miércoles, 8 de junio de 2011

Aimaras antimineros: Enseñanzas de un conflicto

Eland Vera (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dentro de las singularidades que conserva orgullosamente la región de Puno destaca la confluencia de dos pueblos ancestrales. Los quechuas ubicados principalmente en la zona norte de la región, cercanos al Cusco y los aimaras en la zona sur, cercana a Bolivia.

Los dirigentes aimaras de hoy y ayer no se cansan en recordar que fueron un pueblo que nunca se sometió ante el poder de los incas del Cusco y que la sobrevivencia orgullosa de su lengua es la demostración más clara. Además, tienen muy presente que durante la gran rebelión de Túpac Amaru, los líderes de la fase aimara fueron más radicales que el cacique de Tungasuca y sostuvieron mucho más tiempo el control del altiplano. Así, las figuras de Pedro Vilcapaza y Túpac Katari son parte del imaginario colectivo regional.

Durante la expansión del poder gamonal en el siglo pasado, las comunidades campesinas aimaras tuvieron una relativa independencia frente a los hacendados. De allí que era bastante notoria la diferencia entre los “indios de hacienda” (sometidos a la servidumbre) y los “indios de comunidad” (en convivencia recíproca). Este dato es valioso, pues los aimaras mantienen un mayor sentido de pertenencia hacia sus costumbres y ritos ancestrales, y a la vez una relación más negociada y justa con la “fuerza civilizatoria de Occidente”.

Entonces, no debe extrañar que si el Estado concesiona territorios cercanos al monte tutelar Khapia para fines de explotación minera, los aimaras puneños reaccionen con gran indignación. Se trata de un lugar sagrado, no hay más vueltas sobre el tema. En la cosmovisión andina, ya es un lugar común reiterarlo, el hombre no es el rey de la naturaleza, ni tiene patente divina para explotar indiscriminadamente los frutos de la tierra. Se trata de una relación respetuosa y de crianza con el cosmos que, verdaderamente, es el núcleo de la potencia civilizatoria del mundo andino. Esta premisa es vivida a cada instante de la existencia de los aimaras.

De este modo, las actividades que implican una relación armónica entre las partes gozan de una consideración especial en la mentalidad aimara. La agricultura, la ganadería, la pesca, las festividades o el pequeño comercio se encontrarán, entonces, por encima de la extracción descarnada y violenta de los recursos naturales. Para ponerlo gráficamente, si un comunero aimara observa el tajo abierto de una profunda mina penetrada por potentes y ruidosas excavadoras, sencillamente está viendo algo parecido a una violación: un desproporcionado acto de violencia que adolece del principio de reciprocidad. Lógicamente el hombre domesticado por la “fuerza civilizatoria de Occidente” lo que observaría sería la materia prima de la que están hechas gran parte de sus preciosas mercancías que dan sentido a su goce material y “civilizado”.

Entonces, detrás del conflicto antiminero de los aimaras de Puno me parece que tenemos un insumo para ir dialogando sobre la fuerza civilizatoria de la cultura andina que, más allá de las concesiones a los mineros depredadores, nos enseña sobre el valor y ubicación del hombre en el mundo, el rol civilizador de la reciprocidad y la vida comunal, el potencial de la ciudadanía étnica en un país diverso, la insensatez de los prejuicios sobre el hombre andino, las inconsistencias del supuesto modelo económico neoliberal intocable, las grietas de la fuerza civilizatoria de Occidente y, claro, la futura refundación republicana en el Perú deberá alimentarse de la propuesta del buen-vivir de las poblaciones ancestrales.

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Amigo:
Si alguna esperanza quiero,
por eso éste tunombrenuestro.
Hoy has torcido nuestra ruta con tus dudas
y pienso en ti como se piensa en uno mismo,
sintiendo
que arraigan en mi tus hechos y argumentos.

Un paso a esta parte o a tal otra,
y si no te comunicas
no cuentas para posar tus fardos
sino con tus carencias.
Pero quizás te dis-tendiste
apenas cerca de lejanas in-ausencias,
de un mí sero cero carcomido.

Vamos, dinos lo que no somos,
so-pesa cuánto sirve el adiós que a-presa tu presencia,
y aquí tienes el techo de nuestro celo
para ayudarte a respirar,
para a-serrar abro ojos en tus ojos.

A veces haces comentarios que no nos gustan
y cuando te oímos esas palabras que son de los de arriba
nos preguntamos si quieres comprender
que con los de aquí, de abajo, te re-elevas.

Tengo que traerte todas estas cosas
porque son honda mente necesarias;
pero además te digo, amigo,
que en este mismo sitio diferenteysimilar
donde estamos luchando y esperándote,
y por este mismo camino no hecho,
siempre nos verás.

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La Habana de Eusebio Leal Spengler: ¿Una utopía que resucita?

Salim Lamrani

Jornada de estudios organizada por Gradiva-Créations au féminin, «Le féminin: une utopie?», Universidad Paris-Sorbonne, Instituto de Estudios Ibéricos e Hispanoamericanos, 4 de junio de 2011.
http://gradiva.univ-pau.fr/live/manifestations/manifestations_2011

Alejo Carpentier, en un vibrante homenaje a su ciudad natal, la apodaba “la Ciudad de las columnas”, por la magia de sus innumerables pilares y columnas de esencia barroca que hacen de La Habana un lugar único en América Latina. Con su destino tan singular en la historia del continente, la ciudad natal de José Martí es un espacio mítico que no puede dejar indiferente al alma humana, en virtud de su extraordinario poder de encantamiento. Fruto de una mezcla de estilos arquitectónicos diversos de origen árabe, español, francés, italiano, griego y romano, la capital cubana se define ante todo por su sincretismo tan peculiar. (1)

La excelencia del barroco cubano se encuentra en la Plaza de la Catedral, el estilo neoclásico en el Palacio de Aldama, el neogótico en la Iglesia de Reina, el Art Nouveau en la Estación Central, la Universidad o el Capitolio, el Art Deco en el edificio Barcardí, una combinación de esencia colonial y soviética en el Palacio de Convenciones, la presencia del modernismo en el impresionante edificio Focsa o la influencia bizantina en la Catedral Ortodoxa.
Al respecto, Carpentier escribía:

“La vieja ciudad, antaño llamada de intramuros, ciudad en sombra, hecha para la explotación de las sombras, sombra, ella misma, cuando se la piensa en contraste con todo lo que fue germinando, creciendo, hacia el oeste, desde los comienzos de este siglo, en que la superposición de estilos, la innovación de estilos, buenos y malos, más malos que buenos, fueron creando en La Habana ese estilo sin estilo que a la larga, por proceso de simbiosis, se amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo, inscribiéndose en la historia de los comportamientos urbanísticos. Porque, poco a poco, de lo abigarrado, de lo entremezclado, de lo encajado entre realidades distintas, han ido surgiendo las constantes de un empaque general que distingue a La Habana de otras ciudades del continente”. (2)

Un poco de historia

Fundada el 16 de noviembre de 1519 por el conquistador español Diego Velásquez de Cuéllar, La Habana, atravesada por los ríos Almendares, Martín Pérez, Quibú, Cojímar y Bacuranao, se extiende en la actualidad sobre más de 720 kilómetros cuadrados, acoge a más de dos millones de almas y se divide en quince municipios. La figura de San Cristóbal, patrón de la ciudad, vela por la mayor metrópoli del archipiélago, que alberga también el principal puerto nacional y constituye el centro político, económico y cultural de Cuba. (3)
Según los historiadores, el cacique taíno Habaguanex dio su nombre a la capital cubana, y a la sexta ciudad que fundó la Corona española en la Isla. En la Plaza de Armas, centro político de la época colonial, el monumento El Templete celebra la fundación de la ciudad. Se puede leer en su columna conmemorativa que erigió el gobernador Francisco Cajigal de la Vega en 1754 una inscripción en latín:

