miércoles, 29 de junio de 2011

Cuentos para no dormir 2: Venezuela, mi pequeño pony

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

OFERTA LIMITADA: Si lee las palabras en MAYÚSCULA y negrillas puede obtener el resumen del texto -EN tan sólo segundos- sin necesidad de leerlo todo.

Érase una vez un país con un nombre que no se parece al de sus primeros habitantes, no Jirajara, ni Ciparacoto, tampoco Arawaco ni mucho menos Caribe, es un territorio con un mote que indicaba el supuesto parecido a Venecia: VENEZUELA.

Así como fue obligada su denominación, también se impusieron nombres y apellidos a sus originarios. Ya no serían Guaicaipuro, sino motilones bravos, ya no serían Tiuna, sino Cristóbal Cortéz, en honor a los dioses “descubridores”.

Descubridores que a lo largo de la historia se convertirían en los representantes de Dios en la tierra, es decir en los adinerados, porque ése es el otro apelativo de Dios: dinero. Los más y los menos heredaron del holocausto llamado mestizaje, en la pequeña Venecia, una llave maestra que cierra y abre puertas según la clase social: el apellido.

En este lejano país los presentadores y dueños de la televisión venezolana, a quienes nunca se les toca ni CON el pétalo de una rosa, tienen nombres como Napoleón Bravo, Marcel Granier, Martha Colomina, Carla Angola, Sergio Novelli, Nitu Pérez Ozuna, Nelson Mezerhane, Beatriz De Majo, Alberto Ravell y un largo etcétera de identificadores extrangerizados que se encargan de vociferar los sucesos ocurridos durante los fines de semana a los Barrio, a los Martínez, a los Pérez -a secas-.

Nombres y apellidos como Eligio Cedeño no forman parte de la población penal porque la justicia fue comprada a este nombre y apellido: María Lourdes Afiuni, por ejemplo. Y es que la justicia también tiene su alías: DINERO.

--Mamá, ¿qué es un alías?

--Un alías es el nombre de un malandro, mi amor. Por ejemplo ésta jueza se llama María Lourdes Afiuni y su alías es corrupción, ¿entiendes?

--Más o menos

PUEDES ver que en la web está hasta en inglés la detención de Afiuni. La de José Gregorio Alciles sólo la padecieron los familiares en castellano y tras las puertas de su rancho en Charallave. Su “delito” fue noticia porque no tuvo suficiente justicia, alías dinero, para COMPRAR su libertad.

La reciente lista de privados de libertad muertos (1) en el Centro Penitenciario El Rodeo I y II, producto de enfrentamientos entre bandas por el control del penal y luego por la intervención de la Guardia Nacional Bolivariana, no tiene nombre.

Para unos y para otros, estos muertos son VOTOS ganados y perdidos; no seres humanos con identidad. Todos tributan a reforzar al poder y a su apellido: dinero. En la sociedad capitalista una persona vale como obrero, como consumidor, como voto, no como ser humano.

Sus instrumentos de manipulación, los medios de información, tiran y encogen la vida humana como les da la gana. En el caso El Rodeo, el globo de ensayo para el terrorismo mediático: Globovisión, instaló una microondas para desinformar desde el primer día del suceso en la cárcel venezolana, apellidándose SOSOBRA. Mientras, el globo de ensayo para un mundo de fantasías: VTV se hizo presente varios días después, asumiendo el remoquete de fresita.

--Mami ¿qué es VTV?

--Es el canal 8, Venezolana de Televisión, que sólo ven 5 de cada 100 venezolanos. (2)

--Ahhh, con razón.
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Si, Venezuela es el nombre y su apellido es tierra de gracias. Este apellido data de la colonización, pero ¿darían las gracias los colonos por el saqueo? El genocidio indica que no. Sólo agradecieron A DIOS, porque después de todo, “el que lleva dinero le pide a Dios que lo cuide y el que roba le pide al señor que le deje robar”.

Los descendientes del exterminio llamado descubrimiento sí que las dan. Dan las gracias a Dios cuando se levantan y se acuestan, pagan el diezmo al rey Estado, a la Iglesia y en la quincena encuentran sus bolsillos diezmados. También dan las gracias por trabajar horas extras, porque sin ser explotados no llegarían a fin de mes.

Agradecen cuando alguien de apellido BURÓCRATA les adelanta en la fila, les ahorra trámites y les presta el bolígrafo azul, porque el negro no es el indicado para llenar las fórmulas. Todo tiene un costo. Su nombre: tráfico de influencias, aunque muchos lo mientan “gracias, Dios se lo pague”.

Lo que olvidan estos deudos es que en Venezuela el tráfico de influencias es un delito en la administración pública, penado con cárcel, razón por la cual muchas y muchos deberían estar presos compartiendo la tierra con UN PEQUEÑO PONY con los reos del Rodeo.

El rodeo de apellido muerte, en algunos países de América, es un deporte que consiste en montar a pelo potros salvajes o reses vacunas bravas y hacer otros “ejercicios”, como arrojar el lazo, (3) colear y acabar con la vida de los animales, tal cual ocurre en el mundo de fantasías de las cárceles venezolanas, en las que se reúnen una ínfima parte de los ladrones y rufianes.

Del otro lado del rodeo, algunos delincuentes caminan sin miedo y los más osados se retratan en el mago de la cara de vidrio, en el que brillan sus apellidos: Mendoza, Machado, Zuluoga, Cisneros, etc. En la pobre Venezuela pobre a quienes matan y dan golpes de Estado les otorgan amnistía y a quienes roban en la miseria: hacinamiento Y muerte.

A LA pequeña Venecia -que todas y todos pueden montar- se le convirtió su gente en Nape y Arijuna (4), en personas que guardan una caleta, porque nunca saben cuándo les llegará el turno para comprarse otro apellido: LIBERTAD.

Para ampliar informaciones:

• 22 privados de libertad fallecidos por enfrentamientos internos el 12 de junio de 2011. 1 reo fallecido y 2 guardias nacionales muertos en intervención de la GNB el 18 de junio de 2011, según cifras oficiales.
• Eleazar Díaz Rangel, en su columna de Ultimas Noticias, destaca que “la cuota de audiencia de los canales estatales es mínima, actualmente de sólo el 5%”, Earle Herrera, en: http://www.aporrea.org/medios/a122948.html
• Rodeo, según el diccionario de la Real Academia Española. También: Conjunto o reunión de ladrones o de rufianes.
• Términos Yanomami y Wayúu para describir al extraño, al peligroso en lenguas ancestrales.

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