jueves, 7 de julio de 2011

En algún lugar…Título de propiedad

Laura M. López Murillo (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla.
Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.”

El Principito. Antoine De Saint-Euxpery

En algún lugar de la casa, cuando la luz se torna suave y se fragmenta con las vivencias es posible percibir una dulce sensación; y debajo de la mesa o en el sillón de la sala, en un rinconcito de la cocina o junto al árbol más amable del jardín perdura la incondicional nobleza de una pequeña compañera…

Cuando se adquiere una mascota se le considera como una pequeña propiedad, como un regalo viviente con cartilla de vacunación. Los animalitos se incorporan al hogar y al peculiar estilo de vida de cada familia, y en la caso de los perros, una de las especies consideradas -erróneamente- pequeñas, la capacidad de adaptación es sorprendente cuando se integran a una manada de humanos. Poseen una habilidad perceptiva extraordinaria para interpretar todos los gestos y las expresiones de sus amos y gracias a la nobleza de su carácter se merecen mucho más que el cariño que reciben. Aparentemente, la convivencia con los perros implica una relación asimétrica: el amo siempre ordena y decide, educa y corrige; el perro siempre atiende, festeja y obedece. Pero en el fondo surge una dependencia recíproca y no sé en qué momento se revierten las atribuciones y el perro de apropia del corazón del amo aunque no exista ningún documento que lo certifique.

¿Yo?.. Tuve una perrita… Era mía porque yo elegí la raza y el color, porque yo la busqué y la encontré. Era mía porque yo la compré y la traje a mi casa, porque yo escogí su nombre y puse mi nombre en su cartilla. Era mía porque domestiqué sus instintos, porque yo la eduqué y la consentía. Era mía porque tomaba el sol en mi jardín, porque se comía mis zapatos y dormía en mi sala. Era mía porque me acompañaba cuando yo estaba sola, porque siempre esperaba mi regreso y contenta me recibía. Era mía porque yo la alimentaba y la bañaba, porque yo la atendía y la curaba, porque trataba de entenderla, aunque no siempre lo lograba. Era mía porque creció a mi lado, porque dio a luz en mi casa, porque sus cachorros fueron también míos y dispuse de ellos. Era mía porque conocía todos los tonos de mi voz, porque intuía mi estado de ánimo en la cadencia de mis pasos. Era mía porque me quería tal y como soy, porque era feliz al estar conmigo.

Pero el título de propiedad de un amo tiene una fatal expiración. Y ahora que ya no está y que ya no la tengo comprendo al fin que su compañía fue mucho más que una simple cuestión de propiedad o dominio, porque al entrar en mi vida se adueñó de mi corazón con su lealtad y su alegría, porque al morir se apropió de un pedacito en la región más festiva de mi memoria. Es por eso que en mi casa, de repente se percibe una dulce sensación; y debajo de la mesa o en el sillón de la sala, en un rinconcito de la cocina o junto al árbol más amable del jardín perdura la incondicional nobleza de mi querida Cocó, mi pequeña y añorada compañera…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, especializada en Literatura en el Itesm.

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Calles y matemáticas

Marcos Winocur (Desde Puebla, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las calles del centro de Puebla, como usted bien lo sabe, están numeradas, lo cual facilita su ubicación pero, a la vez, trae serias consecuencias. Un ejemplo: la calle número 4 no puede expresarse como 2+2 y tampoco como 2x2. Imagínese que usted detiene un peatón y le pregunta por la calle 2+2 y agrega…
o bien la 2x2. El interpelado huye dando de gritos ¡socorro, un loco suelto! Lo mejor es abordar el asunto de modo francamente matemático. Volvamos al ejemplo dado donde detiene al peatón para averiguar sobre una calle y directamente le dice: ¿el doble producto del primero por el segundo? Y el interpelado contesta: en la esquina a la derecha hasta topar pared.
Se saludan y se van casi como amigos, el fin de semana las familias tendrán un encuentro.

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No hay vuelta atrás

Carlos Maldonado (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En mi pequeña parcela, Guatemala,
la muerte recorre en raudo caballo campos y ciudades.
Cabalga la parca abriendo pechos, mochando cabezas,
abriendo huecos en las sienes, desgarrando humanas piezas.
Aniquilando pueblos enteros, masacrando más allá de los linderos.
Que caen más indios que ladinos, no sé; yo solo sé que caen pobres por racimos.
Los latifundios igual que en tiempos coloniales pululan como los manantiales
se arrinconan a los pobres en las rancherías y en los cinturones miserables
Los ricos agrandan sus ganancias, carreteras y portales
abandonan sus propiedades a los cuidados de los guardianes
no alcanza la vida para visitar sus propiedades

Guatemala, Guatemala, la de los tristes ojos
la de los terribles despojos
Vives una vida partida y desigual
por un lado tu miseria descomunal
por el otro la riqueza fabulosa
la que adorna los pisos de tus
templos con riquísimas baldosasla de miles de cuerpos anónimos en el fondo de las fosas

La de candidatos sombríos que privatizan tus ríos
La que para verla sufrir en paz te ofrecen mano dura
aunque haya que vender la patria los muy caradura

Que saben esos de sufrimientos
más que los que ellos han infringido
a los débiles, a los indefensos
Esos que han arrancado a un corazón herido
que han mutilado y carcomido
Los que del alma han extraído
los polluelos de su nido

Felices ríen en los rótulos
sintiéndose en el trono
Trono de lujuria, llanto y lascivia
trono de escarnio y envidia

Guatemala, la de las viejas y tectónicas fallas
Esperamos un terremoto que te sacuda
que saque lo que callas
que grites y no sigas muda

Guatemala, india asustada
no temas ni votes por los canallas
los mismos que fingen en las vallas
que tú eres su amada

¡Mentira!
Sabes bien que eso es falso
solo te quieren para el voto de hoy
mañana miseria y despojo, malolientes cortes y güipiles
desprecio en sus miradas, abandono en sus promesas
negocios para sus empresas
para ti policías, zetas y kaibiles

Guatemala, nefasta en tus laureles
sucumbes en las traiciones
de los que dicen ser tu hijos
pero no son más que tus verdugos
quienes haciendo daño no dejan rastros
o dejándolos no les importan
si las mazmorras se convierten en rastros

Lloran los cobardes
Aquellos que rodeándose de fieras y hienas
rieron ante los ojos de sus víctimas
ahora que la justicia los roza tantito
se rasgan las prendas
compungidas caras se esconden tras las vendas
quejumbrosos, apesarados

cuando las cadenas rodean
sus manos olvidan cuando las impusieron a sus hermanos.

Urnas y promesas
cantos y sirenas
No hay esperanza
no hay festejo
como el cangrejo
avanzamos a la matanza

Cifrar el futuro en la triste transa
es apostar el total de lo que tenemos
en un albur
Confiar en el tahúr
el destino de los remos

Los engaños son los mismos
diferentes bocas las que los traen
seguir confiando en espejismos
es como nutrir el hambre
con la esperanza de las peras que caen

Revolución resuena por las plazas
revolución por los campos
no la de los bien peinados
sino la de los descamisados

Resuena allá en Atenas
en Madrid y en las Ardenas
viene por el sur cabalgando a paso fuerte
el gringo se atrinchera, aprieta las cadenas
construye muros, levanta fuertes
no sabe que dentro de ellos
los caballos rebufan nerviosos
montados por indios rabiosos

Retroceden en Kabul y Bagdad
en Libia se estrellaron
en El Cairo se desnudó su maldad
Wall Street se cae por que no pagaron

Vienen ríos de sangre
el polvo y las nubes ensombrecen el sol
Sucumbirán millones
mas el torrente no se detiene
la suerte está echada
el Rubicón ha sido franqueado
no hay vuelta atrás
Los que han instalado la guerra
de ella tendrán más
muerte a la Hélade perra
nada de votos y juegos de democracia
muerte a la aristocracia
Revolución proletaria
No hay vuelta atrás

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Santo Toribio en Perú: Integración desde los distritos más olvidados

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El Perú, archipiélago de pueblos olvidados, cuyo fraccionamiento fue alimentado desde la colonia, el virreinato y el cacicazgo republicano, comienza a plantear nuevas rutas de integración, a través de diversos estudios y publicaciones de autores oriundos de las propias comarcas.

Las recientes reflexiones sobre la unidad geográfica y social representan un evidente giro en la visión descentralizadora y de regionalización del país. La docente Graciela Bravo Mejía, especializada en gestión educativa y experiencia en diversas instituciones de desarrollo, con “Santo Toribio, memorias de mi tierra” (280pags) y, hace dos años, con la interpretación de las festividades de la patrona Santa Isabel, ofrece una renovadora mirada del Perú, evocando la rebeldía de escritores como Arguedas, C.E. Zavaleta y poetas como Chocano, el cantor de América autóctono y salvaje. El libro es editado por Prensa Ancashina, la revista representativa de ese departamento, con más de25 años de vigencia.


Recetas claves. El desarrollo concertado, respeto a la autonomía municipal y una educación innovadora con oportunidades de trabajo para los jóvenes, son algunas propuestas que plantea al país desde el más joven de los distritos peruanos: Santo Toribio, en la Cordillera Negra de la turística Región Ancash, que cumple este junio del 2011, su décimo año de desmembración legal del distrito de Huaylas.

Santo Toribio de Mogrovejo, es un distrito que lleva el nombre del obispo de Lima a quien la religiosidad popular le atribuyó el milagro de descubrir un manantial en esa zona andina de escasos recursos hídricos.

La lucha por la independencia de Santo Toribio se inició en 1918, cuando sus pobladores empiezan a cuestionar orgánicamente las costumbres gamonales que primaban entre las autoridades despóticas. Las obras públicas, desde trochas, escuelas y templos, en la capital distrital las hacían solo los braceros o trabajadores de la campiña, bajo un trato despectivo y muchas veces privados de salarios y alimentos.

El siguiente es el diálogo con la V. Graciela Bravo Mejía:

Ancash, es una de las 25 regiones del Perú más divididas del país, no solo por sus 20 provincias y 195 distritos, sino por la cadena de glaciares, lagunas y ríos de la Cordillera Blanca, amenazada por el cambio climático. ¿Cuáles son las principales motivaciones para escribir las memorias de su tierra y sobre las festividades religiosas, que son elementos articuladores de la identidad?

-Me motiva el deseo de difundir todas las potencialidades e historia del distrito natal, fundamentalmente para las generaciones jóvenes, para los niños, porque reza el dicho: “Solo se ama lo que se conoce”.