“Detén el paso, caminante, adorna este sitio con un árbol, una ceiba frondosa, más bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad, pues ciertamente bajo su sombra fue inmolado solemnemente en esta ciudad el autor de la salud. Fue tenida por primera vez la reunión de los prudentes concejales hace ya más de dos siglos: era conservado por una tradición perpetua: sin embargo, cedió al tiempo. Verás una imagen hecha hoy en la piedra, es decir el último de noviembre en el año 1754”. (4)

Contra viento y marea La Habana supo preservar su autenticidad, a pesar de los ataques de piratas y corsarios franceses que la redujeron a cenizas muchas veces durante la primera mitad del siglo XVI, más precisamente en 1538 y 1555. En 1556, gracias a la creación del sistema de flotas para el comercio entre la Península Ibérica y América Latina, La Habana se convirtió en el primer puerto del continente. En 1561, la Corona española decidió hacer de la ciudad el centro del Nuevo Mundo y concentró allí las naves cargadas de oro, lana, esmeraldas, cueros, especias y materias primas alimenticias. Para proteger esas fabulosas riquezas, edificó defensas militares en la entrada de la Bahía de La Habana en sitios estratégicos, con la construcción de los majestuosos castillos de la Real Fuerza, la Punta y los Tres Reyes del Morro. La Habana se convirtió en la ciudad más protegida del continente, en “la Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales”. (5)
Cuando Felipe II confirió a La Habana el título de ciudad el 20 de diciembre de 1592, ya se habían edificado varias iglesias y conventos que daban un aspecto ciudadano a la futura capital. El gobernador de Cuba ya había instalado su residencia oficial allí desde hacía casi treinta años abandonando Santiago de Cuba, sede histórica del gobierno de la Isla. Conscientes de su importancia estratégica, los sucesivos reyes de España no se dieron tregua para fortificarla a lo largo del siglo XVII para disuadir a las potencias extranjeras de apoderarse de ella. Finalmente, en 1607, La Habana fue designada capital de la Isla por una Orden Real que dividió el país en dos gobiernos: uno en La Habana y el otro en Santiago, subordinando el segundo al primero. (6)
Al mismo tiempo se edificó la ciudad usando madera, material disponible en abundancia en la Isla, el cual se mezcló con los diferentes estilos importados de España y más precisamente de las Islas Canarias, creando así un sincretismo arquitectónico de una excepcional riqueza y de una rara belleza, que sería la marca de fábrica de la capital cubana.
Cuando en 1648 una epidemia de peste procedente de Cartagena de Indias en Colombia exterminó a una tercera parte de su población, La Habana, cual fénix, supo hacer frente a la tragedia y renacer de sus cenizas. Pudo enarbolar de nuevo su blasón –el cual la reina Mariana de Austria, viuda de Felipe IV oficializó el 30 de noviembre de 1665– con sus emblemas heráldicos, los tres primeros castillos de la ciudad La Real Fuerza, los Tres Santos y San Salvador de la Punta en forma de torres de plata en un fondo azul y una llave de oro que simboliza la puerta del Nuevo Mundo. (7)
En el siglo XVII, La Habana extendió su territorio con la construcción de numerosos edificios civiles, militares y religiosos como el Hospital San Lázaro, el castillo El Morro o el Convento San Agustín, sin olvidar la Fuente de la Dorotea de la Luna en La Chorrera, el Monasterio Santa Teresa, el Convento San Felipe Neri o la ermita del Humilladero.
Cuando el 6 de junio de 1762 el impresionante ejército naval británico de George Pocock con sus cincuenta barcos de guerra y catorce mil soldados atacó La Habana, los habitantes de la ciudad opusieron una heroica resistencia durante dos meses de encarnizados combates. Pero frente a la superioridad militar de Inglaterra, La Habana cayó en las manos de la Corona inglesa, que la ocupó durante once meses. En 1763, una negociación entre Madrid y Londres desembocó en la liberación de la ciudad a cambio de La Florida. Ese mismo año, después de la salida de los británicos, empezó la construcción de la fortaleza San Carlos de la Cabaña –la más importante que edificó España en América Latina– que duraría once años, con el fin de preservar la ciudad de los futuros ataques y hacer de la bahía de La Habana un baluarte inexpugnable. (8)
En el siglo XIX, la ciudad se modernizó con la creación del primer ferrocarril en 1837 entre La Habana y Güines, de 51 kilómetros, construido principalmente por la laboriosa y discreta comunidad china que cuenta en la actualidad con 100.000 almas. Cuba se convirtió así en el quinto país del mundo que disponía de ferrocarril y el primero de la zona hispana. La edificación de múltiples centros culturales como el teatro Tacón, el teatro Coliseo o el Liceo Artístico y Literario transformó la ciudad en una de las referencias artísticas e intelectuales del continente. El desarrollo de la industria azucarera y del tabaco hizo de La Habana un lugar sumamente próspero, hasta el punto de que en 1863 se destruyeron las murallas de la ciudad con el fin de extender su superficie y construir nuevos edificios de toda índole. Fue en ese periodo, en 1854 exactamente, cuando se erigió el cementerio Colón, museo a cielo abierto de una riqueza arquitectónica única y la mayor necrópolis del mundo después del cementerio Staglieno de Génova. (9)
En 1898, Estados Unidos aprovechó la explosión del acorazado Maine en la Bahía de La Habana para intervenir en la Segunda Guerra de Independencia de Cuba y frustrar los anhelos de emancipación de la Isla. La ocupó hasta 1902 y la transformó en un protectorado después de instalar al frente de la nación a Tomás Estrada Palma, ciudadano estadounidense y anexionista convencido que aceptó la infame enmienda Platt. (10)
Durante el periodo republicano, y más concretamente en los años 30, innumerables construcciones emergieron en La Habana, con la aparición de suntuosos hoteles de lujo, flamígeros casinos y clubes nocturnos, a cual más rutilante, todos controlados por la mafia de Meyer Lansky y de Lucky Luciano con la bendición del dictador Fulgencio Batista. Basta mencionar el Hotel Nacional, una joya arquitectónica, edificado en 1930 en pleno barrio del Vedado, a unos pasos del legendario Malecón, que da a La Habana su silueta tan femenina. Monumento nacional, es uno de los símbolos de la historia, de la cultura y de la identidad cubanas. El Focsa y el hotel Habana Libre también son vestigios de la época en que La Habana era la capital continental del placer y la ociosidad, frecuentada por los grandes del mundo, de Winston Churchill a Frank Sinatra. (11)
Desde el triunfo de la Revolución en 1959, Cuba ha conocido la más importante transformación política, económica y social de la historia de América Latina. No obstante, a nivel topográfico y arquitectónico han surgido pocos cambios, salvo la construcción de edificios públicos como el imponente Hospital Ameijeras en el centro de la ciudad, u hoteles como el Meliá Cohíba a partir de los años 1990, con la revitalización de la industria turística.

