jueves, 15 de septiembre de 2011

Chile, impublicable

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dedicado a Salvador Allende, el compañero presidente de raíces anarquistas (aunque parezca insospechado)

La Moneda estalló en tu mentón
y los obreros perdieron el aliento
los estadios te agonizaron
y los vivos negados están
En un intento de país -baleado- la vida gime
y cuando naces mil veces
mil veces te matan, te ahogan en nombre de la corona de las espinas
Te resistes/ cualquier dictadura te resiste
y aquel limpiabotas alza el puño por donde tu estirpe camina
Algunos sobrevivieron al santo y seña del guardián propietario
y al himno de los soldados que pudrió las Alamedas
Allende no es sinónimo de lejanía
y aunque los césares del sur del sur te propaguen como pesadilla escalera abajo
algunos te sueñan y empuñan la lucha contra el cañón que te cerró los ojos y te abrió el cráneo
Tu sarcófago se desfunda cada tanto, porque el peso del pueblo es insoportable
De noche las linternas te profanan como sí pudieran
y acusan a Castro de haberte regalado la muerte
lo atestigua el “aGuijón” sin huellas
lo acompaña un muñeco de madera, innombrable
al que le creció la nariz por cada bala-vela que encendió un carabinero contra el rojo torturado, desaparecido
Creyeron que te fuiste
y te regaron en el campo laborioso de un Chile campesino
te fundieron en el metal del ejército proletario
Compañero, cuánto silencio celebra el aniversario de tu detonación
En el Chile que es sinónimo de un pimiento que adereza la mentira
una comuna de ciudadanos “alfa” vendan-venden los ojos
para no tropezar a los “omega” que un día, saeta en mano, amenazaron acabar la ciudad del hijo de los truenos aquel 11 de septiembre de 1541
432 años después, en el mismo día del noveno mes, las cenizas de Santiago tiznaron los guantes blancos de la burguesía que se resiste a abonar la tierra
las flechas-fechas se partieron y nos despedazaron
Desde entonces órganos humanos y piedras llueven sobre el palacio
y un madero ondea telas grana y negras
es el batallón de los muertos con capucha que se yergue sobre las ruinas
lapidando el invierno/ contemplando la primavera
Tierra mapuche corea el llanto de Salvador
mientras te bautiza el mar con nombres extraños
de engendros de hiena y piraña en el gobierno de los pálidos
tú, mitad hombre-mujer mitad pez resiste a la corriente
no firmas el destino, pero te pertenece
aunque tu lengua amarren
y un tsunami te muestre en la estantería de “ofertas”
aunque la deuda sea hereditaria
El gen de la revolución te infectó
te dejó intacta tierra con forma deforme de lágrima
de guardianes del tiempo en la Pascua
de guerreros dispuestos al paredón de la libertad
al sacrificio de la vida sin otoño
a las botellas de vino que vuelan y se estallan en la cara de los fascistas
La historia de Chile -como la de Latinoamérica entera- no cabe en la boca-pluma del desconsuelo
Es una espiral sin fin, la subida a un peñasco y una caída al vacío
Es una foto en blanco y negro de un hombre con facciones de topo y casco de topo y con alma de topo, de raíz constructora
Es Chile el destierro de la utopía y las cadenas que arrastra
Es una contradicción cedida al mercadeo
un poema que se añeja
uno impublicable

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