viernes, 13 de mayo de 2011

El cine como historia social: Miradas desde América Latina

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las frenéticas imágenes de “Pizza, birra, faso”, aquella película del uruguayo Israel Adrián Caetano que transcurre en una crítica, nocturna y desordenada Buenos Aires, reflejan, a casi quince años de su realización, la ventaja que ha tomado el “Nuevo Cine Argentino”: cómo a partir de diversos conceptos y propuestas -estéticos, políticos, éticos, ideológicos, estilísticos-, este movimiento gana cada vez más aceptación y demuestra que su materia prima -la realidad de la vida cotidiana- se ha convertido en un tópico imitado no con menos éxito en otros países de América Latina.


“Pizza…” es considerado el punto de partida del “Nuevo Cine Argentino”, junto a la serie de cortos “Historias breves” que incluyó uno de la por entonces novel cineasta Lucrecia Martel, quien luego alcanzaría fama mundial y a la fecha ha rodado una trilogía que tiene como escenario lugares y espacios de la provincia de Salta: las películas, cómo no, son “La ciénaga”, “La niña santa” (para nosotros, su obra más lograda), y “La mujer sin cabeza”, ante la cual se rindió un crítico de The New York Times.

Estamos hablando de un proceso artístico vinculado a temas financieros, de producción y de búsqueda de mercados. Argentina, un país a donde el cinematógrafo llegó tan pronto como fue inventado (lo patentaron los hermanos Lumière en 1895 y por la misma época Thomas Alva Edison hizo lo propio con el kinetoscopio en Estados Unidos), supo desarrollar desde muy temprano una tradición fílmica, muy solvente y vasta que, junto a las de Brasil y México, estuvo en condiciones de competir con Hollywood ya desde los años 20.


Algunos críticos del hoy muy en boga “Nuevo Cine Argentino” se interrogan sobre la naturaleza de esta definición. Llamarlo “nuevo” significaría dejar atrás lo que estuvieron haciendo hasta los 90 directores como Fernando Solanas (uno de los autores de la mítica “La hora de los hornos”), Eliseo Subiela, Alejandro Agresti y Adolfo Aristarain. En opinión de la crítica Joanna Page, quien recientemente ha publicado “Crisis and Capitalism in New Argentine Cinema”, para Duke University, la onda de los 80 y principios de los 90 vivió una etapa de fuerte crisis, agobiada por problemas de producción. Además debemos considerar las reformas neoliberales del gobierno de Menem, que contradijeron un estado de bienestar. Pese a ello, la promulgación de una nueva ley de cine, que amplió el espectro de la producción y ha permitido el surgimiento de nuevos valores, es un hecho importante. A la hora que escribimos esta nota, películas como “Carancho”, de Pablo Trapero, quien esperó casi una década para estrenar su primer filme, rodado muy artesanalmente, y “El secreto de sus ojos”, de Juan José Campanella -efectivo drama judicial que no olvida los traumas de la dictadura y que se llevó el Oscar en 2010- representan “consecuencias directas” del movimiento que sigue llamando la atención a nivel global, y al cual se adhieren nuevos y talentosos nombres. Por ejemplo, Daniel Burman, Lisandro Alonso, Carlos Sorín, Gustavo Postiglione, Marcelo Piñeyro o el fallecido Fabián Bielinsky, autor de sólo dos películas, “Nueve reinas” y “El aura”, esta última un policial de exquisita factura, protagonizado por Ricardo Darín, el actor “por excelencia” en estos años en el cine argentino.


En “Pizza, birra, faso”, Caetano conecta desde su visión de la marginalidad y el desarraigo emocional, con las películas de tono social y realista dirigidas por el colombiano Víctor Gaviria, como “Rodrigo D” y “La vendedora de rosas”, esta última una oscura pesadilla nocturna, un descenso a los infiernos en el Medellín de fines de los 90 donde aún pervive la memoria del “capo” Pablo Escobar. La niña protagonista, como en las películas del neorrealismo italiano, no es una actriz profesional y da vida a una jovencita atormentada por sus propias experiencias, que la cinta quiere reconocer en “La vendedora de fósforos”, el célebre cuento de Hans Christian Andersen, aunque este solo sirva de un referente colateral.

Igualmente, Caetano conecta con el “realismo sucio” de “Ratas, ratones, rateros”, expectante visión “a lo Tarantino” sobre el malvivir y los conflictos de raza y clase en Quito y Guayaquil, ciudades neurálgicas de Ecuador a las que el cineasta Sebastián Cordero se acerca también con una negra ironía.

Caetano obtuvo un premio para “Pizza…” en el Festival de Mar del Plata de 1997, evento que se organizaba después de 26 años. Su obra, como las de Gaviria o la de Cordero, ha servido para reactualizar en el cine latinoamericano los temas de violencia y marginalidad que son tratados, según unas miradas, utilizando una “estética de la miseria, de lo feo, del desecho”. La noción del “desechable” estuvo presente en la sociedad colombiana y fue un tema tratado con furia y a cuyo debate las películas de Gaviria contribuyeron revolucionariamente. Una lectura útil de la carrera y la estética de Gaviria puede hallarse en el libro del crítico Jorge Rufinelli, “Los márgenes al centro”.

Caetano continuó retratando la marginalidad y la sobrevivencia a través de películas que han sido relecturas o reactualizaciones del neorrealismo, como “Un oso rojo”, historia de un hombre que va a prisión, sale de ella y vuelve a delinquir para saldar cuentas, en tanto le preocupa la vida de su menor hija y de su ex esposa. La crítica Joanna Page interpreta “Un oso rojo” como un western urbano y posmoderno, pero nosotros hallamos, además, claras referencias al scorsesiano “Taxi Driver” y a la película clásica de Jean Pierre Melville con Alain Delon, “El samurái”. Con tan preclaros antecedentes, el largometraje de Caetano, protagonizado por Julio Chávez, otra figura muy visible en el “Nuevo Cine Argentino”, se convierte en un relato que humaniza a sus personajes y no plantea el simplista enfrentamiento entre héroes o villanos, así como tampoco acude a atribuirle la razón a un grupo y dársela a otro supuestamente intocado. En “Bolivia”, Caetano utiliza la técnica neorrealista al filmar en blanco y negro para seguir los patéticos días de un migrante del altiplano que se emplea como cocinero en un restaurante de Buenos Aires y quien encuentra la salida menos esperada para sus afanes de convertir su migración en un evento productivo para la familia a la que ha tenido que abandonar, producto de las diásporas trasnacionales de los 90, provocadas por las etapas más radicales del neoliberalismo en la región.


