viernes, 9 de diciembre de 2011

Tarik Carson, un escritor de raza

Pablo Dobrinin


Tarik Carson es uno de los mejores escritores del Río de la Plata. Sin embargo, como ha publicado en editoriales pequeñas o de escaso tiraje, su obra no es tan conocida como debería serlo.

Pese a ello, ha sido elogiado por numerosos críticos y cuenta con buen número de adeptos. Es reconfortante que este escritor uruguayo sea tan querido en el exterior. Lo han premiado numerosas veces, y entonces no nos extraña cuando en revistas de ciencia ficción de Argentina los jóvenes y no tanto lo llaman cariñosamente "el maestro". Y es que Carson genera un veneno sutil que seduce y conquista. Ahora que escribo esto, me parece estar repitiendo las palabras de Lautréamont: No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo. Casi siempre en el límite entre la realidad y la ficción, el autor va generando un clima opresivo que se va instalando en el lector como una enfermedad. Después que uno termina de leer un relato suyo, tiene la sensación de quedar atrapado en un silencio onírico, poblado de fantasmas.

Para Carson, lo fantástico no es nunca un mero decorado, sino una situación privilegiada donde el mundo se despoja de sus vestiduras y revela su naturaleza desaprensiva. Su arte tiene huellas de los maestros anglosajones de la ciencia ficción, pero también de Lautréamont, Cortázar, Felisberto Hernández y Roberto Arlt, con quien comparte la habilidad innata de escribir desde las entrañas y con un vigor extraordinario.

Siempre he creído que —a grandes rasgos— existen dos tipos de escritores. A nadie se le ocurriría pensar que se encuentran en estado puro, sin embargo, esta distinción suele ser bastante ilustrativa. Por un lado tendríamos a los "escritores profesionales" y por el otro a los "artistas". Los primeros se concentran en su obra (una novela, por ejemplo), piensan al escribir en un mercado, utilizan un tipo de escritura llana que se aproxima al español de traducción y a lo que se suele inculcar en los talleres literarios, y si tienen fortuna pueden acceder a una condición que les permita vivir de su literatura. Los segundos se concentran en sí mismos, hacer una "obra" equivale a recorrer un paisaje interior. Esto los lleva a repetir sus obsesiones, bajo diferentes formas pero con similar fondo. El continuo bucear dentro de sí mismos los hace desarrollar una escritura más personal, con una carga importante de dolor o rebeldía. Escribir no es un trabajo sino una necesidad. El triunfo difícilmente los catapulte a ser el best seller del mes o del año. Para ellos existe un triunfo más importante y más noble: el eterno reconocimiento de aquellos lectores que han sido "iniciados" en la buena literatura. Naturalmente Carson pertenece a este grupo.

Su tema es el ser humano, pero siempre partiendo de él mismo. Confiesa sentirse identificado con sus personajes perdedores, pero no se limita a un trabajo de introspección. A la obra de arte, como a la muerte, explica el autor, se la debe enfrentar solo. Pero tratando de que a uno se le agudicen los sentidos, para que pueda percibir y sopesar el universo que le rodea. El mundo que nos describe es violento y degradante, y los hombres no pueden o no quieren hacer nada para cambiarlo.
Un riverense buscando oportunidades

Tarik Carson da Silva nació el 23 de agosto de 1946 en la ciudad de Rivera. Conoció muy poco a su padre, que reside en Brasil, y fue criado primero por su abuela y luego por su madre. En 1963, ella huyó a Montevideo de un matrimonio desde el principio destruido, y lo llevó a estudiar y a ver si iniciaban una vida algo mejor. Buscaban "oportunidades".

Vivían en una piecita frente al Parque Central, a unas cuadras del club Nacional de Fútbol y de 8 de Octubre. Mientras ella trabajaba en una fábrica, él estudiaba educación física, carrera que debió abandonar dos años después por razones económicas. En Montevideo, fue aprendiz de carpintero, oficinista, cajero. Todavía cree que el peor error de su vida fue haber un dejado el empleo que tenía en una oficina de seguros de enfermedad, "porque hoy", señala, "estaría jubilado con un buen sueldo, pudiendo hacer lo que quisiera con mi tiempo". Tener tiempo para crear siempre fue para él una obsesión, como para todos los artistas que provienen de una familia humilde. Si bien una vida de sacrificios ayuda a templar el espíritu de un escritor, también es cierto que le restan posibilidades de dedicarse a su obra.

