jueves, 17 de noviembre de 2011

La Parábola del zorro y el lorito (a propósito de ciertos dichos de Mario Bunge)

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Me dicen que olvidé, en mi artículo anterior, explicar cómo era la refutación del ejemplo dado con el agua. Veamos. En las clases de dialéctica que se daban en aquel tiempo se decía –para explicar la ley dialéctica del salto cualitativo- que el agua pasaba de una calidad a otra si se la calentaba o si se la enfriaba, si pasaba de un estado líquido a uno gaseoso o si lo hacía de éste a un estado sólido, convertida en hielo.

Era, evidentemente, una vulgarización de las leyes de la dialéctica, porque el agua posee siempre esas propiedades, y lo que puede cambiar es su estado, es decir, pasar de líquido a gaseoso o de líquido a sólido. Pero cambiar su estado es muy distinto a cambiar su calidad. Para, verdaderamente, dar el salto cualitativo, tendría que producirse un cambio molecular como por ejemplo, aquél que hizo Jesús, en las bodas de Caná -a instancias de María- convirtiendo el agua en vino, milagro que muchos de los bodegueros repitieron a lo largo de los siglos. La ley del salto cualitativo implica que ese salto sea irreversible: el agua congelada puede volver a su liquidez y en ese caso no ha cambiado su esencia.

En mi artículo anterior y polemizando con Mario Bunge, éste escribía que en un viaje a Tucumán y leyendo a George Boole, había saldado sus cuentas con la dialéctica.

Boole fue contemporáneo de Carlos Marx pero, al menos que se sepa, no se conocieron, pues de lo contrario hubiese resultado una conjunción extraordinaria entre la dialéctica de Marx y la lógica matemática. La dialéctica no es excluyente de la lógica de Boole y yo diría que es complementaria, teniendo en cuenta que su formalismo, siendo importante, no puede expresar el movimiento como sí lo intenta la dialéctica marxista.

Boole y su idea de la analogía entre el álgebra y la lógica inspiró sus investigaciones, expuestas en dos trabajos fundamentales: “El análisis matemático de la lógica” (1847) y “Una investigación de las leyes del pensar” (1854).

Aproximadamente setenta años después de la muerte de Boole, Claude Shannon asistió a una clase de filosofía en la Universidad de Michigan que le introdujo en los estudios de Boole. Shannon reconoció que el trabajo de Boole podía ser la base de los mecanismos y procesos en el mundo real y que por lo tanto era de gran relevancia. Víctor Shestakov, que fue uno de mis profesores en Moscú , propuso una teoría de los interruptores eléctricos basados en la lógica booleana, incluso antes que Claude Shannon, en 1935, según el testimonio de los lógicos y matemáticos soviéticos Sofia Yanovskaya, Gaaze-Rapoport,Dobrushin, Lupanov, Dmitri Medvédev, y Uspensky.

Por lo tanto, el álgebra de Boole se convirtió en el fundamento de la práctica de circuitos digitales de diseño, y Boole, a través de Shannon y Shestakov, en la base teórica para la era digital. Tal hecho contraría lo sostenido por Mario Bunge, en el sentido de que los avances de la ciencia en los últimos cien años se hicieron “fuera del cajón marxista” e incluso, por si cabe aclararlo, algunos de los descendientes de Boole -que también aportaron a la ciencia- fueron afiliados al Partido Comunista de Irlanda.

Muerte y resurrección de la Dialéctica

Veamos primero el significado de la mentada dialéctica (del griego διαλεκτική: dialektiké), τέχνη (téchne), literalmente: técnica de la conversación; con igual significado, en latín (ars) dialéctica es una rama de la filosofía cuyo ámbito y alcance ha variado significativamente a lo largo de la historia.

Originariamente designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo que actualmente se llama lógica. En el siglo XVIII el término adquirió un nuevo significado: la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos, así como la detección y superación de estos contrapuestos. De manera más esquemática puede definirse la dialéctica como el discurso en el que se contrapone una determinada concepción o tradición, entendida como tesis, y la muestra de los problemas y contradicciones, entendida como antítesis. De esta confrontación surge, en un tercer momento llamado síntesis, una resolución o una nueva comprensión del problema. Este esquema general puede concretarse como la contraposición entre concepto y cosa en la teoría del conocimiento, a la contraposición entre los diferentes participantes en una discusión y a contraposiciones reales en la naturaleza o en la sociedad, entre otras.

