jueves, 10 de marzo de 2011

El traje del prisionero

Naguib Mahfuz

El Buche, el cerillero, llegaba antes que nadie a la estación de al-Zagazig cuando iba a pasar el tren. Recorría los andenes incomparablemente ligero, ojeando a los clientes con sus ojos pequeños y expertos. Si alguien hubiese preguntado al Buche por su trabajo, el Buche habría echado pestes de él. Porque el Buche, como la mayoría de la gente, estaba harto de su vida, descontento con su suerte. Si hubiese sido dueño de elegir, hubiera preferido ser chofer de algún rico y vestir ropa de effendi y comer lo mismo que el bey y acompañarle a sitios selectos en todo tiempo, una manera de ganarse la vida que parecía diversión, placer. Tenía además otros motivos particulares y razones sutiles para desear un trabajo como aquel; lo deseaba desde un día en que vio cómo el Fino, el chofer de uno de los Importantes, paraba a la Nabawiyya, la criada del comisario, y la requebraba, descarado y seguro. Incluso, una vez, oyó que le decía frotándose las manos, satisfecho: "Pronto vendré con el anillo..." Y vio que la joven sonreía con arrumaco mientras levantaba el borde de la milaya como si lo estuviese arreglando (lo que quería es que se viera su pelo negrísimo y abrillantinado). Vio aquello y el corazón se le inflamó y los celos lo mordieron dolorosamente; los ojos de ella eran sus dolores y sus enfermedades. La siguió a poca distancia y en una calleja le salió al paso aquí y allí e hizo volver a sus oídos lo que le había dicho el Fino: "Pronto vendré con el anillo". Pero ella torció la cabeza, frunció la frente y dijo desdeñosa: "Mejor cómprate unos zuecos". Y él se miró los pies como si fueran una sima de significados misteriosos, su galabeyya sucia, su taqiyya mugrienta y se dijo: "Éste es el motivo de mi miseria y el ocaso de mi estrella", y envidió al Fino, su trabajo y su suerte... Sólo que estas esperanzas, en lugar de apartarle de su oficio le hacían enfrascarse en él con mayor afán y satisfacer sus esperanzas con sueños.

Aquella tarde subió a la estación con su caja a atender al tren del crepúsculo que todavía no era más que una nube de humo en el horizonte, pero que avanzaba, se acercaba. Ya se distinguían las distintas unidades y se percibía el estrépito; ya está parado junto a los andenes... Al lanzarse a los vagones vio el Buche con sorpresa que en las puertas había centinelas y que por las ventanillas asomaban caras extrañas con ojos ausentes, rotos. Preguntó y le enteraron de que eran prisioneros italianos que habían caído a montones en manos del enemigo y que les conducían a campos de concentración.

El Buche se quedó perplejo pasando los ojos por los rostros polvorientos, y luego le tomó la desilusión; cuando estuvo cierto de que aquellas caras pálidas, hundidas en la miseria y la necesidad difícilmente podrían saciar su ansia de cigarrillos... Se dio cuenta de que devoraban su caja y les repelió con una mirada irritada y desdeñosa. Pensaba darles la espalda y volver por donde había venido cuando oyó que una voz le gritaba en árabe con acento europeo: "cigarrillos". Le echó una mirada sorprendida y desconfiada, luego frotó el dedo índice con el pulgar: "¿hay dinero?". El soldado comprendió y contestó afirmativamente con la cabeza. El Buche se acercó cauteloso y se detuvo fuera del alcance de las manos del soldado, El soldado se quitó calmosamente la guerrera y le dijo mostrándosela: "Este es mi dinero". El Buche quedó deslumbrado y escudriñó la guerrera gris con botones dorados entre sorprendido y ávido. Le había ganado el corazón, pero como no era un cándido ni un palurdo disimuló lo que se había levantado en él para sacar ventaja de la avidez del italiano. Con estudiada parsimonia exhibió una cajetilla y extendió el brazo para recoger la chaqueta. El soldado frunció la frente y le gritó: "¿Una cajetilla por la guerrera?... ¡Diez!" El Buche dio un respingo y se echó para atrás; su deseo recedió. Iba a irse por otro lado, pero el soldado le gritó: "Una cosa razonable... nueve... ocho..." El Buche sacudió la cabeza negando tercamente. "Entonces, siete." Pero él sacudió la cabeza como antes y fingió que se iba. El soldado se dio por satisfecho con seis y luego bajó a cinco. El Buche hizo un gesto con la mano: nada que hacer. Se volvió hacia un banco y se sentó. El soldado le gritó enloquecido: "Ven... me conformo con cuatro..." Ni se dio por aludido, y para demostrar su falta de interés encendió un cigarrillo y se puso a fumar paladeándolo pausadamente. La desazón del soldado aumentó, se puso rabioso, parecía que el único fin de su existencia era conseguir cigarrillos. Bajó su demanda a tres, luego a dos. El Buche siguió sentado, dominando sus violentas ganas y su dolorosa impaciencia. Pero cuando el soldado hubo bajado a dos no pudo evitar un movimiento delator. El soldado, nada más verlo, extendió la mano con la guerrera: "Toma", y el Buche no tuvo más remedio que levantarse, acercarse al tren, recoger la guerrera y dar al soldado las dos cajetillas. Escudriñó la guerrera con ojos alegres y satisfechos y rompió sus labios una sonrisa triunfante. Dejó la caja en el banco y se puso la guerrera y la abotonó. Le quedaba ancha, pero no le importó.

Estaba maravillado, feliz. Recogió la caja y empezó a cortar el andén orgulloso, transportado. Evocó la imagen de Nabawiyya envuelta en su milaya y murmuró: "Si me viese ahora". Sí, a partir de ahora no me evitará ni me apartará la cara con desdén, y el Fino no tendrá motivo de qué presumir delante de mí. Aquí recordó que el Fino llevaba uniforme completo, no una simple guerrera. ¿Cómo conseguir los pantalones? Caviló un tiempo, luego echó una mirada de inteligencia a las cabezas de los prisioneros que asomaban por las ventanillas del tren. El deseo le jugaba en el corazón y le inquietaba el alma cuando casi la tenía satisfecha. Se lanzó al tren pregonando decidido: "Cigarrillos, cigarrillos. Un pantalón la cajetilla si no hay dinero. Un pantalón la cajetilla". Repitió el pregón por segunda y tercera vez. Temiendo que no comprendiesen lo que pretendía, señaló la guerrera que llevaba puesta y mostró una cajetilla. Su gesto produjo el efecto apetecido: un soldado no vaciló en quitarse la guerrera. El Buche corrió hacia él y le hizo gestos de que fuese despacio y le indicó los pantalones. El soldado se encogió de hombros desdeñoso, se quitó los pantalones y el cambio se completó. La mano del Buche se engarfió en los pantalones; casi volaba de gozo. Volvió al banco de antes y se puso los pantalones en un santiamén: estaba hecho todo un soldado italiano... ¿o le faltaba algo?... Era una auténtica pena que estos soldados no llevaran tarbús... ¡Pero llevan botas! Las botas le son indispensables para estar a la altura del Fino, que le amarga la vida. Cargó con la caja y se abalanzó al tren gritando: "Cigarrillos... un par de botas la cajetilla". Como la otra vez, se ayudaba de gestos... Pero antes de que diera con un cliente el tren hizo oír su pito; iba a arrancar. Se produjo una ola de agitación entre los centinelas. El manto de la sombra había cubierto los rincones de la estación; el pájaro de la noche planeaba en el espacio. El Buche se detuvo desconsolado, en los ojos una mirada de aflicción y rabia. Cuando el tren se puso en marcha le vio el centinela del vagón delantero y la exasperación apareció en su cara. Le gritó, primero en inglés, luego en italiano: "Sube ligero. Tú, preso, al tren". El Buche no entendió lo que decía y quiso consolarse remedándole, seguro de que no podía hacerle nada. El centinela gritó otra vez mientras el tren se alejaba lentamente: "Sube, te lo advierto, sube". El Buche apretó los labios desdeñoso y le volvió la espalda dispuesto a marcharse. El centinela crispó el puño que esgrimió amenazante, apuntó su fusil contra el inocente Buche y disparó. A la detonación, que atronó los oídos, sucedió un grito de dolor y de espanto. El cuerpo del Buche perdió el movimiento, la caja se le cayó de las manos y se desparramaron las cajetillas de cigarros y cerillas. Luego, la cara del Buche se mudó en la de un cuerpo exánime

Naguib Mahfuz, egipcio (1911-2006) fue el primer escritor de lengua árabe en recibir el Premio Nobel de Literatura, en 1988. Algunas de sus numerosas obras son “Entre dos palacios” (2006), “El café de Qushtumar” (2001), “Ecos de Egipto. Pasajes de una vida” (1997).

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No me tenebra

Julio Rudman (Desde Godoy Cruz, Mendoza. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Vargas Llosa me tiene las bolas llenas"
José Pablo Feinmann
Firmé. Mario Goloboff me envió una declaración de repudio a la decisión de los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires para que Mario Vargas Llosa diera la conferencia inaugural. Y firmé. Aún sabiendo que todas las firmas no iban a torcer el rumbo. Tenía la obligación moral de hacerlo. Ucronías aparte, hubiese hecho lo mismo si el agraciado era Louis Ferdinand Céline. ¿Que el francés fue colaboracionista nazi y que su actividad produjo muertes, en cambio Varguitas no mató a nadie? Pero, ¿hace falta recordarte, amada lectora, que la prédica fanática de los postulados neoliberales lleva en su mochila miles de muertos por inanición, suicidio, desplazamientos territoriales, marginalidad, xenofobia y desprecio clasista?

Me hizo vivir, como lector, momentos sublimes. Sin necesidad de haber esperado a que le otorgaran el Nobel. Para este caramelero, "Conversación en La Catedral", junto con "Rayuela" y "Cien años de soledad", son las obras paradigmáticas de la renovación estética y estilística de lo que el marketing editorial llamó el "boom" de la literatura latinoamericana. Eso pasó hace tiempo. Todos éramos más jóvenes y nos deslumbrábamos con alegría militante. Algún día habrá que averiguar qué carajo le pasó al autor de "La casa verde". Su desilusión respecto de la Revolución Cubana es un argumento chiquitito como para explicarnos este fundamentalismo activo por las causas en favor de los poderosos del mundo. Todo, disfrazado de amor irredento por la libertad. Ya se sabe, la del zorro en el gallinero.

