jueves, 20 de octubre de 2011

El viejo del puente

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La nostalgia de este tiempo, la agotó Lennon, me confió como un secreto de estado Adrián, el hombre de las dos orillas, “ambas márgenes” para quienes lo conocen, que se zambulle para nadar de espaldas a los problemas, con increíble habilidad. Lo hizo luego de llevarme en su cómodo Renault Megane, silencioso dentro de lo posible, pero distante de la fragorosa quietud con perdón de la presumible contradicción; me dejó en Alejandro Korn. más cerca de la nada que nunca.

- Quiero que averigües que pasó con el viejo del puente -, me ordenó este administrador inesperado, mientras yo pensaba en el diario, con otro convencimiento, lo hizo por la grieta del vidrio que se dignó abrir, para confiarme algo que no tenía la menor idea de que se trataba. Era en una hora donde se debe tener hambre, algo que en mí es casi una persecución y que me perturba como para poder pensar, confieso que no es difícil que me ocurra.

Las palmeras de mi casa saludaron corteses, como siempre, quizás un poco más extensamente, porque el leve rumor que escuché en la pisada sobre las piedras emergentes de la callejuela me alertaron, si ello es posible, sobre la llegada del Alfa gris, modelo 2011, aunque no pueda saber como hace el vasco, para disponer de manejo libre, como el que usufructúa.

- Nos vamos a lo de Cantelli – me anunció apenas bajó el vidrio de su lado izquierdo, que no siempre es el del corazón, por las emociones digo.

- Carlos el hurón de Cañuelas, nos espera allí, porque tiene un par de noticias, importantes. ¿Algún problema? – cerró su interrogación sin apearse del auto. No pudo resistir la mirada triste de Olivia, mi dogo mestiza y su cachorro Jesús, negro como un presentimiento. Mientras yo buscaba mi campera todo terreno, él se avino a hacer sociales con los niños de la casa. San Vicente no queda lejos, es casi la curva del viento, pero estamos próximos.

Una llovizna leve como el llanto de un bebé, comenzó a deslizarse sin recato. Pensé en ese viejo citado y sólo cruzó como una ráfaga, la figura de alguien casi perdido, que en el puente subterráneo de Glew, parece mirar al sur, desde un sombrero maltrecho de ala ancha, casi un panamá desquiciado, que inmóvil no atiende ni recibe limosna alguna, sólo cada tanto se enfrasca en un breve acordeón, del cual extrae extrañas melodías que, confieso, me parecieron –cada vez que las oí – nostalgias del norte de Europa que, cíclicas y atadas a un calendario de su memoria, reaparecían para deslizarse sobre los que circulaban por el túnel.

Los conductores nunca fueron atentos oidores y menos curiosos de otra vida, que parecía en franca retirada, aunque llamara la atención su proximidad con el borde de la baranda casi surrealista que lo separaba del vacío. Confieso que una detención inoportuna del tren que cubre el ramal que nace en Alejandro Korn, me permitió observarlo durante un tiempo extenso que luego, como un reclamo del futuro, me hizo volver para tenerlo lo más cerca posible. Un atalaya de miserabilidades, que cuesta admitir como postal de una realidad que parece no tener lugar para la esperanza. No tenía sentido preguntarle a Adrián sobre alguien que no parecía figurar en censo alguno, salvo en “desechos humanos”.

Recuerdo su figura mojada, por cierta lluvia impertinente, casi mansa que llegaba como intentando quedar. Ese día lo recuerdo porque cuando me acerqué, él sin volver la cabeza como casualmente murmuró, - no llegaron los pájaros de la primavera -.

Su mirada gris, casi oxidada, se fundía en algún lugar del horizonte, donde sólo él veía las razones de una ausencia.

– No tengo tiempo – sólo eso dijo y en este momento donde el después se hace sólido, lo recordé por una misión imposible que me confiara alguien que no trataba de ser amable de ninguna manera, aunque se esforzara por no dejarse ver.

