martes, 9 de agosto de 2011

Lezama Lima, un eterno viajero del tiempo

Pausides Cabrera Balbi (AIN. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Este nueve de agosto, a 35 años de abandonar perpetuamente su imprescindible remanso y refugio de Trocadero 162 -en el mismísimo centro de La Habana-, el genio y figura de José Lezama Lima se revitaliza. Ratifica el orgullo de sus tantos admiradores, y refuta a algún que otro intelecto menudo y breve.

Poeta, escritor, ensayista y crítico; creador de una obra tan vasta como su erudición e imaginación, al maestro Lezama solo le hubieran bastado sus poemas “La muerte de Narciso”, “Enemigo rumor” o su novela “Paradiso”, para ubicarse donde está: en el privilegiado firmamento de la literatura hispanoamericana.

El tiempo, infalible, se encargó de olvidar a quienes le tildaron de críptico, hermético e impersonal.

Lo cierto es que, en su poesía y prosa, Lezama supo perfilar los más elevados dones de las escuelas literarias del llamado Siglo de Oro y de la historia lírica universal y, como cubano al fin, los fundió en el crisol de su cubanía.

Si prominente fue su predominio en la arquitectura de las letras, también tomó un lugar en la pedagogía como animador cultural y, sobre todo, por sus incuestionables méritos como fundador cardinal de las revistas “Verbum” y “Orígenes”, junto a personalidades de la talla de Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego y Virgilio Piñera, entre otras.

Autocondenado a la soledad, con temores irreprimibles a la lejanía de su tierra, José Lezama Lima fue un viajero alrededor de su cuarto y aventurero en su propia imaginación. Decidió no abandonar La Habana y hoy sus restos mortales yacen en la Necrópolis Cristóbal Colón.

El próximo nueve de agosto, cuando familiares, amigos y admiradores acudan en peregrinación al camposanto habanero, de manera simbólica Lezama podría mostrar embarazo. Aunque, de buena gana reiría a carcajadas, si su ocurrente amigo Virgilio le susurrara al oído que: vale más ser profeta en su tierra que en su época.

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