiendo las cada vez más numerosas y sofisticadas armas fabricadas por el Imperio.

También, en otro orden interno, este mandamiento no tendría vigencia en el caso de condenados a muerte por tribunales civiles y ejecutados con métodos que fueron evolucionando desde la horca hasta las inyecciones letales, pasando por la famosa silla eléctrica.

“No levantarás falsos testimonios “ que vendría a querer decir “No mentirás”, mandamiento totalmente obsoleto, ya que estaría poniendo como pecadores a la mayoría de los medios de comunicación, funcionarios públicos, políticos, laboratorios de productos medicinales, corporaciones y un importantísimo número de señores importantes que hacen posible la expansión de este modelo de avanzada.

“No desearás los bienes ajenos” va demasiado ligado al famoso espíritu de competitividad que nutre al sistema y está demasiado relacionado con los recursos naturales que, como todos sabemos, son tan necesarios para el desarrollo del imperio.

Esto en cuanto al Antiguo Testamento se refiere. Pero deberíamos ir un poco más allá y aclarar de una vez por todas el alcance de los conceptos de Jesús, especialmente en lo que quiso decir con “Amaos los unos a los otros” o “Ama al prójimo como a ti mismo”, determinando quiénes son los unos, los otros y el prójimo que merece que lo amemos, porque, seamos razonables, estos términos no pueden referirse a cualquiera, y ni qué hablar de los marxistas, ni de los habitantes de países areneros que tienen petróleo en su subsuelo o de los países subdesarrollados que no han sabido comprender los beneficios del neo-liberalismo.

También deberían revisarse los beneficiados en las bienaventuranzas porque si vamos a repartir bendiciones y saciedades entre los “que tienen hambre y sed de justicia”, no podemos ser tan ingenuos como para ignorar que la fila de damnificados a nivel mundial sería tan larga que no nos permitiría seguir trabajando en lo que realmente nos importa, que es la acumulación de capital y poder, el “llenado de la copa” con el trabajo de muchos para que luego, en algún momento, comience a gotear y -confiemos en la teoría-, los de abajo reciban alguna que otra gotita que les permita recuperar la fuerza y seguir poniendo el hombro.

Ni que hablar del famoso “Mirad los lirios del campo”, ya que esa especie está en extinción, y todo el campo debe sembrarse de productos Monsanto, con sus consiguientes glifosatos no obstante sus pequeños “daños colaterales” que cada autoridad competente debe ignorar para el bien y progreso material de las naciones. Además, es peligroso y casi irrespetuoso comparar esa linda pero humilde plantita con las ropas del rey Salomón, ya que, como todos hemos visto, las vestimentas de los famosos, de los concurrentes a la boda “real”, son sumamente importantes para los que miran los programas televisivos, tan llenos de profundos y esperanzadores mensajes para los millones que hoy se visten con ropas usadas, ya que aunque sea por un momento, pueden soñar con ser partícipes de semejantes muestras de ostentación y pompa.

En fin, creo que habría que ”actualizar” un poco las escrituras, sobre todo para evitar que jóvenes, niños y futuras generaciones empiecen a hacer preguntas incómodas sobre si, efectivamente, estamos cumpliendo sus preceptos, lo cual nos pondría en la incómoda situación de tener que hacerlos callar o tener que comprarles un nuevo video juego para que se entretengan y no molesten.

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