jueves, 29 de septiembre de 2011

Las neurociencias y el poder

Jorge Luis Muñoz (Desde Xochimilco, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El estudio de las neurociencias puede ser interesante por el solo, pero resulta sobradamente interesante cuando nos da pistas sobre la dominación, especialmente cuando la dominación se ejerce casi de forma exclusiva sobre los de siempre. Pudiera ser que sabiendo cómo se ejerce el dominio a nivel neural, se nos ocurriesen formas de sacudírnosla. Ese es el propósito de este artículo.

¿No acaso resulta esotérico que teniendo la izquierda una larga historia de esterilidad mediante marchas, mítines y protestas insista en ellas? ¿No era claro que el electorerismo era vía de control del sistema, y sin embargo la izquierda se inscribió en él sin más, sin un plan alternativo que abonara terrenos distintos a los del sistema? ¿No es claro que la guerrilla es válvula de escape para el sistema absorbiendo a los más acelerados? ¿Qué ocurre en nuestro cerebro para aceptar tales aberraciones? Preguntas como esas son las que hacen interesante el estudio de las neurociencias.

Al parecer actuamos a partir de ciertos estados cerebrales que inducen otros tantos estados mentales que son los que guían nuestra conducta, pensamiento, intuiciones y meditaciones. Dichos estados cerebrales son continuamente alimentados con diversos estímulos mediante los media, la escuela y el empleo, reforzados mediante instancias como la ley, la medicina pública y otros aparatos públicos y privados. Tal estimulación se orienta a exacerbar instintos básicos expresados en el consumo y el deseo de consumo, el sexo y la sensiblería, todo ello ubicado en los cerebros reptiliano y el mamífero, relegando al mínimo la actuación del cerebro humano (el cortex). Veamos una breve introducción a cómo ocurre esto.

Un estado cerebral ocurre cuando se activan ciertos núcleos neurales y establecen cierto tipo de relación en los mismos núcleos o con otros núcleos y partes del cerebro, predominando un cierto núcleo. A la activación neural que produce cierto estado cerebral, le sigue un estado mental que ocurre debido a rizos y retroalimentaciones que van más allá de la activación que da origen a un estado cerebral.

Un estado cerebral depende de las áreas cerebrales activadas, de cómo estas se relacionan y de cual o cuales son las áreas dominantes. Esto implica que poseemos múltiples estados cerebrales que se corresponden con otros tantos estados mentales. Los estados cerebrales pueden estar presentes solos o combinados. Un estado orgiástico como el que describe Bataille en “La historia del ojo” puede aparecer solo o salpicado a momentos por algunos otros estados como el de embriaguez, pensamiento, etc.

En general los estados cerebrales pueden ser automáticos o autopoiéticos, inducidos y autocontrolados. Son automáticos cuando responden a procesos o requerimientos naturales de equilibrio del cuerpo, como el sueño, la vigilia, etc. Son inducidos cuando responden a acciones humanas deliberadas, directas o indirectas, por ejemplo el deseo de consumo irrefrenable en un estado enajenado de la realidad que se vive o el deseo de poder que ocurre en presencia de un estado cerebral reptiliano en el que domina el cerebro de dinosaurio. Son autocontrolados cuando el individuo ejerce cierto control sobre ellos, por ejemplo el control del orgasmo en un estado orgiástico, el manejo de la intuición en un estado intuitivo o el control de la ira en un estado alterado.

Todo estado cerebral se activa mediante estímulos. Un estímulo es todo aquello que es capaz de provocar una corrida neural, sea esta simple, trascendente, explícita o implícita. Es simple cuando se limita a la percepción sensible; es trascendente cuando induce algún estado cerebral y por tanto mental. Es explícita cuando da con la conciencia e implícita cuando impacta en estados cerebrales como el de la intuición o la experiencia interior. Un estímulo puede ser interoceptivo, propioceptivo, exteroceptivo o mental. Los tres primeros se corresponden con las sensaciones del mismo nombre, mientras que el cuarto estímulo se corresponde con el a priori kantiano, que no es otra cosa que la estimulación producto de la actividad neural, ocurrida en el cerebro mismo.

La importancia de los estados cerebrales y mentales es la permanencia del individuo en ellos, normando conductas y actitudes. Destacan algunos estados mentales por su importancia para el desarrollo de la vida, tales como el pensamiento, la intuición y la experiencia interior que, por su permanencia continua, son los estados cerebrales y mentales básicos. Otros estados como el orgiástico son eventuales o inducidos por lo que su presencia no es permanente. Estados como el pensamiento, la intuición y la experiencia interior son los garantes de la vida y su despliegue, por lo que se ejercen de continuo con una mayor o menor interacción.

Se puede vivir bajo un estado cerebral medroso, típico de las clases medias, en el que se destaca la actividad de la amígdala; de sobrevivencia (típico de las clases proletarias y campesinas, cuyo plan de vida llega a ser la mera sobrevivencia), dominado por el cerebro reptiliano, o de resentimiento (estado típico de la izquierda), dominado por el cerebro del mamífero y el reptiliano, etc. en todos esos casos, se interactúa con los estados cerebrales básicos como son el pensamiento, la intuición o la experiencia interior, destacando el estado cerebral inducido, mientras que los básicos permanecen en un bajo perfil. De esa manera la inteligencia permanece corta y la intuición y la experiencia interiorno rebasan la capacidad de la de una mascota.

