viernes, 11 de febrero de 2011

Dos poesías árabes

Mourid Barghouti

Tomado de “A Small Sun”, 2003. Traducción de María Soledad Sánchez

También está bien
También está bien morir en nuestra cama
sobre una almohada limpia
y entre amigos.
Está bien morir, una vez,
con las manos cruzadas sobre el pecho
vacíos y pálidos
sin arañazos, sin cadenas, sin banderas,
y sin pedir nada.
Está bien tener una muerte sin polvo,
sin agujeros en la camisa,
sin marcas en las costillas.
Está bien morir
con una almohada blanca, no la acera, bajo las mejillas,
las manos descansando en las de los que amamos
rodeados de médicos y enfermeras desesperados,
sin nada pendiente salvo una elegante despedida,
sin prestar atención a la historia,
dejando el mundo tal como es,
esperando que, algún día, algún otro
lo cambie.

Interpretaciones
Un poeta está sentado en un café, escribiendo:
la anciana
cree que está escribiendo una carta a su madre,
la joven
cree que está escribiendo una carta a su novio,
el niño
cree que está dibujando,
el hombre de negocios
cree que está meditando una transacción,
el turista cree que está escribiendo una postal,
el empleado
cree que está calculando sus deudas,
el policía secreta
camina lentamente, hacia él.

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¿Quo vadis, mundo?

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTUAL)

La salida a las calles en Egipto, por un momento, fue oxigenante. Era como un volver a vivir Francia del 68, los hippies en Estados Unidos, las revueltas en Latino América pidiendo que se terminaran las dictaduras. Me atrevería a pensar que esta erupción del pueblo egipcio tomó al Imperio de sorpresa, y que debieron apelar a sus famosos “tanques pensantes” para poder contrarrestar semejante impertinencia.

Las inmediatas recomendaciones por parte de Obama y Hillary y la preocupación de Israel, no dejaron demasiado dudas sobre quién manda en la zona petrolera y, sobre todo, en el Canal de Suez. Por un momento, se intuyó el fantasma de Nasser redivivo, se percibió un pueblo que tuvo la osadía de querer dirigir su propio destino y las reacciones y el juego sucio a que ya nos tienen acostumbrados los que se auto titularon dueños de la verdad y de Dios hace bastante tiempo, no se hicieron esperar demasiado.

Como cerrando frentes, Obama en su desayuno con oración del jueves 3 decidió reafirmar su condición de cristiano, religión asumida hace unos 20 años para, de paso, desacreditar a los que lo acusan de musulmán. Es decir, hubo un posicionamiento del bando de “los buenos muchachos” y quedó en evidencia que sigue vigente el axioma de que Dios, o Jehová, o como quieran llamarlo, está firmemente de su lado.

No necesitan dar explicaciones de por qué el famoso “Señor” que supuestamente creó el mundo, los ha eximido del cumplimiento del mandamiento de “No matarás” o sólo se ha dirigido a un pueblo en particular, ignorando a los millones de seres que existieron en distintas partes del planeta antes de su aparición a Moisés, como si hubieran sido de otra especie, no la humana.

Convengamos en que entre las prioridades de la sub -especie rapaz cada vez más poderosa, más armada, más depredadora, no figura el “honrar la vida” tan bien expresado por Violeta Parra y es hora de asumir que su arrogancia y su ceguera acumuladora están poniendo en serio riesgo la supervivencia del mundo, de nuestro mundo, como desde el comienzo de los tiempos lo han venido haciendo todos los seres que se erigieron como superiores, con derecho a llamarse reyes, emperadores, líderes mundiales, siempre utilizando a sus esbirros para acallar a los “pobres de espíritu” en sus demandas, a explotarlos, a crucificarlos si osaban rebelarse, como en el caso de Espartaco por sólo dar un ejemplo.

Durante siglos han venido usando la capacidad creativa de hombres y mujeres para su propio beneficio, aunque ninguno, que yo sepa, ha logrado trascender la mortal condición humana que, como toda forma de vida, tiene un principio y un fin ni han podido llevarse a ese lugar de supuesta eternidad nada de lo que acumularon merced al esfuerzo y dolor de tantos seres inocentes.

Sin embargo, siguen pretendiendo tener contactos que los hacen poderosos, poniendo caritas de “yo sé, yo puedo, yo merezco” y, convengamos en que han logrado convencer a grandes números de seres de su presunta superioridad.

Sigo sin comprender cómo una madre o un padre puede entregar a su hijo o hija para convertirse en parte de la máquina de muerte y destrucción que es la fuerza armada de un país, como tampoco comprendo la sumisión con que los pueblos permiten que las clases políticas los usen para sus propios designios, como si fueran peones en un tablero de ajedrez y hasta los vitorean, los miran con admiración y les creen sus burdas mentiras.

Mirar los noticieros provoca pánico, no por las noticias en sí, sino por sentir que todo está siendo digitado para nuestra estupidización, para nuestra orwelliana pasividad ante el Hermano Mayor que no sólo nos vigila, sino que hace de nosotros meros títeres. Como con el famoso “soma”, sustancia descripta en Un Mundo Feliz, las distintas drogas que siguen extendiendo su clientela de adictos y traficantes, contribuyen también al estado de no-conciencia, no –discernimiento que ayuda a expandir el modelo, mientras zonas como Latino América sufre el flagelo de los carteles y de las tropas Usanas que dicen vienen a combatirlos.

Todo está dirigido a que no logremos pensar por nuestra cuenta, que no percibamos que cada día se nos inventa una nueva necesidad que no es tal, mientras se saquea la tierra y sus recursos naturales , alternando los miedos que se infunden a las nuevas generaciones con los circos mediáticos para que creamos que nos estamos divirtiendo.

Ah, casi me olvidaba, Shakira y su pareja, o ex pareja, no se sabe bien todavía, han logrado adquirir siete mansiones en distintas partes, Si se separan, deberán repartírselas, pobrecitos con lo que cuesta mantener esas residencias que pocas veces logran visitar.....

Y el príncipe Carlos, y su elegante noviecita, guardan muy bien el secreto de los reales atuendos que usarán en su boda. Quién sabe, si estamos bien atentos a la TV, en algún momento algún sagaz periodista nos podrá dar la pista de lo que van a poner sobre sus reales cuerpitos.

Mientras, sigamos con atención todo lo que los especialistas en distintos temas tienen para decirnos sobre “cómo eliminar la grasa de nuestro abdomen”, “cómo hacer para no tener ni una sola arruguita en nuestra carita”, “cómo lograr que nuestro perro nos respete y obedezca”, “cómo usar inteligentemente nuestras múltiples tarjetas de crédito” y muchísimos “cómos” más, cosas sumamente vitales, sobre todo si fuera cierto lo de la predicción maya esa, que convenientemente vendría a reforzar el Apocalipsis que figura en ese librito llamado Biblia, tan en boga y difusión por parte de los cada vez más numerosos y prósperos pastores.

Hermanos, a despertar, es casi la hora de levantarse.

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A Miguel Hernández

Winston Orrillo

Rescatado con motivo de su centenario

A este Miguel que al barro condecora
a este pastor de célicos rebaños
a este perito en lunas y pesares
enamorado fiel de caracolas

le sobra el corazón: nos lo regala.
Recibimos su sangre encarnizada
su herencia de naufragios invisibles
de claros versos puros pedregosos.

Hasta Orihuela va la pluma mía,
buscándote, Miguel, entre tu pueblo,
buscando, ruiseñor de las desdichas,

tus huellas en los huertos que erigiste.
La cárcel, entre tanto aherrojaba
tu suave surtidor, oh silbo herido,

la cárcel y la muerte, jazminero,
para tu roja voz enamorada.

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A Miguel Hernández


Winston Orrillo

Rescatado con motivo de su centenario

A este Miguel que al barro condecora
a este pastor de célicos rebaños
a este perito en lunas y pesares
enamorado fiel de caracolas

le sobra el corazón: nos lo regala.
Recibimos su sangre encarnizada
su herencia de naufragios invisibles
de claros versos puros pedregosos.

Hasta Orihuela va la pluma mía,
buscándote, Miguel, entre tu pueblo,
buscando, ruiseñor de las desdichas,

tus huellas en los huertos que erigiste.
La cárcel, entre tanto aherrojaba
tu suave surtidor, oh silbo herido,

la cárcel y la muerte, jazminero,
para tu roja voz enamorada.

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El identificador de textos

Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la academia todavía tenemos la manía de andar pensando cosas raras sin un propósito definido de antemano. Es una vieja tradición, con algunos casos célebres. Hay gente que se pasa la vida tratando de descubrir por qué las polillas se posan en un ángulo alfa en los meses de setiembre y marzo; o por qué decimos “aquí” en lugar de “acá”, and so on. Muchos fracasan, pero por cada uno que logra responder ese tipo de preguntas bizarras luego resulta que medio pueblo se salva de una catástrofe o termina masacrado por algún hombre práctico que no pierde su tiempo en descubrir “por qué” pero está seguro en “cómo” aplicarlo a la realidad. ¿Qué se imaginaba Einstein que sus especulaciones de 1905 sobre la relatividad del tiempo terminarían en la bomba atómica?

Tiempo atrás estuvimos trabajando en un interesante programa que llamamos IT (Identificador de Texto). La idea se me había ocurrido hace varios años y es muy simple: toda existencia deja trazas. En el caso de la expresión de la escritura, la historia es conocida. La caligrafía tradicional se centra principalmente en el trazo del autor. Cada persona dibuja o da un énfasis particular a cada letra, a cada palabra. De hecho cualquiera puede distinguir, más o menos, el manuscrito de un hombre del de una mujer (y sus variaciones) o el manuscrito de un tímido del de un extrovertido, con sólo echar una mirada a la caligrafía. Algo parecido ocurría también en la era de las maquinas de escribir. Cada máquina tenía un golpe de letra particular, por lo cual no resultaba difícil identificar al autor de un texto anónimo si se localizaba la maquina. Para evitar esta identificación del anónimo, se inventó luego la misiva hecha de letras y palabras recortadas de los diarios.

En el mundo electrónico el anonimato pareció triunfar finalmente. Muchos lectores de diarios aprovechan esta creencia del anonimato inventándose seudónimos y descargando sus frustraciones ocultas en el travestismo de su identidad propia. Obviamente que cada vez que alguien pone un comentario anónimo en cualquier sitio graba su IP, el cual es expuesto al administrador de dicha página digital. Ni que hablar de un correo electrónico.

