miércoles, 15 de junio de 2011

Che, es martes y te espero…

Miguel Longarini (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es martes y naces como siempre;
Con la voz al viento y tu mirada libre.
Naces con el corazón ardiendo,
con el dolor de los pobres metido hasta los huesos;
Con el pecho inmenso de tanto esfuerzo.
Todo lo que se va a veces regresa,
y cómo no regresar hermano del alma
si quienes te esperan hace tiempo
están despiertos, casi huérfanos,
esperando el día de tu nacimiento.
Mi querido Che comandante:
Hijo, hombre y misterio nuestro.
Qué puedo decirte que no te hayan dicho
Qué puedo cantarte que no te cantaran
Nada es tan limpio como tu mirada y tu espejo.
Es Junio del 2011 y desde argentina te escribo:
Che, te espero - hermano como siempre-
Corazón del sentimiento
por los hermanos vivos
…con mis hermanos muertos.

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Barrio que fuiste y serás

Reinaldo Spitaletta (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aquel que dijo que el barrio es la única y definitiva patria del hombre, estaba descubriendo una geografía íntima y subvirtiendo teorías sobre próceres, escudos e himnos nacionales. Aquel que señaló que además de la infancia, el otro avatar que marca al hombre es el barrio (que para algunos se puede reducir a una calle o a una encrucijada), estaba dando pasos hacia la instauración de una metafísica de patios y entejados, de esquinas y balcones. Un antídoto contra la soledad –si es que la soledad requiere de esas contras- puede hallarse junto al mostrador de una vieja tienda o en las piernas de una muchacha que monta en bicicleta. Aquel otro que dijo que para la angustia existencial lo mejor era el olor a tiza y los tacos de billar, estaba quitándole trabajo a los psicoanalistas y dándole valor terapéutico a esa sociabilidad que nace y crece en el bar que está a la vuelta.

El barrio, si se quiere, es una invención de la nostalgia. Es aquel pedazo de alma y de memoria que se siente cuando ya uno ha abandonado los años del asombro y se ha vuelto alguien sin sueños y de panza protuberante. Habitar el barrio primero, aquel de las calles de juego, de la cancha de asfalto, de las rondas nocturnas, es una aventura de la imaginación que va más allá de las casas sin cuota inicial y de las hipotecas. Es la formación de una espacialidad interior, de una topografía imprescindible con ladridos de medianoche o con grillos de pesadilla. Cualquiera que lo haya vivido, sabe a que suenan las bocacalles, sabe a que olía la muchacha de la casa rosada, sabe del murmullo y de la mano que se agita como saludo. Se da cuenta de que nada reemplaza una conversación de acera o la pelea a gritos de los vecinos recién casados.

El barrio crea a veces turbios paisajes de muchachas que se envejecieron sin que ningún donjuán les llevara serenatas o les declarara amores perpetuos. Diseña formas caprichosas en las que un viejo se muere de tanto recordar o de ya no poder hacerlo asomado a una vidriera, o en las que una señora cada mañana sale en bata transparente a barrer las hojas de su otoño irreversible. El que ha vivido en esas geografías no podrá jamás desprenderse del pedacito de cielo de su barrio, que es distinto al del barrio de más allá. Porque hay una cosa incontrovertible: tu barrio tiene la luna más luminosa, el viento más cálido, los árboles con mejores cosechas de pájaros, como lo hubiera dicho un bardo de barriada. Y también los más hábiles para la gambeta o, por qué no, para el puñal. Los que se quedan en el mismo barrio, van sabiendo de los malevos que ya no son, de los vecinos que se fueron, de los romances de calle, de los acordes perdidos de una guitarra, que a lo mejor terminó en una prendería.

Los que se amañaron en el mismo barrio, o por alguna razón no pudieron irse de allí y se quedaron siendo parte del paisaje, saben que por esos predios vivió, por ejemplo, Teresa, la que tenía piernas más lindas que las de Marlene Dietrich. Y Lucía, la que al caminar paralizaba la vida cotidiana. Porque un barrio, cualquiera que él sea, es la reunión a escala del mundo, de sus miserias y fortunas, de sus flaquezas y bellas aspiraciones. Quien lo ha vivido sabe que nada reemplaza el fragor del cafetín, la sonrisa al saludar de la tendera, el pregón del vendedor de frutas, ni mucho menos la manera en que el mendigo te impetra una limosna.

Cuando se habla de barrio, uno puede evocar una novela de Vasco Pratolini, o un aguafuerte de Roberto Arlt, o tal vez las voces de un callejón de El Cairo en una historia de Naguib Mahfuz. Quizá se acuerde del hombre que miraba por una ventana el regreso de unos muchachos que acababan de jugar un partido de fútbol o de la exaltación de una calle con los que van de prisa al trabajo. Pero lo más probable es que te lleguen al corazón, ese que mira al sur, las voces que cantan, por ejemplo, aquello de “¿Dónde está mi barrio, mi cuna maleva, / dónde la guarida, refugio de ayer?”, o se le piante un lagrimón al oír un “ladrido de perros a la luna y el amor escondido en un portón”.

Decía Vicente Huidobro que los cuatro puntos cardinales son tres: norte y sur. Sin embargo, creo que el barrio es el único punto cardinal, aquel donde se cruzan soles y lunas al mismo tiempo, donde se afinan amistades y se ejercita la solidaridad. El barrio es la posibilidad del encuentro (también del desencuentro) con lo que fuimos, con los años invertidos en la construcción de utopías. Es quizá la mejor manera del habitar. Aunque, en este punto, habría que decir de qué tipo de barrio se está hablando, ¿del de invasión, de la villa emergente, de la favela, del tugurio, del cordón de miseria? Y entonces habría que aseverar que el barrio, cuando tiene valor ambiental y simbólico, cuando se hace como lo soñaría por ejemplo Le Corbusier, para circular, recrear cuerpo y espíritu, para el esparcimiento y el intercambio de afectos, es el que todos deberían tener, el de la dignidad y la justicia. Porque también se trata de cantar para que el barrio, el soñado, el imaginado, sea posible.

El barrio es parte de una educación sentimental, de una geografía entrañable, que va más allá de las mentalidades de catastro y de los impuestos prediales. Es la unión de significados: la cerveza del domingo, la muchachada del fútbol, el señor que pinta su fachada en agosto, las peladas recién bañadas que caminan al colegio. Es la calle del adiós y de la bienvenida. Pero a qué hablar de tanto barrio, si, como todos sabemos, es una parcela en extinción: donde hubo un caserón ahora se eleva un edificio de apartamentos como celdas, de hacinamientos y escasísimos verdores. A lo mejor, ya el barrio solo sos vos, tu primer balón, la primera carta de amor que se perdió en una esquina, o es solo una sombra, la sombra de alguien que ya no está. Donde vayas, lo sugería un poeta de Alejandría, el barrio, tu barrio, irá siempre en ti. Bueno, a todas estas tal vez el barrio ya es sólo el lugar de aquellos que “se libraron de la memoria y de la esperanza”. O, como en un valsecito argentino, el barrio es solo el recuerdo de un gesto travieso “después de aquel beso robado al azar”.

(Palabras de presentación del libro “Barrio que fuiste y serás”, Biblioteca Pública Piloto de Medellín, junio 8 de 2011)

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Manuel Belgrano fue mucho más que el creador de la bandera

Ernesto Martinchuk (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando falleció Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, el 20 de junio de 1820, su gran amigo José de San Martín, después de haber liberado a Chile, se aprestaba a zarpar en unas pocas semanas hacia el Perú. La Argentina se debatía en luchas civiles en lugar de estar empeñados en apoyar al Genio de los Andes, en la gran empresa suramericana. Caudillos y gobernadores luchaban por apetitos personales y feudales, mientras los mejores hombres luchaban del otro lado de la cordillera mientras aquí el poder personal y la anarquía desgastaban las fuerzas que no tenía San Martín y sí tuvo Bolívar. Cuando una gran nación lucha por su independencia cualquier otro intento de gloria es secundaria. De allí la justificada frase de Belgrano en el momento de morir: “¡Ay Patria mía!”

Período rico el del medio siglo que duró la vida de Belgrano, motivo por el cual siempre tuvo su inteligencia abierta. Aprendió rápido y fue el gestor inicial de la grandeza y el progreso del país. Mucho de lo que vio y asimiló se refería al comercio marítimo, a las riquezas del mar, a las marinas mercantes y de guerra, a las necesidades portuarias, fomento de conciencia marítima, el estímulo de las producciones que el país podía producir con exceso para exportar y el cuidado de los puertos y vías de comunicación marítima y fluvial. También asimiló en Europa las tendencias comerciales en boga y pensó en ellas para imponerlas en nuestro país con las adaptaciones que fueran necesarias.

Es importante destacar que siendo la Argentina un país marítimo y semi insular, el que sin embargo no ha desarrollado sus capacidades marítimas, cobra más trascendencia esta visión de futuro de Belgrano que ya desde la colonia trata de atraer la atención hacia el mar y sus enormes riquezas. Él es el primero que vislumbra la magnitud espectacular de nuestro patrimonio marítimo.

Belgrano fue un prócer, y las grandes hombres, además de los hechos que han plasmado en la historia de sus países, son aquellos que han visto con mayor alcance y acierto las incógnitas del futuro. Mucha lectura, el conocimiento de la historia del país y de las otras naciones, puede ayudar a tener esas presunciones, pero sólo un hombre genial las asociará y comprenderá en toda su grandeza e importancia.

En ese sentido también San Martín captó la importancia del poder naval en las grandes operaciones estratégicas. Si bien tuvo lecciones históricas en su vida como Aboukir y Trafalgar, grandes batallas de la época, de las cuales saco experiencias y visiones personales, lo cierto es que captó esas enseñanzas integralmente, para ponerlas en vigencia en la campaña libertadora al Perú.

Belgrano tiene el mérito de haber sido el primero en hacer resaltar la importancia del factor marítimo, y si bien no pudo llevar a cabo todas sus ideas, dejó el estudio profundo, la memoria esclarecedora, que orientaron a sus seguidores. Estas ideas rectoras de los próceres, en especial del creador de nuestra bandera, son hoy de gran interés para la Argentina en el afianzamiento de su dominio y soberanía sobre su plataforma marítima, su mar territorial, sus islas del Atlántico Sur y sector Antártico.