Caetano filma con fuerza, nervio, ímpetu, calcula las escenas y los conflictos, alegoriza sobre la falta de libertad diseñando, en el restaurante, un espacio claustrofóbico en el cual el migrante urgido siempre va a ser el “otro”, mirado con desconfianza y odio. Sin embargo, visiones como las de Caetano o Gaviria encontraron objeciones entre sus propios colegas. Luis Puenzo, el director de la célebre “La historia oficial”, cuestionó -como lo recoge el libro del estudioso ecuatoriano Christián León- el que las películas que acudían a la marginalidad para encontrar su materia prima, practicaran una suerte de “pornomiseria”. En opinión de Puenzo, América Latina posee otros rostros, situaciones y escenarios tan o más competentes que los del norte industrializado y aquellos también debieran mostrarse en vez de acudir a historias miserabilistas. Por cierto, cabe anotar que esta tradición en el cine latinoamericano -de la cual forman parte igualmente “La hora de los hornos”, de Solanas y Gettino, “Tire Dié”, de Fernando Birri o los cortos y largometrajes del Grupo Chaski en Perú durante los años 80- bien pudo ser inaugurada por “Los olvidados”, cinta que Luis Buñuel filma en México en los 50 y que sirve de constante intertexto para esta poética del discurso audiovisual comprometido con los más débiles y necesitados, con los que recorren calles y avenidas, se detienen en esquinas y atraviesan la ciudad del centro a las periferias, reproduciendo ese nomadismo típico de la decadente esquizofrenia poscapitalista conceptualizada por los filósofos Deleuze y Guatari.

El “Nuevo Cine Argentino”, las honestas y veraces muestras del cine de otros países latinoamericanos, los debates en pro de un cine social de avanzada, o puramente estético, o la búsqueda de un “cuarto cine”, guiado por la independencia y las nuevas tecnologías, como lo sugiere el director rosarino Gustavo Postiglione, autor de una cinta absolutamente peculiar, “El asadito”, rodada en un día, en blanco y negro y ambientada el último día del siglo 20: sí, todas estas son caras, muestras y facetas de un arte que se reinventa permanentemente y que no elude ningún tema. En futuras series nos tocará hablar más a fondo del cine del mexicano Carlos Reygadas o de películas filmadas en Colombia por directores extranjeros como “La virgen de los sicarios” o “María llena eres de gracia”, o de ese trascendental universo audiovisual que muestra Brasil, por ejemplo, en “Bus 174” o “Tropa de elite”. Volveremos sobre la expectante y sugerente obra de Lucrecia Martel. Y nos animaremos a revisar el cine que se está haciendo, ahora mismo, en nuestro país, Perú, ya avalado por la consagración internacional de “La teta asustada”, de Claudia Llosa, a la que han seguido otras películas igualmente premiadas en festivales y muestras internacionales: “Paraíso”, “Contracorriente”, “Octubre”. La función, pues, debe continuar.

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Un canario como regalo

Ernest Hemingway

El tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro gruesas palmeras, a la sombra de cada una de las cuales había una mesa. Al otro lado estaba el mar. El tren penetró en una hendidura cavada en la roca rojiza y la arcilla, y el mar sólo podía verse entonces interrumpidamente y muy abajo, contra las rocas.

-Lo compré en Palermo -dijo la dama norteamericana-. Sólo estuvimos en tierra una hora. Era un domingo por la mañana. El hombre quería que le pagara en dólares y le di un dólar y medio. En realidad canta admirablemente.

Hacía mucho calor en el tren y en el coche-salón. No entraba ni un soplo de brisa por la ventanilla abierta. La dama norteamericana bajó la persiana de madera y ya no pudo verse más el mar, ni siquiera de vez en cuando. Al otro lado estaban los vidrios, luego el corredor, detrás una ventanilla abierta y fuera de ella árboles polvorientos, un camino asfaltado y extensos viñedos rodeados de grises colinas.

Al llegar a Marsella veíamos el humo de muchas chimeneas. El tren disminuyó la velocidad y entró en una vía, entre las muchas que llevaban a la estación. Se detuvo veinte minutos en Marsella y la dama norteamericana compró un ejemplar de The Daily Mail y media botella de agua mineral Evian. Paseó un poco a lo largo del andén de la estación, pero sin alejarse mucho de los escalones del vagón, debido a que en Cannes, donde el tren se detuvo doce minutos, partió de pronto sin advertencia alguna, y ella pudo subir justamente a tiempo. La dama norteamericana era un poco sorda y temió que se dieran las habituales señales de partida del convoy y ella no pudiera oírlas.

El tren partió y no sólo podían verse las playas de maniobras y el humo de las grandes chimeneas, sino también, hacia atrás, la propia ciudad de Marsella y el puerto, con sus colinas grises en el fondo y los últimos destellos del sol en el mar. Mientras oscurecía, el tren pasó cerca de una granja incendiada. Había automóviles detenidos en el camino y desde dentro del edificio de la granja se sacaban al campo ropas de cama y otras cosas. Había mucha gente contemplando cómo ardía la casa. Era ya de noche cuando el tren llegó a Aviñón. La gente dejó el convoy. En los quioscos, los franceses que volvían a París compraban los periódicos del día. En el andén había soldados negros. Llevaban uniforme castaño, eran altos y sus rostros brillaban bajo la luz eléctrica. El tren dejó Aviñón y los negros quedaron allí, de pie. Un sargento blanco, de baja estatura, estaba con ellos.

Dentro del coche-cama el camarero había bajado las tres literas de la pared y ya estaban preparadas para dormir. La dama norteamericana no durmió durante la noche porque el tren era un rapide que iba a gran velocidad y ella temía durante la noche. La cama de la dama norteamericana era la que estaba más cerca de la ventanilla. El canario de Palermo, con una manta extendida sobre la jaula, estaba fuera del camarote, en el corredor que llevaba al lavabo. Fuera del compartimiento había una luz azulada. Durante toda la noche el tren viajó muy velozmente y la dama norteamericana se despertaba esperando un accidente.