Pero aún así queda la posibilidad de que el anónimo use una computadora pública o se conecte en el wireless del parque más cercano o de la librería donde toma café. En países como Estados Unidos, resulta bastante difícil no encontrar un servicio gratuito de Internet o una computadora libre en algún restaurante o en alguna universidad. En Asia, África y en América Latina son más comunes los cyber cafes. A los efectos es lo mismo: el receptor muchas veces puede saber de dónde procede un mensaje X o el comentario de un lector registrado o sin registrar en un diario, por ejemplo, pero muchas veces no puede detectar directamente quién es el autor.

En el mundo digital no tenemos la caligrafía del escritor ni el golpe de tecla de la máquina de escribir, pero tenemos un rastro inequívoco, si se lo analiza a gran escala: la sintaxis y la gramática que, desde un punto de vista radical, es como las huellas dactilares de cada persona.

Como el tono de voz y como cualquier expresión humana, la gramática profunda de cada individuo es casi tan particular como su ADN. No hay en el mundo dos personas que escriban exactamente igual. Por supuesto que en el proceso de investigación y prueba, también consideramos y valoramos la autodeformación deliberada: faltas ortográficas realizadas a posteriori o intencionalmente, desplazamientos forzados de adjetivos o de sustantivos, una duplicación pronominal donde no la había, una variación en el dativo, un complemento indirecto redundante, una voz pasiva en lugar de la activa, eliminación de artículos o abuso de gerundios, de leísmos o de tiempos verbales como el pasado perfecto (más propio de España que de Chile, por ejemplo), adopción de estilos de clases sociales que le son ajenas al autor, etc.

No obstante, al igual que aquellos que escribían a mano intentaban deformar su propia letra para crear el anonimato, esta deformación es prácticamente imposible ante los ojos de un experto calígrafo. En el mundo digital no tenemos la ventaja del trazo de la mano en el papel pero, en cambio, poseemos un número de ocurrencias que multiplican varias veces las cartas a mano. Por otro lado, con el uso de una computadora especializada de poder mediano, es posible realizar millones de combinaciones sintácticas y gramaticales. Es aquí que, a partir de un determinado número de textos, la identidad se reconoce con una precisión que no deja dudas. Esta idea puede resultar extraña o compleja, pero es fácil de comprender si recurrimos a una metáfora: si una persona se saca una cantidad X de fotografías y en cada una cubre una parte diferente de su rostro haciendo irreconocible su identidad en cada una de las fotografías, evidentemente basta un número específico de fotos “enmascaradas” para tener el retrato exacto, desenmascarado, del hombre de las múltiples caras. Un experimento semejante se podría hacer con los diferentes personajes representados por un mismo actor. La combinación no arrojaría ninguno de sus personajes particulares sino el retrato del actor.

Este proyecto lingüístico tenía virtudes y defectos. La contra era que en cierta medida hubiese podido incrementar una práctica de “gran hermano”, de la cual somos todos victimas hasta cierto punto. La ventaja era que ayudaba a desenmascarar desde criminales hasta pequeños insultantes. Hubo un caso, por ejemplo, el de un texto firmado por un seudónimo que luego de testeado arrojó la identidad de un político algo conocido, sin mucha trascendencia.

Finalmente abandonamos el proyecto. Había más dudas que certezas sobre sus posibles aplicaciones. No obstante sabemos que no pasará mucho tiempo antes que alguien más se le ocurra la misma idea y, por supuesto, haga mucho dinero en el proceso. Porque uno de los fenómenos más interesantes de nuestro tiempo es ver cómo alguien o un pequeño grupo, en uso y abuso de su propio ingenio, logra que millones de personas trabajen gratuitamente para ellos. En casos, además, quienes trabajan gratuitamente lo hacen con pasión y alegría, ya que se sienten protagonistas y participes de alguna forma de poder o de liberación prefabricada.

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Peter Handke, un testimonio de la memoria subterránea

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el discurso que Peter Handke (Griffen, Austria, 1942) pronunció en el entierro de Slobodan Milosevic habló de “El mundo, el supuesto mundo”, para referirse a la realidad mediático-política que nos imponen como verdad absoluta. Más allá de las simplezas conservadoras que nos quieren dividir la vida en blanco y negro (buenos y malos de una mediocre película), y sin centrarme en el caso Milosevic, las palabras de Handke apuntan directo al centro de la mentira global. Sirven para mostrar los hilos invisibles que se utilizan para manejar la tierra. El mundo que vemos es una vestimenta ajena a la vida (y por ende a la naturaleza), los muchos mundos que existen (y que sangran a contra luz) andan por los subterráneos del planeta.


Peter Handke, alejado de la simpatía que hoy muestra un “gremio literario” empeñado en caer en gracia a la estupidez generalizada, compromete doblemente (en voz y técnica) su palabra. A paso de equilibrista atraviesa el hilo que comunica el borde del precipicio literario con el del precipicio político. Llega, escribe novelas sobre la incomunicación (interior y exterior) del ser humano, y regresa a la crónica para descomponer las piezas del puzzle social (y no detiene su viaje de ida y vuelta). Handke contradice, quizá como ningún otro intelectual (y vaya que reivindica la acción que hay detrás de esa palabra), el dogma capitalista que nos pretende hacer creer que “literatura y compromiso son dos vías que en la supuesta posmodernidad caminan por separado”. A la obra de Handke le llegamos por cinco caminos de alto brillo (y compromiso): la poesía, la novela, la crónica, el teatro y el cine. Y en los cinco senderos la llegada (que nunca es llegada porque siempre es camino) es de las más importantes que ofrece la literatura concebida en tiempos de aislamiento humano. En su escritura el lector deberá aceptar el reto de sentir que la palabra sólo es útil si nos sirve como puerta de acceso a un espacio (muchos espacios). La palabra, más que llegada, es una vía. Handke, como implosionista, dinamita palabras en uno y otro extremo del abismo. Y entre las ruinas del verbo encontramos los pedazos del mensaje que andábamos buscando (que acaso sea una réplica del individuo extraviado).

Peter Handke tiene varios libros que le aseguran un lugar en la mejor historia literaria. Desconocer eso, por más que algunos representantes de la cerrazón mental hayan pretendido silenciar su voz (la novelada), sería absurdo. No obstante, es mucho el estudio que merece su otra voz, la que habla en clave de crónica. En ese terreno el escritor enfrenta al individuo a un espejo donde su otro yo es la sociedad (y la nada. Como si todas las observaciones nos llevaran a un mismo punto: la desolación interior). El propio autor explica su transito por ambas rutas (la individual y la colectiva). De “El peso del mundo” (1977), ese libro que pudiera ser el diario íntimo de cualquiera, dice que “No es una narración consciente sino una crónica inmediata de las percepciones, fijada simultáneamente. La crónica de una conciencia individual publicada en forma de libro.” De “Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina o Justicia para Serbia” (1996) afirma que “Era sobre todo a causa de las guerras por lo que yo quería ir a Serbia, al país de aquellos a los que generalmente se les llama los ‘agresores’. Sin embargo, lo que me tentaba también era simplemente ver el país que, de todos los estados de Yugoslavia, era para mí el menos conocido y, a la vez, debido quizás precisamente a las noticias y opiniones que corrían sobre él, el que en aquel momento más me atraía…” Y guiado por la inconformidad que le impulsa a no aceptar la realidad mediática que nos cuentan, se convierte en testigo excepcional de las pequeñas (y múltiples) realidades que habitaban (y habitan) tras las puertas visibles de la guerra de los Balcanes (el humo invisible que permanece en el tiempo). Aquel libro de viajes, donde el observador nos contó los detalles hermosos y brutales (el día a día) que su mirada descubrió entre la vida cotidiana y la irrupción del fuego mancomunadamente extranjero (OTAN), significó un castigo público para el escritor. Los “grandes especialistas” de la opinión pública lo condenaron, según la historia exclusiva de ellos, a ser “amigo íntimo” de Milosevic y de los “serbios extremistas”. No obstante, la contemplación activa de Peter Handke no se detiene, más allá de la progresiva pretensión de censurar “democráticamente” el pensamiento crítico. Handke es, afortunadamente, un escritor que avanza a contracorriente de la mediocridad internacional. Su sillón de escritura lo usa para armar (el fuego luminoso del verbo) su palabra, nunca para dormir la siesta de la “intelectualidad” que se regocija de los “favores públicos recibidos”. En ese mismo recorrido por los sótanos de la saturación informativa, nos encontramos con la publicación de “Preguntando entre lágrimas. Apuntes sobre Yugoslavia bajo las bombas y en torno al Tribunal de La Haya” (2010), un nuevo libro de crónicas. Gracias a la reiterativa censura editorial (basada en la imposición de una oferta y de una demanda) la obra no ha sido publicada en España. El libro, demostrando que cualquier rincón del planeta sirve para trinchera de la causa humana, ha sido lanzado en Chile por Ediciones Universidad Diego Portales. Cecilia Dreymüller (Eifel Alemania, 1962), traductora, prologuista y aguda estudiosa de la obra de Handke, me dice que “Este libro, tal como está en español, no existe en alemán. Tuve la idea de hacerlo porque sentí que las posiciones de Handke respecto al tema de Yugoslavia necesitaban una presentación conjunta y contrastada. Busqué en vano un editor en España y al recibir negativas de varias grandes editoriales, Ignacio Echevarría me facilitó el contacto con los editores de la Universidad Diego Portales que estuvieron encantados con mi propuesta de libro, así que lo hice con ellos”.


