jueves, 29 de septiembre de 2011

La física de Epicuro

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Epicuro (341-270 a. d. n. e) escribió numerosos libros. Según el epicúreo* Diógenes Laercio en su obra Vida y opiniones de filósofos (entre 225 y 250 d. n. e), fueron 300. Muchos de ellos sobre diversos aspectos físicos, como Acerca de los átomos y el vacío, Sobre la Visión, Sobre los simulacros, Epítome de las teorías contra los físicos, Del ángulo del átomo, y 37 libros reunidos bajo el nombre Peri Physeos (Acerca de la naturaleza), obra en la que trabajó por unos 15 años. En contra de la opinión de Hegel, quien se alegrara de que todas sus obras hubiesen desaparecido, esta lamentable pérdida ha constituido un atraso incalculable para la historia de la filosofía y en especial para el vivir de todos los hombres. Sólo se cuenta con el Testamento, minúsculos fragmentos de obras y cartas perdidas, 40 pequeñas máximas llamadas Máximas Capitales, 81 pequeñas exhortaciones denominadas Gnomologio Vaticano y, afortunadamente conservadas por Diógenes Laercio, tres cartas completas: a Heródoto, a Pitocles y a Meneceo. La primera, la más famosa y divulgada, es un resumen de su pensamiento respecto de la teoría del conocimiento, del método científico y de su concepción del mundo o Física. En la carta a Pitocles, además de informaciones adicionales sobre metodología, expone principalmente su cosmología. Y en la de Meneceo, su ética.

Su ética se centra en lograr la felicidad en este mundo, pues hay otro, con base en despojarse del temor a los dioses y a la muerte –aclarando que el alma, por ser material, también muere con el cuerpo- y en el disfrute de una vida sana lejos de las fuentes de poder. Se fundamenta en la práctica de la autonomía y tiene como máximo fruto la autarquía. Tal concepción fue distorsionada tanto en vida de Epicuro como después de la desaparición del mundo pagano grecolatino, y mucho más con la cristianización de Occidente. Se la acusó de promover la vida disoluta dedicada a placeres indisciplinados e innecesarios y se la hizo sinónima de libertinaje, cuando es todo lo contrario. Esta calumnia cubrió de mala fama toda la filosofía de Epicuro y durante muchos siglos impidió un acercamiento a ella sin prejuicios. También dificultó sopesar la importancia de su física, la cual permaneció relegada al olvido y, para algunos que tuvieron noticia parcial de ella como Descartes (1596-1650) y Leibniz (1646-1716), sólo merecía desprecio burlón.

Fue el sacerdote católico Pierre Gassendi (1592-1655), adversario declarado de las teorías cartesianas, quien en la época moderna se da cuenta de su importancia. Revive su teoría acerca de los átomos (cuerpos simples) como generadores de los cuerpos compuestos y por ende como creadores del mundo físico, y rechaza el plenismo material (es decir, en sentido corporal) de Descartes. Ello le servirá a Newton (1642-1727) como uno de los dos pilares (atomística y matemática) de su gran revolución científica. Sin embargo, tanto Gassendi como Newton y mucho más Descartes y Leibniz, acérrimos opositores estos dos últimos a la existencia de los átomos y del vacío, todos ellos confundieron las concepciones de Leucipo, Demócrito y Epicuro, al considerarlas idénticas.

Marx (1818-1883), en su tesis doctoral Diferencia entre la filosofía natural democritea y la epicúrea , rescata la teoría atomística griega y es el primero en resaltar la importancia de la principal característica de los átomos de Epicuro, cual es su capacidad de presentar ligeras desviaciones azarosas y autónomas durante su eterno desplazamiento a través del espacio.

Ciertamente, la física de Epicuro se origina en la de Demócrito, así como la de éste en la de Leucipo, y tiene muchos puntos en común con ellas, pero las reúne, las sistematiza y las supera. Cerca de 180 años después, el romano Lucrecio (ca. 96-55 a. d. n. e.) hace la más brillante síntesis de ella en su único libro De rerum natura, obra maestra de la literatura latina y el más grande poema filosófico de todas las épocas .

El todo –el universo- es infinito. Consta de cuerpos y de espacio vacío. Espacio vacío significa vacío de cuerpos, pero no es la nada porque ésta no existe y por tanto el vacío no se encuentra por fuera del universo sino que forma parte de él. En el espacio los cuerpos se mueven por sí mismos y permanentemente, sin origen y sin fin, y sin ningún primer motor; esto es, con automovimiento ingenerado e indestructible, que jamás se origina en el reposo ni concluye en él. Sólo hay dos sustancias, cuerpos y vacío (no es posible una tercera), y existen por sí mismas. El vacío no es reconocible por los sentidos; puede estar ocupado por cuerpos o corresponder a los espacios entre ellos, sean simples o compuestos. Donde quiera se encuentre el espacio vacío, no hay cuerpos; y donde éstos se encuentren, no hay espacio hueco. Por tanto, el universo no es ni del todo lleno de cuerpos ni tampoco vacío del todo. Pero el vacío por sí mismo no puede realizar ni sufrir nada sino tan sólo ser ocupado por los cuerpos en constante movimiento. Estas dos sustancias (cuerpos y vacío) constituyen el universo, que es infinito, se insiste, y nada hay “por fuera de él” pues no es posible que haya un afuera. Por consiguiente, el espacio (el vacío) no puede expandirse porque no hay para adonde; no es el espacio el que se mueve sino los cuerpos, que lo hacen en él sin detenerse porque el universo no tiene límites.

