jueves, 31 de marzo de 2011

26 de marzo: A tres años de su viaje. Manuel Marulanda Vélez: Amaneceres posibles

Ramón Martínez (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Siempre su hogar fue la montaña, aquel inmenso territorio en donde con su ejército planto la conciencia y la rebeldía como acto cotidiano; hombre modesto, de sencillez inmensa, con visión de futuro y liderazgo natural. Recorriendo caminos, senderos y destajos; llevando el mensaje de la vida, educando y construyendo sueños con sus queridos y entusiastas combatientes. Hombre al fin, siempre su pensamiento y acción conducían y conducen al camino de la liberación, eterno comandante, a quién no pudieron acabar como ellos lo querían: humillado y entregado.

Es el símbolo de la resistencia armada y la reivindicación de los pueblos a ser rebeldes, que combaten en contra de la dominación. Es el Bolívar de los tiempos modernos, su constancia y férrea disciplina lo llevan al sitial que muy pocos logran, su condición humilde, su sencillez y su perenne desconfianza, lo llevaron a burlarse de cuanta estrategia militar el enemigo desarrollaba en su contra, lo mataron en combate miles de veces y siempre aparecía, radiante y triunfador, con más gente a su lado.

Su sombra es como si fuera la de la misma montaña, gigante y silenciosa, es por ello que no lo pudieron acribillar, es la frustración más grande que la oligarquía colombiana lleva sobre sus espaldas, es el soldado perenne, el guerrillero autentico, el estratega militar, el líder cuidadoso de quién todos esperan sus decisiones precisas y sabias.

En ese inmenso territorio que es la montaña, con sus cordilleras y ríos, sus valles y sabanas, ahí está la sombra y la figura del ser que construyo un ejército alzado en armas en contra de la injusticia, la desigualdad, la explotación que acaba con la posibilidad de ser Hombres y mujeres, libres. Su andar continua, al igual que Bolívar, en la búsqueda de ese continente sin fronteras, en donde el ser humano sea lo central, país de millones de habitantes continentales.

Siempre tenía un halo de misterio, su silencio provocaba impaciencia, pero sorprendía con su timbre de voz cuando expresaba su opinión, casi siempre, se convertía en una orden que tod@s cumplían a cabalidad.

Sus ideales y acciones trastornaron y trastornan el pensamiento de quiénes ejercen el dominio de la sociedad colombiana, lo preferían muerto en combate, para luego mostrarlo como trofeo de la cacería infernal a la cuál fue sometido, se burló de la muerte y la venció.

Ese es Manuel, él que su vida dedicó a construir sueños posibles.

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El otro lenguaje (Por las preguntas que nos niegan los medios)

Edgar Borges (Desde España. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La perturbación de la lógica periodística se puede medir con la siguiente comparación: antes, primero ocurrían los hechos y después eran noticia; ahora, primero ocurren (se inventan) las noticias y luego son hechos. El absurdo (o el chantaje) está llegando a tales extremos que se le pretende juzgar a la ficción posiciones éticas más propias del periodismo que de la creatividad. Llamaron antisemita a Umberto Eco porque un personaje de su novela “El cementerio de Praga” lo era; en Estados Unidos “la corrección política” de un editor ha ido más allá de las opiniones y censuró diversas palabras en nuevas ediciones de Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, ambos clásicos de Mark Twain. Y, detrás de estas “revisiones”, otras obras integran la lista de la “realidad bonita” con la que nos quieren vedar la capacidad de observación (y de participación real en los acontecimientos de nuestro presente). Mundo al revés, diría mi abuela; se le impone a la ficción una ética que hace rato perdió el periodismo que se practica como molde desde la industria mediática. Se mata a la ficción y se instaura la verdad absoluta.

La lógica de la ficción no copia (ni obedece) la realidad, mientras la del periodismo, como principio básico, informa (intenta copiar) esa realidad. Sin embargo, cada vez con mayor fuerza (y atropello) el esquema global del periodismo ha entrado en terrenos más propios de la inventiva. Se da un titular (que opera como un mismo patrón internacional) que esconde la verdadera intención de la información. Ejemplo de esto hay muchos, no obstante, ofrezco uno (dantesco) que se dio en medio de la batalla mediática que grandes diarios europeos emprendieron contra el escritor austríaco Peter Handke, cuando a éste se le juzgó por disentir de la verdad absoluta que se promulgó durante la guerra de los Balcanes. El diario El País de España del 05 de mayo de 1996 (y desde entonces cómo ha aumentado esta práctica) publicó: “Handke leerá en público en Viena su polémico ensayo proserbio”. ¿Debe un medio de información jugar con las palabras para manipular la comprensión de los lectores? Y si esto se hace, ¿de qué realidad habla la gente?, ¿de la realidad real o de la realidad mediática? ¿Por qué cuando se informa que Handke leerá su texto en Viena se asegura que es proserbio? ¿Se pretende informar de la lectura o de que Handke es proserbio? ¿Les importa a los dueños de la industria mediática (y a los periodistas que les obedecen) las consecuencias que se desencadenan a partir de un hecho manipulado? Un hombre asesina a una mujer y los periodistas persiguen (en el lugar del hecho) a los vecinos para preguntar cosas como estas: “¿presenció usted las discusiones de la pareja?”; “¿es cierto que el asesino maltrataba a la mujer?”; “¿era un matrimonio normal?”; “¿escuchó usted gritos?”; “¿los niños de la pareja eran normales?”…El periodismo no debe desencadenar realidades a partir de una información (eso es propaganda): se reitera la llegada de la crisis (sin que aún exista); se magnifican conflictos locales (se le cierra el espacio a las preguntas, y se le abren las puertas a la intervención extranjera); de cualquier caso, en cualquier parte, se dicta sentencia mucho antes de que los jueces (y los implicados) siquiera estudien el caso.

El cáncer que sufre la lógica periodística no es un juego ingenuo. Es posible que en la voluntad de muchos periodistas exista el buen ánimo que les hace creer que están haciendo bien su trabajo. Sin embargo, el ejercicio del periodismo no es un asunto de “voluntad” sino de responsabilidad con las diversas partes del todo que componen la realidad social. Para ello al periodista (como siempre se supo) se le pide que apunte al pretendido centro de la objetividad. No obstante, es posible que el problema nazca en la forma cómo se enseña la lógica, de esta objetividad, en las escuelas de periodismo. ¿O acaso al estudiante no se le presenta una exclusiva visión de la objetividad con la que debe medir la realidad? ¿Y cuál es esa realidad? Pues, sin duda, se trata de la realidad que le interesa al “orden capitalista”. Y el periodista (ya graduado) sale a la calle con ese “conocimiento” (dogmático) a cuestas, dispuesto a defender “la verdad” que le han enseñado. De ahí que más de un reportero, en lugar de cubrir las partes de una realidad, informa la “objetividad” que piensa subyace invisible alrededor del tema. Mientras el espectador (en su casa o en la calle) sigue las noticias (que son las mismas en la mayor parte de los medios) sin sospechar que lo que está siguiendo es la forma de “objetividad” que impone la lógica del sistema capitalista. A partir de entonces, los consumidores de información aprenden (la escuela continúa) la única versión de la realidad que se les presenta. Durante el conflicto en Libia, un reportero de un canal de televisión de España mostraba los cohetes lanzados por las fuerzas occidentales que, según los voceros del gobierno libio, impactaron contra territorio civil. El reporte del periodista no se limitó a comunicar la versión de una de las partes (la del gobierno libio), sino que en su conclusión dijo que “los residuos de los cohetes mostrados parecían más bien chatarras traídas ahí para la ocasión”. De ahí nace la “opinión pública” que durante los próximos días (meses, años y décadas) repetirá como dogma una verdad absoluta.

La sociedad global está atrapada en un discurso mediático que propone el miedo como la norma del día a día. Nada (o poco) se podrá lograr para cambiar el modelo sociocultural si no somos capaces de diseñar una nueva lógica de la comunicación en coherencia con las diversas realidades del ser humano. Si la ficción literaria (que es la ficción subversiva) ha sido reducida a la nada, bien valdría la pena buscar propuestas surgidas desde la misma visión de los creadores (que siempre atenderá a la realidades, por más brutales que sean, con mayor humanidad que la bestialidad mediática). Ante el tema, que lleva tiempo y va en avanzada, Georges Perec, en su libro “Lo infraordinario”, dice: “Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrillan y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular”. Peter Handke, en el libro “Preguntando entre lágrimas”, plantea la necesidad de buscar otro lenguaje, uno distinto al de la lógica periodística que tan saturada y acorralada (de incomprensión) mantiene a la sociedad. “¡Liberad por fin el lenguaje! Aprendamos el arte de hacer preguntas”, termina sugiriendo Handke. El diagnostico hace rato que se tiene, más pronto que tarde habrá que diseñar un nuevo aprendizaje que, sin dogmas, sea capaz de devolverle al periodismo su papel de vocero de todas las realidades. De lo contrario, el periodismo, como necesidad social, morirá y dará paso al nacimiento de una nueva forma de comunicación de las perspectivas.

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Divididos... pero no por la felicidad

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En honor del extraño, las luces están encendidas en el jardín de la casa. Los arbustos iluminados, sobre la pared de la galería, sorprenden por su teatralidad. No sopla brisa, pero la inmovilidad de las hojas y ramas no parece natural. Al mismo tiempo que esas zonas de resplandor, las luces han generado grandes charcos de oscuridad, negra como tinta. Estamos, con Yon, el extraño de este caso, en una fiesta de la que sólo él tuvo noticias, por supuesto.

En ocasiones los hombres y las mujeres con los que hablamos y que se desplazan de un grupo a otro, en el césped, aparecen en silueta; si bien el giro de una cabeza revela, a veces, un destello, un ojo de transparencia liquida, el movimiento de un brazo, de una mano, sostiene un copa que contiene luz y líquido en igual medida. Pueblan la oscuridad también, estáticas y de forma extraña, súbitamente galvanizadas, luciérnagas fijas en brasas de cigarrillos.

Las personas del jardín son herederos del hastío. En algún lugar, más lejos en el tiempo que en la distancia, el fuego interno que consumió a Ana Edwina, llamea inadvertido, lame y prende. En esta oscuridad iluminada, podría percibirse el fulgor y oírse, por encima de la charla y el zumbido intrascendente, nocturno, el inquietante chisporroteo de leña.

Caminábamos rumbo a una zona de comidas, que podían pedirse, pero no lograba abstraerme de la gente y su levedad.

De la misma manera los humanos piden explicaciones de las cosas que les ocurren y del mismo modo se exponen al análisis; escenas y personajes, casi juguetes desplegados por niños que se arrodillan, absortos en la ejecución de sus juegos, tristes pero necesarios.

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-¿Mousse de jamón, pavo al verdeo, ensalada de pomelos, remolachas rellenas y manzanas, también rellenas, todo bañado por un shirah de fincas ¿te parece que lo ordene así?-; negarlo hubiera sido suicida de mi parte, loco sí pero boludo no ...

Nosotros tomamos el destino en las manos, nos convertimos en responsables de nuestra historia mediante la reflexión y también una decisión en la que empeñamos la vida y en ambos casos se trata de un acto violento que se verifica ejerciéndose. Todo esto lo pensé sin ayuda, antes de interrogarlo sobre su viaje misterioso y el saldo del proyecto para dividir al país, que supe soñar hace un par de semanas.

-¿Cuál es la otra hipótesis, si la hay, sobre la secesión argentina?-, decidí cortar camino, entre otras ganas de cortar que me guardo.

-Hipótesis de destrucción nacional y continental querrás decir- me corrigió sin amabilidad.

-¿Cómo?- Saqué de paseo cierta ignorancia convincente.

-El Plan "B" se puede llamar "Golpe de Ablande", irá en caso que la oposición al Plan "A"-, un momento, paremos la pelota.

-¿Cómo era lo del Plan "A"?-

-Presión sobre el gobierno argentino, mediante la reticencia crediticia, promoviendo el caos que desemboca en "lo inevitable¨, generando "ayuda humanitaria" con forma de intervención, por parte de la ONU; si es demasiado fuerte o genera conflictos internos y regionales difíciles de controlar, se considera la alternativa-; me quedé con ganas de más; la locura es mala consejera.