“Preguntando entre lágrimas” es otra puerta que Peter Handke le abre a la realidad escondida (la que aplastan las potencias de tradición imperialista, con botas y con ideas impositivas). “Un anciano, de pie como yo ante el cordón, de repente y en silencio, me da un apretón de manos y se marcha. Pero, al darse la vuelta, percibo, no por primera vez en este viaje por Yugoslavia, que tiene los ojos humedecidos”. La palabra del escritor es un paso (una mirada) que se detiene en los dolores minúsculos que no reseña el tic tac del gran reloj informativo. Como la oncóloga que encuentra en el camino y lo recibe vomitando preguntas en medio de su espacio bombardeado: “¿Realmente somos tan culpables”?...Para que haya un sufrimiento así, debe haber antes una culpa. No puede ser de otro modo, debemos ser culpables. ¿Pero de qué? ¿Y por qué?” Y el observador descubre, otra vez, la lágrima del pueblo: “Y también ella tiene los ojos humedecidos…Pero no aparta los ojos inmediatamente, como antes el anciano en Belgrado; al contrario, nos los muestra frontalmente; los expone a la luz, al sol. Entre lágrimas preguntando, preguntando. Preguntando. Pretexto, tema para un escultor, pero, ¿para cuál?” “Preguntando entre lágrimas” reúne dos nuevos viajes que Handke realizó a Yugoslavia en 1999 y los informes que recopiló luego de sus visitas al Tribunal Internacional de La Haya, en 2002 y 2004 (en una de las cuales se entrevistó con el ex presidente serbio Slobodan Milosevic). En el libro el autor advierte sobre la prolongación de la tragedia impuesta: “La aniquilación de Yugoslavia, todavía no del todo evidente para el resto del mundo, es una emboscada que lleva un dispositivo que me parece temporal y no local, y que será desastrosa más adelante. Una emboscada del tiempo. ¡Otro lenguaje, por favor, o simplemente otro tono para Yugoslavia, para todos los países!” Mi lectura me indica que la observación (activa) de Peter Handke es un testimonio que nos comunica por igual con la memoria de todos los pueblos que han sido ocupados por una fuerza extranjera. Y una ocupación es una bofetada a cada individuo digno del planeta.

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¡¡Tengo una bronca!!

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nosotros vivíamos en el Chaco, todos éramos felices ahí. No había que tener cuidado para cruzar la calle, la mamá no te decía nunca no hables con desconocidos. Tampoco tenías que pagarle al tipo que viene todos los meses a cobrar porque te prestó un lugar para vivir que encima, se llueve todo.
Allá estábamos en el rancho que había sido del abuelo, del abuelo, del abuelo, esos que ni conocí pero que nos dejaron vivir en ese lugar que levantaron con la ayuda de la abuela, de la abuela, de la abuela.

Jugábamos entre los árboles, hacíamos unas escondidas donde nadie podía descubrirnos, mis hermanos y hermanas eran más hermanos y hermanas. Ahora las chicas andan con amigas suyas jugando con muñecos de trapo que parece que te miran pero que si les hacés ¡¡¡buuuuhhhh!!! Ni reaccionan.
En cambio en el Chaco jugábamos a correr a los pollos, ni bien salían del huevo los hijitos, dormíamos abrazaditos con ellos, hasta una vez, sin querer, ahogué uno que se puso debajo de mí y apareció al otro día tan quietito como los muñecos que hoy usan las chicas.
Mi madre ¡cuánto lloré ese día! yo quería cuidarlo al pollo, no se cómo se le ocurrió meterse ahí y ni fuerza que hizo el tarado para salir. La cuestión es que yo sigo llorando cada vez que me acuerdo, como ahora.
El cielo allá era más brillante, las estrellas parecía que estaban ahí nomás, nos subíamos a las ramas más altas de los quebrachos y yatay, estirando los brazos para atraparlas. Claro, igual no podíamos llegar porque éramos muy bajitos.

¡El barro! que bueno que estaba revolcarse y después escondernos hasta que se secara porque si nos veía la mami Dios mío la que se armaba. Ella nos llamaba y nosotros hacíamos shhh, que no nos vea y nos tirábamos cuerpo a tierra muertos de risa. Hasta mis hermanas se divertían embarradas, ahora andan todas perfumaditas, que asco.
Además estaba lleno de sapos y ranas, charcos y lagunitas donde íbamos a sacar anguilas con el dedo gordo de la mano.

¡Cómo se movían! Te chupaban el dedo y no las podías desprender, después íbamos a tirárselas a las chicas que corrían muertas de risa y cuando se quejaban con la mami ella nos decía “vengan p’adentro, manía de molestar a las hermanas”.
Las bobas desde que estamos acá, se asustan hasta de las hormigas, se hacen las finas, son todas “ayyyy mamiiiiiii”.
Un día, cuando llegaron esos tipos blancos como cuero e’chancho nos dijeron que habían comprado los terrenos y teníamos que irnos. ¡¿Qué compraron queeeee?! ¡¿A quién le compraron algo?! Si ya no está el abuelo, mentiroso, además no trajeron ninguna plata ni mi papá quería vender nada.
Mi viejo se resistió enojado pero a la final como los tipos venían armados, le dijo a mamá que nos trajera para Buenos Aires, que nos llamaría de nuevo cuando se aclararan las cosas.

Pero nunca aclararon nada, dicen que hasta tiraron abajo miles de árboles, no hay más sapos, se murieron un montón de bichos de carne que eran los amigos nuestros. Y a papá lo echaron nomás.
A la mami la vemos llorando vuelta a vuelta, p’a mi que lo extraña mucho, entonces para que pare la abrazamos y le juntamos florcitas que no son tan lindas como las que crecían por allá, libres, bajo los árboles, no estaban detrás de rejas y nadie te sacaba a los gritos cuando las íbamos a buscar como hacen acá. Pero a mami igual le gustan las que les regalamos cuando la vemos tan triste, nos mira y sonríe y es tan linda cuando nos abraza y se seca los ojos.
Yo sigo con bronca, no me gusta este lugar donde te miran de reojo y muchas madres les dicen a los hijos cuando nos ven “alejate de ese indio de mierda”. ¡Qué se creerán esas desteñidas! Lo peor es que mis hermanas se quieren parecer a ellas, se ponen bichitos de trapo en la punta de las trenzas. Pavotas.
Que se dejen de joder, que me van a comparar esto con el Chaco; yo me volvería ahora mismo.

Pero es que ni tren que me lleve hay ahora…

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Exposición 100 años de Arquitectura Peruana: Nuevos aportes sobre el futuro de las ciudades

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La comunidad y el gremio especializado tienen la oportunidad de apreciar en estos días la exposición itinerante “100 Años de Arquitectura Peruana” en la sede limeña de Petroperú y también a participar en las presentaciones de cuatro nuevos libros, que sin duda generarán más de un debate, porque se trata de acuciosas investigaciones para un mejor conocimiento del Patronato Monumental del país y el desarrollo de nuestras ciudades, en un contexto de acelerada globalización del mercado, la economía y cambios en el urbanismo y la industria de la construcción.


Este miércoles 9 de Febrero, “Eupalinos o el Arquitecto”, del poeta francés Paúl Valery, traducido al español por el Arq. Adolfo Córdova Valdivia, reaparece para satisfacción de la Academia de la Lengua y admiradores de las diferentes Artes. Esta obra, publicada en 1920, utilizando un diálogo entre Sócrates y su discípulo Fedro, describe, los principios básicos de la arquitectura y compara el arte de la construcción con las demás artes – la música y la arquitectura - como las expresiones más altas del espíritu humano.

El Viernes 11 de Febrero. Una recopilación de artículos escritos por el arquitecto Ernesto Gastelumendi Velarde desde 1937 al 2002 y publicados en medios impresos del Perú, revela un profundo interés por el urbanismo, el paisajismo y la pintura, y demuestra su preocupación por la preservación de la ciudad, sus espacios y su arquitectura representativa.

En esta misma fecha, se presenta una fina y documentada edición de la “XIV Bienal de Arquitectura – Todas las Regiones”, que fue convocada y realizada en el 2010. Se puede apreciar la obra de los ganadores del Hexágono de Oro y de los Hexágnos de Plata. Esta Bienal, a diferencia de las anteriores comprendió dos etapas: una fase previa a la tradicional evaluación nacional, en la cual se concedieron premios por macrorregiones: Norte, Centro, Sur y Región Lima. La sede nacional de la Bienal fue la ciudad de Arequipa.

Está abierta la “Exposición 100 Años de Arquitectura”, una oportunidad recorrer el país a través de las principales obras que sintetizan un siglo de Arquitectura del Perú 1910-2010, como homenaje a la creación, dentro de la Universidad Nacional de Ingeniería, de la que hoy es la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Arte (FAUA). La exposición es el resultado de una acuciosa selección a cargo un equipo convocado por el Centro de Investigación del CAP, precedidos de exposiciones y foros con destacados profesionales.


Días atrás, especialmente los estudiantes de arquitectura e ingeniería apreciaron el contenido de “Arquitectura vernácula peruana un análisis tipológico” del Arq. Jorge Burga Bartra, quien intenta dar una mirada a la” arquitectura sin arquitectos” que se produce en el Perú. Esta investigación está inscrita en otras de sus publicaciones, tales como Vivienda Popular en Cajamarca, Rincones Artesanales y Arquitectura Popular en la Costa Peruana. Esta última en coautoría con Miguel Alvariño G.

La dinámica del actual Colegio de Arquitectos es una respuesta a las demandas y acuerdos asumidos en la Declaración de Huampaní, después de una convención nacional a fines del año pasado, que en resumen plantea la necesaria revisión de la pedagogía de la enseñanza de la arquitectura y los procesos de acreditación a partir de las experiencias significativas en el siglo XXI.

El Decano del gremio de arquitectos, Javier Sota Nadal, que también fue decano de su facultad, y rector de la UNI, en una difícil etapa de violencia senderista en el campus; y después Ministerio de Educación, reitera la trascendencia de los gremios en la concertación de esfuerzos para gestionar un desarrollo sostenible de las ciudades, con servicios públicos eficientes, en armonía con los ideales de los estudiantes, profesionales, los pobladores y las inversiones privadas y del Estado y la correspondiente legitimación social.

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A lo sumo la propiedad es un préstamo

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Cuál es el animal o la planta que incendia selvas?
Ninguno, ellos las han conservado millones de años

El único que mata en las llamas monos, loros, mariposas, flores
es el hombre
el millonario, carboniza miles de hectáreas y el pobre algunas;
uno, para cultivar drogas, lucir oros, vender vacunos blancos, mover
motores con azúcar
el otro, para levantar una choza pobre donde duerman los hijos descalzos

¿Quién le dijo a alguien que era dueño en la Tierra
cuando nadie es amo de una galaxia?