Por la mañana, el tren se hallaba cerca de París y después que la dama norteamericana salió del lavabo, muy norteamericana, muy saludable y muy de edad mediana, a pesar de no haber dormido, quitó la manta de la jaula y la colgó al sol, volviendo al vagón restaurante para desayunar. Cuando volvió al coche-cama las literas habían sido levantadas de nuevo y transformadas en asientos, el canario estaba acicalándose las plumas al sol, que entraba por la ventanilla abierta, y el tren estaba mucho más cerca de París.

-Ama el sol -dijo la dama norteamericana-. Ahora, dentro de un momento, cantará.

El canario siguió arreglándose las plumas y espulgándose.

-Siempre me han gustado los pájaros -dijo la dama norteamericana-. Lo llevo a casa para mi niña. Ahí está... ahora canta.

El canario pió y las plumas de la garganta permanecieron inmóviles. Bajó el pico y comenzó a espulgarse de nuevo. El tren cruzó un río y pasó a través de un bosque muy cuidado. El tren pasó por muchos de los pueblos de las afueras de París. Había tranvías en los pueblos y grandes cartelones de propaganda de la Belle Jardiniere, Dubonnet y Pernod, en los muros y paredes cerca de los cuales pasaba el tren. Todos los lugares por donde éste pasaba tenían el aspecto de no haberse despertado todavía. Durante unos minutos no escuché a la dama norteamericana, que estaba hablándole a mi esposa.

-¿Su esposo es también norteamericano? -preguntó la dama.

-Sí -dijo mi mujer-. Ambos somos norteamericanos.

-Creí que eran ingleses.

-¡Oh, no!

-Será tal vez porque llevo tirantes. -Había empezado a decir «tiradores», pero cambié la palabra al salir de mi boca, para mantener mi lenguaje de acuerdo con mi aspecto de inglés. La dama norteamericana no me oyó. Realmente era completamente sorda; leía en los labios y yo no la había mirado al hablar. Miraba afuera, por la ventanilla. Continuó hablando con mi esposa.

-Me alegro de que sean norteamericanos. Los hombres norteamericanos son los mejores maridos -estaba diciendo la dama norteamericana-. Por eso dejamos el continente, ¿sabe usted? Mi hija se enamoró de un hombre en Vevey -se detuvo-. Estaban locos, sencillamente -se detuvo de nuevo-. La saqué de allí, por supuesto.

-¿Logró soportarlo? -preguntó mi mujer.

-No lo creo -dijo la dama norteamericana-. No quería comer nada y no dormía. Me empeñé en consolarla, pero parece no tener interés por nada. No le importa nada, pero yo no podía dejarla casar con un extranjero. -Hizo una pausa-. Alguien, un buen amigo mío, me dijo una vez: «Ningún extranjero puede ser un buen marido para una norteamericana».

-No -dijo mí esposa-; supongo que no.

La dama norteamericana admiró el abrigo de viaje de mi esposa y luego supimos que la dama norteamericana había adquirido sus propias ropas durante veinte años en la misma maison de couture de la rue Saint Honoré. Tenían sus medidas y una vendeuse que la conocía y sabía sus gustos, elegía sus vestidos y los enviaba a los Estados Unidos. Las ropas llegaban a una oficina de correos cercana al lugar donde ella vivía, en la ciudad de Nueva York, y los derechos de importación no eran nunca exorbitantes, porque abrían las cajas allí mismo, en la sucursal de correos, para revisarlas y siempre eran sencillas, sin encajes doradas ni adornos que hicieran aparecer los vestidos como muy caros. Antes de la vendeuse actual, llamada Théresé, había otra llamada Amélie. En total sólo trabajaron esas dos en los últimos veinte afros. La couturière era siempre la misma. Los precios, sin embargo, habían aumentado. Ahora tenían también las medidas de su hija. Ya era bastante crecida y no existía muchas probabilidades de que cambiaran con el tiempo.

El tren estaba ahora llegando a París. Las fortificaciones habían sido derribadas, pero la hierba no había crecido. Había muchos vagones en las vías: coches restaurante de madera oscura y coches-cama, que partirían para Italia a las cinco de esa misma tarde, si ese tren sale todavía a las cinco; los coches tenían carteles que decían: París-Roma; otros de dos pisos, que iban y volvían de los suburbios y en los que, a ciertas horas, los asientos de amibos pisos estaban llenos de gente y pasaban cerca de las blancas paredes y de las ventanas de las casas. Nadie se había desayunado todavía.

-Los norteamericanos son los mejores maridos -decía la dama norteamericana a mi esposa. Yo estaba bajando las maletas-. Los hombres norteamericanos son los únicos con quienes una se puede casar en todo el mundo.

-¿Cuánto tiempo hace que dejó usted Vevey? -preguntó mi mujer.

-Hará dos años este otoño. A ella le llevo este canario.

-¿El hombre de quien estaba enamorada su hija era suizo?

-Sí -dijo la dama norteamericana-. Era de una familia muy buena de Vevey. Estudiaba ingeniería. Se conocieron en Vevey, solían dar largos paseos juntos.

-Conozco Vevey -dijo mi esposa-. Pasamos allí nuestra luna de miel.

-¿Sí? ¡Debe haber sido maravilloso! Yo no tenía, por supuesto, la menor idea de que se había enamorado de él.

-Es un lugar muy bonito -dijo mi esposa.

-Sí -dijo la dama norteamericana-. ¿Verdad que es magnífico? ¿Dónde se alojaron ustedes?

-En el Trois Couronnes.

-Es un gran hotel -dijo la dama norteamericana.

-Sí -replico mi esposa-. Teníamos una habitación preciosa y en otoño el lugar era adorable.

-¿Estaban ustedes allí en otoño?

-Sí -dijo mi esposa.

Pasábamos en ese momento al lado de tres vagones que habían sufrido algún accidente. Estaban hechos astillas y con los techos hundidos.

-Miren -dije-. Debe haber sido un accidente.

La dama norteamericana miró y vio el último vagón.

-Toda la noche tuve miedo de que ocurriera alguna cosa así -dijo-. A veces tengo horribles presentimientos. Nunca más viajaré en un rapide por la noche. Debe haber otros trenes cómodos que no viajen con tanta rapidez.

El tren entró en la oscuridad de la Gare du Lyon y se detuvo. Los mozos se acercaron a las ventanillas. Pronto nos encontramos en la turbia largura de los andenes y la dama norteamericana se puso en manos de uno de los tres hombres de la Cook, que dijo:

-Un momento, señora, buscaré su nombre.

