jueves, 6 de octubre de 2011

Una relación poco estudiada en la Argentina

Alba M. Lucero (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Superada en cierta medida la escasez de empleo que padeció nuestro país en el pasaje del siglo XX al XXI, el tema de “los desocupados” sólo aparece muy esporádicamente en un lugar relevante de la información cotidiana, por los reclamos de quienes reciben los diferentes planes con que se ha pretendido morigerar los efectos del capitalismo sobre la población obrera. En cambio, reciben más atención las organizaciones sindicales, cuya capacidad de presión los coloca en un primer plano de la vida política argentina.

La Colección Confrontaciones, que coeditan el Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA) y la editorial Dialektik, acaba de publicar el libro “Sindicatos y desocupados. 1930/35 – 1994/2004. Cinco estudios de caso”, resultado de una investigación desarrollada por Nicolás Iñigo Carrera, María Celia Cotarelo, Fabián Fernández, Elizabeth Gómez, Elida I. Luque, Susana Martínez y Agustín Santella, y que presenta resultados originales para el conocimiento de una relación poco estudiada en la Argentina.

En el primer capítulo la investigación se adentra en temas totalmente vírgenes para la historiografía argentina, como la indagación sobre las acciones de socialistas, sindicalistas, anarquistas y comunistas ante la desocupación desatada por la crisis económica mundial de 1929, las políticas propuestas al gobierno por el partido Socialista y la CGT, el reclamo de subsidios y la propia organización de los desocupados.

Los siguientes tres capítulos se ocupan de tres situaciones específicas: el Chaco, Jujuy y la zona petrolera de Santa Cruz entre 1994 y 2004. Bucean en el rol de los sindicatos (o algunas de sus líneas internas) y de lo que los autores denominan “organizaciones político-sindicales” en la formación de las organizaciones de desocupados y el posterior desarrollo de la relación con ellas, dando especial importancia al análisis de los procesos de movilización y enfrentamiento callejero. Todos los capítulos tienen una descripción de la situación económico-social de las provincias estudiadas, del estado del movimiento sindical, del surgimiento de las organizaciones y de sus luchas. Así el lector puede seguir el nacimiento y crecimiento de organizaciones como la Corriente Clasista y Combativa y la Organización Barrial Tupac Amaru y dirigentes de proyección nacional como Carlos “Perro” Santillán y Milagro Sala en Jujuy, y del Movimiento de Desocupados General San Martín, el Movimiento 17 de Julio, la CCC y el Polo Obrero, con dirigentes como Emerenciano Sena, Charo Alcire y Aurelio Díaz en el Chaco.

Los autores destacan las diferencias entre la situación de Santa Cruz, donde la explotación petrolera atrae y rechaza trabajadores siguiendo las alternativas del ciclo económico, y las de Jujuy y, especialmente, del Chaco, donde la destrucción del sistema productivo generó una desocupación que sólo pudo ser absorbida por el empleo estatal o mantenida mediante la entrega de subsidios.

El libro permite apreciar el rol destacado de las mujeres en la dirección de varias de las organizaciones. La más conocida Milagro Sala, en Jujuy, pero también otras dirigentes en Chaco.

El último capítulo analiza la política del sindicato de los mecánicos (SMATA) hacia los desocupados de su actividad, destacando que esa organización se plantea políticas para sus afiliados ante la amenaza de la desocupación, pero no cuando ya han quedado desocupados.

En definitiva, un libro imprescindible para quienes se interesan por el mundo de los trabajadores y trabajadoras, sus organizaciones y sus políticas.

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