La tierra es una maravilla natural del universo,
quizás algún día una civilización lo tenga como su principio

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Música: La viola

ARGENPRESS CULTURAL

La viola es conocida actualmente como un instrumento de cuerda frotada algo mayor que el violín; sin embargo, con este nombre se conocía en la Edad Media europea a todo cordófono de arco de varias piezas y fue ésta la primera denominación utilizada para definir a los instrumentos de cuerda frotada, tanto de brazo como de pierna.

Durante el Renacimiento, la familia de la viola original se dividió en dos ramas: la viola da braccio y la viola da gamba. Las primeras quedaron relegadas a las tabernas, en donde tocaban músicas populares; mientras que las violas da gamba eran exclusivas de las cortes más refinadas. Este instrumento acabó cayendo en desuso y el violín fue sustituyéndolo por su brillantez. Los compositores preferían dicho instrumento por su amplitud sonora y la agilidad en vez de la delicadeza de las violas da gamba.

En el barroco, el violín cobró la máxima importancia. La viola le gana en calidez y resonancia, y es casi tan manejable y ágil como el violín.

El papel de la viola es fundamental en la orquesta ya que da profundidad y apoyo a la armonía, la hace rica y aterciopelada. No debemos olvidar tampoco la gran variedad de obras compuestas para la viola solista o las sonatas para viola acompañada.

La viola tiene una reputación menor dentro de la cuerda pero se trata de un prejuicio arrastrado desde los orígenes de la orquesta moderna (s.XIX), cuando era asumida por violinistas en decadencia.

La viola que actualmente conocemos nace entre los siglos XVI y XVII con el nombre de viola da Braccio. Su tamaño es algo mayor que el violín. Sirve de puente sonoro entre éste y el violonchelo, lo mismo en el cuarteto de cuerda que en toda formación orquestal. Su timbre es muy bello aunque con tinte dulcemente opaco. Su tesitura central es la mejor y la que conserva además su verdadero carácter. Se sostiene con el brazo izquierdo en posición horizontal, al igual que el violín y se apoya su caja armónica de la misma manera que éste, o sea debajo de la barbilla.

Tiene cuatro cuerdas que se afinan con las notas do, sol, re, la (de grave a agudo subiendo en intervalos de quinta). Para su lectura musical emplea las claves de do en tercera línea y —cuando las notas son muy agudas— en clave de sol.

Su extensión es de más de tres octavas. Como todos los instrumentos de cuerdas frotadas por el arco, empleando armónicos naturales y artificiales su ámbito es mayor.

En el siglo XVII el papel de la viola se limitaba a reforzar la línea del bajo o completar la armonía. En el siglo XVIII la viola tiene un papel más expuesto (por ejemplo en el Sexto concierto de Brandemburgo, de Bach).

En este siglo Telemann compone el primer concierto para viola en 1731 llamado Koncert g - dur (concierto en sol mayor). En los cien años siguientes se alcanza la edad dorada de la historia de la viola. Se componen 150 conciertos por varios compositores como Stamitz, Hoffmeister, Zelter, Rolla.

Algunos compositores violistas cuyo repertorio ha permitido el desarrollo de la viola como instrumento solista y virtuoso son, entre otros: Lionel Tertis (1876-1975); Paul Hindemith (1895-1963) -de quien aquí presentamos un fragmento-; Vadim Borisovskiy (1900-1972); William Primrose (1904-1982).

Actualmente, para designar los tamaños de las violas se utilizan las pulgadas (1 pulgada = 2,54 cm). Hay violas desde 11' (27,9 cm) hasta 16,5' (41,9 cm). Dependiendo de la edad y altura de la persona ejecutante se elige un tamaño u otro.

Como ejemplos de este bello instrumento presentamos:

• Primer movimiento del Concierto para Viola del alemán Georg Telemann
• El solo del Canon para Viola de Johannes Pachelbel
• El solo para viola de la Sonata Opus 25 N° 1 de Paul Hindemith




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Poesía, texto y textil, un acercamiento al poema Harawi de los celajes, de William Hurtado de Mendoza

Alfredo Herrera Flores (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La poesía es un oficio difícil, un arte exquisito, una expresión del espíritu a través de la palabra muy compleja y hasta complicada, en muchos casos también inentendible, pero al mismo tiempo, la poesía es también una manifestación que se hace fácil cuando aflora de manera espontánea y emotiva (los enamorados, jóvenes o no, pueden dar fe de ello). Creo que tienen más razón quienes afirman que la poesía es una muy difícil manera de decir algo.

Así se comprende lo que dijeron, en sus especiales momentos y circunstancias, algunos humanos como César Vallejo: “Quiero escribir, pero me sale espuma/ quiero decir muchísimo y me atollo…” dijo en su poema Intensidad y altura. O como Emilio Adolfo Westphalen, que inicia su “Poema inútil” con estas palabras: “Empeño manco este esforzarse en juntar palabras/ que no se parecen ni a la cascada ni al remanso,/ que menos transmiten el ajetreo de vivir…”. O como el oscuro y extremo Martín Adán en ese notable soneto sobre la poesía: “Poesía no dice nada:/ poesía se está, callada/ escuchando su propia voz”. Y así puede haber muchos ejemplos, incluyendo al siempre querido Borges que concluye así su poema Mateo XXV, 30: “Has gastado los años y te han gastado/ y todavía no has escrito el poema”.

En las propias palabras de los genios entendemos que no es fácil escribir un poema, y quienes nos hemos embarcado en el laberinto de este oficio vano, complicado y por demás arduo, lo entendemos. Pero resulta que hay quienes se han empeñado en hacer aún más difícil este asunto. Los japoneses, por ejemplo, han ideado hace ya cientos de años, algunas formas de manifestar su estupor, sorpresa y asombro por las maravillas que se les presentaban reduciendo las palabras al mínimo. Los haikus, por ejemplo, poemas tan pequeños y simples, con sus tres versos y contadas sílabas, son tal vez los más difíciles de concebir y escribir. Es cierto que tiene sus características propias y trascendencia cultural, pero qué afán de ir poniéndole límites y reglas a las palabras para decir, precisamente lo ilimitado, desmedido, extenso y revolucionario.

Y de otro lado están los antiguos andinos. Los quechuas y aymaras, ya sean incas, collas o chankas, que han usado la palabra para cantar con la misma emoción, fervor y alucinación a sus llamas y a sus dioses, a las almas de sus muertos y a sus piedras, para sanar o para maldecir. Pero es más interesante aún, que estas palabras se hayan traducido en formas y colores, que hoy intentamos leer en los tokapus de los ceramios y el pallay de los tejidos. Más difícil aún que escribir con nuestras propias palabras es convertir esa palabra en tejido, donde buscará su propio camino en un limbo que los humanos aún no alcanzamos a comprender del todo.

La poesía con que William Hurtado de Mendoza se reencuentra esta noche con nosotros, y hace que nos reencontremos con la palabra, parece estar en este espacio sin nombre, en este velado rincón del arte donde los versos escogen y recorren sus propios caminos, como lo hacen en todo momento y lugar las criaturas de un creador. He leído con singular placer el libro “Harawi de los celajes”, a pesar de la primera sensación de sorpresa y desconfianza que me causó el enfrentarme a décimas, esa otra manera aparentemente simple, pero muy difícil, de hacer poesía y que, lamentablemente, tiene pocos cultores en la literatura peruana contemporánea.

¿Cómo es que un autor que se expresa con la misma facilidad en castellano y en quechua, y que además tiene como oficio complementario el análisis de textos y la docencia universitaria, ha publicado varios libros de poesía e investigación lingüística, y que transmite un espíritu de expresión libre y abierto, escriba con tanta soltura décimas, medidas y rimadas? No es que no se deba hacer, sino que sorprende.

Ensayo una respuesta. Cuando Pablo Neruda escribió un breve texto introductorio al libro “Piel del tiempo”, del prematuramente desaparecido poeta arequipeño Enrique Huaco, hacia fines de la década del sesenta del siglo pasado, dijo: “justo a punto de partir en otro viaje más, el viento me trajo estos versos de Enrique Huaco, que vive no sé dónde, que hace no sé qué cosas. Se ve de seguro que es peruano, por su cantito, por ese canto que viene de lejos”. William Hurtado de Mendoza es, a la vista, heredero de ese cantito, ese ritmo, esa cadencia, esa musicalidad que aflora de manera natural en la poesía peruana, y que, obviamente, viene de siglos atrás filtrándose entre la cordillera, entre sus afiladas cumbres, y entre sus verdes valles y profundas quebradas. Este su libro es una bella muestra de esa poesía que mezcla la formalidad de la medida y la rima con la libertad y capacidad de decir mucho más de lo que las palabras permiten:

Entre ayes del cebadal
El verso sus penas deja,
Cambia su antigua queja
Por retorno al quebradal.
Sin esperanza ni nidal
Un harawikuq sin nombre,
Temple de piedra y cumbre,
Que no danza, sino mira,
Que no canta, sino admira
Calla su grito de hombre.
Así dice el poema, o décima, 45.

La décima es una antigua forma de manifestarse, de decir algo. Casi todas las culturas, de una u otra manera, la han practicado. La décima ha pasado del canto al texto, pero ha mantenido el tono y el ritmo que le impone su estructura, además de la picardía heredada de sus cultores, casi siempre trovadores e improvisadores que practicaban su arte al margen de los formalismos y academicismos. William Hurtado de Mendoza ha sabido combinar estas características formales y ha abierto una interesante manera de presentarnos una historia, una fiesta.

Los ciento cinco poemas, o décimas, transcurren a lo largo del libro como una fiesta andina, como una celebración o un rito. Pero sabemos que las actuales fiestas y ritos andinos, ya conocidos como costumbres, son una mezcla de manifestaciones que se han cuajado en la fragua de la simbiosis cultural y que a su vez nos han dado una identidad. De la misma manera, “Harawi de los celajes es el resultado de esa asociación, esa conjunción de la poesía escrita en castellano, bajo las normas, medidas y rimas que manda el idioma, y con ritmo, emoción, picardía y sabiduría de la cultura andina.

La décima 66 dice, por ejemplo:

A San Isidro Labrador
Le pido con voz andina
Que tu risa que ilumina,
Calme herida y ardor.
Pido acabe el sudor
E ilumine tu risa
El paso de la muliza,
Pido a Judas bendito
Arrodillado, contrito,
Nos devuelva tu sonrisa.