¿Y qué pasa entonces con la intervención?

-La intervención de la ONU será transitoria y se dejará preparado el terreno para un segundo intento-, fue lacónico esta vez. No quise pecar de ignorante, suficiente con serlo.

-¿Y si le sale bien la primera, esa del plan "A", en vista lo ocurrido?

-Si se logra el objetivo en el Plan A, la ayuda financiera es inmediata. Así se espera conformar al pueblo con una rápida mejoría de la angustiante situación económica y esa mejoría se muestra a los otros países, de la región, para que imiten el modelo, que se presentará siempre como una situación emergente y transitoria-; yo empecé‚ a tener, de nuevo, ahogos.

-Si el Plan A no puede prosperar definitivamente, entonces la ayuda financiera será parcial y se seguirá asfixiando nuestra economía hasta provocar una segunda intervención-, no me dejaba respirar.

-¿Qué nos tienen preparado?-, fui lo más suave posible.

-En definitiva, para la Argentina, el plan prevé‚ su desmembramiento en varias regiones, que al principio funcionarían como "Protectorados": NOA; Cuyo; Mesopotamia; Patagonia y Región Pampeana- me quedé‚ alelado recordando los anuncios, acumulados y embozados de Menem.

¿Y la segunda hipótesis quien la sostiene?

-La defienden algunos funcionarios de la Casa Blanca-; tiró impávido, en la niebla.

-¿Y cómo queda el juego?-, me atreví a tantear el epílogo.

-Hacer todo el plan desde la presión sobre el gobierno, que es lo suficientemente débil-, se explicó condescendiente.

-Está bien, pero ¿y el resto de los países que?-, me envalentoné.

-Internacionalmente, la oposición más firme es la de Henrique Cardoso. El gobierno de Brasil, sabe que si cae Argentina, arrastra inmediatamente a Uruguay. Uno de los objetivos de EEUU, es el control total sobre la Amazonia, dado que así podrá asegurarse su pulmón ecológico con menor urgencia en la disminución de su propia actividad industrial contaminante-; yo ya no podía resistir su mirada obstinada y mucho menos extenderme sobre el tema Amazonia, control de las cinco cuencas y fronteras comunes con los cultivos "narcos". El siguió obstinado y didáctico.

-Colombia continúa el proceso de división por lo menos en dos. Pastrana tuvo que aceptar la instalación de una base militar de EE.UU., con lo cual está dado el primer paso. La "segunda Colombia" será un estado controlado por grandes grupos financieros que manejan los fondos provenientes del narcotráfico. Luego, será más fácil continuar con la campaña de despenalización del consumo y tráfico de drogas, promovida entre otros ocupados y preocupados, en el "flujo" de dinero negro, por Soros-; tuve ganas de decirle basta para mí.

Resistí, una vez más, decidido a pasar revista. Yon es implacable.

-¿Venezuela, por ejemplo?

-Chávez es un gobernante militar difícil de manejar, razón por la cual (EEUU) ya le bajó el pulgar. Esto significa que los fondos buitres están saliendo rápidamente de Venezuela, provocando el derrumbe de la moneda, lo mismo que hicieron en Argentina-

¿Cómo se ve venir lo de Uruguay?

-Fue declarada, hace poco como "destino basura" por la Standard & Poors y también están sacando los fondos con lo cual tendrán corralito en pocos días más-.

¿Pero con Chile no, no es cierto?

-El caso de Chile es distinto. Va a durar más por su fuerte posición y por acuerdos bilaterales vigentes con los EEUU. Por esto y porque son muy nacionalistas; les tienen prometido enormes beneficios, en este proceso iniciado en septiembre. Si Chile antes reclamaba soberanía sobre algún punto territorial del Atlántico, ahora exige participar del gobierno en el futuro protectorado de la Patagonia-, Yon nunca estuvo tan explícito.

-¿Brasil se verá en aprietos?-, puse cara de inteligente; misión imposible.

-Brasil se desespera. A Cardoso le queda poco margen para maniobrar. No tiene tiempo y tampoco interlocutores regionales. Por eso defiende a la Argentina. Sabe que se acerca su propio final. Se cree que los actuales funcionarios del Departamento de Estado de los EE.UU. piensan y calculan controlar rápida y definitivamente América Latina, sin derramamiento de sangre, siguiendo los lineamentos del pensamiento de Samuel Huntington-.

-¿Por qué la prisa del control?, en realidad ya no sabía que preguntarle, el peloteo era infernal.

-Este control es necesario antes del choque masivo contra el mundo islámico primero y luego el final contra el extremo oriente-.

-No me jodas vasco ¿adónde lleva esto?-, dije tocado de histeria.

-Esta administración del gobierno de los EEUU, siguiendo aquella línea de pensamiento, está arrastrando al mundo a un enfrentamiento inútil, sangriento, injusto e inmoral. Está utilizando el poder económico y bélico de Occidente.

-¿Alguna acción es posible, me imagino?-, utilicé el estoque.

-América y el resto, necesitan una acción clara, decidida e inmediata de quienes sean capaces de poner freno a esta locura de dominio insensato que parece haber enfermado a los que proponen poner al mundo bajo un manto de tinieblas-.

-¿Alguna alternativa?-, yo estaba exhausto.

-En el caso de América del Sur la única salvación es unirse y patear el tablero. Nunca, desde la segunda guerra mundial, EE.UU. estuvo tan debilitado por la proliferación de distintos frentes de conflicto, simultáneos, graves y urgentes-

¿Algún comentario sobre quien te contó la fábula?

-Es un HDP, vomitivo y repudiado desde su propio partido Demócrata-, confesó impertérrito Yon.

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La pesadilla no era el sitio de donde yo llegaba. Estaba afuera. Pero dormir, preventivamente, a veces sirve, como en este caso.

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Música: El Bolero de Ravel

ARGENPRESS CULTURAL

Inicialmente llamado “Fandango” fue creado en 1928 por el músico francés Maurice Ravel (1875-1937) y surge por encargo de la bailarina rusa Ida Rubenstein, quien pidió a Ravel que compusiera un ballet formado por obras pianísticas del español Isaac Albéniz.

Tras una gira por Estados Unidos, Ravel supo que los derechos de orquestación de Iberia de Albéniz los tenía en exclusividad el director de orquesta español Enrique Fernández Arbós.

De tal modo, Ravel se decide a crear una obra nueva y se le ocurre elaborar una obra experimental: un ballet para orquesta que sólo utilizaría un tema y un contra-tema repetidos con orquestación in crescendo.

Ciertamente la obra fue recibida con cierta perplejidad, y el propio Ravel advertiría que esta obra sólo representa una experiencia en una dirección muy especial y limitada, se trata de un simple estudio de orquestación. Deseo enormemente no haya confusiones con respecto a mi "Bolero".

Una única melodía repetida insistentemente sin que el tempo cambie, en do mayor crescendo acabando con una modulación sorprendente en mi mayor. Se trata de una obra con un ritmo que parece que nada la pueda parar. Una auténtica obra maestra, llena de magia, aunque se concibiera como un simple estudio de orquestación…


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La ceniza de Alejandría

William Ospina

Es seguro que hay en este mundo numerosos seres humanos que sienten frente a las páginas escritas en letras latinas el mismo pasmo ante lo indescifrable que nosotros sentimos viendo libros en chino, en árabe o en coreano.

Es posible que al mirarlos haya quien vea en ellos sólo una tediosa sucesión de líneas tipográficas. Es posible que haya personas para quienes un libro es un objeto más entre los otros, un volumen conformado por una cantidad de planos superpuestos, hechos de materia vegetal, exornados de signos. Pero quien haya leído un libro, y mejor aún, quien alguna vez en su vida haya disfrutado un libro, ya no podrá negar que hay en esos objetos algo misterioso y sagrado.

Para sentir eso no es necesario que se trate del Corán o de la Biblia cristiana. Esos libros míticos resumen, sin duda, el sentido de lo reverente que tienen vastas comunidades en el mundo; sus fieles han llegado a creer divino el origen de sus historias y de sus sentencias; que no hay error en ellos, que no son episodios literarios sino atributos de la divinidad. Han llegado a creer incluso que esos libros no tienen origen, que son eternos como Dios mismo, que en sus páginas cerradas ocurren cosas misteriosas, que en la exploración de sus arcanos el ser humano puede perderse deleitablemente y que hasta el más grande o el más ínfimo enigma del universo está contenido en sus letras.

Y se entiende que quienes piensan así vean en el libro un alto talismán, un objeto mágico, algo que tiene que cuidarse con reverencia, guardarse con delicadeza y que no puede ser profanado por nadie. Se entiende que teman que toda ofensa, todo sacrilegio, toda profanación, pueda acarrear desgracias y maldiciones.

Hay algo milagroso en la idea del libro, y hay muchos milagros guardados en sus páginas. Sin ser cristiano, ni musulmán, yo puedo sentir en las páginas de la Biblia y del Corán el soplo de la sabiduría, el viento de la profecía, la experiencia acumulada de pueblos dolorosos, las palabras del consuelo y de la esperanza. Veo el modo como las generaciones han hallado unas pautas de civilización a las cuales sujetar su conducta, un sistema de ritos, de normas y de cantos que los sosiegan frente al infinito y los serenan frente a lo indescifrable. Me abruma la sola idea de que alguien se proponga ofensivamente destruirlos, aunque no ignoro que muchas veces en la historia, en nombre de esos dos libros, no sólo se han quemado libros sino seres humanos.

Pero no son los libros los que causan todo eso sino la furia de los fanáticos, la intolerancia, la soberbia y la estupidez. Lo mismo Santo Domingo quemando los libros de los albigenses, o Savonarola quemando libros prohibidos, o Dioclesiano quemando los libros alquímicos, o las manos secretas que quemaron los 700.000 manuscritos de la biblioteca de Alejandría el año 48 antes de Cristo o los jueces de la inquisición quemando los códices mayas, o la policía de Buenos Aires quemando un millón de libros en 1980, o los nazis quemando los libros judíos en 1933, o el emperador chino Qui Shi Huang dando la orden en el año 212 antes de nuestra era de quemar todos los libros y con ellos borrar el pasado.

Siempre habrá algún joven poeta sin hogar que escriba nuevos versos a la luz del incendio de la gran biblioteca. Si el emperador chino no pudo acabar con los libros a pesar de quemarlos todos, es porque los libros forman parte de nuestra existencia y renacen con mayor terquedad. Y es grato pensar que si desapareciera toda la literatura, otra vez pasaría por las playas, Homero adivinando el mundo con sus ojos ciegos y otra vez se iría Dante a cruzar el infierno y el purgatorio con tal de volver a encontrar a Beatriz entre las alas de las bestias del Paraíso, y otra vez Shakespeare encontraría a Lear en un viejo loco de las calles de Londres, y al suicida Romeo en cualquier muchacho impaciente, y al príncipe Hamlet en todo joven trastornado, y al elocuente asesino Ricardo en cualquier noble deforme y resentido.

Si la literatura existe es porque infinitamente la necesitamos y don Quijote sigue cabalgando porque es una forma necesaria de nuestro delirio y el ángel sigue dictando a Mahomet las suras del Corán porque algo en la historia sigue haciendo necesarios esos preceptos y la historia de José y sus hermanos sigue conmoviéndonos como el primer día porque siguen existiendo en nosotros la traición y el arrepentimiento, la suerte y la sabiduría, la discordia y la reconciliación.

De su ceniza volverán los libros. Las manos que escribieron esos caracteres volverán a escribirlos, la mente que soñó esas historias volverá a soñarlas. Son parte de nuestro destino, y para acabar con ellos habría que acabar con la humanidad.

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De Estocolmo a la Lima antigua

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La globalización y la aldea distrital en las comarcas latinoamericanas. La Unión Europea y la Cámara Nórdica organizaron en Lima un encuentro entre Mario Vargas Llosa y cuatro de sus más cercanos amigos, para contar, con pequeñas anécdotas, lo ocurrido en Estocolmo, antes y después de la entrega del Nobel de Literatura 2010 por la Academia Sueca. Escuchaban atentos los más notorios personajes de la Ciudad de los virreyes.