En estos días vivimos un tremendo conflicto ubicado en las otrora “sociedades opulentas” de los países desarrollados. En su libro 'El Bundesbank, el Banco que gobierna Europa” el periodista británico David Marsh relataba cómo tres cancilleres de la República Federal de Alemania (Erhard en 1966, Kiesinger en 1969 y Schmidt en 1982) fueron desplazados del poder no por derrotas electorales, sino por rupturas internas de las coaliciones gobernantes decididas por el Bundesbank. En todo caso el resultado fueron cambios de alianzas parlamentarias que se gestionaron desde la política, pero eran cambios que acusaban un tipo más profundo de contradicción o de conflicto: el dado entre la propiedad privada y la producción social, conflicto que se agudizó con el incremento del capital financiero pero que no habíamos generado ni atizado los marxistas. Y hoy en día, en Grecia e Italia, el Bundesbank, colocando a sus tecnócratas en los puestos políticos –responsables del descalabro- preludia una confrontación mayor.

La relación entre sujeto y objeto no es eterna ni universal, y el surgimiento de un sujeto histórico determinado –por ejemplo el homo sapiens- marca una etapa en el desarrollo de la materia. El estudio de la realidad objetiva (el ser) lleva el nombre de ontología, habida cuenta de que ese estudio es realizado por el ser humano y su objeto de conocimiento no es la realidad objetiva como tal, sino una sección determinada de la misma, condicionada por el carácter y nivel de las fuerzas productivas, por el tiempo, los medios, los métodos y los fines de investigación. Conocemos al mundo no como existe en si, sino tal como aparece ante el observador en un proceso cognoscitivo dado, en un sistema también dado.

A ese nuestro mundo lo conocemos, en primera instancia, a través de formas y es a través de esas formas como operamos en él, merced a cómo ellas operan en nosotros, reflejándose en nuestra psiquis y condicionando nuestro accionar, accionar que se da en unidad y lucha.

Aclaramos aquí que la categoría de reflejo condicionado debe entenderse no solamente como la entendía Pavlov, pues si bien es acertado pensar que existe una correspondencia entre estímulos y perceptos, ésta no es biunívoca. La teoría de la percepción tal y como la describió Helmholtz (1), hacía hincapié en el sentido de que lo percibido no era solamente un reflejo especular sino que dependía asimismo del estado interno del sujeto cognoscente, de su historia, de su medio y de sus decisiones individuales y colectivas.

Muchas conductas de los animales se deberían, pues, a una compleja elaboración donde actúan no solamente aspectos sicológicos sino también físicos, químicos y biológicos. No a simples reflejos.

De todas maneras, este mecanismo de conexión entre ser y pensamiento (y entre teoría y práctica) es patrimonio de algo tercero; un tercero que no es ni la divinidad ni lo sagrado del mundo, y que tampoco se asienta en complejos de sensaciones.

Espinosa decía que si en la esencia de dos cosas no existiese una tercera, común a ambas, resultaría imposible su vinculación. Y esa tercera, decía, es la naturaleza.

La conexión así planteada entre materia y conciencia era y es negada por ciertas corrientes del pensamiento, ya que para ellos se trata -en general- de dos sustancias, la una ideal y primigenia, y la otra, derivada, consecuente.

Por eso recordamos que ya Espinosa planteaba que materia y conciencia son una misma cosa, pues que ambas no constituyen dos sustancias, sino dos atributos de una y la misma: la naturaleza.

La última vez que visité a mi maestro Evald Vassiliev Ilienkov (2), en Moscú, en 1978, lo hice para aclarar algunos conceptos de su libro “Lógica Dialéctica” -en su edición castellana- y llegamos a la conclusión de que la traducción era pésima. Lo hallé desmejorado, casi postrado y me dijo que sufría de insomnio y de otras dolencias. Casualmente había llegado el jesuita argentino Juan Ramón Sepich, a la sazón exiliado en Alemania, para intercambiar ideas en torno a ciertos problemas de la dialéctica.

Decía Ilienkov en aquella oportunidad que no es, en definitiva, el hombre quien actúa sobre la naturaleza. Es ella misma, de la cual el hombre es parte, la que actúa sobre sí misma. Debemos, eso sí, -reclamaba- actualizar los conceptos de materia y sustancia. Ilienkov se pronunciaba contra el realismo ingenuo y el positivismo, pecados que en cierta medida ostenta nuestro amigo Mario Bunge.