La obra de Eusebio Leal Spengler y el “Período Especial”

Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, personaje de una excepcional cultura y de un optimismo a toda prueba, autor prolífico, galardonado con las más altas distinciones en el mundo entero, siempre ha tenido una fe inquebrantable en el ser humano, en su pueblo y en su capacidad de realizar las utopías más locas. Nacido en 1942 en la “Ciudad de las columnas”, este doctor en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana es un estudioso de las ciencias arqueológicas. Discípulo del fundador de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el legendario Emilio Roig de Leusehnring, tomó la dirección de esta institución en 1967. Su misión consiste en contribuir a la difusión de la historia y la cultura cubanas “a través de la preservación de los símbolos y expresiones materiales y espirituales de la nacionalidad […] y de la memoria histórica-cultural de la ciudad y especialmente de su Centro Histórico (12)”, el mayor centro colonial de América Latina.
También es el Presidente de la Comisión Nacional de Monumentos, embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas y diputado del Parlamento unicameral cubano. Eusebio Leal es un ciudadano comprometido que ha hecho suyo el lema de José Martí: “A la Patria no se le ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer desinteresado de serle útil”. (13) También comparte esa otra convicción de esencia martiana de que “sin cultura no hay libertad posible”. (14)
En 1968 Eusebio Leal inauguró las primeras salas de exposición del Museo de la Ciudad en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales. En 1981 emprendió la obra de restauración del Centro Histórico, monumento nacional desde 1976 y Patrimonio de la Humanidad desde 1982, con la creación de un Departamento de Arquitectura. Desde 1981 a 1990, se restauraron totalmente ocho edificios gracias al ingenio de Eusebio Leal y sus colaboradores y a la relación especial con la Unión Soviética que garantizaba cierta estabilidad económica, llevando a doce el número de dependencias culturales de la Oficina del Historiador. El Museo de la Ciudad se articuló alrededor de un peculiar sistema de galerías, centros culturales de formación artística y de investigación para todos los sectores de la población. (15)
El desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991 tuvo un impacto dramático en la economía cubana, que perdió a su principal socio comercial. De 1989 a 1993, el PIB cayó un 33% y Cuba tuvo que enfrentarse a la peor crisis de su historia. Cerca del 85% del comercio internacional de Cuba se realizaba con la Unión soviética. Las importaciones pasaron de 8.100 millones de dólares a 1.200 millones de dólares y las exportaciones bajaron un 75%. El consumo total disminuyó un 27% y el de la gente un 33%. La formación del capital pasó de un 25% a menos de un 5% del PIB y el déficit fiscal se elevó de un 7% a un 30% del PIB. El ingreso de la balanza de pagos pasó de 4.122 millones de dólares a 356 millones de dólares. El salario real bajó un 25% y el coeficiente de liberalización de la economía cubana (valor del comercio internacional en el PIB) cayó de un 70,2% a un 25,9%. (16)
Las especulaciones sobre el porvenir de la Revolución Cubana iban a buen ritmo. Estados Unidos se preparaba para asestar el golpe de gracia, al adoptar las leyes Torricelli en 1992 y Helms-Burton en 1996, legislaciones extraterritoriales y retroactivas que agravan las sanciones contra una población agobiada por las dificultades y vicisitudes cotidianas. En medio de este panorama apocalíptico, Eusebio Leal desafió la realidad, rechazó los pronósticos dantescos y se decidió a realizar lo imposible: perseguir la obra de restauración del Centro Histórico, cuando la nación se encontraba sin recursos y abandonada por todos. (17)
Eusebio Leal se sintió investido de una misión, más, de un sacerdocio: salvar la ciudad de la desintegración, con esa abnegación y valentía tan características de la idiosincrasia cubana. De fe cristiana, antiguo miembro de Juventud Acción Católica, de hecho Eusebio Leal habría podido elegir la vía religiosa si no hubiera sentido un amor apasionado por las mujeres, particularmente por su esposa Anita. Humilde, Leal inscribe su obra en una toma de conciencia colectiva y no la disocia de la colaboración de su equipo de historiadores, arquitectos y profesionales de la construcción y restauración: “Creo que todos hemos recibido un llamado: trabajamos contra el tiempo, pendientes de la lluvia, el ciclón y la crisis económica. Tenemos la percepción íntima de que si logramos entregar a la comunidad esta zona antigua de la capital, habremos vencido”. (18)
Para responder al desafío titánico de la conservación de la herencia arquitectónica y cultural de la nación en un contexto de grave crisis económica en el que la consigna era “resistir”, en 1993 Eusebio Leal, a la cabeza de la Dirección del Patrimonio Cultural, nueva institución creada a tal efecto, consiguió cierta autonomía en la gestión de la Oficina del Historiador por parte de las autoridades. (19) Gracias a su talento personal y su perseverancia, ha transformado la institución en una verdadera red económica y cultural con hoteles, restaurantes, tiendas, museos y talleres de construcción y restauración, capaces de generar los fondos necesarios para la preservación del Centro Histórico. Los resultados han sido espectaculares y le han valido una fama mundial. En total, cerca de cien edificaciones antiguas, de estructura compleja y de gran importancia histórica para la mayoría, han sido restauradas alrededor de Plaza de Armas, Plaza de San Francisco, Plaza Vieja, Alameda de Paula, Plaza de Cristo, Plaza de la Catedral, el Prado y el Malecón, sin olvidar la fortaleza San Carlos de la Cabaña. (20)
Eusebio Leal también ha reanimado la vida cultural y social de La Habana Vieja con una multitud de actividades, exposiciones, encuentros, debates culturales, científicos, sociales y comerciales que tienen lugar cada mes en los veintisiete museos, casas y salas especializadas, los once centros culturales del Centro Histórico, las catorce bibliotecas, los cinco laboratorios de investigación, los tres gabinetes de estudios centrales, el centro de archivos históricos y en la fototeca. Eusebio Leal es el ejemplo vivo de que la salvaguardia patrimonial era posible en condiciones económicas de una extrema adversidad. Sus cualidades de excelente administrador y su condición de amante de La Habana han hecho de su obra un innegable éxito económico y cultural. (21)
Eusebio Leal puede sentirse satisfecho de su obra:

“Hemos devuelto la vida a cada recinto en todas sus manifestaciones, como digno hábitat en que proliferan escuelas, instituciones culturales y de salud. Llamar la resurrección de lo que parecía como muerto, resultaría a miradas pueriles una cruzada romántica. Y si así fuera no nos desentendemos ni nos avergonzamos de ser románticos en tiempos señalados por acontecimientos apocalípticos. Nuestros menesteres proyectan otras formas de la esperanza: aquélla que nace de la recuperación de la memoria, del sueño compartido por muchos de crear un nuevo orden”. (22)

En el Parque Central de La Habana, bajo la mirada azul del cielo, José Martí, el Apóstol cubano, el héroe nacional, el de “por Cuba y para Cuba”, el que unió su “destino al de los pobres del mundo”, el de “la edad de oro”, el de “nuestra América”, el que sabe que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, el de “Patria es humanidad”, el que alberga la convicción profunda que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, el autor intelectual de la Revolución Cubana, el que supo ser un hombre de su tiempo, el que advierte del peligro que representa “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”, el que se inmoló “cara al sol” en la batalla de Dos Ríos por la independencia de su Patria, el que señala que “en los andes puede estar el pedestal de nuestra libertad, pero el corazón de nuestra libertad está en nuestras mujeres”, éste, levanta el brazo e indica el camino a seguir para preservar la independencia y la identidad nacionales. Al mismo tiempo rinde homenaje a la obra de Don Eusebio Leal, Ulises de los tiempos modernos, incansable trabajador que, como Antonio Machado, sabe que “no hay camino, se hace el camino al andar” y se alcanza la utopía. “Patria y fe” siempre ha sido su divisa personal. (23)