El pintor Fernando Szyszlo reveló haber recuperado de la chaqueta de gala alquilada, las tarjetas de crédito y algunos cientos de euros olvidados en los bolsillos del frac, y que le fueron devueltos a su casa de Barranco, por la cónsul peruana, quien nunca antes en su vida había organizado reuniones de tan grande dimensión en la sede diplomática del Perú en Suecia.

El Ministro de Cultura, Juan Ossio, llegó a Estocolmo sin maletas, al igual que otras decenas de viajeros, y tuvo que comprarse un terno y otras prendas, y sobre todo unirse a las tareas que la diplomacia peruana enfrentaba en esos días; en tanto avanzaba las horas de la ceremonia central no terminaba de abotonarse la camisa especial del smoking, también alquilado.

Beatriz Merino, Defensora del Pueblo, puso en jaque al Nobel, declarado hincha del Club Universitario de Deportes, cuando lo sorprendió con una camiseta del Alianza Lima, solicitándole ser más permeable con la democracia futbolística.

Raúl Vargas, Director de la más grande emisora del Perú, Radio Programas, conductor del conversatorio, rompió el calor de la aldea, pidiéndole al escritor Vargas Llosa un comentario sobre su condición de latinoamericano en un contexto de acelerada universalización de costumbres y conocimientos.

En efecto, habló de los ciudadanos del mundo, de las bondades de la educación científica en múltiples lenguas como lo hacen los colegios de Estocolmo, como cimiento del desarrollo humano. Resaltó la fortaleza de los sistemas democráticos en países tan pequeños como Suecia, Suiza, Finlandia y otros de Europa, a diferencia de una extensa América Latina con abundantes recursos naturales pero con grandes índices de pobreza y proyectos autoritarios.

Mientras en Lima y otras capitales de Latinoamérica, aún subsisten facetas variopintas de cómo reconocer a sus mejores representantes del arte y la cultura; en las provincias alejadas, las manifestaciones artísticas tampoco se quedan atrás, entre cuatro paredes, como sucedía antes. Ahora trascienden las fronteras nacionales, recogen demandas sociales comunes a otros y grandes espacios territoriales. Solo citemos un caso paralelo al homenaje de la Lima tradicional, al Nobel, autor de “La Utopía Arcaica”, como califica las “ficciones” de los pueblos indígenas que escribió José María Arquedas.

En Bambamarca, una de las ciudades de Cajamarca, donde el inca Atahualpa, entregó un inmenso rescate en oro, en agosto próximo, se realizará el Tercer Festival Internacional de Poesía, organizado por la Casa del Poeta Peruano de Hualgayoc. La comisión organizadora es presidida por el poeta, escritor y profesor César Mejía Lozano, fundador del grupo de teatro “Ticuna”, autor de diversos ensayos sobre arqueología, turismo y patrimonio monumental. Es también director de la revista “Q’orimarca”, de programas radiales “Cantos del pueblo”, “Chaskiwawa”, “Peruanicemos al Perú” y “El Mundo de los niños” y voluntario de Uinicef, en su juventud, entre otras actividades.


Bambamarca, con el apoyo de sus intelectuales, va convirtiéndose en un nuevo destino turístico del circuito Noramazónico. Es el punto donde converge un collar de minas de oro y plata, en su mayor parte explotadas al margen de las leyes.

El Primer Festival de Poesía de Bambamarca, en el 2008, por iniciativa de Arnulfo Vásquez, emitió una Declaración suscrita por poetas de Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Reino Unido de España, Perú, Portugal y Venezuela. Entre otros puntos exhortó a las autoridades regionales y nacionales para que se sirvan tomar medidas con carácter urgente, y así evitar la destrucción del medio ambiente.

Asistimos pues, en el presente siglo a nuevas conductas de la humanidad. La revolución en las comunicaciones y el milagro de la educación nos ofrecen algunas señales. Quienes visitamos Bambamarca y otros valles de Cajamarca en los años setenta, vemos que la educación rural iniciada por el obispo Dammert Bellido, arroja algunos buenos frutos.

La Declaración de Bambamarca expresa la innata sabiduría ecológica que motiva la participación ciudadana. El premio literario bienal «Bambamarca Voces de la Tierra» Poesía y Ensayo, sin duda dará más luces para salvar la tierra de los continuos desastres ecológicos, consecuencia del desprecio a la ciudad como morada de todos.

Mientras en los pueblos del ande, las poblaciones despiertan frente a los retos de la globalización, en las capitales nacionales subsiste la gente más conservadora. Los debates actuales sobre la problemática económica y cultural, recuerdan a los consejos de El Conde Lucanor para su nieto Fernando III: la sociedad caballeresca de la Edad Media que se asomaba a los tiempos modernos, parecía que la habilidad y la fortuna se sobreponían a la energía y el valor, porque las ciudades se alejaban de la guerra, les otorgaban más beneficios y les daban un nuevo estilo a la vida social.

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Albina y la primavera

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Albina se levantó temprano como siempre, tan temprano que hasta podía ver al sol corriendo el telón de la noche mientras guardaba en sus camitas plateadas cada estrella.

Tenía un mate en la mano, lo compartía con su amiga inseparable, la pobreza.

-Hoy llega la primavera, pensaba en medio del silencio que rodeaba el paraje desolador. Vaya a saber hasta cuándo podremos estar acá. En cualquier momento aparecen ellos y otra vez a correr todo, como tantas veces, decía mientras movía hacia los lados su cabeza esperando encontrar una respuesta en ese movimiento pendular, con un gesto parecido a la resignación.
Ya ni sabía si estaba en el Chaco, en Formosa o en el infierno, todo era igual, antes por lo menos la vegetación o la presencia de animales diferenciaban un poco cada zona, pero ya todo había sido desplazado por la indolencia. Sólo la Cruz del Sur podía marcarle la orientación, aunque nunca los límites.

Inmersa en su pensamiento, de pronto una voz la sobresaltó: -Buenos días, Albina, acá estoy, como todos los años. Parecía conocerla de toda la vida.
Un brillo enceguecedor hizo abrir sus ojos negros que parecían escapársele de las órbitas.

Una figura nunca antes vista se fue materializando, era preciosa esa mujer y tan lindo su vestido blanco bordado con rayos de sol y puntillas de rocío. Su sonrisa inspiraba confianza. En la frente llevaba una diadema de flores y mariposas mientras la brisa matinal sacudía su cabello, que como un manto caía sobre los hombros desnudos.

-Buenos días, señaló Albina. La sensación primaria fue de miedo ante lo desconocido, pero esa mujer tenía unos ojos que irradiaban paz, no había fuego en su mirada tan diferente a la de los hombres que llegaban de a montones, con armas en la cintura para arriar como animales a su familia y a sus vecinos.
-Soy yo, Primavera, Albina y ella es mi amiga Esperanza que me acompaña donde quiera que vaya. Esta es Ilusión, aquel se llama Coraje y la otra Abundancia, pero anda un poquito quebrada la pobre, falta que la mimemos mucho para que vuelva a recobrar sus fuerzas. Libertad va más allá ¿La ves? Está cuidando a los pájaros que son parte de nuestro cortejo, fíjate cómo la rodean mariposas de colores que nos siguieron desde el lugar donde nacieron porque parece que las fueron expulsando.
-Igualito que a nosotros, murmuró Albina con la mirada perdida. –Me levanté pensando en usted, recordando las flores que abrían tras su presencia allá donde hoy pasó a ser todo ausencia.
-¿Qué está pasando por acá, Albina? Preguntó Primavera mientras sus ojos se nublaban de tristeza ante tanta marginalidad.
El sol comenzaba a arder sobre aquella piel oscura como la tierra, los niños practicaban su ejercicio diario, la algarabía, mientras los pájaros cantaban melodías propias de la libertad y de la alegría que no era cotidiana en la zona.
-¿Qué pasó con los quebrachos? El año pasado estaban, faltaban muchos más al norte pero acá no, éramos muy amigos, charlábamos y les encantaba que les soplara la copa agitando sus hojas como banderas de fiesta, como saludos al cielo.
-Un día los encontré a todos cortados en pedacitos, no quiero recordar esa imagen que me hace tanto daño. Mis árboles asesinados, quise darles mi calor pero no fue suficiente, me los habían matado y eran el pulmón de todos, del nido y del caserío, de toda la especie viva.
-Imagínese cómo estamos, respondió Albina. Los de acá siguieron su suerte, bueno, digamos mejor su mala suerte.
-Pero no es posible, dijo Primavera mientras le hacían un coro de OHHH Esperanza, Ilusión, Coraje, Abundancia y Libertad.
-Así es la historia, señora, llegaron quien sabe de dónde con máquinas que hacen ruido, nos espantaron las aves, asesinaron a los animalitos que vivían como nosotros, a los que nos habíamos acostumbrado tanto que hasta les dábamos la sobra de la comida, cuando quedaba algo.
Viera el Aguará Guazú, le habíamos puesto un nombre, los abuelos decían que era lobisón, cuando lobisón es otro…

Ahora los extrañamos, son muchos los que murieron no tendiendo un lugar dónde quedarse.

Y el Tatú que andaba de noche y p’a que se duerman los niños decíamos shhh, hagan silencio que se los come el Tatú. Ya no está, igual que el Yurumí (oso hormiguero) o el tapi-i-mboreví.
-Unas gotas comenzaron a caer, eran las lágrimas de Primavera que no podía entender qué era lo que estaba ocurriendo en el paraje que hasta hace tan poco era una imponente selva, llena de orquídeas y helechos, de lapacho, urunday, de tarumá y de higuerón.
-Debemos detener ese desastre, hay que hacer algo ya. ¿Dónde están los padres de sus hijos? Preguntó Coraje que siempre andaba con preguntitas difíciles para algunos.
-Bueno, son ellos los que talan los quebrachos. Los vienen a buscar y ni modo que puedan negarse. Luego los hacen abrir surcos en la tierra que queda llena de cicatrices.

Después tienen que sembrar esa hierba que ni se como se llama, miren como está lleno de verde que se llevan para afuera, no se dónde, pero acá no queda.
Las vecinas del caserío cercano, fueron acercándose cuando vieron a Albina conversando con tanta gente. Una mujer llegó con un niño en brazos, respiraba como si la vida se le fuera en cada intento, las mosquitas danzaban alrededor de sus mocos y granos.
-¿Qué pasa con tu hijo? Preguntó Primavera.

-Los niños todos tienen problemas, desde que empezaron con esa hierba yo no sé qué es lo que le echan que a todos nos ataca algo, las mujeres abortamos, ya no hay matas que nos curen como antes. Se nos mueren de flojedad, les falta el aire, se llenan de cosas en el cuerpito. Vemos cómo se les escapa el alma y no podemos más que llorar, mientras se nos ponen fríos y ya no nos miran más.
-¡Basta ya, gritó Coraje, vengan todas las mujeres, vamos a buscar a sus hombres y entre todos impidamos que sigan esta barbarie! Sólo juntos pararemos la masacre que se está perpetrando.

-Vamos contigo, dijeron Primavera, Abundancia, Libertad y Esperanza, fue como un canto desesperado a la vida, una arenga al respeto y a la justicia que no vino con la Primavera.
Las mujeres llamaron a sus niños, cargaron a los pequeños y salieron como estampida hacia donde los hacheros cumplían su tarea presionados por el matonismo. Hasta los árboles conocedores de su destino próximo se sumaron a la marcha, iban tras ellos, erguidos aunque próximos a morir. Las aves agitaban sus alitas al frente de la columna, alguna flor casi muerta recuperaba el color.
Fue tanto el alboroto que el comisario del pueblo más cercano, mandó a sus hombres a parar el irrespeto de esas mujeres que se habían vuelto locas. –Se ve que la primavera las brota, a rebencazos las vamos a parar p’a que aprendan, decía.
Fueron enviando a las fuerzas de seguridad, el hijo de doña María que se había uniformado para llevar un poco de pan a su casa, también el de doña Antonia y el de doña Rufina.
-Vayan p’a casa, madres, rogaban, que hay orden de llevarlas presas.
-Cállese la boca, m’hijo, respondían las mujeres, que a usted también le pisotearon su derecho y ya se les han muerto varios hijos también a sus compañeros.
Con lágrimas en los ojos los muchachos debían cumplir la orden de represión. Garrotazos y una cosa que hacía arder los ojos no podían parar a la Esperanza que arengaba sobre un futuro mejor y para que la marcha no se detuviera.
Al llegar donde agonizaba el quebrachal, los hombres, sorprendidos, se soltaron las cadenas tratando de ponerse como escudos ante sus mujeres e hijos. Algunos cayeron con el corazón partido por un disparo certero de algún vecino “ordenado”. Otros siguieron unidos al batallón de Esperanza. Coraje les empujaba con su vozarrón convocante.
Ese día, 21 de setiembre de un año que no recuerdo, no se hachó un árbol más.