Si los niños no conocen la historia de su pueblo no pueden amar a su tierra. Y para cultivar esos valores me motivó, aparte de los recuerdos de la infancia, los recuerdos de mis padres, el hogar, la familia; los paisajes y la gente con identidad laboriosa e intenso civismo.


¿Cuando terminó de escribir este segundo libro qué pensamientos surgen ante el intenso fraccionamiento geográfico y político de los pueblos?

-La razón, generalmente, está en los pueblos que están buscando un mejor medio de vida, mejores condiciones para satisfacer sus necesidades. Como no se encuentra el necesario apoyo, pienso que, de alguna manera, con el trabajo grupal se puede conseguir algo. Este camino se aprecia en todo el país. La búsqueda del progreso motivó a Santo Toribio su separación del distrito de Huaylas. El movimiento fue eminentemente por la búsqueda de desarrollo, por una vida más digna.

¿Y la posibilidad de reintegración está muy cerca o lejana?

-Es bastante difícil, porque ya se ha formado una identidad, un sentimiento bastante arraigado en la mayor parte de la población. Nosotros tenemos mucha resistencia de parte del distrito de Huaylas, del cual nos disgregamos, al cual le tenemos cariño, porque somos hermanos, somos parte de la misma historia. Inclusive en mi libro comento este hecho: partimos de un mismo origen, pero nunca se entendió a los primeros luchadores que en 1918, con todo lo que he investigado, fue un grupo muy grande y el movimiento continuó en 1940 y en los 50, con la participación, entre otros de mi padre Visitación Bravo, por Washington Flores, Gregorio Mejía, Julio Granda…. Un número grande de personas y sus respectivas esposas que han participado en este afán de conseguir situaciones de progreso para vivir mejor.

La receta es aplicable a otros lugares. ¿Desde Santo Toribio cuáles son las proyecciones para el futuro de la región y de Huaylas, distrito del cual se desmembró su tierra natal?

-Anhelo que cada distrito busque su desarrollo de manera coordinada, porque somos del mismo valle, la misma raza. Pienso que si cada uno impulsa su desarrollo y coordina situaciones que pueden marchar en común, seguramente se conseguirían óptimos resultados.

¿En que vertientes se sustenta la edificación del desarrollo permanente hasta ahora ajeno del crecimiento macroeconómico?

Indudablemente, un elemento sustancial es la participación de su gente. Hace falta la agricultura y el turismo. Falta el apoyo estatal. En muchos pueblos del Perú la mayor parte de su población más productiva ya emigró, y retorna solo para épocas de fiesta. No hay medios de desarrollo. Los que se van quedando tienen limitaciones, aun cuando son gente emprendedora, al final se traslada a la capital. La migración es un tema muy serio y es una de las causas del retraso.

Un libro como este es una reiteración valiosa sobre el país fraccionado. ¿Cómo ve el horizonte a mediano y largo plazo?

-Cuando veo los problemas del Perú los relaciono inmediatamente con los problemas de mi terruño que los conozco a profundidad por mi participación en diferentes instituciones, en las cuales aprecio que sienten, anhelan, y desean que cada uno de los habitantes y de quienes también radican en Lima o fuera del país.

Las limitaciones están presentes en todos los niveles, desde una simple gestión. Ejemplos sobran. Cuando se realiza un trámite para construir una escuela este dura seis o siete años.

¿Si fuera alternativa de poder qué haría o qué sugiere al nuevo gobierno que ofrece trabajar por la inclusión social?

-Planteo la creación de centros de producción. Últimamente ni siquiera en los centros educativos se encuentra una buena formación de ningún tipo. Entonces se requiere que los jóvenes encuentran motivaciones y aprendan o egresen de la secundaria con algo en la mente para desarrollar su futuro. Los jóvenes salen de las aulas a un mundo incierto, no saben qué hacer. Se vienen a Lima o a Chimbote, puerto pesquero que la sobreexplotación desde hace medio siglo devoró la riqueza natural dejando más pobreza.

Pero si en el distrito de origen la juventud se iniciara en un trabajo productivo propio, una microempresa, se quedaría allá. Antes en mi pueblo se criaba bastante ganado lanar y vemos el gran valor del tejido a mano. Esa actividad está venida a menos, es más fácil comprar prendas y usar la lana de oveja….

¿Cuál es principal sueño por su tierra?

-Que salga adelante, que progrese, que siga creciendo en todos sus aspectos. Que su gente tenga el adecuado nivel de vida a que tiene derecho todo ser humano. No vamos aspirar que sea súper óptimo, pero si, por lo menos, una mínima atención.

En mi tierra trabajé más de una década como profesora egresada de la Escuela Normal de Huaraz. Entusiasmada con el cariño de mis padres, convencí a mi hermana Alicia - periodista e historiadora, quien me ha asesorado en la información geográfica de mi libro- que se quede en nuestra casa patera. Ambas estudiamos secundaria en la capital de la provincia de Huaylas, en el centenario “2 de Mayo”. Después del terremoto del 1970, nos trasladamos a Lima ya casadas, y nos hemos cesado de trabajar por la bendita tierra. Tenemos, como la mayoría de peruanos, un hermano fuera del Perú, quien retorna de tiempo en tiempo a su inolvidable lugar de origen.

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Falso desove

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El salmón tiene razón, el río está equivocado

Su corazón barricada se vistió de alambre
y saltó de piedra en piedra contra la marea
Sus latidos atravesaron la barrera del sonido
y el remolino agua-abajo lo descamó.
Menos que un animal, ni remotamente un ser humano
recibe a cambio el azote de un puñal que gime sangre azul
y camino al cielo sus remos se convierten en alas.
El salmón tiene razón
se ríe del rio en la ruta a la muerte
y hasta a la corriente quiere desovar.
Pobre pez de agua dulce
enamorado tantas veces como la primera vez
de una hembra que prepara el lecho al mejor postor.
Los temblores te anuncian.
No hay nicho que aguante tu verdad.
Y llueves y no hay vasija
Sólo una boca que te sorbe
para terminar desechado
en las cañerías heladas, nuevas ricas, perfumadas de mierda.

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Música: La canción latinoamericana de protesta de los años 70

ARGENPRESS CULTURAL

La canción de protesta social, posteriormente llamada “Nueva Canción latinoamericana”, tuvo su máxima expresión en los años sesenta y setenta, y continúa desarrollándose hasta hoy. Es un género de creación poética y musical que apareció conectado con los movimientos de izquierda simultáneos y posteriores a la revolución cubana de 1959, con claros objetivos ideológicos y dentro del optimismo por el triunfo que Fidel Castro y el Che Guevara habían obtenido en Cuba. Se buscaba crear conciencia, especialmente en la clase media y obrera, de la necesidad de un cambio radical de las estructuras socioeconómicas, presentando temas relacionados con la represión militar o la desigualdad social. También buscó fomentar un sentido de unidad latinoamericana en torno al objetivo común de “despertar” y movilizarse políticamente en contra de la élite y de los intereses de las corporaciones multinacionales, en particular las norteamericanas. La mayoría de estas canciones han sido escritas por intelectuales y artistas de clase media, muchos de ellos universitarios. El género se desplegó principalmente en el Cono Sur, pero ha sido cultivado en toda Suramérica, Nicaragua, El Salvador y también, aunque con menor intensidad, en el resto de Centroamérica, Puerto Rico y México.

El venezolano Alí Primera es un ejemplo clásico del cantautor de protesta, opuesto a la comercialización, creador e investigador de tradiciones musicales de su tierra, y también, como miembro del Partido Comunista de su país, interesado en un programa político de izquierda, razón por la cual sus discos fueron censurados en varios países. Soledad Bravo es otra representante de la Nueva Canción venezolana que ha tenido considerable difusión internacional.

La Nueva Canción chilena ha tenido un desarrollo extraordinario, con obras de gran belleza poética y figuras altamente representativas, tales como Inti-Illimani, Quilapayún, Violeta Parra y Víctor Jara. Todos estos artistas contribuyeron de manera importante en el proceso de elección del candidato socialista Salvador Allende en 1970, así como en el desarrollo de sus programas de gobierno. Cuando una junta militar tomó el poder en 1973, muchos de ellos fueron asesinados, y otros se exiliaron en Europa. Los que sobrevivieron, han regresado a su país durante los años 1990. Nuevos grupos y solistas chilenos siguen cultivando con gran éxito y creatividad este género musical, con particular énfasis en la instrumentación indígena andina.

En Argentina, la Nueva Canción tiene una presencia considerable, con cantautores tan reconocidos como Horacio Guaraní, Facundo Cabral, Alberto Cortez y Atahualpa Yupanqui. Originaria de Tucumán, en la zona norte de Argentina donde predomina la población mestiza y de ascendencia indígena, la cantante Mercedes Sosa –“la negra” –, es una embajadora de la Nueva Canción latinoamericana, que ha llevado los temas más populares a todas partes del continente americano y europeo. Su bella voz es reconocida por cualquier latinoamericano, joven o viejo.

La “Nueva Trova” es la versión cubana de la Nueva Canción latinoamericana. Aparece a mediados de los años sesenta, como expresión de la alegría y el orgullo con que las generaciones jóvenes percibían los cambios revolucionarios en Cuba, de las nuevas relaciones socioculturales que se estaban formando, y de solidaridad con las luchas por la justicia social en otros países latinoamericanos. Se estableció como movimiento a partir de un concierto de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola en La Habana, en 1965. Su creación estética se presenta como continuación de la tradición de la trova o canción popular –hija de los trovadores medievales–, que ha existido desde los tiempos coloniales. Silvio Rodríguez define al trovador como “un poeta con guitarra”. En efecto, muchas de las obras de la Nueva Trova pueden interpretarse sencillamente con una guitarra, y su letra contiene a menudo imágenes sugerentes, un lenguaje complejo, y temas universales. La experimentación musical también ha sido fecunda, incorporando grandes orquestas e instrumentación contemporánea. Otros trovadores que han alcanzado fama internacional son Sara González, Vicente Feliú y Amauri Pérez.