La Argentina constituye un rico complejo marítimo de 7.500.000 km2 de extensión, de los cuales 3.500.000 km2 son marítimos, pero buena parte de ellos, pese a innegables razones jurídicas, como históricas y geográficas, están ocupados o son pretendidos por otras naciones, especialmente Inglaterra. Las Islas Malvinas son una herida abierta en nuestro desarrollo histórico, que sólo cerrara con la devolución, por vía diplomática, de las mismas.

Nuestras riquezas pesqueras, el petróleo de nuestro subsuelo submarino, las riquezas en nódulos, sales y algas de nuestra plataforma bajo el mar, que por su extensión se ubica en cuarto lugar entre las principales del mundo, y una de las menos explotadas, nos hacen mirar al mar como el tesoro que nos abrirá sus arcas en un futuro próximo, pero también debemos pensarlo como un objetivo de la codicia extranjera.

Desde el Consulado

Lo fundamental de la obra de Belgrano se cumplió durante los 16 años en que formó parte del Consulado. Como Secretario permanente adquirió prestigio y posición. Siguió desarrollando sus ideas comerciales hasta poco después del movimiento de Mayo, pero luego la patria le exigió improvisarse como general de sus ejércitos.

Dentro de la extensa obra de Belgrano podemos tocar los siguientes puntos:

1.- Libertad progresiva del comercio marítimo: que dirigió con sus ideas y realizaciones acompañado por Juan José Castelli, Hipólito Vieytes, Mariano Moreno, Antonio de las Cajigas, Francisco Antonio de Escalada y Pedro Cerviño, entre otros patriotas.

2.- Fomento de la Marina Mercante: Comprende la creación de la Escuela de Náutica y el proyecto de la creación de una Compañía de Seguros Marítimos, además de numerosos artículos periodísticos e ideas progresistas.

3.- Conocimiento, evaluación y difusión de los intereses marítimos. Belgrano fue el primero en reconocer la magnitud de nuestras riquezas marítimas. Las comentó y las hizo conocer entre sus compatriotas. La pesca, los cetáceos y otros animales del mar, ocuparon su fecunda pluma.

4.- Fomento de Puertos y tareas de hidrografía y seguridad marítima. Dentro de lo que comprende: la Construcción del Muelle de Buenos Aires; la jerarquización de los puertos de Barragán, Maldonado y Carmen de Patagones, el balizamiento, el establecimiento de embarcaciones salvavidas, limpieza de los puertos de Buenos Aires y Montevideo, construcción de faros y aprovechamiento del Río Negro entre otros.

5.- Dirección de la guerra de las embarcaciones corsarias del Consulado de 1801 a 1805.

6.- Influencia de sus ideas marítima en Rivadavia, Sarmiento y Roca.

Estos enunciados que a continuación desarrollaremos, son sólo una parte de su obra que comprende la Educación, Economía, Agricultura, Política y sus importantísimas tareas militares y diplomáticas. Todo lo pensó y lo realizó, en nivel superior y en vasta escala. Se lo puede considerar como uno de los fundadores más capaces de la Independencia y el desarrollo argentino. Si consideramos su patriotismo, su inspiración al anticiparnos nuestro pabellón nacional y su sacrificio humano, pese a su cuerpo endeble y enfermo, tendremos cabal idea de la justificación al reconocimiento de un hombre de primera magnitud en la forja de la República Argentina.

Contextualización histórica

Después del regreso al país de Belgrano, en 1791, hasta su muerte en 1820, España vivió casi continuamente en guerra. Breves períodos de paz, no alcanzaban a recuperarla del debilitamiento general de su poderío.

En 1793, a raíz de la ejecución de Luis XVI, España se alió contra Francia, su aliada casi permanente desde el Pacto de Familia y se puso al lado de Austria, Prusia e Inglaterra.

El 22 de julio de 1795, España se separó de Inglaterra y sus otros aliados y firmó la paz con Francia. Pronto se restauró la alianza galo-hispana. Por el tratado de San Ildefonso de agosto de 1796, ambas naciones se unían definitivamente. España entró así nuevamente en guerra con Inglaterra y obtuvo algunos triunfos pero fue derrotada por el genio de Nelson, en la batalla naval de San Vicente el 14 de febrero de 1797.

En cuanto a Francia, la victoria de Abukir demostró al joven e impetuoso Napoléon, la importancia del poder naval. Si bien a principios de 1801 se firmo la paz de Lunerville y España abandonó la lucha que reiniciaría luego con Portugal.

Francia e Inglaterra reanudan hostilidades en 1803. España ayudando a Francia mantuvo una neutralidad sospechosa hasta 1804 al ser atacada por Inglaterra una división que fue despojada de sus caudales. Esta guerra duró hasta 1808. Durante la misma Inglaterra conquistó el centro de los mares en Trafalgar y Buenos Aires fue atacada dos veces por los ingleses en 1806 y 1807.

Al invadir Napoleón a España y levantarse el pueblo español. Inglaterra se alió con aquella y cooperó con la primera derrota del genio de Córcega, expulsado y vencido a fines de 1813. Al terminar la guerra Peninsular, la armada española solo tenía una pocas naves en actividad.

Todos estos acontecimientos repercutieron sobre Buenos Aires y su comercio. Las naves españolas eran insuficientes para hacer frente al poderío naval inglés. Los comerciantes más liberales pedían entonces libertad de comerciar con los neutrales o aliados para salvar la angustiosa situación. Los monopolistas pedían que aquellas ventajas fueran anuladas.

En 1779 durante la guerra de Emancipación de los Estados Unidos, España intervino contra Inglaterra y el Río de la Plata quedó aislado de la metrópoli y sin recursos. La situación fue planteada por el virrey Vértiz quien sugirió comerciar con los barcos portugueses. El Rey autorizó el comercio con naves neutrales, y con mercaderías que no se producían en España.

Los portugueses se hicieron cargo del tráfico y al estar ligados a los ingleses desde principios de siglo, significó que siguieron enviado, hasta 1873, sus mercaderías al Río de la Plata, de forma legal y violando la disposición de producción en España. El comercio rioplatense creció en tráfico y volumen con excelentes recaudaciones aduaneras. Es lógico reconocer que las mercaderías españolas no podían competir con las inglesas. La revolución industrial traía aparejado una mayor producción, a costos más baratos y de mejor calidad. Se preferían las mercaderías inglesas que entraban por vía legal o de contrabando.

En esos años la recaudación de la Aduana de Buenos Aires era similar a los ingresos de la Aduana de Lima y en 1783 logró superarla, convirtiéndose en el puerto más importante por su comercio en América del Sur.

El principal renglón de exportación de Buenos Aires era el de cuero de ganado vacuno y caballar. Se exportaban también sebo, tasajo, astas, crines, pieles de nutria, plumas de avestruz y se importaban textiles, vinos, aguardientes, artículos manufacturados, zapatos, sombreros, artículos de perfumería y por su puesto esclavos. La carne salada no adquirió mayor volumen hasta fines de siglo.

Otro punto de interés en este período antes de la creación del Consulado, es la creación de la “Real Compañía de Pesca”. La presencia de loberos y balleneros, ingleses y norteamericanos habían devastado nuestro mar austral, costas patagónicas y Malvinas con total impunidad.

España consolidó con presencia permanente sus derechos patagónicos y en 1779 fundó el Puerto de San José, en el golfo de ese nombre en Chubut y más tarde Carmen de Patagones en Río Negro. En 1780 Antonio de Viedma fundó las poblaciones de Deseado y Floridablanca. De estas fundaciones sólo subsistió Carmen de Patagones. Floridablanca fue abandonada en 1784. Deseado fue refundado en 1807 y San José fue destruida por un malón el 7 de agosto de 1810.

Belgrano en el Consulado

Cuando Belgrano llegó al Consulado se encontró con comerciantes interesados en extraer el mayor provecho del régimen monopólico mercantil, sin embargo su capacidad intelectual logró que varios comerciantes y amigos defendieran sus ideas. Lo cierto es que pese a la fuerte oposición de los monopolistas encabezados por Martín de Alzaga, Belgrano trabajo para que se fuera desarrollando una creciente liberalización del sistema que concluiría a fines de 1809.

Belgrano, como Secretario del Consulado, difundía sus ideas por medo de las “Memorias Anuales”, con las que abría los períodos de actuación de ese organismo. También las exponía en los periódicos “Telégrafo Mercantil”, “Semanario de Agricultura” y en el “Correo de Comercio”, donde brindó la mayor parte de sus manifestaciones progresistas del comercio rioplatense.

Teniendo en cuenta su condición de funcionario real y permanente, Manuel Belgrano no podía atacar continua y agresivamente al comercio español. Lo hacía por intermedio de sus amigos compenetrados de sus ideas tales como: Hipólito Vieytes, Juan José Castelli, Francisco Antonio de Escalada, Angel Izquierdo, Pedro Cerviño, Antonio de la Cajigas, Juan José Lezica, Manuel de Labarden, y también varios comerciantes que hacían fortunas, defendiendo la idea del comercio libre con los neutrales, entre los que se encontraban Tomás Antonio Romero, Manuel H. Aguirre, Cristóbal de Aguirre, Juan Esteban Anchorena y Miguel Fernández de Agüero.

Fortunas y negocios poco claros

El Conde de Liniers, hermano de Santiago, se presentó en la corte de Madrid y solicitó permiso para que el comercio español pudiera traficar legalmente con las islas francesas de Borbón y Mauricio. Estas islas estaban en poder de los ingleses y el Conde hacía su negocio favoreciendo a Inglaterra, en ese momento, aliada de España. El permiso fue concedido por Real Orden con fecha 4 de mayo de 1795 y comunicada a los virreyes en América. Era forma de hacer fortuna y negocios del Conde de Liniers, poco claro en sus procederes y cuyo parentesco nada favoreció al futuro héroe de las invasiones inglesas. De este modo se podía exportar carne o harina e introducir esclavos, café, azúcar, cacao o algodón.

La junta del Consulado votó aunque en elección muy reñida, que sólo se permitiera comerciar los productos expresamente permitidos. Ante estos acontecimientos Manuel Belgrano, que tiene voz pero no voto, pero cuya influencia es mucha por sus conocimientos, expuso sus ideas sobre el comercio marítimo en las “Memorias del Consulado”.

“Memorias” del Consulado

Belgrano leyó la primera Memoria en la sesión del 15 de junio de 1793, al inaugurar el segundo año de actividades de la corporación. La misma se denominó “Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio de un país agricultor”.

