miércoles, 3 de agosto de 2011

La dueña de los Bajos

Liliana Perusini (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En un paraje raído
de esta comarca,
vive Vicenta de Véliz
dueña de los Bajos.

Y al viajero que llega,
le cuentan la historia
de estos campos,
otrora, sin tranqueras
ni alambrados ni cercos,
y por otras almas habitados,
allá lejos en el tiempo.

En la aridez del terruño
cimentado por huesos y penas,
escasos son los frutos y lo verde
y una débil brisa,
levanta el polvo reseco
de la empalizada de palos.

Y Doña Vicenta,
como la llaman,
se asoma en la puerta
de su rancho de adobe
y recibe al viajero,
con una sonrisa serena
y a la vez sonora.

El viento, el sol y el tiempo,
dejaron huellas,
en su cara arrugada de años,
en sus ojos grises
de tanto mirar la vida,
y en sus pequeñas,
manos marchitas.

Al cobijo de un algarrobo,
duerme una vizcacha amiga
y bajo su sombra,
revolotean algunas aves,
despertando
la inseparable soledad
de sus días.

Doña Vicenta recuerda
sus años mozos,
rodeada de gente,
de cantos y goces,
sus amores y sus retos,
que la monotonía del pago
fue apagando de a poco.

Y hoy, al que se acerca a su pobreza
extendiendo su mano generosa,
Doña Vicenta le regala piedritas
y le agradece sus dones.

Y el viajero que pasa,
quizás, pensando en volver,
no olvidará la historia
de Doña Vicenta de Véliz,
de resistencia y coraje,
en ese despojado paisaje,
al borde de la vida,
entre las sierras escondido.

Autor imagen: Aldo de la Puente

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