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¿Adónde nos llevará esta ruta?: Consideraciones para la implementación de la “hoja de ruta”

Javier Lajo (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si debemos mantener “la economía social de mercado” y cuanto tiempo, eso solo lo saben los que han definido los objetivos de la hoja de ruta, y preguntamos ¿A dónde nos lleva esa ruta? Lo que sí sabemos es que hay que comenzar a reconvertir esa “economía de mercado” en algo más eficiente y sobre todo “más nacional”, expurgándola del “modelo" fujimontesinista que es una exageración o versión fundamentalista del Consenso de Washington llevado al extremo por el modelo “perro del hortelano” de García. No hay que olvidar que este modelo fue implementado gracias a una Constitución ultra-neoliberal y autocrática producto de un auto Golpe de Estado (Abril 1992) y dos fraudes electorales (CCD, Noviembre 1992 y Referéndum de 1993), cuyos “ajustes estructurales”, que fueron “los más crueles que se aplicaron sobre pueblo alguno del mundo”, son los que han forzado la actual bonanza macroeconómica gracias a la sobre-explotación y entrega generalizada de nuestras Riquezas Naturales y a la sobre-explotación del “cholo barato” y su imposición prepotente gracias a la criminalización de la protesta social.
El tercer piso del fujimorismo o “modelo neoliberal perro del hortelano” de Alan García solo ha dado resultado por el impacto de un gran comprador (China) que ha elevado mucho los precios internacionales de los minerales. Como estas condiciones son temporales, debemos aprovechar estas ventajas, para reestructurar rápidamente todo el aparato productivo, y reconvertir nuestras exportaciones de minerales y productos agropecuarios no tradicionales primarios a productos manufacturados y orgánicos, y llevarlos a grandes niveles de exportación, aumentando el valor agregado de muchos otros bienes exportables. Esto les convendría a los mismos monopolios nacionales, si es que el nuevo gobierno logra convencerlos de seguir esta “ruta” o si él mismo gobierno la implementa a rajatabla.
Lo que sí sería muy saludable ahora, es no aceptar más los chantajes de los derrotados en las elecciones pasadas para imponer ministros claves en MEF, MINCETUR, BCR, Energía y Minas. Y sí más bien se debe empezar a revisar con la mayor objetividad todos los Contratos del proceso de privatización y sacar a luz todos los “faenones”, si es que los hubo, ningún temor deben tener los que han actuado limpiamente. Igualmente se debe proceder con los TLC para que no perjudiquen ni al Perú, ni a EEUU, China o Unión Europea, puesto que hay evidencia que en su versión actual solo beneficiarán al puñado de monopolios que los han impulsado a rajatabla, para aprovechar las pingües rentas monopólicas y el fin de los aranceles en mercados subsidiados. Todos estos negocios mercantilistas deben desmontarse, para “desatar” el libre mercado hacia su crecimiento eficiente y al máximo de su potencialidad. Por Ej.: El Contrato de la Telefónica, por lo menos debería mostrar sus costos-beneficios y sus altas sobre-ganancias. Al fin, ¿tendremos un presidente que eliminará ese verdadero “impuesto de España” a las comunicaciones telefónicas peruanas? (¿Qué otra cosa puede ser la maquillada “Renta Básica” sino un sobre-impuesto?). Ya pué… que se acaben estas gollerías, que solo perjudican a los usuarios. Si se eliminan estos evidentes malos manejos y distorsiones del mercado, es claro que aumentarán las inversiones, en cantidad y calidad, en un mercado menos monopólico, más transparente y menos mercantilista.
No será suficiente la potenciación y masificación de "Programas sociales" para cumplir con las promesas, sin por lo menos iniciar el desmontaje de las causas de la pobreza y la desigualdad, cuales son los mecanismos y visiones impuestas con sico-sociales por el facilismo neoliberal monopólico que seguirá gobernando en lo económico y en lo político, si es que el nuevo gobierno no lo empieza a cuestionar proponiendo una alternativa superior o modelo peruano: El Socialismo Andino-Amazónico (Marca Perú) http://www.voltairenet.org/Que-es-el-socialismo-andino-II http://www.losandes.com.pe/Cultural/20100103/31549.html . No se me ocurre, ni sé que haya otra alternativa clara y coherente a la debacle actual del neoliberalismo mundial.
Debemos consolidar el Partido Nacionalista Peruano (aprovechando la gran voluntad de nuestros pueblos y no permitiendo que esta se agote o se canse de esperar la construcción del “partido de la nación peruana”), cosa que debe hacerse en este primer año de gobierno, tanto a nivel de su grado de organización democrática, como de sus niveles de conciencia nacional, de tal forma de asegurar una retaguardia fuerte que sirva para profundizar las medidas de LA GRAN TRANSFORMACION, en vías a convertir al Perú en una gran potencia económica y motor de la re-integración Andina con Ecuador y Bolivia, en un primer momento.
Finalmente, debemos, desde los Movimientos Sociales, iniciar la recolección de firmas para un REFERENDUM dirigido a desarrollar un PODER CONSTITUYENTE, que culmine en la Refundación de la República a través de una NUEVA CONSTITUYENTE INCLUYENTE, PLURAL, DIGNA Y DEMOCRÁTICA.

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La clave Perec

Edgar Borges (Desde Gijón, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mi amiga Mónica me lo advirtió la semana pasada: Georges Perec entra todos los viernes a Pizarra Café y luego desaparece. ¿Georges Perec, el escritor francés que murió en 1982? ¿Pizarra Café, el local de la plaza de la Catedral en Oviedo?, le pregunté asombrado más por temer que se hubiese vuelto loca que por creer cierta su información. Sí, aseguró molesta, quizá por la duda. Cada viernes, a las seis de la tarde, Perec entra en ese café y desaparece. Hoy no pienso dejar que se me escape.

Y ahora que tengo a Mónica enfrente, justo delante de la biblioteca donde se asoman mis libros de Georges Perec, sospecho que a mi amiga le afectaron nuestros juegos en torno a la lectura de la obra del autor de 'La vida instrucciones de uso'. O acaso su comportamiento sólo sea un juego más, pero mejor elaborado. A Mónica nunca le ha interesado ser escritora; desde que la conozco (hace más de diez años) su única ambición literaria es la lectura juego; nuestra amistad ha coincidido en el gusto por la particularísima escritura de Georges Perec, el autor que creyó en la combinación de elementos (inventarios, observaciones, paseos, rompecabezas, recuerdos) para hacer infinito el juego de la literatura. La inventiva de Perec es la prueba de que la escritura no tiene por qué ser ni aburrida ni superficial, que son los dos extremos que cruzan quienes le temen al sutil brillo de la inteligencia. Todo eso (y más) es cierto; Perec es el máximo divertimento literario, pero sólo una ilusión óptica o un juego podría ser la causa para que alguien lo diera por vivo.
Y por una absurda solidaridad voy por la plaza de la Catedral rumbo a Pizarra Café, tras los pasos de Mónica. Ella lleva en mano el libro (de mi biblioteca) 'El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento' (brillante artículo que Perec escribió para una revista y que por vez primera publicó, en español, la editorial La uña rota), con el propósito de que se lo firme el autor.

En Pizarra Café, jueves y viernes son días de conciertos de jazz ('Me acuerdo de que Caravan', de Duke Ellington, era una rareza discográfica y de que, durante muchos años, supe de su existencia sin haberla escuchado jamás. Del libro 'Me acuerdo', de Perec). En esta ocasión el jazz tiene color latino, Mónica me dice que se trata de Alfonso Vega Latin Quartet. Los músicos hacen un alto, los aplausos agradecen la interpretación. Mónica y yo nos sentamos en la barra. Ella pide un irlandés y yo un zumo de naranja, no quiero dar motivos para visiones extrañas. Pizarra Café tiene un ambiente ideal para decorar espacios literarios mentales; desde las paredes nos saludan los rostros (fotografiados) de Charles Chaplin, Luis Buñuel, Jorge Luis Borges y Woody Allen; en el escenario hay una pizarra con tiza y borrador para que quien guste coloque su opinión. El propio dueño del local, José Ángel Fernández, invita a la gente a filosofar: «Así me surgió la idea del Pizarra Café: crear un sitio donde cualquier persona que lo desee pueda expresar y escribir lo que quiera. Filosofar, crear, expresar sus ilusiones, sus decepciones». Y si al ofrecimiento le sumas las ensaladas (Catedral, Mediterránea, Cesar`s, Pizarra, Americana, Griega, Gourmet y Cogollos), lo más probable es que te anotes en las mil y una tertulias de la noche. Un chico con rostro de poeta expulsado de la sociedad escribe en la pizarra: «Estamos en el hotel Oscar Wilde. Hace buen tiempo. La organización es perfecta. Todo el congreso os manda recuerdos cariñosos». El participante regresa a su mesa y me deja entre preguntas. ¿Esa no es una de las doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos que clasificó Perec? ¿Acaso ese chico no formará parte del juego de Mónica? Tal vez aquella frase sea la clave Perec para iniciar el infinito juego de las combinaciones (como en los números, el límite de posibilidades sólo existe en la mente del jugador). Mónica se levanta, deja el libro en su asiento y ante los ojos de todos se acerca a la pizarra. Y escribe un poco más abajo del anterior mensaje: «¿Cómo pedir un aumento al jefe en tiempos de crisis?» Tomo un largo trago de zumo, agarro el libro, camino hacia la pizarra, le paso al lado a mi amiga, busco la página 95 y escribo (sin comas, sin pausas, sin límites, como construyó el artículo Perec): «Tras haber reflexionado seriamente tras haber sacado fuerzas de flaqueza usted se decide a ir al encuentro de su jefe de servicio para pedirle un aumento usted va pues al encuentro de su jefe de servicio digamos para simplificar porque siempre hay que simplificar que se llama señor Xavier es decir señor o mejor sr x así que usted va al encuentro del sr x y ahí una de dos o bien el sr x está en su despacho o bien el sr x no está en su despacho si el sr x estuviera en su despacho aparentemente no habría problema pero evidentemente el sr x no está en su despacho.» Dos palmaditas en mi espalda interrumpen mi delirio de copista frenético. Una señora, con amable exigencia, pide su turno. Le entrego la tiza y me aparto a un lado sin quitarle la vista a la mano y al escrito de la mujer: «.y si él tarda un poco usted irá a conversar unos instantes con la srta yolande si es que la srta yolande no está en su despacho si la srta yolande no está en su despacho usted dará una vuelta por las distintas secciones cuya totalidad constituye el todo o una parte de la organización donde usted está empleado digamos mejor de la organización que lo explota a usted después usted volverá a probar fortuna un poco más tarde puede ser que incluso entonces el sr x no esté en su despacho no importa espérelo en el pasillo.» Por mi lado, como un huracán, pasa una chica y borra todas las palabras. Y (como los demás) copia de memoria: «.y a priori no hay ninguna razón para que no levante la cabeza cuando escuche el toctoctoc de usted ni para que no lo invite a pasar y a explicarse ya que en principio es él mismo quien le ha pedido a usted que vuelva hacia las dos y media y es culpa de él y no de usted si son tranquilamente las tres y doce.» Y, con las dos palmaditas de costumbre, pido mi turno, tomo la tiza, cierro el libro, borro y copio una idea para finalizar el juego: Georges Perec nació en París en 1936 y falleció en 1982. En su novela 'El secuestro' nunca aparece la letra E (que en la traducción al español fue la A). Se me antoja pensar que hoy el secuestro de esa letra equivale al secuestro del bienestar laboral. ¿Tiene sentido pedirle al jefe un aumento de sueldo?