Otro ejemplo: la décima 39:
La chola tiene en su danza
El brillo de mil estrellas
Y de las auroras bellas
Celajes con esperanza.
Con falda de luz avanza
Y lliklla de fino orgullo;
Tez de seda y arrullo;
Paisajes tiene su manta,
Un arco iris que canta,
Un corazón en capullo.

Este último poema, o décima, me lleva otra idea que me parece interesante a raíz de la lectura de este libro. Decíamos que los antiguos peruanos habían plasmado su literatura en los tejidos, y que podía leerse historias completas en el pallay de los tejidos. El libro de William Hurtado de Mendoza da la sensación de haberse escrito como quien la va dando forma a un tejido andino. Usa elementos occidentales (metro, medida y rima en español) y los entreteje con el espíritu andino (el canto, la fiesta y el rito) y obtiene una ofrenda a los dioses. “No canto por pan ni cobre/ el cantar es mi derecho”, dice en su primer poema, y en el último se despide así: “Tiende el cielo su manto/ sobre esta noche bella,/ partiré con la estrella…”.

Y como en un textil, donde los colores y las formas van formando un todo, Hurtado de Mendoza ha tejido un poema a lo largo del libro, del textil, del poema o de la fiesta, hay loas, lamentos, reclamos, adulaciones, piropos, oraciones, música y hasta cuetes, hay reflexión, pasión y meditación, como hay belleza y mitología. Este poema es, pues, un rito, un textil, una ceremonia.

Harawi de los celajes es un libro que no solo invita a la lectura, sino también a la fiesta, a la celebración. Es una invitación que me tomo la libertad de extenderla a ustedes a través de esta aproximación, a este intento de interpretación, pues en realidad, al margen de mis limitaciones académicas y erudición lingüística, tomo partido por el festejo, el disfrute y, si fuera posible, por el desmedido derramamiento de palabras.

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

También cabe una pregunta en este día
al pie de la fatiga y la jornada.
Soy otro más
allegado a esta pelea
y en tu audacia te has reído conmigo,
en tu rutina,
con tu inflexible y máxima resolución.

Estas son obras arduas y bastante esperadas,
pero prosigues sin des mayo,
en una tarde así,
bajo la luz de tu estrella comunal,
de tu sudor y tu mochila,
y no has querido ni pensar para hacerme contigo.

Yo te conozco entonces, y junto a tus faenas
aplacaré mi incertidumbre entonces.

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Parando en todas... para ver perder...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

-Hoy nos vamos a Punta-, la oferta era tentadora. Pensé en la playa de Solanas, esa larga lonja casi blanca donde todos “los gatos son pardos”, como dicen ciertos comadrones. Recordé el “parador” donde el clan de los Rodríguez Saa jugó sus tours de fuerza -léase cuatro por cuatro- y las motos remolcadas por lanchas aguerridas supieron darle dolores de cabeza.

También en este recuerdo, como con la tablita contable, pude sorprenderme por el “roce” directo con los dos últimos presidentes. Esto porque la gente curiosa del “Miami Herald” decidió ponerme en la galería de expositores, blanqueando algunas cosas que sé del “Negro”.

-Para triunfar en la vida es necesario leer un poco, escribir menos, saber hacer una multiplicación sencilla y desarrollar un ojo infalible para velar por tus propios intereses-, monologó Yon en voz alta, pero sin mirarme. Por supuesto no le hice caso, seguí añorando imágenes “puntanas”, confiado en las convergencias de la vida.

La señal del vasco fue elocuente. Subir al Alfa gris, lo que hice con gusto y demorar en el goce de la confortabilidad, a propósito de esto pensé en Pink y Floyd sonó en el "estéreo” para amodorrar, confortablemente adormecido.

-Primero registro ferroviario, después concierto sinfónico al aire libre de “The cacerola´s ensamble” y, finalmente, “capuchas, represión y desmanes”, para hacer un menú balanceado, así tenés de que escribir-, enumeró sobrador, seguro de haberme tirado de la rampa de mi imaginación. En esto es implacable, pero necesario, como el jugo de naranja con vodka, naturalmente, para mí.

El calor, única fidelidad nacional sin distingos sociales, seguía firme. El termómetro sube, como los precios, el valor del “verde” y la bronca “for export”, para la que todos se preparan y producen, porque esto de aparecer en las noticias del mundo es el nuevo reality show que viene con programación incluida, para que nadie quede afuera y mucho menos las cámaras, así se les hacen fáciles las cosas; hablando de cosas, la modernidad acorralada boquea en la frontera de la estupidez. Me dormí.

---

Una brisa suave y fresca habilitó la neurona de turno. La Plaza Moreno, en Escalada, tiene retaguardia. Es el cordón umbilical de acceso a la estación ferroviaria. Contra el alambrado, descosido por los apurados, hay jirones de silencios y humillaciones. En el andén cuatro, mirando a Banfield, la escalera

-previa a la cabina de señales, testigo mudo y ciego-, flamea en la reciente oscuridad, decidiendo al este, como territorio de las nieblas y un pasaje sin salida como el del país, que ya gastó el suyo.

Si querés huir hacia Uriarte y el paso bajo nivel, la boca del lobo es suficientemente grande para tragarse las historias que se te ocurran. Si pensás en salir del “corralito” personal, para llegar a la última avenida con boulevard, sería prudente pedir custodia a Harry "El Sucio", sobre todo a medida que crece la noche.

-Vamos a echar un vistazo al túnel-, dijo el vasco y movió ligeramente los brazos a la altura de la cintura.

Dejamos el Alfa descansando junto a un “bondi” de la 32; una sombra roja y negra, titilando en la oscuridad.

Para llegar a la plataforma hay que vadear una vía muerta que invita al turismo aventura hacia la sede de los scouts, que aprenden en directo lo de “siempre listos”. El sendero, sinuoso, es una yarará de la cruz, pero sin sonido o más bien el lamento borincano de los y de las que “pierden” en manos de los furtivos. Desde el puente carretero todo parece ligero de equipaje; mejor aligerado en “tren”
de ser veraz.

El túnel subterráneo es, decididamente, angosto. Abruptamente, sin aviso, rompe a la derecha en un perpendicular camino del cadalso. La penumbra rota por luciérnagas que iluminan la recta, son el leve parpadeo del tercer ojo del Rampa.

Cuando bajábamos el primer tramo rumbo a la curva, un gemido le hizo poner “cuarta al “Vasco". Sospeché tortícolis, por la forma en que se sostenía la cadera. Apuntando hacia los antiguos talleres del Roca, cuatro “chabones” estaban "apretando" lo que quedaba y muy bueno, de una rubia presumible. Hicimos ruido y ellos no estaban para aplaudir. Una oferta de entre quince y veinte años, eran los cuatro. Uno intentó "pelar el caño", pero Yon parecía el expreso de Leningrado, la negra Lüger aquejada de tos, con cada estertor ensanchaba el surco de la pared, me imagino que la sorpresa los hizo correr para ver que pasaba al fondo del pasillo.

La rubia era una “Sarah Kane” desarticulada, pero viva. Retrocedimos con “la carga tributaria" al hombro. Cuando llegamos a la superficie del andén cuatro, vimos el ballet de “los cuatro jinetes", desparramando bravura por la vía uno, en posta sin relevos. Ella, sentada en una reliquia de madera, llamada banco, dijo que estaba bien. No quería ni convenía, parece, la ambulancia inevitable y otra curiosidad que deja huellas. Buscamos un taxi, la depositamos antidatadamente y Yon le deslizó un billete que no distinguí en la oscuridad. Nadie hizo preguntas, Yon repitió.

-Que lo pague la noche, vamos a Gerli-, volvimos al andén cuatro. La sombra blanca, como la mano de Dios, llegó haciendo señas rumorosas. Nos vomitamos dentro, algo más rápido que subir y firmamos la tregua por dos estaciones. Dormité.

---

Alguien me proponía cosas absurdas. Pero esto es habitual para mí.

-¿Pero de que forma y en que documento se me asegurará la liberación del fardo de otro tiempo de vida, después de esto?-, contaba la voz monocorde.

-Esa liberación sólo puede esperarse, sólo puede ganarse, renunciando a todos los bienes terrenales-, enfatizó, como un eco en la borrasca.

-Me siento como ese que no cruzó el puente porque la otra ribera del río se convirtió en sinónimo de libertad...-, le respondía eludiendo hacerme cargo, como siempre, de que elegir ocurre más allá de la voluntad.

---

La detención y el brazo casi grúa del “Vasco” me depositaron sin moratoria ante la puerta del revés. Sucede que en Gerli todo ocurre al revés, además del descenso “"hacia adentro" del andén. Gerli es una estación en medio de la nada donde a esa hora, cuando las brujas se aprontan, los trenes deciden a cara o cruz, detenerse.

Nos tocó cara. También la detención podría salirnos cara. ¿Quien baja en Gerli? ¿Porque? y ¿para que?. Me volví y antes de que "la formación" marchara "sin romper filas" lo tropecé, hablando de caras, al Oscar en el vagón siguiente. Es transparente, no sólo porque es buen tipo. De tan flaco, a través de él podés peinarte en el vidrio de la “jefatura”. Algo que merece una pitada, diría este armador, pero de páginas. Ese ocasional habitante de San Telmo, para mí un "frontier" de Montserrat, con los ojos cerrados contaba los minutos para el "faso" número veinte.

Penúltimo tren, me dije, mirando la espalda -triángulo invertido- del "Vasco" y sus manos en las caderas. Ahora estaba seguro de algo. No le dolía la cintura. Algunas sombras errantes vagaban rumbo al norte, cambiando de oscuridad. Hacia Lanús, una oruga de luz fijaba presencia. Oteando para Avellaneda, el cielo cerca, eran los siete puentes.

Siete es el número de Dios, pensé, pero alguien se lo olvidó, aquí. Es probable que el pròximo pícaro argentino, si es que queda alguno, confeccione el mapa de como abandonar, hacia algún lado, esa estación perdida en cierta procesión de trenes de carga, cuando la opulencia jugaba de local.

Nos aproximamos sin sigilo, que se durmió en el andén de la memoria, a los últimos trasbordadores de aduanas, llamada venta ambulante. El shopping de "a gamba" está en crisis. La truchería externa sale cara y la “merca" perdida en los triángulos de las bermudas, escasea; no dan abasto, si hasta Gardel está de luto. Los muchachos se quejaban.