Primavera besaba cada frente transpirada y brilló como nunca antes. Ese año, la historia fue diferente hasta que llegó el invierno y nuevamente las hordas mercantilistas irrumpieron en el lugar para volver rodajas los troncos que habían quedado en pie aquella vez.
El caserío fue otra vez desplazado, pero perdura en la memoria colectiva de la comunidad aquel día cuando Primavera, Ilusión, Abundancia, Coraje, Libertad y el pueblo, fueron capaces de detener la historia sumando a sus filas a Unidad, sin la cual no podrían haber logrado la maravilla.
Y aunque como siempre siguieron faltando voces, la historia siguió su rumbo dispuesta a volver pues siempre regresa aunque se tome un respiro, murmuró Primavera.

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Los frutos prohibidos O problemáticos…

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

«Y todo árbol del huerto podrás comer; pero mandó
Yahve Dios al hombre, diciendo: De del árbol del
conocimiento del bien y del mal no comerás, porque
el día que de él comas, ciertamente morirás»

(Génesis 2:16,17)

A raíz de los últimos acontecimientos del calentamiento global, el narcotráfico, la guerra por el petróleo los diamantes de sangre en África, el accidente de la central nuclear de Fukushima, la Biblia da lugar a interesantes interpretaciones; nos da la idea de no consumir un fruto prohibido que tiene como consecuencia la expulsión de Adán y Eva del paraíso y perder la inmortalidad.
En unas reflexiones de 2007 sobre los problemas primarios de alto impacto o los “Otros pecados originales” a los “Frutos Prohibidos”, equivale al mito de la “Caja de Pandora” sobre los males que azotan a la humanidad de ser liberados.
El árbol de la ciencia del bien y el mal representa a la moral y la ética que advierte del peligro del uso incorrecto de la libertad humana en el manejo de lo que la naturaleza y la ciencia ofrece.
Del primer fruto que puede ser interpretado en el sentido de la desobediencia y culpa hacia el sexo, cubriendo las partes íntimas de Adán y el pecho de Eva. La sexualidad es delicada de manejar; debe ser manejada con amor, solidaridad y madurez; de lo contrario es causa de confusión, daño, enfermedad, ofensa o muerte.
El mito de Prometeo, (Προμηθεύς) el Titán que roba el fuego de los dioses griegos y es castigado por Zeus. El fuego le confiere a la humanidad muchas cosas positivas en su defensa, los metales, preparación de alimentos e higiene, pero mal utilizado causa el desarrollo de las armas de fuego al calentamiento global en la actualidad
El fuego y el oro que le dieron poder, pero también lo enloquecieron en el Éxodo 32 se adora al becerro de oro que es castigado por haber sustituido a Dios por un objeto de metal; son los inicios del paganismo actual hacia el dinero o el poder. El oro produce la codicia en América durante la conquista y destruye a las culturas locales; las fiebres por ese metal en Alaska, California, hoy en Brasil y Guatemala o los diamantes de sangre en África, que son utilizadas por dictadores para financiar ejércitos de mercenarios. El oro, los diamantes y su posterior transformación en dinero son los grandes corruptores de la humanidad.

Los otros frutos prohibidos modernos los relaciono con el petróleo, la manipulación del átomo; la ambición por el poder del petróleo genera guerras como en Irak y Kuwait. Venezuela, Nigeria, Libia o el Medio Oriente no pueden tener felicidad a pesar de poseerlo.
La energía nuclear como es usada como arma y pieza de chantaje en la política internacional por Irán y Corea del Norte. Los desastres nucleares en Chernóbil y Fukushima, Japón evidencian que el átomo como los demás “frutos prohibidos” deben ser manejados con extrema responsabilidad y prudencia (El Plutonio radiactivo tiene una vida media de 24,400 de años).

Escondido en el mismo árbol, siguiendo con la analogía, estaba la amapola y la coca, que fueron útiles para calmar el dolor o superar el malestar de las alturas en los andes o “soroche”; crecieron en paz durante mucho tiempo, hasta que unos le dieron uso incorrecto. Se da la “Guerra del Opio” en China, iniciada por los ingleses. El narcotráfico corrompe gobiernos y destruye sociedades. Estos frutos prohibidos arrastran y seducen a los débiles.

La manipulación del ADN en la guerra, biológica, los transgénicos clonación, células madre o explotación comercial de las súper especies diseñadas a gusto y antojo, se perfila como el próximo fruto problemático de la ciencia. Con el riesgo de jugar a Dios, creando especies difíciles de controlar.
Curiosamente los animales que se quedaron en el Edén mantuvieron si ciclo reproductivo de celo, no jugaron con el sexo, ni encienden fuegos, no se adornan con oro ni diamantes, ni formaron ejércitos para obtener el petróleo, no contaminan el ambiente y ninguna especie hizo bombas atómicas ni reactores nucleares, sólo el estúpido de Adán y sus descendientes, nosotros. ¿Se da cuenta estimado lector sobre el sentido de los frutos prohibidos?
Recomendación: deje el petróleo, el oro y los diamantes en la tierra, el átomo y el ADN no son juguetes, son frutos problemáticos. Felicidades.

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Cine: El amante bilingüe (1993)

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


NACIONALIDAD: Hispano-italiana
GÉNERO: Drama
DIRECCIÓN: Vicente Aranda
PRODUCCIÓN: Enrique Cerezo, Andrés Vicente Gómez
PROTAGONISTAS: Imanol Arias como Juan Marés
Ornella Muti como Norma Valenti
Loles León como Vicenta
Javier Bardem como el limpiabotas
GUIÓN: Vicente Aranda sobre novela homónima de Juan Marsé
FOTOGRAFÍA: Juan Amorós
MÚSICA: José Nieto, Alberto Domínguez, Federico Moreno Torroba
DURACIÓN: 103 minutos

A mi amigo Eugenio Cornide Cheda, quien hiciera un trabajo de psicoanálisis aplicado a la obra de Juan Marsé.

Deseo que seas locamente amada
(André Breton)

El relato de Juan Marsé, un novelista de los más importantes de la narrativa española contemporánea, contiene rasgos caranavalescos en un contexto que trata de temas profundos, como son el de la disglosia cultural en Cataluña, la búsqueda de una identidad social homogénea y el tema de la identidad subjetiva.

Su estilo se ha considerado de un realismo tremendista; Vicente Aranda, al extrapolar esa novela al cine, con una mirada que el mismo considera hiperbólica y esperpéntica sobre la vida sexual, enfoca no sólo al campo de lo social sino el retrato psicológico, de una manera bastante original y libre, al sentir que tiene mucho que decir, tras la caída del franquismo en España, el cual denuncia sin piedad en su cinta, ya que es en el contexto del postfranquismo, como tanto Juan Marsé como Vicente Aranda despliegan el placer de contar historias para atraer la atención del gran público.

El mismo director cinematográfico respondería a Antonio Gregori afirmativamente cuando éste le pregunta si lo que ahora busca es un equilibrio entre la calidad y la comercialización, cuando le dice:

- Me di cuenta de que el cine son una serie de butacas delante de una pantalla y ¿qué íbamos a hacer sólo con una pantalla si las butacas no estaban ocupadas por nadie? (1) Yo añadiría que tanto el cine como la literatura hacen parte de las acciones comunicativas.

Así, entonces, se iniciaría una narrativa literaria y cinematográfica de corte postmoderno, que retoma el pasado o el realismo desde otro lugar, a partir de la crisis de la noción de sujeto, de la negación de la unidad y de lo absoluto en torno a la realidad circundante, ya que nada, en verdad, es como aparece, dado el dinamismo de la vida misma.

Y tanto en la novela de Marsé, como en la cinta de Aranda, asistimos a la historia de la vida de Juan Marés, un anagrama del apellido del novelista, en la que se trasponen letras, un niño al que vemos en la introducción que vive en uno de los barrios altos de Barcelona, hijo de una deteriorada cantante de zarzuelas, quien ahora es una modistilla alcohólica y un mago que olvidó su nombre de origen, Rafael Marés, al asumir por entero el pseudónimo Fu-Ching, utilizado para hacer las veces de ilusionista chino, quien al decir de Juan Faneca, no fue un padre para Juan Marés pero el chico lo quería mucho. (2)
Juan ya grande, tiene un encuentro casual con la aristocrática nacionalista catalana Norma, en una exposición de fotografías de la UNESCO, donde al participar en una huelga de hambre quedan atrapados en la sede de la exposicón, estos jóvenes progresistas que protestan contra el régimen por el Proceso de Burgos, un juicio sumarísimo que se hiciera, en 1970, contra dieciséis miembros de ETA, acto de rebeldía que interrumpen los esbirros del sistema franquista para hacerlos “comer a hostias”.

Este encuentro hace que Juan, ahora todo un hombre, ascienda en la escala social, sin otra preocupación de sus suegros sino de que fuera un buen católico, para así gozar de los discretos encantos de la burguesía catalana aunque, un día, tras varios años de matrimonio, se encuentra a su mujer, en el piso donde vive la pareja, con un lustrabotas y ya harto de compartir el lecho con camareros, taxistas o morenos, vendedores de macramé en el metro, además de la ninfomanía de esta mujer, por lo demás, una fetichista de los zapatos, que le ocasionan un gran goce en el momento del coito, estalla en una crisis de celos.

Pero ella, ante esta reacción, decide abandonarlo, con lo cual empieza a desencadenarse en el hombre una psicosis; su estructura psíquica comienza a resquebrajarse, ante la imposibilidad de elaborar la separación de su compañera y, si bien se queda en el piso, que ella le cede, vamos asistiendo a su deterioro mental, ya que como el personaje mismo lo declara: su vida era Norma, con quien vivió un sentimiento oceánico, de fusión absoluta, en un vínculo totalmente alienado en ella y tras la partida de su mujer, Marés se enfrenta con un total desamparo, ante la pérdida de un objeto idealizado, con el que esperaba mantener un estado de fusión narcisista. (3)

Se convierte entonces en un acordeonista callejero y se anuncia con carteles donde escribe cosas como:

Fill natural de Pau Casals, busca oportunidad.

Pedigüeño charnego (4) sin trabajo,
ofrece en Cataluña,
un triste espectáculo tercermundista.
Favor ayudar.

Siempre obsesionado por la canción Perfidia que oyera al mismísimo Nat King Cole.

O llama desde un teléfono público a Norma, encargada de asuntos psicolingüísticos de Catalunya, al hacerse pasar por dueño de un almacén de prendas de ropa interior o dueño de un comercio de tubos de escape de automóviles, para que ella le traduzca al catalán y así, al menos, entrar en contacto con ese objeto parcial que es la voz.