Siento dos palmaditas en la espalda, giro y veo al mismísimo Georges Perec. Sí, Perec me quita la tiza, borra mi mensaje y escribe: «Quien abre el juego no lo cierra». Terminada la frase, el hombre de cabello y barba de genio divertido me entrega la tiza y se marcha; mi amiga me arrebata el libro y corre detrás de él. Y pensar que hoy salí decidido a no jugar ni a tomar licor.


Relato que forma parte del libro “Crónicas de bar” (Editorial Milrazones, España 2011).

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Mundos derrumbados

Abel Samir (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La primera vez que me encontré con Virgilio Montes fue en diciembre de 1973 cuando yo me encontraba asilado en el ex consulado cubano. Llegó muy temprano por la mañana, cuando ya se había roto el toque de queda. Andar por la calle a otras horas era muy arriesgado ya que uno podía ser muerto de un disparo, sin ser prevenido y sin ningún tipo de apelaciones como le ocurrió a mucha gente. Soldados apostados en distintos sectores, apenas se acercaba la hora del toque de queda, disparaban al aire o a los perros vagabundos. Era para atemorizar a la población, aunque esto no ocurría en los barrios residenciales.

Virgilio había estado a punto de morir en la tortura cuando cayó preso en la Universidad Técnica de Santiago. De allí, los que sobrevivieron fueron maniatados y conducidos al Estadio Nacional. En el estadio había miles de otros prisioneros políticos, de los cuales, muchos terminarían en algún campo de concentración, otros en alguna casa de detención de la DINA, que no era otra cosa que campos de tortura y en los que muchos detenidos fueron asesinados cruelmente, y los más suertudos, eran soltados del estadio cuando sólo faltaban 5 minutos para el inicio del toque de queda. También se fusilaba a algunos; después se diría que habían intentado escapar. Muchos de esos pobres infelices, si no eran asesinados en la calle por los soldados de la dictadura, volvían al estadio en calidad de presos por haber violado el toque de queda. Y eso fue lo que le sucedió a Virgilio. Preso de nuevo, se montó una farsa de interrogatorio en la cual las preguntas eran tan estúpidas que producía indignación. El preso era encapuchado o se le ponía una frazada sobre su cabeza para que no pudiese ver quiénes lo golpeaban y en qué momento y desde qué dirección venía el golpe. Esto se hacía para quebrar su moral. Lo golpearon tanto que perdió la vista del ojo izquierdo y prácticamente le despedazaron el riñón derecho. Lo soltaron al día siguiente creyendo que en esas condiciones no podría sobrevivir. Pero Virgilio era un hombre de constitución robusta y tenía una larga experiencia con la policía. Ser comunista no es una cosa fácil en los países capitalistas. Siempre han sido considerados como elementos peligrosos y mucho peores que los delincuentes comunes. Eso mismo pasaba en los campos de concentración nazis durante la segunda guerra. Los “capos” eran elegidos entre los peores delincuentes que cumplían condena. Ellos estaban sobre los comunistas en la escala social de esas mazmorras del estado. Gracias a la vicaría de la solidaridad pudo ser atendido de urgencia en una clínica privada en donde lo intervinieron quirúrgicamente para detener la hemorragia y, sólo cuando llegó a Suecia, pudo ser operado y a pesar de los adelantos médicos, no pudieron salvarle el riñón.

En el ex consulado cubano había conocido a Lupe —una militante de los tupa— con quién estableció una relación amorosa. En los días terribles que siguieron al 11 de septiembre, en que uno no estaba seguro de que siguiese con vida al día siguiente, todos los valores cambiaron bruscamente. Todo el mundo buscaba el consuelo del calor humano. La presencia cercana de la muerte influyó sobre la mayoría. El futuro era algo incierto, de manera que sólo se vivía el presente. Y para Lupe, que era una joven sensual, atractiva y llena de vida, tampoco eso era una excepción; estaba aterrada por lo que estaba pasando. Sobre todo, cuando en el mes de noviembre un pelotón del ejército trató de entrar por la fuerza al ex consulado. Sólo a la firmeza de Bengsson, el encargado sueco, se debe que los militares no pudieron entrar, de otra manera, a la mayoría nos habrían llevado detenidos. En esas relaciones no había una falta a la moral ni tampoco un relajamiento de las buenas costumbres. Claro está, para aquellos que nunca han pasado por esas experiencias, les es difícil aceptarlo, especialmente, cuando se vive dentro de una sociedad llena de mitos, supersticiones, de doble moral y de hipocresía.

Después de llegar Suecia, cada uno siguió su camino. Virgilio se reintegró con muchas energías al trabajo partidario. El mundo capitalista se veía no muy firme, ya que todavía existía el bloque socialista y la URSS aparecía como un gigante poderoso, aunque estuviese enfrentada a China, a la cual despreciaban los comunistas chilenos. Eso les daba a todos los militantes comunistas una cierta seguridad, pero al llegar a Europa y tener la oportunidad de viajar a los países del “socialismo real”, muchos llegaban desconcertados. Lo que allí habían visto no era lo que ellos se habían imaginado de como debía ser el socialismo. Los que se atrevían a pronunciar alguna crítica eran llamados a control de cuadros. Los que no habíamos estado allí no podíamos creer que ese mundo idílico que existía en nuestras almas no correspondiese a la triste realidad. Algunos, los más dogmáticos, seguían repitiendo como los papagayos que sólo se trataba de propaganda capitalista y que esa gente que pedía asilo en los países capitalistas eran elementos degenerados. Así empezó una corriente que antepuso la realidad a una suerte de degeneración colectiva producida por el poderoso imán de las mercancías y del consumismo. Los que no aceptaban esas críticas se retiraban de la vida política activa y se dedicaban a su propia existencia, ya un poco complicada por el rechazo de los que habían sido sus camaradas. Las obras del escritor ruso Solzhenitsin fueron prohibidas como en los tiempos de la inquisición, cuando la iglesia católica prohibió las obras de Giordano Bruno. Este hombre (Solzhenitsin), era un mentiroso y, seguramente, miembro de la CIA. Pero hubo muchos que empezaron a dudar de esas aseveraciones. El partido comunista pasaba por un período muy crítico de su historia. Se mantenía, en cierto modo, gracias a que en Chile había un terrible dictador que, extrañamente, servía de catalizador. Pero un día ese dictador se vio obligado a entregar las riendas del estado y, junto con su caída, dialécticamente, caía, también, una poderosa bandera de lucha que había ayudado a mantener la unidad, ya muy endeble del PC. La ideología marxista que, en verdad, debía cumplir ese propósito, estaba debilitada porque una gran parte de ellos la habían tomado sólo como un catecismo religioso. Como el ave maría, sin pecado concebida. Y Virgilio no sabía que camino tomar. No sabía en quién creer. Viajó a la URSS para realizar unos cursos de arte y se tropezó con una burocracia terrible; todo era casi imposible; cuando solicitaba algo, no, eso no. Las razones eran sinrazones o, simplemente, se reducían a encogidas de hombros. Un día en medio de una discusión acalorada con esos rusos burócratas, dijo que él como miembro del partido... Entonces, de repente todo cambió. Ya todo era posible, ya no existían trabas de ninguna forma. La palabra “partido” había tenido un efecto mágico, como el “abracadabra” de los cuentos infantiles. En ese momento cayó en cuenta de lo irracional de una sociedad que él se la había imaginado tan racional y revolucionaria. Dejó todo eso y volvió a Suecia terriblemente desilusionado. Pero sólo de lo que había visto, no del socialismo como sistema, sino de “ese sistema” muy mal llamado el “Socialismo real”, tal vez, porque los soviéticos creían que era el único que existía y que podía existir. En esos instantes empezó a buscar información de la primavera de Praga del 68, que casi todos los comunistas chilenos, haciendo un acto de fe casi religiosa, creyendo en las excusas soviéticas y aceptando como correcta la invasión de Checoslovaquia por parte de la URSS y sus aliados, nunca la cuestionaron. Empezó a comprender que la URSS había mentido y utilizado a los demás para evitar que en ese país existiese una sociedad más libre y democrática. Comprendió que ni Alexander Dubcek ni sus camaradas del PC checoslovaco eran traidores al socialismo o algo parecido, y que las noticias dadas por el periódico Pravda el 19 de julio, sobre supuestas armas norteamericanas escondidas en la frontera con Alemania Federal, eran sólo flagrantes mentiras urdidas para justificar ante el pueblo soviético y los de los países “socialistas” de aquel crimen monstruoso. Este descubrimiento fue para él, otro mundo derribado.

Su esposa, María Angélica, había quedado en Chile junto a sus tres hijos: Pedro, Tania y Vladimir, respectivamente de 12, 10 y 6 años. Ella no sabía que partido tomar el día que Virgilio se asiló. Tenía un gran temor de dejar el país e irse a un país lejano cercano al Polo Norte, con una lengua extraña y sin contacto con su familia que era enorme y la cual, en su totalidad, vivía en Santiago. Además, sentía un poco de vergüenza porque por esos días la dictadura publicaba artículos difamatorios en contra de los que se asilaban, artículos en los cuales se decía que se asilaban para aprovecharse de las garantías que les daban los países ricos de Europa y que pasaban todo el día asoleándose y hartándose de buena comida y, por esa razón, lo llamaron “el exilio dorado”. Pero eso era pura propaganda, por cuanto los exiliados no teníamos nada que celebrar, al contrario, la mayoría sufría de depresiones y muchos intentaron quitarse la vida. Habíamos dejado no sólo nuestras familias y nuestros seres queridos, sino también, nuestras profesiones, que a muchos nos habían costado enormes sacrificios; y nuestros hogares, es decir, nuestra vida se había arruinado, nuestro pequeño mundo se había venido cuestas abajo. Y teníamos que partir de cero. Para poder comunicarnos en los países en donde nos dieron asilo, nos veíamos obligados a aprender idiomas totalmente extraños, difíciles de pronunciar, de leer y de escribir. Matilde, una muchacha que llegó junto a nosotros desde Santiago y que había estado asilada en la embajada de la RDA, no pudo soportar la soledad y la pena que la embargaba, después de haber perdido a su joven y amante esposo, él que había sido asesinado en el estadio y, después de andar cabizbaja durante años, reunió el coraje suficiente y se arrojó al paso del tren del Metro en la estación de “La Plaza de María”. Los que la conocimos, acompañamos sus restos al “Camposanto del Bosque”. Durante la ceremonia, cantamos “La Internacional”, un poco desafinadamente, porque muchos no se sabían la letra de ese himno inmortal. Sin embargo, hubo muchos que la cantamos a todo pulmón y sentimos que nuestras almas se unían y se elevaban más allá de las fronteras humanas.