Revisado por Caty R.
Notas:
1) Alejo Carpentier, La ciudad de las columnas. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba, 1982.
2) Ibid., pp. 13-14.
3) Eusebio Leal Spengler, « Historia de La Habana », Nuevo Fénix. http://www.fenix.co.cu/villa/VhistoriaH.htm (site consulté le 2 juin 2011).
4) Eusebio Leal, La Habana, ciudad antigua, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1988, p. 7.
5) José Martín Félix de Arrate y Acosta, Llave del Nuevo Mundo: antemural de las Indias Occidentales. La Habana descripta: noticias de su fundación, aumentos y estados, Comisión Nacional Cubana de la Unesco, 1964.
6) Eusebio Leal, La Habana, ciudad antigua, op.cit.
7) Luis Suárez & Demetrio Ramos Pérez, Historial general de España y América, Madrid, RIALP Ediciones, Tomo IX, p. 199.
8) Francisca López Civeira, Oscar Loyola Vega & Arnaldo Silva León, Cuba y su historia, La Habana, Editorial Gente Nueva, 2005, pp. 28-30.
9) Josefina Ortega, « La ciudad de los muertos », La Jiribilla, 2006. http://www.lajiribilla.cu/2006/n287_11/memoria.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
10) Jorge Ibarra, Cuba: 1898-1921. Partidos políticos y clases sociales, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1992, p. 225.
11) Enrique Cirules, El imperio de La Habana, La Habana, Editorial José Martí, 2003.
12) Dirección de Patrimonio Cultural, « Oficina del Historiador », http://www.ohch.cu/patrimonio/patrimonio.php (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
13) José Martí, Obras completas, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1963, tomo I, p. 196.
14) Fidel Castro Ruz, « Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la inauguración del XVIII Festival Internacional de Ballet de La Habana », 1ç de octubre de 2002. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2002/esp/f191002e.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
15) Dirección de Patrimonio Cultural, « Eusebio Leal », http://www.ohch.cu/patrimonio/leal.php#conferencias (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
16) Salim Lamrani, Fidel Castro, Cuba et les Etats-Unis (Pantin: Le Temps des Cerises, 2006), p. 140.
17) Cuban Democracy Act, 1992. http://www.state.gov/www/regions/wha/cuba/democ_act_1992.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011); Helms-Burton Act, 1996. http://www.state.gov/www/regions/wha/cuba/helms-burton-act.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
18) Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, « Para no olvidar », http://www.ohch.cu/para-no-olvidar/info.php?id_Cat=12&cat=Hostal%20Valencia (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
19) Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, « La Oficina del Historiador de La Habana », http://www.ohch.cu/patrimonio/oficina.php (sitio consultado el 31 de mayo de 2011).
20) Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, « Para no olvidar », http://www.ohch.cu/para-no-olvidar/portada.php (sitio consultado el 31 de mayo de 2011).
21) Bertrand Vannière, « Patrimoine : Eusebio Leal Spengler, historien de La Havane », Cubanía, 2009.
22) Eusebio Leal, « Habana patrimonial », Dirección de Patrimonio Cultural. http://www.ohch.cu/ (sitio consultado el 2 de junio de 2011).
23) Eusebio Leal, « Patria y fe ha sido mi divisa personal », Cubadebate, 9 de noviembre de 2010.
Salim Lamrani Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista francés, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

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Silencio en Baa-jandum

Abel Samir (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El monte dejó de agitarse
cuando cayó la tarde
y llegó el silencio
roto a veces
por infernales estruendos,
y por los sufrimientos
de los que lloran a los muertos.
Allá abajo,
abajo...
en la calle...
risas cristalinas
de rostros juveniles
surgen de su encierro
y corren...
y corren...
y corren...
salpicados por su inocencia
olvidando al peligro,
que viene del cielo.

Con sus brazos extendidos
corren y vuelan
y planean imitando
a los ángeles maléficos
mensajeros de la muerte
que escondidos entre las nubes
calladitos descendían
hacia lo profundo de ese valle.

En el pueblito de Baa-jandum
cayó la tarde
y cuando asomó la noche
las trompetas...
acallan sus voces
dejando de lamentarse.

Los malditos demonios
interrumpen sus vuelos
que tanto dolor causaban
a los aldeanos de ese monte.

Cuando el Sol se esconde
detrás del horizonte
débiles rayos anaranjados
a la humanidad saludan
y en el valle...
la oscuridad nos envuelve
cansada de escuchar
las blasfemias y lamentos
de aquellos desgraciados
que llaman a sus madres.

De las fauces de la tierra
ennegrecidas sombras
de lo que fueron hombres
brotan como fuentes.

Seres escurridizos,
aturdidos y tambaleantes...
pobres almas en pena
que sólo el día de ayer
gallardos se paseaban
a los pies de ese monte.

Cuando llegó el silencio
al fondo de ese valle
agitados escarbamos
removemos...
y desenterramos...
miembros lacerados y sangrantes
removimos el Sol y la Tierra
para dar con ellos…
nuestros camaradas,
nuestros hermanos,
ahora mezclados con la arcilla.

Sus inolvidables rostros
y sus almas...
tal vez volando
hacia sus viejos olivares.
Allí no encontramos
el cuerpo de Abu Samra
tampoco el de Abu Mayid.
Nada hallamos, ¡nada!

Sus vidas dedicadas
a recobrar sus aldeas
de piedras blancas
y también, sus olivares.

Sólo ayer hablé con ellos
y ahora no veo nada,
sordo y mudo estoy.
Y ellos ¿dónde?
Me pregunto ¿dónde?
¡Sólo Alá lo sabe!

En Baa-jandum cayó la tarde
y la noche anterior
hermano, me dijo
con una sonrisa afable,
tú eres mi hermano
me dijo...
los otros que tenía
murieron luchando
en mi aldea natal
junto a mis padres.

La noche nos cubrió
con su manto negro;
y algunas voces tristes
nos llegan con el viento
a lo lejos...
allá lejos...

Esa noche lloran
nuestras almas en silencio.
Y nuestros corazones
vierten lágrimas de impotencia
que acrecientan nuestro odio.

Ya hace tanto tiempo
de aquello...
¡Tanto tiempo!
Y todavía me pregunto:
¿Qué fue de las almas
de Abu Samra, Mustafá,
Farez y Abu Mayid?
¡Y de tantos otros!
¡Qué la Tierra se tragó
en el monte, esa tarde!

En el pueblito de Baa-jandum
cayó la tarde.
La Luna apareció
con su rostro inocente
tan inquisidora...
y preguntándose...
¿A qué tanto bullicio?
¿Tanto odio y tanta sangre
vertida en la cima
de ese árido monte?

Recobrados los hombres
suben... y suben
abrumados por las penas
para alcanzar las nubes.
Cantan...
cantan los hombres
sus anhelos y sus luchas
y de la vida sus miserias.

Voces guerreras retumban
horadando el silencio
de esa noche impenetrable
y el eco de sus canciones
vuela de monte en monte
hasta perderse...
allá lejos...
lejos...
por el horizonte.

En Baa-jandum llegó la noche
y los fedayines
alzando sus fieras voces,
recobrado el valor
trituran el silencio de la noche:
Biladi, biladi, biladi
astazaura al ahjadi

Mi tierra…
nuestra amada
la que nos vio nacer
en el pueblito de piedras blancas
en Palestina entre los olivares.
Arena suave y compañera
de juegos infantiles
que me acariciaba
cuando se escurría
entre mis manos.
Dulce...
¡Dulce tierra!
bella...
¡La más bella!
ocre y verde...
¡Negra!

