jueves, 10 de noviembre de 2011

El hospital de las palabras...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aquella mañana invernal del 2004 daba señales que cada tanto irrumpen. El horizonte se ensombrece y parece almacenar tormentas. Hay un cierto enojo de Dios. Puede que alguna acumulación de dudas, en alguien que no debiera tenerlas. Las suposiciones cuando la realidad nos supera, tienden a transitar banquinas barrosas del alma. Sucede que cuando el sol desaparece por un tiempo más que inconveniente, a mi se me cruzan los meridianos.

Por esa razón y porque Yon Eibar había partido en uno de sus extraños viajes que tienen de cierto y común el destino desconocido, me recluí durante tres semanas, para ver pasar la vida, sin que me lleve por delante.

La humedad acumulada, durante la mañana en que decidí contar la historia, sin histerias, como siempre digo, ahogaba otras intenciones. La ofensiva social –en realidad de ciertos sectores sociales- vino ganando espacio, porque seguramente esperan negociar condiciones para seguir el juego de las presiones, con mejores armas y recursos.

El botín, antes patrimonio exclusivo de punteros políticos, ha tornado difusos los límites de las cuotas de poder que se disputan. La locura heredada se dispersa y camina rumbo a escenarios no fáciles de predecir y mucho menos de precisar.

Alguien había sacudido el árbol esperando que cayeran ciertos frutos, que no todos podemos comprender y el empeño por ensuciar la cancha, me hizo salir a esperar al vasco, que llegaría si mi cálculo era acertado.

En la espera pude comprobar, temprano, que los tilos estaban pelados y como anticipara buenos zorzales perdieron su abrigo verde. Recorrí el perímetro, bajo la atenta y curiosa mirada de Conrado, el boxer atigrado, que sacudía la cabeza sin comprender, entre otras cosas, el sobresalto que le producían algunas de las hojas de los plátanos, que resistían el desembarco de este invierno con cara de invierno.

La inspección no eludió nostalgias que no lejos, un paraíso dorado, podía templar el presente de otra manera.

El Alfa gris dobló la esquina de Payró en Lomas para que Rivera no fuera orilla y se detuvo en el lugar del estacionamiento que no uso, porque el auto es un desuso en mi caso personal. Allí yace inerte desde hace años, ese 147 que supo almacenar otros caminos donde las huellas de sugestivos episodios, quedaron grabadas en sus cubiertas, para hacer las veces de memoria rodante. La cesación de hechos lo había alcanzado.

El vasco traía cara de viajes. Pero, como corresponde, nada pregunté. Desenfundó una carpeta -casi como la Luger- para extenderla, mientras marchaba rumbo a la cajuela trasera - sin detenerse- para desembarcar las viandas. En eso, el vasco merece respeto.

- Fijate si te sirve, me la entregó Federico cuando volvía, son los datos de Leonardo -

- ¿Docavo?- quise confirmar.

- No, Doquepo – me corrigió con sorna flamante - Estuve con los perejiles mayores antes que se fueran a Oriente, para arreglar algunas cosas. Pero cuando estos aclaran, más se oscurece y perdón por copiarte. Pero antes échale una mirada que es un buen aperitivo para lo que vamos a hablar -; la palabra aperitivo me humedece la boca.

- Grageas de junio – leí en voz alta y recordé a Fede y su mirada casi siempre sorprendida cuando lo tropiezo en la redacción, en este caso haciendo de Miguel Strogoff. Tomé asiento antes de que las copas se llenaran, para echar una mirada apreciativa al texto que ya descansaba sobre la mesa de lustre oscuro, rectangular y anfitriona.

Yon habló casi como traduciendo, igual que en las películas y el subtitulado.
- Absurdos sobran. Neustadt “Habla de todo” anunciaba “Hora Clave”. Ante la atenta mirada de Mariano Grondona, Bernardo criticaba al gobierno, a los diarios, a los piqueteros, elogiaba a Blumberg, tiraba diarios al piso y contaba anécdotas que ilustraran lo que quería decir. Contó que la periodista Clara Mariño, (quien fuera su productora por años) a quién llamó colega, iba en su auto hasta la radio donde trabaja, cuando su viaje fue interceptado por una manifestación de desocupados.

Llegaba tarde. Entonces desde su teléfono celular llamó a la producción del programa para que empezaran sin ella. En ese momento un oficial de policía le indicó que no se podía hablar por celular mientras se maneja, ya que era un delito. “¿Cómo delito si el auto estaba parado?”, dice Bernardo que dijo Clara y sin afirmarlo dejo claro (Perogrullo lo permite) que el que cometía un delito era quien cortaba la calle -.