Sin embargo, "La fiesta del chivo" relata la épica de los combatientes sandinistas contra Somoza; "El paraíso en la otra esquina", las vidas irreverentes y de rupturas estético-políticas de Paul Gauguin y su abuela Flora Tristán; y su más nueva producción, "El sueño del celta", la lucha de un explorador contra la explotación y el exterminio al que someten los capitalistas de entonces a los aborígenes del Putumayo y, posteriormente, su lucha por la liberación de Irlanda de las garras del Imperio británico. Esta temática repetida, en un pensador de ultraderecha, ¿es una forma de pagar la culpa por su conversión ideológica o mera especulación marketinera para seguir seduciendo a sus viejos lectores? Te dejo la inquietud, querida lectora.

Pero, acatando la frase de Feinmann con que envuelvo este caramelito, dejo a Vargas y vuelvo al centro del asunto.

Acierta Mempo Giardinelli, una vez más, cuando pone el foco en los organizadores de la Feria. Aunque estimo que este asunto no le restará ni medio voto a Cristina en octubre, parece una opereta más, y van..., para ensuciar la cancha. Esta vez, ejecutada con cierta eficacia. Cabe esperar que, después del exabrupto ético impecable de Horacio González, el peruano nobelizado tenga todas las garantías para desarrollar sus ideas literarias, y también políticas. Después vendremos nosotros a poner las cosas en su lugar: decirle que sabemos quién es y para quién juega, pasarle un pañuelo descartable para que siga llorando por la Argentina (por la de Menem, de la Rúa, la del default, la del desguace del Estado, la de las privatizaciones a mansalva, la de los desocupados comiendo de la basura, la de la timba financiera), esa que, felizmente, no vuelve más. La consigna, entonces, es no malgastar un solo huevo en semejante huevada.

Así como se promueve desde el Estado la implementación de una institución que reemplace, o conviva, con IBOPE para medir audiencia radial y televisiva, ¿no habrá llegado el momento de comenzar a pensar en la formulación de un nuevo modelo de Feria del Libro que compatibilice los justos intereses de la industria editorial y que, a su vez, tenga en cuenta el nuevo rumbo nacional y popular que atraviesa nuestro país? Tarea difícil, imagino, pero apasionante para intelectuales, escritores y, sobre todo, para funcionarios del área cultural.

La derecha vernácula ha tenido que recurrir al prestigio reciente del Nobel para ponerse ufana en vidriera. El Nobel no ha sido otorgado, todavía, a Carlos Fuentes ni a Juan Gelman, por ejemplo. Alguna vez le dieron el de la Paz a Kissinger y, recientemente, a Obama, que todavía no se lo ganó, como le dijo Michael Moore. Quiero decir que obtenerlo no quiere decir nada. O mucho.

Manu, mi nieto mayor, de cuatro años y medio, dibuja murciélagos y dice que son tenebrosos, pero que a él no lo "tenebran". Pues, a mí, no me tenebra que Vargas Llora llore su nostalgia por un mundo que se va yendo al diablo. Italia, Francia, España, Grecia, en fin, la vieja y aburguesada Europa, le provocará orgasmos ideológicos al otrora gran escritor.

Yo conozco nuestros murciélagos. Y tampoco me tenebran.

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Mujer

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Somos obras perfectas de la naturaleza
Que no logre el olvido asesinar nuestra esencia.
Somos fuente de vida, somos fuente de historia,
Volamos con el viento dejando la semilla
Como brote de sueños
de amor y de esperanza.
Vamos juntas con “ellos”, nuestros padres, hermanos,
Compañeros, los hijos, a sembrar madrugadas,
Germinando en la tierra la esperanza y la gloria.
Somos obras perfectas de la naturaleza
Si logramos que nunca nos disfracen la historia
Con máscaras perversas.

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Alí Primera: Padre cantor. Alí está sembrado en los sueños de la patria latinoamericana

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Fue un febrero de 1985 cuando el cantor del pueblo quedó sembrado en la memoria de estas tierras que llevan entre sus voces los cantos libertarios.

La voz de Alí Primera (Coro, 31 de octubre de 1941 - Caracas, 16 de febrero de 1985) es para nuestra geografía siempre verde y mineral una bandera enarbolada a todos los cantos y luchas. Su canción es palabra libertaria, eco de los sueños colectivos, que abrigan otro mundo, ya no sólo posible sino imprescindible. Pero no sólo es la voz de la protesta y la valentía del pueblo, sino que también es verso, caricia nacida del tacto y la utopía realizable.

Alí fue entre muchas otras cosas un hombre comprometido con las mujeres y hombres de su tierra, por eso será siempre voz de los sin voz. Cantor del pueblo, de todos los pueblos.

La canción de Alí Primera, voz urgente y libre, nombra lo más y mejor de nuestro suelo. Alí vive, como viven siempre los valientes, los héroes nacidos de los ríos y los vientos, vive en las manos, los ojos, los labios y la piel ardiendo. Vive en fin, en su canto, cantándole al pueblo.

Y por su canción necesaria, imprescindible en estos tiempos, el Gobierno Bolivariano declaró en 2005 su música como Patrimonio Nacional, como un acto de justicia, como una llamarada de conciencia y de memoria.

Durante una entrevista, la última que le hizo Mariam Nuñez, el 24 de enero de 1985, Alí refiriéndose a la canta imprescindible, dice que “nosotros hablamos de canción, no de recital, de concierto. Nosotros montamos una canción por la victoria, la canción por la unidad del pueblo, la canción por la patria buena. Hemos fundado canciones que ya se convierten en instituciones culturales de los diferentes pueblos de nuestro país, toda canción de un hombre de pueblo es válida y es necesaria”.

Breve semblanza

Este Alí que ha trascendido los tiempos y que de niño fue limpiabotas y hasta boxeador, supo navegar libre y conmoverse por las ajenas hambres y los dolores todos. Su voz se alzó como un estandarte en los patios de la Universidad Central de Venezuela en los inicios de 1960. Humanidad y No basta rezar fueron sus primeras composiciones.

Con el cuatro y la guitarra a cuestas Alí partió rumbo a Europa, donde estuvo entre 1969 y 1973, gracias a una beca que le otorgó el Partido Comunista de Venezuela (PCV) para continuar sus estudios en Rumanía. Allí grabó Gente de mi tierra, su primer disco.

De regreso a Venezuela, Alí Primera estuvo vetado en las empresas informativas. Sus denuncias que nacían de lo más hondo de la rabia y la ternura, eran reflejo de los rostros de quienes pasaban hambre, de los niños descalzos y sin escuela, por eso terminó fundando Cigarrón, su sello discográfico, a través del cual grabó Canción para los valientes, La Patria es el hombre, Canción mansa para un pueblo bravo, Cuando nombro la poesía, Abrebrecha, Al pueblo lo que es de César y Con el sol a medio cielo, entre otros discos.

Trece discos de larga duración legó Alí a las generaciones por venir. Su canto necesario estuvo presente en numerosos festivales en toda la América Nuestra. Y tal vez entre las canciones que son banderas que agitan cientos, miles de voces en esta patria latinoamericana se encuentran Paraguaná, paraguanera; José Leonardo; Techos de cartón; Cruz Salmerón Acosta; Reverón; Flora y Ceferino; Canción mansa para un pueblo bravo, Sombrero azul, Ahora que el petróleo es nuestro, y tantas otras. Pero además el padre cantor de Venezuela llenó con su ofrenda cada espacio disponible, cada fábrica, cada calle, cada escuela, cada sueño.

La Autopista Valle-Coche de Caracas lo vio por última vez. Su muerte se produjo el 16 de febrero de 1985 en un accidente automovilístico. Pero ni la muerte pudo silenciarlo. Alí está sembrado en estas tierras y en los pueblos que empuñan su canto como un fusil, como un anhelo.

La visión amorosa de Alí

Pero la canción necesaria de Alí supo ser también canto amoroso, enamorado de la vida y sus santos, santas y señas. Y es que las manos del hombre que construyen sueños, aman también el espeso ramaje de pieles y roces que se tejen en el recuerdo. La mujer amada encontró en la voz de Alí Primera el tibio amanecer del tiempo. Y estará siempre allí, para los que necesiten cantar amores y libertades.

El amor en todas sus dimensiones se hace presente. Sus labios cantan los deseos, las ganas de otros presentes, más dulces, más tiernos, más justos... Se le quedó la vida en sus luchas y sus gentes. Venezuela tiene tanto de Alí, que lo anunciamos cuando andamos arando la tierra libre y los amores buenos.

Que su canto no se pierda, que viva siempre entre los que han desesperado de tanto esperar, que florezca bueno y sabio. Que su canto sea siempre presente, para alumbrar los días que habrán de venir, cuando sus versos nazcan verdad.

Con el sol a medio cielo (fragmento)

“Con el sol a medio cielo
me di cuenta que la vida
le daba la bienvenida
y un abrazo al compromiso

Con el sol a medio cielo
y teniendo el cuerpo preso
sentí cabalgar el canto
profundo en el sentimiento

Y he seguido en la pelea
aligerado de peso
siempre volará la idea
aunque se pudran mis huesos

Velero, será siempre el hombre
y el mar es la vida intensa
y el hombre, navegando en ella
naufraga y se pierde
si no tiene impulso”

Alí Primera

Ilustración de la periodista y trovadora venezolana Yolanda Delgado.

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La copa derramada

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- Bueno Seba, estoy muy conforme porque estás llevando muy bien la carpeta con los temas.

Seba le responde con una sonrisa mirándolo con la admiración de siempre y, finalmente le dice:

- Está tomando forma y volumen ¿Cierto?

- Si, es cierto, pero yo quiero algo más.

- ¿Más prolija?

- No, con más contribución personal tanto tuya como de tus compañeros. Por lo menos que cada uno presente un escrito con redacción propia. Con lo cual sumaríamos una nota en Castellano. Es decir, así como te reitero que estoy muy conforme con la invitación que mandaste para que participen los familiares y los vecinos. Por esto, si le agregamos trabajos de los alumnos lograremos un valioso material integrando la comunidad educativa.