De curiosos y metidos nos hicimos guión sostenido, para seguir algunas sombras vacilantes. Ancianos, pensé. Abandonados de alguna fila trasnochada. ¿Porque será que los parientes los usan para hacer cola? ¿Será que son los inventores de la paciencia?

Menos mal que la nostalgia amartillada del "Vasco" siempre llega un segundo antes, como la muerte.

Los "pungas" apostados en la "viborita" rumbo al "Golden Gate" de Avellaneda, se quedaron duros y quietos, por las dudas, con la misma inutidad de los granaderos de la Rosada. Si San Martín los viera, no se privaba de c... a patadas. Los viejitos deben haber llegado a casa para tomarse en "caldito" reparador, sin sospechar que la señora de ropa oscura se fue impaciente para otra plaza.

-Volvamos-, urgió el "Vasco"- Vamos a perder el último-.

Retrocedimos como Napoleón en Waterloo, pero nos fue bien. Cuando nos sacudíamos la ropa, zapateando la tierra, para no llevarnos nada, la tierra es del que la trabaja (¿queda alguno?), llegó la bala clara y por cuatro bostezos abandonados, hicimos zapping.

El fondo de este viaje era el fantasmagórico concierto de timbales ceroleados.

---

Un taxi emergente, desde Constitución y sin leyes, nos arrimó a la plaza de los nuevos sonidos, que crecen a medida que mayo parece más cerca.

-Estas cosas hay que verlas-, diagnosticó Yon.

-Si hablás con ellos vas a entender mejor- precisó.

- Te va a pasar como a "Jorgete", tratando de hacerle un reportaje al de la de "tres cuartos" que la tenía "puesta" y, del corralito hasta los birmanos en retirada, fueron temas; cada cual tiene su letra y todos la misma "bronca"-, profetizó el "Vasco".

El ritmo era bueno y creciente. Todos los percusionistas de América estaban despertando. Ya se venden cacerolas con "repique". La gente se organiza. Los responsables no escuchan. El gobierno no tiene tiempo. Tampoco se lo dan. Los ladrones, bien gracias y dispuestos a volvernos a prestar lo que nos robaron a una "tasa preferente".

Por Diagonal Sur, en una esquina recatada y oportuna, veinticinco chicos -sumado el número da siete-, aprontaban capuchas. Estos no tienen nada que ver con el "corralito", más bien con los acorralados. Una camioneta blanca y con las luces intermitentes guiñando, ofertaba bidones azules, para servir "cocteles", tan duros que no se toman porque se tiran.

-Carnada para represores-, anunció Yon, antes de pedir que acelerara, ordenar una breve detención para que diéramos la misma vuelta de diciembre y adivináramos el prólogo del penúltimo enfrentamiento. Sobre todo cuando las balas de goma, los gases, el agua, las motos y los uniformes azules, después de la tormenta, aconsejaban salir del cine. Esta película ya la vi.

-Regresemos- farfulló y se me perdió el arreglo de un viaje fuera de radio. El tenía el enojo propietario del futuro, pero yo no nada podría hacer, más que intentar contarlo.

.En este caso no leerás, porque lo escribo únicamente como una garantía contra el permanente silencio. Lo escribo porque tengo la corazonada de que no llegaré al final-, le dije, para acobardarlo, mientras volábamos por sobre el Puente Pueyrredón.

---
-¿Te acordás de aquella madre joven en el Hospital de Laos? La que nos dijo ´no quiero que me abran en canal ni que me saquen el niño a tirones. Quiero darle a luz. Quiero darle vida., no que unos médicos inteligentes salven la suya, la mía o la de los dos´, bueno de conciencia se trata-, pensó en voz alta.

-Quiero hacer todo lo posible para terminan con buena conciencia lo que empecé con ella, la nuestra ha sido, de algún modo, condenada-, fue el epílogo. La plaza Moreno y el Alfa gris, no se habían movido.

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Dentro de esos círculos la murmuración no cesa y todo el mundo conoce los asuntos de todos-, abundó como una incisión en el corazón de la herida. Lo hizo en la mesa de mantel verde y ante el plato de mollejas -sólo mollejas hoy, dijo- al verdeo; el cabernet Montenot, para mi gusto, estaba algo frío. Me consolé a la tercera copa y la séptima molleja. Un lemmon pie despuès, nos subimos al Alfa para seguir.

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B. Traven: “El tesoro de Sierra Madre”

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Traducción de Esperanza López Mateos
Acantilado. Páginas 343

¿Qué libro me llevaría a una isla desierta? Cualquiera, con tal que sea de B. Traven.
Albert Einstein
La extraña y enigmática vida de B. Traven, por lo que se puede conocer, fue una apasionante novela real envuelta en un laberinto de misterios e incógnitas. Pues, reunió tal número de inquietudes mezclando aventuras desafíos, tejiendo una misteriosa estela que ha continuado después de la muerte de tan portentoso narrador (1890-1969), donde vida y obra forman un todo indivisible, un aura de misterio nada fácil de desentrañar. Embriagador.
En 1924, tras un intenso vivir y luchar por aquella Europa palpitante de revoluciones, se trasladó a México huyendo de posibles venganzas. Y en ese alucinante país lleno de contrastes permaneció el resto de su vida. Un una existencia especial dentro del mundo de la literatura, hasta tal punto que cabe preguntarse si en verdad existió. Mas al dejar una serie de títulos de gran calidad publicados, no existe ninguna duda de que el personaje oculto detrás de un seudónimo es el auténtico propietario de ese legado literario de indiscutible y embriagador valor.
Cuando una buena obra literaria es llevada al cine, sin género de duda su solidez y riqueza literaria corre siempre el riesgo de no lograr ese grado de conocimiento para que la propia historia aumente en resonancia despertando interés en ese lector medio. En el caso de El tesoro de la Sierra Madre, trasladada a la pantalla por John Huston con Humphrey Bogart como protagonista, se convirtió en una obra magistral cuya fama saltó todo tipo de barreras por la fuerza y fidelidad de la trama y contenido literario.
Esto la elevó a cuotas de gran altura en una sociedad tan manipulada, logrando mantenerla más viva fuera de las minorías condicionales. Sin embargo, pese a esta magistral adaptación la novela es mucho más conmovedora en contenido y forma que la película. Aunque la que se considera la mejor novela de B Traven es El barco de la muerte, que por fortuna también se ha publicado en la misma editorial.
La historia de El tesoro de la Sierra Madre transcurre en México, donde las carambolas de la vida unen a tres personajes de nacionalidad Norteamérica, los cuales cansados de los trabajos ocasionales y mal pagados en los campos petrolíferos, deciden, según la historia que nos va contado el más viejo y veterano de ellos, correr la aventura de escalar la Sierra Madre en busca del codiciado oro dorado y maldito.
Ese oro que provoca la fiebre más cruel que puede contagiar al ser humano, porque “el oro es algo endemoniado, creedme muchachos. En primer lugar suele cambiar totalmente de carácter de los hombres. Cuando se ha conseguido, el alma no es la misma que antes de obtenerlo, y nadie escapa a esto” Así habla el viejo Howard a sus recientes compañeros sedientos de aventuras, pero carentes de experiencias como mineros, ignorando que sus sueños y ambiciones estarían llenos de durezas y peligros. Aunque el viejo les advierte porque ha vivido cruelmente varias experiencias. Por eso explica con claridad el papel que juegan en la sociedad los poderes establecidos, la rapiña de los bancos y la obsesión totalitaria por el poder absoluto del oro.
Y esta manera va transcurriendo la historia de la Sierra Madre en el primer tercio del siglo XX en plena catástrofe de aquella inolvidable y terrorífica crisis que, en la actualidad se recuerda insistentemente, a veces, como si fuera un invisible fantasma culpable y no quienes en verdad la provocaron. Esos que tarde o temprano, de nuevo, están intentando salvar y dejar que los de abajo en verdad la padezcan e intenten siempre la herida, la miseria y la cicatriz, hasta que vuelva a repetirse el idéntico juego especulativo y salvaje. Porque el tiempo cubre las cosas y ellos saben esconder esa suciedad y latrocinio, como peritos de oficio en su ministerio y guarida. Cruel y fría manera de entender la vida y el reparto de virtudes caigan quienes caigan.
Y la historia se repite con la misma canción, repite el viejo: “Uno de los bancos se evaporó cantando la eterna canción, es decir, haciéndome saber que de mis dólares no quedaba ni un centavo” ¿Nos suena a algo esta cantinela? Pues es el centro, el meollo de esta magnifica novela recuperada de nuevo para gloria de la literatura y los buenos lectores Y como en todas las excelentes historias no puede faltar los juicios sobre la “Iglesia Católica Apostólica y Romana” que allá en ese México rico y exuberante fue el mayor poder existente y que por lo tanto preocupada con insistencia por la adquisición de bienes materiales “para llenar los cofres de Roma, sin importarle la educación de sus súbditos dentro del verdadero espíritu cristiano”
Y los severos juicios de Howard van entretejiendo la historia principal con otras más cortas, como Cervantes en su Don Quijote de la Mancha, aquel loco solitario que todavía cabalga ente la multitud congestionada por el consumo y las ambiciones.”No hay prueba mejor de que la Iglesia católica en estos países que el hecho de que los bandidos, en nombre de Cristo Rey, asesinen y roben a hombres mujeres y niños a quienes saben miembros de la misma Iglesia” Pero qué importa para las alturas pertenecer a la misma “familia” para que las ambiciones de banqueros y religión no formen parte de la codicia humana, el hambre y la sed de justicia y gloria, Mas no es cuestión de contar el final de la novela. Pues pese a todas estas luchas y tragedias, el factor humano también ocupa su espacio y presencia en la narración elevándose por encima de las mezquindades de la carne.
Luego ¿quién es B. Traven? Su personalidad como creador literario es tan inmensa que no importa cuál fue su verdadero nombre y patria. Puede que su patria fuera el mundo, pues era de origen judío y huyó de Europa donde tomó parte jugándose el pellejo en las primeras revoluciones, contadas en sus grandes nove las escritas en alemán, para luego refugiarse en México posiblemente por miedo a represalias. Pero no especulemos más sobre el personaje. Eso sí, hasta sostuvo un pulso con John Huston al que pese a la calidad de la película que dirigió, no tuvo reparos en considerarlo en unas declaraciones a The Times como “un mal observador”. Pobre Huston. En esto último pudo más lo subjetivo que lo objetivo en el juicio de B. Traven.

