viernes, 23 de septiembre de 2011

Vómito adeco, documental de ficción

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una idea, entre tantas, acampa en nuestros cerebros: los documentales necesariamente relatan la “verdad” de uno o varios hechos. Creemos que son una serie de imágenes espontáneas que no tienen nada que ver con la ficción. También confundimos el género con el reportaje periodístico. Ambas concepciones son equívocas. Ahora sólo nos encargaremos de la primera premisa... No todo lo que vemos es “verdad”.

¿Pensarían ustedes al ver El triunfo de la voluntad (1934), de Leni Riefenstahl que era verdad que Adolf Hitler era el mesías para la Alemania nazi? Algunos pocos dirán que sí... muchos otros que no.

Es decir, incluso el documental es una posición -en forma y fondo- del autor de una pieza audiovisual sobre un tema o varios. Es muy ingenuo pensar que lo que dice el cine y la televisión son inocentes verdades. He allí el papel del espectador no sólo como mero veedor de la pantalla, sino como activo “coautor” de la imagen, del discurso.

Asimismo hay otra forma de hacer cine y televisión, el falso documental o el documental de ficción, un género creativo “para audiencias inteligentes”, según algunos autores. Son obras llenas de ingenio que “hacen uso de la estética, la forma, los recursos y los fallos propios del estilo documental y su proceso, con intención de generar una actitud de credibilidad hacia su ficción, de hacerla verosímil. Es decir, las películas de ficción que se han hecho parecidas a un documental para que nos las creamos mejor” (1).

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Decía Maquiavelo en El Príncipe: "Es necesario ser un gran simulador y disimulador: y los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar".

El refrán Ver para creer resume esa necesidad del ser humano de dejarse llevar, incluso por sus sentidos, para “saber”. La frase se le acuña a un apóstol de Jesús, Santo Tomás. Según el relato en el evangelio de San Juan, Tomás se negaba a reconocer la resurrección del Cristo hasta que no metiera su “dedo en el lugar de los clavos”, y su “mano en su costado”.

Pero aun sobando las costillas de un supuesto mesías resucitado, su percepción estaría influenciada por la opinión pública, por su fe y su noción de lo que es verdad o no, y en este punto huelga decir que las alucinaciones son percepciones alteradas y no cuentan como una verdad objetiva, común a la experiencia humana-social.

En el falso documental quien ve, puede percibir una historia como cierta si el autor o la autora no hacen la acotación de que no lo es, porque tendemos a quedarnos siempre con la primera información, porque simplemente no queremos investigar, no tenemos tiempo, o creemos fehacientemente en tal o cual persona, porque son como Jesúes de una nueva religión: la TV. Pero “quien golpea primero, golpea dos veces” y no siempre la línea editorial está a favor de la mayoría, mejor dicho casi nunca.

Es entonces cuando el falso documental sirve para despertar a las usuarias y los usuarios acerca de lo que se muestra y se dice a través de los medios de comunicación. “Te estamos engañando ¿Puedes hacer un uso consiente de los medios?”

Recientemente, pudimos ser testigos del montaje fílmico realizado por la televisora qatarí Al Jazeera en el que supuestamente se tomaba la Plaza Verde de Trípoli como símbolo de la Revolución Libia y desde la que se anunció la captura del hijo del Coronel Gadafi, Seif el Islam, en plena guerra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) por el petróleo libio.

Esta es una muestra que demuestra (valga el desentono) la diferencia entre documental (en este caso falso) y un reportaje. En el montaje contra Libia no se tomó en cuenta los diversos puntos de vista, sino que se elaboró una situación que pareciera real sobre la toma de Trípoli y una supuesta detención del hijo del primer mandatario libio, a quien lo representó el actor Omar Jali.

Mustafá Abdeljalil, uno de los jefes de Consejo Nacional de Transición (CNT) justificó el montaje porque le “permitió remontar la moral de los rebeldes y ayudó a que más de 11 países reconozcan al CNT, además de permitir recuperar aproximadamente 13 embajadas” (2).