Por donde correteábamos
como esos pequeños
que temerosos se asomaban
apenas los maléficos ángeles
dejaban de silbar
sobre el pueblito de Baa-jandum
cuando cayó la tarde.

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¡¡Eureka!! Dadme un sólido punto de APOYO ÉTICO

Enrique (alias) Arquímedes Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Y moveré el mundo en la dirección correcta

Arquímedes C

El gran Arquímedes estaba tan emocionado de encontrar el punto de apoyo para mover el mundo cuando descubrió el principio de la palanca, que salía desnudo de la bañera gritando EUREKA, (lo he encontrado), pero no lo logró mover en la dirección correcta, se le cayó, tropezó, que es lo que está pasando ahora con el mundo.

Varios miles a años después luego de analizar muchos problemas en la dirección del mundo, veo que la falla está en el apoyo ético para moverlo en la dirección correcta. En la vida privada, familiar, económica, política o legal, el apoyo ético marca la gran diferencia hacia donde van las cosas.

La ética es la herramienta llamada a orientar las decisiones humanas en los años por venir, y debió serlo en el pasado; pero enfrenta serios problemas de credibilidad y resultados; muchos la mencionan, pero no saben manejarla, explicarla o fundamentarla.

La cuestión ética aún no se ha terminado de operacionalizar, para que se refleje con resultados. Podría decir que la educación moral y ética se encuentra aun en pañales, a pesar de que desde Aristóteles a Zubiri se le viene citando.

En la actualidad la definición de la ética parece una del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, tibia, ambigua, débil, aguada; lo que la hace un referente inoperante.

ético1, ca.(Del lat. ethĭcus, y este del gr. ἠθικός).1. adj. Perteneciente o relativo a la ética.2. adj. Recto, conforme a la moral.3. m. desus. Persona que estudia o enseña moral.4. f. Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre.5. f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana. Ética profesional DRAE

Todo valor, principio objetivo, se debe definir con rigor y detalle, para establecer sus alcances y limitaciones; debe dar resultados, debe ser relacionado con la realidad, con sus estrategias para lograr la realización del valor. Si el amor como valor no se le define, ni cuenta con los medios operativos para obtenerlo, es una palabra vacía; así como los valores de libertad, justicia, felicidad, bienestar, autonomía. Para los relativistas parece una tarea comprometedora o imposible; que mejor si se evita.

Los valores son manejados usualmente dentro de un relativismo ético, criticado por S.S. Benedicto XVI, como una fuga al compromiso para definir con rigor lo que es correcto; lo que en realidad es la no aceptación de las deficiencias propias de ese sistema de valores, en especial cuando se habla de los grupos sectarios, de interés económico, político o religioso.

El capitalismo valora la libertad individual, el derecho al lucro, la no intervención del estado en la economía, pero carece de valores solidarios hacia el pobre, el marginando, bien común y el respeto al medio ambiente. El socialismo en su versión leninista justifica el uso de la violencia, la lucha de clases, la dictadura del proletariado. No dejan de ser sistemas de valores parciales, imperfectos que solo dejan soluciones parciales

Los valores universales desarrollados por las principales religiones y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, se apoyan en elementos comunes que son parte de los valores del proyecto de civilización: el respeto a la vida, a la dignidad de la persona, el bien común.

Pero entre las declaraciones y orientaciones morales hay un abismo hacia la realidad. El mundo no se está moviendo en la dirección correcta, es más bien un movimiento ambiguo, errático, con tropezones o contradictorio.

Si se busca ese sólido punto de apoyo ético que mi alter ego Arquímedes C., menciona, se deben cambiar los apoyos débiles, corruptibles, manipulables, por otros más sólidos rigurosos, reales y aplicables.

Al Arquímedes original le hizo falta la dirección al movimiento del mundo, y hasta la fecha se sigue probando por error y ensayo hacia donde debe ir, según los romanos, ingleses, soviéticos, norteamericanos, según el capitalismo, el socialismo, la religión, etc. Los resultados han sido más errados que correctos.

La ética debe ser parte de la formación esencial de toda persona desde niño cuando hace sus primeros juicios morales (Piaget), y aprende en el juego la diferencia del juego permitido o no, cuando controla los esfínteres, y sabe lo que es sucio o limpio.

Cuando se enseña ética hasta que ya están adultos ya es muy tarde; las viejas mañas resultan difíciles de erradicar. O no encuentra a quien se la enseñe bien, sin material de relleno, enredos teóricos, valores sin definiciones, de manera bien intencionada, pero ingenua. Mientras tanto Atlas sigue cargando al mundo sin poder moverlo en la dirección correcta o Mafalda tratando de repararlo.



La ética está llamada a darle la dirección al proyecto de civilización, es el principal punto de apoyo en la palanca humana para lograr la paz.

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¡A las plazas y con las gentes!

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Basta de tiranías elegidas o sin voto,
de robos, de ricos volando sobre casas oscuras
Por el rojo, el verde, el no, el sexo, la alegría,
el respiro libre del aire puro
Los jóvenes han construido plazas con sol, sonrisas, voces,
ideas irrealizables o mundanas
y han llevado agua, frutas y sombra mediterránea
para refrescar dibujos y escritos
La vida simple necesita que nunca se vayan del centro
y de los barrios del suburbio
para que sigan deslegitimando cadáveres enjoyados
intercambiando palabras distintas y sueños opuestos
unidos hasta siempre en la rebelión de la construcción justa
¡A las plazas, barrios y gentes!

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Música: Los coros

ARGENPRESS CULTURAL

En la música para canto se denomina “coro”, “coral” o “agrupación vocal” a un conjunto de personas que interpretan una pieza de música vocal de manera coordinada. Es el medio interpretativo colectivo de las obras cantadas o que requieren la intervención de la voz.

El coro está formado por diferentes tipos de voces, agrupadas en cuerdas. Cada cuerda agrupa las voces en función del registro (intervalo de notas que es capaz de interpretar) de cada una. En total son seis: tres femeninas y tres masculinas.

Femeninas:

Soprano: es la voz más aguda de la mujer o del niño. Su registro oscila entre Do4 y La5. Es la voz que habitualmente soporta la melodía principal.
Mezzo-soprano: es una voz menos común (generalmente cantan en la fila de contraltos). Su registro se sitúa entre el de las sopranos y las contraltos.
Contralto: es la voz grave de las mujeres (generalmente cantan mezzosopranos en esta fila debido a que las verdaderas contralto son poquísimas) o los niños. Su registro oscila entre Fa3 y Re5.

Masculinas:

Tenor: es la voz más aguda de los hombres; suele oscilar entre Si2 y Sol4.
Barítono: es la voz con registro medio de los hombres y la más común; su registro oscila entre el de los bajos y los tenores, y se sitúa entre Sol2 y Mi4
Bajo: es la voz grave y poco común de los hombres; su registro se sitúa entre Mi2 y Do4.

Los coros se componen habitualmente de cuatro cuerdas: sopranos, contraltos, tenores y bajos. Cada cuerda interpreta simultáneamente una melodía diferente, y es gracias a la formación de diferentes acordes que se consiguen los efectos deseados por el autor.

Clasificación de los coros

La tipología coral puede clasificarse atendiendo a diversos criterios:

Por el criterio de instrumentalidad

Coro “a cappella”: cuando el coro canta sin acompañamiento instrumental.
Coro concertante: cuando el coro canta con acompañamiento instrumental.

Por el criterio de timbre

Coro de voces iguales: cuando contienen voces de la misma naturaleza, voces blancas o graves a un mismo tiempo.