- ¿Y en que rubro pongo a un peón de la fábrica de ladrillos?- pregunta Seba.

- ¿Qué fábrica? Si aquí no tenemos fabrica de ladrillos.

- Bueno, es cierto, aquí no, pero un obrero de Cruz Alta, que es amigo mío me mandó esta carta que, justamente, hoy la traigo para entregársela a usted. Por supuesto, la pasé y la fotocopié en el Cyber, porque él me la mandó manuscrita. No se si usted está de acuerdo porque algunas palabras corregí pero otras las dejé tal cual…

- Seba busca en su mochila, saca un sobre, se lo entrega a Emiliano, quien comienza a leerlo:

Para el Seba, de parte mía y para la carpeta que hacen en la escuela. Remite Juan Cruz Iriarte. Obrero de la fábrica de ladrillos La Básica, del distrito Oeste Puntano Cruz Alta.

Abrió el sobre Emiliano y comenzó a leer, pero al segundo, esbozó una sonrisa y tomó una fotocopia de las que tenía Seba para repartir en el aula e intercambiando, ambos, una mirada cómplice, recomenzó la lectura:

LA COPA DERRAMADA.

Ayer vi por la tele a un señor muy instruido que explicó sobre la copa derramada o el chorreo que le dicen. Lo cual consiste en lo que llaman, creo que dijo, economía del capital que cuando se gana mucho, mucho, entonces la riqueza será como imaginemos una copa que se llena, se llena y va a rebalsar, es decir que provoca un chorreo que cae como una bendición a favor de los pobres que esperaban mientras la copa se llenaba. Yo quisiera saber desde cuando es eso porque o la copa es muy grande y nunca se llena, o está rota y tiene algún ujero donde está perdiendo o nos están jodiendo y nos están robando. Que eso es precisamente señor maestro que yo pienso porque pobres, en mi familia fuimos desde que se yo, como le puedo decir…lo que me faltan son las palabras pero no la velentía de decir la verdá y denunciar lo de la copa y lo del choreo. Porque que nos están robando es una verdad tan grande como la virgen María, que es lo que decía mi abuela y no se porqué porque nadie en el pueblo, que se sepa lo negaba nunca, jamás de los jamases, al contrario, si parecíamos todos ateos pero en la procesión eramo un montón, y eso es fe, es decir que a mi abuela nadie le cuestionó lo de la virgen María. Ahora yo si cuestiono lo de la copa porque es una burla hasta con el ejemplo que le han puesto: La copa que es un utensillo que se usa en la mesa pero no en las mesas nuestras de los pobres que en algunas casa ni vasos tienen y toman la leche en los jarros de lata y los lavan y ayí le echan el agua o el vino. Con lo que me doy cuenta que hasta con el ejemplo se burlan. Aquí tenemos un delegado que nos va explicando algunos problemas que nosotros, los compañeros no entendemos porque casi todos por no decir todos no terminamos la primaria. Y a él, se llama Alejo, lo elegimos porque sabe y además es de los nuestros, no se va a vender ni se va a convertir en dueño de un negocio que le dicen tercerización y es donde se aprovechan de su propia gente. No, el Alejo nos explica bien y nos dijo que jamás lo de la copa la van a cumplir los del capital porque escuenden y escuenden todo lo que ganan.

Nos dio de ejemplo a un tal BILL GATES famoso por varios inventos que ahora es millonario y que salió en los diarios y en la tele que el donaba mucho de su fortuna no sólo en su testamento sino además a beneficio de las instituciones pero se descubrió que esas instituciones son de él y con eso se le perdona pagar impuestos es decir que él mismo se regala lo que tendría que pagar al gobierno en impuestos. Ese señor será millonario pero se la pasa robando. De ese ejemplo que nos dijo son igual todos los capitalistas.

Justo, ayer en la reunión el Alejo nos contó que aquí en la Argentina no tenemos que ir muy lejos para hacer la comparancia con el milionario gringo, que aquí, le repito, por el motivo que asesinaron a un muchacho del partido obrero se fue descubriendo que la cosa tenía relación con los tercerizados del ferrocarril. Y también nos contó que el periodista Vervisky dijo que hay un sindicalista metido con la orden de disparar a los tiros contra la marcha pacífica donde cayó MARIANO FERREYRA y dijo que ese sindicalista cuando era más joven tenía ideas de la izquierda que es la que nos considera a nosotros los obreros, los de abajo y dijo que lamentaba como se había dado vuelta que ahora vivía en Puerto Madero residencia de los ricos ricos y que antes luchaba y peliaba por lo mismo que el Ferreyra luchaba y cayó muerto por una bala que parece que era para silenciar el derecho de pedir un salario digno. Por eso nos explicó el invento de los capitalistas de tercerizar que es un acuerdo entre los patrones de contratar gente por el mismo trabajo pero con menos sueldo y sin ninguna obra social para él, la mujer y los hijos. Lo pior es que todo eso se puede hacer si los del sindicato se venden y se dan vuelta a lo mismo que los políticos y los gobernadores o presidentes o los que están más arriba, formando una cadena de vendepatrias, cypayos y así nos va, señor maestro Emiliano.

Bueno lo saludo y le agradezco que le puedamos hacerle llegar mi pensamiento de obrero, vecino de otro pueblo pero con los mismos problemas que nos da la pobreza y que muchas veces como en Cruz Alta está provocando guerras entre nosotros mismos porque la mina a cielo abierto que instalaron los gringos les da sueldos para vivir a los obreros que contrataron pero ahora tenemos muchas enfermedades por el veneno que echan en las aguas y dicen que ya se siente hasta en las termas de Río Hondo que está en otra provincia que no es la de nosotros.

Seño maestro lo saludo con atención permanente y agradecido a sus ordenes para lo que guste mandar.

JUAN CRUZ IRIARTE.

Páginas de la novela "CRUZ DEL NORTE, PUEBLITO QUERIDO", de próxima publicación.

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Buscando la nada con Vicente Luis Mora (o consulta de un internauta atormentado con los “me gusta”)

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde hace algún tiempo Facebook me viene pareciendo un espacio cargado de ruido. Aparentemente nadie grita, nada se oye, pero hay ruido (el ruido que mutila cualquier segundo de pensamiento). Cada vez que entro en esta red (social) me invade una sensación de dualidad (o de inquilino de una pensión sin paredes). Por un lado comienzo a enviar mensajes o a decir “me gusta” y por el otro siento (crecientes) deseos de salir huyendo (calle abajo) y no regresar. ¿Huir? ¿Huir de qué? ¿Qué cosa es Facebook como para que yo le huya? ¿Acaso será una réplica de mi propio ruido? Pues no lo sé, el caso es que cuando ingreso a este sitio siento que he arribado a una infinita autopista de parcelas. Y, por más que grito, el humano más cercano se encuentra (también gritando) a cientos de kilómetros, no sé si más allá o más acá de mi ubicación (¿Cuál es el punto y con respecto a qué?). Tanta es la relación amor odio que vengo sosteniendo con Facebook, que en estos días hasta pensé en planificar mi suicidio virtual, cosa que anuncié (para ejecutarlo en una próxima fecha) en el muro del “Movimiento Estupidista”. No obstante, ante el mensaje de un “amigo”, que me escribió advirtiéndome que “ya un italiano se suicidó virtualmente”, desistí de la idea, pues no es mi intención participar en nada que forme parte de una ola consecutiva de “me gusta”. Sin embargo, como toda pena (o alegría) necesita de un gurú que la avale, desde hace más o menos una semana vengo siguiendo, con especial atención, los mensajes que en Facebook publica el escritor Vicente Luis Mora (Córdoba, 26 de septiembre de 1970): “Facebook prohíbe el silencio y la Nada. No es posible escribir un estado en blanco. Encontré en Twitter un modo de hacer un tuit blanco, y ahora estoy defendiendo allí una poética suprematista del silencio, pero Facebook tiene miedo al vacío, a la tentación metafísica de la Nada. Muy significativo” (muchos “me gusta”, muchos bla, bla, bla)…. “Unos puntos suspensivos suponen una persona pensando, alguien decidiendo callar. No hablo de eso, hablo de un estado vacío, contundente como un voto en blanco” (más, muchos más “me gusta” y otros tantos comentarios)… “Como decía Octavio Paz, no es lo mismo decir la nada que nada decir” (continúan los “me gusta” y los cuchicheos del vecindario)…Esos, y otros mensajes, me dejaron pensando: “Facebook prohíbe el silencio y la nada”.

Ya sabía yo que Vicente es un sujeto literaria (y feliz) mente atípico. Es más, es uno de los pocos escritores actuales que, en español, se puede leer sin que luego sobrevenga un bostezo. De su producción (que apunta hacia diferentes vías de la comunicación) me llamó la atención la iniciativa que tuvo de escribir íntegro el número 322 de la revista “Quimera”, dedicado al tema “Literatura y falsificación”. En ese especial usurpó, previo acuerdo con todas las partes involucradas (menos la del lector), las firmas de los colaboradores habituales del medio. El factor sorpresa (tan sepultado últimamente) es algo que todo buen lector agradece. Por todas las razones antes expuestas, pero sobre todo por la necesidad que tengo de buscarle arreglo a mi difícil relación con Facebook, le he solicitado a Vicente que me responda cinco preguntas. Lo que sigue no es una entrevista, es simplemente la consulta de un internauta que confiesa sentirse atormentado de un ruido (“me gusta”, “me gusta”, “me gusta”) invisiblemente sospechoso.

EB: .-Hola Vicente. Me ha dado la sensación de que tú promulgas (o quieres encontrar) una forma de silencio en las redes sociales (no sé si específicamente en Facebook o en todas). ¿Cómo es eso?

VLM: Mi preocupación por el silencio viene de antiguo; tengo un ensayo inédito sobre formas de silencio artístico y literario, que guardan una obvia parentela con la idea filosófica de Nada o con la mística oriental del vacío, temas ambos que me interesan mucho. Me pregunté si era posible utilizar esa estética de modo puntual para desactivar el ruido continuo de Facebook y Twitter y me sorprendió mucho que no fuese factible. Una persona me ayudó para solucionarlo en Twitter, donde ahora bombardeo una vez al día con tuits negros y blancos, suprematistas a lo Malévich, pero Facebook se resiste todavía. El señor Zuckerberg quiere vernos hablar sin descanso. Para escuchar él, supongo.