«El hombre –escribía Ilienkov- no analiza los hechos empíricos con una conciencia 'vacía' sino con una conciencia que se ha desarrollado en el curso de su educación. Es decir, capta siempre los hechos desde el punto de vista de tal o tal concepto. Lo quiera o no, no puede sin esto pensar activamente, comprender los hechos; en el mejor de los casos no puede sino constatarlos activamente (...) Quien cree expresar los hechos 'absolutamente sin idea preconcebida', sin ningún concepto 'anteriormente admitido', no está desprovisto de ellos. Al contrario, es inevitablemente esclavo de los conceptos más vulgares y más absurdos». (3).

El sacerdote benedictino Thomas Matus narraba que Tomás de Aquino, al final de su vida, cuando la tensión entre su experiencia y la teología se habían tornado irreconciliables, tomando en sus manos sus papeles filosóficos, exclamó “esto es una paja.” Indudablemente. La materia, además de ser una importante categoría filosófica cuyo contenido ha sido tergiversado muchas veces, constituye una categoría sistémica que debe analizarse en consonancia con un determinado nivel de observación. La comprobada existencia de la masa del universo, la flecha del tiempo expandiéndose en forma de bucle de lo simple a lo complejo, la propia contingencia y la interacción multidireccional, muestran que la materia constituye una estructura sistémica cuya completa exteriorización se halla -por ahora- fuera de la visión humana. Naturalmente que nosotros no intentaremos construir ese sistema a la manera de Hegel, elaborando uno que cierre mentalmente. El sistema real del mundo ya hace rato que está en marcha, y no nos cierra.

Nosotros, los marxistas, no rendimos culto al conflicto, como aseveraba Mario Bunge, aunque actualmente muchos investigadores burgueses están empeñados en destruir el mundo antes que en construirlo, respaldados por los científicos y pensadores que avalan las “guerras justas” de los países centrales, y todos aquellos que apantallan el fuego de la intolerancia y el de los odios más o menos estúpidos. No hemos inventado el conflicto social: es una realidad, en todo caso fogoneada por los banqueros y el capital financiero.

La vida del bicherío no es armónica

Se cuenta que había una vez un lorito posado en la rama más alta, y apareció al pie del árbol un zorro hambriento, quien le dijo que el gobierno había aprobado un decreto por el cual todos los animales debían hermanarse, olvidando sus mutuos conflictos. Y a continuación invitó al lorito a bajar y darle un abrazo en señal de armonía. Pero el pájaro se negaba a bajar, avizorando que el zorro quería manducárselo, en tanto que el zorro, mostrando un papel, le decía que ése era el decreto, que bajara y lo leyera para cerciorarse. En eso estaban cuando apareció un puma y sacó picando al zorro, al tiempo que el loro gritaba ¡muéstrale el decreto! Como vemos, es indudable que la contradicción está en la naturaleza.

Los seguidores argentinos del franco-egipcio Renato Guenon, en boga durante los años penosos de dictaduras militares, atizaban el conflicto en el cual las fuerzas armadas nacionales actuaban como ejército de ocupación de una potencia extranjera.

La obra de René Guenon se fincaba en la secularidad de la familia, la tradición y la propiedad privada. Se trataba de una concepción política de sentido maurrasiano y corporativista, que en lo teológico se agrupaba junto a las jerarquías vaticanas.

Algunos resucitadores actuales de las ideas medievales -a veces, como éste, con un gracioso toque oriental- pretendían conceptuar a la lógica aristotélica como algo acartonado, fósil. Muchos investigadores han señalado el profundo error cometido al no comprender en toda su profundidad aquella lógica en la que Aristóteles alcanzó a ver la complejidad del razonamiento y a plantear que todo lo que se opone como relativo se dice que es lo que es de la cosa que le es opuesta. Aquí Aristóteles se levanta de la tumba y rebate las aseveraciones de Mario Bunge, al señalar que lo antagónico es la fuente del conocimiento (y de los cambios objetivos, agregamos nosotros).

La concepción de los tomistas -luego reafirmada por tantos otros- tenía el nivel de una abstracción de carácter empírico, donde el conocimiento resultaba superficial. Por eso mismo reflejaba uno de los lados de la cosa, o aspectos aislados de ella, al margen de sus otras facetas y propiedades. Además, su carácter supremo la colocaba en boca de dios, creador del mundo. No hace mucho, gentes como los chilenos Maturana y Varela (4) que indudablemente han aportado a la teoría de los sistemas, decían que el proceso del conocimiento es un proceso por el cual ponemos de manifiesto el mundo en el acto de ese conocimiento. Y seguían con que el mundo es dado a luz en ese proceso; por lo cual seríamos así dioses realizando la Creación a cada rato, pero esta aseveración de Maturana es más vieja que las sandalias de Buda.

