jueves, 1 de diciembre de 2011

El ahorro es la base de la fortuna... de los otros...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Otra postal retardada de un 2004 de dibujo impreciso.

La buseca no me gusta -
Esa es una comodidad intelectual. Bien podrías olvidar las invitaciones a comer que traspolaron tus sabores -
De todas formas, no puedo decirte lo contrario, porque decida comer en el barrio o en mi casa. La buseca no me gusta –

- Me parece que estás agrandado ya que desde hace un tiempo, dejaste en el pasado las milanesas, algunas ravioladas y quizás en el olvido, los bifes anchos de hígado y espesos, sin olvidar las albóndigas fritas -

Me sentí humillado por la deriva de la charla que tenía lugar frente a una fuente gigante de anchoas -aceite de oliva mediante-, que navegaban plácidas esperando turno. A su lado, gratificando la ausencia de soledad, aguardaban perfectos cortes, tostados de pan, untados con salsa tártara.

Teníamos, delante eso sí, como dos columnas dóricas, sendos vasos altos, conteniendo aperitivo francés anisado, potenciado por un toque de Cointreau, que le sumaba sabor muy particular. Es decir que el rumbo de la disputa estaba trabado por el entorno y los servicios, restándole seriedad

-como siempre- a estas discusiones que sosteníamos con Yon, a la hora de las recriminaciones, que solían coincidir con ese brindis previo.

Le dediqué una nostálgica mirada a la escuadrilla gris de lomo, morada de vientre y dejé para luego proseguir defendiendo mis preferencias.

El lugar, en realidad un link de golf, reciclado en medio de la vegetación, todavía furiosamente verde, reunía fantasías suficientes para no querer partir.

Teníamos tiempo siempre lo teníamos – puesto que el vasco había ordenado “Rabas a la Eibar”, una creación suya que iba dejando, como los chicos estampitas en el tren, para que quedara su plato registrado en la lujosa carta que se entregaba a los recién venidos.

Yo sostenía la secreta esperanza de que el blanco elegido fuera Chardonay, puesto que la cepa me simpatiza, en realidad me enternece, ya que provoca bucólicas evocaciones, pero para ese momento faltaba tiempo; incluso antes, a las extrañas tertulias de Yon, le habían asignado su protocolo a cumplir.

Curiosamente, sólo algunas parejas flotaban en ese paisaje irreal que, como ocurre en este país, era la viva contradicción con la postal que ofrecía la autopista próxima, en calidad de paisaje urbano.

“Es brutal como se ensaña”, igualito que en el tango, la realidad que debe acomodarse.

El maître y un reducido cortejo, en tanto, en los lugares umbríos, apagaban luces discretas, cambiaban otras para sumarse a la cruzada cu.lo.ro.to., sigla paradójica que define a la cumbre local rocambolesca total; entidad dedicada, entusiastamente, a defender causas perdidas; proponer reivindicaciones delirantes, como recuperar los buenos modales, saludar a conductores de colectivos y taxis, decirle buen día al vecino que nunca vuelve la cabeza cuando lo cruzamos, tarea en la invierten horas de congresos y convocan a prestigiosos opinólogos, en cuestiones solidarias, aunque cuando estos llegan, dejan el Rover, estacionado a diez cuadras en una cochera subterránea.

La Fundación era la que venía a reclamar ante el vasco, buenos oficios, para hacer llegar su petición sobre que las luces de la casa de gobierno, el ministerio de economía, todas las dependencias oficiales del gobierno nacional, municipal de la ciudad de Buenos Aires, para generar ejemplos imitables, dejen de tener durante las 24 horas, encendidas las de sus edificios.

Traían como ejemplo el gesto de Caroso el escribidor de Almagro, que reactivó el legendario Primus para menudencias tales como prepararse la comida y calefaccionar su ambiente -para no exagerar la comodidad-, con el heroico braserito que lucía, orgulloso, una latita de tomate al natural CICA, portando trozos de eucaliptus para que el anhidirido carbónico que le llegaba al dormir tuviera olor a menta.

El escribidor, por supuesto, ponderó la adrenalina provocada por el gesto y que lo llevara a apostar con su vecino Malinche, si amanecía vivo después de respirar buena parte de la noche la portentosa combinación. Se enfervorizaba al explicar ante el auditorio, escéptico, reticente, cariacontecido, los beneficios por lograr una patria libre, justa y soberana desde ese esfuerzo colectivo. Mucha bola no le daban.

Pero los visitantes traían una clave más pesada, pedirle al ministro Aníbal Fernández, la tercera foca argentina, segunda en un mismo gobierno, el plan salvador para paliar la crisis energética durante el invierno que se viene y sería solución para propios y extraños.

- ¿De que se trata? – fue la consulta distante de Yon a quien parecía encabezar la delegación, que lucía como distintivo identificatorio, la blanca suela de un zapato calibre 45 en la base posterior de su jean negro, para que el mensaje fuera claro en sus presentaciones.

- Nuestra propuesta consiste en marchar a Plaza de Mayo encabezados por Blumberg, Castells, Alderete, cuyo apellido reúne la cacofonía adecuada a la confección de los cantitos, el perro Santillán, para que sepan que la frase “ladran Sancho” es una verdad casi cierta, como la realidad y otros respetables protestadores a plazo fijo, conducidos por Carlos Heller, decididos a que el espíritu credicooperativo no fuera cuestionado.

Casi como aquello de la sangre que nunca sería negociada, aunque hay quienes aducen que buena parte de ella se encuentra invertida en Barcelona, porque suscriben que siempre que llovió paró.

-Está bien. ¿Pero que debo decirle a Fernández? –

Yo pensé en un buen destino para esa respuesta, pero la gente se me anticipó.

-Que marchamos para mostrarle nuestro acuerdo con el aumento de sueldos a los funcionarios que los va a llevar de tres a seis mil pesos, pero que esa diferencia en la liquidación se aplique a pagar las multas de los que no puedan hacerse cargo del aumento derivado de los ahorros por la crisis energética y de esa forma, quizás empatemos las cuentas y podamos decir que, “para el pueblo lo que es del pueblo”.

Cuando las empresas, patrióticamente inviertan para corregirla, esa generosa contribución de nuestros funcionarios, podrán pasar por caja a cobrarla.-

Yon se quedó mudo. Yo con la boca abierta, como siempre y una abeja peregrina, casi instala un panal de micro emprendimiento en ella. Me quedé espantado por la esperanza de esas miradas y me volví para beberme la copa, a sus espaldas y recuperar la fe en los pigmeos orientales, que anunciaron victoria, por la vuelta; brindé por eso.

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