El mozo trajo un baúl y lo colocó junto al equipaje. Ambos nos despedimos de la dama norteamericana, cuyo nombre había encontrado el empleado de la Agencia Cook en una de las hojas escritas a máquina, que sacó de entre un manojo de éstas y que volvió a poner en su bolsillo.

Seguimos al mozo con el baúl, a lo largo del prolongado andén de cemento que corría al lado del tren. Al final había una puerta de hierro y un hombre nos tomó los billetes.

Volvíamos a París para establecernos en residencias separadas.

Ernest Hemingway (Oak Park, 21 de julio de 1899 – Ketchum, 2 de julio de 1961): escritor y periodista estadounidense, uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por "El viejo y el mar" y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa.

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Billar en el mar

Gustavo E. Etkin (Desde San Salvador, Bahía. Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Estuve en Australia
estuve en Japón
y en Plaza de Mayo
escuchando a Perón.

Estuve en rubias
y morochas
y con alguna
jugando a las bochas.

Estuve en entierros
y en nacimientos
sintiendo siempre
nuevos alientos.

Estuve en horrores
y estuve en amores
pero siempre buscando
nuevos olores.

También estuve en el cielo
entre las nubes
buscando un angelito
pero no encontré
ni siquiera un pajarito.

Lo único que puedo decir
de ésta forma de vivir
es que nunca pude estar
flotando en el mar
jugando al billar.

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¿Qué cosa distinta a una ficción es una realidad en proyecto?

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El arte no es un manual de buenos modales ni de moralejas que nos cuenten relatos de buenos y malos. Eso, a estas alturas de la historia, debería ser asunto obvio. Sin embargo, la industria editorial, más empeñada en fabricar series rentables que literaturas, se ha terminado convirtiendo en una réplica del conservadurismo político tan característico de estos tiempos de estancamiento.

En medio del huracán de publicaciones, los autores que escribimos en español enfrentamos dos realidades que nos aplastan por igual. La primera, representada por las grandes corporaciones, garantiza rentabilidad editando sólo “lo correcto”, que en esta era se entiende “literatura moralizante” (por el camino de negación de las tinieblas sólo se consigue más tinieblas); mientras, la segunda, liderada por empresas medianas de importante calidad, limita su publicación a escritores de otros idiomas, preferiblemente inglés y alemán.

La situación no la tienen nada fácil quienes pretendan la rigurosidad creativa o estilística; las hazañas literarias se limitan a los grandes nombres muertos o con obras ya cumplidas (los consagrados). Que nadie se llame a engaño creyendo que su literatura, por ser opuesta a la moda de la estupidez, está teniendo las bendiciones de su tiempo. Al contrario, éste tiempo se está convirtiendo en un pantano que sepulta el brillo del arte y saca a la superficie todo aquello que en otro momento hubiese sido considerado vulgar y simplista. La literatura que impone el mercado de consumo es la que sigue, en contenido y estructura, un molde que no incomoda, sino que complace; es la literatura del entretenimiento barato, de las palomitas de maíz y la saliva ahogando las palabras para que nadie perciba “la oscuridad que el poder siembra en la calle”. Es como si nos hubiesen impuesto la “felicidad en medio de un infierno disfrazado de paraíso”. No hay espacio posible para la complejidad de la existencia, han asesinado la duda y con ella la filosofía; la ley fundamentalista del mercado cada vez es más cuadrada como las tramas de sus novelas. Y que nadie olvide (ni desde la derecha ni desde la izquierda): la ficción es un salto más revolucionario que cualquier “realidad” impuesta. Salto libre que derriba dogmas y posibilita espacios (entre el individuo y el todo). ¿Quién dijo que la ficción no es una acción política? ¿A cuántas ficciones podría aspirar un ser humano inconforme con la “realidad” que le oprime? ¿Es posible convertir una ficción en una realidad? ¿Qué cosa distinta a una ficción es una realidad en proyecto?

Los escritores contrarios a la actual dictadura editorial deberíamos preguntarnos qué hubiesen hecho los malditos del pasado ante un dilema semejante. Lamentable es que en un futuro nos recuerden como los escribidores del conservadurismo literario. Yo, por mi parte, no haré el papel de monja.

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Profetas por la izquierda: El culto a la personalidad

Jon Juanma (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Suele ocurrir en muchas ocasiones que los partidos de izquierda cuando tienen un dirigente o “líder” con importante apoyo popular son muy dados a caer en el culto a la personalidad y repetir patrones propios de la derecha. El culto a la personalidad es una forma de alienación de responsabilidades, de inmadurez ética y política. Intentaremos explicar el porqué y la forma de evitarlo.

En las sociedades primitivas junto a la democracia directa surgieron poco a poco los jefes tribales que fueron acumulando derechos hasta pasar a hacerlos hereditarios mediante su alianza con la jerarquía religiosa. De este modo, a los años, llegaron los faraones, emperadores, reyes, etc. Con el auge de la sociedad industrial, el capitalismo, la burguesía y el movimiento obrero arribaron primero las democracias censitarias y más tarde las representativas burguesas con sufragio universal y leyes distorsionadoras del sufragio popular como la Ley de Hont, el cociente de Droop o el sistema de Hare entre otros. Éste es el momento en el que estamos en la mayoría del mundo actual, en puridad: rodeados de democracias censitarias más populares que las primeras del siglo XIX donde sólo votaban los hombres ricos, pero censitarias al fin y al cabo. Ahora votamos hombres y mujeres, ricos y pobres, pero las opciones mayoritarias, normalmente apoyadas por el poder de los dólares o los euros, obtienen más porcentaje de representación que las minoritarias debido a los sistemas electorales anteriormente citados. Una forma de distorsionar la voluntad popular a favor del control de unos pocos partidos por parte de la élite dirigente.

El poder de unos pocos siempre beneficia a unos pocos y la lucha por el progreso de la humanidad es la lucha por el poder de unos muchos para que esos muchos vivan libres. Lo que trato de explicar es cómo el culto a la personalidad es una rémora del pasado que está costando mucho ser superada y que nos trae numerosos disgustos a las filas de la Izquierda.

El culto a la personalidad se da incluso entre aquellos que se creen “la vanguardia” del proletariado o de las luchas populares. Baste recordar los casos de Stalin, Mao Zedong, Kim il Sung o Kim Jong-il. Pero es que también podríamos fijarnos en el caso paradigmático de Hugo Chávez en Venezuela. Con esto no quiero decir que sean comparables, ni que todos los citados sean dictadores, me estoy centrando simplemente en el tema del culto a la personalidad. Pero es que no hace falta llegar tan alto, podemos irnos a un terreno mucho más cercano como la política local y encontraremos el germen de lo mismo.