Recordemos que el Río de la Plata era entonces fundamentalmente ganadeo y Belgrano dedica gran parte de su “Memoria” al fomento de la agricultura, los distintos cultivos y el cuidando de la tierra. Luego pasa a la industria y finalmente habla del comercio en general y expresa: “La ciencia del comercio no se reduce a comprar por diez y vender por veinte, sus principios son más dignos y la extensión que comprenden es mucho más de lo que puede suceder a aquellos que sin conocimiento han emprendido sus negociaciones cuyos productos, habiéndolos deslumbrado los han persuadido de que actúen inteligenciados en ellos”.

Pasa luego a tratar los medios de proteger el comercio y señala la necesidad de una “escuela de comercio” y de establecer “una compañía de seguros”, tanto para el comercio marítimo como para el terrestre. Agrega que se “atienda a los caminos, muelles, limpieza del Puerto de Montevideo, creación de una escuela de náutica, sin cuyos principios nadie puede ser patrón de lancha en este río y además hubiese jóvenes de quien echar manos para las embarcaciones que vinieran de Europa”.

La segunda Memoria de Belgrano fue en 1797, pues en 1796 fue reemplazado por Castelli debido a que se encontraba con licencia por enfermedad. En esta segunda Memoria, el Secretario del Consulado, se refirió al cultivo del lino y del cáñamo. Instrucciones para su cultivo y medios para estimular a los habitantes del Río de la Plata, para dedicarse a estos cultivos fueron desarrollados dejándose constancia de la preocupación que habían puesto sobre ellos los soberanos y autoridades españolas. Los mismos estaban relacionados directamente con la navegación, por cuanto el lino era la base para la fabricación de lonas y velas y el cáñamo par cabos y jarcias. Belgrano lo reconoce al decir que “además nuestras lanchas y barcos menores tendrían cables y demás especies de jarcias con comodidad, de que les resultaría un menor gasto en provecho, sin duda del comercio”

En la memoria de 1798, Belgrano expresó “que el origen de la felicidad de nuestras provincias es la reunión del hacendado y del comerciante”.

El comercio con los neutrales a través de la introducción de mercaderías no permitidas iba contra el comercio del interior, pero también esas mercaderías no podían competir con las extranjeras. El contrabando se producía porque esas mercaderías extranjeras eran de mejor calidad y en precio, pese a la gran distancia que debían recorrer. Claro que muchos eran artículos de lujo y también que las encarecían los recargos de aduana y transportes, combatidos por el Consulado en el comercio interior.

A causa del arribo al Río de la Plata de un barco de bandera portuguesa con un cargamento de esclavos y aguardiente, se promovió un pleito, pues el virrey se negó al desembarco del cargamento. Se solicitó entonces al Administrador de la Aduana un dictamen al respecto y este lo pronunció el 18 de enero de 1798, proponiendo, dada la situación de aislamiento de Buenos Aires y el estancamiento de su comercio, no sólo la entrada del cargamento de la nave, sino que se permitiera el comercio libre con los países neutrales, como había sucedido hacer en La Habana, con grandes benbeficios.

Los virreyes que se sucedieron desde 1799 a 1806 fueron impotentes para detener el comercio con neutrales, o lo admitían como una necesidad. Es decir que en realidad, pese a que mucho de ese comercio favorecía a Inglaterra, el de Buenos Aires sin los permisos resultaba ahogado.

Tanto el virrey Avilés como el virrey Del Pino hasta 1801, permitieron licencias y permisos para el comercio con neutrales y en barcos del mismo origen. No olvidemos que este comercio facilitaba un intenso contrabando. En 1805 Estados Unidos traían esclavos y manufacturas en sus barcos. Entraron 22 buques al puerto de Montevideo y 11 descargaron esclavos de África.

Primera Invasión inglesa

A mediados de 1806 Buenos Aires se vio conmovida por la primera invasión inglesa. Ocupada la ciudad por la audacia de Pophan y las fuerzas comandadas por Beresford. Recordamos las ideas de Sir Home Popham sobre comercio de Buenos Aires, expuestas en partes remitidos a la oficialidad y que expresaban:

I°) Que el comercio marítimo se hace con naves mercantes norteamericanas y portuguesas, estas últimas cubriendo a casas españolas y francesas con su pabellón.

II°) Que el contrabando es de gran volumen y permitido por los mismos funcionarios españoles que debían combatirlo.

III°) Que el Río de la Plata puede surtir de carne salada a las Antillas, el Cabo, la India y al Mediterráneo.

IV° Que también en las Antillas se las puede surtir de maíz y harina, que juntamente con la carne salada podrían competir y hacer bajar los precios de esas mercaderías provenientes de los Estados Unidos de América.

V°) Que se introducen 2.000 esclavos por año en el país y que dos tercios siguen viaje con destino al Perú. Este comercio ha sido realizado por los portugueses y podría serlo por los ingleses.

La toma de Buenos Aires, produjo un gran entusiasmo en Londres y casi un centenar de naves mercantes se aprestaron y zarparon rumbo al Río de la Plata. Cuando amarraron a nuestras costas ya la ciudad había sido reconquistada, pero los comerciantes ingleses trataron entonces de vender sus mercaderías a menor precio.

Entre las medidas adoptadas por Beresford, se encuentra declarar el “libre” comercio. El consulado porteño, mientras tanto había tenido una activa participación en la guerra contra los corsarios ingleses, no la tuvo igual cuando el invasor ocupó la capital servilmente le prestó juramento y obediencia.

Belgrano se excusó de esa medida que le repugnaba y la evitó viajando a la capilla de Mercedes en la Banda Oriental.

Cuando Buenos Aires fue reconquistada, el Consulado votó la prohibición de comerciar con neutrales y la permanencia de buques extranjeros en aguas del Río de la Plata. A esta medida se opuso Juan José de Lezica.

Los ingleses había sido expulsados, pero su poder naval les permitía permanecer en nuestras aguas, reunir más de 10.000 hombres en varias expediciones y volver a atacar, apoderarse de Montevideo, el mejor puerto del Plata y tratar de ocupar por segunda vez Buenos Aires. Las autoridades inglesas, una vez asentadas en Montevideo, abrieron el puerto a los navíos mercante cuyos capitanes esperaban ansiosos el momento de desembarcar y vender sus cargamentos de géneros y productos manufacturados. Los derechos de aduana fijados fueron muy bajos y alrededor de 2.000 comerciantes y empleados ingleses irrumpieron en la plaza. Montevideo no podía absorver tanto giro comercial y entonces se recurrió al expediente comercial de siempre, la introducción de mercaderías de contrabando en Buenos Aires, a través del Delta y el puerto de las Conchas.

Segunda Invasión inglesa

El segundo ataque inglés a Buenos Aires fracasó ante la heroica y férrea defensa de las pocas tropas veteranas, los improvisados milicianos, el pueblo, los esclavos y hasta los niños. Las rentas de aduana cayeron estrepitosamente debido a la guerra.

Después de la hora tan gloriosa de Buenos Aires, los ingleses permanecían en Montevideo y las mercaderías seguían entrando de contrabando. Es importante destacar lo expuesto por el Secretario de Estado inglés de la Cartera de Guerra, Vizconde de Castlereagh, quién después de las invasiones dijo: “Hasta podría dudarse de si las silenciosas e imperceptibles operaciones del intercambio comercial ilícito que mantenemos con aquella porción del mundo durante la guerra, serían más operantes y beneficiosas cuando los abordamos sólo como comerciantes que cuando la abordamos como enemigos, lo cual presta al gobierno local nuevas energías que, con seguridad, le permitan hacer cumplir mejor las disposiciones prohibitivas contra nuestro comercio”.

La introducción de efectos ingleses de contrabando, sin embargo, produjo una situación de crisis en el virreinato. Pues los productos de comercio interior hacia Buenos Aires, habían sido reemplazados por los ingleses. También desde las invasiones se acrecentó la rivalidad comercial y política entre Buenos Aires y Montevideo, iniciándose un largo proceso que terminaría con la separación de la Banda Oriental.

Cisneros, el último virrey

Producida la invasión de España por los franceses y el levantamiento de los españoles el 2 de mayo de 1808, se produjo un acercamiento de ingleses y españoles, y la tercera invasión inglesas a Buenos Aires, que dirigía el futuro Duque de Wellington, desembarcó en España para combatir junto a su flamante aliada. Por esa razón Liniers permitía parcialmente el comercio con los ingleses, sobre todo desde el momento en que Carlos IV y Fernando VII fueron prisioneros de Napoleón. Liniers apoyado por los criollos queda triunfante, pero unos meses después llegó a Montevideo el nuevo virrey, Brigadier de Marina Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Un grupo de patriotas, liderados por Belgrano, entre los que se encontraban Cornelio Saavedra y Martín Rodríguez, -que apoyaban el “carlotismo”- trató de evitar la toma de posesión del nuevo virrey y lograr que Liniers se pusiera al frente de la oposición. No obstante el últimos virrey de Buenos Aires se hizo cargo de sus funciones en medio de una crisis política y comercial.

El rendimiento de la Aduana era prácticamente nulo por la inexistencia del tráfico comercial español y la anulación del neutral. Por otra parte, los gastos de mantenimiento de la tropa creada con motivo de las invasiones y de la administración, que crecía con la importancia de Buenos Aires eran sumamente elevados. De manera que Cisneros se veía ante la inmediata e imperiosa necesidad de arbitrar fondos. Dice Belgrano del virrey en su autobiografía: “Las cosas de España empeoraban y mis amigos buscan de entrar en relación con Cisneros. Este se había explicado de algún modo y, a no tener la horrenda canalla de oidores que lo rodeaba, seguramente hubiera entrado por si en nuestros intereses”.

Cisneros llegó al virreinato con órdenes de no permitir el comercio con neutrales, pero las circunstancias que encontró lo predispusieron a favor de esa medida. Por otra parte la alianza de España e Inglaterra protegía al comercio inglés y el espíritu era otorgarle concesiones. Prestaciones de comerciantes ingleses, la opinión del Consulado que apreciaba que se debía permitir el comercio siempre que no perjudicara a la metrópoli, y el Cabildo que también se pronunció por el comercio con neutrales, favorecían las condiciones para adoptar la medida.

Una respuesta contraria a las anteriores fue la adoptada por el Consulado de Cádiz, que respondía a los intereses monopolistas de aquella ciudad. Por otra parte, José de la Rosa, apoderado de los labradores hacendados, que trataba de obtener la representación de toda la Banda Oriental, se dirigió al virrey informando que había 6.000.000 millones de cueros “estancados”. De la Rosa era apoyado por Belgrano y el 30 de setiembre presentó la famosa “Representación de los hacendados y labradores” escrita por el Dr. Mariano Moreno.

