jueves, 22 de diciembre de 2011

Breve informe del año cuatro mil

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Escribo este informe en el año cuatro mil, contado a partir de la muerte de aquel psicótico que decía ser hijo de dios y que su madre era virgen. O que eso era lo que algunos querían creer.

Quiero comparar como es nuestra vida –en lo posible con todas sus alternativas– con la vida de hace alrededor de dos mil años.

Comparación que puedo hacer gracias a aquellos CDS y DVDS, como los llamaban, donde quedaban filmadas y escritas las costumbres cotidianas de la gente de aquella época.
Época extraña en que la gente para trasladarse de un lado a otro caminaba, iba en lo que llamaban “autos” o en aviones.
No sabían que se podía controlar la gravedad. Lo que ahora tiene sus ventajas, pero también sus desventajas.
La ventaja es que la mochila aérea permite controlar la gravedad y dirigirse para cualquier lado, sin tener que ir en aquellos vehículos que en aquella época usaban para eso.

Pero la desventaja es que ahora el espacio está lleno de gente yendo de un lado para otro. Lo que obligó también a que las casas no tengan más ventanas. Solamente vidrios blindados, reforzados, y aire condicionado. Si no cualquiera podría entrar por una ventana abierta, cualquiera sea su altura.
Y respecto al espacio, llegó un momento en que, por lo que parece, terminó el cielo. Fue a partir de que los viajes a la luna, marte y otros planetas, pasaron a ser una rutina, algo habitual. Se pasó entonces a llamar “espacio” a lo que antes se llamaba “cielo”.
Lo que fue anticipado en la sorpresa de aquel astronauta ruso al ver la tierra desde el espacio: La tierra es azul…!!!
Porque hasta ese momento azul siempre había sido el cielo. O sea que, a partir de entonces, se empezó a reconocer que el cielo acabó.
Aunque debemos aceptar que hay cosas que siguen siendo iguales. Por ejemplo las religiones, por esa desesperación del ser humano por creer en algo. Algo que sea alguien. Alguien que haya querido que todo sea.

Y las mujeres, que cogen para ser amadas (o para ganar dinero, como las putas, aunque siempre esperando también encontrar alguien que las ame). Y los hombres, que siguen amando para coger.

Y también para las mujeres sigue siendo muy importante casarse. La que no lo consigue todavía sigue siendo mal vista. O como puta o como fea.
Pero un cambio que hay ahora es el color de los pelos. Hace dos mil años, en esa época tener el pelo blanco era sinónimo de ser viejo. Pero hoy, que se vive un promedio de doscientos años, todos tenemos el cabello blanco. Por eso se empieza a teñir de blanco el pelo de los nenitos y adolescentes, para que se vayan acostumbrando.
Y las guerras acabaron. Fue después de la desintegración de aquel país que se llamaba Estados Unidos, desintegración causada porque llegó un momento en que no pudieron más hacer guerras –o incitarlas– contra diferentes países del mundo, hasta del otro lado de ellos, como fue aquella guerra en Irak.
Fue por eso que empezaron a hacer guerras entre ellos, como siempre justificadas por nobles motivos. Y siempre siendo negocio para las fábricas de armas.
Así es que hay cosas que cambiaron pero hay otras, debemos reconocer, que siguen siendo iguales o peores.

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