Ahora en España, por ejemplo, estamos a punto de celebrar las elecciones municipales y es curioso cómo muchos políticos de la Izquierda (por si lo dudaban no estoy incluyendo al PSOE), incluso extraparlamentaria, copian los modelos comunicativos de los partidos de derecha, de los partidos que los escandinavos llamarían “burgueses”.

Por ejemplo, es común que en no pocos carteles electorales salga la típica figura solitaria del candidato a la alcaldía, del nº 1 de esa formación política. Y se podría pensar: “Bueno, es normal, al fin y al cabo la ciudadanía tiene derecho a saber quién podrá ser su alcalde, ¿qué hay de malo en ello?”. Pero estamos hablando de partidos que tienen muy pocas posibilidades de llevar a sus candidatos a la alcaldía, ¿por qué se repiten estos esquemas? E incluso si tienen posibilidades de ganar las elecciones al consistorio, ¿es bueno esa personificación de la política en unos pocos políticos profesionales? ¿Dónde queda el resto de militantes y ciudadanos?

El problema es que los partidos de izquierda y sus militantes muchas veces se pliegan a la lógica sistémica sin saberlo, de manera sinérgica debido a su debilidad formativa. ¿No es la izquierda horizontalidad, democracia de base, redistribución del poder, etc.? ¿Por qué esta vuelta a los sistemas piramidales? ¿Por qué esta vuelta a las monarquías absolutas y los vasallajes medievales bajo siglas “revolucionarias”?

Una respuesta posible es la falta de estudio y concienciación de muchos militantes de la Izquierda junto al desprestigio/descuido social tradicional por las cuestiones formales heredado por parte de una sociedad que otorga mayor pedigrí a las ciencias naturales, a todo el sector científico-técnico, en contraposición a las llamadas “ciencias humanas”. Esta incultura humanista, permite una escisión entre “ejecutar” acciones y “analizarlas” que desde luego favorece a los poderes establecidos en tanto se aseguran un no cuestionamiento de los procesos socioproductivos y una repetición alienante de los mismos, de cara a garantizar los privilegios y la acumulación de capital de la élite dirigente.

Los partidos y organizaciones de izquierda, debido al bajo nivel de estudio que tienen en general sus militantes, de análisis de sus propios autores más importantes, de su tradición democrático-plebeya, se sienten acomplejados de no parecer “serios” de cara a los medios de comunicación masivos controlados por las élites capitalistas. Por eso, a regañadientes, comienzan por ponerse una chaqueta, para parecer más “respetables” y acaban pensando como los que llevaron chaqueta y corbata toda la vida. Pero realmente es mucho más que esto: empiezan a modelar su vocabulario, cambian “trabajo” por “empleo”, capitalistas por “empresarios”, “explotación” por “abuso” y ceden de esta manera a la hegemonía liberal. Dicen que no quieren asustar a la gente y que todavía les voten menos, pero no hacen nada por explicar a esa misma gente, ni siquiera a sus activistas, por qué hay que llamar trabajo al trabajo, y capitalistas financieros a los “mercados”.

Necesitamos una ofensiva cultural, una reconquista socialista de las mentes de las clases populares y para ello requerimos tres pasos: darnos cuenta de su necesidad, organizarnos y estudiar. Los militantes deben perderle el miedo al estudio y aprender a pensar por sí mismos. No es cierto que esa sea tarea exclusiva para los intelectuales y los profesores de universidad. Como decía Gramsci todos podemos ser intelectuales, todos debemos serlo. Y si no le hacemos caso y aceptamos la separación entre trabajo manual e intelectual, estaremos aceptando el status quo capitalista, con todo lo que ello conlleva.

Si alguna vez la humanidad llega al socialismo mundial, éste sólo se podrá asentar en la corresponsabilidad crítica de toda la ciudadanía respecto a sus representantes, sobre la exigencia de revocabilidad de todos los cargos en cualquier momento, por importantes que sean. Nadie puede permanecer inmune ni vedado a la crítica. Por eso los personalismos son tan peligrosos y tanto interesan al bloque social dominante. Si un proceso revolucionario o un gobierno municipal dependen cada vez más de una persona, proporcionalmente se irá haciendo más débil, más derribable, porque será tan fácil acabar con él como acabar físicamente con esa persona concreta, comprarla o volverla loca. La concentración de voluntades en un individuo es “monarquía pura” la mayor parte del tiempo excepto cada 3, 4, 5 o 6 años que lleguen las votaciones, donde tendremos un día de democracia y miles de monarquía ¿y a esa mentira nos atreveremos a llamarla “democracia”?

Comprar un líder o forzarlo a hacer lo que las élites capitalistas mundiales quieran es tan relativamente sencillo como amenazarlo de muerte, a él o a los suyos. Decirle que cuando baje del cargo acabarán con él sin la protección de los cuerpos de seguridad del Estado, agasajarlo con los vicios que tenga o incluso chantajearlo con materiales “complicados” que se consigan de ellos por los servicios secretos de países o de importantes corporaciones. ¿Arriesgaremos tanto esfuerzo desde el campo popular de este modo? Necesitamos evolucionar o seguiremos anclados en la miseria que se extiende sobre la diferencia entre nuestros grandes objetivos y nuestras raquíticas acciones.

La Izquierda necesita que no haya nadie imprescindible y que los revolucionarios no se asienten en el poder porque confunden su vida, su persona, con los procesos. No es sano para la persona en cuestión y mucho menos para los militantes: a la primera la aleja paulatinamente de la realidad haciéndole creerse con “poderes especiales” de por vida, como una especie de ser mitológico o semi-Dios; mientras que a los segundos los deja vendidos a la voluntad de la primera. Se llega a una personificación de los procesos de cambio que pone en juego el sacrificio y el esfuerzo de muchos militantes anónimos. Esto debería ser considerado inadmisible por cualquier partido u organización que quiera remar hacia la superación de este sistema depredador en el que vivimos. Si la Izquierda “endiosa” a un determinado líder le está dando un cheque en blanco para que haga con sus sueños y esfuerzos lo que decida.

