jueves, 14 de abril de 2011

Entre telenovelas, Hollywood y best sellers. ¿Arte popular?

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El arte fue, históricamente, un producto destinado a pequeñas minorías, a las elites dueñas del poder y a iniciados. Con la llegada del capitalismo y su gran producción masificada, en el siglo XX también pasa a ser una mercadería más para consumir. Surge así el arte de masas, la producción artística en serie dedicada a la gran muchedumbre de consumidores. Pero aparece entonces la pregunta: ¿es eso verdaderamente arte popular? ¿Qué entender por tal?
Definir lo popular es complejo. Puede tomárselo, desde una posición conservadora, de derecha, en sentido casi despectivo, contraponiéndolo a elegante, a refinado. En ese caso, lo popular es opuesto a aquello de buena calidad, por tanto más bien tosco. En otro sentido, con un carácter positivo, de afirmación -posición que encontramos en las izquierdas políticas- popular tiene el valor de reivindicación, de grito de protesta. Así, lo popular se opone a lo elitesco.
Pero en verdad ¿qué es el arte popular? ¿El surgido espontáneamente del pueblo? ¿Las composiciones anónimas como "La cucaracha" o "Green Leaves"? -¿quién no las tarareó alguna vez?-. ¿Los versos que podemos encontrar en cualquier pared de un baño público? ¿Las canciones de Silvio Rodríguez? ¿Un mural de Diego Rivera? ¿Una comparsa callejera? ¿Es arte popular una película de Chaplin, (el actor más visto en la historia) o una pieza de The Beatles (los músicos más escuchados en el mundo)? ¿Qué distingue a una manifestación como "popular"? ¿Se debe considerar popular al "Quijote de la Mancha", el libro más vendido en todo el planeta luego de la Biblia? ¿Eso es literatura popular? ¿Lo es acaso "Harry Potter" o "El código da Vinci"? Y a propósito: "La Mona Lisa" de Leonardo es, seguramente, la pintura más conocida del orbe. ¿Es popular? ¿Es eso arte popular? ¿Qué hay más popular que los cómics? ¿Quién no conoce a Superman, Popeye o al ratón Mickey? ¿Son ellos representantes de la cultura popular?
¿Dónde, cómo y por qué una expresión cultural pasa a ser "popular"? ¿Qué la define como tal: su masividad, su compromiso con las penurias de las grandes mayorías, su simplicidad? Las revistas "Vanidades" o "Selecciones" son muy conocidas, muy vendidas. ¿Las encuadraríamos como "populares" entonces? ¿Y por qué la pintura mal llamada naïf -¿quién dijo que es ingenua o primitiva?- es popular? ¿Porque la hacen pintores del pueblo sin formación académica? La Gioconda goza de mucha más popularidad que cualquier cuadro de un pintor indígena -"naïf o primitivista"- del lago de Atitlán en Guatemala. ¿Cuál es más popular?

Como vemos, la cuestión no es sencilla. Estas preguntas no son novedosas, en modo alguno. Sobre lo que simplemente intentaremos enfatizar es respecto a que la masividad de algo no significa, por fuerza, que sea una creación genuinamente popular; con lo que queremos afirmar, entonces, que lo popular no define, por sí mismo, la calidad de lo producido. En todo caso, dadas las características de la moderna sociedad masificada y de hiper consumo que trajo el capitalismo, y como producto de estrategias de comercialización de gigantescas empresas, hoy día, desde el siglo XX en adelante, asistimos a una producción cultural que llega a grandes masas pero no tiene nada que ver con los intereses profundos de la población. Y tampoco con la calidad.
Hoy día figura como segundo autor en lengua española más leído, por detrás de Cervantes, nada más y nada menos que Corín Tellado, la escritora de novelas rosa (100.000 ejemplares semanales en su mejor momento de ventas). Por otro lado las fortunas que mueve el cine de Hollywood colocan a la industria cinematográfica como una de las grandes fuentes de ingreso de la economía estadounidense (85 % de la producción fílmica mundial viene de allí); sabemos, de todos modos, que toda esta producción lejos está de presentar una alta calidad artística, más allá de los impresionantes efectos especiales que nos sorprenden día a día, pero sin dudas es popular en cuanto a su masividad. Los símbolos hollywoodenses son ya íconos de nuestra cultura moderna global. ¿Alguien podría atreverse a decir que no son populares? Los "buenos" y los "malos", el "muchachito ganador" y la "rubia bonita y tonta" ¿no son ya modelos prefigurados que indefectiblemente muchísimos habitantes del planeta ya tenemos incorporados sin haberlo pensado?
Tomemos, por otro lado, las telenovelas, producción muy común en el mercado latinoamericano y vistas en buena parte del mundo, desde Europa del Este a China, desde el Africa al mundo árabe. Su impacto económico es igualmente enorme, y para algunos países como Venezuela, México, Colombia, Brasil, Argentina, su volumen comercial es asunto de Estado. De hecho, en muchos canales las telenovelas actúan como una columna vertebral de la programación de la estación, ya que si son exitosas ayudan a mejorar los niveles de audiencia del resto de la oferta televisiva de la señal. Es por eso que las estaciones televisivas destinan grandes presupuestos en la producción de este tipo de programas. Además las telenovelas son un producto de exportación en que los derechos de transmisión son vendidos a otros países del mundo, generando aún más ganancias.
¿Quién no ha visto alguna vez "Alcanzar una estrella", "Cristal" o "Betty, la fea"? "Kassandra" tiene el premio Mundial de Guinness por ser la telenovela vista en más países (128 en total). Durante la guerra de Bosnia existía un alto al fuego durante la transmisión de la telenovela brasileña "La Esclava Isaura", y de acuerdo a datos suministrados por la UNESCO, en 1999 en Costa de Marfil muchas mezquitas adelantaron sus horarios de oraciones para permitir a los televidentes disfrutar de la mexicana "Marimar". ¿Son esas expresiones de arte popular?

Folletines, novelas por entregas, fotonovelas, radioteatros, telenovelas, cine de entretenimiento, oferta musical masiva, best sellers, cómics: en todas estas expresiones culturales que nos deja la industria capitalista hay un común denominador. Son todos productos concebidos desde un planteamiento empresarial, son mercaderías preparadas, ante todo, para ser vendidas. A partir de ello, la mercadería -con las diferencias del caso en cada ámbito- tiene siempre un sello distintivo: son "novelas rosas". Es decir: mercaderías fabricadas para que el consumidor entre en un mundo imaginario, sin cuestionamientos, sin preguntas. El goce estético es reemplazado por la satisfacción inmediatista, simplona. Como dijo Javier Memba: "Calidad y comercialidad raramente conjugan, esa es la opinión generalizada de la crítica en todas las manifestaciones culturales".

Preguntado sobre la "novela rosa", Reynaldo González así se expresó: "Surgió como parte de los reclamos publicitarios de los periódicos de las grandes capitales, para aumentar el número de lectores. Acuñó un descubrimiento: el del público lector femenino, para el que establecieron fórmulas, mensajes y un alambicamiento que dejaba a sus lectoras como presas dúctiles de la moral heredada. A las mujeres destinaron esa "producción" -nunca mejor colocada la palabra, pues como a tal se la veía-, con cuanto de peligroso conductivismo tiene esa concepción de un trabajo que originalmente debería considerarse artístico. Degeneró en industria, en procedimiento serializado". (…) "La llamada «novela rosa» es parte de la subcultura. Evidentemente, lo es porque no genera nuevas ideas, sino que reitera y consagra cuanto constituye el statu quo, asevera lo ya sabido y se apoya en recursos ya descubiertos por la literatura verdadera, la que implica riesgos ideoestéticos". [Debe remarcarse] "su subliminal magnificación del consumismo y su afirmación de conceptos de vida que subrayan el quietismo frente a las convulsiones sociales".

En un sentido amplio, toda la producción cultural masificada tiene estas características de "novela rosa". "El best seller es fundamentalmente un producto más de la moda, un producto equivalente a una superproducción cinematográfica, a un ritmo musical, a un perfume, y hasta a un modelo de coche", se expresaba Luis Goytisolo hablando de la literatura comercial, pero reflexionando sobre la totalidad de esta nueva mercadería que la gran empresa nos vende día a día. Dicho en otros términos: la producción artística, o al menos buena parte de ella, a partir de la masificación consumista que trajo el capitalismo desde fines del siglo XIX y ya en forma imparable en el XX, se trocó en "industria del entretenimiento". Por cierto, industria muy redituable: en el año 2005, para no olvidar el dato, la facturación de toda esta "industria cultural" (periódicos, libros, radio, cine, televisión, discos, videojuegos, internet) sumó cerca de 450.000 millones de dólares.

Esto implica una serie de problemas. ¿Acaso no tienen derecho las grandes masas populares a acceder a una producción que por milenios le estuvo vedada? En esa lógica, entonces, podría decirse que la gran industria en serie del capitalismo trajo mejoras a la humanidad, en todo sentido, incluido también el campo de la cultura. Desde la imprenta o el daguerrotipo en adelante, la gran masa pudo empezar a tener contacto con el mundo selecto de las artes, de las letras, de la producción cultural en su sentido amplio. De ahí al internet de alta velocidad, un paso. El paso se dio, y hoy millones de millones de seres humanos se supone que pueden gozar del arte, tener acceso a la cultura. Pero… ¿gozan del arte? ¿Qué recibe la gran población con toda esta oferta de "entretenimiento" llevado hasta su casa? Tal vez arte; pero quizá, más seguramente: diversión, pasatiempo.

Por supuesto que todos tenemos derecho a divertirnos. Por otro lado, la diversión es parte imprescindible de la dinámica humana. ¿Quién podría estar en descuerdo con ello? Lo importante a remarcar, no obstante, es la manipulación grosera que se esconde en esta "industria del entretenimiento". Es negocio, básicamente; y no para el pueblo consumidor precisamente. Por otro lado, es una producción concebida como mercadería banal, fácil de digerir, que lo único que hace es reforzar el estereotipo de "el que piensa, pierde. Tenga su tarjeta de crédito y.... diviértase". Esa, seguramente, es la arista más grandemente cuestionable: no hay nada de arte, y lo más abundante, lo más constatable es el manejo del público a quien se dirige.

En definitiva: esta cultura popular de popular no tiene más que la masividad. Y eso, lo sabemos, no es sino una forma descarada de utilización de la gente. Pues, como dijo Adolf Hitler: "¿A quién debe dirigirse la propaganda? ¿A los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (...) La tarea de la propaganda no consiste en instruir científicamente al individuo aislado, sino en atraer la atención de las masas sobre hechos y necesidades. (…) Toda propaganda debe ser popular, y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige".