Formaciones típicas de coros de voces iguales blancas:

A dos voces: sopranos y contraltos.
A tres voces: sopranos, mezzosopranos y contraltos.
A cuatro voces: sopranos primeras, sopranos segundas, mezzosopranos y contraltos.

Formaciones típicas de voces iguales graves:

A dos voces: tenores y bajos.
A tres voces: tenores, barítonos y bajos.
A cuatro voces: tenores primeros, tenores segundos, barítonos y bajos.
Coro al unísono: No es extraño encontrar coros que cantan al unísono, sobretodo en corales menos profesionales o de aficionados, de música popular, o en muchas parroquias, coros de jóvenes, etc. También los coros que cantan música en canto gregoriano (la antigua música de la Iglesia Católica, que sigue siendo su música oficial) cantan, por exigencias de la partitura, al unísono. Destacan las de muchos monasterios de monjas o monjes, como el caso del Coro de Monjes del Monasterio de Santo Domingo de Silos; el Coro de Monjas del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (Burgos); La Capilla Gregorianista Easo (Donostia - San Sebastian).

Coro de voces mixtas: cuando contienen voces de diferente naturaleza, voces blancas y graves a un mismo tiempo. La composición típica de coros de voces mixtas puede ser:

A cuatro voces: sopranos, contraltos, tenores y bajos. Es la formación más habitual, llamada también por su abreviatura SATB.
A seis voces: sopranos, mezzosopranos, contraltos, tenores, barítonos y bajos.

Tipos de coros en función de la composición de sus voces:

Escolanía: coro de niños o de voces blancas dividido en sopranos y contraltos. Las Escolanías están relacionadas con centros religiosos, debido a la reticencia de las Iglesias cristianas de admitir a las mujeres en los cantos de la liturgia. Las agrupaciones más famosas de voces blancas son los Niños Cantores de Viena, el Coro de niños de Tölz, el Coro de Santo Tomás deJohn College Chorus de Londres. Tradicionalmente en España destacan las Escolanías de diversos templos catedralicios o monasterios, como la Escolanía de la Basílica de la Mare de Déu dels Desemparats, en Valencia o la del Monasterio de Montserrat, el San Lorenzo de El Escorial, La Escolania del Coro Easo, la Escolanía del Recuerdo, la Santa Cruz del Valle de los Caídos y los Niños Cantores de Gijón entre otras muchas.

Coro de mujeres: coro de voces blancas dividido en sopranos, mezzos y contraltos.

Coro de hombres: coro de voces graves dividido en tenores altos, tenores bajos, barítonos y bajos.

Coro mixto: coro de voces blancas y graves. Es el más completo debido a la presencia de toda la gama de tesituras y timbres.

Clasificación de los coros atendiendo al tamaño:

Cuarteto vocal mixto, formado por cuatro cantantes, uno de cada tesitura.

Octeto: duplicación del cuarteto mixto.

Coro de cámara: de reducidas dimensiones (entre diez y veinte cantantes). Aunque habiendo las cuatro tesituras de voces habituales puede cantar cualquier composición habitual, muchas composiciones son específicas para un coro de pequeñas dimensiones.

Coro mixto, coro sinfónico, Orfeón, masa coral (también llamado Schola u otras denominaciones): es la formación más habitual, con diversidad de integrantes, aunque se considera tal a partir de unos 20 o 25 cantantes, a pesar de haber grandes orfeones con más de 100 cantantes. La palabra 'orfeón' proviene de Orfeo, dios griego bajo cuya protección se encontraba el teatro y, especialmente, los grupos de actores (los coros del teatro clásico).

Historia

Desde un principio no se le llamaba coro, si no solo era simplemente un grupo de personas que se reunían a cantar, al principio fue la voz humana imitando a la naturaleza, después a medida que el Hombre evoluciona y se desarrolla,también en los aspectos musicales como la de ser el instrumento musical humano, que es la voz.

El coro va tomando forma y auge en Grecia que es donde nacieron varias de las artes. Los coros eran utilizados para adorar a sus deidades (dioses). También en otras culturas como la Indú se utiliza el canto, esta era una manera de adorar al dios Bahaman que era su deidad superior, también se contaban historias, por medio del canto como ser la creación del mundo.

En el antiguo Egipto la música era considerada como la jerarquía inmediata al Faraón y los principales músicos de la orquesta del palacio real, pero en primer lugar el cantante principal era considerado con rango de parientes de Rey.

En Mesopotamia la música estaba íntimamente asociada con ritos de adoración a los astros y dioses, el dios Ea protector de la música representado por el sonido de un gran tambor y no solo adoraban con intervención de la música, si no que los relacionaban con ella directamente, consideraban que algunos dioses eran músicos según muestran escultores y relieves.

En la antigua China a la música la relacionaban, con el orden del universo y podía afectar la armonía del mundo, se le atribuía a los sonidos poderes mágicos, esta música era capaz de afectar la vida humana positiva o negativamente.

En casi todas estas civilizaciones solo permitían cantar a los hombres, pero a diferencia de Mesopotamia se organizaban coros de mujeres, los cuales al momento que ellas recibían a los hombres, cuando llegaban victoriosos de la guerra entonaban, un canto de alabanza " Coro de Mujeres" al estilo (Antifonal).

El coro surgió en la antigua Grecia como expresión musical y teatral colectiva, el coro siguió existiendo en Roma, donde consta su presencia en actos musicales de circo Flavio, en la época del emperador Claudio.

Ligado en la Edad Media a las funciones litúrgicas, el coro fue adquiriendo mayor importancia gracias a la polifonía en los dos siglos que precedieron al renacimiento.

El coro es un ejercicio colectivo que históricamente nace en el momento en el que un grupo de personas se ponen a cantar juntas bajo unas mismas directrices marcadas por ellas mismos o por la personalidad de un director.

“Coro” proviene del griego “ronda”. Los coros griegos eran formaciones de hombres, mujeres, mixtos o de hombres y niños. Cantaban solamente música monódica, normalmente en el teatro.

En el Antiguo Testamento está documentada la existencia de coros organizados en Israel. Eran coros escolásticos con acompañamiento instrumental cuyo repertorio se transmitía de generación en generación. Los coros estaban compuestos únicamente por varones adultos aunque se permitía añadir niños.

En la Edad Media se forman coros en las iglesias y monasterios para acompañar a la liturgia, normalmente integrados solo por hombres (monasterios masculinos y catedrales) o solo mujeres (monasterios femeninos). En la liturgia habitual respondía y cantaba todo el pueblo conjuntamente (hombres y mujeres). Es también la Edad Media la que inventa una notación musical que llega hasta nuestros días y que nos permite construir el repertorio coral.

A principios del siglo X, en el periodo conocido como Ars antiqua, aparece la polifonía que permite el desarrollo de las agrupaciones vocales. Se canta en principio a dos voces y más tarde a tres y cuatro voces, aunque no en forma de coro sino de solistas (tríos y cuartetos).

En los siglos XIV y XV, en el periodo conocido como Ars nova, los niños pasan a formar parte de los coros, constituyendo las voces agudas de las obras polifónicas.

En el siglo XVI aumenta el número de integrantes y se nombran las voces según su tesitura (cantus, altus, tenor y bassus).

En los siglos XVII y XVIII, en los periodos denominados Barroco y Clasicismo, los coros siguen aumentando el número de integrantes y las voces que designan su tesitura son nombradas con los términos actuales (soprano, contralto, etc.). Aumenta el número de partes vocales reales. Es la época de las grandes obras corales de Händel, Bach, Vivaldi, Haydn y Mozart.