Los cuerpos son simples y compuestos. Éstos se originan a partir de aquéllos y son transitorios, no eternos como los primeros; sus cualidades son propias de su composición, no existen antes ni después de ellos; es decir, emergen en su generación sin que estén contenidas en los cuerpos de menor complejidad. Todas estas cualidades, incluyendo el tiempo, que es un “accidente de accidentes” y no tiene identidad ni entidad propias, no existen per se, no son independientes de los cuerpos mismos. “Sólo son predicables de la entera naturaleza del cuerpo.” Los cuerpos compuestos son divisibles hasta llegar a los cuerpos simples, los cuales son atómicos, es decir, indivisibles. Es imposible la división al infinito de ellos porque entonces se disolverían en la nada (la cual no es el vacío y no es una tercera sustancia y por consiguiente no existe). Si así ocurriese, los cuerpos se aniquilarían y el universo no existiría (ya que el proceso de corrupción y disolución es mucho más veloz que el de generación), y en tal caso ya no existiría ninguno ni ninguno se generaría, lo que no puede suceder, puesto que de la nada nada se crea. En términos de Parménides: “nada se origina de lo no existente, ni nada se destruye en el no ser.” *, **

Por tanto, los cuerpos simples son materiales, eternos, inmutables e indestructibles.y todo cuando haya existido, existe o existirá, incluyendo el alma y los dioses, está compuesto de ellos. Todos tienen forma, tamaño, peso y movimiento, y estas cualidades son permanentes. Sus formas y tamaños son limitados y, como son extensos, contienen partes mínimas inseparables: los minima subatómicos. Estos se encuentran en número limitado dentro de cada cuerpo simple y son todos homogéneos y del mismo tamaño, a diferencia de los cuerpos simples; no son divisibles, pues si tuvieran espacios vacíos podrían ser destruidos. Los cuerpos simples carecen de las demás cualidades de los cuerpos compuestos, las cuales aparecen de novo (emergencia) según la constitución particular de cada uno; todas ellas cambian cuando se modifican las agrupaciones de los cuerpos simples que constituyen un determinado cuerpo compuesto.

Los átomos de Demócrito, en cambio, presentan las siguientes características:
1) Tienen formas y tamaños infinitos. Pero esto no es posible, ya que entonces muchos serían visibles y en cambio todos son invisibles, no perceptibles cuando no están agrupados o cuando se agrupan en algunos cuerpos compuestos también imperceptibles.
2) Su movimiento es lineal o por repulsión o rebote. En este punto, Epicuro hace un aporte original: el movimiento por desviación espontánea de la línea recta o clinamen. Sin clinamen, los cuerpos simples seguirían recorridos paralelos, aunque vibratorios, y sería imposible tanto el encuentro entre dos o más como la formación de todos los cuerpos compuestos.

3) Como el desplazamiento es paralelo, su trayectoria es determinada, determinista y finalista. En consecuencia los átomos están determinados en el espacio y éste pasa entonces a ser prioritario respecto de aquellos; en otras palabras, quedan supeditados a algo exterior a ellos mismos. Esta tesis es propuesta de nuevo en teorías científicas modernas, en las cuales el espacio se expande y arrastra o lleva los cuerpos consigo; es decir, el movimiento prioritario no sería el de ellos sino el del espacio y sería relativo al de éste. En tal caso, el tiempo estaría por fuera de los cuerpos y no sería propiedad de relación de movimiento entre ellos, sino independiente. En cambio, con el clinamen, que es una desviación espontánea, es decir, debida al azar, los cuerpos, en especial los simples, no dependen de nada externo a ellos y poseen AUTONOMÍA y AUTARQUÍA. No son objetos ni sujetos de un supuesto “algo más”, sino sujetos de sí mismos.

En Epicuro el mundo comprende los astros, la tierra y todos los fenómenos celestes. La formación de un mundo ocurre por confluencia de algunos cuerpos simples, a partir de un solo mundo o de varios o de un intermundo; se unen poco a poco e incorporan otros en número limitado. Son posibles muchos mundos, pero su número es indeterminado.

Tanto la concepción atómica de Epicuro aquí esbozada como toda su cosmología y su ética, derivada de aquéllas, corresponden a una compenetración racional con la naturaleza. Originan y a su vez son producto de un método de estudio que rescata aportes anteriores: la inducción, la deducción, la hipótesis y ante todo la analogía. Pero también introduce innovaciones revolucionarias en la manera de pensar: la investigación de la naturaleza no debe realizarse según axiomas y legislaciones vanas sino de acuerdo con los hechos; debe recurrir a explicaciones verosímiles y ante todo evitar la explicación única; puede haber, con base en el criterio de posibilidad, diferentes explicaciones (aunque sean contradictorias), causas múltiples y variadas (las causas pueden ser efectos y los efectos causas, incluso de sí mismos) y no únicas ni lineales; todo esto siempre y cuando sea acorde con la experiencia. De esta manera, y sustentado en la espontaneidad y en el azar atómicos, Epicuro sostiene un rechazo radical del determinismo, de supuestas causas extranaturales y de las causas finales.

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