La mayoría de los que llegamos en las primeras oleadas éramos los que, verdaderamente, estábamos comprometidos de una u otra forma con el proceso político y social de la Unidad Popular, que ya pasó a formar parte de la Historia de Chile y América. Aunque no todos pertenecíamos a los partidos políticos de esa época. Como el exilio no es “dorado” sino más bien, gris y amargo, desde muy temprano habríamos de separarnos y de culparnos mutuamente de nuestra derrota. Leyendo a Engels me enteré de que todos los exilios son, en ese sentido, iguales. Él comentaba lo que había sucedido con los exiliados de la Comuna de París en su escrito: “El programa de los emigrados blanquistas de la Comuna”. Y lo que escribió Engels se parecía tanto a nuestro exilio, que parecía un calco llegado del pasado, sólo la gente, el tiempo y el lugar eran diferentes. Pero nos igualábamos; todos éramos los derrotados, los expatriados del mundo burgués. Muchos se irían a refugiar en sus nuevos hogares a rumiar su derrota, porque para la mayoría, era el final de sus ilusiones de una patria socialmente justa, de un mundo mejor, de una experiencia democrática, si no, el socialismo que todos anhelábamos, algo parecido y cercano.

Tres años después, Virgilio consiguió traer a su familia aduciendo razones humanitarias. Así es como sus tres hijos dejaron Chile, sus estudios y sus amistades. El cambio no parecía afectarlos, porque todavía no percibían la amplitud que tiene y el significado del arraigo. De la pérdida de la identidad. Ya no eres ni de aquí ni de allá; ya no eres de ninguna parte. Especialmente, para los dos mayores, los que estaban entrando en la adolescencia, una edad difícil y complicada. No podían continuar con sus estudios en forma normal, porque el idioma no lo entendían y así empezó la lucha por aprenderlo. Tanto Virgilio como su mujer también se esforzaban por aprender el idioma Sueco. Para los adultos era muchísimo más difícil que para los jóvenes, por la falta de contacto con la gente nativa del país. En cambio los adolescentes siempre tienen más amigos que hablan el idioma, aunque lo hablen mal y no como los nativos. En esa forma se iba conformando una estrecha relación entre los inmigrantes de América, Asia, África y el Oriente Medio. Un idioma que no se practica es casi imposible hablarlo. Ambos lo aprendieron malamente y sólo después de tres años podían chapurrear un poco. Eso los limitaba para conseguir trabajo. Sus conocimientos técnicos serían despreciados y sólo habría trabajos de limpieza, cuidado de enfermos, bodegueros, y otros parecidos.

El tiempo y otros intereses había enfriado su amor por Virgilio y a eso se sumó la desilusión al tener conocimiento de los amores que éste había tenido con Lupe, e ilusionada de las maravillas que le contaba el yugoslavo Lucic que conoció en el curso de sueco, él que estimulaba sus ambiciones personales con la visión puesta en una mejor situación eco-nómica y social, la llevó a pedir el divorcio. Luego se iría a vivir con él. Por supuesto, que el divorcio era algo que no estaba en los planes de Virgilio, pero en la corte no pudo hacer nada para evitarlo, porque bastaba que una de las partes lo quisiese para que fuese realidad y así, de un día para otro, se vio obligado a dejar el apartamento que compartía con su familia y alojarse transitoriamente con un camarada de partido. El divorcio de sus padres fue un golpe enorme para sus hijos. Era algo muy difícil de aceptar. Para ellos era también un mundo que se derribaba. Y eso ocurría con la gran mayoría de los exiliados. Pedrito abandonó sus estudios y se juntaba con otros hijos de inmigrantes, que en su mayoría, también eran víctimas de matrimonios destrozados, y formó junto a ellos una pandilla que se dedicaba al hurto en pequeña escala, como una forma de financiar sus gastos de alcohol y, más tarde, de las drogas. Un día llegaron dos asistentes sociales y con ayuda de la policía se lo llevaron, (por entonces tenía 15 años). Lo enviaron a un lugar muy lejos, al norte de Suecia, a una especie de reformatorio, aunque no era como una cárcel. El muchacho, que había sido una lumbrera en las matemáticas, lo había perdido todo. Nadie se dio cuenta que todo lo que hacía, no era más que una llamada de atención a su inconformidad por su familia destrozada, por su mundo que se había quedado en el continente del río Amazonas y de la “Cordillera de los Andes”. Sobre todo, porque desde aquel momento, ambos padres se enfrentaron como enemigos y sus hijos perdieron su calidad de seres humanos para reificarse, para transformarse en armas para golpear al contrario. Aunque de esto no estaban muy conscientes. Un día me encontré con él por casualidad; no me reconoció a pesar de que yo le había introducido en el mundo de las matemáticas. Estaba muy cambiado. Ya no era el joven educado y con sus ojos puestos en el futuro, sino un espécimen extraño y asocial, una pobre escoria de los inmigrantes de esta sociedad.

Lupe, con la Virgilio que había tenido amores, se fue a Cuba, y se fue porque ya no soportaba la vida de Suecia. Odiaba el frío y los largos inviernos. Soñaba con el calor, la música, los bailes tropicales y el idioma castellano. Estaba harta de chapurrear malamente el sueco y de traducirlo en su cabeza. Había renunciado a aprenderlo y ya no se interesaba por ir a clases. Un día conoció a un cubano que trabajaba en la embajada. Era un mulato apuesto que había sido combatiente en el ejército cubano de Angola. Gracias a él pudo irse a la isla. Se fue y para Virgilio, que la amaba apasionadamente, fue otro mundo derrumbado. Así se fueron juntando los mundos caídos. Uno tras otro, golpeando su cerebro como golpes de mazos. Y machacaban y machacaban su psique, su ideología, y producían mucho dolor. Y la gente que no podía estar dentro de su corazón para indagar lo que sufría, lo veía como un hombre de hierro, cuando, en verdad, ya se estaba convirtiendo en un objeto de arcilla que no ha sido cocida suficientemente en el horno de las ideas y del conocimiento, expuesto al virus consumista, que a duras penas se mantenía caminando por la inercia de Newton y por una fe que estaba siendo socavada.

La soledad impulsó a Virgilio a buscarse una compañera. Un día conoció a una joven sueca que era militante del VPK —el partido comunista sueco— y se fueron a vivir juntos. Ella quedó embarazada y, por esa razón, Virgilio le propuso matrimonio, porque todavía él estaba apegado a las formas de la sociedad, a la ética moral burguesa, pero ella no quiso casarse, no porque no lo amase, sino, porque ella consideraba el casa-miento como un puro formalismo. Ella era la típica militante izquierdista de la década de los setenta: la feminista que rechazaba todo. Nosotros decíamos por aquella época “Una NO a todo”. La que rechazaba la palabra comunista, porque estaba de moda comparar al nazismo con el comunismo y muchos suecos cayeron en eso, sin detenerse a hacer un análisis más serio. Sin diferenciar a aquellos que luchan por los pueblos oprimidos y aquellos racistas que tratan de levantar un imperio de arios. El contacto con su ex mujer se hizo más difícil porque ella, que aseguraba no quererlo, fue presa de los celos. ¡Extraña es la mente humana! Como estaba cansada de la separación del resto de su familia, juntó dinero y le pagó el pasaje a su hermano Víctor, él que una vez en Suecia, pidió asilo político, a pesar de que nunca se había interesado en la política y odiaba a todos los políticos por igual. Todo lo que había hecho en su vida había sido robar autos, despojarlos de todo lo que hubiese en su interior y ganarse la vida de esa forma. Pero dijo que pertenecía al MIR y que había luchado contra los soldados de la dictadura. Más de algún ingenuo lo creyó y se hizo una fama de combatiente audaz. La gente lo empezó a conocer como “El Rancagüino”, porque se parecía a un cantante y trovador conocido por ese sobrenombre. Una vez que Víctor logró la residencia le pagó el pasaje a su novia y en cuanto ésta llegó a Suecia, se casaron. El casamiento fue la llave que le abrió las puertas de la permanencia. Ese subterfugio fue usado por muchos y no sólo por chilenos. Para muchos pasó a ser un negocio muy lucrativo, claro está, que había que ser muy “pilla la bala” porque uno podía ser estafado. Muchos chilenos habrían de llegar gracias a los exiliados. Eran en su mayoría gente que venía en busca de una situación económica y a la que no les interesaba para nada la política. Eso quedó muy claro para los exiliados el día que se hizo una manifestación contra el dictador arrestado en Inglaterra. Alrededor de100 llegaron; los mismos que iban a todas las manifestaciones. Virgilio también concurrió a la manifestación que se hizo en el mismo lugar al jugador de fútbol Iván Zamorano. Fue por la misma época. Pero a esa manifestación no llegaron cien, sino cinco mil. Era la expresión clara de la soledad en nos encontrábamos las víctimas del golpe de estado. De esta gran manifestación se podía extraer experiencias y dejar de lado mitos sobre la “conciencia de las masas” que tanto gustamos de pregonar. “Era desalentador” le dijo Virgilio a sus camaradas. “Están alienados por el sistema”, le respondieron.

