jueves, 29 de septiembre de 2011

De camino con los apuntes de Peter Handke

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Barcelona, España. Desde el balcón de un apartamento observo el mundo, que aún vive. Me gusta percibir que el tiempo no es la trampa arrolladora que la maquinaria desarrollista nos vendió. Hoy dejo el ordenador en la mesa y el tic tac de las noticias en su sitio, que no es mi sitio.

Llega el correo. Me traen el nuevo libro, publicado en español, de Peter Handke. “Ayer, de camino” (2011); la amiga Valeria Ciompi, de Editorial Alianza, me lo envía. Hace algunos meses el siempre colaborador Eustaquio Barjau me dijo que estaba por salir este libro producto de su traducción. “Como hizo Goethe cuando emprendió su periplo italiano para alejarse de la cotidianeidad de Weimar, Peter Handke, en un período de su vida sin un lugar fijo de residencia, realizó una serie de viajes de los que el resultado es “Ayer, de camino”. Escrito quince años después a partir de las notas tomadas en el momento, Handke nos lleva por lugares variopintos de distintos continentes. Desde su Austria natal, camina por las sendas de Atenas, Estambul, El Cairo, Dubrovnik, Londres, Edimburgo, París, Ámsterdam, Anchorage, Tokio…Y, sobre todo, España la cual recorre en la más amplia dimensión de su geografía”.

La portada muestra a Handke, cuadernos y libros en mano, en marcha. A pie, reflexivo o ausente. Quién sabe. Detallo la contraportada, la primera línea me sacude la contradicción que me hace no hallarme en la sociedad global que habito: “Nunca fueron tan patentes el odio a todo lo grande, el menosprecio de lo bello, el rechazo de la literatura”: esto escribió Flaubert a Turgeniev en 1872…

705 páginas de apuntes que llegan para reforzar mi necesidad de ralentizar mi ubicación, mi existencia, mi punto. No leo libros de mil páginas que bien se hubiesen podido resumir en 50; tampoco leo el resumen de lo infinito; no corro distancias (ni cortas ni largas) con guiones fabricados para seducir a las masas. Pero sí leo (y corro) las distancias (y los caminos) que siembran autores como Peter Handke. Páginas, paseos, rutas. Son formas que me invitan a ser. Tomo la palabra (como llave) y entro al espacio que poco a poco (en el tiempo) construyo. Y utilizo los apuntes de “Ayer, de camino” como ladrillos. “Probablemente, desde el comienzo todos carecemos de corazón; yo, por lo menos, en mi trabajo busco mi corazón”. (Pág. 15). “Belleza es también estado de entrega”. (Pág. 15). Y salto, muy lentamente, de un abismo (página) a otra página (abismo). “Sé que todas las acciones cotidianas-la camarera lavando los vasos, el niño que lleva con cuidado los dos vasos de agua a la madre-, sé que son sagradas y, no obstante, puedo aprehender tan poco de estos procesos”. (Pág. 17). Más adelante surge la madre ausente (tan presente en la obra de Handke). “Aquella jaculatoria a mi madre muerta <<¡…tu hijo sigue andando todavía por el cielo! >> (Maribor 1981) vuelve una y otra vez como una ola clara”. (Pág. 26). Y me tropiezo, de nuevo, con el niño que nos dejamos robar. “Los niños en calidad de poetas: están aquí, ponen la mano en la lluvia y esto es su poema”. (Pág. 34). Cierro los ojos y contemplo la diaria batalla que no quiero enfrentar. Habría que levantar, entre todas las voluntades inconformes, un nuevo (o viejo) modelo de sociedad humanista. Es tan simple (y complejo) como sentir la idea de mundo que una vez tuvimos en la infancia.

“Ayer, de camino” se une a “El peso del mundo”, “Historia del lápiz”, “Fantasías de la repetición” y “Junto a la ventana de la roca, por la mañana”, un conjunto de libros que ha dejado Handke con anotaciones sobre su ruta literaria y mundana. Mi lectura salvaje me hace llegar de regreso a la página 17 de “Ayer, de camino” (un libro que convierte en poesía el recorrido callejero). “Ayer por la tarde, a última hora, junto a las salpicaduras del mar, en la tormenta, estaba colgada la bandera de la humanidad: la espuma que saltaba continuamente y que se disipaba en el aire volando hacia lo alto como fondo, delante de los que andaban tierra adentro con ánimo de tiempo libre, todos vestidos de azul, y además, sin cesar, justo como fondo de éstos, la suave bandera de espuma lanzándose a meterse en la tierra, luego cayendo lentamente formando ondas”.

Es temprano; se ha perdido demasiado tiempo participando en la desaforada (y ajena) carrera de la maquinaria desarrollista, pero aún es temprano. Adiós maquinista, hoy no compraré el tic tac de tu amargura. Me voy de viaje. Entre las 705 páginas de mi libro nuevo avanzo lento, muy lento (y hasta retrocedo). Soy tan lento como lo era cuando de niño simulaba ser lento para no terminar nunca mi sagrado juego infantil.

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