Ya sea desde una posición de derecha que homologa "popular" con grosero, propio de "la chusma", o desde una de izquierda que lo asimila a una reivindicación y empatía para con los oprimidos, ambas lecturas del fenómeno cultural en tanto "hecho popular" pueden ser cuestionables. Si existe alguna posibilidad de arte popular -noción discutible por cierto; el arte es arte, a secas-, su condición de popularidad radica en el acceso masivo que toda la población puede tener para con él.

¿De dónde salió el prejuicio que lo popular debe ser de baja calidad? Eso es, justamente, lo que permite desarrollar una industria del entretenimiento basada en el desprecio por el buen gusto. "La gente quiere basura, por tanto le damos basura" se escucha decir con ligereza a más de un productor televisivo o cinematográfico. ¿Será? Cuando las poblaciones tienen otras oportunidades van más allá de la cosa ramplona. Véase, como ejemplo, Cuba, o la ex Unión Soviética. En promedio en esas dos sociedades está la mayor cantidad de lectores de literatura (no de best sellers) y de asistentes al Ballet Bolshoi. ¿Quién dijo que la gente "quiere basura"?

Lenin, consultado alguna vez por qué usaba camisas de seda siendo un revolucionario, contestó que él luchaba para que todos pudieran usar ese tipo de ropa. ¿Quién dijo que el arte debe ser producto de elites? Lo popular está en lo masivo, pero lo masivo puede -debe- ser algo más que un videojuego o la telenovela "Kassandra". Porque, como dijo el inmortal don Quijote: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho".

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Testimonio de una invasión: Close ups de fantasmas. Los años vuelven trizas la memoria (En un I-Mail de Fernando Garavito)

Armando Orozco Tovar (Desde Bogotá, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La mente se convierte con el paso del tiempo en casa de fantasmas. ¿Cómo era ese rostro? ¿Qué significó para mí aquella noticia? El dios Cronos se traga el acontecimiento más importante como lo muestra Goya en una de sus pinturas. Queda sepultada la información que llamó tanto la atención hasta que otra vez aparece, como cuando hoy descubro por los pasillos fantasmagóricos de mi mansión, a un señor con gabán, bastón y sombrero, recriminándome con furia por mí expresión contra la invasión a Cuba ese quince de abril, hace cincuenta años.

- ¡Malditos!- dije- Estoy seguro de que serán vencidos!- El viejo al escucharme esgrimió como una espada medieval su perrero diciendo: -“¿Usted cree que Cuba es un paraíso?”- Los paraísos no existen le respondí, pero lo que hace la Revolución es mejor que esto. El viejo trató con su palo de pegarme y yo sin pensarlo dos veces con la agilidad de mis diez y siete años veloces cogí las de Villa Diego.

Ese día inicio de la invasión, la acostumbrada llovizna paramuna no llegó, pero en la tarde el habitual chubasco bogotano no faltó con truenos y granizada. La embajada cubana distribuía apurada carteles en papel periódico en blanco y negro donde se mostraban las primeras fotos de la invasión a Cuba por Playa Girón: barcos próximos a desembarcar tanques y tropas, los milicianos revolucionarios trepados sobre todo tipo de vehículos con sus armas en alto rumbo al frente de batalla. Gente armada y uniformada avanzando en fila india por el margen de una carretera destapada, aviones derribados, paracaidistas capturados por los campesinos antes de poder desenredarse de sus telas, que los habían traído sanos y salvos a tierra. Viviendas y escuelas construidas por la revolución en ruinas. Una de esas fotos mostraba a Fidel saltando como un gato montés desde un tanque de guerra para dirigir en tierra la contra ofensiva.

Esa mañana como otras se retrasmitía por emisoras bogotanas: “La brigada 2506, avanza desde el infierno rojo de Cuba victoriosa por la Ciénaga de Zapata hacia La Habana.” Se cree que Castro huyó a otro país con sus valijas repletas de dólares.” “Los aeropuertos fueron destruidos y sólo muy pocos aviones del régimen permanecen en el aire.”

Uno de los carteles traía otra fotografía con el nombre de Fidel escrito con sangre sobre un muro de la mano de un joven antes de expirar asesinado por las ametralladoras de la aviación enemiga. Las fotos venían en los afiches para fijarlos con engrudo en las paredes del centro de la ciudad.
Tiempo después mostrarían a los milicianos con sus boinas verdeolivo dirigiendo hacia el cielo sus “cuatro bocas” llegadas de la URSS, por donde cruzaban echando humo los viejos bombarderos B-26 de la Segunda Guerra Mundial, proporcionados a los mercenarios.

Muy pronto las nuevas armas soviéticas empezaron a llegar a Cuba para un ejército todavía incipiente conformado por milicianos y que carecía de moderno equipamiento bélico, puesto que un año antes el cuatro de marzo del sesenta había sido volado en el puerto habanero el barco La coubre, que traía modernas armas belgas para la Revolución. Dicho parque made in URSS, lo estaban recibiendo los cubanos para su defensa desde el momento en que Fidel ante los féretros de los primeros caídos por la invasión, en el Cementerio Colón de La Habana, decretó el carácter socialista de la Revolución, sellando de esta forma el pacto político, económico y militar con la Unión Soviética.

Entrabamos y salíamos con otros jóvenes entusiastas de la embajada cubana con carteles y volantes donde se explicaba lo que estaba ocurriendo, siendo muy poca esa información para responder a la enorme desinformación emitida por las cadenas radiales y de la Televisión Nacional, aún en blanco y negro. Por la noche del diez y siete de abril busqué las noticias en Radio Habana Cuba, escuchando sólo himnos y marchas, los cuales llenaban con sus letras y notas marciales toda la estancia: “No somos uno, / no somos dos, / somos un pueblo junto a Fidel. / Salvar a Cuba nuestro ideal/ y lucharemos hasta vencer./ Los traidores aquí no volverán, porque hay vergüenza y valor para luchar./No somos uno, no somos dos…”

En ese momento deseé ir a la isla caribeña a pelear como muchos años antes había ocurrido con los que de todas partes del mundo fueron a engrosar las filas de las Brigadas Internacionales en la guerra de España, para luchar contra el fascismo. Pero ese deseo era un sueño imposible, pudiendo sólo estar participando todo el tiempo en las calles donde soportábamos con estoicismo los gases lacrimógenos, las detenciones y el garrote de la policía, sin dejar un sólo día de asistir a los mítines y manifestaciones de solidaridad con la Revolución cubana, casi siempre frente a la embajada yanqui o la Plaza de Bolívar, donde se improvisaban consignas y canciones como la muy conocida de Alejandro Gómez: “¡Cuba Sí, Yanquis No!”

Todo abril y el año sesenta y uno, fui a todas aquellas actividades, obviamente perdiendo el año escolar, y cuando el diez y siete supe de la derrota de la invasión y de la captura de los mercenarios en menos de setenta y dos horas, como fue lo previsto por Fidel, impidiéndose la instalación de una “cabeza de playa”, como se denominó a este intento para nombrar un gobierno contrarrevolucionario en la isla con el apoyo inmediato de la cercana Séptima Flota Norteamericana, que con la anuencia de la Casa Blanca y el Pentágono, intervendría inmediatamente en la isla. Fue cuando le oímos pronunciar a Fidel por Radio Habana Cuba la sentencia: “Primero se hundiría la isla en el mar antes que consintamos ser esclavos de nadie.”

Hoy regreso a la casa de los fantasmas de mi desmemoria, tratando de recordar lo que fue para mí la primera derrota en Playa Girón del imperialismo en América. Vuelvo a un pasado el cual cobra actualidad en pleno siglo veintiuno, al escuchar, ver, oír y leer las noticias más recientes acerca de una nueva invasión del imperio esta vez en el norte de África.

Poco habrá cambiado en estos cincuenta años, mientras el imperio por su crisis de muerte siga buscando desesperadamente recursos naturales, especialmente en los países pobres. Sucediéndose acontecimientos similares a los de Cuba hace medio siglo, un país que no tenía materias primas importantes pero que sí contaba con una posición geográfica estratégica para la guerra fría. Lo hace con iguales argumentos, sevicia, y mejores armas en el intento de crear lo más pronto posible con ayuda de mercenarios una “cabeza de playa” sobre un mar de agua primigenia y océano de petróleo existente debajo de los enormes arenales del desierto de Libia.

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Música: El piano

El piano (apócope derivado del italiano piano, que significa "suave", originalmente "pianoforte" haciendo referencia a sus matices suave y fuerte) es un instrumento musical clasificado como instrumento de teclado de cuerdas percutidas por el sistema de clasificación tradicional y según la clasificación de Hornbostel-Sachs, el piano es un cordófono simple. El músico que toca el piano recibe el nombre de pianista.

Está compuesto por una caja de resonancia, a la que se ha agregado un teclado, mediante el cual se percuten las cuerdas de acero con macillos forrados de fieltro produciendo el sonido. Las vibraciones se transmiten a través de los puentes a la tabla armónica, que los amplifica. Está formado por un arpa cromática de cuerdas múltiples, accionada por un mecanismo de percusión indirecta, a la que se le han añadido apagadores. Fue inventado en torno al año 1700 por el italiano Bartolomeo Cristofori. Entre sus antecesores se encuentran instrumentos como la cítara, el monocordio, el dulcémele, el clavicordio y el clavecín.

A lo largo de la historia han existido diferentes tipos de pianos, pero los más comunes son el piano de cola y el piano vertical o de pared. La afinación del piano es un factor primordial en la acústica del instrumento y se realiza modificando la tensión de las cuerdas de manera que éstas vibren en las frecuencias adecuadas.

En la música occidental, el piano se puede utilizar para la interpretación solista, para la música de cámara, para el acompañamiento, para ayudar a componer y para ensayar. Las primeras composiciones específicas para este instrumento surgieron alrededor del año 1732; entre ellas destacan las 12 sonatas para piano de Lodovico Giustini tituladas Sonate da cimbalo di piano e forte detto volgarmente di martelletti. Desde entonces, muchos han sido los compositores que han realizado obras para piano y en muchos casos esos mismos compositores han sido pianistas. Destacan figuras como Frédéric Chopin, Franz Liszt, Wolfgang Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven (de quien aquí ofrecemos alguna obra a título ejemplificatorio, entre ellas: "Para Elisa", una de las creaciones pianísticas más escuchadas).