La mujer del “Rancagüino” también quería traerse a sus hermanos y como el dinero que recibían del social sólo alcanzaba para vivir, el “Rancagüino” se dedicó a robar los subterráneos de los edificios, lugares que normalmente ocupa la gente para guardar todo aquello que ya no necesita o que está fuera de uso. Pero un día lo sorprendieron con las manos en la masa y la policía lo detuvo. El tribunal de primera instancia lo condenó sólo a ocho meses de cárcel porque era la primera vez que delinquía, pero no habría de ser la última. En la cárcel de Malmö conoció a dos dominicanos que también habían sido apresados y condenados por hurto. Pero la especialidad de éstos era los supermercados y la droga en poca escala. Robaban chaquetas de cuero caras. Se las ponían y salían corriendo. Si eran perseguidos por algún guardia sacaban terribles cuchillos que tenían el don de paralizar los ímpetus persecutorios. Luego las vendían en los lugares públicos. Muchas veces robaban por encargo. Uno de ellos, el más joven, había sido ya un maleante en su país y nadie sabía cómo se las arregló para venir a Suecia y conseguir asilo político. En esa época, las autoridades suecas eran muy crédulas e idealistas y no investigaban las historias que muchos contaban para conseguir el asilo. De esa forma, Suecia se fue llenando de maleantes y de otros elementos antisociales de todos los continentes. Lamentablemente, eso fue en desmedro de aquellos que realmente necesitaban asilo, ya fuese económico o político, por cuanto éste, con el tiempo, se fue restringiendo. Cuando salieron de la cárcel, Víctor y los dominicanos conformaron una banda de ladrones que establecieron su cuartel general en la plaza Sergel, frente a la “Casa de la Cultura”. Además de ladrones, eran individuos agresivos que adquirieron fama de pendencieros. Buscaban la pendencia como una forma de ganar fama de machos y mantener su redil. Hasta que un día, Julián, (el más joven de los dominicanos) que por aquella época sólo tenía 17 años, mató de una puñalada en el corazón a un delincuente sueco. Tenía que marcar su redil que era compartido por demasiados maleantes. Esa plaza es un lugar de encuentro de drogadictos, traficantes de drogas, prostitutas y rateros. La policía los controlaba y, de cuando en vez, hacía una redada queriendo demostrar su eficiencia y que estaba al servicio de la sociedad en su conjunto, y no sólo de los dueños del sistema, como lo es realmente. Apresaban alguno si es que lo sorprendían “infraganti”. Después de dos o tres días, reaparecían los moscardones y las mosquitas, volvían a revolotear y seguía la venta de drogas y el trato de blancas como si nada. Julián ingresó a la cárcel condenado a una pena larga, pero no alcanzó a cumplirla, porque en una pendencia con otro interno más apto para esa vida tan dura, murió de un fierrazo que le partió la cabeza en dos pedazos.

Al tiempo, Víctor fue perdiendo su vitalidad y sus agallas, especialmente que ya no contaba con Julián. Buscó otra gente antisocial y se hizo amigo de un grupo de chilenos, que como él, había llegado en forma parecida y que no tenían nada de políticos. Se dedicaban a empinar el frasco y a vivir a costa del social, por cuanto en Suecia los alcohólicos son considerados enfermos, y como siempre andaban escasos de dinero, los hurtos y la experiencia de Víctor les vino como anillo al dedo. Así fue como Víctor pasó a ser el líder de ese grupo zarrapastroso, que olían a porqueriza y que con su sólo presencia envenenaban el aire ya un poco contaminado de la plaza Sergel. A fines de la década del 80, cuando cayó la dictadura en Chile y aprovechando que el estado sueco les pagaba el pasaje y les daba dinero para instalarse en Chile, decidieron regresar. Esto se hizo a todo bombo y platillos. Hasta se escribieron artículos en varios periódicos, en los que se destacaba al “revolucionario” que volvía a su patria para luchar por sus ideales. Un año después estaban de vuelta por-que no habían podido sobrevivir sin la ayuda de la oficina del social que los alimentase. Esta vez, no fueron entrevistados por ningún periodista y su vuelta pasó desapercibida, incluso para sus amigos.

Llegó la época más terrible que tuvo que enfrentar Virgilio. Fue el gran terremoto que provocó la caída del “socialismo real” de la URSS y de los países europeos de su órbita. Eso casi nadie se lo esperaba en el partido. Fue una terrible ducha fría. Una pesadilla de la cual muchos, todavía, no quieren despertar. Luego empezaron a llegar noticias de cosas terribles y horribles que se habían hecho a nombre del comunismo. Todo eso tuvo un efecto traumatológico. Muchos abandonaron el partido y se refugiaron en actividades culturales y solidarias para poder mantener sus almas activas y no ser devorados por las fauces del sistema. Pedían a gritos que el partido hiciera sus descargos y su autocrítica del apoyo que le habían dado a la URSS. Pero eso no llegó nunca y ese PC chileno, junto a los otros PC de Latinoamérica y de todo el mundo, empezaron un proceso parecido al del hígado cuando lo ataca el virus de la hepatitis C. Fue arrugándose y empequeñeciéndose hasta quedar convertido en una asociación de hombres y mujeres que en su mayoría eran de la tercera edad, con lo que dejó de ser un peligro para el capitalismo. El caso más dramático fue el del PC de la URSS. De 18 millones de miembros pasó a tener sólo 15.000; es decir, se redujo al 0,12 %. Era algo que a Virgilio le provocaba mucho dolor y que no podía explicárselo. Se pasaba las noches en vela porque los mundos derribados eran demasiados. Había que ser muy fuerte y tener una fe tremenda para no doblegarse y arrojarse al tren del Metro.

Este último mundo derribado lo compartíamos todos los exiliados. Los que creíamos y los que no creíamos en la URSS y su revolución. El VPK sueco también sufrió con este terremoto. Primero cambió de nombre a APK, que en el fondo era lo mismo, pero con el tiempo ya no quisieron seguir llamándose comunistas, porque esa palabra los burgueses la redujeron a un estigma y se transformó en “El partido de Izquierda”. Ocurría algo así: como si los cristianos hubiesen tenido que cambiar de nombre por los terribles crímenes que cometieron los cristianos durante la inquisición y las Cruzadas. De esa forma, los que todavía defendíamos el concepto de “comunista” fuimos menos y menos. La gente se extrañaba que uno dijese ser un comunista. Todos estos hechos minaron la salud mental de Virgilio y también su salud física. El mundo había tomado una forma extraña a lo que se había imaginado que sería en el futuro. Su fe fue desapareciendo y pasó por un período en que ya no creía en nada. Demostraba valor de decirlo porque muchos también habían perdido la fe, pero algunos callaban para no ser vilipendiados.

Treinta años después del golpe de estado me lo encontré por última vez, caminando por las calles del centro de Estocolmo. Era sólo su sombra. La sombra de un luchador que había emigrado a este “exilio dorado”. Encorvado y de rostro demacrado. Había perdido la razón de su existencia. Su norte. Era una brújula que giraba lentamente hacia cualquier lado. Una vez vio al capitalismo casi moribundo, ahora todo era negro, no había futuro, me dijo. Me preguntó lo que yo hacía y, sin escucharme, como un eco, siguió hablándome en un tono cansado y arrastrado. Nos des-pedimos y se fue caminando lentamente. Me dio la impresión de una figura caricaturesca de revista infantil. No me dijo si había abandonado su partido, pero ya había perdido esa fuerza interior que tuvo desde su juventud; que ya no esperase la autocrítica de su partido y, pensé, que si esa algún día se produjese, sería en un futuro muy lejano y llegaría muy tarde para nosotros, la generación que presenció la victoria del proletariado ruso, la construcción de una sociedad que quería eliminar las clases y su derrumbe sin lucha, sin la oposición de aquellos que constituyeron la base social desde la que se erigió y caminó cojeando durante más de 70 años.

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La Tierra para todos los pueblos

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El pasado puede volver de la misma manera
La plata mexicana y boliviana fue para los españoles
la pradera de los bisontes para los yanquis
los diamantes africanos para los blancos
Los indios perdieron sus campos y religiones
los negros su libertad y palabras
millones de sometidos sus vidas
El futuro será una nueva lucha
La naturaleza del planeta para todos
en pequeñas partes iguales
hasta que el sol se convierta en sombra
O los árboles, animales, metales, hielos, mares
para el egoísmo de los verdugos desarrollados
sin perros ni espadas
pero con saqueo, dolor, humillación, violación
servidumbre y genocidio
Hay que encender las luces del mañana para los pobres
debe despertar su antigua valentía

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Cine: También la lluvia (2010)

Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


NACIONALIDAD: Española
GÉNERO: Cine político
DIRECCIÓN: Iciar Bollaín
PRODUCCIÓN: Juan Gordon
PROTAGONISTAS: Luis Tosar como Costa
Gael García Bernal como Sebastíán
Karra Elejalde como Antón y Cristóbal Colón
Raúl Arévalo como Juan y Fray Antonio Montesinos
Juan Carlos Aduviri como Daniel y Hatuey
Carlos Santos como Alberto y Fray Bartolomé de las Casas
GUIÓN: Paul Laverty
FOTOGRAFÍA: Alex Catalán
MÚSICA: Alberto Iglesias
DURACIÓN: 104 minutos

Hoy, el mismo día que me he enterado de la muerte de Ernesto Sabato, quien a sus ochenta y nueve años, nos invitaba a mantener la resistencia contra el neoliberalismo, la economía de mercado, el individualismo, la pérdida de valores espirituales y la incomunicación con el otro, me parece un buen homenaje haber ido a ver al cine parroquial, que aún existe en Vigo, la película de Iciar Bollaín, También el agua, con las actuaciones estelares del gallego Luis Tosar y el mexicano Gael García Bernal, una cinta que se postuló para representar a España en la Academia hollywoodense que entrega los Óscares, un filme tan impregnado del mejor de los existencialismos como la misma obra de Ernesto Sabato, ya que muestra que no podemos ser indiferentes al vasallaje que imponen las transnacionales y, a su vez, el abrazo que podemos darnos los europeos conscientes y los nativos de cualquier lugar del mundo, en este caso la Bolivia de tiempos del General Hugo Banzer Suárez, quien fuera responsable del desencadenamiento de la llamada Guerra del Agua de Cochabamba, el macrocontexto en el que se ubica el filme de la directora madrileña, para denominar la revuelta popular que tuvo lugar en esa ciudad boliviana.

Entre enero y abril del 2000, cuando se tomó la decisión política de privatizar el abastecimiento de agua de ese municipio, cuando la multinacional Bechtel Corporation, empresa de ingeniería estadounidense pactara con el dictador de turno, el mercado del agua - un elemento tan fundamental para la vida - dada su influencia política y su inclinación por la apropiación de recursos mediante esa forma superior del capitalismo que es el neoliberalismo, por lo cual se ha hecho acreedora a severas críticas por los movimientos antiglobalizadores y de conservación del medio ambiente.

La gran empresa no duda en adueñarse de los pozos que las mujeres nativas habían cavado para poder darles agua a sus hijos, en tanto y en cuanto el gobierno boliviano aprobaba la ley 2029, con la cual les concedía el monopolio sobre todos los recursos de agua, con aumentos de las tarifas por su consumo, con la aquiescencia de ese otro chafarote, que era el alcalde de la ciudad, Manfred Reyes Villa, ahora un administrador de empresas, formado en los Estados Unidos de América, quien les lambe el culo a los extranjeros pero no tiene misericordia con la gente de su pueblo, como bien nos lo muestra Iciar Bollaín en una de las escenas de la película, cuando da la bienvenida al productor Costa (Luis Tosar) y al director Sebastián (Gael García Bernal), quienes pretendían hacer un filme de época sobre las atrocidades de Cristobal Colón.