El culto a la personalidad también funciona psíquicamente como un modo de enajenación de responsabilidades por parte de los activistas, en primer lugar la de pensar por uno mismo. Siempre es más sencillo que nos den hechas las opiniones, que nos las sirvan como puré y así nos ahorremos el esfuerzo de masticar. Pero en esta vida, la energía no desaparece, sino que se transforma. Y si no queremos hacer esfuerzos pagaremos las consecuencias. Vivir en sí mismo es un esfuerzo energético y un triunfo de la vida sobre la muerte siempre latente. No esforzarnos es sinónimo de morir en vida.

Un activista que quiere caminar hacia el Socialismo pero no quiere pensar es un zoombie, un muerto viviente. Y los zoombies “de izquierda” son una especie muy peligrosa. Porque como perros enloquecidos harán lo que les digan los líderes iluminados de turno, dirán amén al Papa-Rey-Comandante-Líder Supremo y cualquier opinión contraria desde los militantes de izquierda que piensen por sí mismos será atacada como si viniese de mortales enemigos. La discrepancia y el cuestionamiento serán catalogados de alta traición al “Líder”. Y la cadena que se puede desarrollar a partir de aquí es muy peligrosa: se comienza por censurar y se puede acabar por el exterminio físico. No es una exageración, lo hemos visto muchas veces en el siglo XX, depende de coyunturas, del fanatismo alcanzado y de disponer del suficiente poder para hacerlo. Son dos formas de violencia de distinta intensidad, pero violencia al fin y al cabo.

Por eso la Izquierda debe luchar contra las estructuras de la derecha, no dejarse moldear para caber en ellas. Debe vivir en tensión permanente y no olvidar que nosotros somos caballos de Troya. Pero si el caballo se despedaza antes de pasar por la puerta de las instituciones nucleares del Estado, luego no podrá cabalgar ni pegar coces. Ya no tendremos un caballo de izquierda, sino un caballo muerto, o zoombie.

La Izquierda debe amar la crítica, dejar un espacio blindado para ella, protegerlo como su más preciado tesoro y aprender a cuestionar a sus propios “líderes” desde el cariño. Pero también a saber hacerlo desde la intransigencia fruto de la fortaleza de la convicción, cuando se vea claramente que éstos reman en dirección contraria a los que los sustentan. No se debe sembrar el seguimiento acrítico ni el fanatismo religioso que encumbre tanto al “líder” como para presentarlo como infalible. Esto es (des)educación revolucionaria en estado puro.

Para superar estas carencias la Izquierda debe institucionalizar espacios en sus propias organizaciones donde se garantice y promueva la crítica a cualquier miembro o política concreta de la organización, por muy importante que éste o ésta sean. La crítica y el estudio. Para garantizar de este modo que efectivamente, en los puestos claves, estarán siempre los mejores en cada momento. Seguro que así no habrá líder que veinte años dure y sí revolución o movimiento revolucionario que en veinte años crezca.

Jon Juanma es el seudónimo de Jon E. Illescas Martínez.

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Perú: Empieza una cruzada por la arquitectura

Jorge Zavaleta Alegre (especial para ARGENPRESS Cultural)

Diez mil volúmenes de libros, más publicaciones y artículos de prensa vinculadas a la arquitectura y el urbanismo están al servicio de los investigadores de diferentes profesionales vinculados con el desarrollo de las ciudades del Perú. Instituto Americano de Arquitectos de Nueva York toma contacto con Colegio de Arquitectos de Lima.


El Arq. Manuel Callirgos Gamarra, presidente del Fondo Cultural Documental de la Arquitectura y el Urbanismo – FONCULDAU - LIMA, anuncia una nueva cruzada para poner en valor el antiguo local de la Sociedad de Arquitectos, Avda. Tacna 545, en el Centro Histórico, que no ha sido utilizado en los últimos 30 años.

El Arq. Callirgos revela que el Fondo Cultural aspira convertirse en semillero de otras Regiones, porque “nadie mejor que el propietario para cuidar mejor el bien que es suyo”, al mismo tiempo que nos muestra un primer libro del FONCULDAU Lima y el CAP: “Una aproximación a la obra del Arquitecto – Ernesto Gastelumendi Velarde” que recopila artículos escritos desde 1937 hasta el 2003, publicados por la prensa peruana en su calidad de proyectista y docente, con la colaboración de Manuel Callirgos, Mario Saravia y César Moyoli.

¿Cuáles son los antecedentes del Fondo?
El FONCULDAO, cuya aprobación de sus estatutos data el 17 de enero del 2005 tuvo el apoyo del Consejo Regional Lima y Consejo Nacional del Colegio de Arquitectos del Perú, y el concurso de las consultoras Martha Fernández y María Julia Dede, quienes diseñaron una primera concepción de lo que la institución necesitaba y luego se sumó un equipo de arquitectos de reconocido prestigio, como Ernesto Paredes Arana, quien acaba de fallecer y lo reemplaza Mario Saravia; Víctor Pimental, Miguel Cruchaga, designando primer presidente a Ernesto Gastelumendi; y su actual presidente.

¿Fue una tarea difícil tener una visión clara dada la dispersión de documentos y el desinterés secular de las instituciones públicas?
La visión del Fondo Cultural es la recopilación de todas las fuentes de documentación referentes al desarrollo urbano, entendiendo desde la ocupación territorial y propiamente habilitaciones urbanas y desarrollo de ciudades a través de todo el país y de la época pre inca hasta la fecha. Estamos recolectando libros, planos, estudios de consultoría, además documentos, publicaciones o trabajos de antropólogos, arqueólogos, ingenieros, arquitectos. La institución es interdisciplinaria.

¿Requisitos para ser miembro?
Asociados pueden ser de diversas profesiones que tienen que ver con el desarrollo cultural, físico u otro orden. Nuestro fin es dar material al investigador, proporcionarle recursos necesarios para promover la investigación, y entonces disponer de información de las maravillas del Perú de cómo se ha venido desarrollando de manera cultural través del tiempo. Mediante los avances de la cibernética podemos interactuar con bibliotecas y entidades de investigación de cualquier país donde tengamos conocimiento de que hay información apropiada para el fin.


