jueves, 10 de noviembre de 2011

Una mujer correcta

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sus padres, católicos, fueron muy religiosos.
Desde chiquita todos los domingos iba con ellos a misa.
Además del primario y el secundario, siempre tuvo un cura que le daba clases de religión. Por eso nunca dudó de la existencia de Dios.

Trató siempre, se esforzó en comportarse bien. Nunca fue adúltera. Nunca traicionó a su marido.
Y recordaba siempre lo que aquel cura le decía: que no solo son importantes los actos, lo que se hace, sino también -y sobre todo- lo que se piensa y siente en el momento de hacer algo.

Porque hacer el bien con rabia, ayudar a alguien odiando al que se ayuda, eso es pecado. “Amarás al prójimo como a ti mismo”, siempre le recordaba.
Por eso siempre se esforzaba en sentir sentimientos buenos.
Solamente salió de casa para vivir con su marido. Y virgen, claro.
Como una vez quedó viuda volvió a casa de sus padres.
Pero una vez sus padres murieron en un accidente de auto y quedó sola.
Sola y sin dinero, ni para comer.
No tenía una profesión porque no llegó a terminar el secundario. Y nunca había trabajado.

Decidió entonces hacer el bien enseñando a adolescentes y púberes que se iniciaban sexualmente por lo que también recibiría un pago justo por su trabajo pedagógico. “Debutantes”, como los llamaba. Porque era educarlos. La primera maestra en el sexo. Por eso nunca sentía nada con ellos. No era el goce de una Mesalina que le gustaría coger no importaba con quien. Era el amor y el interés pedagógico que sentía por los chicos. Hacerlos debutar para que inicien sus caminos de hombres. Solamente un trabajo pedagógico por el cual recibía sus honorarios. Profesora iniciante.
Pero con el tiempo fue apareciendo un problema. Inevitable. Comenzó a quedar vieja. Los adolescentes la buscaban menos en la calle, lo que implicaba tener menos plata para comer. Empezó a sentir hambre.
Hasta que, de otra manera, retornó a su pasado religioso.

Entró a vivir como monja en un convento.
Entonces sería una mujer correcta solamente para Dios.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.