Fue el instrumento representativo del romanticismo musical y ha tenido un papel relevante en la sociedad europea, especialmente entre las clases más acomodadas de los siglos XVIII y XIX. Hoy día se ha extendido por el mundo entero, y dada su versatilidad, es un instrumento que ha destacado en los más diversos géneros, por ejemplo (tal como aquí presentamos) en el jazz o en el tango.

Fuente: WIKIPEDIA




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En los paisajes de Bahía: Jorge Amado, mar, tambores y especias

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Precursor del realismo mágico, el escritor brasileño escribió siempre desde el compromiso con su gente, con su tierra y con la belleza que surge de las humanas pasiones.

Todo en él sabía a cacao. Ese amargo dulzor que atraviesa las oquedades del alma y estalla en los poros. Ese olor espeso que se cruza en los paisajes de Bahía, a donde el navegante portugués Pedro Álvares Cabral llegó allá por el año 1500.

Con Bahía de fondo los tambores, la magia, el ritmo, el color, todo lo que del África habita América se fundió en las palabras de uno de los escritores nuestroamericanos más hondos y sensuales, más enigmáticos y prolíficos de la historia de las letras latinoamericanas. Jorge Amado (Bahía, Brasil, 10 de agosto de 1912 - 6 de agosto de 2001) escribió incansable con las palabras que saben bailar al batir de palmas y vuelos, de cantos y sueños. Amado el de las historias que hacen vibrar desde la primera hasta la última página que no termina, porque se queda sembrada en la memoria.

Autor de más de cuarenta novelas que han sido impresas y reimpresas en medio centenar de idiomas, incluyendo el braille, en cincuenta y cinco países, este escritor que supo mostrar el Brasil de las contradicciones y las esperanzas, vivió uno tras otro el realismo socialista, el realismo crítico y en 1961 anticipó los fundamentos de lo que más tarde estallaría en mil palabras y en mil imágenes como el realismo mágico. Él, que siempre estuvo lejos de estereotipos y best-seller, desarrolló un estilo individual inconfundible, que cualquier lector reconoce desde las primeras páginas de sus libros.

Semblanza

Amado se graduó en la Facultad Nacional de Derecho de Río de Janeiro. Y fue precisamente en este período, cuando comenzó a trabajar en periódicos y a participar activamente en la vida literaria de su país. Él, quien levantó siempre los estandartes de la libertad sin cortapisas, fue uno de los fundadores de la llamada Academia de los Rebeldes. En 1935, dos años después de que naciera Lila, su hija con Matilde García Rosa, publicó Cacao, su segunda novela. La primera la había publicado a los dieciocho años con el título de El país del carnaval.

Su filiación y militancia al Partido Comunista le valieron la cárcel y el exilio, que vivió entre Argentina, Uruguay, Francia y en la antigua Unión Soviética.

En 1945 fue electo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, por el Partido Comunista Brasileño (PCB). Por su vocación libertaria, presentó como diputado la ley que asegura la libertad de culto religioso.

El final de la Segunda Guerra Mundial lo encontró de nuevo con el amor. Ese año 1945 se casó con la escritora Zélia Gattai.

Declarado ilegal el Partido Comunista, Jorge y Zélia se exiliaron en Francia. Allí permanecieron hasta 1950. Levantó vuelo y vivió en Checoslovaquia dos años, allí nació su hija Paloma. Al volver a Brasil en 1955, Amado se distanció de la militancia política, sin abandonar nunca sus sueños ni su integridad ni su compromiso.

Este escritor, universal y cálido como las tierras que lo vieron nacer, fue elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras el 6 de abril de 1961 y fue distinguido con Doctorados Honoris Causa por diversas casas de estudio. Además recibió los premios Stalin de la Paz (Unión Soviética, 1951), Latinidad (Francia, 1971), Nonino (Italia, 1982), Pablo Neruda (Rusia, 1989), Premio Luís de Camões (Brasil-Portugal, 1995) y el que otorga Ministerio de Cultura de Brasil en 1997.

Y en reconocimiento a su obra, en 1987, fue inaugurada en el Largo do Pelourinho, ubicado en la ciudad de Salvador, Bahía, la Fundación Casa de Jorge Amado, institución que preserva su obra y contribuye con el quehacer cultural de Bahía.

Su obra

Escritor de novelas, relatos y literatura infantil, Jorge Amado lleva entre sus pliegues la tibieza de la tierra, el rumor de los niños descalzos y sin escuelas, el amor en la dimensión exacta de las pasiones sin pausas, en fin... el compromiso de quien se sabe una voz necesaria. Una voz que sabe hablar alto y que no da tregua al desconsuelo y las opresiones, pero sin perder la belleza que nace de lo más hondo que nos habita.

Su obra literaria fue adaptada al cine, al teatro y a la televisión, y también fue tema de varios trabajos de escuelas de samba en el famoso carnaval brasileño.

Si aún no lo ha leído algunos de sus libros publicados son Sudor (1934), Mar Muerto (1936), Capitanes de la arena (1937), Tierras del sin fin (1943), Gabriela, clavo y canela (1958), Los pastores de la noche (1964), Doña Flor y sus dos maridos (1966), Tienda de los milagros (1969), Teresa Batista cansada de guerra (1972), Tieta de Agreste (1977), Uniforme, frac y camisón de dormir (1979), La desaparición de la santa (1988) y De cómo los turcos descubrieron América (1994). Y si ya lo ha leído, Jorge Amado siempre es una buena excusa para reabrir libros al calor de la tarde y al fragor de los días.

Gabriela, clavo y canela (fragmento)

“Esta historia de amor -por curiosa coincidencia, como diría doña Arminda-, comenzó el mismo día claro, de sol primaveral, en que el terrateniente Jesuíno Mendonça mató a tiros de revólver a doña Sinhazinha Guedes Mendonça, su esposa, exponente de la sociedad local, morena casi gorda, muy dada a las fiestas de Iglesia, y al doctor Osmundo Pimentel, cirujano-dentista llegado a Ilhéus hacía pocos meses, muchacho elegante con veleidades de poeta.

Pues en aquella misma mañana, antes de que la tragedia conmoviese a la ciudad, la vieja Filomena por fin había conseguido cumplir su antigua amenaza de abandonar la cocina del árabe Nacib, emprendiendo viaje en el tren de las ocho hacia Agua Preta, lugar en el que un hijo suyo prosperaba”.

Jorge Amado

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Contra el viento

Liliana Perusini

Lo encontré un día
de rutinaria búsqueda
en las páginas frías
de un sitio virtual.
Detrás de su foto
observé sus cuadros,
sus formas, sus colores,
su bella inspiración.
Con palabras simples,
sin timidez alguna,
en un mensaje breve,
le conté mi admiración.
Luego conocí su historia,
luchas y tristezas,
dolores y alegrías
amores, desamores,
ideales, sueños y valores.
Allá en su tierra, lejos,
donde forjó sus sueños,
fue soldado, militante de utopías;
luego combatiente en la lucha de otros pueblos.
Y en un frío país en el norte del mundo,
tuvo otra familia, hijas, un nieto,
trabajo, amores, amigos, compañeros de la vida,
Y hace años escribe sus verdades,
cuentos, historias y poesía.
Hoy leo sus poemas,
Escucho sus relatos,
Miro sus ojos,
Beso sus labios y
los siento míos.
Imagino, con mi corazón abierto,
que recobraré mis fuerzas,
desplegaré mis alas,
y viviré mis sueños,
contra el viento de mis días.

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Cine: Luchino Visconti, el soñador neorrealista

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El conde milanés Luchino Visconti, descendiente de una nobleza que en un mundo como el de hoy no parece más que una circunstancia, pasó a la historia no por su origen sino por su eminente trabajo como cineasta, autor de títulos fundamentales, varios de ellos vinculados y representativos del neorrealismo italiano. Allí están, para probarlo, “Obsesión”, “Las noches blancas”, “La tierra tiembla”, “Senzo”, “Muerte en Venecia”, “El gatopardo”, “Los Malditos” y “Grupo de familia”.


Cineasta sensible, consciente de su condición homosexual -que le llevaría a elegir ciertos tipos de actores a los cuales consideraba modélicos para sus películas- en Visconti reside la certeza por capturar el instante preciso en el cual se consuman hechos definitivos. Esta es una característica puntual de su primer filme, “Obsesión” (1943), considerado como el trabajo que inaugura la influencia del neorrealismo. Massimo Girotti se une a Clara Calamai en esta aventura de amor, tragedia y muerte, bañada por el populismo que se observa en las calles y plazas de una ciudad italiana en plena Segunda Guerra Mundial. Sabemos que el neorrealismo, para confirmar la vocación de su manifiesto, eligió filmar en vías y arterias citadinas, no en estudios ni locaciones. Igualmente, sus principales representantes, como el gran Vittorio de Sica, prefirieron trabajar con actores “naturales”, en contraposición, a los “profesionales”, y el ejemplo más revelador de ello es el protagonista de “Ladrón de bicicletas”.

En “Obsesión”, basada en la novela de James M. Cain, “El cartero llama dos veces”, a su vez realizada en Hollywood dos veces y con resultados muy distintos, los temas éticos y morales así como la representación de la culpa y el deseo están muy presentes. Ya en esta película auroral Visconti define, como lo haría Rossellini en “Roma, ciudad abierta”, ciertos principios del movimiento artístico que comienza a echar raíces: el uso del plano secuencia, la profundidad de campo, ciertos niveles de iluminación, todas constituyen herramientas estéticas y de representación fílmica que se van a ampliar y a volver indispensables en las sucesivas películas que se produzcan a la luz del neorrealismo: “Umberto D”, esa crónica de la soledad y del abandono narrada por De Sica; “Paisa”, y el encanto de su historia en tiempos de un conflicto global; “Alemania, año cero” y la certeza de la destrucción de la humanidad.


En “Senzo”, una de sus películas más aclamadas, Visconti encarga los roles protagónicos a Alida Valli, una de las actrices más hermosas que ha producido la historia del cine, y al recientemente fallecido Farley Granger, actor conocido por haber actuado para Hitchcock en “Pacto siniestro”. La historia bebe de una fuente romántica y está situada también en tiempos de conflicto, revelando la desesperación y la angustia de una noble dama, aquella encarnada por la Valli, quien recorre, desesperada, las calles de Venecia tratando de encontrar el amor que la rehúye. Película gloriosa, operática, concebida más bien como gran producción, ella marca una distancia del Visconti primigenio, que después de “Obsesión” nos había entregado otra muestra neorrealista con “La tierra tiembla”, crónica de un pueblo de pescadores que sobrevive a una situación de pobreza.