¿Cuáles son los principales logros del Fondo Cultural?
Tenemos prácticamente 10 mil documentos ordenados, clasificados para cumplir nuestros fines. Nosotros recibimos básicamente donaciones, porque nosotros somos una asociación civil sin fines de lucro sin capital, según las respectivas resoluciones de la Intendencia Nacional de la SUNAT de 2007 y de la Resolución del Ministerio de Economía y Finanzas del 2008, que nos facultan no pagar impuestos y ser receptores de donaciones.
Para desarrollar nuevos proyectos tenemos que superar la capacidad física del ambiente que ahora se comparte con la Biblioteca central del Colegio de Arquitectos. Estamos hacinados, limitados, somos precarios. Somos una asociación que está muy cerca del Colegio de Arquitectos, en su sede del distrito de Jesús María, que nos brindan muchas facilidades y estamos agradecidos.

¿Una alternativa sería trasladarse al Centro Histórico de Lima?
Estamos abocados en recuperar el local de la ex Sociedad de Arquitectos del Perú, en la Avda. Tacna 545, en el cercado de Lima. Es una oportunidad para que el Fondo se ubique dentro de Lima Histórica, y también el Colegio. No basta que hablemos a diestra y siniestra de la necesidad de mantener, mejorar y restaurar Lima, cuando nosotros estamos lejos de ella. Es una obligación de ingresar a ese espacio como institución.
El Fondo ha preparado un brochure institucional con información necesaria para que el posible donante pueda informarse debidamente de qué es el FONCULDAU hasta este momento y qué queremos ser.

¿Existen interesados en unirse a esta noble causa?
Estamos a la búsqueda de donantes y distribuir la información entre las múltiples entidades que normalmente ayudan al Colegio de Arquitectos en sus publicaciones. Esa búsqueda se ha empezando por las empresas ligadas al sector construcción o sea vinculadas con la arquitectura. Estamos seguros de lograr nuestros objetivos. Hay instituciones que siempre nos han ayudado y que son varias.
Hemos auscultado diversas empresas y los resultados son positivos. En consecuencia será posible llevar adelante la restauración de aquella residencia diseñada por un arquitecto muy querido y muy valioso, Enrique Seoane Ross, quien fue el promotor de esa obra, directivo de la Sociedad de Arquitectos, y contó con el apoyo desinteresado de varios colegas.
Es un edificio pequeño, de gran valor histórico. Ha estado cerrado 20 a 30 años y saqueado dos veces, desde sanitarios y todo lo que estaba a la mano, la escalera de mármol, la baranda de bronce, etc. Necesitamos de una infraestructura verdadera, ya restaurada, al mismo tiempo de inmobiliario, equipamiento en el campo técnico de última generación. Queremos que el investigador, de cualquier disciplina – geólogo, arqueólogo, historiador, periodista, arquitecto, etc. – pueda acceder a una densidad de información para que la creatividad funcione. Vamos a darles comodidades materiales para comunicarse con diferentes universidades

¿Difícil tarea para un Fondo Cultural en una Lima tan caótica?
Un investigador puede por emprender estudios desde las murallas y el mismo desarrollo de la ciudad. Tenemos fuentes valiosas, por ejemplo en la fotografía. No es el hecho de juntar información sino que el investigador escriba lo que le parezca. Por ejemplo, las esquinas tienen el “ochavo” o corte de las esquinas. Ese “ochavo” sirve de visibilidad, así lo justifica. ¿Parece una simplicidad?. Preferible a ese “ochavo” sería un jardín, seria más inteligente. Son cosas que no se han estudiado debidamente, pero eso es una simple referencia.


¿Cuáles serían las metas más ambiciosas, posibles a mediano plazo?
Hay mucho por hacer. Nos ponemos en un nivel de alto contenido. Nuestro deseo es estar conectados con nuestras universidades para tener información escrita por peruanos o por extranjeros que han escrito en el Perú y llegar a una intercomunicación con bibliotecas más importantes del mundo como por ejemplo: la Biblioteca del Congreso de los EEUU, la Biblioteca Pública de Nueva York , el Instituto Americano de Arquitectura de Nueva York (pronto exhibirá los cinco proyectos ganadores de un concurso en el que han participado profesionales de 20 países para desarrollar cinco casonas del Centro de Lima, según informa el Decano del Colegio de Arquitectos de Lima, Arq. José Enrique Arispe, que ya ha suscrito un convenio de intercambio con esa organización gremial norteamericana y respalda con entusiasmo el Fondo Cultural)
La restauración de la Casona de la Avenida Tacna se va a hacer por donaciones y quienes le van a dar prestigio serán las personas que irán allí para investigar. El dinero se va invertir en publicaciones sobre el Perú, en la producción de obras literarias y de otra índole.
Nosotros hemos creado al Fondo de Lima. Queremos que también otras regiones hagan lo mismo. Reitero que nadie puede cuidar mejor un bien que el propietario. En el Cuzco, nadie puede cuidar mejor Machu Picchu que los cuzqueños.
Las distintas regiones impulsarán sus propios fondos regionales, es un fin estratégico, para cuidar los valores que tenemos en el Perú. Es muy amplia la labor y hay mucha buena voluntad y mucha ayuda. El equipo está muy optimista.

Hablemos de las donaciones y directivos del Fondo Cultural
En este momento tenemos donaciones de arquitectos que al fallecer sus familiares nos han donado sus bibliotecas. A la fecha son veinte entre los que figura también dos ingenieros. Los investigadores tienen todas las facilidades, pero el local es demasiado pequeño.
La directiva del Fondo para el período 2009-2011 son Manuel Callirgos, José García Bryce, Beatriz Sologuren, Julia Dede de Facho, Lic. Martha Fernández de López, Víctor Pimentel, Mario Saravia, Miguel Llona y Lic. Rosa Mercedes Panizo. Son 9 miembros, de los cuales dos son bibliotecólogas, quienes expresan su agradecimiento a los donantes:
Ernesto Gastelumendi, Luis Dórich, Francisco Leo, Richard Wagner, Víctor Pimentel, Manuel Callirgos, Ernesto Paredes, Beatriz Soluguren, Olga Lorenzo, Hilde Scheuch, Jorge Quiroz, Jaime López, Alicia Colona, Leoncio Roda, Edda Chirinos, Henry Biber, Víctor Reynaud, Fernando Pérez-Rosas, Carlos de Martis y César Méndez.

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Música: La tuba

La tuba es el mayor de los instrumentos de viento-metal y sus antecesores son el serpentón y el oficleido. Es uno de los instrumentos más recientemente añadidos a la orquesta sinfónica moderna, aparecido en 1835 con Wilhelm Wieprecht y Johann Gottfried Moritz, sustituyendo al oficleido del siglo XVIII. El sonido se produce gracias a la vibración de los labios del intérprete en la parte denominada boquilla a partir de la columna del aire (flujo del aire). La primera vez que se utilizó la tuba moderna en una orquesta sinfónica fue en El anillo de los nibelungos de Richard Wagner.

