jueves, 25 de agosto de 2011

Fanáticos

Rodrigo Salinas (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Luego de las elecciones primarias del 14 de Agosto en Argentina, en donde se decidieran los candidatos que se presentarán en las elecciones generales de Octubre para ocupar la presidencia, se han realizado y escuchado muchos comentarios y análisis al respecto de los resultados finales. Uno de ellos es el que dice que la gente ha decidido su voto por conveniencia, para no perder las ayudas y los “regalos” del oficialismo. Mucha gente diciendo que le gustaría recibir dichas ayudas, que los ayudados viven de mejor manera, que la mitad de la población mantiene a la otra mitad y demás comentarios que siguen la misma línea generalizadora y con poco fundamento. Sobre esta línea de pensamiento yo me pregunto: ¿sería capaz una persona de la burguesía cómoda que emite este tipo de comentarios vivir sólo con las ayudas que da el gobierno? ¿Piensan que la gente se contenta sólo con eso? Y me imagino que la respuesta sería negativa.

Como la anterior, se suceden otros pensamientos e ideologías (o más bien, falta de ellas) que hacen del argentino un ser que lo único que piensa es en su propio bienestar e imposibilitan la existencia de un proyecto a nivel nacional a largo plazo para poder construir un país que dé subsistencia digna a todos aquellos que habitamos en él. El argentino piensa que no debería pagar impuestos y aún así exige obras públicas.

Por lo anterior, si el lector piensa que mi discurso es oficialista, lo que hará será corroborar mis ideas y le invito a continuar leyendo.

Uno de los grandes problemas, y tal vez el más importante, que tenemos los argentinos es el de una bipolarización de pensamientos demasiado marcado. Siempre dividimos todo en posiciones extremas y opuestas, donde todo se convierte en blanco o negro, donde no podemos discernir, ni sabemos reconocer o admitir, qué está bien y qué mal sin importar de dónde venga. Sólo opinamos que nuestro punto de vista es cien por ciento correcto y el resto es totalmente erróneo. Somos los dueños de la verdad y cerramos nuestros oídos hacia las ideas y propuestas que tienen otros. Somos de mentalidad patotera y xenófoba, y lamentablemente tenemos la balanza volcada hacia la destrucción que hacia la construcción. Fanatismos tales son los de la derecha mediática, los de la burguesía que piensa que sólo ella importa, los de la izquierda dividida y los del propagandismo oficialista que avala todo ciega e incondicionalmente, y no reconoce, niega o prefiere ignorar los males propios. Todos estos fanatismos (sin caer en los dichos de un conciudadano mío como lo es Fito Páez) me causan bastante enojo, ya que pienso que son el principal obstáculo hacia la construcción de un mejor país.

Esa prepotencia de creer que sólo lo propio es lo correcto y lo verdaderamente cierto puede originarse en la idiosincrasia (o idiotez) del argentino de creerse superior al resto, capaz de cualquier proeza, sin darse cuenta que eso sólo es mitología creada puertas adentro, y la cual no es posible certificarla por problemas como la lucha interna mencionada anteriormente. Lucha que lleva a la construcción de modelos separados, que son demolidos y olvidados en el momento en que el poder cambia de estandarte. Lucha que lleva a hechos ilógicos en resultados de elecciones que se suceden en pocos días, demostrando una educación ó una convicción ideológica muy pobres. Allí queda en evidencia que lo único que realiza es sufragar para trasladar su responsabilidad a otros, sobre los cuales podrá quejarse libremente, sin sentirse culpable.

No pretendo que lo anterior sea tomado como verdad absoluta, sino como puntal de reflexión y debate, un debate que nos debemos los argentinos como conjunto, para poder conformar una sociedad de verdad en todo sentido.

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