jueves, 6 de octubre de 2011

Fidel, en su escape hacia la inmensidad

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Otros se hacen pedazos mientras Fidel se robustece con una férrea coherencia, tanto que se estrecha sobre sí mismo, cada vez más, al tiempo que su esencia compacta, concreta, se expande por el Orbe.

Y, en su escape hacia la inmensidad -palabras de Guayasmín- Fidel no necesita el concurso de dioses porque su esencia fideliana es firme por cubana, no se disipa.

Veo acrecentarse su presencia con el tic tac de las paredes; su ejemplo personal no parece contemplar retirada alguna; y, sí como digo, día y noche, sin tregua, Fidel se cohesiona sobre sí mismo, con determinación inquebrantable y con armonía de principios revolucionarios, sin flaquear, es que Fidel es un Taco.

Un taco es-a mi modo de ver-toda esencia humana que no entre ni salga de un altar pero que viva en un vuelo extremo, a conciencia de que en lo alto, francamente están los astros celestes, no los hombres.

Fidel es quien facilita que El Ché despliegue sobre el terreno, el prodigio de su esencia revolucionaria.

Haber comandado al Ché, ya dice algo de Fidel. Habría que ajustarse los pantalones para mandar al Ché y, Fidel, comandó en Jefe, al Ché. He ahí a Fidel.

Fidel comandó a Camilo-obvio-y a todos los baluartes de la Revolución Cubana. Fidel comandó-nada más y nada menos que-a Raúl.

¡Coge ese trompo en la uña!

Chávez cuenta que en un momento dado, luego del desembarco del Granma y del reagrupamiento de los sobrevivientes, después del ataque enemigo, hecho el recuento de lo poco que había quedado, llega un momento en que Fidel le pregunta a Raúl, así:

_¿Cuántos fusiles tenemos?

_¡Coño, tenemos siete fusiles, uno bueno y los demás jodidos!

_ ¡AH!-¡Ya está, ganaremos esta guerra!-dijo Fidel, queriendo significar que mientras hubiese un fusil en manos de un revolucionario inteligente, no habrá vuelta´e cacho.

Chávez dice que Raúl pensó: ¡Coño, mi hermano se volvió loco!

Pero, Fidel no estaba equivocado, él trataba de moralizar a sus fuerzas. He ahí a Fidel, haciendo lo que tenía que hacer.

Un minuto en esas condiciones, equivale a un mes o a un año o a un siglo de vida; nadie ha inventado un instrumentómetro capaz de captar lo que a uno le pasa por la cabeza, en esas circunstancias.

De ahí proviene Fidel, por lo que inequívocamente podemos afirmar que él está hecho de una perpetua e inmortal sustancia denominada pueblo cubano o, simplemente, pueblo.

¡Fidel es la propia “kriptonita”! ¿Cuánto estrago le causa Fidel al gringo?

Valga traer a colación, una referencia respecto al Faraón Amasis del que se dice mandó a fundir su bacinilla de oro, para convertirla en estatuilla del Dios que los egipcios adoraban, a manera de hacerse aceptar, puesto que, debido a su humilde origen campesino, los egipcios no lo aceptaban como Faraón.

Fíjate, recuerdo a Amasis porque Fidel le envió a USA, por el puerto de Mariel, lo que sobraba en Cuba, para que el gringo edificase un “dios” a su medida.

En medio del vasto océano está la Cuba con su figura de caimán, y con su Fidel escapándose hacia los cuatro vientos.

Obvio, las dimensiones de Fidel caben en Cuba pero, apretadísimas; y, al ritmo de lo que ahora yo vislumbro, es mejor abrirles paso antes de que revienten los diques que el imperialismo pretende ponerle, desde la ONU, con la anuencia de sus serviles “Yanky” Moon, secretario general imperial, y de su otro no menos insulso de la OEA.

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