EB: Si asumes que Internet no es un acto silencioso, ¿qué forma de ruido sería?

VLM: Facebook es el “White noise”, el ruido de fondo del sistema; Twitter también, pero puede ser revertido, intervenido con blanco zen.

EB: Triunfaron los mensajeros, pero, ¿murió el mensaje?

VLM: Esa sensación se tiene desde Homero, pero no es cierta. El sentido y el mensaje están presentes, son parte del paisaje; lo que hay que hacer es resaltarlos de la hojarasca general, separar el grano de la paja, y “etiquetar” lo que es fango y estrépito destacando, por oposición, lo valioso. Es obvio que lo que para mí puede parecer “sentido”, como cierto sinsentido poético, puede no ser “mensaje” en absoluto para los demás, y viceversa. La pluralidad de sentidos, a veces contrapuestos, es lo que nos hace libres y ricos en puntos de vista.

EB: Cada quien un escritor, cada quien un pintor, cada quien un actor, cada quien un show, cada quien una voz, cada quien una revista, cada quien un editor, cada quien una editorial, cada quien un planeta. ¿Estamos a las puertas del manicomio global de los sordos?

VLM: El mundo es ruido y furia contado por un idiota, ya lo dijo Shakespeare en Macbeth. Hay una lección muy importante ahí: la salvación del sentido está en quien escucha. Es quien oye todos los discursos el dueño de la llave, el que está agazapado en silencio, leyéndolo todo, oyéndolo todo; ése tiene la suficiente tranquilidad de ánimo para seleccionar lo importante y aparcar, minuciosamente, el resto.

EB: Entendiendo que el Apocalipsis es una especulación (no hay esperanza de un final), una posible solución para conseguir el bendito (y anhelado) silencio, ¿podría ser organizar una subasta de bienes virtuales? ¿Veremos pronto una ola de subastas virtuales (cuentas de correos, de redes, webs, wikis, enlaces, etc)?

VLM: No lo sé, conformémonos con que sigan siendo gratis… Ahora no son subastables, porque no tienen valor monetario. El día que lo tengan las consecuencias serán terribles.

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Cine: La noche oscura (1989)

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


NACIONALIDAD: Franco española
GÉNERO: Drama histórico-biográfico. Cine religioso
DIRECCIÓN: Carlos Saura
PRODUCCIÓN: Andrés Vicente Flores y Françious Geré para Televisión española
PROTAGONISTAS: Juan Diego como San Juan de la Cruz
Julie Delpy como Ana de Jesús y la Virgen María
Fernando Guillén como carcelero
Manuel de Blas como el prior
Fermín Reixach como Fray Jerónimo Tostado
Adolfo Thous como Fray María
Marielena Flores como superiora
GUIÓN: Carlos Saura
FOTOGRAFÍA: Teodoro Escamilla
MÚSICA: Alfonso Pino
PELUQUERÍA: Josefa Morales
DURACIÓN: 93 minutos

Un día, en Colombia, en la televisión, cogí la cola de una película española sobre San Juan de la Cruz, que nunca hubiera pensado que era de Carlos Saura pero que seguí con vivo interés, ya que desde adolescente me ha llamado la atención el tratamiento de Dios en el cine, desde que leyera un primer libro de crítica cinematográfica que lleva ese nombre de Amedée Ayfré, el cual me leí con apasionamiento. (1)

No me sucedió lo mismo cuando cogí por el rabo ese otro filme de Saura que es su Goya en Burdeos (1999), en la que pude imaginarme que era de este director español por el manejo casi coreográfico de las escenas históricas.

Si bien, el tema religioso había sido tratado en el personaje del ermitaño, en Ana y los lobos (1972), lo había sido trabajado un poco a la manera irreverente y sarcástica del Luis Buñuel, a quien Saura dedicara su Peppermint frapée (1967) pero no con la hondura con la que se acerca a la historia del alma de San Juan de la Cruz, para hacer un precioso retrato psicológico del santo, en el relato de un episodio prolongado en el curso de su vida, el tormentoso encierro en el convento de los carmelitas calzados de Toledo, al que accedemos desde el exterior, al comienzo de la película, por haberse atrevido a cuestionar con Teresa de Jesús, la comodidad de un monacato, de una institución monástica, para introducir una idea innovadora, cuestionadora de los valores imperantes en el establishment, en la cristiandad establecida, con la vocación de cumplir con el voto de pobreza de una manera rigurosa, sin amor por las cruces de oro, con las que ornaban sus pechos los religiosos, concepto bastante mal recibido por el conjunto, que condena al asceta y al místico a la reclusión, a los azotes y la humillación como experiencia emocional correctiva de su supuesta soberbia, implícita en los valores del santo, quien pareciera anticiparse a la insubordinación del hombre rebelde camusiano. (2)

Sin duda, a pesar de su cercanía con el teatro, lo que Carlos Saura hace es cine, gracias a encuadres maravillosos, logrados ya sea con el plano secuencia o con el close up que le permite la creación de primerísimos planos, sin caer en la excesiva teatralización que hace correr el riesgo de la sobreactuación, como si, de alguna manera, el director español coincidiera con el francés René Clair, quien sabía que el cine es arte en sí mismo. (3) Un arte que abarca un universo material, con toda su vitalidad, con toda la profundidad psicológica de sus personajes, para que el realizador dé una versión propia, con los medios que tenga a su alcance, ya sea para, unas veces, acentuar el contenido y, en otras, la forma.

Así los Lumière o Dziga Vertov intentarían captar la realidad tal cual era y la subjetividad aparecía en los ángulos de visión, en los ritmos de las tomas. Mientras Meliès incluía elementos imaginarios más del orden de lo teatral.

Pero el cine religioso tiene una estética propia, autónoma, que exige una mayor complejidad en el tratamiento del tema.

Saura no recurre a la grandiosidad de los decorados, de la figuración, a la espectacularidad ni del Quo Vadis? de Mervin LeRoy (1951) ni del Ben-Hur de William Wyler (1959), que nos cuentan la historia a la manera que nos la relatan los americanos, como nos cantaba Piero.

Saura acude a un ámbito más íntimo, más dramático, más lírico, en busca de un registro de la fe de San Juan de la Cruz, en una cinta consistente y relativamente de bajo presupuesto, en la que predomina lo psicológico, lo más subjetivo del conflicto del santo con su entorno, puesto que es imposible pensar a un sujeto sin los otros, sobre todo si no olvidamos la frase de Freud acerca de que toda psicología es ante todo psicología social. (4)

Dicho director sitúa muy bien la realidad y la vivencia religiosa en el tiempo de Juan de la Cruz; es la época de la contrarreforma, como antídoto contra el protestantismo, crítico acerbo del amor de la Iglesia de Roma por el poder temporal, en medio de todas las corruptelas del período de Alejandro VI; Juan de Santo Matía, el otro nombre religioso del protagonista, ha sido alumno de teología de fray Luis de León en Salamanca y amigo personal de Santa Teresa de Jesús, quien lo ha incitado a la reforma de las reglas de los carmelitas y a lo que Saura se dedica es a mostrarnos la práctica de una ascesis de la pobreza, de renuncia a los bienes terrenales del hombre, incluidas las sandalias, que lo lleva a una mística, si entendemos por ésta una experiencia muy difícil de alcanzar por los seres humanos, que lleva un grado máximo de unión del alma humano con lo sagrado durante su existencia terrenal y que se diferencia de la ascesis, en tanto ésta es una práctica que ejercita el sujeto humano para acceder a la perfección.

El director español nos exhibe este proceso de una forma concreta, viva y eficaz, que demuestra la fuerza suficiente de un hombre fiel a sus deseos e ideales, que harían que su historia con minúscula se inscribiera en la gran Historia con mayúscula de una forma trascendente hasta pasar a ser nombrado por Pío XI, doctor de la iglesia y patrono de los poetas españoles.

Es de ahí de donde brota su mínima grandeza religiosa, que se aleja de los deleites prometidos por el mundanal ruido, como aconsejara su maestro Fray Luis de León.

Sin embargo, lo que no logro comprender bien es por qué Saura se metió en este propósito y declara que su Noche oscura, fue una obra en la que asumió toda la complejidad del tema y era su proyecto más acariciado, sobre todo cuando él mismo expresa que le encanta que digan que su cine es simbólico y críptico y era un momento en que venía de introducirse en el cine histórico con su El Dorado, su versión de la vida de don Lope de Aguirre, tan aferrado a los bienes terrenales del hombre, protagonizado por el actor y doblador italiano, Omero Antonutti. (5)

Ahora, superado el franquismo, Saura se siente liberado de una misión que él mismo se había propuesto, contribuir al cambio de España, en una época en la que se preguntaba acerca de la sociedad española, la religión, el sexo, la política y los militares, cosa que tan bien había retratado en su Ana y los lobos, antes de la muerte del Generalísimo.

¿Por qué toma la tarea de hacer un relato hagiográfico de San Juan de la Cruz si el mismo explica que sus personajes pueden tener, más o menos, muchos puntos en común con su personalidad aunque no sean fotocopias de sí mismo, cosa que hace casi de una manera inconsciente? Creo que sería algo que le preguntaría si tuviera la dicha de poder entrevistarlo.

De todas maneras, su hagiografía no tiene los toques melodramáticos del Fray Escoba del gallego Manuel Torrado (1961) ni del Yo pecador del mexicano Alfonso Corona Blake (1959); el énfasis de La noche oscura está puesto en otro lado, en el espíritu cuestionador del reformador de los carmelitas, de quien nos da una visión a la vez espiritual y material, con un ritmo muy adecuado pero no carente de intensidad dramática.