La “Representación” tiene argumentos legales y económicos. Las primeras, sin dudas, corresponden a Mariano Moreno, pero las segunda responde a la prédica constante de Belgrano para una mayor liberación del comercio, idea que pregonaba desde hacía más de 15 años.

En otro párrafo de la “Representación” se pedía que las negociaciones inglesas no se hicieran solamente con comerciantes matriculados, tal como lo indicaba el Consulado, sino por españoles, matriculados o no. También se solicitaba quela extracción de frutos nacionales no fuera gravada por ser excesivos. Se pronuncia por la libre extracción de la plata, pues hará bajar su valor y se prefería entonces adquirir dinero en metal por resultar más conveniente, según las formulas del liberalismo económico del siglo XVIII.

Animado por la necesidad y respaldado por las argumentaciones en pro del comercio libre, Cisneros convocó una Junta Consultiva, integrada por miembros del Consulado, del Cabildo y de la Audiencia. También estuvieron representados los hacendados a través de Juan José Castelli, y también el comercio representados por Tomás Antonio Romero. Finalmente Cisneros expidió el “Reglamento de libre Comercio” el 6 de noviembre de 1809.

Las principales cláusulas establecían que los consignatarios fueran comerciantes españoles que debían presentar manifiestos y facturas ante de las 24 horas del arribo del buque, credencial de propiedad y patente de las autoridades del puerto, entre otras. Los productos cuya introducción fuese perjudicial a la industria del país pagarían, además de los derechos aduaneros, 12% adicional. Se prohibía la importación de aceites, vinos, vinagres y aguardientes extranjeros, excepto el de caña. Los cueros que se exportaban abonarían derechos municipales. Lo sebos, lanas, pieles, cueros de animales raros, estaban recargados un 20%. El trigo, la harina y otros cereales y frutas pagaban el 2% de su valor y los vinos abonaban para su exportación 10 pesos por barril. Se prohibía la extracción de oro y plata y los extranjeros podían traer buques en lastre para cargar el sobrante de precio sobre los que habían introducido, es decir que así debían llevarse “frutos de la tierra” y no dinero.

Comercio en manos británicas

Producida la Revolución de Mayo, la Junta Provisional de Gobierno rebajó los derechos de exportación de frutos del país. Esta tendencia a disminuir derechos de exportación siguió en 1811 y se acrecentó con el Reglamento sancionado el 21 de enero de 1812.

El comercio exterior, en su gran mayoría, pasó a manos británicas debido a que su marina mercante y su comercio eran mayores que los del resto de las naciones del mundo, y porque aquí no había marinos, teníamos pocos buques y era necesario crear una marina mercante nacional. Como consecuencia del libre comercio, Buenos Aires y Río de Janeiro quedaron rebasados de productos ingleses. Cabe destacar que en enero de 1810 había frente al puerto de Buenos Aires 50 naves inglesas repletas de mercaderías.

Terminado el comercio con los países neutrales en forma dispositiva, pero continuando en la práctica y por necesidad con “permisos” y restricciones, el último vibrante alegato sobre una mayor libertad de comercio lo expresó Pedro Cerviño con motivo de la inauguración oficial de la Academia de Náutica, el 25 de noviembre de 1795. Belgrano leyó el acta constitutiva y Cerviño pronuncio un a fogosa argumentación al señalar que: “Con frutos y marina haremos un comercio activo; nuestras relaciones mercantiles tomarán la extensión de que son capaces; ya no seremos comisionistas serviles de los extranjeros; nuestras embarcaciones irán a los puertos del norte, los fletes que hasta ahora han utilizado y dado fomento a la marina de los enemigos del Estado, se difundirán en la nación y la harán rica y opulenta”.

Este discurso provocó una reacción entre los monopolistas y Alzaga califico sus teorías de “insolentes, heréticas y subversivas”. Trato por todos los medios que el discurso no fuera impreso, pero el virrey no opinó lo mismo y se lograron publicar algunos ejemplares.

Belgrano, en 1802, hace un cálido elogio de Cerviño al inaugurar los certámenes públicos de la Academia de Náutica.

La influencia de Belgrano

Vimos la influencia de Belgrano en la liberación del comercio, hasta el año 1800. Veamos ahora como durante la primera década del siglo XIX continuó con sus ideas y realizaciones hasta la Revolución de Mayo. En primer lugar, desarrolló una acción que directa o indirectamente contribuía a impulsar el comercio marítimo. Tenemos así sus realizaciones por un desarrollo rioplatense de la marina mercante con la creación de una escuela náutica y su intervención en las acciones militares de corso o en las fluviales de defensa o expedicionarias. Realizó o contribuyó a realizar una labor portuaria e hidrográfica de gran interés, incluyendo el muelle de Buenos Aires, habilitación de puertos secundarios, balizamiento y mejoramiento de vías navegables. Estimuló las producciones que podían incrementar el comercio, tales como la agricultura, ganadería e industria, el cultivo de lino y cáñamo, de gran aplicación en la industria naval. Publicó en escritos o en el “Correo de Comercio”, el movimiento de naves y noticias náuticas e los puertos del Plata.

En el “Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata” dirigido por el Coronel Francisco Centeno Cabello y Mesa, que se publicó desde el 1° de abril de 1801 hasta el 17 de octubre de 1802, se encuentran diversas ideas cuya paternidad son de Belgrano, porque repiten conceptos de sus “Memorias” del Consulado o son de su estilo y formación. En el N° 4 del 11 de abril de 1801, se escribe sobre la necesidad de implantación de una fábrica de “Lonas y toda especie de telas, no sólo para promover navegación mercantil que ya empieza a tener incremento en estos puertos, sino para la armada y la navegación de la península en ciertos casos”. La memoria de estos hechos señala “solo sirven para aplicarnos a remediarlos fomentando la agricultura, la industria y el comercio”.

Propulsaba el crecimiento y mejora de los puertos del país para hacer un comercio exclusivo por su abundancia y perfección, pues “nadie podrá entrar en comunicación con nosotros”.

“En el fruto más abundante los cueros y pieles, tenemos pues cuanto necesitamos para la curtiembre”, luego se refiere a la industria y todo lo relativo a la misma, inclusive lo que era motivo de grave preocupación, la polilla de los cueros, “desterraremos con las curtiembres la cual”, indicaba cuánto se beneficiaban los comerciantes que no eran del medio, con nuestras pieles y cuanto se fomentaría el comercio nacional con la curtiembre de cueros.

En un párrafo reproducía este pensamiento: “Yo no me atrevo a decidir pero si clamare ante esta ilustre Universidad, para que en la parte que le toque medite y piense en lo mejor que puede traer utilidad a esta Provincia, que se halla en la obligación de atender, pues de ser bien este debe resultar el de la Madre Patria”.

Desde 1803 hasta 1807, Belgrano se ocupó, entre otros temas, del muele, la Escuela de Náutica, las invasiones inglesas y sus escritos económicos. En las memorias del Consulado de los años 1804 y 1805, se refieren a los viajes científicos por los ríos del virreinato, levantando sus planos topográficos, y la necesidad de aumentar nuestra población. En la memoria del año 1807 se refirió al comercio interior, aunque no se conoce su texto, lo mismo que las de los años 1808 y 1809, que se suponen dedicadas, la primera al plan estadístico del virreinato y la segunda a la apertura del comercio con los países neutrales.

En la memoria que Belgrano realizó en los certámenes públicos de la Academia de Náutica, en enero de 1806, y que fue publicada en el “Semanario de Agricultura” expresó: “el hombre inflamado por el deseo de engrandecerse, comienza por ser pastor, sigue labrador y acaba siendo comerciante”. Impulsa el estudio de la matemática como ciencia auxiliar del comercio.

Más adelante expresa: “conocida la necesidad de embarcaciones propias para exportar nuestros voluminosos frutos, se auxilian de las matemáticas que en todos los objetos exceden su poderío, y se levantan astilleros a las márgenes de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, pecheros del de la Plata y ya hemos visto que surcaban sus aguas hermosas fragatas y otros buques que llegaron a la Europa para ser la admiración del extrangero por sus exquisitas maderas, tal vez alguna por su elegante construcción”.

El “Correo de Comercio”

En el “Correo de Comercio” que se editó el 3 de mayo de 1810 al 6 de abril de 1811 bajo la dirección de Belgrano, éste reunió muchas de sus ideas económicas e instruyó a la generación de Mayo en las ramas de la agricultura, la industria y el comercio.

El “Correo” era un semanario del que se editaron 52 números en él Belgrano volvió a volcar muchas de sus ideas, ya expuestas en sus “Memorias” del Consulado. Surgen en sus páginas el continuo estímulo a la colonización y la promoción de la agricultura, la ganadería, el comercio, y la industria. También expone descripciones geográficas, labores rurales, y temas literarios.

En el número uno figura una dedicatoria a los labradores y luego reflexiones sobre el comercio indicando la mayor importancia del exterior sobre el interior, y considerando la plata y el oro como “frutos del país” y se cita a Adam Smith expresando: “un país que no tiene minas, debe por necesidad arrancar la plata y el oro de países extranjeros, del mismo modo que el que no tiene viñas conduce el vino que necesita consumir” y continúa haciendo referencia a este tema en el número dos de ese semanario con argumentos de la “Representación de los Hacendados”. Bajo el título de “Navegación” se llama la atención sobre el puerto de Ensenada de Barragán, en la provincia de Buenos Aires, y sus posibilidades.

En el número 28, del sábado 8 de setiembre de 1810, en plena marcha del proceso revolucionario, se continúa un artículo sobre el comercio donde expresa: “La riqueza real de un Estado es el más grande grado de independencia en que está de los otros para sus necesidades y el de mayor sobrante que tiene para exportar” y expone los siguientes principios comerciales de los ingleses:

* “La exportación de los superfluos es la ganancia más clara que puede hacer una nación”.

* ”El modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra, es ponerlas ante con otra o manufacturadas”.

* ”La importación de mercancías que impidan el comercio de las del país, o perjudican el progreso de sus manufacturas y de su cultivo, lleva tras si necesariamente la ruina de una nación”.

* ”La importación de las mercaderías extranjeras de puro luxo a cambio de dinero quando este no es un fruto del país como es el nuestro, es una verdadera pérdida para el Estado”

* ”Es un comercio ventajoso dar sus baxeles a flete a las otras naciones”.