Visconti actuaba asimismo como un diseccionador de los conflictos de la sociedad de su tiempo. Su “sentido del cine”, para usar el término de Eiseinstein, está vinculado a una preocupación estética y formal y a su propia responsabilidad de convertir al cine en expresión social. En “Las noches blancas”, aún en los márgenes del neorrealismo, Marcello Mastroianni y Maria Schell protagonizan una historia romántica, tomada de una narración de Dostoievski, que comienza de la manera más inocente para convertirse en un drama de dimensiones conflictuadas y difíciles. Así era Luchino Visconti, un director preocupado por las reacciones de sus personajes, o por sus intimidades y ambiciones.

Cuando decidió filmar la novela de Thomas Mann, “Muerte en Venecia”, eligió a Dirk Bogarde, uno de los grandes actores que tuvo el cine en los años 50 y 60. Bogarde da vida al hombre adinerado, intelectual, que se siente atraído por un adolescente. Un personaje maduro en plena decadencia. Visconti supo captar el espíritu y la esencia de la novela de Mann y los planos y las delicadas imágenes de su película, colmadas de plasticidad, nos acercan a un universo en el cual los conflictos parecen llegar a un estado de desesperación.

En “Los malditos” descubrió a Helmut Berger, por entonces un joven artista y quien después tendría una carrera muy irregular. Es esta una obra que narra los temibles y oscuros orígenes del nazismo, y en la cual nuevamente está presente Dirk Bogarde así como la actriz sueca Ingrid Thulin. Visconti apuesta por la mirada realista, inquieta, que anticipa y critica el holocausto y la tragedia.

“Grupo de Familia” convocó de nuevo a Berger pero sobre todo reunió a los magníficos Burt Lancaster y Silvana Mangano en un relato que nos hablaba, incluso con furia, de la crisis y decadencia de un colectivo familiar, atravesado por sus propias rencillas y mezquindades. Lancaster ya había protagonizado para Visconti “El gatopardo”, una obra mayúscula que recrea la novela de Di Lampedusa, acercándonos a una Italia agraria, conservadora, cuyos líderes se niegan a cambiar las anquilosadas estructuras sobre las que se sostienen sus privilegios y ventajas. Otra vez, estamos ante el Visconti que actúa como crítico social, esta vez también preocupado por el discurrir de la política, e interesado en graficar la caída de una clase acomodada, en una película que nos mostró el talento de los por entonces muy jóvenes y entusiastas Alain Delon y Claudia Cardinale.

“Rocco y sus hermanos”, que gira en torno a la vida de un boxeador, marcó un retorno a las fuentes realistas y en su blanco y negro que se fija en la retina del espectador, capturó esos instantes sensibles en que el hombre se siente derrotado, víctima de la injusticia de la sociedad y enfrentado a su propia familia. Alain Delon, Renato Salvatori y Annie Girardot participaron de esta aventura en la cual el sello viscontiano -siempre preocupado por los destinos de sus personajes, que los lleva más allá de sus deseos y aspiraciones- se expresa de una madera cruda, desnuda, visceral.


Luchino Visconti falleció en 1976 después de haber realizado una veintena de títulos, entre los cuales, por supuesto, no podemos olvidar ese personalísimo proyecto llamado “Bellísima”, otro de los momentos mágicos del neorrealismo, que descubre a la virtuosa Anna Magnani como la madre interesada en que su pequeña hija triunfe en el cine. El neorrealismo tiene en él a uno de sus padres y fundadores. Visconti fue extremo muchas veces, sabía narrar historias con gran oficio y controlar la capacidad histriónica, a veces desbordante, de las personas a las que dirigía. En él, como quería André Bazin, el prestigiado crítico francés que se acercó asombrado al neorrealismo, descubrimos al “autor” y en su obra se cumplen los requisitos formales de lo que el propio Bazin concebía como la “puesta en escena”.

El cine de hoy está en deuda con Visconti aunque estos sean tiempos de taquillazos, por un lado, provenientes de la saturante industria de Hollywood, y, por otro, de permanentes experimentaciones, como puede apreciarse en las películas premiadas en festivales internacionales, por ejemplo las más recientes de Michael Haneke o Lucrecia Martel, dos extremos que, sin embargo, coinciden a la hora de considerar un cine que responde y respeta parámetros de suficiencia estética y tecnológica. El aura de Visconti acompaña, desde su vasta impronta creativa, estos nuevos productos que el cine, concebido ahora como una industria cultural global, nos entrega para que descubramos cómo y por qué continúa siendo, a estas alturas, una acabada expresión de talento y trabajo en equipo.

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Recordando otros tiempos

Susana Signorelli (Desde Ramos Mejía, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay cosas viejas que por ser viejas se descartan, sean ellas celulares, computadoras, heladeras, costumbres, teorías o personas. Pareciera que en nuestra sociedad lo viejo es sinónimo de desechable. Si de objetos hablamos, la velocidad del avance de la tecnología hace que pronto se vuelvan obsoletos y el afán del consumismo nos lleva a querer siempre el último modelo con la ilusión de ser nosotros mismos último modelo.
Si de teorías hablamos, vemos que también pasan de moda aunque a un ritmo mucho más lento. Podemos valorar la teoría de Einstein sin por eso inutilizar o desvalorizar la de Newton. Una no pudo ser sino apoyada en la otra.
¿Pero qué pasa cuando hablamos de personas? Los viejos eran los sabios de otro tiempo, sin embargo, eso también pasó de moda y ahora son decrépitos. La experiencia es antigüedad, es ser caduco. Los 40 años marcan una brecha entre un antes y un después respecto al mercado laboral. La voz del viejo perdió valor y se es viejo cada vez más joven, pronto seremos viejos a los 35 y por qué no a los 30, aunque nuestro cuerpo y gracias a múltiples cirugías sea cada vez más joven, al punto que madres e hijas se confunden, sin embargo, a la hora de conseguir trabajo, seguramente las madres quedarán afuera. Otro tanto con los hombres.
Parece entonces que con este afán de lo novedoso las profesiones y los profesionales también tienen que aggiornarse si no quieren pasar a la categoría de los descartables. Para ejemplificar un poco esta temática me voy a referir a mi propia profesión: la psicología.
Cada moda trae aparejado un lenguaje y con esto fácilmente construimos en nuestro imaginario una fama. Y una vez que algo tiene fama es difícil lograr una transformación, es como si se le pegara, hasta que una nueva fama se instala y echa por tierra la anterior. Algo así ocurre con las teorías psicológicas.
Cuando comenzó a dictarse en nuestro país la carrera de psicología, era cosa de locos, tanto los estudiantes que se arrimaban a esa carrera como los pacientes a los cuales estaba dedicada su ciencia. ¿Ciencia? Aún hoy se discute esto. Los pacientes mantenían oculto que iban a terapia, o al “loquero”. Pero sigamos, luego pasamos a ser como los adivinos, una especie de seres especiales que con sólo mirar o saludar a una persona ya sabíamos todos sus conflictos íntimos. Tanto en el primer caso como en el segundo, los psicólogos éramos dejados de lado por temores ancestrales.
Siguió pasando el tiempo y la psicología logró instalarse en muchos ámbitos, hospitales, escuelas, consultorios, obras sociales, que se resistieron bastante a aceptarnos, por una cuestión de costos, entonces se crearon los tratamientos breves o limitaron el número de sesiones permitido; hay que curar en 30 sesiones. Más tarde surgieron otras carreras o seudo carreras que hacen terapia aunque no son psicólogos pero rinde réditos económicos. La búsqueda fácil, barata y rápida de calmar la angustia es un buen negocio tanto para quienes tiran las cartas como para los psicólogos sociales o los propios psicólogos.
Deseo recordarle al lector que la angustia es tan antigua como el hombre mismo y hasta ahora nunca logró desprenderse totalmente de ella y ojalá así sea porque es lo que el hombre mantiene de humanidad y no de máquina.
Otro aspecto importante para tener en cuenta son los psicofármacos, industria que deja grandes dividendos, son muy útiles en muchas ocasiones pero también trajo sus males, la automedicación o la medicación al por mayor realizada por médicos que no son psiquiatras y que creen que con la pastillita resuelven los problemas de sus pacientes “nerviosos”.
Nuevamente los psicólogos quedamos de lado, si la pastilla lo arregla todo. Pero como somos seres pensantes que vivimos en una sociedad de buitres, inventamos nuevos nombres a viejas teorías y así nos aggiornamos nosotros también. Pero los viejos psicólogos, entre los que me encuentro, nos damos cuenta de esto y es más, descubrimos lo novedosos que fuimos hace años atrás porque veníamos trabajando de ese modo y no lo “sabíamos”, además no nos hacían notas en revistas o diarios. Me refiero a la psicología positiva, a la psicología de la salud, a la tanatología, al mindfulness, a la psicología de la autocompasión.
Mi intención no es criticar a ninguna de ellas, simplemente quiero expresar que nuevas o viejas, aportan modos de pensar y de ver la realidad. Tal vez, antes no le poníamos nombres diferentes a nuestro accionar como profesionales de la salud. Hoy en día muchas teorías trabajan con el presente del hombre en crisis y no acentúan tanto el pasado como el psicoanálisis. Cualquiera sabe qué es una crisis y cómo el psicólogo puede ayudar. Cualquiera sabe que hay tratamientos para el duelo cuando se trata de una pérdida, cualquiera sabe que frente a una enfermedad del cuerpo, la psiquis juega un papel muy importante, cualquiera sabe que autoinculparse genera más estrés y más angustia, cualquiera sabe que cuidarse a sí mismo genera salud y disuelve la enfermedad, cualquiera sabe que cuidar del otro beneficia aún más la propia salud. Entonces no nos dejemos marear con tantos nombres buscando una receta mágica como única herramienta para producir un cambio rápido, el trabajo terapéutico lleva su tiempo pero es un tiempo personal, de búsqueda de si mismo, parándose en lo que cada uno es, con aceptación y comprensión caminando hacia el futuro que trazo para mí mismo y para los demás.

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El aviso de Fukushima

Vicent Boix (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las noticias desde la nuclear japonesa que inquieta a todo el planeta ya no ocupan las primeras páginas en los medios de comunicación. El accidente agotó su vigencia y se ha enfriado de la misma manera que los operarios (liquidadores) enfrían los núcleos de los reactores de la central. A pesar de ello Fukushima sigue siendo un asunto muy serio en el presente y su legado será peor.