En el siglo XIX, durante el romanticismo, se da una revolución en el mundo coral con la megalomanía de los conjuntos corales que llegan a agrupar a más de ochocientos integrantes y el fenómeno de socialización, siendo los coros considerados como medios de solidaridad y formación de los individuos. El siglo XX continúa con el fenómeno de socialización.

Las posibilidades de una agrupación vocal son casi infinitas. A título de ejemplo, dejamos aquí tres distintos coros para poder apreciar su enorme versatilidad, con una obra del Barroco italiano (Beatus vir, de Antonio Vivaldi), el “Arroz con leche” en tratamiento coral en una fuga a cuatro voces, y un popurrí de obras corales que barre un enorme abanico, para coro mixto.




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Besos herrumbrados

Liliana Perusini (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De los besos…
que di en esta vida,
a muchos los gasté,
en amores perdidos.

Y a otros… los guardo,
para dártelos un día.

Un beso suave,
un beso dulce,
un beso tierno,
mucho amor, en un beso
sólo amor…
todo... todo, en un beso.

Volver a sentir tus labios
humedeciendo los míos,
besarte como antaño,
en la luz y en la sombra,
en cada esquina,
en la casa de mi abuela,
y en el parque de los cerezos,
cuando aquellos besos…
eran tuyos y también míos.

Y no había noches oscuras,
sólo noches de piel y de amor,
y no dos cuerpos, sólo uno.
Y había…
una algarabía de besos
ardientes y puros,
sinceros y bellos.

Besos cobardes no quiero,
ni besos prohibidos,
quiero darte besos nuevos,
besos dulces y húmedos,
besos alumbrados
por el Sol y la Luna.

Quiero arrancar los besos viejos,
de los rincones enmohecidos,
y a los besos herrumbrados,
devolverlos a la vida.

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Familia

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aumentó mi familia.

-¿Tienes un nuevo hermanito?

-No, te explico. Mi papá y mi mamá se han separado... en buen plan. Mi familia siguen siendo ellos dos... y los agregados.

-¿Cómo cuáles?

-La novia de mi papá, el novio de mi mamá, los hijos de la novia de mi papá, los hijos del novio de mi mamá, más los tíos.

¿Cuáles tíos?

-El ex de la novia de mi papá, la ex del novio de mi mamá...

-Pero es una familia interminable...

-Pues... siempre hay novedades, no nos aburrimos.

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Se busca Arthur Rimbaud (Microrelato)

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Y algún día, cuando en la salida de las ciudades y en la entrada de los pueblos nos reciba un cartel que diga: “Se busca Arthur Rimbaud”, no tendremos sitio adónde ir ni resistencia que ofrecer, porque estaremos definitivamente expulsados de la tierra.

Del libro “El vuelo de Caín y otros relatos” (2005).

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Poema marciano

Gustavo E. Etkin (Desde San Salvador de Bahía. Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los seres humanos
qué extraños que son
matan a otros
y piden perdón.

Algunos solamente
comen un poco de arroz
pero aun así
creen en dios.

Se arreglan
y se miran al espejo
y casi nunca
ven un viejo.

Los seres humanos
qué extraños que son
algunos quieren plata para comer
otros para coger
y otros solamente para tener
tener y tener.

Se ensucian para bañarse
y toman baño
para ensuciarse.

Los seres humanos
que extraños que son
saben que van a morir
y quieren reír
reír y reír.

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El dios depuesto

Ricardo San Esteban (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mientras hacía la amansadora, me entretuve en mirar por la ventana, que cambiaba de paisaje como en la televisión. Igualito que allá -me dije- puedo cambiar de programa pero es más o menos lo mismo. En eso se me acercó una especie de ángel, bastante obeso por cierto, informándome que el supremo inquisidor esperaba. Éste -pensé- no ha de poder volar más, debe ser de la burocracia de palacio. Pasé a la otra sala donde el popular santón jugaba distraído con uno de sus bucles.

-Siéntate, hijo mío.

Como no vi silla alguna, lo miré en forma interrogativa. Él me hizo seña para que me sentara en su falda, pero como yo recordaba la anécdota del escarabajo y el águila en la hopalanda de Júpiter, me abstuve por analogía. Después de la muerte, me he achispado bastante. Pero entonces me tomó bruscamente y me sentó con gran ruido de meniscos.

-Debo interrogarte un poco y luego serás puesto a disposición de Zeus-. Señaló hacia arriba con su dedo gordo como una alcantarilla.-Aquí tengo tu foja de servicios.

Denunciaba a los masones y a los comunistas -me apresuré a decir, para caerle en gracia- y fui rompehuelgas y alcahuete de la patronal. Colaboré con la patota secuestradora y robé bebés.

-Ajá.

El inquisidor sacó de su bolsillo un chicle. Si me hubiese convidado no llegaría a aceptarlo, en vida ya rumié bastante. Él hizo un bollito con el envase y de un tincle lo arrojó certeramente.

-He dejado de fumar -aclaró- ¿Nunca fumaste?

No, le respondí.

-Lo bien que has hecho. Te llamas Modesto Cachero ¿No? ¡Ejem! ¡Ah sí! Veamos…Bien.

Me depositó en el suelo y me indicó una gran puerta dorada, empujándome. Había una antesala, una escalera iluminada como la de las vedettes y luego una puertita pequeña, a la que traspasar encorvado. Luego otra, enorme, custodiada por un tipo que ostentaba cinco estrellas, aunque pálido.

-Pasa –me dijo en inglés americano, con un tono como de los de Hawaii- ahí te espera Zeus.

Obvio, me animé a responder. Entré al gran aposento y cuando me acostumbré a la luz cegadora de los spots, ahí estaba. Era de color, gigantesco, sentado en un trono de marfil y tratando de alisarse el pelo. Me acerqué tímidamente y como quien no quiere la cosa, le pregunté dónde estaba Zeus.

-Zeus ahora ser yo.-me respondió con una voz de trueno.-Adelante, blanco de mierda.

No me ofendió por el insulto sino por ser un dios negro. Y yo que fui nazi en la época brava, me dejaba los bigotitos así, creí que Zeus era de otra forma, ario –pensé- pero él me adivinó el pensamiento.

-Tú referirte al Zeus depuesto, yo ser un dios actualizado.

Ahora, mientras pasan los milenios yo paso el lampazo, pero le rezo al diablo, que es buenísimo y todo el día se lo pasa hablando de cuando él era Zeus.

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El infierno se viste de selva

Gildardo Isidro Gutiérrez Isaza (Desde Medellín, Colombia. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Estaba feliz, no cabía en la ropa de la alegría y la emoción. Pensé: "por la inclinación de mi pie izquierdo a la derecha no me van a aceptar". Cuando nos hicieron desnudar sude, temblé, pero trate al máximo de controlar mis nervios; en mi mente estaba el deseo de ser aceptado, de poder ingresar a las filas del Ejército. Mire a mis compañeros, eunos permanecían impávidos, otros algo nerviosos y yo muerto de susto porque sabía que me podían negar el ingreso. El médico, un hombre delgado, más bien escuálido, con ojos vidriosos se fue acercando lentamente, hacía gestos, señas y la auxiliar tomaba nota, cuando llego mi turno, me reviso de pies a cabeza, observo con cuidado mi estructura muscular, mis gruesos y potentes brazos, mi pecho amplio, mi espalda y mis fortalecidos músculos de los pies. Era por constitución un hombre alto, macizo, de complexión atlética. Después de hacer algunos gestos y arrugar la frente, se le acerco a la joven enfermera que lo seguía y le dijo algo al oído, no sé si en relación a mi constitución o al defecto de mi pie izquierdo, lo cierto del caso fue que me aprobaron e ingrese con alborozo al Ejército.