En el número siguiente, se refiere al comercio interior, haciendo interesantes reflexiones sobre la necesidad del legislador de frenar la producción de artículos de lujo y “aliviar con franquezas y privilegios la parte que sufre”.

En el número 31, del 29 de setiembre de 1810, divide a los comerciantes en tres categorías: “Regatones”, aquellos que compran las producciones para revenderlas en pequeñas partes a los ciudadanos. Resultan más cómodos que necesarios y frenan parte del comercio interno. Los “Manufactureros”, que dan forma a las materias, dando trabajo y conduciendo a un grupo de hombres; califica a esta categoría de muy necesaria. Finalmente, están los “Negociantes”, que hacen “pasar al extrangero las producciones de su patria, para cambiarlas por otras producciones necesarias o por el dinero” y agrega: “Esta profesión es muy necesaria porque ella es el alma de la navegación y aumenta las riquezas relativas del estado”.

En el número siguiente se refiere a la agricultura, destacando que los pueblos sólo la utilizan como subsistencia, para cubrir sus necesidades, han vivido en “el temor de sus miserias y las han experimentado a veces”, pero aquellos que la han tomado como objeto de comercio han gozado de una abundancia muy sostenida. Cita el ejemplo de Inglaterra y su enriquecimiento por la exportación de granos y el fomento de la navegación.

En los números 34 y 35 se refiere a la construcción de “almacenamiento de trigo” para “entretener la abundancia en el reyno” y los problemas que plantea son aplicables a la falta de silos en nuestro país.

En el número 37 se refiere a la entrada de materias prima extranjeras y dice: “Quando se puede esperar recogerlas con su propio fondo en cantidad suficiente y que ellas no necesitan un poco de favor en el precio para animar la agricultura, la proporción del derecho debe entonces reglarse sobre las necesidades de las manufacturas y sobre el valor que falta al cultivo”. Y agrega: “Quando una materia prima entre en alguna forma que también podría haberse dado por la nación que la compra, no es justo que entre transformada como si no tuviese nada de obra… las manufacturas deben dar a las tierras de un estado el mayor valor posible y a sus hombres la mayor abundancia de trabajo”.

En el número 39 de fecha 24 de noviembre de 1810 se refiere a la navegación y expresa: “Toda nación, que dexa hacer por otras un a navegación que podría emprender ella misma, disminuye sus fuerzas reales y relativas a favor de sus rivales”.

En el número 40 del 1° de diciembre de 1810 refiriéndose al comercio marítimo dice: “Si una nación navega por otra, o abarca el monopolio de sus mercaderías, que viene a ser lo mismo, la agricultura y las manufacturas de ésta serán restringidas a animadas según el interés que encontrará en ella la primera” , es decir que el trabajo del pueblo y los recursos del estado vendedor, estarán en mano del estado navegante y finaliza: “De donde se puede concluir que la salud y la conservación de un estado exige que no dexen jamás entrar a los extranjeros en concurrencia con sus navegadores en la exportación de sus producciones, ni en la importación de las mercaderías de quai no hay necesidad”. Refiriéndose a los puertos expresa: “la abundancia de los buenos puertos es una de las mayores incitaciones par la navegación”.

La grandeza de Belgrano

Belgrano no estaba errado en sus apreciaciones y propiciaba un tratamiento de las materias primas que se exportaban con el objeto de lograr una mayor ganancia en el intercambio y por eso insistía en la industria de la curtiembre, que además de producir trabajo producía mayores dividendos que la exportación de cueros sin tratar.

El Secretario del Consulado propiciaba y realizó hechos positivos en pos del engrandecimiento económico del virreinato. En ese sentido bregó por la creación de una marina mercante, construida en el país, con el fin de que los países marítimos, no nos quitaran parte de nuestras riquezas con los fletes, ni dominaran nuestro comercio. También trataba de mejorar puertos, muelles, la navegación fluvial, el balizamiento y la realización de tareas hidrográficas, para ampliar y facilitar el comercio. De esta manera dejó trazado el camino para el futuro. Con la liberación del comercio trataba de abolir el contrabando que traficaba con productos que faltaban en el país y suplía en parte el comercio libre, pero no dejaba beneficios para el estado y solo servía para el enriquecimiento de comerciantes y funcionarios venales. Buscaba, además, el progreso de su país, su crecimiento económico y por ello el librecambismo que sólo favorecía a Buenos Aires y perjudicaba al comercio la industria del interior, estaba protegiendo la industria propia.

Belgrano fue uno de los hombres más importantes, sino el principal, que impulsó al país en los aspectos económicos hacia su independencia.

De toda la correspondencia sostenida con San Martín y Martín Guido, se desprende el conocimiento e interés que tenía Belgrano por la lucha y los asuntos marítimos, demostrando una clara comprensión del poder naval y del dominio del mar, poco común en aquellos tiempos. Desde su época de redactor del “Correo de Comercio” y aún antes, en el Consulado, Belgrano había escrito sobre la necesidad de una marina mercante y también de guerra.

Después de llegar a Buenos Aires, Manuel Belgrano vivió sus últimos días en su casa, cerca del convento de Santo Domingo, a pocos metros del río que desde su más tierna infancia le despertaron su curiosidad por el mar y su comercio.

En Manuel Belgrano encontramos la génesis de los desarrollos posteriores y la solución a problemas que no pudo resolver un su tiempo. Muchos de sus escritos tienen hoy vigencia. La labor de Belgrano fue extraordinaria, ella sólo sería suficiente para labrar la gloria de un hombre, sin embargo, sabemos que fue una de las tantas tareas realizadas por el prócer que también tuvo facetas en lo militar, diplomático, comercial, educativo, político, periodístico y cultural. Cuando la revolución se apoderó y ocupó su vida, ya casi no le quedó tiempo para otra cosa que no fuera luchar por su país. La labor más importante en lo relacionado a lo marítimo lo realizó antes de mayo de 1810, junto con varias reformas en lo económico y cultural. Belgrano fue grande antes de crear la bandera, en su expedición por el Paraná al Paraguay, vencer en Tucumán y Salta, por la labor que realizó en la época hispánica en pro del desarrollo del país.-

Ernesto Martinchuk es periodista, docente, investigador y documentalista.

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Huidos y alzados: La esclavitud en canarias

Liberto Asudem Ibaraden (Desde Artejevez, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Recientemente un amigo muy querido aunque solo sea aun virtualmente me comentaba que el tenia una idea muy distinta a la que yo le planteaba (con argumentos), de lo que era Canarias; el Archipiélago Canario.
Yo le aclaré que esa visión idílica de nuestra tierra no era falsa, tan solo que no se correspondía con toda la verdad. Mi amigo lo entendió al instante. No es lo mismo que te hablen de las Islas personas que tienen un cierto status económico y social y laboral, que lo haga una persona que en el boom de los sesenta en Canarias, se vieron obligadas a una migración interior.
Muchos canarios que nacieron y se criaron en el campo canario se fueron a las zonas del sur de Gran canaria o de Tenerife o a sus capitales en busca de mejores condiciones de vida. Es obvio que las respuestas no van a ser iguales de personas nacidas en la ciudad y por lo tanto con cierta ventaja de los que tuvieron que irse allí forzosamente, -casi con lo puesto y sin un trabajo fijo- que de personas nacidas, criadas y educadas en esas dos grandes capitales canarias....
Podría parecer que exagero, pero a las pruebas, a la tozuda, implacable realidad me remito, los remito. No solo no van a ser iguales los puntos de vistas, las visiones, las experiencias de unos de y de otros sino que pareciera que hablasen de sitios, de lugares distintos, distantes.....y ambos hablan de Canarias....
Desgraciadamente no hablo de oídas, de leer, o de ver, sino de experimentar, de convivir... de conocer ambas realidades....Y es duro. Muy duro. Es cierto que nuestros amigos, familiares, conocidos ya no tenían que cruzar el Atlántico, como desde principios del siglo XX hasta en los cuarenta y cincuenta, pero no dejaba de ser un trauma.... Sino no se entiende que todos estos migrantes interiores desde que tienen la oportunidad o se jubilan regresan a sus poblaciones de origen...
Pues esto es nada más y nada menos que los últimos coletazos de lo que fue la cruel, infame, vil ESCLAVITUD EN CANARIAS.
Algunos se preguntarán que tiene que ver una cosa con otra: reflexionen un momento y encontrarán las respuestas: desde la Conquista y la Posterior Colonización los nobles, terratenientes y demás poderosos querían recuperar lo invertido en las distintas arribadas a las islas:
En un primer momento lo más rentables eran los cultivos de azúcar. Las necesidades de mano de obra para hacer las tareas más duras en su plantación y recogida, junto a la parcial desaparición de gran parte de la población aborigen, entre otras causas, dieron lugar a la entrada de esclavos africanos.
(Los cronistas recogen que aunque en un primer momento la transculturación fue espontánea, no todos van a tener el mismo carácter. Las incursiones esclavistas que desde los primeros momentos azotan al Archipiélago, propician otro tipo de aculturación, de tipo violento e individual con los esclavizados, que arrancados de su lugar de origen son obligados a vivir en otro diferente y desconocido al suyo. En realidad, aquí no existe intercambio, limitándose a ser la mera imposición de la cultura del captor sobre el aborigen.
Según los historiadores de este oscuro periodo de nuestra historia, coinciden en afirmar que en el segundo momento del proceso acontece después de la conquista, bajo una forma de denominada “aculturación compulsiva”, en la cual el grupo dominante no deja opción al aborigen para seguir la vivencia de su cultura, sino que IMPONE LA SUYA DE MANERA TOTAL. LA CONQUISTA VIOLENTA SUPONE LA RÁPIDA IMPLANTACIÓN EN LAS ISLAS DE UNAS ESTRUCTURAS SOCIALES, ECONÓMICAS Y POLÍTICO-JURÍDICAS TOTALMENTE NUEVAS Y AJENAS A LAS ANTERIORES.
Es necesario, desde el punto de vista de los conquistadores, acabar totalmente con la cultura aborigen como única manera de rentabilizar la empresa de asentamiento. Este CAMBIO SE DEJA SENTIR SOBE TODO EN EL ASPECTO ECONÓMICO AL INTRODUCIRSE UN SISTEMA DE PROPIEDAD PRIVADA QUE ES AJENO A LOS CANARIOS. ESTE LE QUITA SUS TIERRAS, SUS PASTOS, SOMETIÉNDOLOS AL TRABAJO COMO ESCLAVOS O SIERVOS O EXPULSÁNDOLOS DE LA ISLA ALEGANDO QUE REPRESENTAN UN PELIGRO SOCIAL.
Aunque la reacción aborigen no es unitaria, ni siquiera dentro de una isla. Solo aspectos como la liberación de esclavos por sus hermanos de sangre o la protesta colectiva de grupos aborígenes nos muestra cierta cohesión étnica.
La conquista y la aculturación compulsiva (un eufemismo para no decir que los invasores consiguieron sus fines basándose en mentiras, argucias, falsedades. y fuertes castigos a los que no se sometían....), supuso una doble reacción de los aborígenes: en lo colectivo con la huida a sitios inaccesibles, la fuga de la isla, o el paso de la población desde los bandos de guerra a los bandos de paz, lo que para mas colmo dio oportunidad a los conquistadores para atacar y esclavizar a sus habitantes, acusándolos falsamente de encubridores..
De manera individual, aparte de los suicidios (aquello de prefiero morir de pie que vivir de rodillas que ya nuestros antepasados mostraban cuanto apreciaban vivir en Libertad.... o el lema más moderno de Patria o muerte).
El esclavo es considerado comúnmente un marginado social y sobre él recaen los apelativos de vago, hechicero o rebelde, especialmente por las frecuentes tentativas de huida y alzamiento.
Pues desde este periodo se ha continuado perpetuando el sistema económico que fuese más rentable a los terratenientes: si primero fueron los ingenios azucareros, después vendría la cochinilla, los vinos, hasta los sucesivos monocultivos que interesaran a los dueños de los capitales, jamás pensando en el bien general de la población...
Por este motivo, a los que tenían el dinero en Canarias en esos sesenta y setenta para nada tampoco tuvieron en cuenta a la mayoría de la población canaria: si a principios del siglo XX introducen en algunas poblaciones el cultivo y la comercialización del tomate, y en las capitales y en las zonas del sur de las dos grandes islas surge un incipiente turismo, es siempre pensando en obtener los máximos beneficios, con la menor inversión y utilizando la menor mano de obra.
Y más aun cuando Canarias todavía era considerada una Colonia de Ultramar cuya metrópolis era/es el estado dictatorial franquista.
Por todos estos motivos, pienso y siento que mis Familiares son los (esclavos del siglo XX, con las leyes formales que le otorgaban ciertos derechos....) que fueron llamados por esos cantos de sirenas de los sesenta y setenta en los lugares turísticos y en las dos grandes capitales -hoy día muchos jubilados- quisieran volver al cacho de tierrita que dejaron cuando si hubieran podido decidir no se hubieran marchado. Es más. Bastantes de mis familiares unos, desgraciadamente no pudieron ver cumplido ese último deseo de vivir -sólo han venido a descansar a “su” Cementerio, con sus antepasados- en su pueblo, sin embargo otros sí que han visto cumplido ese fuerte anhelo. Y hoy viven felices en el cacho de tierra que dejaron cuando tuvieron que marchar. y no por gusto... NO POR GUSTO... Y PA´LAS TRES PERRAS DE MIERDA QUE LE PAGAN POR LA JUBILACIÓN, A LAS QUE NO QUEDARON VIUDAS...