En tanto esa postal de la nada, del nunca más, que reaparece cada día para refutar discursos, misas, columnas de opinión y decretos, erguido contra el cielo que se cae cuando la noche no dejar dudas ni luz, levanta su cabeza como preguntando a Dios, hasta cuando. Porque carajo se me cruzó la imagen de ese viejo, no lo quiero averiguar, bastante me costó lidiar con el zarpazo de hielo que no me permitía preguntar ni preguntarme. Ahora, a punto de ir a comer con el vasco Yon y el encargo a cuestas, se instaló en mi memoria esa foto sepia, no fue suficiente para asordinar la puteada que el recuerdo, inoportuno, me provocaba.

Antes de salir debí cumplir con la ceremonia del cierre del portón, nunca una tarea menor, mientras el vasco sonreía malévolamente, dispuesto a no moverse del interior del Alfa gris, pero ahora modelo 2011, salimos hacia la izquierda, sin resquemores políticos ni reprobaciones ideológicas. Quince minutos después y con la suavidad de un gato confortablemente adormecido, nos estacionamos cerca de la estación ferroviaria que supo vivir tiempos mejores. El lugar guardaba calideces que a mi me servían, sobre todo en tiempos de desamparo.

Carlos, “el hurón de Cañuelas”, tenía depositada a plazo fijo su exuberante figura que destacaba en un salón recoleto donde los visitantes, hablaban en voz baja, algo que me sorprendió en tiempos de estridencias múltiples. Amagó con erguirse a riesgo de incomodar la mesa que había reservado Yon, por su misterioso sistema de comunicaciones apropiadas. Una vaga musicalidad impregnaba el lugar que, por otra parte, yo conocía de otra incursión más templada.

- Aquí cuenta adecuarse a la geografía para elegir – se explicó Yon, mientras Carlos le extendía un documento con bandera distinta a la de las estrellitas, eso me intrigó algo que creía una curiosidad de otra vida y para otra vida. El vasco se puso serio, repentinamente y resultó más extraño todavía. Me pareció que la bandera a color lo traspoló. No obstante peticionó a la azafata de servicio – un primor rural –

sus preferencias, que nada tenían que ver con las nuestras supongo, aunque con “el hurón” lo único que cambiamos fue el saludo, por economía de gestos, que le dicen.

Una botella de Cabernet Sauvignon después de digerir mollejas al verdeo, llegó la carne en forma de variantes ordenadas y en orden, entrañas, matambre, costillas, fueron llegando en pausada caravana para que siempre estuviera a punto. Durante el desfile y ostentación desmedida, el vasco distraídamente, hojeaba el informe que, en voz muy baja, el hurón prologaba para – y esto lo imagino – ponerlo en autos (nunca viene mal un auto a mano); sin hacer comentarios deslizó hacia mi “el paper” en cuestión, lo miré pero él permaneció inmutable. El asunto decía:

'Sarri' no tiene "causas con la Justicia".

Su familia pidió ayer al Gobierno vasco «una rectificación -H. BILBAO –

El Gobierno vasco premia y castiga a Joseba Sarrionandia. La polémica suscitada a raíz de la decisión del Gobierno vasco de retener la suma de 18.000 euros a Joseba Sarrionandia, Sarri (Iurreta, 1958), tras ganar el pasado lunes (5 de octubre 2011) el Premio Euskadi de Literatura 2011 en la modalidad de ensayo en euskara, cobra día a día un mayor cariz político.

La familia del escritor, que se fugó de la cárcel de Martutene en 1985, cuando cumplía condena por pertenencia a ETA y depósito de armas, hizo público ayer un comunicado en el que asegura lo siguiente: "Es falso que Joseba Sarrionandia tenga causa pendiente con la Justicia. En caso de que la Consejería de Cultura del Gobierno vasco tuviera constancia de lo contrario, el órgano competente para aclarar este extremo es la Administración de Justicia. Esperamos del Gobierno vasco la rectificación correspondiente". El Ejecutivo vasco se niega y mantendrá retenido el premio de 18.000 euros.