Seguramente en su noticiero preferido la tragedia nuclear se ha reducido en espacio y tiempo, aunque la amenaza radioactiva no ha menguado y sigue surcando vientos y océanos sin entender de patrias, lenguas y banderas. La radiación aumenta fuera de la zona de exclusión, aparece en alimentos y atraviesa el Pacífico para esconderse en la leche estadounidense… aunque inocuamente según dicen. La tranquilidad de millones de personas en Tokio depende de la rosa de los vientos, las aguas marítimas cercanas presentan altos índices de radioactividad y en la propia central el riesgo es tan elevado que limita el trabajo de los “liquidadores”. Todo ello sucede mientras se intenta controlar la temperatura de cuatro reactores que siguen todavía fuera de control semanas después del terremoto y del tsunami.

Conforme pasan los días el verbo “desconocer” y sus derivados se hacen más habituales en las noticias referentes a la central: se desconoce la evolución que pueden experimentar los cuatro núcleos dañados y por tanto se desconoce el riesgo final. Se desconocen las consecuencias del desastre a largo plazo en las personas y se desconocen los daños reales existentes tanto en los núcleos como en los sistemas de contención. Se desconoce, sobre todo, que nuevo problema puede mañana agudizar este constante dolor de cabeza llamado Fukushima. Recuerden que el inconveniente principal es la fusión de los núcleos, pero con el paso de los días se sumó la pérdida de agua en las piscinas donde se almacena el combustible usado y recientemente miles de toneladas de agua con altos índices de radioactividad, para las cuales se están improvisando medidas tan “seguras y científicas” como verterlas directamente al océano. Sobre este aspecto algunos científicos han añadido un “desconocimiento” más, porque contrariamente a las tantas veces cacareada seguridad nuclear, al parecer nadie había contemplado nunca el escenario -ahora real- de evacuación urgente de agua radioactiva a los mares.

En Fukushima se desconoce y se improvisa a mil por hora. Pese a quién pese, desconocimiento e improvisación son conceptos antagónicos a la razón y por lo tanto al método científico. Por eso ante tanto vacío técnico ciertos discursos se transforman en supercherías por muy catedráticos que sean los oradores. Y pese a quién pese y esto sí que les pesa a algunos y algunas, al final el tiempo acaba dando la razón -una vez más- a los colectivos sociales especialmente los ecologistas tantas veces tildados de iletrados y alarmistas.

Aquello que nunca pasaría ha pasado, pasa y pasará. Aquello que era fiable y seguro (energía nuclear, transgénicos, agroquímicos, etc.) acaba siendo un problema para las personas y el medio ambiente. Aquello que era vendido como el milagro de los peces y los panes con rango de utilidad pública y máxima necesidad, resulta ser en realidad un método de enriquecimiento para que cuatro cínicos se llenen los bolsillos.

En la otra punta, a 12.000 km. de distancia, se quedaron en ecos de la soledad los dicharachos pronucleares que meses atrás cogieron fuerza tras el “tarifazo” de Rodríguez Zapatero. La seguridad de estas plantas y las previsiones halagüeñas de sus expertos han sido ninguneadas, aunque algunos tecnócratas se afanen en proclamar que Fukushima resiste estoicamente y que la radiación emitida es comparable a la de una radiografía.

Lo cierto es que nos vendieron esta tecnología como la panacea de la seguridad tecnológica. Nos dijeron que los hechos en Chernóbil fueron fruto de la burocracia, la desorganización y la decadencia del régimen soviético. Pero la realidad es que ha vuelto a pasar en menor medida y no precisamente en Cuba. Además los hechos han vuelto a ser caprichosos y retorcidos con el crucial tema de la seguridad: falló el sistema eléctrico por un tsunami en el país de los tsunamis, los operarios de la central no disponen de suficientes medidores de radioactividad y se intenta frenar la catástrofe enfriando los núcleos con camiones de bomberos de los de toda la vida. Como se ve, tecnología punta y abundancia en el país capitalista de los tamagotchis mundialmente conocido por embobarnos con robots inútiles programados para hacer mil y una chorradas.

A ello, súmese ahora la falta de información sobre el asunto y el currículum manchado con mentiras y falsos informes de la empresa propietaria de la central de Fukushima. Agréguese el interrogante económico de cuánto costará reparar todo el desaguisado, aunque ya se sabe de qué manera se realizará: nacionalizando los costos de la tragedia, lo que originó que las acciones de la empresa propietaria ascendieran nuevamente mostrando las contradicciones, las miserias y la falta total de ética de los amos y señores del planeta.

El resultado del cóctel aleja esta energía de esa imagen limpia, segura y económica, situándola en la órbita hedionda de las grandes transnacionales y sus políticos y tecnólogos cómplices, que con los bolsillos llenos de dinero de las empresas eléctricas y dopados por la sobredosis de prepotencia innata al cargo, quieren que comulguemos con ruedas de molino mientras tachan de ignorante al que se opone a lo nuclear. Y ojo, no dudarán en seguir con su particular cruzada si Fukushima queda en un gran, duradero, caro y radioactivo susto.

Amén y ojala todo quede en un sobresalto de dimensiones planetarias, aunque sería estúpido traspapelar en el olvido el aviso que llegó desde Japón. Fukushima nos indica una vez más que ha colapsado el sistema económico desarrollista en el que vivimos. Podrá desaparecer su niebla radioactiva pero volverán a vislumbrarse en toda su magnitud el cambio climático, la crisis en los precios de los alimentos, 1000 millones de hambrientos, invasiones bélicas por petróleo, deforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica, desigualdad, “tarifazos”, “pensionazos”, reformas laborales regresivas, “euribors”, ex presidentes untados por transnacionales, crisis ecológica, económica, financiera, energética, agrícola, moral… y un largo etcétera que han hecho de vivir en este siglo un deporte de alto riesgo.

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La migración es por hambre... boludo

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un jardín no siempre es el de los senderos que se bifurcan, esta realidad inquieta a Olivia, la perra parida por una dogo de Bruselas y un ovejero alemán, que se rasca con entusiasmo, sentada para estudiar los escollos del jardín con el firme propósito de no dejar nada en pié.

Yo la acecho cuanto puedo, acompañado de Enriqueta, una perrita semejante a un hilo negro canoso, que adelgaza mientras la otra engorda en igual medida. Enriqueta administra los silencios con la elocuencia magistral de los mimos, ella pinta su cara con pelos erráticos que le otorgan cierto aire mefistofélico.

Constituimos un trío algo desarbolado pero, por lo menos parecemos estar de acuerdo para algunas circunstancias, por ejemplo comer. Una ceremonia plena de cuestiones bizantinas pero que a mí, por lo menos, me divierte.

Los menúes difieren y dependen de cuan famélicas se muestren. Por supuesto la negrita llega tarde o debe declinar, no siempre cortésmente los embates a que la somete la cachorra, pero los tres terminamos firmando una paz transitoria mientras nos acostumbramos a los horarios.

El teléfono, estrepitoso como nunca gracias a Yon, volvió a fastidiarme contra mi voluntad dispuesta a la permisividad. El vasco, en una mañana de resaca azarosa, por como sonaba, agriaba inmutable la mejor y mayor paciencia.

Me anunciaba que pasaba a buscarme en una hora para ir a almorzar, gratificante elemento para mi vida y darme una información que entendía necesario poner en mi conocimiento, por supuesto sin consultarme que opinaba, no suele considerar ese aspecto de la relación, pero estoy acostumbrado.

Ordené lo mejor que pude el acostumbrado desorden interno de la casa, algo para lo que no parezco dotado pese a la buena onda que le pongo. Pero yo ordeno y Olivia que viene detrás desordena o rompe, según su histeria.

El tiempo que se consume más rápido que la brasa de un cigarrillo, vicio que clausuré a cuenta de otros, se me volvió a escurrir como el agua entre los dedos.

¿Qué parte de las migraciones, que se hacen por hambre, se te escapó?, fue el saludo árido de Yon, apenas respondí con la celeridad disponible, aunque para él siempre demoro.

Menos mal que no le agregó el boludo pertinente. Fue una acotación diplomática. En realidad su pegunta me situó en una nebulosa impertinente, no sabía de que carajo hablaba. Por lo tanto me lo quedé mirando, como otras veces.

-Mirá-, arguyó, como si hubiera algo a la vista. -Hoy Africa, se dio vuelta en la cama y cuando eso pasa, las mantas se desordenan, y muchas veces, destapado te cagás de frío, por ejemplo en invierno – sumó didácticos conceptos, pero sin precisar, nada que me orientara.

- Si estudiás el mapa-, agregó - seguro entenderás como se puede dar vuelta la mano- , lo dijo en tono entusiasta, pareciendo como si yo siguiera el hilo de su pensamiento. Mientras me hundía en un espantoso fangal.

- Sucede que los ejemplos tientan, y la gente parece cansada de aportar trabajo, el que lo tiene y recibir el hambre como parte de pago, cuota de castigo o proyecto de vida y parece que los ejemplos cunden y se dispersan. Brotan, por lo menos hasta ahora, aunque lo de Kadafi, está por verse.

Lo tenés presente, cuando hace quince años hablamos de las uniones forzadas que llevan algunos pueblos, por citar a Yugoslavia y Libia, aquella estalló y hubo genocidios para todos los gustos. Ahora las tribus en esa parte de África, quieren abrirse y eso no parece aceptarlo el campo de los intereses.

Aquí hay petróleo en el juego, pero el hambre es igual, los dividendos fueron a parar a Europa, para reinvertir, dicen, pero parece que la gente ha perdido, entre otras cosas, la paciencia -, explicación que me resultó laboriosa, porque yo no recordaba nada de algo hablado hace quince años, y vaya a saber en que circunstancias. Preferí por lo tanto seguir inmutable.

- Quiero que recuerdes, porque para que puedas escribir con alguna coherencia, sería necesario citar lo que ya publicaste luego de nuestras charlas, viajes e investigaciones, es para que no te pierdas, con los detalles. Y por lo menos sigas un cierto orden en los acontecimientos, que nunca son ordenados -, lo dijo casi con aflicción. Pero ya necesitaba parar la lluvia y pregunté.