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Ideas para la despenalización del aborto en Venezuela: Sociedad abortada, milagro en espera

Indira Carpio Olivo

En Venezuela, aproximadamente 6.4% de las adolescentes tuvieron un aborto en 2009, por causas orgánicas o inducidos por embarazo no deseado y la cifra tiende al alza. Es decir, de una población de 2.669.031 (1) adolescentes en el país, más de 150 mil niñas venezolanas interrumpieron su embarazo.

La mortalidad materna más alta de la nación se concentra en las edades comprendidas entre los 12 y los 23 años, con 37.3% de los decesos en esas madres. Sólo en 2009 murieron 144 personas de las edades referenciadas y un total de 397 mujeres durante ese año.

Estas cifras corresponden a los casos tratados y conocidos por las autoridades sanitarias. El resto permanece en la clandestinidad ¿La razón? El aborto es penado con cárcel y aunque no conoce fronteras sociales, afecta mayoritariamente a las mujeres pobres y con menor acceso a la educación.

Según el Ministerio de Salud (a quien se atribuyen todas las cifras anteriores) 1 de cada 3 adolescentes con menos de 9 años de instrucción ha tenido relaciones sexuales, mientras que con 10 años o más de estudios, la proporción se reduce a 1 de cada 100. A pesar de la ilegalidad, todas y todos conocemos a alguna mujer que abortó.

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Luego de tomarse unos cuantos litros de malta caliente y no obtener “resultado”, María Milagros -MM-, de tan sólo 14 años de edad decidió, junto al novio, practicarse un aborto. Fue a casa de una vecina en uno de los barrios más pobres de Caracas. Le dio 400 Bolívares a cambio de su vida. Un gancho de ropa le robaría la sangre suficiente como para matarla.

Ysabel Pérez -YP-, de 25 años de edad, de origen Wayúu acaba de enterarse que está embarazada. Trabaja como niñera para una familia de clase media caraqueña. Tiene miedo de perder su trabajo y está aterrorizada de que su padre se entere. “Me excomulgaría. Ya no podría retornar a casa”. No quiere repetir la historia de su hermana: traer otro ser humano al mundo sin padre. Hace unas llamadas. Llora.

Adriana Castellanos -AC- tiene 22 años de edad. Su hermana mayor (con una niña de 3 años y un aborto reciente en su historial) la lleva a un “médico amigo”. El confesionario donde expiará sus culpas le costará 3 mil 500 bolívares. Allí no sólo abortará, sino que se contaminará con una gasa sucia dejada en su interior, producto de los nervios del galeno. Esta niña de clase media alta será recibida a golpes por su novio y por un futuro incierto y casi seguro, de vuelta al infierno.

Las tres muchachas anteriores saben que el aborto es ilegal. Las tres ponen en riesgo sus vidas a cambio de un futuro diferente. Las tres engrosan las estadísticas ocultas del aborto en Venezuela y forman parte de los numeritos mundiales, en los que se calcula la muerte de una mujer cada minuto a causa de complicaciones asociadas al embarazo.

“Se estima que, en el mundo, anualmente se practican 50 millones de abortos, de los cuales, 20 millones son realizados en condiciones inseguras con cifras de mortalidad materna de 70.000 mujeres”. (2)

MM no sabía que, a pesar de su ilegalidad, un médico no podía negarse a atenderla y que además tienen prohibido denunciar a las mujeres que abortan. Tampoco podían obligarla a delatar a Carlos, su primer y único hombre, a quien sin saberlo le corresponderían de 6 a 12 años de prisión. (3) MM desconocía que lo único que estaba obligada a decir era su nombre.

Él no quería ser padre todavía. Apenas tenía 17 años de vida. Ella tenía miedo del suyo, de su padre. No quería parecerse a las otras niñas de su barrio, pero sobre todo no quería perder a Carlos. Aunque, los médicos que practicaran un aborto a una mujer -sin riesgos para parir- puedan llegar a tener hasta 6 años de prisión, según el Código Penal Venezolano (4), están obligados a salvar su vida. MM murió sin poder teñir de rojo las sábanas del Hospital General Domingo Luciani.

Si hubiese sobrevivido podía haberse enfrentado a un juicio en el que se le acusase de delito doloso y se le llevase a una correccional, en la que seguro saldría una y otra vez embarazada y una y otra vez expuesta a la muerte. Pues aquella que practicase un aborto intencional “valiéndose para ello de medios empleados por ella misma o por un tercero, con su consentimiento, será castigada con prisión de 6 meses a 2 años”, sino muere claro. (5)

Las mujeres siempre perdemos con un embarazo no deseado, bien sea por el simple hecho de no quererlo, o por procrear sin ánimos de criar a una persona, por abortar e ir presa, o por morir en el intento. Las mujeres pobres corren mayores riesgos, debido a que no tienen para pagar una intervención quirúrgica clandestina y recurren a medios “naturales” como bebedizos y la penetración de objetos punzantes en su interior.

YP llamó por teléfono a una de sus parientes en la capital. Le pidió jurar que no le diría a su padre. Después de la promesa, aquella le dio el nombre de una pastilla que le ayudaría a botar todo lo que viviese en su vientre: Cytotec o misoprostol.

En seguida, la wuayúu empezó a deambular de farmacia en farmacia para conseguir la capsulita que acabaría con sus preocupaciones. La pastilla en cuestión sólo puede ser despachada con récipe médico, por lo que el objetivo ahora era falsificar uno, o solicitar a otro “médico amigo” el favor de su firma.
La clandestinidad que gira en torno al aborto es todo un negocio. Una práctica puede salir entre 3.500 y 5.000 Bolívares, casi el costo de un parto normal en una clínica privada. De otra manera, la mujer que quiere abortar debe tomar 12 pastillas y cada Cytotec cuesta 100 Bolívares. 1.200 de los grandes en total, sin contar los analgésicos, la dieta alimentaria y los días de trabajo perdidos para mujeres generalmente pobres, triplemente discriminadas.

Pero, el mayor de los costos es la vida. Una mujer que interrumpa su embarazo antes de cumplir las 22 semanas, por personas que carecen del entrenamiento necesario y en condiciones no sanitarias, están propensas a un aborto inseguro, que en el mejor de los casos deja lesiones internas o estéril a la “paciente”.

Debido al riesgo de morir que comporta un aborto inseguro podríamos equiparar, salvando las diferencias, el aborto al suicidio. Es decir abortar sería un suicidio social. Entonces ¿por qué si los religiosos están en contra de los suicidios, no militan para regular estas prácticas médicas y despenalizarlas para disminuir las muertes? Acaso sino las combatimos ¿somos cómplices, promotores, asesinos? “Lo bueno -digamos- es no tener miedo de morir y tener miedo -en cambio- de matar”. (6)

AC al igual que un porcentaje desconocido de la población femenina joven, sufre la violencia de género. Su novio, que la golpeaba antes de saber su estado de gravidez, ahora la maltrata por practicarse un aborto.

Los padres de AC ignoran los detalles sobre su vida. No saben que fuma marihuana, que se escapa de sus clases de educación preescolar para flirtear con sus amigos y desquitarse de su novio, lo que se convierte en un espiral de violencia cuando el amado se entera. Tampoco saben que tiene relaciones sexuales con tirios y troyanos, sin más cuidado que el ritmo.

Los padres de AC se preocupan por los comentarios de los vecinos y se enteran de una que otra cosa en los encuentros familiares, en los que la hermana mayor -celosa- advierte que “Adriana es una mosquita muerta”.