El Gobierno vasco se mueve en este caso sobre arenas movedizas. Considera que no se trata de un "tema jurídico, ni literario, sino político", y que, según los principios que defiende por las "libertades" y contra la violencia, no puede entregar el premio económico a una persona condenada por pertenencia a ETA, que se fugó de la cárcel y que "nunca ha dado muestras de arrepentimiento".

Yon hizo una pausa adicional como para poner la historia sin histerias frente a nuestros ojos.

- ¿A quien le importa esto ahora? -, se preguntó en tono quedo.

- Es un pretérito imperfecto, pero creo que las libertades siempre estuvieron amenazadas en cualquier territorio de la vida. El estigma, al poder siempre le conviene que esté disponible. Es una cuestión de control -, agregó como para que yo pudiera entender, algo que no hice, esa reminiscencia de su tierra, ¿sus intereses políticos? O, finalmente, la inutilidad del tiempo gastado con el costo esencial valuado con sangre.

Lo vi tan nublado qu decidí guardar para otra ocasión pedirle detalles. Convine que poco podría interesar una persecución más, en tiempos donde la persecución es el deporte preferido de un sistema que parece caerse a pedazos, aunque siempre hay una guerra latente, por caso con Irán que tiene todos los números para ser el objetivo, aunque segundos después, esto sería algo más que una sospecha.

Carlos meneó la cabeza, con aire contrito, al ver y sopesar el silencio vasco. No obstante trinchó, sabiamente, la porción de carne más tierna y jugosa que tenía a su alcance sin consultarnos, aunque su mirada vagara por el salón inventariando el entorno.

– Tengo algo más – agregó con franciscana modestia, - es posible que ya conozcas algo porque se difunde, pese a todo, y por lo menos esperanza –, añadió casi avergonzado. Lo miré sin hacer comentarios y el vasco recogió el siguiente informe, ahora si tranquilizando espíritus porque la bandera de los 51 estados, garantizaba un chisme por lo menos más digestivo. Esta vez y casi sociable Yon me anticipó el acceso al tema que ya me intrigaba menos, por aquello de las banderitas.

“jueves 6 de octubre de 2011
Noticias censuradas 2010/2011:

Operación de Estados Unidos para manipular redes sociales
Las fuerzas armadas estadounidenses desarrollan un software que les permite intervenir y manipular los sitios sociales y foros de los medios mediante personajes en línea de identidad falsa para influir en conversaciones vía Internet y diseminar propaganda favorable a Estados Unidos, según informó el diario británico Guardian UK (17 de marzo 2011).

Ya está en marcha esta nueva faceta electrónica de la guerra psicológica. Para el alumbramiento artificial de partidarios de Estados Unidos en la red Internet y la posterior gestión y control de su actividad, el Pentágono contrató a una empresa californiana a través del Comando Central (Centcom), que controla las operaciones armadas de Estados Unidos en Oriente Medio y Asia Central, según el diario británico. El plan pretende desarrollar un “servicio de gestión en línea de personas” que permite a un solo militar controlar hasta 10 identidades falsas distintas, de hombre o mujer, por todo el mundo. El contrato de Centcom estipula que cada personaje falso debe tener una personalidad “on line” convincente, más un cierto historial y apariencia política favorables.

Un portavoz de Centcom confirmó un contrato por 2,76 millones de dólares que ya fue otorgado a Ntrepid, una sociedad recién registrada en Los Ángeles, pero no quiso decir si el proyecto de gestión de los personajes múltiples ya estaba en ejecución y más bien anunció que no volvería a hablar sobre ningún contrato relacionado con el tema. En Ntrepid no hubo nadie disponible para comentar el contrato.

