jueves, 29 de septiembre de 2011

Hacé... la tuya Juan...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Juan Castro in memoriam

El castellano no admite esa expresión

¿Que expresión?

Esa ... hacé ...la tuya Juan ...

En todo caso sería haz ... la ... tuya

¿No te parece una ligereza?

¿De qué carajo me estás hablando?

Del mal uso del idioma. No te olvides que sos periodista y estás formando gente y opinión

¿Así... y desde cuando tenemos aptitud y altura moral para hablar de esto, los periodistas?

Claro, te salva que además sos escritor... ¿no es cierto? ¿Sentís una suerte de impunidad?

Un carajo, y le pido perdón al carajo. Pero ahora y no es la primera vez, me siento avergonzado del trabajo que hago...

Ah... se trata entonces de un prurito...

¿Un pru... que?

Prurito, depende el tema te sentís deshonrado.

Mirá vasco, cuando uno ve a los buitres, huele la carroña y sólo hay que buscar despojos... para entender los motivos...

Me parece que los periodistas han dejado, si alguna vez lo tuvieron, el estado de conciencia y un minuto de espacio se puede sostener a cualquier precio...

No te voy a contestar estoy indignado...

Bueno... era hora que te abandonara lo último que te queda... la calma. ..

¿Y entonces porque no dejás de molestarme en un día como este, en un mes recién estrenado y un año bisiesto, plagado de calamidades?

Me parece que a vos como a otros periodistas los ataca la corporación y defienden hasta lo indefendible. Algunos le llaman espíritu de cuerpo a eso, para mí es una bosta más de las que usa la gente para encubrir hipocresías y miserias humanas... y como te tengo a mano, como periodista, te lo digo.

Me lo quedé mirando, pero de soslayo. El televisor sobre la mesa blanca de hierro, redonda y generosa, seguía de noticiero en noticiero, de canal en canal, cubriendo la historia de Castro, la noticia tenía que ser sostenida, a eso se refería el vasco y decidí ocultarme detrás de un Blenders - apelación nacional para seguir bebiendo cuando se tiene lo que se recibe -. Quise ignorarlo pero el desfile me superaba. ¿Que buscaban? ¿La llamada misteriosa? ¿Las historias de desencuentros?

Los chacales rondan, los buitres sobrevuelan, la gente lamenta, una vaga tristeza sobrevuela Buenos Aires, no sé si es sólo por Juan o quizás una lágrima furtiva que no termina de caer, por los otros, víctimas de los victimarios capaces de beberse la última gota de sangre por un punto de rating.

¿Y porque decís hace... la tuya Juan? – insistió Yon. Lo miré más tiempo del recomendable, para estos epitafios.

Para mí es un día de vergüenzas. Me parece que hasta Juan, debe tener algo de asco, si está mirando que sucede. Hay ciertas zonas de la vida, que deben ser resguardadas, me duele hasta el aliento y, de últimas, uno llega y se va sólo de este mundo, por lo tanto me queda ese resguardo, la sospecha que él merece, se lo diga...

“Hacé... la tuya Juan...”, “sin copete ni bajada”. Chau...

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