Hasta que, en una asonada, de los fascistas profranquistas a una manifestación nacionalista, sufre una quemadura, ocasionada por una bomba Molotov, que lo desfigura totalmente, de tal forma que pasa a ser una especie de Fantasma de la Ópera de Gastón Leroux, que lo obliga a asumir la condición del hombre invisible, el famoso personaje de la novela de H. G. Wells, con un estado mental tan inestable como la del protagonista del escritor inglés, vestido con un grueso abrigo largo y la cara cubierta por vendas, grandes gafas y un sombrero de ala ancha, condenado a una inmensa soledad. (5) (6)

http://peliculasdecine.net/wp-content/uploads/2008/07/goyer.jpg


Con un estilo de un naturalismo excesivo, asistimos a los ataques de vómito, como fenómeno psicótico, que podríamos interpretar con David Rosenfeld, como expulsión de líquidos orgánicos que forman parte del esquema corporal, que Juan porta y a una interesante presentación de una alucinación en el espejo, en el que se le aparece su amigo de infancia, Juan Faneca, quien lo incita a buscar a Norma, de una forma delirante, que deviene en acción, al recurrir a la caja de disfraces de su padre, cuando Rafael Marés se transformaba en el chino Fu-Ching. (7)

Entonces asistimos a la desaparición de Juan Marés, para asistir a su transformación psicótica en Juan Faneca, un hombre enigmático, un auténtico charnego, que, a pesar de sus amores con la vecina, solicita una cita con Norma, una vez adoptada una nueva identidad, con otro nombre, con otra fisonomía y otra actitud.

La cual nada tiene que ver con el Juan Marés del principio de la película.

Con la identidad asumida de Faneca, logra encontrarse con Norma para, al fin, tener el encuentro deseado con su amada y volver a la cama con su vecina, quien tiene muchas de las características de su madre, para finalmente, ir logrando un estado de estabilización de su psicosis, convertido ahora, en un charnego apuesto y elegante, quien también nos recuerda el personaje de La máscara, a su vez un antihéroe demente.


Así, asistimos a un juego de metáforas identitarias entre un Juan Marsé, que se transforma en un coétaneo suyo, Juan Marés, quien a su vez, se convierte en Juan Faneca, quien porta el apellido del genitor de Juan Marsé, antes de ser adoptado por sus nuevos padres, de ahí que su dedicatoria de El amante bilingüe sea:

Para Berta y para mis otros padres y mi otra hermana, al otro lado del espejo. (8)

Asistimos entonces a un desplazamiento imaginario del yo de estos Juanes, que bien podría evocarnos una fijación en el estadio del espejo, esa fase en que se constituye el yo, según Jacques Lacan. (9)

Y bien vemos el fenómeno cuando la alucinación aparece en la luna especular tras el vómito, como si se diera todo un juego de proyecciones e introyecciones, que le permiten adquirir su falsa identidad delirante.

Pero también, en esta, obra tanto Marsé como Aranda nos enfrentan con el problema del doble.

De hecho el lustrabotas, con el que la mujer le pone los cuernos a Marés, es otro charnego, con lo cual sería una especie de doble suyo, ya que su mujer se acostaba con camareros, lustrabotas, morenos que vendían macramé en el metro, taxistas, en fin, charnegos como él, de la misma manera que lo es Juan Faneca, su amigo de infancia, quien entra a hacer parte de su identidad delirante, mediante un retorno de lo Real.

Es entonces cuando podemos darnos cuenta del funcionamiento del narcisismo primario del personaje, que entra en un juego de identificaciones, con los que trata de restituir su yo perdido, en un estadio totalmente cercano a la fusión, a la indiferenciación, a la locura, donde hace falta un Otro, bien sabemos por Faneca, que Rafael Marés, no funcionó como un buen padre pero el chico lo quería mucho.

En el análisis que hace Eugenio Cornide Cheda sobre la obra de Marsé, este psicoanalista nos remite al concepto de lo siniestro, de lo ominoso en Freud, bajo la forma de lo que espanta, angustia, vinculado con fantasías muy primitivas, en las que lo reprimido retorna, avivado por circunstancias externas. (10)

Usurpar y adquirir nuevas identidades había sido parte de su vida, a Norma la sedujo al hacerse pasar por un intelectual militante hasta lograr engañarse a sí mismo, al igual que su padre, un mediocre ilusionista que terminaría por olvidar su verdadero nombre para convertirse en Fu-Ching, ya que sus padres no le habían dado el sostén emocional necesario para construir un verdadero sí mismo, sin tener que acudir a un falso self, en el sentido de Donald Winnicott, para ocultar su falta de integración o convertirse, a la manera del Zelig de Woody Allen, en una personalidad como si, de las que nos hablara Helene Deutsch y así, la impostura, como lo señala Zac, pudiera ser una defensa psicopática que le evitara el desencadenamiento de una psicosis, sin que jamás llegara a constituir una identidad estable, problemática que también se manifiesta en su habla, pues, en la novela de Marsé, cuando hace una actuación en Villa Valenti usa un catalán acharnegado, cuando conquista a Norma, un perfecto catalán intelectual y, al final de la historia. Faneca departe en un franco charnego. (11) (12) (13)

Pero, claro está que esa problemática singular del protagonista, está inscrita en un macrocontexto social, el de la comunidad catalana, con su bilingüismo, como si se tratase a su vez de una Barcelona esquizofrénica, que funcionaría como uno de los factores para que Vicente Aranda decidiera marcharse a Madrid, como lo declarara a Gregori que, efectivamente, se encontraba molesto e incómodo con la política lingüística de la Generatalitat catalana, que representa Norma. (14)(15)
Notas:
1) Gregori, A. El cine español según sus directores. Cátedra, Madrid, 2009, p. 316.
2) Cif. Simposium Internacional Juan Marsé (1º. Barcelona. 2003). Juan Marsé, su obra literaria: Lectura, recepción y posibilidades didácticas. Horsori, Barcelona, 2005, p. 126
3) Cornide Cheda, E. Psicoanálisis aplicado a la novela El amante bilingüe de Juan Marsé. http://www.gradiva.org/Amante%20bilin_Cornide.pdf
4) Charnego es un término despectivo y peyorativo usado entre los años de 1950-1970, en Cataluña, para denotar a los inmigrantes de otras partes de España, en especial de Andalucía, que no hablaban o no aprendían el catalán.
5) Leroux, G. El fantasma de la ópera. Ed. Valdemar, Madrid, 2002, 504 pp.
6) Wells, H.G. El hombre invisible. Ed. Anaya, Madrid, 2001, 256 pp.
7) Rosenfeld, D. La noción de esquema corporal psicótico en pacientes neuróticos y psicóticos', Psicoanálisis. Revista de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, 4 (2): 383-404, 1982.
8) Marsé, J. El amante bilingüe. Ed. Debolsillo, Barcelona, 2007, 216 pp.
9) Lacan, J. El estadio del espejo como formador de la función del yo [“je”] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica en Escritos I. 3ª. edición, Siglo XXI editores, México, 1976, pp. 11-18.
10) Freud, S. Lo ominoso en Obras Completas (t. XVII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 215-251.
11) http://es.wikipedia.org/wiki/Donald_Woods_Winnicott#Falso_self
12) Reyes Vallejo, O. Helene Deutsch, pionera en el acercamiento a la psico(pato)logía de la mujer desde la perspectiva psicoanalítica. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 83, jul-sep. 2002, http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0211-57352002000300006&script=sci_arttext#back
13) Zac, J. El impostor. Contribución al estudio de las psicopatías. Revista de Psicoanálisis (Asociación Psicoanalítica Argentina), 21(1): 57-71, 1964
14) Arana, M. y C. Castillo. Identidades, parodia y carnavalización en El amante bilingüe de Juan Marsé. http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/amante.html
15) Gregori, A. El cine español según sus directores. Cátedra, Madrid, 2009, p. 324.

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Gracias a la vida…

Andrea Dufournel (Desde Temuco, Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde hace mucho que la vida de los chilenos dejó de tener el mismo valor. Cuando la dictadura, quien no pensara como el dictador y sus compinches era hecho desaparecer, detenido, torturado, asesinado o en el mejor de los casos exiliado.

Desde que se comenzaron a perseguir las ideas se instaló la devaluación de la vida de las personas instalando en el país otra clase social, la de quienes cuya vida tiene un gran valor, los uniformados, y, los que no la tienen, los civiles.

Hoy hemos visto cómo el ministro del Interior, del gobierno de Piñera, Rodrigo Hinzpeter ha declarado públicamente, frente al asesinato de dos policías que: “asesinar a un policía es más grave que asesinar a un ciudadano común”. Agregó que “ninguno de nosotros trabaja entregando su vida para cuidar a los demás, entonces la ley tiene que ser cuidadosa, muy protectora, de quienes están dispuestos a entregar su vida por cuidarnos a nosotros que cumplimos otras labores importantes en la sociedad”.

¿Es acaso legítimo que la vida de una persona tenga más valor por sobre la de otra?, acaso los trabajadores que exponen cada día sus vidas, en manos de empresarios inescrupulosos que poco y nada invierten en seguridad en sus empresas, y que no son castigados si alguno de sus obreros muere en cumplimiento de sus faenas, como ocurre en la minería por ejemplo, cuando se muere por lo que ellos llaman los “riesgos del trabajo” que cada empleado estuvo dispuesto a asumir al aceptar el empleo. ¿Acaso los trabadores no están dispuestos a entregar su vida en las faenas de alto riesgo teniendo ellos como último fin el salario y por otro lado los empresarios el de obtener la mayor ganancia con la mínima inversión en seguridad pagando el menor sueldo posible?

Acaso la vida de un enfermo que muere en una sala de espera de algún hospital vale menos, o es que los ciudadanos chilenos debemos esperar que opere la ley del mercado para poner a buen resguardo el derecho a vivir, lamentablemente hay mucha gente que muere cada día en nuestro país, unos a manos de la delincuencia y otros a manos del sistema económico, por no tener las mismas oportunidades de acceder a una atención médica de calidad, o por realizar trabajos de mayor riesgo que otros, nada justifica la muerte de algún ser humano, cualquiera sean las circunstancias. Le agradezco al ministro su ataque de honestidad, porque la verdad es que no somos todos iguales, y quizás nunca lo seremos. Hablarlo así tan directamente de todas formas, es políticamente incorrecto, creo que quizás debería haberlo dicho de otra forma, al menos en el discurso decir que efectivamente somos todos iguales, solo que hay unos más iguales que otros.

Lo que ha quedado absolutamente claro es que la sociedad chilena es, por sobre todo, discriminatoria: porque eres pobre, mujer, mapuche, homosexual, gordo, viejo, discapacitado, ahora le agregamos los muertos, podemos ver que la discriminación no es una ilusión ni un complejo, es política de estado.

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Esperando el humo…

Baleryns López (Desde Caracas, Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde el 12 de marzo estamos a la espera del nombramiento de la nueva o nuevo Ministro de Cultura, que esperamos sea en esta oportunidad verdaderamente para el poder popular. Porque lo cierto es que todos los que han pasado por ese cargo desde su creación han estado muy lejos de nuestro acervo cultural, un arquitecto, un veterinario y otra vez el arquitecto. Quien por cierto ocupa dos cargos, el de Ministro de cultura, vamos a quitarle el adorno ese del poder popular, y el de Ministro de Estado para la Reconstrucción de Caracas, este último el más apropiado dado a sus estudios y experiencia.

No quisiera hacer ninguna distinción al respecto, creo que todas y todos los “venezolanos” pudiéramos ocupar cualquier cargo sin importar la preparación académica para esto, lo que si creo y si voy a hacer es una distinción entre los intereses sociales y políticos que se deben tener para ocupar fielmente una responsabilidad de este tipo, que no sólo debería provenir de la visión de la individualidad que asuma, sino del colectivo, movimiento, partido, comunidad, sindicato o cualquier otro tipo de ámbito social de lucha del que provenga y brinde los lineamientos políticos para satisfacer sus necesidades específicas.

Podemos analizar la política emanada del Ministerio de Cultura y nos daremos cuenta de que su concepción es burguesa, la cultura es algo para ver, un entretenimiento y la democratización de los espacios culturales es que podamos entrar, que las y los marginados de toda la vida podamos entrar al Teresa Carreño o cualquier otro gran teatro o museo; y que las manifestaciones culturales tradicionales, o sea, la de las y los marginados, sean expuestas un momentico nada más y luego a limpiar bien las butacas. La concepción de democratización y participación popular de ese Ministerio es cultura para ver y no para opinar, eso de participación protagónica fue borrado del diccionario y el imaginario burgués desde hace años, creo que hacen un esfuerzo para no recordarlo y para que el pueblo no lo recuerde.