Manfred Reyes aparecía ante los cineastas como una inocente Caperucita Roja, pese a la crueldad que le atribuían, al lado de un neocolonialismo que se atreve no ya a llevarse el oro, como los españoles de otrora, sino también el agua, para cuya defensa como Derecho Fundamental, el pueblo boliviano tiene que enfrentar una dura opresión, hasta que, sólo al final, sabemos que resulta triunfador.

Triunfo que parecía que teníamos que dar por descontado frente a una masa agotada.

De ahí el cierto frescor que recibimos cuando un pregonero anuncia que han logrado vencer y que la multinacional se retirará del entorno, en una pelea que parecía ser de toche contra guayaba madura, como decimos en Colombia, cuando se dan esas confrontaciones desiguales como al que asistimos en el filme de Iciar Bollaín, entre tanques y ametralladoras, por un lado, contra los palos y las piedras de los indígenas, quienes luchaban con denuedo.

Pero si bien, la película no es para nada lírica ni intimista, como lo ha declarado la propia directora, si compromete el alma de los personajes y creo que también de los espectadores, al mostrarnos como los acontecimientos sociales operan sobre nuestras mentalidades individuales, sobre todo al mostrarnos como Costa, el director, que un principio quisiera deshacerse de un indígena, que acudió al casting, ante la posibilidad de que fuera un revoltoso que le diera problemas, termina por jugársela para salvarle la vida a la hija del nativo Daniel, severamente herida en una de las protestas, atreviéndose a atravesar casi un campo de batalla, para lograr brindarle atención médica y conmovernos ambos personajes, al final, de la película cuando el europeo, que ha devenido consciente, condenado a la libertad, se abraza al nativo agradecido, quien le entrega un regalo de gratitud, un pequeño botellín de agua, en una cajita de madera, que, de seguro, Costa guardará para siempre, una vez ayude a Sebastián a terminar la cinta frustrada por la rebelión de los nativos, quienes reclamaban el más justo de los derechos.

Es de ahí que podamos leer, en el cartel que anuncia la película: Muchos quieren cambiar el mundo… pocos quieren cambiarse a sí mismos.

Pero de lo que sí podemos estar seguros es de que Costa, no pasa por Bolivia, como un rayo de luz por un cristal, sin romperse ni mancharse,; los espectadores somos testigos de su toma de conciencia, de su capacidad de compromiso final, hasta acercarse al heroísmo, cuando la coyuntura política lo obliga, ya que no podrá superar el sentimiento de culpa si la pequeña actriz de su película muere a causa de su negligencia, cuando la madre de la chica le pide que como extranjero la lleve al lado de su hija para brindarle compañía y atención médica.

Sin duda alguna, más allá de la fuerza actoral, ya consagrada de Luis Tosar y Gael García Bernal, nos sorprende la revelación de ese otro gran actor boliviano, Juan Carlos Aduviri, más lo convincente que resulta el guionista inglés Paul Laverty al contarnos una historia en dos tiempos, el de la conquista española y el neocolonialismo al que nos someten las transnacionales, con el recurso de los diálogos de la película que pretenden rodar el tándem de Costa y Sebastián y la realidad que les toca enfrentar a ambos en el marco de un mundo despiadado, del que sólo tenían noticia como intelectuales pero no como sujetos desgarrados por la presencia ominosa de la violencia social.

De esa manera que casi podría a este nuevo mundo globalizado aplicársele el sermón de adviento del padre Montesinos, quien nos dice:

- Soy una voz que clama en el desierto… – para clamar por la justicia en un Nuevo Mundo en el que los españoles maltrataban a los indios y los dominicos deciden predicar en contra de estos desmanes y abusos del Poder.
El padre Montesinos no cavilaría en empezar el sermón dominical con un recordatorio del pasaje del evangelista San Juan, en el que los fariseos enviaron a preguntar a Juan, el Bautista, quien era y éste les repitió que era una voz que clamaba en el desierto y como bien lo narrara Fray Bartolomé de las Casas:

Llegado el domingo y la hora de predicar, subió en el púlpito el susodicho Padre Fray Antón de Montesino, y tomó por tema y fundamento de su sermón, que ya llevaba escrito y firmado de los demás: Ego vox clamantis in deserto.

Hecha su introducción y dicho algo de lo que tocaba a la materia del tiempo del Adviento, comenzó a encarecer la esterilidad del desierto de las conciencias de los españoles de esta isla y la ceguedad en que vivían; con cuánto peligro andaban de su condenación, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta insensibilidad estaban continuamente zambullidos y en ellos morían.

Luego torna sobre su tema, diciendo así: “Para os los dar a cognocer me he sobido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto desta isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; y la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura la más espantable y la más peligrosa que jamás no pensáis oír”. Esta voz encareció por un buen rato con palabras muy pugnitivas y terribles, que les hacía estremecer las carnes y que les perecía que ya estaban en el divino juicio. La voz, pues, en gran manera, en universal encarecida, declaróles cuál era o qué contenía en sí aquella voz: “Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquellos indios? ¿Con que autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas; donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos fatigados, sin dalles de comer ni curadllos en sus enfermedades, que los excesivos trabajos que les dáis incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Esos, no son hombres? ¿No tiene ánima racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño, tan letárgico, dormidos?. Tened por cierto, que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.

Nos es claro, entonces, que Paul Laverty no toma la palabra dominico en balde, ya que él, a su vez compañero afectivo de la directora y padre de los hijos de ésta; no creo que sea casual que este hombre haya nacido en Calcuta, en 1957, hijo de padre escocés y madre irlandesa, formado en filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma y luego como abogado en Glasgow, que viviera en la década de 1980 en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, donde trabajara en una organización de Derechos Humanos, para después entrar en contacto con Ken Loachj, para quien escribiera algunos guiones


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Machu Picchu, a 100 años de su descubrimiento

Carlos Acat Koch (XINHUA)

A 100 años del descubrimiento científico de Machu Picchu ("Montaña Vieja" en lengua quechua) por el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham, este icono turístico de Perú sigue siendo un enigma para estudiosos y también para el casi millón de visitantes, nacionales y extranjeros, que anualmente lo visitan para admirar su peculiar arquitectura.

En sus 33 hectáreas de extensión aún falta mucho por desentrañar y en el lugar se respira un profundo misticismo y una intensa calma que se interrumpe por las palabras de admiración que despierta en los turistas ante las construcciones trapezoidales hechas de piedra, colocadas una sobre otra y sin utilizar argamasa alguna.

La ciudadela levantada en el cerro Machu Picchu en el siglo XV de nuestra era durante el gobierno del emperador inca Pachacútec, presumiblemente en un periodo de 10 años, era un santuario religioso, una fortaleza militar, un centro político o un lugar de descanso.

Las interrogantes y las respuestas de los investigadores (historiadores y arqueólogos, entre otros) son controversiales y azuzan la polémica; ¿acaso sólo el inca (máxima autoridad por ser Hijo del Sol) y algunos allegados, como los sumos sacerdotes, podrían esclarecer la función que desempeñaba Machu Picchu?

La pregunta no ha sido respondida; lo que sí está en claro es que en aquella época la construcción era virtualmente inaccesible y a ésta sólo ingresaban el poderoso inca y su panaca (familia), los curacas (jefes) de poblados y sus séquitos; entre 300 y 1.000 personas, según se estima, vivían en su interior, según los vestigios arqueológicos.

La fortaleza, santuario o ciudadela, enclavada en el sur andino departamento del Cusco, en el valle de Urubamba, cuenta con dos zonas bien definidas: la urbana y la de cultivo.

La zona de cultivo está constituida por una sucesión de andenes (graderías) de cuatro metros de altura cada una y en cuya parte alta se encuentra un "recinto vigilante", con tres amplias ventanas, desde donde se puede otear al propio Machu Picchu y al vecino Huayna Picchu (Montaña joven).

Según estudios contemporáneos, esos andenes eran una especie de laboratorios en lo que se recababa información y se generaban las técnicas para lograr una mejor calidad de las semillas, que luego eran transportadas hacia las regiones donde se extendía el imperio incaico, que en su momento de máximo esplendor llegó hasta Quito (Ecuador), Pasto (Colombia), el altiplano de Bolivia y el norte de Chile y Argentina.

En el sector urbano destaca el Palacio del Inca, ubicado al sur, donde se hospedaba el emperador y sus servidores, con dormitorios, comedor y servicios higiénicos; a poca distancia, al suroeste, el templo principal, con tres muros y una plaza de ritual, y la vivienda del chamán (sumo sacerdote) con dos puertas y nichos (horacinas) para colocar imágenes, estatuas u ofrendas.

Cerca de dicha sección se encuentra la Plaza Principal, donde se realizaba la fiesta del Inti Raymi, un rito sincrético que marcaba el inicio de un nuevo año y coincidía con el solsticio de invierno.

También destaca el intihuatana (donde se "ata" el Sol), una escultura pétrea de forma de pirámide poligonal que termina en un prisma cuadrangular, mirando hacia el noroeste y sureste, que implicaría la unión entre el Cielo y la Tierra, considerado como reloj solar, observador del astro rey en los solsticios o piedra de sacrificio.

En el sureste del lugar se halla el recinto de los morteros, presumiblemente el barrio artesanal, con dos fuentes circulares que se llenaban de agua límpida y a través de los cuales se observaba el movimiento de los astros.

Hacia el noreste se encuentra el edificio de las Tres Portadas Idénticas, donde habitan los amautas (maestros), en la cual se han hallado "quipus", cuerdas de lana o algodón, de colores y con nudos, que habrían servido para llevar una suerte de contabilidad y de estadísticas.

En dicha dirección se encuentran también la Roca Sagrada, un gran bloque de piedra, tallada y pulida, dedicada a rendir culto a los Apus (Cerros), y el Templo del Sol, en cuya forma semicircular resaltan dos ventanas alineadas a donde despunta el Sol al amanecer de los solsticios de verano e invierno, vinculadas al inicio de las épocas de la siembra y la cosecha.

El Templo del Kuntur (Cóndor) o centro ceremonial, que toma el nombre de una representación del ave falconiforme que vive y reina en las alturas andinas, cuenta con varias horacinas en forma de cuevas.