Se adivina que la estrategia de la dominación es simple: Mantener a la gente alejada de los estados cerebrales y mentales básicos, reduciendo su actividad al mínimo e induciendo una serie de estados cerebrales simples como el miedo, la ansiedad, el estrés, el consumismo, la penuria, el resentimiento, etc. Parte de la estrategia es permitir el desarrollo de algún estado básico, pero no de los tres. De esa manera se alienta al científico, al especialista (prototipos del sabio bruto) y a la izquierda leal (que utilizan profusamente al pensamiento en detrimento de la intuición y la meditación). Se estimula la meditación aristocrática, sin sus correlatos inteligente e intuitivo. O bien se alienta el ejercicio de la intuición (por demás, irrefrenable) sin el desarrollo del pensamiento o la meditación.

Comúnmente se identifica como pensamiento a cualquier actividad mental, sin embargo conviene distinguir cada actividad, tal y como se distingue al sueño del pensamiento. El pensamiento se distingue por su capacidad de hacer juegos de significaciones más o menos lineales o más o menos arbóreos pero siempre más o menos simples. Pueden llegar a ser complicados (como los sistemas filosóficos) pero nunca complejos (en donde intervienen elementos de distinta naturaleza). El pensamiento se distingue por su capacidad para detectar patrones, por su aspiración determinista y por el uso profuso de la conciencia, que al decir de los neurocientíficos (Ramachandran, Freeman y otros) es una combinación de atención y memoria. Así pues, el pequeño truco de la dominación consiste en mantener la atención ocupada mediante estímulos que impactan directamente las partes del cerebro más primitivas, eludiendo hasta donde es posible la intervención del cortex, de esa suerte se inducen estados cerebrales que dominan la acción del individuo y que sirven e tamiz para el resto de los estados cerebrales incluidos los básicos.

Distinta del pensamiento es la intuición, la cual se distingue por su capacidad de proceso subyacente (fuera de la conciencia) de la actividad neural, lo que resulta altamente conveniente cuando se está en presencia de procesos complejos. La intuición se manifiesta mediante el salto a la conciencia (y por tanto al pensamiento) y por el afloramiento de emociones. Saber manjar la intuición potencia ampliamente al pensamiento. De hecho, intuición y pensamiento trabajan muy estrechamente retroalimentándose. Aquí el truco del poder es mantener en la sombra a la intuición para que el individuo no perciba situaciones complejas y las posibles maneras de enfrentarlas.

Por otra parte está la experiencia interior o meditación, la cual se manifiesta en la experiencia vívida y de esa experiencia es que se alimenta. Se manifiesta en la conciencia cuando se está en un estado de meditación, pero fuera de ese estado dicha percepción consciente desaparece, si bien de múltiples manera se integra a la experiencia de la vida. El desarrollo de la experiencia interior permite la ubicación del individuo en su experiencia total y por tanto guía sus posibilidades reales. El truco del poder consiste en aristocratizar la meditación, reduciéndola a un evento de orden cultural (ejercicios yoguísticos) y alejándola del desarrollo del pensamiento y de la intuición (o sea eliminando la crítica, que es una de las formas de cultivo de todo estado cerebral).

Si bien la cultura provee de los estados cerebrales y mentales indispensables para la hominización del hombre, la crítica de la cultura posibilita el desarrollo del pensamiento, la intuición y la meditación y por tanto la superación de la cultura y el acceso a estrados de hominización más acordes con las realidades que se viven. La acción del poder desde hace miles de años consiste en modular el desarrollo de los procesos de hominización, facilitando la dominación del hombre. El control de los procesos cerebrales ahorra a los poderosos el uso de aparatos represivos y educativos y los exime, como se ve actualmente, de desarrollar medios de vida, pese a que ellos mismos no superan sus capacidades elementales de primate.

En la actualidad salvo por las propias contradicciones del capitalismo, es difícil imaginar contrapesos para los medios de dominación de los poderes establecidos. En realidad no hay muchos caminos para tales efectos. Uno de ellos podría ser la construcción de unidades autónomas capaces de construir poderes autosustentables que, una vez federados y confederados logren establecer un poder capaz de contrapesar a los poderes capitalistas dominantes.

Una unidad autónoma autosustentable puede estimular un estado cerebral reptilianoconveniente para la gente, garantizando la sobrevivencia mediante el empleo generado en la comunidad misma. Así mismo al facilitar la vida social puede, por ejemplo, crear estadoscerebrales emotivos (que son propios del cerebro del mamífero) convenientes para el colectivo. De forma similar al abrir la posibilidad de participación trascendente en el colectivo, se abren posibilidades de desarrollo para el cerebro humano (el cortex). De esas formas se puede contrarrestar la influencia de los media, en tanto que la acción comunitaria tendría la ventaja de ser una influencia directa, dejando a los media en la influencia indirecta. Además, al ser la relación humana directa más rica, contrapesa al entretenimiento capitalista que se desgasta rápidamente. De forma similar, el sentido de la vida comunitario se vive en directo, se ejerce a diario, deja de ser simbólico como en el capitalismo.

Las unidades autónomas autosustentables por su propia estructura son capaces de generar estímulos activadores de estados cerebrales y mentales convenientes para la gente y, por esa vía, construir posibilidades de vida ajenas al consumismo, el resentimiento, la ansiedad, etc. Sabemos que eso es así por la riqueza que encierra la interacción humana, misma que solo demerita cuando las sociedades y los pueblos se encierran en ellos mismos.

Movimientos como la guerrilla o la espera de oportunidades para el asalto del sistema, como el que practicaron los bolcheviques, están ya perfectamente anulados por el capitalismo y tan solo queda esperar que se cumpla la sentencia marxista de que el sistema sucumba a sus propias contradicciones o intentar construir nuestros propios mundos dejando a su suerte al capitalismo.

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