Es tal la concepción burguesa de lo cultural que los programas de formación que impulsamos tienen que ver con la música clásica, en la cual desprecian en su mayoría a la música tradicional y urbana; y los otros programas de formación más amplios los imparten camaradas que no provienen de nuestro pueblo y que por tanto lo que están haciendo es destrozar lo que por siglos hemos cuidado, sólo nuestro pueblo es depositario del conocimiento de su cultura y es sólo éste quien puede y debe transmitirla; esto ya lo ha hecho y lo sigue haciendo resistiendo a todo tipo de embates y persecuciones religiosas, económicas y políticas a lo largo de la historia.

Esa concepción burguesa es algo que no va a cambiar en tanto no asuman las riendas de ese Ministerio personas que provengan de la lucha del pueblo por cuidar y resistir culturalmente, una cultora o cultor, una trabajadora o trabajador cultural, alguien que provenga de la cultura nuestro pueblo, que sienta ese latir que viene de la tierra y entra por los pies, alguien que llore y grite cada vez que nos jodan culturalmente, alguien que le duela verdaderamente. Preparadas y preparados existen muchos ya, tanto que son expertos en cuidar y preservar nuestra cultura, son esos que siguen resistiendo culturalmente y que además están ganando la batalla en pleno siglo XXI, una Cruz de Mayo, un San Juan, unas Turas, un joropo, un papelón, una muñeca de trapo, un papagayo en pleno siglo XXI. ¿Qué otra virtud más arrecha podemos esperar de una o un ministro de cultura?

Ya el arquitecto renunció, dijo que estaba cansado, que “era mucha responsabilidad” y le propuso al presidente Chávez dejar la conducción de las políticas culturales del país para asumir por entero la construcción de viviendas dignas para el pueblo. Ahora estamos esperando la designación del comandante en jefe.

Nombres suenan por ahí, la preocupación es constante, imagínense que uno de los más fuertes candidatos es un señor que hasta el baño le ha negado a las niñas y niños que estudian danza en la Casa de la Diversidad Cultural, alguien que de hecho tiene cerrados esos espacios para la comunidad, eso es que ni en los banquitos se puede uno sentar, para acceder a la información y los archivos hay que dar más vueltas que un trompo, tanto que una queda mareada y de tanto peloteo se va; alguien que monta sus espectáculos los sábados para cumplir, para decir que es que eso es del pueblo, cuando lo cierto es que ese es un espacio baldío y clausurado ante cualquier posibilidad de participación popular en la planificación de las políticas que allí se llevan adelante, tanto que ni siquiera las agrupaciones culturales que hacen vida allí pueden hacerlo.

Tenemos la esperanza de que no sea una o un funcionario cultural el que sea nombrado próximamente, esperamos que no sea otro burgués, que sea alguien que provenga del poder cultural, del poder popular… han pasado casi 15 días ya y aún estamos esperando, como me dijo mi amiga María, el humito como cuando se elije el papa. Cuando el humo de la chimenea por los boletos quemados con los nombres de los candidatos sale negro, significa que aún no se ha logrado elegir, cuando sale blanco significa que ya se ha elegido el nuevo papa, nosotros estamos rodeados de humo negro en lo cultural desde hace muchos años, ahora estamos que se grite ¡Habemus Ministro! (tenemos ministr@) del poder popular, seguimos esperando el humo blanco…

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Hermann Broch: “La muerte de Virgilio”

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Versión de J. M Ripalda
Sobre traducción de A. Gregori
Alianza Literatura. 566 páginas

Hermann Broch escritor austríaco (1886-1957) fue miembro de aquel inolvidable grupo de pintores, músicos y escritores, que elevó una vez más Viena a las alturas de la creatividad. Un siglo los vio nacer bajo el imperio austrohúngaro; el siguiente con el nazismo llevó a muchos de ellos a la tragedia y a otros a la desesperación. Pero la obra de Brocho, a igual que la de otros quedó ahí, reconocida y estudiada. Indiscutible. Si toda escritura es importante, la que dejó mayor huella universal, un impacto capaz de equipararlo al Ulises de Joyse, ha sido su extensa novela La Muerte de Virgilio.

La primera edición en España salió en el año 2000 editada por Alianza Editorial en una magnífica versión de J. M Ripalda sobre traducción de A. Gregori. En 2007 una nueva edición con mejorada presentación y tipo de letra vio la luz, en el sentido más transparente de la palabra, para que de nuevo todos aquellos, que no somos legión, volvamos a comentarla y propagarla, valorar su calidad de su contenido, maestra ejemplar que con el tiempo ha venido ganando su reconocimiento a partir de mediados del siglo XX.

En ella, tan exigente y barroco autor, nos cuenta las vicisitudes y reflexiones del poeta Virgilio, cuando tiene conciencia que la muerte le llegará en una horas. Con una prosa brillante y embriagadora plantea en un monólogo interior en tercera persona, una reflexión sobre los criterios antagónicos y el conflicto de creación literaria frente al poder político, denunciando el peligro que supone para la cultura occidental aceptar la barbarie del nacionalsocialismo.

El destino de Hermann Broch tiene un gran paralelismo con el de Musil, otro de los grandes novelistas de aquella generación. Sus novelas continúan parcialmente la tradición del realismo burgués y se pueden comparar con Theodor Fontane por sus estudios de la sociedad, así como con la crónica familiar de Thomas Mann. Con la diferencia que en su crítica social y cultural sobresalen más los aspectos que la trascienden La muerte de Virgilio se considera su mejor novela, aunque no ampliamente leída en España, nada extraño en la esfera de lo que se consideran “buenos lectores”.Lo que muestra como su alto valor intelectual, que ahonda en lo social y político desde una óptica histórica muy analítica no disfruta con sólido arraigo por estas tierras.

La acción de la novela trata las últimas dieciocho horas de la vida del gran poeta autor de la Eneida, cuando al final de su vida decide destruirla. Siente remordimiento en un delirante ser o no ser, dominado por febriles sueños con los recuerdos de su vida y triunfo como poeta nacional, pues aunque la Eneida se ha convertido en la Biblia panteísta de todos los romanos, considera que debe ser destruida al vivir bajo la duda no solamente de la calidad de la obra sino al mismo tiempo sobre la responsabilidad ante los grades hechos históricos de ser la gran figura nacional, el adorado poeta que representa al imperio.

Hermann Broch fue detenido en 1938 tras el Anschluss de Austria, para pasar a continuación a prisión preventiva en Alt-Ausse tras ser hecho preso por la GESTAPO, no por ser judío, sino porque el cartero le había denunciado como “comunista”. Al descubrir que estaba abonado a la revista Das Word (La palabra) editada en Moscú por emigrantes. En ese mismo año logra huir a Londres y a continuación a los Estados Unidos.

Fue esta detención y su aguda clarividencia sobre el futuro de Alemania, su cultura y el ser judío, lo que le llevo a que tomara cuerpo lo que más tarde en el exilio se convertiría en su gran obra. Su situación económica era precaria y un tanto angustiosa, muy semejante a la del compatriota y escritor generacional Robert Musil, pues sus novelas y ensayos no disfrutaban del éxito comercial de las de Thomas Mann o Stefan Zweig; aunque el autor de La montaña mágica ayudó mucho a los escritores compatriotas y, entre ellos, al autor de la Muerte de Virgilio en quien reconocía un excelente autor, a la edición de la novela, que apareció casi simultáneamente en inglés y alemán en 1945, fundiendo así pasado y presente.

En resumen, la Muerte de Virgilio es una denuncia intelectual al mismo tiempo que la reflexión sobre el pulso que todo creador honesto debe de plantearse como compromiso con la sociedad y la cultura a que pertenece. P poseer la certeza de que la conciencia de uno no puede ser traicionada por sí misma ni tampoco apartarse de la realidad. Toda una obra maestra comprometida, que justamente se debe promocionar en una sociedad donde de nuevo la “Guerra fría” se ha colado por el postigo de la casa y los compromisos éticos parecen ser solo cosa de los diccionarios.

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El milenio sediento

Kenkibari (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Por el oro azul llamada bendita agua dulce
Se darán las nuevas agresiones de las potencias
a los países que tienen este recurso indispensable.
Las aguas mueven las industrias en el mundo
En donde no hay este recurso, utilizan las energías
Nucleares, para su industrialización, estas cosas
Traen el desorden y las alteraciones y la sed de la humanidad
Por el agua vive la tierra, viven los microbios,
los insectos, las plantas, y por ella viven los seres humanos.
Los valles y los desiertos son bañados por las corrientes
de aguas benditas traídas desde sus alturas, de los Alpes
de las cordilleras allí donde las neblinas lo cobijan
Para abrigarlas y destilar grosura de agua bendita
Cristalina para todo ser viviente de este planeta

II

Las aguas que esperan en la parte baja
Si no llueve arriba, no hay agua abajo ¡hoy! toma conciencia
del ciclo del agua hermana de los seres humanos
y su biodiversidad, hay agua congelada, agua
transformadas que recorren el espacio, que van escribiendo
El designio de tu vida cuando pasa por tu mollera, todas
Blanquitas o negruzcas que crece entre relámpagos
Truenos y rayos anunciando las benditas lluvias para las vidas.

III

El agua en sus diferentes formas, sacia la sed de la tierra
Por todo ello hay que venerar a la diosa agua.
ella es la sangre de la tierra por sus venas recorren
el mundo que van humedeciendo con sus vasos capilares.
hay que cuidarlas enseñando a los demás, por lo sensibles que son
el recorrido de las aguas freáticas, estas venas no hay que alterarlas
porque ellas son las que refrigeran y van enfriando a la magma madre
del fuego de la tierra, no hay que sacarla ni perforarla de su profundidad
porque si no, estamos promoviendo las alteraciones a
la tierra trayendo consecuencia de fatalidades, terremotos, tsunamis
Torbellinos, volcanes, deshielos de los polos, por un lado la sequia
por otro lado inundaciones, todo estos desordenes son por romper
el ciclo de la bendita agua.
cuidar hoy el agua depende garantizar la vida del otro milenio.

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El hombre y su otro yo: Alienación y fetichismo

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La alienación, aparte de ubicársela en la subjetividad del trabajador a través de la praxis (que es irremediablemente individual), debe estudiársela a partir de la división social del trabajo.

Son las relaciones de producción las que determinan al elemento-hombre, y tales relaciones no dependen de ese elemento-hombre, sino que, precisamente, lo determinan, pues, en última instancia, tal elemento no es sino un punto de interferencia de la compleja red de relaciones del sistema. Las relaciones de producción capitalistas instituyen un principio de legitimidad que es al que se adscribe el elemento, y si ese elemento traspone dicho principio, pasa a ser ilegítimo.
Con razón uno de los sacerdotes encargados del templo de San Cayetano, en Liniers (Argentina) les dijo a sus feligreses que para pedir trabajo, es otra puerta la que tienen que golpear. Los fieles siguieron orando, sin tener en cuenta que los bienes materiales y espirituales que le corresponderían y que le son negados no están en manos del santo.

El elemento sistémico vive de meter mano en el entorno o medio para arrancarle sus frutos con el fin de reponer su fuerza de trabajo, pero para lograrlo debe enajenar esa su fuerza de trabajo y por lo tanto perder los bienes que él mismo crea. No alcanza a entender que su actividad, su ser, forman parte de un sistema del cual él es un mandadero.

Intuitivamente siente que no es libre y lucha por independizarse del sistema y del medio. El ser humano, como ya hemos dicho, es en parte elemento del sistema social y es, al mismo tiempo, parte del entorno o medio.

Arranca u obtiene frutos de la naturaleza, pero en un régimen de propiedad privada es despojado de ellos y de su libertad, como ya dijimos, y queda enajenada la propia naturaleza y la libertad de la especie, ya que transforma la vida de la especie en un medio para ganarse la vida individualmente.

Esta alienación, aparte de ubicársela en la subjetividad del trabajador a través de la praxis, debe estudiársela a partir del territorio, de la división social del trabajo y de la significación del sistema social. El obrero, como generador del tiempo de trabajo, está siendo en este sentido el elemento del sistema capitalista, pero al tener que enajenarlo, enajena su esencia y por lo tanto lo saca de sí y lo transforma en parte del entorno de ilegitimidad.