Durante esos años estudió en horarios nocturnos: inglés, psicología y literatura en la Facultad de Humanidades, y dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Aunque nunca terminó ninguna carrera, todo esto dejó en él un sedimento cultural que más tarde sería aprovechado en beneficio de su arte.
Un escritor de raza

En 1965, empezó a escribir novelas y fundamentalmente cuentos. Los reconocimientos no tardaron en llegar. En 1968, obtuvo premios literarios en los concursos de la Feria Nacional de Libros y Grabados de Montevideo, y, en 1969, la Revista Brecha le otorgó un primer premio por un relato que estaba destinado a darle un dolor de cabeza: "Por la patria".

En 1970, co-fundó y editó la Revista Universo con un grupo de jóvenes escritores y pintores. Aunque la publicación no pasó de los tres números —vieja costumbre de las revistas nacionales— en ella Carson se destacó como una de las figuras más prominentes. Incluso, como años después lo recordaría "Marlow & co" en una nota de El Popular, alguno comentaría que lo mejor de ella era ese "gringo" que escribía esas "cosas terribles". Lo curioso es que ese escritor, de nombre tan atípico que hacía pensar a algunos que no era uruguayo, tuviese una voz tan personal y contundente siendo sólo un muchacho de veinticuatro años.

Cuando, en 1973, la editorial Géminis le publicó un volumen de cuentos, El Hombre olvidado, ya se hizo más que evidente que estábamos frente a uno de los llamados "escritores de raza".

En este libro, Carson hace un soberbio trabajo de demolición. Nada parece escapar a su visión irónica y mordaz: la política, el totalitarismo, la tortura, el progreso, el fanatismo, la historia, y hasta la ciencia que avanza con botas de ogro. Todo lo que sea necesario para demostrar que el ser humano es la peor de las bestias es volcado en estas páginas. Al leer alguno de los cuentos, como en el que da nombre al libro, sentimos que deberíamos remitirnos a Sade o a Lautréamont para encontrar en las letras una expresión de semejante violencia.

El volumen incluye, entre muchas joyitas, Por la patria, el polémico relato ganador del premio de Brecha. En este cuento tempranero (1968), Carson plasma algunos de sus rasgos esenciales, como la crueldad, el desamor y el desprecio entre las clases sociales. Lo que luego le traería severas críticas es un fragmento en el que un ladrón —con aspiraciones a político— se lleva una "sierva" de Pocitos a un comité, y mantiene con ella relaciones sexuales, utilizando como colchón las banderas de la patria.

Si bien, la crítica le señaló algunos defectos o imperfecciones formales, más que comprensibles en una obra primeriza, no por eso dejó de destacar sus logros. Ante todo, su condición de escritor nato, como apuntó Gustavo Seija en las páginas de El País.
Dictaduras rioplatenses

Sin embargo, como advertirá el lector, un libro de ese calibre, editado en aquel período histórico del país, no podía considerarse menos que "políticamente incorrecto".

Carson recuerda que, ya en plena dictadura, "en un diario muy leído" salió un comentario breve que atacaba duramente a "El Hombre Olvidado". Un "crítico" que firmaba con seudónimo, apuntaba que el volumen contenía un cuento ("Por la Patria") que se escarnecía sobre los símbolos patrios. Y sugería que el autor debería ir preso. En ese ambiente cargado de terrores y sospechas, el libro fue prontamente retirado de las librerías.

A pesar de que las circunstancias no eran las propicias, en 1975, se reunió con un grupo de amigos para editar una revista de arte, plástica y literatura que se iba a llamar Palabra. Era un proyecto importante, en un momento en que todo estaba congelado por el miedo, pero alguien del ambiente delató que en ella había nombres de comunistas y nunca llegó a salir. El director Ariel Méndez fue detenido y el propio Tarik Carson debió soportar un allanamiento en su domicilio particular.