Habitualmente en una orquesta hay una sola tuba, utilizada como el bajo de la sección de metales. Gracias a su versatilidad permite utilizarla para reforzar cuerdas y vientos de madera o, cada vez más, como instrumento para solos.

Las tubas también son utilizadas en bandas y en conjuntos de viento, en cuyo caso se utilizan dos instrumentos de cada una de las dos afinaciones: Mi bemol y Si bemol.

En manos habilidosas, es un instrumento capaz de cubrir un amplio campo de sonidos (más de 4 octavas) y extraordinariamente ágil.

Existen varias afinaciones dentro de las tubas; las más comunes son Fa, Mi bemol, Do o Si bemol.

La tuba más común es la tuba contrabajo, afinada en Do o en Si bemol. La siguiente, por orden de tamaño, es la tuba baja o Bombardón, afinada en Fa o en Mi bemol, una cuarta o quinta más alta que la contrabajo.

El bombardino, también llamado tuba tenor, es otra octava más agudo. Afinado en Si bemol o en Do. En este último caso se denomina también tuba francesa.

La tuba puede llegar a tener hasta seis pistones o válvulas (cuatro de digitación normal más dos de transpositores de medio tono y tono de afinación), aunque las más comunes son las que tienen cuatro. También se fabrican modelos de tres válvulas, aunque suelen ser para principiantes. Algunos modelos especiales tienen sólo dos válvulas. Nótese que a pesar de tener tan reducido número de pistones, la tuba abarca un espectro tan amplio de sonidos porque con cada posición de los pistones se pueden tocar notas diferentes según la forma y fuerza de hacer vibrar los labios del instrumentista en cada cambio de pasaje o tesitura, respectivamente.





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Al Capone y los siete enanitos juegan a la Ruleta Rusa

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A propósito de Obama y de los siete enanitos, jugar a la “Ruleta Rusa” es una advertencia de que el suicidio no es un acto de valor ni de cobardía sino de enajenación de la conciencia.

La convicción razonable de que tú haces bien o mal, está vinculada, al menos, a valores respecto al hombre y a la sociedad; el hombre valora las cosas individuales y colectivas, a su modo.

Las cosas son buenas o son malas, son bonitas o son feas, frías o calientes, chavistas o escuálidas, claras u oscuras y etc., de acuerdo a lo que tú tengas en la cabeza.

Pero, lamentablemente, la cabeza de muchos no es más que un basurero de ideas envenenadas, atapuzadas por la televisión de Al Capone. Luego, la calificación de los valores de la realidad, depende considerablemente de una estimación errónea, en muchísimos casos.

Pienso que la objetividad es inalcanzable inclusive en la rigurosa ciencia de la matemática, en muchos casos. En el campo de las ciencias sociales alcanzar la objetividad se hace todavía más improbable; es decir, que la objetividad es poco probable de lograr en tanto que somos sujetos y es la subjetividad lo atinente, antes que la objetividad, puesto que no somos objetos.

Pero, el objeto tampoco parece estar interesado en sí y en su calificación puesto que, en tanto objeto, no piensa ni razona a menos que se trate de “Exo” que suele denominarse “Objeto del deseo”.

Es decir, la objetividad debe ser cualidad del objeto, no del sujeto; mientras que la subjetividad, sí debe ser propia del sujeto. Mas, el hecho es que muchos se califican de objetivos siendo que no lo son y eso es incongruente; no obstante, asuma el sujeto la calificación del objeto pero no como “corso por su casa”-quiero significar, no coger la vega pa´potrero-sino con ponderada sindéresis.

Obama USA a Superman-objeto-en función de “sujeto” y lo asume en persona (ya la basura mediática ha hecho suficiente trabajo en todo el mundo) por lo que su versión de la realidad es reasumida por millones como “Non plus ultra”.

Obama montó acá en Venezuela una organización denominada MUD para intentar tumbar a Chávez y en la que figuran enanos mentales, siete de los cuales destacan por sus necedades, a saber: El Vampiro, El Cataco, El Raroski, El Tigre, El Old Parr, El Mazamorro y La Maria Tomasa-todos los ocho, entre “”, por favor-mas, no volverán.

Pero son muchos otros, los zombis aspirantes a majunches; no obstante, se vislumbran esos siete enanitos para jugar a la Ruleta Rusa, el 12 de febrero de 2012, para escoger a un oponente contra Chávez.

Lo mejor que puede ocurrirle a cualquiera de ellos es que Al Capone les cancele su trabajo-con cesta tikect, inclusive-y, designe a un outsider porque lo que va a llevar el referido “Majunche” escogido, es julepe con butría.

Chávez es un “boxeador inteligente” que está en forma; él conoce cada golpe clásico del boxeo (político) y cuando, donde y como aplicarlo. De otra forma no habría podido sobrevivir; es que tiene la cabeza sobre los hombros, no en otra parte.

A veces él-Chávez-mete la pata pero, el manager (el pueblo)-no obstante que lo coscorronea- asume, de propio, el asunto.

Es que se trata de una relación. No olvidar que los valores no parecen ser expresamente, propiedades del objeto o del sujeto, propiamente dichos, sino de la relación entre el objeto y el sujeto.

Para entender algunas claves de la Revolución Bolivariana, habría que empezar por escarbar en la relación de Chávez con el pueblo venezolano; tanto con la oligarquía como con los pobres.

A mi modo de ver Chávez sostiene una relación de valores con el pueblo de Venezuela y la esencia de esos valores es que valen porque no son trucados sino encarnados a cuatro vientos.

Mas, si determinado periodista sedicente quiere comprender un poco más, sólo tiene que entrevistar a una piedra y, ejercer.

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El líder

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Para hacer la obra mutua
se marcha bajo sus órdenes
por propia voluntad
Al líder se le mira con afecto cada día
conociendo adónde va
para que el error o el triunfo sean compartidos
Se le debe criticar porque no es un amo
y abandonar si abandona el pacto
El poder que administra el líder de todos
debe contener un pequeño espacio soberano:
el seguidor
sencillo, disciplinado, consecuente
libre
nunca obediente ciego
El asunto es claro pero se ha enmarañado en la historia:
pueblos han llorado tarde por haberlos absolutizado

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Fotos bellas




















































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