Lo que se exterioriza o aliena no es solamente el objeto producido o el trabajo como actividad del individuo, sino el proceso social de producción plasmado en un poder material, caracterizado como el comportamiento históricamente creado por los hombres hacia el sistema y entre los mismos hombres, comportamiento previo y relativamente exterior a cada individuo en particular que constituye un doloroso desdoblamiento.

Como antes viéramos, esta alienación suele ser caracterizada como algo inmoral, cuando en realidad en toda la historia de la sociedad dividida en clases y principalmente en el surgimiento y auge del capitalismo, responde a una no linealidad que ha permitido la formidable acumulación de capitales sin la cual la humanidad no hubiese podido constituir las fuerzas productivas que se observan actualmente.

Estas fuerzas productivas, son la base social del sistema visto desde abajo y se hallan compuestas por el trabajador y las máquinas que producen objetos de consumo o también reproducen máquinas. Fuerzas productivas que se hallan en correlación y contradicción con las relaciones de producción, con las relaciones que los propios hombres establecen a partir del sistema social y su entorno o medio, para, fundamentalmente, producir y reproducir a la especie y con ella al propio sistema.

Las fuerzas productivas se constituyen mediante la coordinación de fuerzas humanas objetivadas socialmente, en conjunto con los instrumentos de producción. Participan de la estructura propia de la división social del trabajo (trabajos útiles, valores de uso), manifestándose luego, en las relaciones de cambio, como trabajo abstracto general cristalizado en el valor de cambio de las mercancías, lo que se expresa en la ley del valor (reguladora de la producción capitalista).

De esta manera, la alienación reside en el principio de legitimidad del sistema por cuanto éste exige enajenar el trabajo del obrero y temporizarlo. Así, las fuerzas productivas alzadas frente al individuo aparecen como un poder extraño que lo oprime.

Ese es el caso de dicha alienación, y allí nos encontramos con dos hechos. Las fuerzas productivas aparecen como fuerzas totalmente independientes y separadas de los individuos, como un universo propio frente a estos, lo que se explica porque esos individuos, cuyas fuerzas productivas como un todo los enfrentan, existen diseminados y en contraposición los unos con los otros ya que han enajenado su esencia al vender su tiempo de trabajo.

Y otra aparente paradoja resulta del hecho de que tanto en las fuerzas productivas cuanti más en las relaciones de producción, el principal protagonista es el mismo hombre, enfrentado consigo mismo desde dos posiciones antagónicas, como elemento y como parte del entorno. Ello es así porque el enfoque se realiza desde dos ángulos, por una parte como productor social-individual de mercancías, y por la otra como ocupante de un determinado lugar en la escala social, en las relaciones de producción. Así el hombre se enajena y se desdobla, resultando víctima de un verdadero juego de pinzas, pues a un mismo tiempo pertenece al sistema y al entorno.

De una parte se hallan las fuerzas productivas que adoptan, en cierto sentido, una forma material y que para los mismos individuos no son ya sus propias fuerzas, puesto que ellas han sido expropiadas por los dueños privados. De otra parte, la mayoría de las personas agrupadas en las relaciones de producción debe enfrentar a estas fuerzas productivas, de las que se han desgajado y que, por lo mismo, han perdido todo contenido real de vida convirtiéndose en individuos abstractos.

Debido a la desocupación y a la exclusión, el post-obrero actual integra en menor medida las fuerzas productivas en cuanto al aporte de trabajo vivo, pero sigue siendo atenazado por el trabajo muerto (su trabajo anterior depositado en las máquinas) y las relaciones de producción globalizadas. Estas últimas, que en el momento del auge del capitalismo fordista erigían a la alienación en su principal motor de acumulación, se han transformado en el mayor freno para el desarrollo de la principal fuerza productiva, el obrero. En este sentido, de nada vale el desarrollo técnico-científico, puesto que produce una declinación de la cuota de ganancia y por lo tanto, incrementa la desocupación y deja fuera del sistema a los ex-trabajadores.

Antes veíamos que las fuerzas productivas aparecían vinculadas con las relaciones de propiedad que separan y contraponen a los hombres, pero debe aclararse que dichas fuerzas no son las alienantes, sino que las alienantes son las relaciones de producción, son las relaciones sociales propias del sistema que, pariendo a dichas fuerzas, las convierten en poderes extraños. Tales son ahora los elementos alienantes, por un lado, lo alienado o sean las fuerzas humanas productivas y por el otro, el agente alienante, es decir, las relaciones objetivas que vinculan a los productores.

La relación de propiedad como proceso de valorización del capital sujeto a leyes, y la alienación resultante del doble carácter de este proceso, en tanto que trabajo social –la fuerza productiva- se enfrenta con la valorización o relación de propiedad privada.

Si la alienación ocurre por la acción conjunta de fuerzas y relaciones, no cabe considerar un solo factor. Si aislamos a las fuerzas productivas de su vinculación necesaria en el proceso de la producción caemos en el error de considerarlas responsables de la alienación humana, sea ello debido a su insuficiencia o debido a su desarrollo impetuoso (en la RCT, por ejemplo).

No es del caso, pues, aplicar el esquema de hombre-alienado-en-las-cosas, sino partir de los procesos reales concretos responsables de la alienación, del sistema social capitalista que necesita de esa alienación para subsistir.

Así pues, el conjunto alienante sería el de la relación estructural de fuerzas productivas y relaciones de producción. Ello nos diría que es la propia esencia humana la que aliena al individuo, porque según hemos analizado, el fundamento del concepto hombre consiste en la suma de sus fuerzas de producción y las formas de intercambio social. En las tesis sobre Feuerbach, Marx escribía que la naturaleza humana equivale a las relaciones sociales.

El hombre social -el sistema- produce la alienación del individuo en un proceso de compleja interiorización subjetiva, o por mejor decir, en un doble resultado, ya que por una parte produce alienación y por la otra, una creciente humanización del entorno.
Se origina así una nueva instancia en la contradicción fundamental de la sociedad, en tanto que crece la alienación respecto del trabajador y del sistema, a un mismo tiempo se profundiza la humanización del hombre y su derredor. El elemento actual, constituido por el tiempo de trabajo, es acechado desde el entorno, entorno o medio desde el cual pugna por legitimarse otro principio de legitimidad basado en el encuentro entre el tiempo de trabajo y su verdadero dueño, el hombre, venciendo así la discontinuidad entre praxis y poiesis.

Este análisis permite una diferenciación semántica entre dos categorías, las del hombre en general y el hombre individuo concebido como praxis del sujeto, y en ello no cabe confusión alguna ni reemplazo del uno por el otro. El hombre en general –la humanidad- no es el agente o sujeto histórico, a menos que con esas palabras designemos al sistema, a las fuerzas y a las relaciones productivas, cuyo dinamismo proviene de su propia dialéctica interna. Vale decir, que o la categoría remite a la realidad o se incurre en idealismo histórico. Pero el ser social objetivo no sustituye ni elimina la acción humana como individuo, hacedor asimismo de la historia –que es su historia-. La concepción de esta categoría hombre-individuo, sin confundirlo con el hombre en general, requiere encuadrar al sujeto como singularidad. Vale decir, que hablar de una persona o individuo es hablar de un sujeto determinado, viviendo en un tiempo y un espacio, pero no es hablar del elemento componente del sistema social. El elemento no podría existir tal como es si el sistema no lo considerara legítimo. Toda referencia al individuo es dirigida a una individuación singular y en ese sentido no puede ser analizado como categoría, pues lo que importa es la existencia del ser humano vinculado y desdoblado en el trabajo, en la estructura social, en el tiempo de trabajo que es el principio legitimador que emana del sistema. Esta subjetivación de lo objetivo en un sujeto produce la irreductible realidad del individuo despersonalizado por las relaciones de producción que lo alienan y desdoblan. Así el hombre como individuo se coloca entre la interiorización de lo objetivo y la objetivación de lo subjetivo, cuyo nexo es la praxis de cada persona. Ser social y praxis del sujeto individual (es decir, praxis de este sujeto individual) equivale a los factores históricos conjugados en una síntesis dialéctica para cuya comprensión se hace necesario superar las unilateralidades del fatalismo y del voluntarismo y acudir al enfoque sistémico.

Existe una constante sin la cual puede escapársenos la especificidad del término alienación, y es la que nos indica que dicha alienación aparece en la subjetividad del obrero, vale decir, en su praxis y por lo tanto, en su entorno. La mencionada alienación se manifiesta a través de fenómenos subjetivos: el trabajador experimenta la alienación, se siente alienado, las fuerzas productivas se le aparecen como un poder independiente; su energía, fraccionada en el tiempo de trabajo. Ello puede superarse únicamente con la destrucción de la propiedad privada, porque en tal caso se produce la abolición de la actitud con la que los hombres se comportan ante sus propios productos. Tales expresiones subjetivas, como reiteradamente señala Marx, corresponden a su nexo con el mundo exterior y a la propia conformación subjetiva de privación de voluntad, individuo abstracto, unilateral, escindido, contingente.

Por lo tanto, no es del caso hablar de relaciones alienadas salvo que se implique en ellas al obrero alienado, porque el fenómeno de la alienación es subjetivo y objetivo. Vale decir que la noción de alienación corresponde a una síntesis de los agentes objetivos que la causan y a las consecuencias subjetivas producidas por esos agentes, en ausencia de los cuales dicha alienación no existe.

Sin los aspectos subjetivos y objetivos en que se encuadra nuestra noción de alienación es imposible comprender el proceso y por ello mismo quienes la asientan en la pura subjetividad del hombre sin implicarla con el condicionamiento objetivo proveniente de la base productiva de la sociedad y principalmente del sistema, cometen un craso error. El ser humano no se aliena en la naturaleza o en el mundo sino que lo hace en la objetividad de las relaciones creadas por él mismo pero condicionadas por el sistema, que a raíz del proceso relacional lo dejan dentro y fuera.

El marxismo considera que la praxis y los resultados de la praxis, los productos -primer sentido de objeto- se hallan en la estructura de la sociedad, es decir, en la segunda noción de objeto que constituye la causal alienante. Si reducimos la alienación al esquema idealista de hombre-cosa, estamos contemplando una apariencia fenoménica que oculta la verdadera causa alienante.

Si bien antes hablábamos de la alienación nacional, debe entenderse que la alienación en la Patria, en el Estado, en la ideología, en la religión, en la política, son expresiones de una misma, que se unifican en la estructura social. El sustento se halla en la base y es sobre esa base que se levantan los discursos legitimadores del sistema, como parte de la superestructura, pero que, como hemos dicho, presentan una contradicción con el principio legitimador que emana de la propia base o modo de producción, principio legitimador que se asienta en la venta, extendida en el tiempo, de la fuerza de trabajo. O sea, en la temporización de la complejidad del sistema capitalista.

Asimismo la metodología puede consistir en articular el sistema abstracto de la alienación hombre-cosa para referirse a alienaciones históricas anteriores al capitalismo. Siempre es necesario partir de la ciencia social y de los fenómenos concretos de cada etapa histórica o modos de producción determinados para de ellos deducir las alienaciones históricas objetivas correspondientes.

En la división manufacturera del trabajo es donde se manifiesta, frente a los obreros, la potencia espiritual del proceso material de producción como propiedad ajena y poder dominador. Este proceso de disociación comienza con la cooperación simple, donde el capitalista representa frente a los obreros individuales la unidad y la voluntad del cuerpo social del trabajo. El proceso sigue avanzando en la manufactura, que mutila al obrero al convertirlo en obrero parcial. Y se remata en la gran industria, donde la ciencia es separada del trabajo como potencia independiente de producción y aherrojada al servicio del capital (Marx). Esto se acentúa cuando la ciencia pasa a ser integrante de las fuerzas productivas en forma directa.