El santo está ahí ante nosotros, sin recurrir a elipsis, mostrado en la cotidianidad de un largo episodio de su vida, sin escapar de cierto surrealismo, muy propio de su querido maestro Luis Buñuel, pero sin caer en cursilerías, como podemos constatarlo en las apariciones seductoras de Ana de Jesús o de la Virgen María, representadas por la misma actriz, la bella franco-americana Julie Delpy, figura semejante al obscuro objeto de deseo buñuelino, que lo seduce con su voluptuosidad, hasta hacerlo caer en la tentación del conocimiento del amor humano o que lo incita en su versión celestial a que siga su camino fuera de los muros del convento de Toledo, donde los carmelitas calzados lo han lanzado a la celda, un espacio sin perspectivas, que sólo le posibilita la mirada interior, cuando casi está sometido a un estado de deprivación sensorial, que sólo se interrumpe con la emergencia de lo proyectado en sus alucinaciones o en lo traumático y real de las flagelaciones, propiciadas por el padre prior, que soporta, sólo con un único amago de arrepentimiento frustro, ya que es un hombre que no cede ante la ética de su deseo y de sus ideales.

Sin embargo, no encontramos en esta cinta nada carnavalesco, nada impostado, como si el director quisiera a través de un lirismo dramático tocar nuestras fibras como espectadores, al mostrarnos la historia de un hombre rebelde que no se rinde, en un acto de total valentía, en tanto y en cuanto no se pliega al deseo de los otros, del establishment, del orden establecido.

Juan de Santo Matía, como asceta y místico, propone un ideal de ejercicio del cristianismo, pero el grupo no lo requiere y lo rechaza, como un contenido que puede producir cambios catastróficos, si leemos la película desde la perspectiva del psicoanalista W. R. Bion, y, por ello, quieren anularlo y aniquilarlo.

Ese grupo no está dispuesto a brindarle las condiciones para que su genialidad florezca y se propague, en tanto y en cuanto, lo que viene a ser es un ser peligroso y disruptivo, que desafía los usos y costumbres del grupo, que amenaza su cohesión con un escisión, de donde entre los frailes calzados surgen las más sádicas pulsiones en busca de destruir al místico y hacer que lo establecido hasta el momento se perpetúe a cualquier precio, aún con el sacrificio del desarrollo y la vitalidad del que trae una idea nueva y es convertido en chivo emisario. (6)

Entonces, salvo la luz mortecina del principio del filme y la brillante del final de la cinta, estamos siempre en un espacio claroscuro, que sólo se ilumina intensamente en el momento en que, tras la huida, el monje rebelde alcanza la libertad y la autonomía para poder seguir luchando por lo que tanto ha anhelado, al liberarse de un entorno oprimente y humillante que ponía obstáculos a sus ideales, ¿acaso cómo la misma España?

Pero lo social queda ahí, resumido en el mundo conventual pues no pareciera ser que el énfasis sauriano gire, en estos momentos hacia los movimientos sociales, como pasa en muchos otros exponentes del cine religioso, donde los sacerdotes aparecen como buenos pastores que apacientan a los fieles de su redil, que se meten al rescate de delincuentes o incitan a la protesta social como es el caso de la bella película de Verneuil, Los cañones de San Sebastián (1968) que nos conectaba a los adolescentes de entonces con los ideales de la teología de la liberación.

Con Saura lo que hacemos es profundizar en la historia de un alma, para utilizar las palabras de Santa Teresita del Niño Jesús.

Aquí no asistimos a la comunión de los santos, por el contrario, nos adentramos en las miserias del mundo conventual para asistir como contrapartida a la historia de una ascesis, que nos lleva toparnos con una transmisión posible de lo inefable de la experiencia mística.

Tampoco vemos la acción de un cura párroco al estilo del de George Bernanos o del que interpretara Gene Kelly, en la magnífica serie televisiva, El buen pastor.


Aquí no cuenta la visión del apóstol ni del proselitista sino la búsqueda de una manera distinta de abordar la ejercitación del cristianismo.

El mal no escapa de las tapias del convento, habita en él, con la intolerancia frente a la singularidad de Juan de la Cruz, impuesta desde una ideología y una mentalidad que no acepta ideas nuevas, desde una posición estrictamente dogmática; nadie podría tener concepciones distintas del ejercicio de la enseñanza cristiana, aunque el mal no aparezca de una forma tan siniestra como emerge en el convento de la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa. (7)


En la cinta de Saura asistimos a una eclosión espiritual que no se rinde, que no se conforma ante una iglesia atrapada por las seducciones de los bienes terrenales del hombre, a la historia de un hombre que se lanza en su proyecto con una misión bien clara, para utilizar terminología heideggeriana; nos adentramos en el claro oscuro no sólo del convento sino de su psicología, un poco a la manera, que lo hiciera la escuela francesa inquieta por la interioridad, por la subjetividad, por la experiencia interior, de la que tanto nos enseñara Georges Bataille, las cuales siempre han sido objetos predilectos del arte, como un legado del teatro, que tiene muy presente cierta poesía, cierta narrativa, cuentística o novelesca y cierto cine, bajo el presupuesto de que todo fenómeno psicológico es susceptible de devenir estético, al expresar las pasiones, ya sea de una forma estilizada o de una manera directa, evocadora de sentimientos como la tristeza, la alegría, el dolor, el conflicto, la angustia, gracias a la intervención actoral reforzada por decorados, iluminaciones y encuadres.

Esta versión de un período en la vida de San Juan de la Cruz se inscribe entonces en la categoría del cine-arte, tan emparentado con el teatro y hasta podríamos pensarla como una representación teatral fotografiada, con un uso frecuente de primeros planos, que nos acercan al rostro humano para dar cuenta de su drama interior, pero también nos arriman otras partes del cuerpo, que nos hablan por sí solas como la mano del santo que toca sensualmente la piedra del convento que lo encierra, el muro carcelario, para luego lograr imágenes dignas de un Rembrandt o de un Georges de la Tour, con sus maravillosas iluminaciones.

Pero la palabra, el monólogo y el diálogo, también cuentan como elementos importantes en esta versión sauriana, pese a la antipatía que el director pueda tener por los guiones.

En esta cinta, imágenes y palabras fluyen en las sombrías luces del locutorio, del comedor conventual o de la celda, a la que sólo entran los rayos del sol por un ventanuco, una hendija en los muros pétreos conventuales y asistimos a un proceso en que la mística se convierte para Juan en una especie de espacio para la ilusión, en una zona transicional, en el sentido de ese otro gran psicoanalista Donald W. Winnnicott, quien nos habla de que en el campo de la cultura, la religión, tanto como el arte se convierten en una suerte de consuelo frente a las adversidades ocasionadas por lo establecido, para luchar contra los goces de la melancolía, para esas almas que logran refugiarse en su amor a Dios, como cuando el santo dice:

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

O cuando declama:

Qué bien sé yo la fonte
que mana y corre,
aunque es de noche.

O:

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte ó al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Todo ello en medio de estados alterados de conciencia que lo llenan de espanto y parecen anticiparse al temor y el temblor del que nos hablar SØren Kierkegaard, siglos después. (8)

Pese al abandono, el maltrato y las humillaciones, Juan de la Cruz tiene la fuerza interior suficiente para luchar contra el demonio, representante del mal en su sistema de creencias, al hablarnos desde Toledo, de una monja de Ávila, doctora sin maestros, una niña prodigio, de la que pensaban que estaba endemoniada, a quien habría de juzgarla cuando él mismo hacía parte del Santo Oficio, del tribunal de la Inquisición.

No hay duda de que estamos ante un director magistral y versátil, que nos deleita con la génesis de una poesía mística, que se esbozara en Toledo pero que San Juan de la Cruz podría perfeccionar aún más en su retiro en la soledad de la Peñuela, en el camino de Andalucía, en la Sierra Morena. (9)

Así podemos presenciar la poiesis, el alumbramiento de ese cántico espiritual que nos dice:

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras
y pasaré los fuertes y fronteras.

Acompañados por esa penetración en la psicología de su personaje, que logra Carlos Saura, de un hombre ejemplar, felizmente interpretado por Juan Diego, tanto actor teatral como cinematográfico, quien con gesto sensual acaricia el papel y la pluma para escribir aquellos versos místicos que dan nombre al filme.

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

Para, en días más largos que anuncian la llegada de la primavera, añore verla al natural, tras las tapias de los muros conventuales, mientras los recita al fraile carcelero, el único que escucha, versos que llevan el tono de El cantar de los cantares y transmiten, en parte, lo inefable de la experiencia mística mientras un fraile moribundo y agonizante le dice que oyó hablar de él a Teresa de Ávila, al referirse a él como a un santo, una forma de agradecerle el acompañamiento a un buen morir, para después Juan volver a su poesía:

¡oh noche que juntaste
amado con amada…!

Momento en que aparece ante sus ojos la Virgen María, quien lo invita a irse, a marcharse, a fugarse del convento, para realizar su proyecto allende la celda, a la que estaba condenado, consejo que el fraile sigue sin dilación para llevarnos a un mundo luminoso.

Gracias a Carlos Saura y Juan Diego podemos palpar con bastante intensidad la vivencia del sentimiento religioso, tan determinante en la vida de Fray Juan de Santo Matía, a quien vemos enfrentado con su conciencia, sus pulsiones, su ascetismo, al adentrarnos en la interioridad de un alma, que llega casi a un desapego metafísico, en el sentido que usara este concepto Paul Claudel en Un poeta mira la cruz. (10)

Con Saura y Diego asistimos a una bellísima dramatización lírica de la vivencia religiosa que nos lleva por los caminos de la experiencia interior; sin duda, Saura encuentra en Diego un maravilloso colaborador, quien ocupa un lugar privilegiado en la creación sauriana, ya que casi toda la cinta se centra en él, rodeado de un ambiente en el que pueden ser contrastados los valores religiosos y el sentimiento trágico de la vida, uno en el que Juan de la Cruz se convierte en un digno antecesor de don Miguel de Unamuno, sin verismos rosados, sino más bien con un crudeza negra, pura y dura, que nos habla de la complejidad del alma humana, lo que nos demuestra, una vez más que Carlos Saura es un excelente director de actores, que en este caso con un guión y una realización bastante ascéticos, que sólo se rompen con el barroquismo surrealista de las apariciones y en su conjunto logra ofrecernos a los espectadores todo un acontecimiento artístico como lo confirman los premios y las nominaciones a ellos.