Esas fueron las consecuencias de esta táctica hollywoodense. El argumento de las naciones que ahora reconocen al CNT: vieron, creyeron y actuaron. Cuando se desmontó la farsa ya era tarde... en la guerra todo se vale, dijeron algunos periodistas.

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En los medios se vive en una constante contienda comercial en la que hacer creer un discurso cuesta tantas monedas, tanto reconocimiento, tanto poder, en el mercado de los símbolos y en el mercado de los dólares.

Cuando es utilizado con fines belicistas, el falso documental es un instrumento perverso. Ya lo vimos. Aun así son pocos los que alzan la voz contra una táctica como esta, en cambio cuando es para despertar las conciencias, los interesados en que esto no ocurra o algunos alienados -que no tienen ni arte ni parte en las estrategias imperialistas más que ser títeres de los poderosos- levantan sus banderas en contra “de que se juegue con nuestros sentimientos”.

Tal es el caso de la serie de Vive Televisión, Ver para creer que ha ocasionado “ronchas”, especialmente con su capítulo Llano, lucha y punk-rock. Tanto ha sido la marejada que se produjo que algunos escribimos sobre la banda que supuestamente había sido la pionera del género punk mundial desde Venezuela, sin siquiera corroborar las informaciones.

Después de esto, el canal ha recibido amenazas de denuncias, ha sido acusado de querer cambiar las mentes opositoras a favor de la revolución bolivariana y un largo etcétera que puede verificarse colocando en cualquier buscador: la frase Vómito adeco.

Hubo personas que arguyeron sentirse heridos sentimentalmente, otros corrieron a buscar los discos de la banda zaraceña y el tema fue puntal de la red social Twitter durante varios días.

Incluso después del debate de si era cierta o no la historia y después de concluir que era un falso documental, algunas personas querían seguir creyendo que los inicios del punk se dieron en el llano venezolano. Acá es cuando la frase invierte los verbos y se impone la fe. Hay quienes quieren Creer para ver.

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Menos mal que los inquisidores actuales no corrigieron el Don Quijote o la historia fuera otra. No debe coartarse la creatividad, así como tampoco puede condenarse a priori una iniciativa que pretende cambiar la manera en que vemos la televisión, en un país tan polarizado como Venezuela.

Y si acaso lo más notable, es que sea un medio del Estado el que lleve a cabo esta tarea, inmerso como está en la guerra de cuarta generación.

¿Qué hubiese pasado si la historia la hubiese construido un director hollywoodense o una productora como History o Discovery Channel? Muchas personas que hoy lo critican lo vieran de otra manera porque el eurocentrismo “le otorga a la pieza un carácter filosófico...” y más pajas como esa.

Cuando nos presentan los aburridos documentales del león montando la leona con las insoportables traducciones gallegas nos aburrimos (algunos no), cuando nos hablan los dinosaurios de la izquierda, simplemente cambiamos a otro canal (generalmente gringo para alienarnos un rato y contribuir a la rosca), pero cuando nos atrevemos a hacer otra televisión y cautivamos las mentes para que se rebelen, entonces arden las hogueras, en el verdadero “calor de la fe”.

Más que condenar a Vive Televisión ¿Por qué aquellas y aquellos que lo condenan no celebran los tres programas sobre el rock que transmite la Televisora Venezolana Social -Tves-, o las diversas iniciativas que propone Ávila TV para visibilizar las culturas subterráneas, que los medios privados sólo transitan (de vez en cuando) por moda?

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Una cosa si quedó clara: hay que ver con responsabilidad los medios. Blancos o negros, incluso los grises, todos manipulan. La trampa consiste en no dejarnos, y cambiar para siempre ese proceso de pensamiento “racional” de que lo que vemos es siempre real.
Para ampliar informaciones:

1. El beneficio de la duda y el juego del engaño. Mirando por el agujero de la información faltante. En: http://www.kinobyte.com/FD/informacion_faltante_FD.html
2. Gobierno - Presidente venezolano denuncia manipulación mediática contra Libia. En: http://www.rbv.info/es/noticias-de-venezuela/politica/gobierno/8213-gobierno-presidente-venezolano-denuncia-manipulacion-mediatica-contra-libia

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