-“Argentina es el teatro de los absurdos”- añadió Bernie -. Tiene razón, de otra manera no se entiende cómo se convoca a alguien que en 1976 dijo en su revista, “Crecer”, que a los que querían “un dictador sangriento les puedo asegurar y pronosticar que Videla no lo es ni lo será. Se equivocan con él. Insisto: lo mejor que le puede pasar a la Argentina actual, si se quiere algo ficticia, pero constructiva en su silencio, es Videla” -, un pimpollo - sin olvidar que Grondona fue el redactor del comunicado 150 de Onganía, que después abrió la puerta de una revuelta popular en los ´70 –, Yon sonaba monocorde.

Mi memoria pedía a gritos esc pero la vida daba enter.

El vasco, tendió un mantel a cuadros verde y dorado, que armonizaba con el tono de la madera. Como por arte de magia la vajilla de cerámica color mostaza fue desplegada en un ejercicio de ostentación que completó con las copas de cristal rojo y checo para vino, platos de cristal para comer alcauciles, lo que me simplificó conocer parte del menú que se avecinaba.

- Vine de Ezeiza donde todo se vuela -, añadió el vasco, mientras desplegaba el jamón serrano, le agregaba pimienta blanca, aceite de oliva y cada plato era una llamarada.

- ¿Habemus papa? – pregunté por afirmarme en cualquier boludez, con miras al futuro de lo impredecible.

- Nada, nadie, nunca- fue su lacónica respuesta, que por supuesto no aclaraba. Las palabras tienen significado, si van primero a una clínica que nos enseñe como, hoy, se reinterpretan -, dijo con suficiencia.

-¿Querés decir que esas mismas palabras no significan lo mismo? -.

- ¿Que aserrín es pan rallado? -.

- Algo parecido. Los significados están en cuestión. Y ni con la ayuda de Foucault, vamos a aclarar.

¿Quien es Foucault, el nuevo cinco de Boca... juega contra el Caldas? -, tantee, algo perplejo.

-Fijate, sino, en lo que cuenta Docavo – eludió Yon- buen pibe que junta bosta por allí:
“¿Usted no cree que la gente, incluso los sectores populares, están enojados por los cortes?” le preguntó la revista “Veintitrés” a Raúl Castells. El líder del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) respondió que esa era “la contradicción y entonces nos preguntamos como Hamlet: cortar o no cortar”-.

La verdad que meter a Shakespeare en nuestra realidad parecía exagerado, sobre todo si recordamos que el príncipe “cortaba por lo sano”, pero pensándolo bien hace rato que en Argentina algo está podrido-, este chico sabe que no sabe, pero ahora hay que resignificar-, fue así de convincente el vasco.

¿Y eso que es? -, balbucee a medida que el azoramiento generaba atoramiento y este, me volvía sediento.

Me calmó el Malbec de López, famoso en ciertas playas que, por decoro, no puedo nombrar.

- Más pruebas que las cosas no son como parecen. Los que protestan no son protestantes. Y los que los cuestionan, sacan tajada de las protestas-, abundó suficiente el vasco.

- Hubo cortes y tomas de locales comerciales, (también de comisarías, siguen las municipalidades, después, las gobernaciones y al final la rosada) pero también hubo “novedades”, como el levantamiento de las barreras de las cabinas de peajes permitiendo a los autos circular por las autopistas sin pagar peaje.

El bloqueo de las boleterías de la empresa Metropolitano permitió que los usuarios de la ex línea Roca viajen gratis.

Estas formas de protesta no parecen “molestar” a la “gente” -, sumó Yon parte del informe producido por el informante.

- ¿Sigo sin entender que es resignificar? -, me refugié con el helado en la frente.

-Mirá, te doy el último ejemplo, porque lo tuyo va camino de la oligofrenia. Grondona habla de “pulsión anárquica” y para ilustrarla transcribe una declaración realizada por Julio A. Roca, en 1913, cuando el presidente Sáenz Peña había invitado al país a votar democráticamente mediante la ley que lleva su nombre. Según Grondona, Roca dijo: "No conviene forjarse ilusiones sobre nuestra organización. La anarquía no es planta que desaparezca en el espacio de medio siglo, ni de un siglo, en sociedades mal cimentadas como la nuestra. Ya veremos en qué se convierte el sufragio libre, cuando la violencia vuelva a amagar. Los líricos, los ingenuos, los que no conocen el país ni han vivido su vida, claro que no han podido pensar en esto". ¿Grondona habrá usado a Roca para decir lo políticamente incorrecto o sólo fue una frase más?-.

Decidí disimular, era tarde para lágrimas. El informe del viaje de Yon, sería agua en la montaña. Ahora, a mi se me hacía agua la boca ante los manojos de brócoli mantecados, con pimienta y aceite de oliva, ambas combinaciones repetidas, como para reforzar la tozudez vasca. Algo más lejos, presas de pollo saltado al ajillo, guiñaban promesas posibles. Ante esto, ¿que me importaba la resignificación si es la vida que me alcanza? Aunque le pida la frase a Celeste y a quien le cueste lo que cueste.

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