jueves, 29 de diciembre de 2011

Carta a una amiga presente

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Porque son días que en su interior llevan la fuerza de la su-peración im-perecedera.
Si, además, nadie se oye llamado a conllevar lo que ella encierra,
uno se paraliza, pose ido de sensaciones im pre vistas,
y de pronto surgen estas abruptas horas clarificadoras
en las que no culmina este vivir
pero deja de ser y se convierte en otras bregas.

Son muchos años en los que nuestro empeño cotidiano
ha creado esta viva encrucijada de experiencias mutuas,
de realidades comunes,
y que en estos días de inolvidable in-somnio
te confieso.

De tal manera nos hemos retocado tantas veces y, por qué no,
también hecho de nuevo
y hasta saboreado la serena inmediatez
de lo que ya es.

Quizás sea útil re-ojear, ver las viejas anotaciones,
dudar de lo que no se duda por vivido,
porque, en último término, quizás no se haya sido.
Transcurren díasmesesaños y en su caudal imperceptible se arrastra todo movimiento.
De ahí que no es posible dejar de hacer,
pensar que es el momento de la total re-lajación
y más aún que así se abren simpuertas a la felicidad.

Todo ello te confunde y, abrumada, llegas a asegurarte, satisfecha,
que lo necesario está a la mano.
Dicho de otro modo, estás bien, eres feliz, eres.

Cuando los hechos te golpeen y sus rastros se agolpen en tu rostro
y respires dolor tan pronto te despiertes,
comprobarás cuántas falsas apreciaciones erigiste
y cómo esa irrealidad soportó la pestilencia de los goces reales como lides.
Es bueno, pues, que te eches llave, no sigas trajinando puerto en puerta
porque si pro-sigues ya estás muerta.

Surge tu conocido, mi in-minente vacío;
en él ya no se sientan ni sienten mis amigos.
Ancho es este talud de la distancia que veo en todas las circunstancias.
No hablas sino contigo o no hablas,
las noches son más largas y el frío llega hasta los huesos;
cunde un mutismo que todo lo envejece
y re-vierte de afuera a adentro de tu oculta faz,
hecha claudicación que no sub-yugo.
Mas, en cambio, te miro. Sé que no puedo juzgar y juzgo,
que entonces vivo con tu espera.
Y que se vive mal, adentro y fuera.

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