Son más las construcciones existentes en Machu Picchu y también los misterios que encierra su interior, como figuras de cóndores y camélidos andinos (llamas y alpacas), que sólo pueden ser apreciadas, a tenor de lo que dicen los guías, en determinadas fechas del año y cuando reciben con mayor intensidad los rayos solares.

Algo que también ha intrigado a los arqueólogos es la simetría y la solidez de las construcciones, pues para lograrlas fueron necesarias técnicas artesanales para transportar grandes bloques de piedra, algunas de ellas de hasta 15 ó 20 toneladas de peso.

De lo que sí no hay respuesta es sobre los tesoros incaicos de Machu Picchu, supuestamente saqueados por los primeros conquistadores españoles, quienes habrían arribado a sus inmediaciones o, más probablemente, por personas que llegaron al lugar en el siglo XIX.

Actualmente, hay más de 46.000 fragmentos de piezas que fueron encontradas por Bingham durante sus excavaciones entre 1911 y 1916, las cuales fueron llevadas a la Universidad de Yale para ser estudiadas y clasificadas.

De dichas piezas, 363 son consideradas como museables y ya fueron devueltas en marzo pasado por dicho campus, tras firmar un Memorándum de Entendimiento con el Estado peruano. El resto de las piezas retornarán a su lugar de origen a más tardar en diciembre de 2012.

Si bien a Bingham se le reconoce como el descubridor científico, pues Machu Picchu estuvo oculto durante más de 400 años, se sabe que el británico Clements Markham en 1854 ya tenía conocimiento de la ciudadela incaica, y en 1910 levantó un mapa de la frontera peruano-boliviana en la cual consignaba a Machu Picchu.

Machu Picchu, del cual se conmemora el primer centenario este 7 de julio, fue designado Santuario Histórico por el Perú en 1981; Patrimonio Mundial Cultural y Natura por la Unesco en 1983, y una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno en 2007.

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La Guerra

Milagro Rodríguez

Estos eran momentos en que el Pueblo Canario perdía miles de sus hijos en la guerra de Cuba... Miles de jóvenes fueron forzados por la monarquía imperialista española a participar en una guerra de rapiña; en un matadero que no tenía nada que ver con nosotros.
Textos centenarios escritos por mujeres en la prensa obrera de canarias contra la guerra.
¡Oh, fatídica palabra! Tú tienes por norma la muerte y la desolación, por ti lloran muchas madres, has derramado tanta sangre como agua tiene el mar. Eres el asesinato, el robo el incendio, la violación, en una palabra, la destrucción.
Para ti nada hay respetable, ni la tierna criatura ni la débil mujer. En torno a tí no se ve otra cosa que sangre, miembros mutilados, ayes de agonía; tu nombre es pronunciado con horror, y todo para encumbrar y enriquecer a los parásitos.
Pero desaparecerás guerra maldita.
Cuando las madres se capaciten de lo que eres y que fin es el tuyo; te negarán sus hijos y no tendrás víctimas que inmolar, tu fatal nombre no será más que un tenebroso recuerdo.
Yo te maldigo y maldigo a todos los que te promueven, y para vengarme te negaré mis hijos y aconsejaré a las demás madres imiten mi conducta.
El Rebelde, nº 10, 29/1/1903 Las Palmas de Gran Canaria (Milagro Rodríguez)
Enviado por nuestro colaborador en Canarias, Liberto

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La pobreza y el coronel

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Salí temprano en la mañana para ver que era de la vida del búho a quien he decidido llamar Juan, le pregunté como se llamaba pero parece que en Alejandro Korn, no se estilan este tipo de bautismos, se los han robado como me sucedió a mi el tercer día de mudado.

No fue como el reciclaje de Jesús, a mi me desplumaron de la peor manera y no sé para donde ir, él (Jesús) por lo menos sabía que su padre, en este tiempo de vísperas, le guardaba un lugar tibio para recuperarse después del ajetreo.

Lo cierto es que el búho ya no estaba y mis cavilaciones incluyeron las exclusiones del día anterior. El asunto era apuntar a cuanto de cierto hay en que el GPS, le iba a funcionar al vasco, quien un rato antes astilló mi sueño llamando al número de línea cuya estridencia es un sonido desajustado para mí.

Me anunciaba que, según su juicio, tenía algo importante para decirme. Por supuesto que mi consentimiento se fundaba en el hambre que había crecido desmesuradamente desde el atraco. Ni el tiro del final pudo salir.

El entrenamiento con el nuevo piar de los pájaros lo debí suspender cuando el ronroneo del Alfa gris se hizo sentir en la transparente mañana de Alejandro Korn. El vasco, todo de celeste, para hacer juego con sus ojos, bajó con la displicencia consecuente devenida de abordajes inesperados y nacidos en otras geografías. Para él parece tratarse de un día de campo por los aprestos con que parecía disponerse a ocupar la jornada.

Desenfundó un freezer de auto, bien cargado, con mollejas, chinchulines, tiras de asado y entrañas extra large que sólo él consigue, lo asombroso, por lo menos para mí, es que se trataba de un almuerzo para nosotros dos y trajo carne como para un regimiento, tal vez menos famélicos. No pude ni tuve tiempo de contarle que me despertó justo cuando estaba por alcanzar a la mujer dorada, pero ese era un secreto casi adivinado por el vasco, cuando mis silencios se le hacen pesados.

- Sinapo me dijo que… - lo interrumpí sin más trámite.

- ¿Quién? -, me miró condescendiente.

– Adrián, “el ambas márgenes” a cargo de tu diario, goza de legítimo prestigio en las dos orillas. Nunca tuvo un apodo. Casi un NN sin barrio. Algún malévolo, se sospecha de Carlos el hurón de Cañuelas, administrador de malarias varias, dice ser, con méritos sobrados, el autor del apodo para el sinapo (do). .

- ¿Qué me mandó a decir Adrián? – refloté como pude la cuestión, casi como un bizcocho en la leche. Sucede que el espejismo de carne era imposible de resistir y las urgencias llamaban insistentes. Había que negociar una suerte de tregua. Mis tripas afinaban en Re.

- Me quedé mirando el diligente andar buscando leña, de Yon, quien como es tradición, no me concedió la menor atención. Nos refugiamos en la pared amarilla que da la espalda al sur, con perdón de Eladía, pero allí ni mi corazón ni nosotros podíamos acordar algo semejante. El frío muerde.

-Pues que en una junta de notables, se acordó dotar al acertijo de un carácter premonitorio ajustado a estos tiempos. Nadie muere antes de su hora, dijo sinapo, pero se considera que la resolución es que si se cruzan en una esquina la pobreza y el coronel, pasa primero la pobreza porque es general -.

Si él esperaba aunque más no fuera una sonrisa mía, se equivocó de medio a medio. No tenía ganas de cortejar su chascarrillo con la obsecuencia de otras veces, pero me cuidé de hostilizarlo. Quiso corregir – El pronóstico de porcentajes por la miseria, creció vertiginosamente y se asoman nubes negras anunciando más catástrofes naturales que se suman a los desplantes humanos del poder. Las lluvias en China, la cadena de terremotos, la inestabilidad climática, la explosión de tornados sucesivos, multiplican el retroceso alimentario y las migraciones por las guerras, van a multiplicarse exponencialmente – completó Yon en tono casi amigable.
La enumeración de razones me alejarían del chascarrillo, pero en realidad, leyendo informes de “sesudos” analistas, de economistas desarbolados, traté que mi incontinencia se llamara a silencio, no obstante refloté algún argumento que citara otrora, cuando esas suposiciones me rotularon como “teórico de la conspiración”, eran tiempos en que respondía, cuando me consultaban, algo que se fue diluyendo con ese otro tiempo.

Pero Suramérica, es un compendio de esas calamidades, algunas enmascaradas (Haití, Honduras), otras pergeñadas para que el gendarme universal esté cerca (Colombia, Perú, Paraguay), debilidad del Pentágono para tener una buena herramienta que permita la apropiación de recursos naturales, luego de reflotar golpes de estado, que parecían desaparecidos de la metodología corriente que se estilara en los ´80. Y se lo dije.

- Yon, - me miró interesado – quiero recordarte que la IV flota, no está para hacer el juego de la batalla naval, sino alerta si algo, narco-dólares, recursos, proyectos libertarios, amenazan al gendarme y su proyecto central de dominación. No sólo somos el patio trasero del Imperio, sino un feudo innegociable con miras al futuro, sobre todo si la Antártida y el vencimiento de su statu quo, permitirán desatar la última o penúltima batalla por el control. Porque, según los expertos, las reservas del sexto continente y ya lo dije, son infinitas – todo este parlamento fue sin inflexiones, casi absorto en el crepitar del quebracho colorado que templaba la cocción de la carne y las achuras. Mi mudanza a Alejandro Korn ha recuperado paisajes rupestres.

El vasco me miró con ojos celestes entrecerrados. No era buena señal. Pero yo seguía ensimismado, luego de reparar en los aprestos de una andanada bilbaína, en otra ensalada que Yon preparaba con un aceite Omega especial que no pienso revelar. El aroma a la carne asada, resultaba tan importante como el crepitar de la leña, casi la música que llevaré en mis oídos, como dijo el general, obvio, por motivos diferentes.

Aquel pensaba en una maravillosa música militante, yo en tanto militaba en el hambre que, pensé, estaba lejos de ese otro hambre feroz e irredimible que se viene encima.

¿Me vas a negar que el chascarrillo del hambre y el coronel no es bueno?-, me forreó socarrón, no obstante antes de pensar en el vino a temperatura de aljibe, un Montenot hospitalario, abusó de su ironía…

-En la lista ¿olvidaste a Uruguay y Chile, además de seguir con los intentos golpistas que crecerán en Venezuela y Bolivia, sin omitir teorías desmembrantes para Argentina?, sólo Brasil, por el momento y si crece su crecimiento, queda para negociar siempre que no pierda el tranvía de China, India, Rusia, el club de los emergentes, que no quieren irse a la B y el Pentágono neutraliza por esa misma condición que los hace vulnerables.

No podrás negar que la miseria tiene derechos, porque es general-. Yon suele darme motivos, pero ahora no me enojo, las mollejas verdeadas eran más importantes y en todo caso mi hambre me hacía olvidar el de otros… ¡que terrible ¿No?!

Meneé la cabeza antes de sentarme bajo el pino verde que sólo acompaña a las ocho palmeras, tratando de no olvidar que Obama se sintió Messi y Chou En Lai el legendario número dos de Mao Tse Tung dijera sólo una vez: “¿Qué es el poder?, si lo tienen ellos nos matan a todos. Si lo tenemos nosotros, los matamos a todos ellos”. Nunca la paz. Voy a beber para olvidar.

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