jueves, 15 de diciembre de 2011

Las pretensiones de los vendedores de ilusiones

Emilio Romero (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Existen vendedores de ilusiones de todos los tipos y para todos los deseos. ¿Usted quiere ser rico y feliz? ¿Desea conquistar a su príncipe azul con una respetable cuenta bancaria? ¿Está deseando un pasaporte seguro hacia el cielo? ¿Desea alcanzar la iluminación sin grandes sacrificios? ¿Quiere solo mejorar su suerte? ¿Quiere prosperar en sus negocios?

Quédese tranquilo, nunca faltará un sinvergüenza de grave apariencia y palabras solemnes que atenderá a sus deseos. No promete la lámpara de Aladino, pero una buena alfombra oriental le permitirá ir mucho más lejos.

Entre todos estos vendedores de ilusiones existen los llamados esotéricos. No son los peores, hasta algunos de ellos son gente estudiosa y bien intencionada.

Los escritores esotéricos -esos que enseñan que existen poderes superiores, ocultos, que gobiernan los destinos del mundo- me dan la impresión de que esconden algunas cartas de la baraja, pretenden ganar una partida usando alguna triquiñuela. Insinúan que saben mucho más de lo que revelan. Pretenden estar en posesión de una ciencia más competente. Sugieren que conversan con un Dios desconocido y que saben espantar los demonios. Más aún, muchos de ellos afirman que tienen libre tránsito para el más allá. Tremenda pretensión. Swedenborg (1780) iba y volvía del cielo y del infierno como si fuera a visitar a su abuela; era lo que afirmaba.

Los más sensatos afirman que si usted sigue sus enseñanzas, alcanzará la vía de la perfección y el camino de la salvación. Los menos preparados se apoyan en un libro como fuente de toda sabiduría, cuyos preceptos bastaría seguir con paciencia para alcanzar alguna especie de iluminación.

¿Cómo creer en tanto prodigio?

Hablan de que su ciencia estaría en condiciones de inventar una nueva humanidad, que sus poderes precisan ser resguardados para evitar una catástrofe en caso que caigan en manos de hombres perversos.

Lo peor es que parecen ignorar las condiciones concretas de la existencia de la inmensa mayoría de los seres humanos, como si la miseria de toda esa gente fuese simple confusión de sus mentes, mera consecuencia de la supuesta ciencia secreta. La mayoría de los gurús que circulan por Occidente pregonan que la perdición del hombre está en su materialismo y falta de espiritualidad, pero ellos, generalmente hindúes, se enriquecen a costa de sus seguidores. ¿Acaso Bagwan Rajneesch, conocido también como Osho, no tenía una colección de Rolls-Roys y un avión de su propiedad? Como ve, un santo varón.

Gurjief y madame Blavatsky, (1) siempre muy reverenciados, (*) nunca escribieron una página sobre los factores materiales que atormentan a la mayoría de los mortales. Jamás mencionaron en sus escritos los factores económicos como los determinantes de las horribles diferencias existentes entre los pobres y los ricos. ¿Acaso vivimos de la brisa vespertina y del canto de los pájaros? Parecen ignorar la importancia de la distribución de la riqueza en el bienestar y entendimiento de los hombres; parecen juzgar natural que una minoría de 15 a 20% posea 70% de la riqueza, mientras 80% agarra el 30%. Una doctrina que se presenta como la única forma de liberación de los seres humanos, de los males del mundo no puede ignorar las perversiones del poder económico, que favorece a unos pocos y condena a la pobreza a la inmensa mayoría.

¿Cómo creer una palabra en lo que pregonan, si pasan por alto las injusticias del sistema social? ¿Acaso las personas son individuos autónomos, independientes del sistema social? ¿Acaso la vía espiritual que proclaman puede ignorar el espíritu de su época, y especialmente, del sistema social que impone su ley y sus normas?

*) Cito estos dos nombres muy conocidos, sin ignorar que tienen méritos notables, pues también ellos combaten el orden social dominante, aunque su propuesta señale una vía de superación puramente individual, apropiada para pequeñas elites, lo que jamás implicaría cambios estructurales significativas del sistema.

1) Gurjief: Encuentro con hombres notables Madame M.Blavatsky: La Doctrina secreta

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