La producción realizada en el sistema capitalista debe ser considerada como proceso de explotación del trabajo y proceso de explotación del capital en donde el obrero pierde su capacidad de dirigir las condiciones de trabajo y son éstas las que lo dirigen a él, pero esta inversión de roles no cobra realidad técnicamente palpable hasta la era del maquinismo y más con la aparición de las computadoras y la robotización. Al convertirse en autómata, el instrumento de trabajo lo enfrenta como capital (durante el proceso de trabajo) alzándose frente al obrero como trabajo muerto que domina y succiona la fuerza de trabajo viva. En la gran industria, erigida sobre la base de la robotización y la maquinaria sofisticada se consuma el absoluto divorcio entre la espiritualidad del proceso de producción y el trabajo manual, con la transformación de las potencias espirituales en sujeción del capital sobre el trabajo.

El carácter hostil e independiente que el régimen capitalista de producción otorga a las condiciones y a los productos del trabajo en relación con el obrero –enfrentándolos con éste- se convierte, con la maquinaria y la cibernetización, en una contradicción absoluta.

Aparece aquí la contradicción fundamental del sistema, entre el trabajo social (fuerzas productivas) y la apropiación privada (relaciones de propiedad). Debido a tal contradicción ocurre que las condiciones y los productos del trabajo aparecen frente al trabajador como extraños y separados. Como hemos dicho, el sistema socioeconómico es quien otorga la faz alienante a las cosas. Estas, por sí mismas no poseen la virtud de alienar a su productor, sino que las relaciones sociales, partícipes del sistema, son las agentes alienantes que terminan no solamente despojándolo de su trabajo, sino también de su propio ser, de su esencia, dejándolo parcialmente fuera del sistema.

El entorno está siendo humanizado por la praxis y poiesis, e inmediatamente dicho entorno o medio se incorpora a la realidad social objetivada y allí sufre una metamorfosis que lo deshumaniza. Es la potencia creadora del trabajador quien transforma el entorno o medio, produciendo objetos inéditos y de esa manera, al incorporarse al sistema, el tiempo de trabajo va negándose a sí mismo como elemento de dicho sistema.

Las máquinas, las computadoras, de acuerdo a la tecnología alcanzada, constituyen resultados de la praxis y poiesis. Pero no sólo las máquinas, sino que todos los valores de uso resultan ser el soporte material del valor de cambio, y los objetos, al funcionar como soportes materiales de otra objetividad, ocurre que sus cualidades naturales humanizadas sirven como asiento material de las relaciones sociales. Las máquinas adquieren así nuevos significados como instrumentos de producción, se convierten en parte de las fuerzas productivas dentro de la división del trabajo. De esa manera, el sentido técnico de la praxis es trascendido –sin renunciar a su papel anterior- pues las máquinas se vinculan esencialmente con el trabajo social productivo. Pero además dichas máquinas constituyen parte del capital constante y del capital fijo puestos en circulación por los capitalistas, pasando por ello a ser soportes materiales del capital, sin renunciar a ser valores de uso e instrumentos de producción. Adquieren así, al incorporarse al proceso de producción, un nuevo sentido como instrumentos de producción y elementos del proceso de valorización del capital.

El resultado de la praxis, la poiesis, humaniza al entorno y las cosas adquieren un sentido para el hombre, pero al transformarse en soporte material pasan a cumplir otro papel sin abandonar el primero y los sentidos de la praxis constituyen entonces apariencias fenoménicas ocultando reales sentidos objetivos, pues con el salario se cree pagar el trabajo cuando en realidad se paga la fuerza de trabajo. El capitalista cree que su ganancia proviene de la redituable venta de sus productos o que la produce el capital en su conjunto. El prestamista piensa que los intereses que cobra surgen del dinero atesorado, y el terrateniente, que la renta de la tierra constituye propiedad natural del suelo.

Se sabe que existen diversas formas de aproximación al mundo, entre ellas la práctica que engloba a la praxis pero no la agota, la empírica y la teórica, la artística y la religiosa. Únicamente la teórica puede captar los nexos esenciales y objetivos que confieren sentido y determinación a los procesos sociales. Las leyes del valor o las de la plusvalía aparecen luego de un arduo esfuerzo de abstracción teórica, y por eso mismo la praxis sin teoría no puede ser fundante del conocimiento científico.

Las praxis y poiesis son indivisibles, partes de un mismo proceso de enajenación y requieren ser asentadas en la legalidad esencial del sistema y ello sin negar el nivel de la praxis individual sino que debe adjudicársele a ésta toda la creatividad propia de la subjetividad humana, pero anexada a la estructura determinante. La alienación en las cosas es consecuencia de la alienación en la esencia social, pues las fuerzas humanas, los instrumentos productivos y las relaciones sociales, al ser extrañadas del trabajador, se alienan por constituir el soporte de las fuerzas productivas o de las relaciones de producción capitalistas.

Las cosas aparecen como extrañas porque objetivamente han sido independizadas del productor al ser éste enfrentado por todo el sistema productivo. Es en la interconexión universal de los individuos –no en la relación intersubjetiva entre un individuo y otro- en donde el trabajo vivo no retribuido crea valor engendrando el plusvalor del cual se apropia el capitalista y por el cual existe el sistema.

Mas este apoderamiento es ocultado o fetichizado, y revelado por la ciencia marxista y así, la extrañación de la praxis ocurre como consecuencia de la totalidad del proceso de valorización del capital, cuyo meollo es el trabajo no retribuido, expresión de la ley de la plusvalía.

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, en que proyecta ante los hombres el esfuerzo social como si fuese una virtud de los productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos, y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los objetos mismos, al margen del sistema.

Las cosas parecen vincularse entre ellas, fuera de la acción humana y por sí mismas alienar a los productores; pero lo que reviste a los ojos de los hombres la forma fantástica de una vinculación entre elementos materiales inanimados no es sino una relación social concreta establecida entre y por los mismos seres humanos organizados sistémicamente. En eso estriba el famoso fetichismo de la mercancía. ¿Y cuál es el procedimiento que trueca la relación social del trabajo en relaciones entre las cosas? Pues es aquel que hace que tales cosas actúen como soportes materiales de determinadas relaciones humanas, en este caso como cristalizaciones del trabajo social. Aquello que para la ciencia se percibe como ley del valor -que traduce el trabajo empleado socialmente para producir una mercancía en valor de cambio- para la visión de los obreros parece una relación entre cosas. De tal forma permanece oculto el hecho de que esas cosas constituyen mercancías, fruto de un trabajo social y valorizadas socialmente.

La ley del valor o el fetichismo que se oculta tras ella constituyen el doble resultado de un mismo proceso reflejado en la ciencia y en la práctica productiva. Tanto el fetichismo como la ley del valor resultan de antítesis o contradicciones actuantes dentro del sistema, en tanto que la mercancía es valor de uso y valor, o sea, trabajo privado que es compelido a funcionar como trabajo social -trabajo determinado, concreto, que resulta cotizado a la par como trabajo general abstracto- aparece como personificación de las cosas (fetichismo) y cosificación de las personas (alienación).

Es, por tanto, la contradicción inmanente del sistema capitalista que, por una parte, extraña la esencia humana del hombre desquiciando su praxis subjetiva, convirtiéndola luego en una cosa, y al mismo tiempo personificando a las cosas mismas.

Alienación y fetichismo resultan así las dos caras de un único proceso, inherentes a un sistema que introduce la praxis del hombre, subjetiva, individual, en un cosmos social en donde el resultado de esa praxis le es escamoteado a su propietario para ser usufructuado por un grupo social antagónico.

Dentro de este contexto, la principal fuerza productiva que reside en el hombre, y las denominadas genéricamente fuerzas productivas, constituyen la unidad orgánica del trabajo acumulado y del trabajo vivo, vale decir, del conjunto de elementos materiales y personales correspondientes de la producción de bienes necesarios para, a su vez, producir –partiendo de objetos de la naturaleza- cosas capaces de satisfacer las necesidades humanas y sistémicas.

Entre estos elementos materiales necesarios para la producción se cuentan –como ya dijimos- los instrumentos de trabajo, las máquinas, los robots y computadoras, los laboratorios y centros de investigación adscriptos a la producción, los edificios industriales, las centrales y redes eléctricas, los medios de transporte, los puertos y centrales de cargas, vías férreas y carreteras. En general nos referimos a todos aquellos objetos y conjuntos de objetos que han sido creados por el ser humano para ejercer su acción sobre los objetos de trabajo y obtener su principio de legitimidad frente al sistema. El elemento personal a que hacíamos referencia más arriba es el de la parte del hombre productora y conductora de medios de trabajo, medios que a su vez producen al propio hombre. Los instrumentos de producción, las máquinas, constituyen el elemento material determinante dentro del conjunto de las fuerzas productivas, pues marcan el carácter y nivel de desarrollo de la producción. Las etapas económicas de la humanidad se distinguen no tanto por lo que se produce en ellas sino por los medios de trabajo empleados. Todo proceso de producción social requiere, en principio, la preparación de los medios de trabajo, y a posteriori su empleo para producir objetos de consumo. Por ello, la producción social se divide, como hemos estudiado, en producción de medios de producción (sector I) y producción de medios de consumo (sector II). La ley correspondiente a toda reproducción ampliada reside en el desarrollo primordial del sector I, en la construcción de un número cada vez más complejo y mayor de instrumentos de producción a fin de reequipar sobre esta base a todas las ramas de la economía.

El hombre como portador del tiempo de trabajo, como decíamos, es en ese sentido la principal fuerza productiva y precisamente es en ésta donde actúan como freno las viejas relaciones de producción, impidiendo su desarrollo pleno. En el caso argentino y el de otros países periféricos, además del devastador efecto causado por la globalización financiera y el desarrollo capitalista, se vivió un proceso particular de destrucción de fuerzas productivas, que luego analizaremos con más detalle, pero donde se reflejaba una crisis de estructura proveniente de un régimen de propiedad semicolonial aunada a la crisis del sistema capitalista.

De todas maneras, no se puede escapar a las regularidades del caos determinista propio del sistema global. Las contradicciones sistémicas y las provocadas por el propio desarrollo de las fuerzas productivas, especialmente las concernientes al ciberespacio, han provocado un tipo de caos poseedor de una característica intrínseca generada internamente por el sistema capitalista. Este caos se diferencia de los efectos incontrolables del azar o de las fluctuaciones estocásticas –es decir, pertenecientes o relativas al azar- en el entorno externo o medio. Estos procesos estocásticos, externos, pueden generar azar, un comportamiento que parece caótico, en un sistema que no esté atrapado en un atractor extraño. Pero en el caso del sistema capitalista, nos referimos a las contradicciones internas del sistema que se transforman en un atractor extraño, en donde el caos determinista actúa como acelerador del sistema impulsándolo hacia su límite cuantitativo, en tanto va preparando en el seno del viejo sistema los elementos constitutivos del nuevo, los elementos que habrán de sucederlo, que no son otros que la concreción del encuentro del tiempo de trabajo con su dueño, el ser humano. Pero en tanto y por ello, en el sistema capitalista, el concepto de hombre productivo no puede ser separado del concepto de negación de la productividad, la enajenación.

El enfoque es, efectivamente, antropológico, es decir, que da por sentado que el hombre social es en sí mismo un sistema que persigue el principio y el fin de su existencia, si lo tomamos estrictamente desde este parámetro social. En un sentido más amplio podríamos pensar que es un subsistema del sistema materia y, por lo tanto, recurrir a aquella afirmación de Espinosa en cuanto a que el hombre es un instrumento de la naturaleza, pues ésta se autoconoce a través de aquél.

Repasando, recordemos que el sistema social consta de elementos y relaciones. En el capitalismo, el ser humano se desdobla, y una parte del mismo, que es su capacidad de trabajo –temporalizada en el tiempo de trabajo- es legitimada y pasa a ser el elemento del sistema. El resto del ser humano, su parte psíquica y física constituyen parte del entorno interno del sistema y por lo tanto, permanecen como nexos respecto del elemento. Ahora bien, desde ese entorno las partes física y psíquica pugnan por legitimarse, es decir, por lograr el principio de legitimidad, que sería el de conseguir que dichas partes física y psíquica se integren en un solo elemento, pasen a ser un nuevo elemento y que por lo tanto, que el ser humano sea una totalidad, venciendo la alienación actual, uniendo el ser y el tener.

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