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Milagros en Valby: La nana

Ian Welden (Desde Copenhague, Dinamarca. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

1
Desde las entrañas de Chile brotó la Nana.
Su destino estaba escrito en las leyes: No todos los chilenos son iguales. Algunos están destinados a mandar y la mayoría a servir.
Era una niñita de diez años de edad cuando llegó a Santiago con su bolsita de ropa, un espejo y una peineta. Se llamaba María Soto Luna y le faltaba un ojo.

Ella soñaba. ¿En qué soñaría? ¿En una muñeca, un vestido nuevo, amigas? ¿En jugar?

Llegó a la poderosa casona de una familia feliz y adinerada. ¿Le enseñaron a gritos a despejar la mesa, darle los suculentos restos de comida a los perros, barrer los pisos y encerarlos, y a sentarse sola en la cocina a comer su comida mientras los patrones tomaban coñac y fumaban habanos y Lucky Strike en el living?
Le asignaron un cuarto pequeñísimo y sucio al lado de los perros. Jamás colgó un cuadro. Puso si una estatuilla de la Virgen María en su velador y ahí, en la inmensa soledad del universo se quedaba dormida. Y soñaba con su pueblito de casuchas pintadas con cal, en valles y bosques y montañas y en la mamá que murió cuando ella nació.
2
¡Sorpresa y alegría! La patrona estaba embarazada y dio a luz a una perfecta guagüita de pelo y ojos negros y blanca como la nieve. Una blancanievecita. Y María la adoró. Le enseñaron a limpiarle la caca, a darle el biberón porque la patrona no tenía leche y lavar los pañales. La patroncita fue bautizada Lucía Jane Mary Johnson Larraín pero la Nana no fue invitada al pomposo bautismo. Se quedó en la casa haciendo sus labores y pensando en Luciita a quien ya amaba como si fuera su hermana menor.
3
La Nana no recibía sueldo. Qué iba a ser una rota mocosa con dinero? Techo comida y trabajo. ¿Qué más quiere? ¡Carajo!
Lucía se transformó en una dama cuya belleza quitaba el aliento a los hombres. Nana le escobillaba su cabellera larga y negra como el ébano, la vestía, le hacía la cama y también las camas de los patrones además de pasar la escoba por toda la casa, encerar los pisos, atender a los patrones, preparar los pisco- sowers para el aperitivo, cocinar el almuerzo, servir el almuerzo de tres platos y postre y cafés, lavar la losa, limpiar la cocina y ver que a los perros no les faltara agua o comida.
Los patrones se pusieron viejos por supuesto. Doña Lucía conoció a un funcionario de la embajada inglesa y se casó. La Nana tampoco fue invitada a la ceremonia, pero tuvo el agrado de vestir a la señora Lucía de blanco y prepararle su ramo de flores. Que dicha para Nana que daría su otro ojo por servir a Doña Lucía.

4
Lucía mi madre, tuvo cuatro hijos. Ahí conocí a la Nana, quién fue una segunda madre para mi. Sus órdenes eran ley. Mis abuelos, mi madre y mi padre le dieron autoridad sobre nosotros los niños. Y sobre la otra pequeña niñita que llegó a la casona con un bolso lleno de ropa e ilusiones. Se llamaba Bernarda.
Ernest bebía a escondidas y el patrón lo hacía en público.
La Nana le cantaba a Don Charlito para hacerlo dormir:
Estaba la pájara pinta
sentadita en un limón.
Ay ay ay sentadita en un limón...
Ahora aquí debo detenerme a pensar. Qué estoy haciendo? Estoy hablando de mi padre y de mi abuelo. De mi madre y de mi abuela. Mi familia. Gente amada y venerada por mí. La Nana era parte de mi familia, mi segunda madre. Y Bernarda era como mi hermana mayor. Yo tendría seis años de edad cuando comencé a ver más de lo permitido. Me rebelé contra la § Nr. 1 en silencio. No se lo dije a nadie hasta que cumplí los quince años. Ahí comenzó el intríngulis social, como cantó Víctor Jara.

Pero mi abuelo era jovial, cariñoso y generoso conmigo.

Mi abuela me protegía como una Ángel de la Guarda.

Mi madre se habría sacado el pan de la boca para dármelo a mí.

Y mi padre era manso como una gacela, asombrosamente ingenioso y dulce como el azúcar cubana.
5
La Nana subió de jerarquía. Ahora trataba a Bernarda como ella fue tratada en su niñez. Y nos gobernaba a nosotros. Aún no recibía sueldo y seguía durmiendo en el miserable cuarto contiguo a los perros. Pero si necesitaba algo, ropa, reparar sus anteojos oscuros, una pomadita, remedios para sus constantes dolores de estómago, solamente tenía que pedirle a Luciita, mi madre.
Seguía comiendo en la cocina, ahora junto a Bernarda y ambas nos servían y escuchaban ocultas tras la puerta las conversaciones de la familia Johnson. Ellas no tenían familias, esposos hijos. Jamás lo tendrían.
El señor Ernest se emborrachaba en cada comida y el Patrón y él discutían agresivamente sobre cualquier cosa.
6
Nana odiaba al señor Ernest y él le temía a Nana. Y Don Charlito miraba todo esto con fruición y horror.
¡La Nana compró una radio! Y los niños se la pedían prestada. Hasta que se rompió.
Nunca tuvo dinero para comprar otra. Se quedó sin escuchar las novelas de medianoche. Nana hacía un regalo de frutas de verano para las navidades y a Don Charlito le hacía una torta de merengue para su cumpleaños. Tenía un sobrino, Pedro, quien venía a verla todos los meses. Pedro no era admitido en la casona y tenían que conversar en la intemperie. No era decente, es pardo, decían los patrones.
Nana se enfermaba más y más. Sus dolores de estómago eran insoportables. Vino un médico, de los baratos, a verla. No nuestro medico de cabecera. Diagnosticó histeria. "Es histérica Señora Lucía, no le haga caso". Nana consumía analgésicos como si fueran caramelos. Y tan solo comía una sopa aguada de maizena.
El señor Ernest sacó la foto de La Nana y Don Charlito. Esta que se muestra aquí. Ella siempre le decía a Don Charlito "No mire para atrás Don Charlito; no vale la pena".
El alcoholismo de Don Ernest se puso violento. Fue expulsado de la casona por el patrón y por Lucía. Perdió su trabajo en la embajada inglesa, perdió a su familia. Ahora rondaba por las calles adyacentes a la Estación Mapocho, mendigando en bares y durmiendo en hoteles de mala muerte.
7
Nana, a pesar de su histeria seguía administrando la casona. Instruyendo a Bernarda en las labores, enseñándole a los niños a ser buenos cristianos, lavando platos y limpiando suelos. Se levantaba a las cinco de la madrugada a alimentar a los perros y encender las luces y se acostaba a las doce de la noche, luego de despertar a los niños para que orinaran en la bacinica porque se mojaban. Apagaba las luces y se dormía extenuada soñando como siempre con su pueblito, sus valles, sus montañas.
Don Charlito la veía flotar por los oscuros pasillos de la casona, en busca de alguna escoba. Subía la gran escala flotando para hacer las camas por las mañanas. Bajaba las escalas flotando y entraba flotando a la cocina. Le decía a Don Charlito que era porque le dolían los pies pero que era un secreto. Que no se lo fuera a decir a los patrones ni a Luciita.
Bernarda dejó de soñar con muñecas y riquezas. Aprendió rápidamente cual era su posición en la vida. Sin sueldo.
8
Como suele ocurrir, la vida transcurrió. Mansa y rápida para los patrones y su familia y muy lenta y escabrosa para la Nana y Bernarda. Los niños crecieron. El mayor se fue para siempre y la Nana lloró amargamente para siempre. Las niñecitas se hicieron señoritas y Don Charlito se transformó en Don Charles.
Las señoritas ya no eran delegadas a la cocina para ayudar a la Nana con las tareas culinarias.

Ahora, aparte de sus deberes colegiales iban a bailes los fines de semanas y tenían novios que generalmente eran compañeros de curso de Don Charles. Aspiraban a casarse y tener guagüitas blancanievecitas.
Una noche cuando mi mamá dormía, yo me desperté con los aullidos de mi nana. Intenté taparme los oídos con la almohada para no saber. Desperté a mi mamá y bajamos las escalas corriendo. La nana estaba en el suelo, en su cuarto. Gritaba como bestia herida. Estaba empapada en su orina y olía a excremento. Yo vomité. Bernarda rezaba un ave maría en un rincón. Me sorprendió su palidez. Ayudé a mi madre a acostar a nana en su cama. Mi madre me pidió que me fuera.
Yo corrí a mi cuarto y me escondí en mi cama y me quede profundamente dormido. No recuerdo donde estaban mis hermanas durante la crisis que se había desatado y que habría de marcar de por vida a mi familia.
9
La nana murió.
Estaba en su lecho con su pelo canoso cuidadosamente peinado y sin sus anteojos oscuros. Le vi su ojo ahora tan muerto como ella, por primera vez. Yo me fui al living y puse el disco Revolver de Los Beatles en el tocadiscos. Mi madre me increpó: ¡eres un desalmado! tu nana está muerta y tu lo único que piensas es en ti mismo! No era verdad. Yo no sabía que hacer ni donde hacerlo. Tan solo tenía la certeza de que ya no era un adolescente. La muerte de mi nana me transformó, para mi sorpresa y horror, en un hombre.
La misa, organizada por Lucía, fue hermosa. El sermón modesto y adecuado a las circunstancias. Muchas flores blancas y un coro profesional cantó el Ave María de Franz Schubert.
El entierro en el Cementerio General de Santiago fue muy extraño. Estaba Don Charles y Doña Lucía. Y los ayudantes. Nadie más. Don Charles abrió la ventanilla del féretro y observó a la Nana. Le llamó la atención que tenía sus anteojos oscuros. ¿Para qué? Lucia y los ayudantes estaban conversando a un lado de la tumba familiar y Don Ian vio a la Nana saludándolo y diciéndole: Iancito, no mires para atrás; no vale la pena.
La encerraron para siempre en la tumba familiar. La lápida de la familia Johnson era impresionante y poderosa. Ahí estaban los nombres de otros cadáveres Johnson Larraín sepultados durante los pasados años. A la Nana le pusieron una humilde piedra apartada de la lápida, la torpe inscripción NANA hizo que Don Ian llorara como si jamás antes hubiera llorado en su vida.
Resulta que la autopsia de mi nana indicó cáncer al hígado. No pudieron detectar la histeria. Y en esos tiempos yo veía a la nana flotar por los pasillos de la casona cantando:
Estaba la pájara pinta
sentadita en un limón
Ay ay ay sentadita en un limón...
¡Ay ay ay!
Ya no me acuerdo de los días posteriores a su muerte. Bernarda asumió el cargo de asesora del hogar y llegó una nueva nana desde las entrañas de Chile. Los valles y las montañas. Y así se sigue repitiendo la historia, ad infinitum.

