miércoles, 12 de octubre de 2011

La mosca en tres actos

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Primer acto.

“La mosca” es un poema incluido en “Papeles inesperados”, un libro póstumo que contiene una extensa colección de textos inéditos de Julio Cortázar. Pero la mosca también es el monstruo más pequeño de todas las pesadillas cotidianas. Quién sabe si en realidad todas las moscas no sean más que una misma mosca que ha vivido a través de los tiempos burlándose de sus pretendidos asesinos. ¡La mosca! ¡Qué problema tan minúsculamente grande es la mosca! ¿Quién no se ha sentido desafiado por una mosca? Y cuando (por fin), con discreta puntería, la logramos derribar, al poco rato vuelve otra y ocupa el mismo territorio de reto del anterior enemigo. Incluso, me ha llegado a pasar que, cuando me acerco al suelo (con la excusa de que se cayó algo), jamás encuentro el cadáver del insecto terrorista.

Segundo acto

Hoy, en este siglo XXI del resplandor tecnológico, la mosca sigue volando alrededor de la vida (y de la idea de evolución). Es posible que antes de los humanos estuvieran las moscas. O la mosca. Y que su maniático vuelo tuviera como objetivo milenario alborotarnos la rabia. Y recordarnos la basura (la ignorancia circular, el primitivismo). Un amigo dice que tenemos un pasado poblado de dinosaurios. Eso es cierto, pero quizá la responsable de la reconocida amargura de los dinosaurios fuese la mosca. Especula una amiga que una mosca se fue persiguiendo a Arthur Rimbaud hasta África. Otra amiga cuenta que Mafalda odia la sopa por culpa de una mosca surfista. La mosca tiene el poder de estar en todos los espacios en un mismo segundo. Como si su misión fuera la de “cubrir de mierda” todos los tiempos. La ciencia debería estudiar el poder omnipresente de la mosca.

Tercer acto

Hace poco (como cada cierto tiempo) aparecieron muertos varios mendigos. El cartero asegura que, un minuto antes de la muerte, cada víctima fue visitada por una mosca. Tal vez haya sido la misma mosca que se burló de la única vida de Julio Cortázar y que ahora, en este justo momento del impostergable café, se aproxima, en vuelo suicida, directo a mi conciencia.

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