AC patalea, gimotea y finge candidez ante sus padres, mantiene la respiración en un intento fatuo de ocultar una panza que ni siquiera tiene y mancha con salsa de tomate las toallas sanitarias del primer mes. Nuestra Ligia Elena sabe que la cagó. “A papi no le gustan los negros. Imagínense tener uno nieto negro”.

La familia venezolana, todavía atravesada por la religión, considera un pecado mortal el aborto. La Conferencia Episcopal, guía espiritual de una buena parte de la nación sostiene que “la despenalización del aborto provocado significaría el abandono de un valor ético fundamental en todo ordenamiento jurídico y en toda convivencia social” (7). A lo que los padres de AC responden: Amén.

Pero hay una cuarta mujer. Es aquella que por planificación familiar decide abortar. Y una quinta: la que, dueña de su cuerpo, decide no tener hijos o si queda embarazada abortar, porque se sabe dueña de si y de su historia, se opone al manoseo de su cuerpo por el Estado y la Iglesia. Aunque para estas 2 personas persisten casi siempre los mismos riesgos.

Cuando decimos “casi siempre”, es porque desde hace un mes, Venezuela cuenta con la Línea Aborto Información Segura: 0426-1169496, que aunque no promueve el aborto, ofrece información especializada a la persona que llame para interrumpir, de manera segura, embarazos no deseados.

Asimismo, las mujeres tienen otras opciones. En la página www.necesitoabortar.com un médico especialista realizará un test a la visitante, interesada en la planificación de su vientre, en el que como resultado indicará el tipo de tratamiento o recomendación, según sea el caso consultado.

Para quienes no están seguros de su método anticonceptivo o simplemente olvidaron usarlo, existe la opción de tomar la pastilla del día después, una alternativa que comporta sus riesgos y que debe ser usada con responsabilidad, cuidado y consultada al médico.

El condón sigue siendo el método más seguro de protección. No sólo evita un embarazo no deseado, sino que aleja a las personas de enfermedades de transmisión sexual.

YP finalmente recurrió a un médico antes de tomar las Cytotec. El doctor descubrió que el feto estaba muerto y que la wuayúu tenía el Virus del Papiloma Humano, una enfermedad altamente contagiosa y degenerativa del órgano de reproducción femenino.

La falta de educación sexual en los diferentes medios de socialización humana tributa a enfermedades, a la muerte, a la sobrepoblación, a la infelicidad y esto a su vez a la violencia, a las guerras, a la reproducción de la mano de obra que mantiene al capitalismo. Quienes comandan el capital se hacen los conservadores y por medio de su bastión moral -la iglesia- censuran el aborto, y a través de su bastión político -el Estado- sancionan las leyes que lo penalizan.

Revelador (8)

En Venezuela, 1 de cada 3 adolescentes ha tenido relaciones sexuales. 1 de cada 5 mujeres menor de 20 años ya ha tenido la experiencia de ser madre; 3 de cada 5 adolescentes entre 18 y 19 años son madres de uno y más hijos. 1 de cada 5 adolescentes conoce su período fértil. 3 a 4 de cada 10 adolescentes tienen un segundo embarazo entre 8 y 10 meses, después del primer hijo.

Para el 2000 se incrementaron las infecciones de transmisión sexual en 20% de los casos, el VIH- SIDA en 1.38% de los casos y el cáncer de cuello uterino.

9 de cada 10 adolescentes conoce los métodos anticonceptivos, 8 revela haberlos usado. 2 de cada 5 de las casadas o unidas y 1 de cada 3 mujeres sexualmente activas tiene información sobre la prevención, pero sólo 1 de cada 10 los emplea actualmente.

El uso de anticonceptivos es mas frecuente en el Área Metropolitana de Caracas, en las mujeres de menor nivel educativo, en las pobres y en las que ya son madres.

Aborto latino

En América Latina, sólo Cuba (1965), Puerto Rico (1973) y México (2007) asumen como legales el aborto. En territorio de Filiberto Ojeda hasta las menores de edad boricuas tienen derecho a interrumpir su embarazo con consentimiento del Estado, en cualquier período de gestación. En la mayor de las Antillas sólo se permite el aborto hasta las 12 semanas de embarazo y después de esa fecha según razones médicas. En México, las mujeres pueden abortar sólo en la capital, en el Distrito Federal.

Para 2008, en Brasil se realizaron cerca de 1.040.000 intervenciones, según su ministro de Salud para la época, José Gómes Temporao. En Argentina entre 460 y 600 mil anuales, según un estudio de especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y de la Universidad de Buenos Aires. En Chile unos 150 mil, según instituciones médicas y ONG del país de Allende.

En Guatemala venden un medicamento conocido como la vacuna anti-México. Un poderoso anticonceptivo que se aplican las “mojadas”, exclusivo para aquellas mujeres que decidieron perseguir el sueño americano y que saben serán violadas por coyotes y narcotraficantes en el camino.

En el resto de América Latina se aplican sanciones legales a las mujeres e implicados en el aborto. En la Nicaragua de Sandino, en 2006 se aprobó el aborto terapéutico, siendo derogado un año después a propósito de la presentación de 290 mil firmas en contra de organizaciones evangélicas y católicas.

En la Venezuela bolivariana vuelve a presentarse una carencia, en la que la iglesia tiene la última palabra y no es precisamente: revolución.

Las María ya murieron, no hay vírgenes. Tampoco las preñó el espíritu santo. Han decidido abortar a Jesús. No se aguantan más cruces. Pero para que aprueben la despenalización del aborto en el país de la Revolución parece que necesitarán no sólo un vía crucis más tortuoso, sino un verdadero MILAGRO.

Línea de aborto: 0426-1169496
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Para ampliar las informaciones:
1) Proyecciones de población basadas en el Censo 2001/ Instituto Nacional de Estadística - Dirección de Estadísticas Sociales y Demográficas
2) PEREZ D'GREGORIO, Rogelio (2008). Prevención del aborto inseguro. Rev Obstet Ginecol Venez, vol.68, no.2, p.71-72. ISSN 0048-7732
3) Artículo 432 del Código Penal de Venezuela -CPV-, escrito en 1915 y ratificado en los años de la Revolución Bolivariana 2000, 2005 y 2006. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela No 5.768 del 13 de abril de 2005.
4) Artículo 431 del CPV
5) Artículo 430 del CPV
6) ALBA RICO, Santiago (2006). Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos, p.28. Editorial Hiru, Hondarribia, Gipuzkoa
7) En: http://www.aporrea.org/ddhh/n62593.html/ Mientras la Conferencia Episcopal Venezolana se manifiesta en contra de la despenalización del aborto, en Argentina el 31 de mayo de 2011 diversas agrupaciones religiosas e iglesias manifestaron su apoyo a la despenalización, a favor de la vida con la consigna “la salud de las mujeres no es pecado ni delito”. Por otra parte, desde 2005 nadie propone en la Asamble Nacional de Venezuela la discusión sobre el tema ¿Qué esperan que lo moquee Maria Corina Machado?
8) MACURA, Mirna (2010). Embarazo en la adolescencia. Magnitud del Problema. Informe del Ministerio del Poder Popular para la Salud. Programa Nacional de Salud en niñas, niños y adolescentes.

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Cine: Lucrecia Martel, poéticas de un discurso cinematográfico

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La filmografía de la argentina Lucrecia Martel, que comenzó a gestarse en los años 90, constituye una inquietante y muy personal mirada a formas de actuar de la sociedad latinoamericana, la cual continúa viviendo como en un entrampamiento, acechada por fantasmas urbanos, de pertenencia a una clase social, de género, de inequidad, o de la más profunda marginalidad.


En este sentido, Martel ha convertido a sus obras en representaciones paradigmáticas, referenciales, de un “estado de cosas” al que los latinoamericanos deben necesariamente cambiar, transformar desde su esencia y principios, para lograr no ya la utopía revolucionaria que planteaba, por ejemplo, en los 60s, “La hora de los hornos” -documental-testimonio avasallador- pero sí el compromiso para una existencia más justa y decente.

Martel, a la fecha, ha rodado tres películas. La primera de ellas, “La ciénaga”, es la visión de una clase media instalada en una finca y a la que rodean no sólo privilegios en decadencia sino situaciones que desencadenan hechos incluso luctuosos. Las imágenes de los cuerpos que se desplazan, informes, temblorosos y hasta sin sentido alrededor de la piscina, en la secuencia inicial, anticipan ese mundo de ambigüedades e incoherencias así como esas extrañas relaciones que dominan el argumento de la película. “La ciénaga” es una obra que abre un nuevo camino en el cine latinoamericano, no sólo porque la haya dirigido una talentosa y joven mujer, tal vez siguiendo el legado de María Luisa Bemberg, sino porque plantea cuestiones puntuales acerca de un país como Argentina en el cual, al igual que en otras naciones de la región, las aspiraciones de ciertos grupos sociales están condicionadas a negociaciones ligadas a las esferas políticas, económicas o judiciales, o a la presencia del poder de turno, a la larga un ente que puede coactar y perjudicar aspiraciones personales.


En el cine de Martel se puede hablar de muchas y variadas influencias, pero nosotros creemos reconocer claramente al menos la impronta de dos maestros: Bergman y Antonioni. El de Martel es un cine crítico, cuestionador, complejo, que busca no sólo sensibilizar o “capturar” al espectador sino proyectar las imágenes y secuencias de sus historias hacia un margen que bien puede ser estudiado por el psicoanálisis, como sucede claramente con “La niña santa”. En esta obra se presenta, como una oposición, la fuerza de la religión y la fuerza de las costumbres, y la protagonista, a la que alude el título de la cinta, es una adolescente que repentina y tal vez accidentalmente pierde la inocencia.

Pero, claro, ese es sólo uno de los problemas que le interesan a Martel. Su cine puede ser entendido, asimismo, como una propuesta de género, desde que ella asume su rol de cineasta y por la manera cómo las mujeres, maduras o muy jóvenes, representan sus roles en las cintas que han logrado aclamación internacional.


A estas alturas mucho se ha dicho y escrito sobre la trilogía de Martel, complementada con esa extraña historia narrada en “La mujer sin cabeza”. Compatriotas suyos, y críticos destacados, David Oubiña y Gonzalo Aguilar, autores de sendos estudios sobre la obra de Martel, han reconocido la supuesta extrañeza de la que parten sus películas para avanzar como en medio de incertidumbres y llegar a finales que pueden rozar el absurdo o el sinsentido, como en la escena culminante de “La ciénaga”, cuando el niño cae de la escalera, prestándose a múltiples interpretaciones. Una de ellas podría ser la alusión, efectivamente, al derrumbamiento -la caída- de una clase que pierde privilegios y ventajas, y se siente amenazada por los “otros”, en este caso aquellos migrantes bolivianos que han logrado instalarse en la provincia de Salta y formar su propia comunidad, soportando el acecho y las amenazas de los lugareños.