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Luz Machado, versos a la orilla del Orinoco

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Nacida en la otrora Angostura un 03 febrero de 1916, esta poeta de altos vuelos fue junto a Enriqueta Arvelo Larriva y Ana Enriqueta Terán, una de las fundadoras de la voz y la visión femenina en la poesía venezolana.


Poeta de las aguas, del río Padre, del río marrón, Luz Machado (Ciudad Bolívar, 03 de febrero de 1916 - Caracas, 11 de agosto de 1999 ) fue una poeta incansable, fecunda, viva, que nos legó el crepitar de las noches que alumbran, y encendiendo nos encienden.

Esta mujer de hondos pasos nos legó las oquedades y las cimas, la risa y el miedo, el abrazo y la rabia. Su palabra certera, franca, húmeda supo decir su mundo, el nuestro, por eso tal vez la vigencia de su obra, que está cargada del sentir de un ser humano que pronunciando el verdor de una Guayana, mineral y contradictoria, es la voz de la Venezuela que habremos de nacer.

Semblanza

Luz comenzó estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Fue una colaboradora permanente de diversas revistas y periódicos de Venezuela, México, Chile, Costa Rica y Colombia. Y sus primeros textos publicados datan de 1929. Además dirigió la página literaria del diario Ahora y de la página femenina de Rojo y Negro. Fue fundadora de la revista Valores intelectuales y asesora literaria de la Radio Nacional de Venezuela.

Vicepresidenta del Ateneo de Caracas y de la Asociación de Escritores de Venezuela, Luz Machado fue agregada cultural de la Embajada venezolana en Chile.

Su intenso trabajo y compromiso por las causas más justas la llevaron a tener una activa militancia en el feminismo de la primera mitad del siglo XX. Fundadora de la Unión Feminista de Lara, integró el Comité prosufragio femenino, que finalmente logró el derecho al voto de la mujer venezolana. En su labor de difusión literaria fue miembro del Grupo Contrapunto.


Luz Machado fue distinguida con las Órdenes Francisco de Miranda (1993), Congreso de Angostura (1996) y Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional Guayana (1996). Así también recibió el premio Municipal de Literatura de Caracas en 1946 y el Nacional de Literatura en 1987.

Su obra

Entre las obras de la poeta de las aguas del Orinoco destacan los poemarios Ronda (1941), Variaciones en tono de amor (1943), Vaso de resplandor (1946), Poemas (1948), La espiga amarga (1950), Canto al Orinoco (1953), Sonetos nobles y sentimentales (1956), Cartas al señor Tiempo (1959), La casa por dentro (1965), Sonetos a la sombra de Sor Juana Inés de la Cruz (1966), La ciudad instantánea (1969), Retratos y tormentos (1973), Soneterío (1973), Palabra de honor (1974), A sol y a sombra (1992) y Libro del abuelazgo (1997), entre otros. Con igual profundidad cultivó la prosa con estilo y tono propio y certero, puestos de manifiesto en los tres volúmenes de sus Crónicas sobre Guayana.

Junto con Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962) y Ana Enriqueta Terán (1918), Luz Machado compone la trilogía de fundadoras de la voz y la visión femenina en la poesía venezolana.

Luz narró haciendo poema la vida y la vida la hizo poema, mientras su palabra sigue diciendo el retazo de aromas que dejó el Orinoco, sus versos se leen como si estuvieran recién hechos, tienen aún el olor del pan recién horneado y de la boca del crío recién amamantado, así de tiernos y de dulces, así de abiertos y cotidianos. Cada gesto se dibuja en las páginas donde la muerte asalta como augurio y amenaza, como chubasco y nubes, tormenta y siembra.

Como caleidoscopio de la vida vivida, de la infancia irremediablemente ida, las imágenes y los olores de la niñez habitan las palabras de Luz, quien hizo de ellas un papel que sabe contar y cantar los olores, colores y sabores del tiempo que por alguna razón, sigue intacto en estas tierras bañadas de aguas.

Luz abrió las puertas y postigos de la casa. Su poesía es la que convierte las cotidianidades del hogar en un poema que ha sido capaz de trascender el tiempo, de seguir intacto a golpe de suerte y sol. La construcción de su poesía está colmada de asociaciones que van más allá de la metáfora, se aproxima a lo conversacional y narrativo, a lo testimonial y a la confesión.

Luz Machado devela en su creación poética las soledades, las ganas, los ritos. Su voz es espejo de sus andares, sus cumbres y hondonadas, dando con ella la dimensión de una de las escritoras venezolanas de más altos vuelos.

Y es que al final, su palabra también se duele en las cotidianidades. Su sangre y la savia vegetal se funden y cantan con el mismo ritmo. Luz de agua y a través de ella. Valiente en las soledades, fue capaz de tomar entre sus brazos la angustia y hacerla canción, para arrullarnos el sueño y dejarnos llevar mecidos por el recuerdo de un paseo por el malecón a orillas del río. Y la ciudad, la propia, emerge también de sus manos escribidoras de sueños, y tal vez deba contarse ese aparecer de la urbe en los versos como uno de sus aportes precursores, a la poesía urbana de Venezuela.

Ella y sus sombras y sus soles, germinan en el papel. Lo desbordan. Dice presente y sigue viviendo, vive mientras nos deja su ausencia. Vuelve, pero se va, pero se fue. Luz, como el sol, alumbra cuando las manos la toman en un libro de años que tienen el recuerdo de otros tactos y otros sueños, que ella seguramente también supo vivir.

La casa por dentro
De Luz Machado

“La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz
de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas”.

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Derechos humanos y la derecha

Andrea Dufournel (Desde Temuco, Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Soy un convencido que un gobierno que cree en la democracia y en el estado de derecho debe respetar, hacer respetar y promover la defensa de los derechos humanos en todo lugar y en toda circunstancia", dijo Piñera tras interrumpir una reunión con representantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos en la Moneda en junio de 2010.

Lo acontecido hasta la fecha desmiente tajantemente la frase pronunciada por Piñera en aquella reunión. Ha dado muestras claras de que para el gobierno el respeto y promoción de los DDHH en Chile no es prioridad y lo que es peor, se irrespetan y violan permanentemente los derechos de los ciudadanos haciendo de este compromiso uno más de los lanzados cual promesa de campaña que nunca se pensó en cumplir.

No podemos olvidar que el Presidente es el representante de quienes violaron permanentemente los derechos humanos en Chile, es algo que no pueden negar, a pesar de los esfuerzos de alejarse lo más posible de la sombra del dictador, ya que la mayoría de sus aliados perteneció y abrazó la dictadura convencidos de que quienes sufrieron los “apremios ilegítimos” algo habrán hecho y se lo merecían.

La justicia continúa condenando a ex militares acusados de cometer graves violaciones de derechos humanos durante la dictadura militar (1973-1990). No obstante, en muchos casos, las condenas que finalmente se imponen son poco severas, y las penas se cumplen en sitios en donde cuentan con privilegios que más parecen hoteles de 5 estrellas y no centros de castigo, lo cual es inadmisible en comparación con la gravedad de los delitos, a diferencia de las condiciones de quienes cumplen sus condenas en las cárceles donde la sobrepoblación y las condiciones inhumanas continúan siendo un problema grave.

En 2010 el Gobierno retuvo 60 querellas en contra de violadores de los derechos humanos en la dictadura, que por ley, deben ser perseguidos por el Ministerio del Interior.

Al contrario de lo que hace el gobierno la fiscal de la Corte de Apelaciones de Santiago de Chile, Beatriz Pedrals, presentó 726 querellas ante el ministro Mario Carroza por víctimas de violaciones a los Derechos Humanos. Se trata de violaciones a los derechos humanos ocurridas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, durante la dictadura de Pinochet.

La desprolijidad del gobierno en materia de nombramientos de sus representantes, como es el caso de Sergio Romero (Embajador en España) o Miguel Otero (Embajador en Argentina) que tuvo que renunciar a su cargo por las presiones de organismos defensores de los DDHH en Argentina, la contratación de ex agentes de los aparatos de “inteligencia” del dictador: la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) o CNI (Central Nacional de Inteligencia), como el brigadier retirado Pablo Belmar Labbé, que declaró como inculpado en el asesinato del diplomático español Carmelo Soria, ocurrido durante la dictadura de Augusto Pinochet, que trabaja actualmente como jefe de seguridad del Parque Metropolitano, o como es el caso del jefe del Estado Mayor del Ejército, general Guillermo Castro, quien admitió haber sido agente de la policía secreta de Augusto Pinochet (1973-1990).

Frente a los antecedentes salidos a la luz pública, desde la Moneda han manifestado que mientras no se pruebe la culpabilidad o participación en violaciones a los derechos humanos de alguno de los aludidos, el gobierno los mantendrá en sus cargos. Como si alguna vez los tribunales chilenos hubieran dado garantías de que los criminales tendrán penas ejemplares, como ocurrió con el dictador que, a pesar de todas las pruebas en su contra, salvo su detención en Londres, no pasó un solo día en la cárcel y, cual abuelito de cuento infantil, murió en su cama.

Lo anterior deja de manifiesto que, para el gobierno del “cambio” y para Piñera, el haber pertenecido a estos siniestros organismos, donde se ejercía terrorismo de estado en contra de sus opositores, fuera como haber sido miembros de un club de Toby, y no pasa de ser una anécdota o algún pecado de juventud.

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