Notas:
1) Ayfré, A. Dios en el cine. Editorial Rialp, Madrid, 1958, 220 pp.
2) Camus, A. El hombre rebelde en Obras Completas (t. II), 3ª. ed., Editorial Aguilar, México, 1968, pp 585-870.
3) Clair, R. Conferencia a los amigos del cine, 20 de noviembre de 1924.
4) Freud, S. Psicología de las masas y análisis del yo en Obras Completas (t. XVIII). Amorrortu editores, Buenos Aires, 1976, pp 63-136
5) Gregori, A. El cine español según sus directores. Cátedra, Madrid, 2009, pp. 580-597.
6) Menzies Lyth, I. La contribución de Bion a pensar sobre grupos. Área 3. Publicación de la Asociación para el Estudio de Temas Grupales Psicosociales e Institucionales. http://www.area3.org.es/htmlsite/productdetails.asp?id=30
7) Eco, U. El nombre de la rosa. Editorial Lumen, Barcelona, 2010, 752 pp.
8) Kierkegaard, S. Temor y temblor. Editorial Losada, Buenos Aires, 2004, 148 pp.
9) Edelvives. El santo de cada día. Tomo VI. Noviembre y Diciembre. Editorial Luis Vives, S.A. Zaragoza, 1949, p. 248
10) Claudel, P. Un poéte regarde la croix. Gallimard, París, 1938, 292 pp.

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De las ceremonias del comer y del cagar

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El comer y el cagar forman parte del mismo proceso fisiológico, constituyendo los puntos terminales. Por un extremo entran los alimentos, por el otro se expulsan los desechos. Sin embargo, las ceremonias son muy distintas. Comemos en grupo, cagamos en solitario. Naturalmente, se invocan razones de higiene. Pero es de preguntarse si serán válidas en el futuro pues los churros saldrán totalmente esterilizados.

Y bien, las posibilidades son variadas. Veamos. Puede que se continúe cagando en solitario y también se coma en solitario, llenos de vergüenza de hacerlo en grupo. O por el contrario ambas funciones se cumplan en grupo, y limpiarse el culo sea un acto tan elegante como hoy es limpiarse la boca, ni el material habrá que cambiarlo, servilletas de papel y papel de baño son una y misma cosa. Sin contar que “¡Vete a la mierda!” ya no se oirá como insulto, y sí el “¡Vete a la lechuga!” o el más sofisticado “¡Vete al pato a la naranja!”

El tiempo lo dirá, ya nada podrá asombrarnos.

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¿Para qué sirve la literatura?

Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cada tanto algún político, algún burócrata, algún inteligente inversor resuelve estrangular las humanidades con algún recorte en la educación, en algún ministerio de cultura o simplemente descargando toda la fuerza del mercado sobre las atareadas fábricas de sensibilidades prefabricadas.

Mucho más sinceros son los sepultureros que nos miran a los ojos y, con amargura o simple resentimiento, nos arrojan en la cara sus convicciones como si fueran una sola pregunta: ¿para qué sirve la literatura?

Unos esgrimen este tipo de instrumentos no como duda filosófica sino como una pala mecánica que lentamente ensancha una tumba llena de cadáveres vivos.

Los sepultureros son viejos conocidos. Viven o hacen que viven pero siempre están aferrados al trono de turno. Arriba o abajo van repitiendo con voces de muertos supersticiones utilitarias sobre el progreso y la necesidad.

Responder sobre la inutilidad de la literatura depende de lo que entendamos por utilidad, no por literatura. ¿Es útil el epitafio, la lápida labrada, el maquillaje, el sexo con amor, la despedida, el llanto, la risa, el café? ¿Es útil el fútbol, los programas de televisión, las fotografías que se trafican las redes sociales, las carreras de caballos, el whisky, los diamantes, las treinta monedas de Judas y el arrepentimiento?

Son muy pocos los que se preguntan seriamente para qué sirve el fútbol o la codicia de Madoff. No son pocos (o no han tenido suficiente tiempo) los que preguntan o sentencian ¿para qué sirve la literatura? El futbol es, en el mejor de los casos, inocente. No pocas veces ha sido cómplice de titiriteros y sepultureros.

La literatura, cuando no ha sido cómplice del titiritero, ha sido literatura. Sus detractores no se refieren al respetable negocio de los best sellers de emociones prefabricadas. Nunca nadie ha preguntado con tanta insistencia ¿para qué sirve un buen negocio? A los detractores de la literatura, en el fondo, no les preocupa ese tipo de literatura. Les preocupa otra cosa. Les preocupa la literatura.

Los mejores atletas olímpicos han demostrado hasta dónde puede llegar el cuerpo humano. Los corredores de Formula Uno también, aunque valiéndose de algunos artificios. Lo mismo los astronautas que pisaron la Luna, la pala que construye y destruye. Los grandes escritores a lo largo de la historia han demostrado hasta dónde puede llegar la experiencia humana, la verdaderamente importante, la experiencia emocional; el vértigo de las ideas y la múltiple profundidad de las emociones.

Para los sepultureros sólo la pala es útil. Para los vivos muertos, también.

Para los demás que no han olvidado su condición de seres humanos y se atreven a ir más allá de los estrechos límites de su propia experiencia, para los condenados que deambulan por las fosas comunes pero han recuperado la pasión y la dignidad de los seres humanos, para ellos, es la literatura.

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Migajas

Andrea Dufournel (Desde Temuco, Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Quienes administran y generan pobreza, quienes, mientras viven cómodamente y mantienen sus conciencias tranquilas expiando pecados acudiendo a misa cuatro veces al día, actúan como el asesino que estando en la cárcel ve la “luz” y se vuelca en oraciones creyendo que así sus víctimas dejarán de serlo, o quienes explotan a sus trabajadores y que al morir dejan su riqueza acumulada a la iglesia con la finalidad de comprarse alguna parcelita en el cielo, se asemejan mucho al bono de 40.000 pesos que ha anunciado el gobierno para que, según ellos, los pobres sean menos pobres.

Cuando no hay real empatía entre estas conspicuas autoridades y quienes deben vivir diariamente mirando de frente el rostro duro de la miseria, esa miseria que no les permite tener lo básico para vivir, vestirse o educarse, que jamás han visitado un supermercado ni alguna tienda de un centro comercial, que jamás se han puesto una prenda de ropa nueva ni han comido algún alimento fresco ¿van a solucionar sus problemas con el bono?

Quienes se dicen de clase media, pero que tienen tantos o más problemas que los nada poseen, que reciben sueldos de hambre, ahora miran con envidia a los “beneficiados” ya que las alzas les ahogan y no reconocen que también son pobres, el dinero plástico les mantiene en una suerte de clase social privilegiada, con acceso a los bienes de consumo, claro que endeudados de por vida… los pobres no tienen deudas.

Cuando reconocemos y concordamos en que el sistema neoliberal genera en nuestras sociedad profundas diferencias entre pobres y ricos, sabemos que la única forma de superar la extrema pobreza, la miseria, no es precisamente los “bonos”, que por supuesto ayudarán a estas personas, sino que es redistribuir equitativamente la riqueza, generar los espacios necesarios para una educación de calidad real para todos y trabajos con salarios justos.

Cada año vemos el patético espectáculo que se presenta cuando se discute por el aumento del salario mínimo, que al final queda convertido en un irrisorio aumento so pretexto de proteger el acceso al empleo. Esos mismos que hoy quieren “sacar” de la miseria a buena parte de los chilenos con el “bono” de $ 40.000, en épocas de elecciones golpean sus puertas, si es que las tienen, llevando cajas con alimentos para comprar sus votos, prometiendo cambio, futuro, esperanza, y lo único que obtienen los “beneficiados” son migajas. Cuando se acabe la mercadería, o se les termine el “bono” tendrán que seguir sentados esperando a ver si a algún iluminado, que contrata mendigos de utilería para sus eventos mediáticos, le preocupe la baja en las encuestas y frente a una caída libre en desaprobación se acuerde de que en nuestro país existen mendigos de verdad, que viven en la miseria y pobreza.

Seguramente, pronto, quienes envidian a los pobres recibirán, como “clase media” de tomo y lomo algún “bonito”. Aquello les permitirá estar más tranquilos y les quitará esos malos pensamientos de salir a reclamar a la calle los cambios sociales que tanta falta nos hacen. Lo que sí es seguro, las pantallas de los noticiarios de verán colmadas de autoridades entregando, en actos masivos, el envidiado “bono”, es posible que los lleven a Palacio para que el presidente los utilice al igual que a los 33 mineros, ubicándolos tras de sí, sonrientes, mientras su risa dibujada termina por completar el patético cuadro.

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Música: El vals vienés

ARGENPRESS CULTURAL

El vals (galicismo de valse, que a su vez procede del germanismo Walzer) es un elegante baile musical a ritmo lento, originario de la región del Tirol (Austria) por el siglo XII. El vals conquistó su rango de nobleza durante los años 1760 en Viena, capital del gran imperio austríaco, y se expandió rápidamente por otros países. Algunos autores creen que el vals tuvo su origen en la volte, danza de baile en tres tiempos practicada durante el siglo XVI. La palabra vals nació en el siglo XVIII y viene de "walzen" (verbo "girar" en alemán), cuando el vals se introdujo en la ópera y en el ballet.

En su origen tenía un movimiento lento, aunque posteriormente se convirtió en una danza de ritmo vivo y rápido. Su característica más significativa es que sus compases son de 3/4. En el compás del vals, el primer tiempo siempre es considerado como el tiempo fuerte, y los otros dos son débiles. Así, el patrón es "fuerte, débil, débil".

Al oír la palabra "vals", enseguida se relaciona con música clásica, pero lo cierto es que el vals sólo es una forma musical y puede estar en cualquier estilo, por ejemplo en forma de rancheras mexicanas, aunque el Swing siempre es el ritmo más usado (el cual es de 4/4, en patrón F, d, F, d).

Frédéric Chopin, el gran compositor y pianista polaco, aportó una cantidad de excelentes vals para piano y, entre ellos, el vals más breve denominado Vals del Minuto.