- Yon, los pueblos funcionan, pese a ellos mismos, con control remoto. Es duro, pero cierto. Los intereses se ocupan del control y, hasta ahora, siempre salen parados. Tienen los medios y el control. Eso te lo dije y lo escribí más de una vez, sobre todo cuando tuve que escribir sobre el petróleo y su inasible presencia en los sucesos que afectan a la humanidad.

- Ellos viven cincuenta años adelante del común, y los gobiernos, como dicen los norteamericanos, son “administraciones”, parcelas de poder. Pero ya que viniste con ese tema, quiero decirte que tengo hambre y la podríamos continuar en una mesa mejor provista que la mía- .Argui casi hosco, para esa hora del post mediodía.

Nos fuimos, como en otros viajes, a la latitud cero, un lugar que el vasco frecuenta y donde sigue sin pagar, desde siempre, es una latitud que parece agobiar con los detalles.

Cuidadoso servicio para esperar los mejores bocados y las bebidas oportunas, que nunca se rechazan al final de las respuestas.

Nadie da cuentas de las verdades, cuando la hostilidad avanza sobre nuestros vecinos y el mundo, que es un vecindario poco prometedor, se va poblando de intolerancias que nacen de otras algo leves y se multiplican al ritmo de las necesidades.

Las diferentes calamidades desatadas en el planeta movilizan en la huida a las migraciones que lo hacen buscando comida y agua-, alcancé a agregarle al vasco. Este, como muchas otras veces, seguía absorto las piernas de la camarera y el balanceo imparable de sus caderas que, debo convenir, era mucho más grato que divagar sobre cuestiones latosas. Lo cierto es que esta vez, por primera, estuvimos solos, porque los protagonistas, buscaban alinearse como alguna banda en fuga. En los tiempos por venir que serán los del cólera, aunque no resulte un vaticinio recomendable, se puede decir que es la vida que te alcanza. El vasco estaba ocupado en cuestiones de estado.

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Un comentario al libro ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?: Periodismo urgente (y necesario)

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Al poco tiempo que Pedraza -burócrata de la Unión Ferroviaria- quedara preso, apareció ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? (Bs. As. Ed. Norma), del periodista Diego Rojas. Allí se encuentran reportajes, varias investigaciones y una reconstrucción de los hechos del 20 de octubre pasado, cuando una patota de la UF atacó a los tercerizados y la izquierda que intentaron cortar las vías en reclamo de pase a planta permanente de los tercerizados. El ataque donde asesinaron a Mariano Ferreyra y dejaron baleadas a tres personas.


En 26 capítulos se intercala diversa información: por una parte, los lazos humanos (familiares, amistosos) del joven del PO, de 23 años, sus actividades cotidianas, sus responsabilidades militantes y ambiciones que quedaron truncadas por el crimen; momentos de lectura dolorosa. Por otro, Rojas da cuenta del sistema de tercerización laboral, “invento” del neoliberalismo en los ’90, con el objetivo de reducir los costos en personal y aumentar ganancias. Y, dentro de este sistema, el rol de la burocracia sindical transformada en socia mediante el manejo de empresas “de servicios”, donde el salario del obrero siempre es muchísimo más bajo que el de convenio.

Se recuperan muchos datos que se fueron haciendo esporádicamente públicos en la prensa burguesa, develando los vínculos de funcionarios como Tomada (ministro de Trabajo), Noemí Rial (viceministra) y Esteban Righi, quienes fueron asesores legales de la UF por años. Al igual que el uso de barrabravas (Favale, Sánchez) como fuerza de choque.

Y también se recupera El Obrero Ferroviario, revista oficial de la UF: la de enero de 2010 relata la visita que hicieron Cristina Kirchner y Hugo Moyano, titular de la CGT, a la reinauguración de un centro cultural. Pedraza dijo: “Compañera presidenta, nosotros acompañamos su gobierno, y seguiremos acompañándolo”. Y Cristina: “Mostrémosle a todos cuál es este modelo de organización sindical que cree que lo más importante no es destruir sino conseguir mejoras para sus trabajadores”; agregando que ella era “una profunda admiradora de este movimiento sindical”.

En síntesis, explotación laboral y millonarios negocios fue lo que llevó a la burocracia a atacar, a los balazos, a la izquierda. Balazos que contaron con la complicidad de la policía, como reconoce la fiscal Camaño: “Hay un policía que filma, y de esa filmación surge cuando llega Cristian Favale con el grupo. Se supone que cuando los ferroviarios salen corriendo [a atacar], se le acaba la batería. Vuelve a filmar cuando los ferroviarios regresan”. “La policía ferroviaria, que está en las vías, puede estar en connivencia con los hechos. Los celulares que usan se los da la Unión Ferroviaria, los conocen de todos los días. Dicen las transmisiones: ‘Expectantes, expectantes. Esperemos, no hagas nada’”.


Rojas dedica un capítulo al modus operandi de la burocracia: patotas contra los opositores. Pero omite señalar que esto cobra más bríos a medida que se desarrolla el “sindicalismo de base”, como fue el artero ataque al delegado de la VolksWagen de Córdoba, Sergio Folchieri, o la expulsión del SMATA de la misma provincia, del delegado Hernán “Bocha” Puddu, quien se negó a avalar despidos de trabajadores contratados y hoy está despedido. Otra ausencia notoria, clave para entender la saña asesina de la burocracia de la UF, es la de la Agrupación Bordó del Ferrocarril Roca. Con un trabajo paciente de organización y lucha de años, los compañeros, que organizan en común a efectivos y tercerizados, fueron clave en el desarrollo de la lucha que finalmente terminó con el pase a planta de la gran mayoría de los tercerizados.

Pese a ello, el libro tiene aciertos y hallazgos. Como la entrevista a Pedraza poco antes de su detención. Allí dice que participó del acto progubernamental de Moyano en River, y más: “Después del 20 de octubre hablé con Julio de Vido, con Juan Pablo Schiavi, con Tomada”, mostrando intactos sus vínculos con el kirchnerismo. Y respecto a un activista, vocero de los tercerizados, dice: “¡Un delincuente estuvo en el corte!”, “¡Activista no fue nunca! Ahora aparece hablando como vocero. Un tipo violento. ¡No quiere laburar!”, mostrando así toda su hipocresía y un profundo odio de clase contra los obreros que no agachan la cabeza y son democráticos y combativos.

Para finalizar, un fragmento respecto a la vida que segó la burocracia: “Era un pibe joven que, probablemente, tenía todas las experiencias del mundo por vivir, pero que había tomado, sin embargo, algunas decisiones vitales respecto a su presente. Se consideraba a sí mismo un revolucionario, un militante socialista, un conspirador -si fuera necesario- y se habría ofendido si lo hubieran llamado ‘idealista’, porque estaba convencido de que había bases materiales concretas y que, más tarde o más temprano, los trabajadores argentinos harían la revolución”.

Aunque Mariano no era de nuestra organización, lo consideramos un compañero propio, con los mismos intereses y objetivos -los que tenía nuestro joven camarada fallecido recientemente en un accidente, Polo Denaday-: luchar por que la clase trabajadora construya su propio partido revolucionario, en Argentina y en el mundo, y termine con la explotación capitalista, poniendo en pie Estados obreros que comiencen la construcción de una nueva sociedad, socialista. Los más altos objetivos a los que puede aspirar todo ser humano sensible -e indignado, insoportablemente indignado- ante las barbaries a que nos somete el sistema.

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La cajita negra

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era una familia de estancieros. Sus propiedades les venían de un poco después de 1810. Tierras que el General Roca fue robando de los indios. De padres a hijos. De hijos a nietos. Los caballos, las vacas, las ovejas. Todos especialistas en mantener y renovar el ganado. Siempre apoyaron las distintas dictaduras que, de una forma o de otra, defendieron la propiedad privada de la tierra.

También iban heredando las dos grandes mansiones donde sus antepasados vivieron. Y las ropas. Amplias y grandes polleras, abanicos, grandes sombreros con alas y plumas, corsets, galeras, polainas. Y siempre una cajita negra de madera, que tenía pegados dos pequeños pedazos de pergamino escritos con pluma y letra gótica. De un lado decía: Prohibido abrir ésta caja. Del otro: Maldito sea el que abra esto.

Y así fue que de generación en generación nadie abrió la cajita negra.
Hasta que nació Arlindo. Desde nenito fue siempre muy curioso. Quería ver lo que había dentro de cada juguete, en cada armario, en cada cajón. Abría las puertas de todos los placares y revolvía las ropas.

-¿Qué buscas, nene?, le preguntaba siempre la madre.

- No sé, respondía él…..cualquier cosa….quiero saber lo que hay adentro de las cosas….solo eso…
Por eso estaba siempre muy curioso para saber sobre lo que habría dentro de la cajita negra. Que la habían colocado en el centro de un armario de vidrio, entre cubiertos y platos antiguos. Armario que, lamentablemente para él, estaba cerrado con llave. Sin embargo todos los días comprobaba si esa vez estaría abierto.
Hasta que una vez, para su felicidad, encontró que se podía abrir. No había sido cerrado con llave. Y agarró la cajita. Levantó la tapa con facilidad, que creía estaba pegada con fuerza, y encontró adentro un pequeño cuadrado de pergamino que, con tinta china y letras góticas tenía escrito:

Amar es querer que el otro exista.

No amar es no importarse si el otro existe.

Odiar es querer que el otro muera.

Por eso, a partir de ahí, trató siempre de darse cuenta si amaba, no amaba u odiaba.
Y así fue que desde que vio esas interesantes noticias siempre soñó con tener una fábrica de chocolate.
Chocolate por la noticia.

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Cambiemos el modelo, no la naturaleza: Muertos de sed, muertos de ser

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El agua es vida. No hay organismo vivo que no dependa del agua ¿Cuántas veces no escuchó usted ésta frase? El agua es vida. Si. También es muerte. ¿NO ME CREE? Observe.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), cada día mueren 4mil niños y niñas por falta de agua potable o saneamiento adecuado. Incluso, Carol Bellamy, su directora, reconoce la inoperancia de Unicef para garantizar este derecho.

El resto de los seres vivos no reconocemos ni inoperancia, ni despilfarro, contribuyendo a estos decesos. Cada vez que usted baja la palanca de la poceta, el tanque bota (en Venezuela, por ejemplo) unos 18 litros de agua potable por el retrete.

Sólo el 0.01% del agua existente en la tierra es posible de usar directamente para las actividades humanas, ya que el resto se encuentra en los océanos (97%), y en forma de nieve o de hielo. (1)

Venezuela es rica en recursos, si; pero también es parte de un ecosistema herido por la mano del ser humano. Basta con echar un ojo a la reciente crisis energética producto de la sequía en la que se sumergió la región latinoaméricana y a la falta de políticas públicas predecesoras que apuntasen a la diversificación de las fuentes de energía para este pueblo, además con la característica de ser petrolero.

