miércoles, 12 de octubre de 2011

Un diálogo surrealista

Juan Gaudenzi (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aunque pueden resultar más, letales Estados Unidos nunca consideró las drogas ilegales como un arma de destrucción masiva. Caso contrario, Colombia ya estaría en ruinas y los narcos mexicanos torturados en Guantánamo y otros centros de detención clandestinos alrededor del mundo.

De todas maneras, como la “guerra preventiva” y “contra el terror” se hizo extensiva al “narco-terrorismo”, en Colombia y al narcotráfico, a secas, en México (la condición ideal es que se libre lo más lejos posible de casa y que los muertos los pongan otros), una conversación como esta debería darse algún día en el Salón Oval:

Pregunta: “En el 2009 el consumo de drogas ilegales en Estados Unidos alcanzó una marca histórica, con 16.7 millones de consumidores de marihuana, por ejemplo. ¿Están ustedes interesados y dispuestos a hacer todo lo necesario para reducirlo drásticamente?”

Respuesta: No.
Pregunta: “Por medio del sistema bancario (que prefiere pagar fuertes multas a perder este extraordinario negocio) desde Estados Unidos a México ingresan anualmente no menos de 50 mil millones de dólares provenientes del “lavado” de las utilidades del narcotráfico”. ¿Aún corriendo el riesgo de provocar una crisis financiera de grandes proporciones, están ustedes interesados y dispuestos a poner fin a este flujo?”

Respuesta: No
Pregunta: “Aproximadamente el 90 por ciento de las armas que se recuperan en México proceden del “tráfico hormiga” que cruza la frontera con Estados Unidos. ¿Están ustedes interesados y dispuestos a realizar todos los esfuerzos necesarios para terminar con el origen de este trasiego, que no es otro que la industria y el comercio de armas, municiones y explosivos en su país?”

Respuesta: No

Pregunta: “Hasta ahora los principales esfuerzos logísticos, de inteligencia y espionaje, de depuración de mandos, oficialidad y tropa policial y militar, de intercepción de cargamentos, de captura y/o compra de cabecillas del narcotráfico, dirigidos y coordinados por diferentes agencias estatales de los Estados Unidos, han sido desarrollados en territorio mexicano. ¿Están ustedes interesados y dispuestos a revertir esta situación y a reorientar esos esfuerzos hacia el interior de su país?”

Respuesta: No

“En consecuencia, como Estados Unidos constituye el mayor mercado del mundo en lo que a demanda de drogas ilícitas se refiere; la principal fuente de lavado de narcodólares y el mayor proveedor de armas para los narcotraficantes mexicanos, y no está dispuesto a hacer nada más allá de la retórica para modificar esta situación que atenta contra nuestra seguridad nacional, el Estado Mexicano da por finalizada una guerra que ustedes alientan y dirigen y que para nuestro país ya ha representado más de 40 mil muertos, inseguridad, inestabilidad, temor y preocupación generalizados, altos costos económicos, fuga de capitales, etc.”

Este es un diálogo imaginario. Nunca se dio –aunque tal vez consciente o. inconscientemente estuviese en la mente de algunos de los principales dirigentes del antiguo régimen priista– y nunca se dará. No hay nadie ni en el gobierno mexicano ni en Washington con la suficiente sinceridad y coraje (la anti-diplomacia) como para exponer el problema en semejantes términos. Y, sobre todo, para asumir las consecuencias.

Siempre en el terreno de las conjeturas ¿cuáles podrían ser algunas de ellas?

a) Si tomara estado público, una inmediata campaña de los medios estadounidenses y de los mexicanos al servicio de los Estados Unidos afirmando que el gobierno de México ha claudicado ante el narcotráfico.

b) Denuncia de la traición e intransigencia estadounidense a cargo de los escasos medios auténticamente nacionales, populares e independientes.

c) Represalias diplomáticas, comerciales y políticas del gobierno de los Estados Unidos que los sectores dirigentes de México, dado su nivel de dependencia y subordinación con respecto al vecino, no estarían dispuestos a afrontar.

d) Campaña de desestabilización política a cargo de la derecha.

e) Fomento del narcotráfico y de la violencia –inclusive contra la población civil– por parte del gobierno estadounidense con el propósito de demostrar que sin su intervención México ingresaría en la lista de estados “fallidos”.

f) Máxima alerta y actuación de los organismos de seguridad del estado mexicano contra los agentes extranjeros y toda su parafernalia de guerra psicológica.

g) Campaña de Washington para poner a las fuerzas armadas mexicanas en contra del gobierno civil.

h) Disidencias e, inclusive, divisiones en el seno de las fuerzas armadas mexicanas.

i) Intenso debate entre las fuerzas políticas y las organizaciones de la sociedad civil, en México pero también en Estados Unidos.

j) Apoyo popular a la decisión del gobierno.

k) Menor corrupción.

l) Reorientación del gasto y las energías que actualmente se destinan a la guerra hacia el combate a la pobreza, el analfabetismo y la exclusión.

m) Una nueva correlación de fuerzas político-sociales y un nuevo escenario bilateral de consecuencias imprevisibles.

¿Y los carteles del narcotráfico?
Su única razón de ser y motivación es el lucro y, por lo tanto, carece de todo sentido pensar que analizarían la nueva situación y tomarían partido en términos políticos.

Puede que algunos capos entendieran la posición del gobierno, pero sin excepción considerarían el fin unilateral de la guerra como una victoria que les permitiría volver a operar a su antojo. Sin el supuesto o real acoso de las autoridades mexicanas ¿continuarían su propia guerra por el control de regiones y rutas? ¿Quién puede pronosticarlo? En el peor de los casos (los narcos también son mexicanos y la gran mayoría de extracción muy humilde) seguirían matándose entre ellos.

Pero, en términos futbolísticos, la pelota quedaría en el campo “gringo”. Con las trincheras de vanguardia abandonadas por decisión soberana, sin agentes encubiertos, aviones espías y agencias federales estadounidenses conduciendo una guerra entre mexicanos, lo que hagan o dejen de hacer los vecinos en su propio territorio, en su retaguardia estratégica, ante un alud de droga sería un problema exclusivamente de ellos.

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