jueves, 7 de julio de 2011

Machu Picchu, a 100 años de su descubrimiento

Carlos Acat Koch (XINHUA)

A 100 años del descubrimiento científico de Machu Picchu ("Montaña Vieja" en lengua quechua) por el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham, este icono turístico de Perú sigue siendo un enigma para estudiosos y también para el casi millón de visitantes, nacionales y extranjeros, que anualmente lo visitan para admirar su peculiar arquitectura.

En sus 33 hectáreas de extensión aún falta mucho por desentrañar y en el lugar se respira un profundo misticismo y una intensa calma que se interrumpe por las palabras de admiración que despierta en los turistas ante las construcciones trapezoidales hechas de piedra, colocadas una sobre otra y sin utilizar argamasa alguna.

La ciudadela levantada en el cerro Machu Picchu en el siglo XV de nuestra era durante el gobierno del emperador inca Pachacútec, presumiblemente en un periodo de 10 años, era un santuario religioso, una fortaleza militar, un centro político o un lugar de descanso.

Las interrogantes y las respuestas de los investigadores (historiadores y arqueólogos, entre otros) son controversiales y azuzan la polémica; ¿acaso sólo el inca (máxima autoridad por ser Hijo del Sol) y algunos allegados, como los sumos sacerdotes, podrían esclarecer la función que desempeñaba Machu Picchu?

La pregunta no ha sido respondida; lo que sí está en claro es que en aquella época la construcción era virtualmente inaccesible y a ésta sólo ingresaban el poderoso inca y su panaca (familia), los curacas (jefes) de poblados y sus séquitos; entre 300 y 1.000 personas, según se estima, vivían en su interior, según los vestigios arqueológicos.

La fortaleza, santuario o ciudadela, enclavada en el sur andino departamento del Cusco, en el valle de Urubamba, cuenta con dos zonas bien definidas: la urbana y la de cultivo.

La zona de cultivo está constituida por una sucesión de andenes (graderías) de cuatro metros de altura cada una y en cuya parte alta se encuentra un "recinto vigilante", con tres amplias ventanas, desde donde se puede otear al propio Machu Picchu y al vecino Huayna Picchu (Montaña joven).

Según estudios contemporáneos, esos andenes eran una especie de laboratorios en lo que se recababa información y se generaban las técnicas para lograr una mejor calidad de las semillas, que luego eran transportadas hacia las regiones donde se extendía el imperio incaico, que en su momento de máximo esplendor llegó hasta Quito (Ecuador), Pasto (Colombia), el altiplano de Bolivia y el norte de Chile y Argentina.

En el sector urbano destaca el Palacio del Inca, ubicado al sur, donde se hospedaba el emperador y sus servidores, con dormitorios, comedor y servicios higiénicos; a poca distancia, al suroeste, el templo principal, con tres muros y una plaza de ritual, y la vivienda del chamán (sumo sacerdote) con dos puertas y nichos (horacinas) para colocar imágenes, estatuas u ofrendas.

Cerca de dicha sección se encuentra la Plaza Principal, donde se realizaba la fiesta del Inti Raymi, un rito sincrético que marcaba el inicio de un nuevo año y coincidía con el solsticio de invierno.

También destaca el intihuatana (donde se "ata" el Sol), una escultura pétrea de forma de pirámide poligonal que termina en un prisma cuadrangular, mirando hacia el noroeste y sureste, que implicaría la unión entre el Cielo y la Tierra, considerado como reloj solar, observador del astro rey en los solsticios o piedra de sacrificio.

En el sureste del lugar se halla el recinto de los morteros, presumiblemente el barrio artesanal, con dos fuentes circulares que se llenaban de agua límpida y a través de los cuales se observaba el movimiento de los astros.

Hacia el noreste se encuentra el edificio de las Tres Portadas Idénticas, donde habitan los amautas (maestros), en la cual se han hallado "quipus", cuerdas de lana o algodón, de colores y con nudos, que habrían servido para llevar una suerte de contabilidad y de estadísticas.

En dicha dirección se encuentran también la Roca Sagrada, un gran bloque de piedra, tallada y pulida, dedicada a rendir culto a los Apus (Cerros), y el Templo del Sol, en cuya forma semicircular resaltan dos ventanas alineadas a donde despunta el Sol al amanecer de los solsticios de verano e invierno, vinculadas al inicio de las épocas de la siembra y la cosecha.

El Templo del Kuntur (Cóndor) o centro ceremonial, que toma el nombre de una representación del ave falconiforme que vive y reina en las alturas andinas, cuenta con varias horacinas en forma de cuevas.

Son más las construcciones existentes en Machu Picchu y también los misterios que encierra su interior, como figuras de cóndores y camélidos andinos (llamas y alpacas), que sólo pueden ser apreciadas, a tenor de lo que dicen los guías, en determinadas fechas del año y cuando reciben con mayor intensidad los rayos solares.

Algo que también ha intrigado a los arqueólogos es la simetría y la solidez de las construcciones, pues para lograrlas fueron necesarias técnicas artesanales para transportar grandes bloques de piedra, algunas de ellas de hasta 15 ó 20 toneladas de peso.

De lo que sí no hay respuesta es sobre los tesoros incaicos de Machu Picchu, supuestamente saqueados por los primeros conquistadores españoles, quienes habrían arribado a sus inmediaciones o, más probablemente, por personas que llegaron al lugar en el siglo XIX.

Actualmente, hay más de 46.000 fragmentos de piezas que fueron encontradas por Bingham durante sus excavaciones entre 1911 y 1916, las cuales fueron llevadas a la Universidad de Yale para ser estudiadas y clasificadas.

De dichas piezas, 363 son consideradas como museables y ya fueron devueltas en marzo pasado por dicho campus, tras firmar un Memorándum de Entendimiento con el Estado peruano. El resto de las piezas retornarán a su lugar de origen a más tardar en diciembre de 2012.

Si bien a Bingham se le reconoce como el descubridor científico, pues Machu Picchu estuvo oculto durante más de 400 años, se sabe que el británico Clements Markham en 1854 ya tenía conocimiento de la ciudadela incaica, y en 1910 levantó un mapa de la frontera peruano-boliviana en la cual consignaba a Machu Picchu.

Machu Picchu, del cual se conmemora el primer centenario este 7 de julio, fue designado Santuario Histórico por el Perú en 1981; Patrimonio Mundial Cultural y Natura por la Unesco en 1983, y una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno en 2007.

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