Para las naciones que apuestan por un sistema socialista no perfilar el uso de los recursos naturales y su resguardo, sin observar cómo se mueve el tablero mundial al respecto, sería un acto de irresponsabilidad.

Según el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del año 2003, en “el mejor de los casos, a mediados de este siglo habrá 2 mil millones de personas en 48 países que sufrirán de escasez de agua; el peor de los escenarios muestra a 7 mil millones de personas en 60 países con ese problema”. (2)

Mientras, la Organización de Naciones Unidas -ONU- exigió a sus miembros considerar el acceso y el saneamiento del agua como un derecho humano en 2010, 884 millones de personas padecen las carencias del oro azul y más de 2.600 millones de personas están expuestas a aguas contaminadas, insanas, productoras de la muerte.

Es así como la ONU reconoció que cada año fallecen 1,5 millones de niños menores de 5 años de edad y 443 millones de días escolares se pierden cada año por enfermedades relacionadas al agua y al saneamiento. (3)

Evo Morales Ayma, presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, fue el líder de la propuesta para colocar en el tapete el uso del recurso líquido como derecho, no como privilegio.

Las consecuencias de los problemas de salud relacionados al agua son casi exclusivos de la pobreza. Es decir, la mitad del mundo está expuesta a los riesgos. 1.500 millones de personas viven en la miseria, con ingresos inferiores a un 1,25 dólar al día, en promedio.

El 75% de la población mundial no tiene una cobertura social adecuada. “La mayoría de los pobres del mundo son mujeres y también son éstas las que sufren más la falta de (ese) acceso a los servicios sociales básicos”, sostiene la directora ejecutiva de la ONU-Mujeres, Michelle Bachelet. Lo que quiere decir que la mujer está doblemente jodida. Esto sin meternos con el tema de la mujer negra.

La actual política ingerencista de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, máscara que esconde los interese imperiales por el petróleo y aguas dulces en Libia responde a lo que Samir Amin, economista y pensador egipcio, calificó en 2010 como la “estrategia de expansión hegemónica de Estados Unidos”, estrategia que no sorprendería si decidieran aplicarla en este lado del mundo, al invadir la Amazonia. (4)

Precisamente, se ha denunciado la amputación del Amazonas suramericano a los 9 países que lo ocupan (Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Guyana, Venezuela, Surinam y la Guayana Francesa) en libros de geografía de sexto grado en EEUU, donde se señala que ellos (los gringos) tomarán el control del Amazonas para salvaguardar el agua y el oxígeno del planeta de “algunos de los más pobres y miserables países del mundo, gobernados por tiranos y dictadores”. (5)

El propio Michael Moore, documentalista estadounidense grita al mundo desde Wisconsin que “Estados Unidos no está en bancarrota (...) sólo 400 familias estadounidenses tienen la misma cantidad de riquezas que 155 millones de sus habitantes”, la mitad de su población.

"Debajo de los desiertos libios hay un mar de agua dulce pretendido por quienes de manera irresponsable han lanzado allí un atropello", dijo Hugo Chávez. (6)

Entonces, qué pretende justificar la corporación gubernamental gringa con la invasión a Libia, qué se esconde detrás de sus textos de estudio de la educación primaria. (7)

No tienen nada que esconder.

Para ampliar la información:

1) Participación comunitaria en los problemas del agua: http://www.oei.es/salactsi/osorio2.htm
2) La crisis medioambiental, energética y alimentaria, y el futuro inmediato de la humanidad, bajo la tiranía invisible: http://comunidad.tudiscovery.com/eve/forums/a/tpc/f/767103931/m/919106534
3) Resolución: El derecho humano al agua y saneamiento. http://www.coepsa.com.ar/Noticias/Agua%20Derecho%20Humano.html
4) El agua, un producto que se equipara con el petroleo: http://www.aporrea.org/tiburon/a49484.html
5) Para ampliar información sobre El Amazonas Segun USA: http://www.slideshare.net/ecuamedios/el-amazonas-segun-usa http://causaabierta.blogia.com/upload/20100104111425-amazonia.gif.png
http://blog-stopista.blogspot.com/2009/09/primera-reserva-internacional-de-la.html
6) Chávez: El petróleo y el agua dulce objetivos de las potencias militares en Libia http://www.vtv.gov.ve/noticias-ciencia-y-salud/57745
7) Discurso de Michael Moore en Wisconsin "Estados Unidos no está en bancarrota" : http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123832

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Las guerras entre tontos

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las guerras ocurren entre tontos,
Tontos contra sabios,
Pero jamás entre sabios.
Las guerras entre tontos no tienen solución.
El único fin de las guerras es el triunfo de los sabios y que el tonto deje de serlo.

6 E.C. 1976.

El tonto es inmaduro, sin sentido de bien común, ofende la dignidad de las personas, no maneja límites, es egoísta, maneja prejuicios, intolerante, racista, centrado en sí mismo, inflexible, intenta dominar a los demás, incapaz de amar, el tonto no ha completado su desarrollo mental. El sabio tiene un sentido claro de lo que es el bien común, ama al prójimo, sabe controlarse, se apoya en la realidad, altruista, flexible, comprende la diversidad humana, sabe vivir en armonía, es plena, madura. Ser sabio es una condición superior de la ética y de la personalidad.

Lo anterior es parte de un ensayo sobre “La Introducción al concepto de Paz” de 1976, aún inédito El tema viene a que todos hemos estado en medio de algún conflicto, pequeño o grande, de difícil solución. http://perso.wanadoo.es/godoweb/images/catalaunicos.jpg

Desde los conflictos entre novios a los que se dan entre grandes potencias, el denominador común es la “Guerra entre tontos”. Muchos temen ofender al señalar como tonto a un jefe de estado, criminal o líder, no es un insulto, ser tonto es una definición puntual incómoda para unos.

Con frecuencia el Diccionario de la Real Academia, juega a no herir susceptibilidades en las definiciones polémicas; no se llega a fondo del problema, evitan llamar las cosas por su nombre; unos se fían demasiado del DRAE pero pierden contundencia al presentar su punto, lo dejan débil. Decir que alguien es tonto, es “políticamente incorrecto” y se van por las ramas.

Hace años recibí a una pareja para terapia matrimonial, en la sala se pelearon, insultaron, estuvieron a punto de golpearse; no había solución en un diálogo de sordos entre inmaduros y tontos.

Era necesario superar su estado infantil para convertirse en hombre, mujer, esposos y padres; los separé temporalmente, sin llegar al divorcio…, y les apliqué el proceso de convertirse en persona de Carl Rogers, ellos colaboraron, dejaron de ser niños malcriados y maduraron; renegociaron sus acuerdos matrimoniales; luego enteré que ya tuvieron más hijos y son felices. En su nueva relación hay sabiduría.

Unas parejas de jóvenes ven terminar sus relaciones sin nunca comprender el por que de su separación, no llegan a visualizar los errores que cometieron; esta es una consecuencia lógica de la inmadurez juvenil.

Pero entre los adultos y la política no se admite. Los tontos pueden ser muy peligrosos, sobre todo cuando manejan el poder político, económico, religioso o físico. No se miden en el daño que pueden causar, como el pastor de la Florida que va provocando violencia y muerte en Afganistán y Pakistán por su capricho quemar un ejemplar del Corán.

Platón (428-347 a. C.), presenta la idea de la “Sofocracia” o los gobiernos ideales de los sabios en La República, se queda corto en definir al sabio; que es interpretado erróneamente por los que saben mucho, unos lo usan para justificar los gobiernos de los tecnócratas positivistas pragmáticos, quienes a pesar de que saben mucho, no siempre son sabios en el sentido ético o psicológico.

Para muchos la idea del sabio es demasiado arrogante o la del ignorante ofensiva, hiere susceptibilidades; así seguimos viviendo en lo opuesto, la “Stupiduscracia”. Unos son tontos titulados que ostentan diplomas y cargos, pero aún así no tienen madurez, ni miden las consecuencias de sus actos; no hay que dejarse impresionar.

En el conflicto entre palestinos e israelíes, ambos asumen posturas injustas para el otro; atropellan la dignidad de los demás, hay muchos fanáticos, radicales y terroristas, que no manejan la realidad y límites. Los sabios que quieren negociar, haciendo concesiones, respetando el derecho del otro, son ignorados o reprimidos..

En las campañas políticas de nuestros países se debaten posturas parciales con axiologías ocultas, inmaduras, con pobre sentido del bien común, esconden intereses corruptos o imperfectos; prometen lo absurdo. Estos procesos electorales como Guatemala, Nicaragua o Costa de Marfil, degeneran en una “Guerra entre Tontos”, donde no importa quién gane, no dejan solución duradera a los problemas.

Los sabios son raros, posiblemente en peligro de extinción, por las condiciones adversas para su supervivencia; las condiciones de mediocridad, ahogan cualquier intento sabio. Los Sabios Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Benito Juárez, lucharon contra la estupidez colonial y racista.

En no pocas ocasiones, en una fiesta o reunión, si alguien dice algo inteligente lo mandan a callar, encerrar, desterrar o enterrar, como sucede en las dictaduras.

Los tontos son difíciles de tratar, son los protagonistas de todos los desastres provocados; reaccionan des proporcionadamente por cosas sin importancia; como las amenazas de muerte por hacer una caricatura, o a escritores como Salman Rushdie.

Entre las sociedades justas de sabios hay pocos conflictos y todos se solucionan; la diferencia notable como se manejaron los terremotos de Haití y Japón, o las guerras entre la Mara 18 y la Salvatrucha, los narcos de México o Afganistán que no tienen solución, no importa quién gane.

He estado en unas pequeñas comunidades pacíficas, unas analfabetas, con pocos bienes materiales, en las remotas montañas, son sabios en el alma, que no salen en los titulares de prensa; son gente buena que no se pelea con nadie; donde se busca el bien común.

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Cine: La chica de la fábrica de cerillas (1990)

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


NACIONALIDAD: Finlandesa
GÉNERO: Drama
DIRECCIÓN: Aki Kaurismäki
PRODUCCIÓN: Klas Oloffsson
PROTAGONISTAS: Kati Outinen como Iris
Elina Salo como la madre
Esko Nikkari como el padrastro
Vesa Vierikko como Aarne
Silu Seppälä como el hermano de Iris
Reijo Taipale como cantante
GUIÓN: Aki Kaurismäki
FOTOGRAFÍA: Timo Salminen, Aki Kaurismäki
MÚSICA: Reijo Taipale y otros
DURACIÓN: 69 minutos

El silencio no se discute; se vive.