Al año siguiente, emigró a Buenos Aires. Quería escapar de la situación política y pensaba que en el país vecino podría tener posibilidades de ganar dinero, obtener más tiempo para el ocio y poder así desarrollarse como escritor. Pero tuvo tanta mala suerte que llegó justo cuando la dictadura argentina acababa de instalarse.

Los tres primeros meses, trabajó al frente de una fiambrería. Luego su hermano lo inició en el oficio de la orfebrería, actividad que todavía mantiene. En Buenos Aires, volvió a padecer un nuevo allanamiento. Aunque había traído algunos libros del Che y otros libros de política que podían involucrarlo, tuvo la presteza de deshacerse de ellos a tiempo y la policía sólo encontró un montón de libros de ajedrez y otros de budismo.

Al principio, Carson tenía simpatías por la izquierda, pero jamás se afilió, ni estuvo en la lista de ningún partido. Él cree que probablemente por eso se salvó. Con el correr de los años, llegó a la conclusión de que todos los partidos "están hechos del mismo barro", y que los mejores sistemas políticos son aquellos, no importa la nomenclatura, donde no hay espacio para la corrupción, y cada uno tiene posibilidades en función de sus talentos.

El reconocimiento de la crítica

Una prueba de que las cosas no fueron tan sencillas como esperaba es que hasta 1980 no volvió a escribir. Comenzó luego a publicar en revistas y antologías rioplatenses. En 1985, ganó un premio de Editorial Banda Oriental-Olivetti, y al año siguiente la editorial Monte Sexto le publicó El corazón reversible, un volumen de cuentos que merece ser considerado un hito en las letras rioplatenses. Se lo advierte aquí más maduro y con un mayor dominio del lenguaje. En términos generales la brutalidad y la sátira han dado paso al misterio y la alegoría. Trabaja excelentemente bien los aspectos psicológicos en La muerte de los reflejos insoportables y los simbólicos en El corazón Reversible. Pero particularmente sobresalen dos cuentos que toman al artista como tema. En Un sueño viejo y oculto, el autor nos muestra a un ser que ha desarrollado una extraordinaria sensibilidad artística, y que por eso mismo tiene dificultades para hacerse comprender por la gente corriente. La incomunicación incluso es a veces patente al nivel de las frases, con alteraciones sintácticas del tipo: "La necesidad de". "...a veces la forma de la expresión sale de lo común y la gente no". "Percepciones Extrañas" es probablemente el mejor y más cautivante relato escrito sobre el mundo del arte, y sin dudas uno de los mejores del propio Carson. La singularidad del artista, su vida a menudo lastimera, la incomprensión, el anhelo de trascender el mundo de los vivos; todo parece concentrarse allí de manera maravillosa. Y lo mejor, es que más allá de todo lo que se dice sobre las obras y los artistas, el autor ha sabido transmitir la necesidad de preservar el misterio de la creación. Con esta colección de relatos la crítica no tuvo más remedio que reconocer el trascendente aporte de Carson, y a partir de aquí conquistó un sitial de privilegio en el que se mantiene por derecho propio. Por ejemplo, Alejandro Paternain (en Aquí) se refirió a un narrador con voz propia, que parece no deberle nada a nadie y calificó los cuentos como textos ácidos, desengañados y valiosos. Claudio Barbeito, en la revista Cuásar, reconoció su estilo personal, lo calificó como uno de los mejores escritores fantásticos y de terror de estos pagos, y señaló que estábamos frente a una colección de relatos de una calidad difícil de alcanzar en la literatura latinoamericana de estos años, si exceptuamos a los pocos grandes que quedan vivos. Con El corazón reversible, Carson efectivamente se consolida como narrador, al tiempo que comienza a cosechar críticas entusiastas, no solo en el Río de la Plata, sino también en EE UU.

Aunque su fuerte son los cuentos, también escribió excelentes novelas. La primera de ellas, Una pequeña soledad (1986) aborda el aislamiento y los deseos de ganar prestigio social desde una perspectiva satírica. En 1989, ganó el Premio Más Allá, que se otorgaba anualmente en Buenos Aires, a la mejor obra de ciencia ficción, por su novela corta El Estado Superior de la Materia (que luego rebautizaría como Ganadores). Este mismo premio lo volvió a obtener dos veces más en años posteriores por los cuentos largos La Garra Perpetua y La Perfección del Anzuelo. Luego, en 1995, obtuvo con Océanos de Néctar (otra obra de c.f.) el segundo premio en el Concurso Latinoamericano de Novela Onetti-Rulfo.

