jueves, 1 de septiembre de 2011

Que nadie se mueva...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- Que nadie se atreva a tocar a la vieja... –

- Esa ya la contaste en Banfield y por causa del barrabrava verdiblanco –, me respondió fastidiado Yon, en la tarde noche del primer domingo de silencio de radio, que me fuera “impuesto”. Un impuesto a los sueños, imposible de pagar. Es que el ritual de hacer un programa de radio, durante 15 años ininterrumpidos, genera adicciones que no te abandonan fácilmente.

Lo cierto es que, en ese domingo de enero del bisiesto que atravesamos, como el Rally París-Dakar, el calor pesaba, era una manta amarilla sobre el cuerpo extenuado.

El vasco, guarecido bajo el alero fresco y confortable, saboreaba su segundo Absolut con jugo de naranja, confortablemente adormecido, de hielo granizado. Es meticuloso para prepararse los tragos.

Se había quitado los zapatos dispuesto a “olvidarlos”, casualmente, porque al día siguiente habría desfile de Reyes y un regalito es portador de la sorpresa, que nadie quiere perder.

El patio sevillano refulgía de luz y la cerámica terracota era una invitación tentadora para deslizarse en “roll”, de final predecible contra el piso. Lucía impecablemente limpio y con ojos entrecerrados podía espiar sus movimientos estudiados y, porque no, sigilosos.

Yo guardaba en las retinas, imágenes prometedoras de la mujer dorada. Casi una provocación a esa hora incierta del deseo.

Quise aclararle (a Yon) que aquella oración del inicio, interrumpida, como hace la muerte cuando permite la vida, mientras toma vacaciones, en este caso era como cuando Santillán y Kosteki, no pudieron con el Puente Pueyrredón.

Aquella oración –retomo- implicaba el viaje de ronda de Reyes que se inicia, naturalmente, con la vieja.

Iba, otra vez, a formular la aclaración cuando regresó, violenta y roja, como la sangre derramada, aquella jornada de diciembre negro que le va a traer ocasos al “Negro”, para no eludir caciques de ese tiempo del destierro interno y la erupción volcánica del orden (económico) que era vomitado por el magma de una sociedad vacía y vaciada.

- Al “Negro” se le viene la noche -, adivinó el vasco con intuición casi femenina. No se lo dije, por las dudas, su “jab” de derecha era temible y, a cierta altura de las cosas, hay que cuidarse.

- Los van a investigar, peón 4 Rey, me parece la movida- respondí, recordando que “el negro” jugaba ajedrez en su club “Cultural”.

- El “pingüino” mueve para jaque perpetuo, primero con Cristina y ahora con esto; la cuña del diablo tiene faldas.

- Si no puedes con él, por lo menos asústalo, parece ser el mensaje cifrado -

Un chardonay (Estate) debe ser delicado, levemente ácido (como la levedad del ser). El Pinot Noir, tenues aromas contrastantes, es bueno a la hora de jugar a los intelectuales, el Pinot lo es. Un dilema fue el filet de pejerrey que llegaba escoltado, severamente, por la sutil combinación de mezcla: jugo de limón, sal pimienta, nuez moscada, quesos crema y rallado –todo para untar- servido en cazuelas terracota que hacían juego con la cerámica del piso.

La pausa fue recorrida con la habitualidad del desparpajo que significa ignorar quien abastece y por que. Como siempre, menos averigua Dios y perdona, siempre que uno lo crea posible. Esto llevó su tiempo, lo único que no vuelve. Pero esa es la historia de la malversación de intenciones.

Yon hizo silencio, después de la andanada; viajó hacia adentro como lo aseguraba el tono glacial de su mirada celeste. Tímidamente, quise volver al inicio de la charla.

- Que nadie se atreva... te dije... para empezar la ronda. La estación inicial, a veces terminal es el útero ¿no es cierto?, y por ahí pasaba la intención -, aludí vanamente, él seguía en otra cosa. Buscaba algo que no podía identificar. Tal ve del tiempo perdido. Por lo tanto pensé en seguir hablando en voz alta aunque más no fuera para mí.

- Se que algunas “compras” hiciste; ¿a quién le vamos a llevar regalos?; parece que tuviéramos “un millón de amigos” y en realidad no sé si habrá más de uno-, le dije con cierto sabor amargo. No me dio bola. Perseguía la imagen del espejo del alma, con obsesión.

- ¿Oíste hablar del saneamiento de la institución policial, la conclusión perdida? El Diálogo Argentino, volvió a dejar draw el acuerdo político policial. ¿Acaso el ministro de esta provincia no es un buen ejemplo al condecorar corruptos el día de su policía? ¿La suerte esquiva? ¿Que sabe el que no sabe?- farfulló, por supuesto ignorando, como Bush al hambre, mi lista del rally de Reyes.

-Son cosas de la corporación- quise tranquilizarlo –los ateos son inofensivos si hasta parece que se la pasan buscando, ellos se les parecen.
- La corporación supo ser una línea de colectivos -, rezongó y mi memoria no pudo aprobar la afirmación del vasco.

Antes de pasar lista, me quedé pegado al vuelo circular de la abeja amarilla decidida a libar, yo también asocié y me serví otro Pinot, cuando la palabra merodea y vela, aspiro a un juego de puntos suspensivos, brillantes y helados en el horizonte, añorando que alguien me los regale, para respirar y masticar el silencio.

- Bueno, vamos a empezar por el diario -. Cambió el rumbo que rumiaba, en mitad del río; error que no justificaría “el general”.

– “Omi” se lleva las masas de “Miguel”, ambos son instituciones temperlinas-, anunció con la seriedad del amartizaje en el planeta rojo, ignorado por la humanidad desde el desdén suficiente como para que ni siquiera quede alguien para escribir la otra historia y nadie para “el que quiera oír que oiga” -, me lo quedé mirando.

- La “negrita” tiene a Martín –dijo- y eso da derechos. Nada como un buen libro libre y capaz de librarse de las etiquetas, “El país de otoño”-

- La colección de Play Boy es para Johnny, se la conoce como “la palma de su diestra-, siguió enumerando de ojos entre cerrados.

- El “señor lámpara” se va a poner en foco para copiar fotos, por eso merece un zipp -, anunció y me sonó a marca de cerveza, útil para este calor, aunque sea como idea.

- Para la rubia un juego de tarjetas telefónicas con tal de que no quede “incomunicada”, para corregir otros errores-, amplió la lista de posibles.

-“Chapita” se ganó el bozal de Anibal Lecter, para hacer el minuto de silencio necesario, a la hora de la incontinencia oral -, dictaminó.

- A “Borombo”, y que la tenga fácil, la colección de “rosagasario” o el jeringozo básico para uso exclusivo de la tribuna de Los Andes-

No quise seguir escuchando el prolijo detalle de reyes, deshabitados, que estaba distinguiendo.

Decidí permanecer tiritando en el azul polar que sólo puedo imaginar, para digerir eneros ardientes. Sentí que era hora de ser viento, rumor distante del cielo que canta. Otra vez será.

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