Niklas Luhman fue un ejemplo de cómo la dialéctica se complementa con la teoría de Boole, algo que ya abordara siendo prisionero en la segunda guerra mundial. Para llegar a una teoría general de la sociedad, Luhmann incorporó y adaptó a su propio trabajo, además, la teoría de los sistemas autopoiéticos, desarrollada originalmente por Maturana y Varela para los sistemas vivientes.

Considerados como sistemas comunicacionales, los sistemas sociales no son sistemas vivientes para la mirada de Niklas Luhmann. Con esto, su teoría de la sociedad está aproximadamente tan alejada de la de Maturana y Varela como de los presupuestos teóricos de Structure of Social Action, del sistema AGIL, y de las variables modelo de Parsons. Es conocida su polémica con Habermas (5) y la lucha entre sistema y entorno, tal como la planteara Luhman, es dialéctica pura ¿Qué significa, pues, la lucha entre el nuevo principio de legitimidad que acecha desde el futuro y el viejo sistema que se resiste?

Si bien como decía Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas, está claro que los objetos y procesos, como unidad concreta, existen antes que todo conocimiento. Y que una vez obtenido dicho conocimiento, no permanece solamente dentro de los marcos del pensamiento, sino que lo traspasa en cuanto a que forma parte de la naturaleza, es decir, nosotros humanizamos a dicha naturaleza en tanto que ella nos naturaliza en una contradicción mutua ligada a nuestros correspondientes metabolismos.

Marx decía que si bien lo concreto es el verdadero punto de partida de la observación y de la concepción, éste se presenta todavía en nuestro pensamiento como un proceso de síntesis, como un resultado y no un punto de partida. Lo concreto, en efecto, es tal, en cuanto resulta ser un conjunto de muchas determinaciones (algunas generales o comunes a otras épocas, otras, específicas o propias de la experiencia de la modernidad o del presente) y por lo tanto la unidad de lo múltiple. Luego ejemplificaba con categorías de la economía política, para finalmente concluir que entre los metafísicos la total representación concreta se volatilizaba en una definición abstracta (en sentido negativo). Debe interpretarse que Marx no se refería a un aniquilamiento de la cosa al estilo kantiano, sino que hablaba de volatilización en el sentido de un razonamiento idealista. Ni más ni menos que los teóricos que hoy volatilizan al mundo real, cuando plantean que en el fondo de la dialéctica no hay nada para luego remitirse a los espíritus y volar rumbo a los ángeles o a que debemos armonizar las contradicciones antagónicas.

El momento actual, ya lo dijimos, es menos aseverativo y más problemático pero se trata de uno de los momentos más complejos en el largo proceso del conocimiento humano que, como en una carrera de obstáculos, va saltándolos de uno en uno. Si bien tratamos de identificar las leyes de la naturaleza y adaptarlas a nuestros requerimientos, siempre obtenemos una verdad, en el mejor de los casos, a medias. Aquí se expresa la ley dialéctica de la negación de la negación, pues nuevos descubrimientos van negando los antiguos y ahora mismo parece ser que los neutrinos viajan más rápido que la luz, cuestión que, de probarse, jaquearía a todo el andamiaje anterior.

Por ello mismo, querido Mario Bunge, no somos los dueños de la antorcha y debemos entender que no cabe en nuestras cabezas la realidad completa y en toda su contradicción, so pena de sufrir la condena que impone Mahoma a los pintores, quienes deben en la otra vida responder por los pecados de las personas que han reproducido en sus retratos.

NOTAS

1) Hermann von Helmholtz and the foundations of Nineteenth century Science. Los Ángeles: University of California Press, 1994.
2) Ilienkov Evald Vassiliev. (1977): Lógica dialéctica, Progreso, Moscú.
3) Ibid.
4) Varela, Francisco J.; & Maturana, Humberto R. (1973). De Máquinas y Seres Vivos: Una teoría sobre la organización biológica. Santiago de Chile: Editorial Universitaria. Hay edición revisada de 1995, con un prefacio.
5) Niklas Luhman, en 1968, en ocasión del decimosexto Congreso Alemán de Sociología, celebrado en Francfort, mantuvo un debate teórico con Habermas, recogido en Theorie der Gesellschaft oder Sozialtechnologie. Was leistet die Systemforschung, Suhrkamp, Francfort, 2 vols., 1971-1973.

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