Desde el primer relato publicado en libro (Ogedinrof, en El Hombre Olvidado), la ciencia ficción de este autor riverense ha mantenido una constante. Más que preocuparse de inventos o tecnologías futuras, busca ser una ácida crítica de la condición humana. La palabra progreso es casi siempre una burla en sus labios. Aunque la dictadura puede haber dejado su huella en el planteo de sociedades opresivas o en la figura de un personaje como el torturador, el autor se ocupa de señalar (en Ganadores) lo fundamental de su planteo. No importa que antes haya habido un gobierno de emergencia nacional, y ahora estén los hombres de empresa y sus banderas de libertad...Todos nuestros problemas surgen por esta condición humana.

Ya hace años que Tarik Carson no escribe, aunque no es de extrañar que dos por tres aparezca un cuento suyo en alguna revista argentina, ya que todavía conserva varios y muy buenos relatos inéditos. Continúa ganándose la vida con la orfebrería, y los fines de semana se dedica a pintar. Según él, allí todavía es posible encontrar la belleza.
Los Libros de Tarik Carson

El Hombre Olvidado, cuentos (Ed. Géminis, Montevideo, 1973)

El Corazón Reversible, cuentos (Ed. Monte Sexto, Montevideo, 1986)

Una Pequeña Soledad, novela (Ed. Filofalsía, Buenos Aires, 1986)

Ganadores, novela (Ed. Proyección, Montevideo, 1991)

Océanos de Néctar, novela (Ed. Electrónica Axxón, Buenos Aires, 1992)

Además ha publicado cerca de cuarenta cuentos en revistas, diarios y antologías en Francia, España, EE.UU., México, Uruguay y Argentina.)…”

“Y al final una luz... Tarik Carson y la Pintura


Tarik Carson es un escritor notable, pero en cierto sentido es mucho más que eso, es un artista. Para él, la literatura es un vehículo para la expansión del yo —como decían los surrealistas— pero ciertamente no el único. Ante la imposibilidad de vivir de la literatura, algo que tuvo en claro desde muy temprano, debió ganarse la vida con distintas profesiones. Una de ellas fue la orfebrería, que es aún hoy lo que le sigue dando el sustento. Con ella, al igual que con sus relatos y novelas, también obtuvo premios. Pero no se acaban aquí los reconocimientos de que fue objeto, sino que en los últimos años se ha dedicado a la pintura, y nuevamente cosechó premios. Pienso que si se hubiese propuesto ser músico, también habría sido apreciado. Él es primero un artista y luego cualquier otra cosa.

Cuando me enteré de que pintaba, pensé sería algo así como la representación visual de su literatura, pero me equivoqué. Si uno considera la obra literaria de Carson podría llegar a afirmar que se trata de un gran fresco expresionista, en cambio, su pintura se inscribe dentro del surrealismo, con influencias sobre todo de Miró y Tanguy. Huxley diría que Carson redescubre los colores "surreales" de los sueños, y Breton seguramente afirmaría que él efectivamente "vio".

Tarik Carson encara el acto de pintar como un hobby, en el sentido de que no lo hace para ganar dinero sino para "distraerse". Esa distracción no quiere decir que no le dé importancia a lo que hace, sino más bien que a él le sirve para relajarse. Observando sus cuadros, uno siente la felicidad del pintor cuando los creó. Se abandona a la pintura como a un sueño. Los colores y las formas surgen con libertad absoluta para expresar su voluntad más íntima. En ocasiones, los personajes se ven pequeños en los oníricos escenarios. La realidad, inabarcable, satiriza las pequeñas vidas de los hombres. Una estética naif disuelve los terrores. Otras veces, en una paradójica naturaleza muerta que rebosa de vida, una suprarealidad se hace presente y palpita en los colores espectrales. Y como si bastase algo para mostrar el gran cambio que se ha operado en Carson, en un gran acto de desprendimiento, abandona las formas, crea otras nuevas, y abre colores siderales en la noche del espíritu…

FUENTE: http://axxon.com.ar/rev/174/c-174ensayo1.htm

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