María Helena Restrepo Salazar

La chica de la fábrica de cerillas, con su título evocador del cuento de Hans Christian Andersen, La niña de los fósforos, cierra la trilogía proletaria de Aki Kaurismäki, pero esta vez de la mano de una protagonista femenina, Iris; ya dejaremos atrás al Nikander de Sombras del Paraíso (1986) y al Tastio de Ariel (1988) pero volveremos a un cine cargado de imágenes, con mayores tiempo de silencio, que quizás nos acerquen demasiado al cine mudo, a pesar de que haya ruidos y música de fondo; quizás a través de esta cinta el mismo Kaurismäki pretenda homenajearlo para interrumpirlo con breves diálogos, precisos, cortos y certeros, con muchos planos fijos y sobrios, con los que el realizador pretende radiografiar su patria gélida, brumosa, melancólica, donde viven seres plagados de ansiedades de abandono, tan frágiles como las cerillas que Iris produce y que sólo se encienden fugazmente para apagarse después, ahogados por una vida maltratada, siempre anhelante de amor, de miguitas de ternura, cuando Iris logra escapar de la fábrica, donde se convierte en una pieza más de una maquinaria infernal, que Kaurismäki nos muestra con el detallismo del cine-ojo, más perfeccionado que el del documentalista soviético Dziga Vertov, un cinema-verité, con el que se pretende lograr una objetividad integral, casi total en la captación de las imágenes, de las acciones de la vida, con los métodos más sencillos para el rodaje, y trasladarnos del mundo de la fábrica, del proceso industrial, que convierte en láminas los troncos, para troquelarlas y hacer palitos, a los que se pone fósforo, se empacan en cajitas y luego en paquetes más grandes, que Iris ve desfilar en una banda sin fin, convertida en un ser tan mecánico, como el resto de la maquinaria, tal vez, como si repitiera, sin saberlo El relato de Sergio Stepansky del poeta colombiano León de Greiff:

Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida, sin remedio.

Pero, al abandonar la planta y dejar en un locker su batón de operaria, la ilusión y el deseo renacen en el tranvía, donde lee el serial romanticón de de la novelista francesa Sergeanne Golon, que alimenta sus sueños, esos que le permitan escapar a la dura realidad de una familia compuesta por una madre, fumadora empedernida, y un padrastro, quien se pasa la vida ante un televisor, que le muestra las miserias del mundo, las tensiones de los ayatholas en Irán o el hombre de Tianamen o al Papa que besa el suelo de Escandinavia, en el contexto de una sociedad postindustrial como organización sociopolítica que intenta obtener de los individuos una participación dependiente de las orientaciones socioculturales de los aparatos del Estado, siempre en aras de una mayor productividad, gracias a una manipulación continua mediante mecanismos ideológicos, generadores, según Alain Tourraine, de un gran estado de alienación.

Son unos adultos, supuestamente tutelares, que la parasitan y la someten a su cruel egoísmo, hasta expulsarla de la casa cuando saben que está embarazada, cuando tras comer mucho pavo, como decimos en Colombia, cuando no sacan a bailar a una quinceañera, se encuentra con un hombre con el que renacen las ilusiones pero que la decepciona totalmente cuando al contarle ella que está esperando un hijo, le deja una nota, junto a un dinero para que se pague un aborto, en la que le dice:

- Deshazte del renacuajo. – prueba contundente de un amor no correspondido, que viene a desmentir los ensueños de esta Emma Bovary postindustrial.

Es ahí cuando Iris toma conciencia de que la realidad no es como la ficción, lo cual la enfrenta con el dolor, el odio, la tristeza, los abusos de los que podemos ser víctimas, de tal modo, que sale de su rutina, para lanzarse por los caminos siniestros de la tragedia, a las que asistimos desde los intersticios de sus acciones, sin que Kaurismäki haga una pornografía de la muerte, cuando la joven decide envenenar a su madre, su compañero y su supuesto novio.


Ahora sabe que tiene razón aquella canción que entonan en la sala de baile a la que acude para sólo beber refrescos pues no es bonita, ni siquiera agraciada, y nadie se le acerca:

Arribar a ese país de ensueño.
Jamás volvería a emprender el vuelo.
Pero, no soy un pájaro
Y, sin alas, no puedo volar.
Soy prisionera de estas tierras.
Sólo puedo alcanzar en sueños
aquel paraíso anhelado.

De tal forma, que el único recurso que le queda es disolver unos polvos de Racumín ® para dárselos a aquellos que sólo le brindan soledad y frustración y marcharse, sin que veamos las huellas de su violencia, a la que simplemente Karismäki hace alusión, de una manera elíptica, cuando el director hace el quite y da un salto en el tiempo y en el espacio, sin perder la continuidad de la secuencia, sin dejarnos ver puntos intermedios con escenas macabras, pero permitiéndonos percibir lo ominoso, en el rostro de la protagonista, cuando se propone hacer el paso al acto de la venganza, de una manera tan maquinal como cuando etiqueta los paquetes de cajitas de fósforos en la fábrica. Ahora Iris es un ángel con las alas partidas.

La historia podría ser una historia de crímenes más, pero lo que nos interesa es la forma como la presenta el director finés, en su cometido de presentarnos un drama humano, en el que nos muestra cómo el contexto social obra en nuestro fuero más íntimo y profundo.

Ante tanta adversidad, ¿qué otro remedio le queda que no sea el de desencadenar su furia? Es un hecho que se siente deshonrada, denigrada, maltratada en su dingnidad y entonces sólo le queda el recurso de la destructividad de una manera fría y calculada, de una forma bastante cínica. Los sueños de la razón del Homus œconomicus producen monstruos.


Tanto en la empresa fosforera como en el momento del crimen, ella se nos convierte en una pieza más de un proceso productivo enajenante, en una máquina más de un mundo automatizado, despojada de todo sentimiento humanitario, como un trozo más de un sistema deshumanizado, ya que como el niño yuntero de Miguel Hernández ha estado destinada a golpes y nada más, que encallecen su alma, para continuar en la vida en una especie de estado de perplejidad, condenada a una existencia gris, que de pronto se enciende con un fuego como el de las cerillas que contribuye a producir o como el fuego mismo del averno, sin que el director acuda a ningún tipo de sensacionalismo, al mantenerse fiel a su estilo minimalista, el cual se desprende de todo lo que sea innecesario para un relato que se inicia con una introducción que nos recuerda el cine de realidad, el documental, para continuar con una narrativa cinematográfica fría, sin mayores expresiones emocionales, que las que se cuelan en las miradas, en un autor, de seguro, bastante influenciado por Robert Bresson, Jean-Luc Godard y Rainer Werner Fassbinder, en un cine que nos convierte a los espectadores en meros observadores no participantes de un relato visual, en el que Kaurismäki deviene todo un maestro, que aporta informaciones, muchas veces metonímicas, más que metafóricas, con un mínimo de datos.

Durante un largo rato, asistimos a una cinta que se rueda en medio del silencio de los personajes, que va incrementando la tensión, hasta interrumpirse en una especie de grito interior, a la manera del que nos ilustrara Edvard Munch, que emerge desde las entrañas de Iris para materializarse en el del padrastro que la llama puta.

Pero, a diferencia del cine mudo, a lo que asistimos es a toda una presentación audiovisual, acompasada con música y ruidos o las voces de los noticieros que hablan del malestar en nuestra cultura contemporánea.


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La Geomática y otras fuentes modernas: Una Universidad Politécnica para el Perú

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los arquitectos, ingenieros y egresados del Servicio del Servicio Nacional de Capacitación para la Industria de la Construcción -SENCICO- avalan un proyecto educacional de nivel superior, que complementa la formación académica y práctica en los temas más importantes relacionados con un territorio regional esencialmente sísmico.

El proyecto de SENCICO está en la Comisión de Vivienda del Congreso. Los promotores de la Universidad Politécnica de la Construcción, argumentan que, a diferencia de otras propuestas académicas en otras disciplinas, la de Sencico es una idea formada desde hace 35 años, perfeccionada con la incorporación de docentes y tecnologías innovadoras y ambientales.

Su presidente, Arq. Fernando Chaparro Tejada, hablando en nombre de los ministerios de Vivienda y Educación, Cámara de la Construcción -CAPECO y de la Federación de Construcción Civil, instituciones que integran su directorio- considera que solo un acuerdo de intercambio práctico y académico con los arquitectos e ingenieros, podría enriquecer el enfoque en torno a la acelerada globalización de los conocimientos especializados, con costos mínimos.

Por su parte, los arquitectos, a través de su decana Shirley Chilet, estima que Sencico goza de reconocido prestigio en la capacitación en zonas más alejadas del territorio, por su incursión en el aprovechamiento de energías renovables, en el manejo territorial y la conservación del pasado histórico. Además, valora el reconocimiento de los concursos públicos. La invitación a participar en el diseño y proyecto de factibilidad de la sede de la Universidad de la Construcción, confirma el mensaje.

La proyección más de una universidad tecnológica es su constante innovación. La incursión de la Geomática, nueva en América Latina, que sin destruir bosques, ni cursos de agua o de excavaciones, se llevan adelante proyectos de manejo territorial, cuidado y recuperación del pasado histórico, con efectos en la inversión social y financiamiento local y externo.

SENCICO, con su Escuela Superior Técnica y 17 sucursales cuenta con más de 1,700 alumnos matriculados y en su mayor aporte es el servicio educacional para técnicos de construcción con título profesional en edificaciones; topografía y dibujo; en laboratorio de suelos, concreto y asfalto. Los beneficiarios son empresas, colegios, universidades, municipalidades y personas naturales.

Conclusión. En el reciente segundo censo nacional universitario 2010, la investigación incluyó 100 universidades del país: estatales 35 y particulares 65. La población universitaria alcanzó casi un millón, un incremento absoluto de 140% con respecto al censo de 1996. Pero la educación de calidad no pasa de diez universidades, entre las que destacan las más antiguas y públicas. En tiempos electorales hay promesas para que las instituciones reguladoras - Asamblea de Rectores y el Sistema Nacional de-Acreditación, Calidad y Evaluación de la Educación Superior - dispongan de presupuestos para exigir la certificación de la calidad de la educción.

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