El Guardian piensa que el contrato para el software de personajes múltiples pudo haber sido concebido como parte de un programa llamado Voz de Operación Concienzuda (Operation Earnest Voice OEV), que primero fue desarrollado en Irak como arma de guerra psicológica contra la presencia en línea de partidarios de Al-Qaida y otros insurgentes que resistían la presencia militar y política de Estados Unidos en ese país. Desde su invención, el OEV fue ampliado mediante un programa de 200 millones de dólares para utilizarlo contra jihadistas y otros activistas musulmanes de Paquistán, Afganistán y Oriente Medio. El OEV resultó provechoso, a juicio de Estados Unidos, que ahora lo utiliza intensivamente en varios países del Oriente Medio y más lejos.
Amenaza a las redes sociales

El comandante Bill Speaks, portavoz de Centcom, según Guardian dijo: “Esta tecnología apoya actividades clasificadas de blogging en los sitios web en lengua extranjera para permitir a Centcom contradecir propaganda extremista violenta del enemigo fuera de Estados Unidos”. Aseguró que ninguna de estas triquiñuelas se haría en lengua inglesa, sino en idiomas como farsi, urdu y pashto. El vocero del Centcom también insistió en que no apuntarán a ningún sitio web radicado en Estados Unidos, sea en lengua inglesa o cualquiera otra, y aseguró que tampoco tienen como blanco a Facebook o Twitter… Pero ¿quién impedirá que las marionetas cibernéticas abran cuentas en esas redes? Y si las abren, ¿quién sancionará el fraude?”

Dos Cabernet más y después de la suave crema que bordeaba la torta de manzana recién llegada, el café exigía su lugar casi imperativamente. “El hurón” emitió un gruñido satisfecho, siempre en el estilo parco de “todo bien, más es un exceso”, se sirvió en silencio el Ballantine con hielo granizado dando por supuesto, que sus informes eran de prioridad fiscal para el vasco, la charla derivó a las boludeces típicas de sobremesa opulenta, pero nadie blanqueaba como y porqué, este administrativo en apariencia discreto tenía y con el vasco, esa relación por demás extraña, pero uno ya sabe que los topos son a tiempo completo y por tiempo completo. Carlos, pipón por el almuerzo a toda orquesta, se disculpó y me miró de soslayo, sin saber muy bien a que atenerse conmigo, pero la prudencia pudo más. Yon me impuso que nos ibamos también, y ambos vehículos partimos con rumbos distintos, “el hurón” hacia Cañuelas y nosotros rumbo a Lomas, un sitio en extremo transitado ostentando su condición satélite de una megalópolis.

Un rato después de partir, Yon me dijo - antes paramos en Glew -, no me incomodó pero al llegar decidió cruzar por el tunel antes se detuvo.

- ¿Porqué no averiguás algo que te pidió Adrián ya que estamos de paso? - , casi se me cae la cara. Una pareja de mayores curtidos aunque recelosos, buscaban monedas, luego de darle al organillo. Me llamó la atención que ocuparan el mismo sitio del viejo que me tuvo pensando esa mañana.

Descendí del auto y traté de acercarme casualmente, la mujer tironeó de la manga del viejo saco del hombre, como advirtiendo peligro, decidieron caminar y a medida que aceleraban el paso me obligaron a correr.

- Disculpen - les dije, - quería saber si le había pasado algo al hombre del sombrero que estaba siempre parado allí, donde hoy estaban ustedes –, ambos se detuvieron aunque tensos.

- No está porque murió hace dos días – sentí un peso enorme sobe los hombros y otra vez la soledad me hizo una verónica.

– ¿Y que fue lo que pasó? – interrogué estúpidamente, ¿a quien le puede interesar eso? de alguien tan desarbolado, me dije profundizando mi agresión.

- Solo dijo que se le había terminado el tiempo y los pájaros de la primavera no habían llegado -, agregó la mujer como si eso fuera suficiente.

- ¿ Usted es un inspector de algo, por casualidad?, me interrogó recelosa mientras su mano casi garra, parecía querer retenerlo o afirmarse, el hombre sólo atinó a cerrar con encogimiento de hombros ese momento epitafio

– Usted sabe ya como es la gente, él quería saber si era su tiempo, y parece que lo encontró -, me simplificó la vida.

Los dejé seguir huyendo de la sombra de un pasado reciente que mostraba como todo se transforma Decidí elegir el confortable interior del Alfa, porque un frío repentino me había alcanzado, el vasco me miró de soslayo antes de arrancar.

- Decile a Adrían que es la vida que te alcanza – No tendría historia y fue lo que me quedaba. La nada ya era sólida.

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