Tradicionalmente, el nombre de "vals vienés" se refiere a un género específico de música: los valses rápidos de la era romántica de Viena. La música normalmente está escrita en un compás musical de 6/8 con 29/30 compases por minuto, aunque a veces también está escrita en un rápido 3/4 con 58-60 compases por minuto. Casi siempre es música instrumental, escrita para diferentes tipos de orquesta. El compositor de vals vienés más conocido es Johann Strauss, miembro de una tradicional familia de músicos, creador de grandes obras como "El Danubio Azul" y "Cuentos de los bosques de Viena".

Aquí presentamos tres obras ya clásicas: de Johann Strauss “Danubio Azul” y “El Murciélago”, y de Richard Strauss: “Walzer aus 'Der Rosenkavalier’”




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Plegaria de un padre traicionado

Ían Welden (Desde Copenhague, Dinamarca. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Caminos, horizonte
Biberones rosados
Tuto tuto güagüas
Amaneceres, puestas de sol
Ambulancias, penicilina
Fiebres, sonrisas, primeros pasos
Barrio verde, casa y techo
Aves azules en los árboles
Abracitos, arco írises
Vecinos, puertas abiertas
Globos y serpentinas y volantines
Árboles de navidades, rondas
Dos mas dos cuatro
Colón descubrió América
Jesús lloró en el Monte de los Olivos
El amor incipiente rondando en las esquinas
Todo esto me hurtaste
con la brutalidad de un terremoto
por el vano propósito
de encontrarte a ti misma.

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Holgazanes de la RAE parecen burros cargados de letras

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¡Qué vaina, burro cargado de leñas espanta a burro cargados de letras! Uno de mis buenos amigos es académico de la universidad y también es escuálido, condición que lo incapacita para ser feliz.

Esta mañana nos vimos y de sopetón él me vino con expresiones sin sentido, en contra del Presidente de la República.

Parecía un miura recién salido del corral por lo que decidí torearlo a mi manera, es decir, llevarlo a mi terreno. Lo dejé hablar necedades y hasta le hice preguntas malintencionadas para tratar de enredarlo y creo haber logrado mi objetivo: ponerlo a dudar.

Para tú convencer a una persona, primero debes ponerla a dudar de lo que tiene en la cabeza; más fácil es convencer a una persona que duda, antes que a otra obstinadamente testaruda; y, aplicar la mayéutica nunca está demás en tales casos; lo hice.

¡Me jodiste!- me dijo-y a decir verdad yo no hice más que ponerlo a dudar de tantas vainas que él tiene en la cabeza.

Creo sinceramente que hay mucho escuálido buena gente y que puede aportar su concurso, ahora resultó que derivamos a conversar acerca de unas vainas que él conoce muy bien pero que yo no comparto del todo pese al tremendo respeto que le tengo en esa área: la lingüística.

En algo convenimos; convenimos en considerar a Chomsky como tal vez el más relumbrante intelectual viviente, aunque tengamos a mucha gente como Britto García, por ejemplo; intelectuales comprometidos con los pueblos, son excepciones.

Convenimos también en que la clase media en positivo pudiese ayudar a la clase media en negativo, al menos a conversar y esa es una propuesta pública de mi parte, a quien pueda interesar.

También tocamos el tema de la “Real Academia de la sin Hueso” -RAH-, es decir, de la Real Academia de la lengua Española -RAE- y no coincidimos; era una amistosa confrontación de pareceres entre el lenguaje culto-de él- y el lenguaje popular que yo defiendo sin cortapisas porque considero que la buena salud de un idioma, de un lenguaje, más proviene y se sustenta de y en la experiencia del pueblo trabajador, antes que de y en la holgazanería de gramáticos ignorantes.

Sí la respuesta está delante de tus ojos y no la miras, es que tú andas bizco; me entero que la tal RAE eliminó la “H”, la “LL” y otras vainas y yo me pregunto ¿Es que quieren ahorrar tinta? ¿Por qué no tratan de ahorrar sangre? ¡Ese sí es el tema hoy!

Resumo algunas de mis consideraciones:

¿Por qué la RAE no aprovecha la fuerza de su prestigio y se pronuncia contra expresiones tales como “daños colaterales” esgrimida por USA y por esa máquina de guerra que es la OTAN, cuando bombardea Irak, Pakistán, Palestina, Afganistán y asesina niños?

¿Quiere la RAE matar a su propio idioma? ¿Por qué? ¿Qué interés hay de por medio?-¡Es extraño!

Las estructuras formales del idioma castellano-alias idioma español-se estremecen cuando habla el pueblo llano y sin “caste”, inclusive. Ese grupito de ignorantes insensibles que son los académicos de la Real lengua Española deben despojarse de la “Realeza” porque eso “uele” a Reino (real decreto, real palacio, real academia, realeza) y demás vainas; deben revisarse a lo interno antes que tratar de meternos dentro de un molde.

A propósito de moldes, la mente no admite moldes, la mente es una vaina del carajo porque nunca se llena ni se rebosa, lo malo es que algunas instituciones pretenden convertir la mente del pueblo en un basurero de ideas para perpetuar la dominación colonial que iniciaron en firme con un tal Colón.

Estimo que respecto al uso de una letra u otra, deben ser las mayorías quienes decidan y no un grupete de holgazanes insensibles, ineptos e ignorantes, estronekraptikhwof y kwxcv9jÜ4$#ñeppotikozvs.

Sí el lenguaje es un producto social y humano no puede ser encajonado entre los límites de un molde diseñado por élites porque las sociedades son dinámicas; a cada rato el hombre inventa vainas a las que debe asignarle una definición y es la misma sociedad la que asimila o rechaza cada nueva o caduca definición.

Lo anterior no niega que el ser humano viva entre límites de otra naturaleza porque nacer y morir, por ejemplo, son límites pero no de un molde burdo.

Creo que nosotros debemos atenernos a las formas expresivas de mayor alcance y esas no son sino las del pueblo trabajador-la lengua popular- no las que imponga la tal RAE.

No hay escritura ni oralidad perfecta pero entre nosotros, los de abajo, nos entendemos muy bien.

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El intelectual celoso de su pureza

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde abajo de un limonero amarillo observa
el ejército del mal está invadiendo el país de mudecines del atardecer
los muertos ya se queman al sol,
lo reprueba con firmeza
mas calla porque ahí reina un sátrapa turbio
y es justo que desaparezca en ataques que nublen el sol
Tiene los ojos limpios entre las hojas verdes
inmóvil prefiere la brisa y el cielo azul
donde vela para que sus escritos no puedan ser acusados de desequilibrio,
prefiere escribir después páginas blancas de ira
condenando lo que ha visto hacer al imperio más poderoso de la historia
La complicidad es cómoda desde la fruta sabiendo
que es imposible que el humanismo gane si se exige lo perfecto en la lucha

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La onírica impronta de las acuarelas

Octavio Borges Pérez (Desde Cuba. Servicio Especial de la AIN. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Como imágenes extraídas de los sueños, vistas a través del imperfecto azogue de un viejo espejo, como si alguna sustancia inmaterial, de transparente liquidez se interpusiera entre el ojo y la obra y provocara tenues tachones móviles, que a su antojo reflejaran luces y colores, así son las acuarelas.

En estos tiempos apreciar una obra de tales características es una rara ocasión, porque contados artistas a ella se dedican y resulta como una sorprendente maravilla que salta plena de encantos de uno de los más recónditos vericuetos de la memoria.
Todo este mes, una de las recoletas salas de exposiciones del Palacio de Lombillo, justo en el costado izquierdo de la capitalina Plaza de la Catedral, mantiene abierta al público la exposición Acuarelas, con obras de reconocidos maestros de las artes plásticas cubanas.

Con toda la calma y a gusto del visitante, allí se pueden apreciar piezas de Arturo Montoto, Pedro Pablo Oliva, Alicia de la Campa, Víctor Manuel Velázquez, Osvaldo García, Carlos Gámez Francisco y José Luís Fariñas.
Todo un placer estético se propone esta muestra donde Montoto hace gala de excelencias con Sedición, un gran cuadro de 100 por 130 centímetros, que nos incita a esa experiencia táctil o de otros sentidos que las obras de este consumado artista siempre inspiran a quien las observa con detenimiento.
En alegrías y tristezas del Malecón, ese pinareño insustituible, Pedro Pablo Oliva, nos vuelve a rodear de sus tiernas criaturas; o el joven José Luís Fariñas, con esa veta renacentista tan personal, nos acuna con su trazo suelto y elegante, minucioso y preciso., todo un goce para sibaritas.
Alicia nos obliga a recalar en sus dos paisajes de agua, donde la lluvia nos hace sentir todas las humedades de un tropical chaparrón, mientras Víctor Manuel nos retrotrae al mundo helenístico con una Atenea casi metálica de insondables transparencias y sensualidad rotunda.
Estos artistas nos transportan a otro mundo, ese que la mayoría de los mortales no se detiene a explorar y que gracias a las pupilas privilegiadas y las sensibilidades de tales creadores, se nos regala, de un solo golpe, por estos días en El Palacio de Lombillo.

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aunque con esta barca ya,
sin remos.
Y el mar ante los ojos,
más que nunca.
Porque éste sí,
sin límites vitales.

Hay en él para todos
lo de siempre:
remar, remar,
aunque sin ver la costa.

La barca ya.
sólo los remos,
pero pronto.
Pronto irás con nosotros
en la lucha.

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Sobre Vargas Llosa y la (carta) "retirada” de González: En “carta cerrada” no entran moscas

Ariane Díaz - Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA-PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El director de la Biblioteca Nacional y referente de Carta Abierta, Horacio González, después de meses de darle vuelta a la cosa para que las supuestas “debilidades” del gobierno no cuestionen la “razón democrática” de Estado y a la vez, que las muertes perpetradas por el Estado y sus sostenes no ensucien al gobierno, decidió llevar su gesta “nac & pop” a terrenos menos áridos que la burocracia sindical, la patronal sojera que usurpa tierras y los acuerdos con Macri. Concretamente, escribiendo una carta a la Fundación El Libro donde consideraba “sumamente inoportuno” que el premiado y redituable escritor, conocido opinólogo y defensor neoliberal, Mario Vargas Llosa (quien hiciera declaraciones criticando al gobierno en varias oportunidades), sea el invitado principal en la inauguración de la próxima Feria del Libro. Pero parece que González no pega una.