Pero, sin tratar de desviarnos por las historias múltiples de “La ciénaga”, bien valdría citar cómo esta prestigiada película centra su atención en las mujeres, en sus lazos fraternales, endogámicos, en la manera cómo madres e hijas, tías y primas, constituyen un colectivo que termina expresándose con la fuerza feroz de un matriarcado, dejando de lado la tradicional figura masculina dominante. De hecho, el esposo del personaje encarnado por la actriz Graciela Borges es visto y tratado todo el tiempo como un perfecto inútil y él no hace nada para que esa percepción cambie.

Lucrecia Martel ha consolidado en el imaginario audiovisual latinoamericano más reciente su propia propuesta, sus tramas de intriga y suspenso, su estética que se plantea a sí misma como vanguardista e innovadora. Es a partir de estos elementos que sus filmes proyectan universos colmados de afectos pero también de egoísmos y venganzas, de constantes retornos al pasado, viajes a la memoria o al absurdo, como reconstruyendo aquellas situaciones propuestas en “Persona”, de Bergman, o en los filmes de Antonioni -“La aventura” y “El eclipse”- que anticipaban el mundo frío y deshumanizado de un capitalismo global y avasallador que sólo se instalaría en los años 90. Desde la impronta de ambos maestros europeos, Martel sitúa sus historias en una finca, en un hotel que sirve de escenario a un congreso médico o en una extraña carretera, para dar forma a sus propias aventuras, cuyas imágenes se despliegan ante nuestros ojos con sorpresa, pasión, y al mismo tiempo con la certeza de un derrumbamiento, de que una totalidad se está destrozando, ahora mismo, aquí mismo. Por ello las escenas finales de “La niña santa” sólo nos sugieren el descubrimiento del supuesto crimen, que tal vez no sea tal sino solamente una peripecia íntima, cercana.
Martel, en poco más de un decenio, ha logrado desarrollar la interesante operación de trabajar con personajes femeninos, incorporándolos a su propia estética, y mostrando un aspecto que no necesariamente se radicaliza en los extremos de vencedores o héroes y villanos. “La ciénaga”, “La niña santa” y “La mujer sin cabeza” son elementos de una respuesta directa por parte de esta valiosa cineasta que apuesta por el cambio pero no niega ninguna herencia, ni la de su país, ni la artística, ni la formal. El cine de Lucrecia Martel, por ello, no sólo nos resulta insólito y enajenante, sino que podemos decir de él que es muy gratificante y honesto.

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Música: La canción popular mexicana

ARGENPRESS CULTURAL

Como toda la cultura del país, la música de México es fruto del mestizaje que se dio entre las tradiciones europeas, americana y africana, entre otras. La música mexicana es sumamente variada e incluye diversos estilos determinados por la región geográfica de proveniencia, así por las diferentes épocas de desarrollo.

Muchas de las canciones más famosas y tradicionales de México son conocidas en todo el mundo, aunque el origen mexicano de esas composiciones a veces no es claro para quien no está familiarizado con la cultura del país. Algunos ejemplos de canciones mexicanas famosas más allá de las fronteras del país son: "Bésame Mucho", "Cucurrucucú Paloma", "Amor, Amor, Amor", "Solamente una vez", "Somos novios", "Guadalajara", "El Rey", "Amorcito Corazón" y algunas de las que aquí presentamos.

Se ejecutan varios tipos de instrumentos musicales (algunos poco usados) de origen indígena (huehuetl, teponaztli) o mestizo (guitarrón, marimba), además de los europeos, que son muy populares.

Internacionalmente conocido es el conjunto del mariachi, asociado a las grandes figuras de la "canción mexicana" ranchera, que tuvo su período de florecimiento entre las décadas de 1940 a 1970. Es un caso muy interesante pues un conjunto típico regional se convirtió en un símbolo nacional.

El mariachi es originario del occidente de México, específicamente de los estados de Nayarit, Colima y Jalisco, que se disputan su paternidad. Lo cierto es que en un principio, el mariachi era una orquesta popular e indígena, y su indumentaria nada tenía que ver con la del charro (es decir, el traje de los ricos hacendados ganaderos) e interpretaban los "sones de mariachi". Una nota interesante es que estos conjuntos musicales arribaron a la Ciudad de México antes que a la capital de Jalisco. A partir de la primera década del siglo XX comienzan a transformarse: visten el traje de charro y amplían su repertorio con piezas de diferentes regiones de la República: sones abajeños, jarabes, corridos, huapangos y canciones bravías, al estilo de Lucha Reyes. También añadieron la trompeta como instrumento imprescindible.

Con el auge del cine mexicano las películas de Tito Guízar, Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís, dieron a conocer el mariachi así como un México rural idealizado.

Aquí presentamos una breve selección de temas ya mundialmente famosos: "México lindo y querido", "El mariachi loco" y "El aventurero".




Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAsica_folcl%C3%B3rica_de_M%C3%A9xico

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Imperdible obra de Alberto Ure: Crisis de las formas (familiares)

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA-PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El living de un departamento es el escenario –de guerra- en el que transcurre La familia argentina, única obra escrita por Alberto Ure (gran maestro de actores, director y teórico de la dramaturgia desde fines de los ‘60). Interpretada por Luis Machín, Claudia Cantero y Carla Crespo, esta obra se estrena por primera vez en Buenos Aires (a mediados de 2010 fue puesta en escena en Rosario por Rody Bertol) y cuenta con la dirección de Cristina Banegas[1]. (La actriz además impulsa la edición de lo que llama “las obras completas” de Ure –quien padeció un accidente de ACV en 1998-, plasmadas hasta el momento en los imprescindibles volúmenes Sacate la careta y Ponete el antifaz; obras que no sólo hablan de dramaturgia sino también de la televisión y los medios, de política y sociedad, de historia y, obviamente, del mundo y la profesión teatral.)


La familia argentina consta de un acto y un epílogo, y, en apariencia, “sólo” es un clásico triángulo amoroso. Pero no: una pareja se separa, y el hombre –un psicoanalista amargado, escéptico, impasible- desarrolla una relación amorosa con su (ahora ex) hijastra. La madre de ella (ahora ex esposa del padrastro) se presenta en el departamento para presenciar eso que no entiende –ni acepta-. Y allí comienza el drama, matizado –si es que esta palabra puede caber en el teatro, en el espíritu y las concepciones de Ure- con agudas ironías y amargas humoradas de los personajes.

Situada entre el agotamiento de la “primavera democrática” alfonsinista y la década infame menemista, Ure se anticipa a lo que luego el periodismo, la sociología y otras disciplinas llamarán “familias ensambladas”, y su resultado: las “familias disfuncionales”. Tal es la crisis en/de los roles, intereses y vínculos cambiantes, que las escenas de dolor y sufrimiento de esta familia de clase media acomodada son llevadas por sus protagonistas –como ha dicho la misma joven actriz Claudia Cantero- “en carne viva”[2].

En un texto, Ure dice: “Me reprochan la violencia de mis puestas en escena pero no las puedo imaginar de otro modo: me crié en una familia donde cada almuerzo, cada navidad era peor que todo lo que pueda hacer hoy en un escenario. Y, sin embargo, nos queríamos mucho.

Por lo demás, ¿de qué violencia me hablan? ¿De jugar a que una herida duele?”. Como si fuera Andrés Rivera respondiendo respecto a su cruda literatura como “realismo sucio”, dijo también Ure: “Ahora, yo vivo en un país de una violencia desmesurada que se mantiene así desde que surgió como nación: no puedo hablar de otra cosa”.

La violencia acá se da en un “micromundo”, entre individuos que tiene asignados responsables roles (profesional, madre, padre, hija obediente, etc.) que entran en completa crisis. ¿Incesto? ¿Perversión? ¿Ansias de libertad(es) ante los mandatos y estructuras familiares/sociales? ¿Inconsciencia, impulsos “animales”? ¿Búsqueda de respuestas ante la implacable –y trituradora, desgastante- rutina de la vida cotidiana? Éstos, son algunos interrogantes (o sólo “sensaciones”, incomodidades) que puede despertar la obra.


El desafío de los dos personajes más rebeldes y transgresores, el del ex padrastro su la hija/novia, tiene un final imprevisible...

***

La familia argentina, estrenada en febrero, continúa todos los sábados y domingos en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543).
Notas:
1] Dijo Banegas en un reportaje: “conocía el texto, lo tenía guardado en el ‘archivo Ure’ que es una especie de caja mágica o caja de Pandora. La escribió entre el ‘89 y el ‘90, pero nunca la terminó. […] Con producción de Domingo Romano, que viene de trabajar con Bartís, junto a Claudia Canteros, Luis Machín y Carla Crespo empezamos en octubre: hicimos una secuencia de trabajo sobre improvisación y algunas intervenciones en la obra. De hecho había que definir el último cuadro que tenía dos versiones. Creo que quedó una dramaturgia poderosa. Ure es un Strindberg criollo o un González Castillo del siglo XXI” (http://www.clarin.com/espectaculos/teatro/Cristina-Banegas-Alberto-Ure-Strindberg_0_428957347.html).
2] http://www.clarin.com/espectaculos/teatro/ponen-cuerpo-escena_0_429557103.html

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Sólo un niño

Liliana Perusini (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lo vi una mañana,
entrando al mercado,
cargaba una bolsa pesada
de carbón en su espalda.

Oscura su piel,
su pelo, sus ojos,
sus manos pequeñas,
y sus piernas delgadas.

Su ropa manchada,
y su carita teñida,
de un negro ceniza,
mancillando su cuerpo.

Un niño…
sin juegos, sin risas,
sin saltos, ni ruidos.

Un niño…
su niñez perdida
cargando la vida.

Sólo un niño…
que era alivio de pocos,
y silencio de muchos,
en un mundo de hipocresía.

Sólo un niño…
Ausencia de brazos
amorosos y cálidos,
cobijando su alma
y abrigando sus días.

Lo vi esa mañana,
y en su mirada sentí,
su insondable miseria,
y su infinita tristeza.

Un niño…
olvidado de todos,
sólo un niño…

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