Mi hermano era soldado profesional. Yo lo admiraba y miraba con estupor y con "envidia" las fotos donde aparecía con un contingente de soldados portando sus poderosos y hermosos fusiles AK-47. Una de sus mejores fotos con la cara pintada, su boina de medio lado, su traje de camuflado y donde lucia un hermoso fusil la tenía colgada encima de mi cama, era mi "ángel de la guarda". En mi nochero conservaba cantidad de fotos de él en el monte, de sus diferentes estadías en los batallones y cuarteles donde había prestado servicio y un álbum muy bien organizado de su larga carrera militar. Llegue feliz a casa y le conté a mi madre lo que había pasado, ella se sintió algo triste, pues mi padre había servido en Corea y allí había muerto, nunca se pudo recuperar el cuerpo de este y en cambio el gobierno le había entregado una placa conmemorativa donde rezaba: "Por los servicios prestados, al héroe de la patria muerto en combate en Corea....". Mi madre se la pasaba despierta rezando porque a mi hermano Gustavo no le pasara nada, ya que pasaban meses enteros sin tener noticias de él. Le angustiaba la idea de mi ingreso al ejército y soñaba que aquel problema en el pie fuera un obstáculo, pero ese día, cuando le di la noticia, su semblante cambio, se puso lívida, se santiguo y sin decir una sola palabra se metió a la cocina. La escuche sollozar y sentí mucha pena y dolor por ella, pero en el fondo estaba feliz. Los días pasaron volando, aunque con una ansiedad que no me dejaba dormir. El lunes a las ocho de la mañana me hice presente en el Batallón. No me quise despedir de mi madre, porque ella se acostumbraba a levantar a las cinco de la madrugada y ese día no lo hizo, por lo cual, para no perturbarla más, salí sin hacer decir nada. Después de los controles de rigor, de la formación, del entrenamiento que duro dos meses, nos embarcamos en un majestuoso avión Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana. Todos estábamos felices, pero con los nervios de punta, nos habían dicho que íbamos a reforzar un contingente de hombres que buscaban al "Mono Jojoy", que estuviéramos preparados porque los combates eran violentos y había muchas bajas en ambos bandos. Nos enteramos que los combates se habían prolongado por más de ocho días. Yo había hecho amistad con un joven de escasos diez y ocho años, que vivía en el mismo barrio. Estaba sudando y me mordía la uña del dedo pulgar con ansiedad, por lo que le hable y le dije que se "relajara, que íbamos a estar en la retaguardia detrás de otros hombres más experimentados, de hombres que conocían el terreno, de hombres con una gran trayectoria y probados en el combate". Mis palabras al parecer hicieron efecto y él se calmó y me regalo una gran sonrisa. Dialogamos de cosas sin sentido con el ánimo de espantar los nervios. Cuando nos dieron la orden de alistarnos, me miro y vi en sus ojos el miedo, la muerte. Aquella mirada me dio escalofrió y un sudor frío recorrió mi espalda y sentí que la piel se me erizaba. Cuando me tocó el turno de saltar mi corazón se aceleró y toda la adrenalina fluyo, fue un momento sin precedentes, inexplicable. Allí abajo se libraban cruentos combates, por primera vez iba a entrar en combate, así que me lance al vacío. El aire frío, el vértigo, la velocidad y aquella estepa verde que se abría a mis pies como una sábana verde, hicieron que mi respiración se agitara, después de unos minutos hale la cuerda, el paracaídas se abrió. Cuando toque tierra escuche las explosiones, sentí el rigor de la guerra. Los hombres que combatían corrían de un lado para otro. Busque refugio para poder parapetarme y en mi carrera me topé con el cuerpo sin vida de un soldado profesional. Tenía un tiro en el pecho y otro en el abdomen, estaba destrozado y yacía mirando el cielo como anhelando alcanzar las estrellas. Aquella escena me dio escalofrió. Yo era el puntero, el hombre encargado de ir delante de mi pelotón. Cuando todos se reagruparon recibimos la orden de atacar con todo e ir de frente. Las bajas eran muchos. Empecé a disparar como un loco al frente. La verdad por mi inexperiencia en el combate directo no sabía de dónde nos disparaban, aunque el fuego provenía de toda la selva, de todas las direcciones. Los gritos, las explosiones de los morteros, el olor a pólvora, los fogonazos que salían de entre los árboles, los tiros de fusil que cruzaban silbando, los heridos, los muertos, los árboles destrozados, los aviones que cruzaban el espacio, los helicópteros artillados UH-60 y UH-1H que descargaban todo su arsenal contra los hombres de las FARC, hicieron que quienes soñábamos a la "guerra" despertáramos del sueño y nos encontráramos con el más horrible infierno. La selva ardía en llamas, en fuego, en explosiones y en gritos que provenían de todos lados. El infierno se vestía de muerte, de sangre, de dolor, de tragedia, de miradas de terror. Un grito me saco de mis cavilaciones cuando un sargento con la cara pintada y con unas ramas en su cuerpo se arrastró hasta mí y me dijo: "Cabrón de mierda nos vas a dejar matar, para que te mandaron aquí, dispara, dispara". Aquellas palabras rompieron el trance en que me encontraba y arremetí sin compasión contra los guerrilleros que seguían amparados en la selva. Nos empezamos a internar en el monte, en aquella espesa selva que no permitía ver la luz del sol. Por un instante me sentí solo, cuando mire atrás me encontré con la mirada ausente y llena de terror de mi amigo que me seguía como un autómata. Una explosión que movió el piso me hizo tirar al suelo. Estaba asustado, sin darme cuenta me había orinado en los pantalones, al igual que mi amigo. Aquella explosión había sacudido el piso como si se tratara de un terremoto. Un viento caliente inundo todo alrededor. Cuando abrí los ojos vi a mi amigo completamente destrozado. No pude contenerme y llore de miedo, de pavor. Mi reacción fue levantarme y disparar sin compasión. Corrí hacia delante, hacia donde se encontraban los guerrilleros de las FARC. Si en ese instante alguien me llamo o me grito no lo escuche. Me encontré con tres guerrilleros que estaban camuflados y les descargue varios rafagázos. Seguí disparando y di de baja a varios hombres que corrían en medio de la selva, hasta cuando percibí que los gritos se escuchaban muy lejos, al igual que las explosiones; solo en ese instante reaccione y me di cuenta del error que había cometido, decidí entonces volver, camine despacio apuntando siempre adelante. Observe algunos hombres y pensé que se trataba de mis compañeros, cuando uno de ellos me vio grito: "Chulo" y me disparo, por instinto reaccione y descargue otra ráfaga que le dio de lleno a dos de ellos en el pecho. Corrí desesperado y en ese instante sentí que volaba por el aire. Una nueva explosión sacudió la selva. Cuando desperté estaba atado y me custodiaban varios guerrilleros. En ese momento engrosé la larga lista de los secuestrados de las FARC. Un escalofrió recorrió todo mi ser. Cuantas veces había visto escenas en televisión de aquellos hombres que enjaulados como perros vivían en medio de la selva sin esperanzas de volver a ver a sus familias y a merced de lo que el Estado Central decidiera que hacer con ellos. Mi mente se paralizo al igual que mi cuerpo. Mis sueños se habían truncado en el primer día de combate. Recordé a mi amigo y a los tantos que habíamos arribado a aquellos parajes y que ya estaban muertos; conociendo la suerte de los secuestrados desee estar muerto.

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