Después de que se abriera la polémica entre defensores y detractores de Vargas Llosa alrededor de la solicitada firmada por reconocidos “intelectuales K” como José Pablo Feinmann, donde declaraban un “profundo desagrado y malestar ante la designación” del escritor, la presidenta, en el tiempo que se hizo antes y después de su discurso en el Congreso, a la par que recriminaba y amenazaba a los trabajadores que luchan porque “dejan a la gente de rehén” (a los trabajadores, y no a la burocracia sindical, que gracias a los negocios que le da el gobierno está en condiciones no de hacer paro sino lockout, como Pedraza), y frente a las posibles críticas que se avizoraban, decidió recurrir a la defensa de la “libertad de expresión” y le pidió a González que se retractara, dejando en claro la no-intervención del gobierno en temas que son de “competencia privada”. Mientras, una suma de intelectuales entre “republicanos” y fachos (como Posse), aprovechó para sacar a relucir referencias a medidas “stalinistas” o “de comisariato”[1] destinadas a acallar a un Vargas Llosa antaño “perseguido”, pero quien ya hace muchos años reivindica a sus “perseguidores” y dista de ser alguien sin medios, prestigio y lugar político para “expresarse”. Mención aparte se merece Federico Jeanmaire, quien sin jugarse mucho por ningún sector dijo: “antes que a Vargas Llosa “quizá apreciaría más a otro escritor o a una mujer”[2](!?).

La polémica parece rondar entonces ahora alrededor de dos puntos: si el talento literario es buena salvaguarda para decir todo tipo de derechadas (y no nos referimos a las críticas del escritor a Cristina sino a cosas como… ¡defender al masacrador y terrorista de Estado proyanqui Uribe![3]); y, como le explicó pedagógica la presidenta a González, si hay “alternativas dilemáticas que caracterizan la relación del funcionario con el intelectual”. No hay tanto misterio: talentos literarios con posiciones políticas de derecha siempre han existido, tanto como intelectuales incisivos dispuestos a poner todo su bagaje para defender a gobiernos de turno.

Pero veamos los puntos que no discuten ninguno de los dos sectores.

¿Dónde iba a hablar Vargas Llosa? Es cierto que la Feria viene convoca a veces a más de un millón de personas e incluye una serie de actividades donde aparecen a “puro pulmón” editoriales y proyectos “chicos”. Pero la Feria es centralmente un evento... de buenos negocios, donde las “estrellas” son las grandes editoriales, los sponsors, best sellers y el consumo que aumentará las ganancias de estos monopolios. Desde ese punto de vista, la elección del escritor “nobelizado” es más que razonable por parte de los organizadores, y aceptable para una derecha que en ello no tiene ninguna diferencia con el gobierno. Porque también es esto razonable para un gobierno cuya política no tiene nada de defensa de lo “nacional y popular” sino los negocios de cierto sector empresario afín, y que desfinancia la educación, el arte y la cultura para pagar la deuda… a los amigos de Varga Llosa. Si se trata de libertad de expresión, que no sólo implica la no censura sino también el acceso a los medios para poder efectuarla, no es la expresión de los empresarios y partícipes de la “industria cultural” la que está en peligro todos los días, sino la de los millones que no pueden, con su magro ingreso (si es que lo tienen), ni disfrutar de la cultura, ni hablemos ya de dedicarse a producirla. Según la presidenta, ni siquiera tienen derecho a reclamar por sus derechos básicos. Es precisamente que la cultura y la discusión ideológica esté centralmente en manos ávidas de ganancia (hablamos de la “industria cultural” que defendió el ministro Jorge Coscia contra Vargas Llosa) lo que limita, cercena y serializa las manifestaciones culturales (incluso Vargas Llosa no es ningún enemigo, en este terreno, del gobierno o las empresas: es un exitoso producto de una “industria cultural” llamada Alfaguara).

¿Que además éste es un evento con ribetes de discusión políticas y culturales? Por supuesto. Pero políticas hay muchas. Está la neoliberal propagandizada por Vargas Llosa, que según una de sus defensoras, Ivonne Bordelois, “pone de relieve las cualidades intelectuales de un autor tan latinoamericano como él”[4], y la de los K como González, que según Pablo Sirven de La Nación es “un mero propagandista” que “no merece ser llamado intelectual”[5]. Pero también existe la política de los miles que todos los días luchan desde abajo por sus demandas y contra las injusticias del sistema: desde la explotación y precarización laboral hasta las represiones y los “gatillo fácil”. ¿Están acaso convocados por ejemplo los trabajadores gráficos, que por dos mangos o en negro trabajan para las ganancias de las editoriales, a dar sus posiciones políticas sobre los empresarios, las medidas del gobierno, la burocracia sindical, las políticas culturales, los negocios editoriales? Por ello de poco valen las apelaciones de González a los actos de “apertura de la Feria” como lugar de expresión de “la Argentina” ni las acusaciones de la derecha a éste por “chovinismo”. No hay “una Argentina” ni “un Perú”, sino dos gobiernos, con sus respectivas alianzas y amigos beneficiados, que defienden determinados intereses en detrimento de los trabajadores, la juventud y el pueblo pobre.

Si por intelectual crítico se entiende aquel que se pone del lado de la causa de los oprimidos, a ambos sectores les queda más que grande el título.

Los mezquinos motivos de su disputa (a favor o en contra del gobierno K), por más que se haga en nombre de la calidad literaria o el debate político e ideológico, son parte de la “cultura” de las últimas tres décadas de restauración conservadora (o neoliberalismo) en que se restringiera y comercializara aún más el arte y la cultura; en que la capacidad crítica y cuestionadora de la intelectualidad “reconocida” brilló por su ausencia y/o quedó enclaustrada en la Academia lejos, bien lejos, de los grandes problemas de los sectores populares. Autocensurada por intereses materiales y políticos, apuntalada con obsecuencia y cobardía, la intelectualidad “republicana” y la “intelectualidad K” están lejos de aquella vieja tradición “crítica” que floreció en las décadas de 1960 y 1970, al calor de los intentos de una generación de construir una política y una cultura que expresara los deseos de liberación de las cadenas de la explotación y opresión.

Hoy, que nuevos aires de lucha soplan desde el Magreb y Medio Oriente; desde Europa (Grecia, Francia) y en nuestro país (la juventud estudiantil luchadora y el “sindicalismo de base”), intentar avanzar en superar esos esfuerzos pasados, y discutir y polemizar acerca los grandes problemas políticos, sociales, artísticos y culturales es el mejor y más ambicioso objetivo que nos podemos proponer quienes no tenemos un concepto tan estrecho de la cultura como los social-liberales y los “nac & pop”.

Notas:
1] Dijo Abel Posse: “Jamás vivimos en este clima de comisariato en el que condenamos a unos o a otros como si estuviésemos en una guerra fría”. Dijo Álvaro Abós: “Espero que la Fundación El Libro no se baje los pantalones ante este apriete estalinista” (“Entre los escritores argentinos se habló de censura y estalinismo”, La Nación, 2/3).
2] “Frenan desde el Gobierno la movida contra Vargas Llosa en la Feria” (página web de Ñ, 2/3).
3] Quien habría “hecho un magnífico gobierno, que ha funcionado con criterios democráticos”.
4] La Nación, 2/3.
5] “Si Borges viviera…” (La Nación, 2/3).

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Plástica: “La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal”, de Masaccio

La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal (en italiano: “Cacciata dei progenitori dall'Eden”) es un fresco realizado por el destacado artista del primer Renacimiento Masaccio (Tommaso di ser Giovanni di Mone Cassai llamado Masaccio -San Giovanni in Altura, hoy San Giovanni Valdarno, Arezzo, 21 de diciembre de 1401–Roma, otoño de 1428-).


El fresco se encuentra pintado sobre la pared de la Capilla Brancacci, en la iglesia de Santa María del Carmine en Florencia, Italia. Representa una famosa escena en la Biblia, la expulsión de Adán y Eva del Paraíso que se narra en Génesis, 3, aunque con algunas diferencias en relación con el relato canónico.

Existen dos diferencias en esta pintura en relación con el relato bíblico tal como aparece en el Génesis:

• La primera, y más dramática, es que Adán y Eva se muestran desnudos. Aunque esto le añade dramatismo a la escena, se aparta de lo relatado en el Génesis, 3, v. 7, donde se afirma: "Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera". No los expulsan del Paraíso hasta el versículo 24.

• En segundo lugar, sólo se representa un ángel, cuando en ese versículo 24 se dice que puso en la entrada del paraíso a Cherubim ('-im' es plural en hebreo): "Y después de expulsar al hombre, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida".

El arco representado en la entrada del jardín del Paraíso tampoco aparece mencionado en el relato bíblico.

Es uno de los frescos de la Capilla Brancacci. Prácticamente todos ellos se dedican a episodios de la vida de San Pedro, existiendo dos que reflejan el Génesis: a la derecha Adán y Eva en el Paraíso, pintados por Masolino y, a la izquierda, esta Expulsión del paraíso terrenal de Masaccio. Es así el primer fresco en la parte superior de la capilla, sobre el eributo.

Tradicionalmente se ha considerado que se pretende representar el pecado original y el alejamiento del hombre respecto a Dios. El tema de todo el ciclo de frescos en su conjunto es la salvación de la Humanidad operada por Jesús a través de Pedro y, por extensión, de su iglesia. Los frescos dedicados al Pecado original y la Expulsión del Paraíso serían así una premisa o precedente a las historias de Pedro.

Esta pintura es famosa por su vívida energía y realismo emocional sin precedentes. El patetismo de la escena se acentúa con el grito doloroso de Eva y el vientre contraído de Adán, que toma aire. La pareja se asienta firmemente sobre el terreno, sobre el que se proyectan las sombras de la violenta iluminación que modela los cuerpos, mientras que los gestos están cargados de expresionismo. Adán llorando se cubre los ojos con la mano, en signo de vergüenza en tanto que Eva se cubre con los brazos y grita, en señal de dolor.

La Expulsión contrasta dramáticamente con la imagen delicada y decorativa que hizo Masolino de Adán y Eva antes de la caída, pintada en el muro opuesto. Mientras que la obra de Masolino pertenece todavía al gótico, en la de Masaccio está ya presente el Renacimiento.

Fuente: WIKIPEDIA

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